Capítulo XIV

Sakumo llegó al casa de Tsunade y Dan –este último ya había salido a la torre del Hokage. El de cabello plata fue invitado a desayunar en lo que la rubia salía de prisa al hospital, pero al verlo se detuvo un momento.

– ¿Y qué te trae por aquí?

–Su ahijado, mi hijo y Obito Uchiha.

–No entiendo.

–¿Sabe dónde está Tsubasa?

–Si fue con tu hijo a estudiar…

–Oh si, eso también me dijo Hatake.

–¿Entonces?

–Tsubasa organizó una fiesta en la casa de sus padres, por supuesto con ayuda de mi hijo y Obito.

–Oh… –Tsunade suspiró tratando de no mostrar su enojo– ¿Y siguen ahí?

–Pues están durmiendo…

–No me mientas Sakumo ¿Cómo estaban?

–Son jóvenes Tsunade-hime.

–Ya los estás justificando.

–No. Mi hijo recibirá un castigo acorde a su fechoría.

–Mira que… Mándamelo junto con sus otros dos compinches y yo misma los usare como enfermeros en el hospital… sin paga.

–Oh vaya, esa es buena idea. –Aceptó el colmillo blanco– Por cierto solo vine a avisarle para que este prevenida, pues los sannin mandaron a dos vigilantes y ya deben estar enterados de los sucedido.

Tsunade sonrió y agregó:

–Mejor de ese modo, así estos niños no les quedarán ganas de hacer travesuras.

Sakumo asintió y terminó su desayuno, retirándose para ir con los chicos.

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Sora que corría a un lado de Itachi, miró a este y sonriendo pícaro le dijo.

–Como que alguien dejó a un nuevo amigo en Amegakure.

–… No es mi amigo, él dijo que algún día pelearía conmigo.

–Ya entenderás lo que eso significa.

–Pues eso –dijo obviando el niño de coleta– que combatiremos y mediremos fuerza.

Sora sonrió, pues Itachi podía ser un genio shinobi, pero en cuanto a los demás, era un niño como cualquiera.

Detrás de los dos Uchiha. Minato y Nagato iban ya con paso más tranquilo. El pelirrojo preguntó algo deprimido:

–A veces me pregunto ¿si Naruto se la pasara combatiendo contra aquellos que quieren el poder del Kyūbi?

–No, nosotros haremos que no sea de ese modo.

–Bien.

Aceptó el de cabello rojo y besó la mano del bebé que se había quedado dormido después de emocionarse con la velocidad a la que lo llevaba su padre.

Las cascadas estaban a la vista y Nagato se adelantó para ver a los Uchiha y esto se detuvieron para esperarlo.

-¿Qué pasa Nagato-san? –preguntó Sora.

–Nos detendremos para comer y nadar un rato ¿Quieren acompañarnos?

–Yo no, prefiero ir a ver al puesto de vigilancia. –respondió Sora.

–Yo, si me quedó.

Dijo Itachi y regresó a donde Minato ya bajaba por las rocas para buscar un lugar en donde la cascada rompía sobre las rocas.

Nagato vio al Uchiha mayor desaparecer y regresó a donde Itachi se había quitado la camiseta de arriba y dejado solo la de red, estirándose sobre las rocas y tomando el sol. Minato acomodó a Naruto sobre unas mantas y sacó un pergamino que trasformó en una sombrilla para cubrirlo de los rayos del sol. El pelirrojo se sentó a lado de su esposo y lo invitó a meterse al agua:

–Puedo dejar un kage bunshin con Naruto.

–No Minato, requiero de toda tu atención –susurró el de rinnegan.

–Pero Naruto…

–Itachi lo puede cuidar no parece muy interesado en nadar ¿verdad Itachi?

–Sí, yo me quedo con él, si despierta lo llevó con ustedes.

–Dudo que despierte en mucho rato –comentó sugerente Nagato, mirando a su rubio esposo.

