Capítulo 14: Peldaños

(Les dejo otro cap. Espero que les guste. Gracias por los comentarios y por toda la gente que me ha deseado una recuperación. No es nada, estaré bien prontito. Gracias a todos y disfruten del capítulo.)

Brennan fue a su apartamento a buscar algo de ropa, el neceser y algunas cosas más para pasar unos días en casa de Booth. Habían decidido pedirse unos días de fiesta para poder estar juntos en este inicio de este algo que estaban empezando. Después de tanto tiempo lo necesitaban. Y necesitaban aclarar que harían a nivel profesional. ¿Les dejaría el FBI seguir trabajando juntos? ¿O tal vez preferirían separarse? No son pocas las parejas que no son capaces de trabajar y tener una relación a la vez. Por todas esas dudas habían decido alejarse unos días del trabajo. Querían tener tiempo de hablar y de amarse, sin renunciar a una cosa por hacer la otra.

Brennan estaba buscando un nuevo tubo de pasta de dientes que tenía guardado en el armario cuándo encontró algo que hacía tiempo que no usaba. Una caja de pastillas anticonceptivas. Las había estado tomando el tiempo que había salido con Sully. Pero las había dejado. Las relaciones que había tenido desde entonces habían sido esporádicas, y para relaciones esporádicas prefería el preservativo, así también se protegía de las enfermedades de transmisión sexual. Pero ahora estaba con Booth. Y sabía que lo de Booth no iba a ser esporádico. El hecho de juntar el pensamiento de Booth y las pastillas le hizo venir la frase que el agente le había dicho unas horas antes "Cuando tengamos el nuestro lo verás". Se le volvió a helar la sangre. Decidió coger las pastillas. Miró la caducidad. Aún servían. Decidió volver a iniciar el ciclo y se tomó una. Ya hablaría con Booth de eso más tarde. De momento seguirán haciendo el amor con preservativo. Así habría doble protección.

Brennan salió del baño y apagó la luz. Se quedó quieta un segundo. ¿A qué venía ese miedo? ¿Por que no se atrevía a decirle a Booth que sabía que lo suyo iba a ir enserio y que por eso había decido tomarse las pastillas? ¿Porque Booth era capaz de despertar en ella un sentimiento tan grande de seguridad cuándo estaba a su lado pero a la vez tanto miedo? Tenía que ser capaz de hablar con Booth. De decirle que de momento no quería oír hablar de nada que no fuesen ellos dos. Que no quería que nada la distrajese de la tarea de quererle. Que necesitaba tiempo y hacer las cosas con calma. Pero tenía miedo de decirle todo eso a Booth tan temprano. Tenía miedo de no ajustarse a las expectativas que tenía él para ella. Tenía miedo de no estar a la altura.

La antropóloga cerró la cremallera de la bolsa que se había preparado, cogió la chaqueta y salió de casa. Cuándo estaba buscando las llaves para cerrar sonó su teléfono.

-Brennan – contestó la escritora de best-sellers.

-Hola preciosa – contestó Sully al otro lado del teléfono. – quedaste en llamarme pero parece que te has olvidado. ¿Qué te dijo Booth? ¿Se os ha complicado mucho el caso y estás muy atareada?

Brennan no sabía que contestar. Por un lado la pregunta de que le había dicho su compañero le daba pie a explicarle que ya no quedaría más con él para tener sexo, ya que ahora estaba con Booth. Pero se acordó de que aún no habían decido que hacer a nivel profesional. No era bueno que alguien del FBI supiera que estaban juntos. Así que decidió salir del aprieto contestando afirmativamente a la segunda pregunta que le había formulado.

-Sí, el caso. Se ha quedado estancado y necesito revisar los huesos una y otra vez para dar con el arma. – contestó Brennan algo fría

-Temperance, ¿estás bien?. Te noto algo extraña – dijo Sully

-Sí, Sully, tranquilo. Sólo estoy algo cansada. Pero gracias por preocuparte – contestó Brennan poniendo una voz más agradable.

-Está bien. Pues descansa. Y llámame en cuanto tengas un rato. He pensado en algunas cosas que hacíamos antes que podríamos volver a poner en práctica – dijo Sully con voz sensual.

A Brennan se le hizo imposible imaginar sexo con Sully. Hacía sólo unas horas que se habían acostado, pero ahora sólo podía pensar en Booth. Nunca el sexo había sido tan bueno con nadie. Porqué ahora no era sólo sexo, era amor expresado a través del cuerpo.

-Si claro, ya hablaremos sobre eso. Tengo que dejarte Sully. Un beso – contestó Brennan rápidamente.

-Adiós Temperance. Y recuerda, llámame.