Los dos adultos se quitaron las ropas, aunque por pudor solo se dejaron la interior. Se lanzaron a nadar y viendo que el Uchiha no hacia intentos de moverse de su posición, se alejaron un poco buscando un rincón a salvo de las miradas de cualquiera. Nagato se sentó sobre unas rocas y el rubio se acomodó entre las piernas de este besándolo y acariciando la piel a su alcance. Minato buscó un punto de apoyo para estar alineado a su pelirrojo esposo y lo atrajo hacia él para que sus erecciones –que ya estaban a la vista– se rozaran. Sentirse uno al otro, después de tiempo de estar separados fue como un afrodisiaco. Las manos ávidas retiraron la última barrera para que estuviesen piel a piel. El rubio bajó un poco al de rinnegan para ayudarse con el agua y lubricar la entrada de este que se abría y cerraba para él. Nagato mordió los labios morenos de su amante y este sintió como si eso fuese una orden para iniciar con la penetración, obedeciendo de inmediato, porque era lo que deseaba también. Unidos y disfrutando de hacer el amor el orgasmo los golpeó dejándolos momentáneamente fuera de combate.

Pasaron minutos para que se recuperaran y el Hokage bromeó:

–Nagato eres el único que me vence y me deja noqueado.

Nagato negó y agregó.

–En todos los campos, mi amor.

El Yondaime se rió y se separó –con mucha renuencia– de su amante.

–Voy a ver a esos dos y si están bien, regreso a seguir relajándonos.

–Puras promesas –se burló el de cabello rojo.

El rubio nadó de regreso a donde podía ver a los dos niños y notó que Itachi se había acercado a Naruto bajo la sombrilla y dormitaba con este. El Hokage regresó con su esposo, pues debía demostrarle que no solo prometía si no cumplía también.

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Tsunade llegó a la torre del Hokage y entró intempestivamente a la oficina. Dan alzó la vista de los pergaminos que leía y preguntó tranquilamente.

–¿Qué sucede?

La pelinegra relató lo sucedido y el de cabello claro la dejó terminar sin alterarse, pues con la de coletas bastaba.

–Vaya… y han de ser casi todos los de su generación.

–Seguramente a excepción de los que están en misión. –opinó al de coletas.

–Ya…

–¿Y qué harás?

–Pues…

–Por qué sucedió cuando estás como Hokage.

–Lo sé, lo sé.

Dan llamó a uno de los anbus y le dijo:

–Llama a los líderes de equipo de la generaciones entre quince y diecisiete años.

El anbu obedeció y salió veloz del lugar.

–¿Qué harás?

–Ya lo veras.

Como en media hora los lideres estaban ya en la oficina del Hokage y Dan les informó.

–Como parece que sus kōhai* están listos para beber alcohol y hacer fiestas sin vigilancia adulta, también están listos para realizar servicio a la aldea. A partir de mañana los chūnin y algún Jōnin –si resultan responsables- harán labores de limpieza y mantenimiento de jardines, casas y espacios de recreo, etc.; paseos, vacunas y baños de mascotas; servicio de niñera y de ayudantes en el hospital.

Los murmullos iniciaron y hubo uno –Gai– que preguntó algo nervioso.

–¿Dan-sama, pero serán todos los chūnin?

–Sí, si tienen quejas diríjanlas a sus compañeros de generación. Pues según mis investigaciones la invitación fue general.

Gai se quedó callado y su padre lo fulminó con la mirada. La reunión concluyó y hubo mucho shinobis que comentaban que sería divertido ver a los jóvenes infractores trabajando arduamente.

Dan vio a su esposa y sonrió comentando.

–Lo que les hace falta a nuestros chicos es estar ocupados que como tenemos suficientes shinobis, ellos no salen mucho y tienen demasiado tiempo libre.

Tsunade asintió y besando a su esposo se despidió de este, pues ella tenía mucho trabajo.

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Era medio día cuando Sakumo pidió prestado un gong y ayudado por ciertos animales vigilantes, lo hizo sonar en la sala de la casa de los sennin haciendo que los que aun dormían –estaban desvelados y con resaca– despertaran como si Konoha estuviese siendo atacada. Kunoichis y shinobis salieron de diferentes sitios con kunais preparados aunque ellos estuviesen con la ropa arrugada despeinados y huellas de saliva en la boca. Kohaku y Kōsuke se revolcaban de risa al verlos, por lo que Sakumo tuvo que aguantarse para no reír también.

–Jóvenes… señoritas… –Los mencionados se vieron unos a otros y hubo uno que otro grito de chica –Anko- al notar en que fachas andaban– Pues si ya pueden moverse, deben regresar a su casa, es la una de la tarde –más gritos– y sonido de carreras. Kakashi y Obito estaban sentados en sillón, pues Sakumo les había permitido dormir un rato.

–Joven Uchiha vaya a su casa.

–Pero…

–Ya nos veremos después, tengo varios perros ninja.

Obito no entendió a que se refería Sakumo, mas se retiró, pero este planeaba hacer que su adorado hijo y el novio de este pasearan y bañaran a todos sus perros. Kakashi suspiró y esperó a que su padre hablara.

–Tsubasa, Kakashi, síganme.

Ambos chicos caminaron como si fuesen al patíbulo y casi, pues los llevaron con Tsunade quien al verlos, se cruzó de brazos y ordenó.

–Baño de esponja para los pacientes de la sala seis. Y ahí de ustedes que hagan gestos o lo hagan mal.

–Si Tsunade-sama –respondieron los dos.

–Y Tsubasa tus padres regresan hoy.

El chico tragó saliva. Los dos chūnin fueron hasta donde las enfermeras los esperaban para guiarlos a la sala seis.

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Orochimaru salió limpiándose y mascullando molesto:

–Estoy lleno de… no tengo idea, pero es asqueroso.

–Oye antes de seguir quejándote, deberías de agradecer primero al sapo.

–Mira Jiraiya cuando te dije que quería que nos apresuráramos y te ofreciste a traernos, nunca me dijiste que viajaríamos en el estómago de un sapo.

Jiraiya se encogió de hombros y se despidió de su amigo dejándolo marcharse.

–¡Me siento sucio! –seguía el otro sannin.

–Como si lo asqueroso de salir de una serpiente fuesen rosas comparado con esto –masculló molesto el de cabello blanco.

–¿Qué dijiste?

–Nada. Que avancemos y podrás darte una ducha.

Orochimaru caminó y cruzó las puertas de Konoha sin saludar a los guardias. Jiraiya agitó las manos al pasar siguiendo a su pareja. Ambos decidieron ir directamente su casa antes de visitar a Minato en la torre.

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Sora brincó por entre las rocas y llegó calladamente hasta estar en cuclillas junto a los dos durmientes:

–Si fuese un atacante, ya estarías muerto –le dijo al niño de coleta que descansaba junto al rubito.

–O lo estarías tú, tío. –habló una copia del niño, parado detrás del mayor.

–No está mal.

Aseguró el mayor y lanzó un golpe que el clon no esquivó por lo que al desaparecer se trasformó en varios cuervos que volaron hacia Sora. El verdadero Itachi cargó a Naruto y se alejó del lugar tratando de que las explosiones, que harían los cuervos al llegar a Sora, no despertaran al bebé. Pero al ver al niño rubio notó que esta estaba ya despierto y estirándose. Itachi bajó hasta donde los padres de Naruto estaban y que le sonreían diciendo:

–Eso fue un buen escape Itachi –aseguró Minato.

–Gracias Hokage-sama.

Itachi dejó al rubito en brazos de sus padres y se desvistió ofreciendo.

–Puedo calentar ese hueco entre las rocas para que Naruto se meta al agua.

Nagato sonrió y asintió.

–Te lo agradeceríamos Itachi.

–¡Katon!

Las llamaradas dieron en el blanco y el chico la mantuvo un rato hasta que vio un poco el vapor salir. Nagato llevó a Naruto hasta el lugar, pero Itachi se ofreció a meterse con él para que el pelirrojo no cambiara de temperatura de improviso.

Sora se sentó después de esquivar a los cuervos explosivos y esperó a que esos cuatro salieran, lo que deseaba no fuera mucho tiempo, pues ya quería ver su noviecito.

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Jiraiya entró en la casa y vio que esta ya estaba limpia. Kakashi y Obito al verlos entrar se pararon del sillón y se despidieron apresurados. Ellos estaban ahí, pues Sakumo les había ordenado que después de su turno en el hospital, ayudaran a Tsubasa con el desastre que habían dejado.

–Buenas noches Jiraiya-san.

Dijeron los dos saliendo. En la puerta de la casa vieron que Orochimaru llegaba y corrieron más.