Brennan colgó, cerró la puerta y se dirigió al apartamento de Booth

Booth estaba acabando de encender las velas alrededor de la cama cuándo Brennan llamó a la puerta.

El agente especial la saludó con un beso en los labios y la agarró por la espalda apoyando una mano en su cadera y con la otra tapándole los ojos.

-¿Que haces Booth? – dijo Brennan dejándose llevar

-Quiero enseñarte una cosa – contestó Booth mientras llevaba a Brennan a la habitación

Una vez en la puerta del cuarto Booth dejó que la antropóloga abriese los ojos. Delante de ella estaba la cama dónde habían dormido la noche anterior cubierta de pétalos de rosa, y en el suelo un camino de pequeñas velas iban desde la puerta hasta la cama.

-¡Booth! ¡Es precioso! ¿Pero de dónde has sacado las rosas? Es casi de madrugada.

-Un amigo me debía un favor – contestó Booth mientras la besaba.

-Booth es precioso pero esas velas… creo que deberías apagarlas. Las velas tienen un alto porcentaje dentro de los accidentes domésticos.

-Huesos… ¿Por qué siempre tienes que arruinar el momento romántico? – dijo Booth

-No lo arruino. Me parece hermosísimo, pero no quiero que te quedes sin casa – contestó la doctora

-Está bien, tu cruza el camino con las velas encendidas ni que sea una sola vez y las apago.

Brennan hizo lo que el agente le dijo. Cruzó el pasillito de velas despacio. Recreándose en el momento y en la belleza de aquella habitación. Una vez estuvo sentada en la cama Booth hizo el mismo camino que ella soplando las velas. Una pequeña humareda que desprendía un buenísimo olor invadió la habitación.

Cuándo Booth llegó a la cama empujó a Brennan hacía atrás, quedando ella totalmente estirada, y él se puso encima. La besó. Y los dos empezaron a desvestirse. Hicieron bien soplando las velas ya que la ropa acabó esparcida por el suelo. Y algunas prendas quedaron encima de los ya apagados candelillos.

Volvieron ha hacer el amor. Había sido incluso mejor que la noche anterior. Estaban los dos dándose caricias y besos cuándo el móvil del Brennan recibió un mensaje. La doctora lo cogió y lo abrió. Quiso morirse cuándo vio de quién era y qué ponía: " Me acabo de acordar de otra postura que hacíamos. La haremos cuándo me llames cómo hemos quedado antes. No paro de pensar en tí. Sully"

Debido a que la distancia entre la antropóloga y su compañero de cama, era de escasos milímetros, el mensaje fue leído por los dos.

-¿Que demonios es esto? – dijo Booth sentándose en la cama y mirando a Brennan esperando una explicación que no le partiese el corazón en mil pedazos.

-No es nada. Me llamó esta tarde y me insinuó que quería más sexo conmigo. Le dije que ya le llamaría. Ya está, eso fue todo. – se defendió Brennan

- A ver si lo entiendo. Sully, el hombre que hace una noche se estaba acostando contigo te llama para pedirte más sexo y ¿no te niegas? – preguntó Booth incrédulo.

-Booth ¿que querías que hiciese? ¿Que le contase lo nuestro? Sabes que aún tenemos que hablar sobre ello. No podía decirle nada. Así que me lo quite de encima, ya está – contestó Brennan cogiendo la mano de Booth. No quería perderle por algo así. No sería capaz de soportarlo.

-Huesos, no hacía falta decirle que estamos juntos para aclararle que no ibas a acostarte más con él. Le podrías haber dicho cualquier cosa. No hace falta estar en pareja para no tener sexo con alguien. – Booth soltó la mano de Brennan y se levantó de la cama.

Brennan se quedó muda. ¿Cómo conseguía hacerle daño a Booth tantas veces? Si ella lo único que quería era la felicidad de Booth por encima de todo.

Booth se fue al salón y abrió la ventana. Necesitaba que le diese el aire. Estaba apoyado en el alféizar cuándo vio salir a Brennan vestida de la habitación y con su bolsa encima del hombro.

-Eh! ¿Adónde vas, Huesos? – preguntó el agente

-Te dije que te haría daño. Te lo avise. Y a la primera de cambio te lo he hecho. No ha pasado nada con Sully, ni va a pasar nada, te quiero. Antes cuándo me ha propuesto sexo he sido incapaz de imaginármelo. Sólo quiero estar contigo. Pero si cada vez que hable con él o con cualquier persona con la que haya tenido sexo antes no vas a confiar en mí., mejor lo dejamos. Yo no lo sé hacer mejor Booth. Y no quiero herirte.

Booth se dio cuenta de que quizás había exagerado. Pero le daba tanto miedo perderla que se escapaba de su control. El agente fue hacia ella y la abrazó.