–Mocosos… –se burló el sennin de las serpientes entrando y viendo como Jiraiya ya le había pedido a su unigénito que se sentara.

Orochimaru se acomodó a un lado de Jiraiya y empezó:

–No andemos con rodeos. Los tres sabemos que sucedió.

–Yo… yo solo quería divertirme.

–¿Y cuándo te lo hemos prohibido? Sobre todo tu padre que es experto en eso.

Jiraiya se resignó a que Orochimaru culparía a sus genes por lo que hizo su hijo.

–Bueno…

–Mira Tsubasa tu error fue no informarnos y no pedirnos permiso; como bien dice tu papá, no te íbamos a prohibir, sin embargo eres… son muy jóvenes para tener eso excesos.

–Es la primera vez que lo hago.

–Por supuesto –afirmó Orochimaru.

–¿Me creen?

–Tsubasa a pesar de que eres un shinobi que seguro será temido por su fuerza, sigues siendo nuestro bebé y sabemos todo lo que haces y dejas de hacer –dijo Jiraiya– te dimos ese nombre por que esperamos que vueles alto, pero no para que te alejes sin rumbo.

–Lamento no pedir permiso ni tener a un adulto… responsable en la fiesta.

–¿Por lo menos te divertiste? –preguntó el sennin de cabello blanco.

–Jiraiya… –regañó Orochimaru.

–Pues la verdad el sake desinhibe, pero los efectos colaterales no me agradaron nada.

–Opino lo mismo. –aportó Orochimaru.

–Es que el secreto es beber despacio y saborearlo. –explicó como todo un conocedor el de cabello blanco.

El menor hizo gestos y Orochimaru negó.

–El castigo que les dieron me parece bien, pero… –Tsubasa casi tembló en la pausa que hizo su papá– Tu hijo mío aparte de todo, tienes prohibido salir con Sora durante quince días. Yo hablare con él.

–Pero…

–Sin peros –sentenció Jiraiya.

–Ahora ve a ducharte que debes de estar muy cansado por tu turno en el hospital y por cierto mañana te vas conmigo.

Orochimaru vio subir las escaleras a su hijo que llevaba los hombros hundidos, pero sabía que esa era una treta para que le tuviesen piedad y le levantaran el castigo o lo acortaran. Jiraiya se estiró y llamó a Kōsuke que apareció.

–Gracias por todo, ya puedes irte.

–De nada Jiraiya-chan.

Orochimaru fue hasta el jardín donde Kohaku perseguía un pájaro y cuando este se lo hubo comido le dijo.

–Nos vemos y gracias.

–Fue divertido ver a esssasss criasss tambalearssse y no sssaber a donde iban.

–Qué bueno que te divertiste –dijo sarcástico el sannin. La pequeña serpiente desapareció en una bola de humo.

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Por la tarde la marcha del grupo de Hokage, reinició y llegaron pronto a Konoha. Minato dejó que los dos Uchiha regresarán a sus casas y pidió que Fugaku lo fuera a ver. Cuando llegaron a la torre, Dan los puso al tanto de lo sucedido y Minato quedó conforme con el castigo para los parranderos jóvenes.

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Itachi fue acompañado a su casa por Sora y este entró hasta la sala donde Mikoto acomodaba a Sasuke para que cenara. Kazuo y Shin fueron llamados al estar de regreso a Itachi.

–Lo dejó Mikoto voy a ver a mis padres.

–Si, a tus padres –se burló la kunoichi–, no a cierto chico que tiene como guardaespaldas a sapos y serpientes.

Sora se puso rojo y se despidió. Kazuo alzó una ceja y Shin comentó:

–Vimos a Sora con Tsubasa en un restaurante, pero con ellos había un pequeño sapo.

Kazuo negó y comentó:

–Ese Jiraiya, no esperaba menos de ese tipo celoso. –Kazuo vio a su nieto y este corrió abrazarlo.

–¡Fui muy buen guardaespaldas, Minato-san me felicitó!

Kazuo alzó a su nieto y lo felicitó y la familia se enfrascó en una conversación acerca de la misión. No pasó mucho cuando Fugaku llegó e Itachi muy formal se paró frente a este y comunicó:

–El Hokage lo mandó a llamar Uchiha-san.

–¿Ahora?

–Mañana a primera hora.

–Bien, ahí estaré.

Respondió de la misma forma Fugaku y cuando lo hizo, Itachi sonrió.

–Vamos a cenar tengo hambre.

Dijo el pequeño Uchiha seguido por los adultos. Kazuo lo vio y luego se giró a Fugaku.

–¿Satisfecho?

–Orgulloso y no te hagas también tú.

–Claro.

Sentados en la mesa Itachi le daba de su comida a Sasuke y de pronto le dijo.

–Ya traje a Naruto.

El bebé moreno miró a su hermano y sonrió.

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Sora tocó a la puerta y Orochimaru abrió invitándolo a pasar.

–Entra ¿ya cenaste?

–No…

–Vamos entra, que mi adorado hijo no saldrá contigo.

–…

–Tranquilo…

Orochimaru le relató lo sucedido y Sora negó aceptando resignado y es que estar con su novio en casa de los padres de este y ellos presentes, no le hacía nada de gracia. En cambio para Jiraiya era como un regalo de cumpleaños poder vigilar a su hijo y a Sora.

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Las enfermeras agradecían la ayuda desde temprano y Orochimaru llegó con Tsubasa precisamente cuando un despistado chico de cabello gris y anteojos preguntaba, si todos ellos eran también aprendices que acababan de llegar.

–¿Kabuto?

El chico volteó a ver quién lo llamaba y saludó cortés reconociendo a su futuro sensei.

–Ven conmigo y te diré en que puedes ayudarme.

–¿No iré con ellos? –preguntó viendo a Tsubasa que se unía al grupo de chūnin que esperaban instrucciones y donde Kurenai le reclamaba algo.

–No.

Orochimaru y Kabuto desaparecieron por uno de los pasillos y Tsubasa los vio desde la fila donde Obito y Kakashi también estaban.

–¿Cómo les fue?

–Mi padre nos espera mañana –dijo Kakashi.

–¿Y eso? –preguntó Obito.

–Bañaremos a todos sus perros ninja.

–¿Cuantos tiene? –cuestionó Tsubasa.

–Veinte

–¡¿Qué?! –gritaron los otros dos.

–Y me odian –se quejó Kakashi– dicen que soy muy tonto para que me ayuden.

–O sea que como son perros ninja son… digamos conscientes como los sapos y serpientes de mis padres

–Si.

–Estamos jodidos. –Obito dijo lo que todos creían.

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La pelirroja corría al encuentro de Nagato y Naruto:

–¡¿Cómo están?! ¿Cómo les fue?

–Bien y bien –respondió divertido el pelirrojo– ¿Y ustedes?

–Extrañándolos, pero bien, aunque el que la pasó un poco mal, fue Sasuke.

–Oh ya veo.

Un gritó se escuchó y Naruto giró al oírlo y al ver a su amigo en brazos de su madre, gritó como contestación. En cuanto los pelinegros llegaron, el rubito se lanzó sin precaución a tomar a Sasuke y comérselo a besos -mordidas- y Sasuke respondía apretando a su amigo contra sí.

–Ay por favor ustedes, como si no se hubiesen visto en siglos ¡ttebane! –se burló Kushina.

–¡Ba'io! –respondió el bebé de ojos azules.

–¿Qué dijo? –preguntó Nagato.

Las mujeres lo vieron y no supieron responder. Cuando las ansias de ambos bebés varones, se calmaron y los padres entraban al trabajo de pronto Kushina se detuvo.

–Tengo una idea... Para pasar un día tranquilos…

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Estaban avanzando en la fila cundo fueron llamados por Tsunade. La Senjū los guio fuera del lugar. Ahí estaban Nagato y Mikoto conversando junto con Kushina. Al verlos los tres chicos sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos, pues los tres bebés estaban mirándolo y cuando la de coletas los llamó:

–Ya están aquí. –dijo la de coletas negras sonriendo.

Su misión fue dada y vieron como su única esperanza se esfumaba cuando los tres progenitores de los infantes, se fueron muy tranquilamente a su trabajo dejándolos como… niñeros.