-No te vayas. Te quiero. Y te creo. Sé que no ha pasado nada. Pero me da terror perderte. Y si vamos a empezar esto tenemos que saber que a veces discutiremos y nos haremos daño. Pero por ratos como los que acabamos de pasar hace media hora merecerá la pena. Por ratos en los que uno esté mal y esté el otro para consolarle. Por todos esos ratos en los que demostraremos que nos queremos. Por todo eso, valdrá la pena. Así que, por favor, quédate. Te quiero. Agradezco que hayas sido sincera. Siento haberme puesto así.

-Yo también tengo miedo Booth. De muchas cosas. Por favor dime que estarás a mi lado – le rogó Brennan a su compañero.

-Estaré contigo siempre. Es normal tener miedo. Pero para eso estamos juntos. Para sacudirnos los fantasmas que nos preocupen y nos asusten.

Brennan abrazó a Booth muy fuerte. Se reconciliaron en la cama. Habían subido un peldaño más en su relación. Pero la escalera era larga, y aún tenían muchos más por delante. Pero de momento con uno bastaba para aquella noche.

El alba les sorprendió abrazados. Booth fue el primero en abrir los ojos. Acarició la espalda de Brennan.

El contacto de la mano de Booth en su espalda, hizo que Brennan también se despertarte.

Booth ni siquiera le dijo buenos días. Sólo la besó, y Brennan se dejó. Se recrearon en el beso. Hubiese sido otra mañana de sexo si Booth no hubiese mencionado a Parker.

-Hoy me toca pasar el día con él

-Oh claro, yo me quedaré arreglando un poco todo esto y colocando mis cosas.

-No, no. Quiero que vengas conmigo.

-No Booth. No sé. Creo que le tienes que contar las cosas. Él aún cree que estás con Hannah. Además ¿se lo vas a decir? ¿Crees que es bueno que Rebecca se entere ya? No se Booth.

-Primero, Parker es un niño listo que entenderá perfectamente que ya no este con Hannah. Segundo, estará encantado de que esté contigo ahora, él te adora. Tercero, Rebecca no tiene porque enterarse todavía, el chico sabe guardar un secreto, aunque tampoco me importaría que se enterase, algún día tendrá que saberlo. Y por último, si tu no estás cómoda aún cómo mi novia delante de Parker, tampoco pasa nada. Muchas veces hemos salido los tres juntos y tú y yo sólo éramos amigos. No sospechará nada.

Brennan se quedó callada.

-¿Huesos? ¿Hola? ¿Piensas contestarme?

-Es la primera vez que usas la palabra novia – dijo Brennan

-Bueno no se… - dijo Booth algo cortado – creo que es lo que somos, ¿no? Si antes éramos amigos, el siguiente paso es novios. Los dos sabemos que esto no es algo para pasar el tiempo.

-Claro que no, nos queremos.

-También te podría presentar cómo mi futura esposa y madre de mis futuros hijos.

A Brennan se le volvió a helar la sangre. ¿Porque Booth se empeñaba en correr tanto?

Booth advirtió la cara de su compañera

-Vale está bien. Ya se que tu eso de casarte crees que es arcaico y machista. Pero ya tendremos esa discusión más adelante.

Brennan suspiró. No sabía que ahora mismo lo que menos le preocupaba era lo de casarse. A esa idea podía enfrentarse, pero a la de los niños… no estaba preparada. Hacía unos años había querido tener un hijo, precisamente con el espera de Booth, pero ahora era incapaz. Después de nacer su ahijada se había dado cuenta de que despertaba en ella una ternura insospechada incluso para ella misma, pero sólo eso, ternura. Algo que estaba muy lejos del instinto maternal.

-Bueno ¿vas a venir conmigo y con Parker? – preguntó Booth – Me encantaría que vinieses pero tampoco quiero obligarte.

-La verdad es que prefiero quedarme, en todo caso mira cómo reacciona a lo de Hannah y explícale lo que tú creas que es capaz de asimilar. Y mándame un mensaje a la tarde diciéndome cómo está la situación. En todo caso dependiendo de cómo vaya, me añado para cenar.

-¿Estás segura? – preguntó Booth

-Sí, creo que es lo mejor.

Booth se vistió con unos vaqueros, una camiseta de manga corta y una cazadora por encima. Antes de salir se puso las gafas de sol. Brennan lo miró. Estaba realmente atractivo.

-Te quiero – dijo Booth mientras la besaba. - ¿Estás segura de que no te aburrirás?

-Para nada. Recogeré un poco esto, guardare mis cosas y catalogaré huesos para la excavación española con el ordenador. No te preocupes por mí. Nos vemos a la noche. Te quiero.