Minutos más tarde se veía a un rubio Naruto golpeando a Kakashi y pateando a Tsubasa para que lo dejara ir con Hatake que sostenía a un Sasuke que estaba muy enfurruñado porque su custodio no le había dejado bajar su pañuelo. Conclusión un Sasuke molesto igual a un rubio vengador y furioso. Tsubasa y Kakashi notaron que Obito estaba muy tranquilo y al girar a verlo…

–¡¿Por qué no dijiste que traías Manjuu?!

Hikari comía tranquilamente un manjuu sin ser molestia para su niñero.

–Pues no me preguntaron, además es mi almuerzo. –se defendió el Uchiha mayor.

–¡Baka!

–¡Ay! –gritó Kakashi– ¡Condenado mocoso, suéltame! –Sasuke había agarrado un buen mechón de cabello plata y lo jaló con todas las fuerzas que la daba su berrinche– ¡Quítenmelo! ¡Quítenmelo!

Kakashi estaba a punto de perder la paciencia y se veía con ganas de golpear o aventar al bebé pelinegro por ahí cuando… un aura rojiza envolvió al rubito y Tsubasa empezó a gritar también corriendo de un lado a otro.

–¡Kakashi deja en paz a Sasuke! –gritó Tsubasa que sentía sus brazos arder.

Mientras dentro del rubito…, cierto zorro de nueve colas se revolcaba de risa.

Pronto, Obito fue asaltado y vaciado de manjuu para calmar a los pequeños… y poco rato después los seis estaban en el parque comiendo. Los bebés jugaron un rato en lo que empezaba a molestarse de nuevo haciendo que sus cuidadores corrieran a ver y…

–¡¿Que rayos se pudrió?! –exclamó Obito.

–Ellos… –agregó Tsubasa.

–A'ka –se escuchó decir a Sasuke y Kakashi lo miró intrigado.

–Este mocoso acaba de insultarnos.

–De Sasuke creo lo que sea, tiene peor carácter que Itachi. –afirmó Obito.

–¡Te enojas y ustedes fueron los que se caga…! –despotricaba el Hatake.

–¡Kakashi! –regañó Tsubasa– Ni lo tomes en cuenta a ver quién lo cambia.

–¡¿De verdad están discutiendo con… el hijo del jefe de policía de Konoha, el hijo del Hokage y del poseedor del rinnegan y la única nieta de la rama Sarutobi?! –exclamó Obito.

–…

–…

–Vamos chicos a poco no han notado que esto es una prueba.

Kakashi miró a su novio y pareció sonreír bajó el pañuelo. Acercándose a Sasuke dijo:

–Pues si es una prueba… Ven acá pequeño Sasuke, que te dejare oliendo a rosas y cuando seas mayor podré burlarme diciendo que te cambie los pañales sucios.

Tsubasa suspiró resignado y tomó a Naruto llevándolo a la banca del parque y poniendo manos a la obra cuando terminó casi vomitándose reclamó.

–¡¿Qué rayos tenían esos manjuu?!

–No exageres –decía Obito terminando de cambiar a Hikari, a la que le hacía cariñitos– A ver la princesita Sarutobi ya está limpiecita.

Tsubasa se limpió el sudor y comentó:

–Ahora respeto más a mis padres.

Limpios, los niños siguieron jugando y conversando en su idioma, dejando que los jóvenes descansaran. Al atardecer los tres chūnin llegaron hasta el trabajo de los padres de los niños, con estos dormidos

–A pesar de lo violentos que son esos dos, los tres son muy tranquilos.

Comentó Kakashi y los otros asintieron. Nagato tomó a Naruto de los brazos de Tsubasa quien estaba todo achicharrado.

–¿Qué pasó?

–Un berrinche.

–Lo siento Tsubasa-chan.

Los otros dos entregaron a los bebés y Obito dijo que Hikari era una nena muy tranquila.

–Oh sí, eso dicen que se parece a Yûki y no a mí, ttebane.

Obito estuvo agradecido por eso. Mikoto recibió a Sasuke y vio que este dormía plácidamente.

–Sé que mi hijo no es muy tranquilo por eso me extraña que este durmiendo...

–Oh… bueno le di un poco de jugo de tomate… Obito me dijo que era su preferido.

–Si lo es.