El sonido del móvil de Brennan la hizo salir del mundo de huesos en el que llevaba más de cuatro horas metida. Brennan miró quien llamaba y contestó. Si no hubiese sido Booth no lo hubiese hecho. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con su trabajo. Los hallazgos de la excavación eran realmente increíbles.

-Dime Booth. ¿Cómo ha ido con Parker? ¿Aún estás con él?

-Hola tesoro. Sí, estamos en el Dinner. Ahora está en el baño. – dijo Booth con un tono realmente alegre que hizo que Brennan supiese que la conversación con el niño había ido bien – La verdad es que no le ha costado nada entender lo de Hannah. Le he dicho que no estaba enamorado de ella y lo ha entendido. Me ha preguntado si podrá seguir llamándola y cuándo le he dicho que no creo que le importe se ha quedado muy tranquilo. Pero es un niño muy listo y me ha preguntado que porque no estaba enamorado de ella. Cuándo le he dicho que estaba enamorado de alguien que no era Hannah no ha tardado ni un segundo en decir tu nombre.-dijo Booth contentísimo - Mira, espera, que acaba de volver, dice que quiere hablar contigo.

-Oh Booth, no se si… - pero a Brennan no le dio tiempo a acabar la frase. La vocecilla del niño la saludo al otro lado del aurícular.

-¡Hola Huesos! – dijo Parker.

-¿Tu también me llamas Huesos, Parker? – preguntó Brennan

-Jaja. A veces. Es que siempre se lo oigo decir a papá. Es un mote guay. Sólo quería decirte que me gusta que seas la novia de mi padre. Hannah era simpática pero tú eres cómo de la familia. Siempre has estado con mi padre. Además tu padre es el mejor profe de ciencias del mundo, y ahora es cómo mi abuelastro, ¿no?

Brennan rió ante la ocurrente palabra del muchacho. El niño era clavado a su padre. También le gustaba correr. Ya llamaba a Max abuelastro. Pero de la boca de Parker las palabras sonaban más amortiguadas y a Brennan no le daban tanto miedo.

-Ven a cenar con nosotros. Te estamos esperando – dijo Parker

-¿Estás seguro que quieres que venga? – preguntó Brennan.

Claro. Papá ya te ha pedido cena. Dice que siempre pides lo mismo. Pero cuándo te deje a probar mi plato cambiarás de opinión. – dijo Parker

-Está bien. En un rato estoy allí.

-Vale. Espera que te paso otra vez a mi padre – dijo Parker mientras acercaba el teléfono a Booth

-¿Ves? Te dije que es un niño inteligente– dijo Booth satisfecho de su hijo.

-Yo nunca he dicho lo contrario. – contestó Brennan. – En un momento estoy ahí. Un beso. – Y Brennan colgó.

Parker saludó a Brennan con la mano cuándo la vio entrar. La antropóloga se sentó al lado de Booth y miró el plato de ensalada que tenía delante.

-Por mi no os cortéis. Os podéis besar – dijo Parker.

-¡Parker! No incomodes así a Huesos. – dijo Booth

-No tranquilo. – dijo Brennan dirigiéndose a Booth - ¿Sabes qué Parker? Le besaría, pero no se lo merece. Me ha cogido todo el queso que lleva la ensalada, ¿verdad?

Parker estalló en una carcajada.

-Te lo dije papá. Te dije que se daría cuenta

-Venga Huesos. ¿Cómo has podido darte cuenta? Si han sido poquísimos. ¿Es que cuentas los trozos qua hay? Bueno, aunque no sé de qué me extraño, si siempre pides lo mismo.

-No siempre pido lo mismo. A veces pido pasta.

-No pides pasta. Se dice pasta cuándo lleva tomate y queso, o carbonara o alguna salsa. No cuándo se aliña con aceite y zanahoria – dijo Booth burlándose de ella. Parker volvió a reírse

La cena pasó así entre bromas y risas. Se hizo tarde y Booth y Brennan acompañaron a Parker a casa.

El niño se despidió de Brennan con un fuerte abrazo. La antropóloga lo vio alejarse con su padre hasta dentro de la portería dónde se encontraba el apartamento dónde vivía. Quizá tener un hijo no fuese algo tan malo. Parker era una Booth, y era un encanto.

Booth volvió al coche después de dejar al niño con su madre.

-¿Lo ves?, ¡ha sido fantástico!

-Si que ha estado bien, la verdad – contestó Brennan mientras se ponía el cinturón.

Habían superado otro reto más de la relación. Y uno muy importante. La aceptación de esta por parte de Parker. Para Booth su hijo era lo más importante. Había sido un gran paso. Otro peldaño. Dos peldaños en dos días. No estaba nada mal.