Los chūnin se retiraron considerando que bañar a los perros de Sakumo comparado con esa tarde… sería pan comido.

Los tres se retiraron deseando llegar a sus casas para ser ellos, los cuidados y mimados.

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Yahiko y su grupo regresaron es anoche a Amegakure y el de cabello naranja ordenó que Deidara empacara sus cosas, pues viviría desde ese día en su casa, aunque seguiría con su entrenamiento con los otros Akatsukis.

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Muy temprano al otro día, hubo una reunión del consejo y de los líderes de Konoha.

–Suna debe de dar la respuesta en esta semana si mandan a alguien a Amegakure y no aquí, Yahiko me avisara y la invasión se detendrá, pero si no lo hacen…

–A veces un ultimátum es lo que se necesita para alcanzar la paz –confirmó Dan.

–Espero que el Kazekage acepte –comentó Hiruzen–, pues dicen que es muy orgulloso.

Todos comentaron de los rumores que circulaban sobre este, esperando que su orgullo no se antepusiera a su deber como líder en una aldea a la que debía proteger. El tema cambio y Jiraiya y Orochimaru relataron la percepción que tuvieron de como las cosas fuera de Konoha estaban cambiando.

–¿Mercenarios en su mayoría? –preguntó Fugaku.

–De los que no le importa como conseguir su objetivo. –afirmó Orochimaru.

–Eso explica porque ha habido un incremento en las personas que han llegado a la zona roja buscando trabajo –agregó Nawaki.

–Lo que podemos hacer es mandar más de un shinobi a las misiones no importa si son misiones rango D –comentó Jiraiya.

–Pues aunque lo digas en broma si sería buen idea Jiraiya-sensei.

La solución era cerrar filas en torno a Konoha y Amegakure, y si ellos aceptaban el trato, en torno a Suna.

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Una reunión similar se llevaba a cabo en la aldea de la arena y en esta ya se había tomado una decisión. Y en ese momento Chiyo miraba a su nieto que era despedido por sus padres.

–Sakumo Hatake, es quien nos venció hace tiempo, pero no queremos que tomes venganza o algo parecido, puesto que a pesar de eso estamos vivos.

–Pero…

–No Sasori, vas como representante de Suna en Konoha y Yashamaru en Amegakure.

–Háganos sentir orgullosos –termino el kazekage.

Chiyo se acercó a este y preguntó.

–¿No crees que se opongan?, puesto que ni mi nieto ni Yashamaru tienen doce años.

–Pero son de Suna.

Los chicos salieron escoltados por algunos Jōnin, pues pretendían estar en las diferentes aldeas en menos de dos días.

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Naruto se levantó y caminó agarrándose de la pared de madera. Sasuke más adelante se bajaba del tapanco llamándolo.

–¡Ah!

El rubito se soltó de la pared y caminó tambaleante hasta su amigo que lo esperaba, cayó de sentón amortiguando con sus pañales el golpe y el morenito lo jaló para que bajara también. No fue mucho, pero entre los dos sortearon la distancia hasta llegar al pequeño estanque de peces y el lodo que rodeaba a este…

Kazuo los miraba divertido, pero sin detenerlos, por eso cuando Shin salió y lo regañó por dejar que los pequeños jugaron con el lodo, este respondió.

–Es que estaban aprendiendo técnicas de ocultamiento.

–Por favor. Ahora tú me ayudaras a bañarlos, mira que nos los encargan y como los vamos a entregar.

El matrimonio entró llevando a dos niños a los que no se les distinguían más que los ojos, pero que estaban muy contentos.

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Nagato se acomodó de nuevo el chaleco y preguntó:

–¿Cómo estoy?

–Ya me lo preguntaste y estas bien, muy guapo –bromeó Minato– No estés nervioso.

–No lo estoy, pero es que es el nieto de una anciana del consejo de Suna.

–Oye no te quejes, a Yahiko le tocó el cuñado del Kazekage.

–Oh…

La pareja salió rumbo a la salida de Konoha y en el camino se encontraron a los otros líderes entre ellos; Tsunade y Dan, Fugaku y Mikoto. Nagato se acercó a estos y preguntó.

–¿De verdad no hay problema en que Naruto se quede con Shin-san y Kazuo-sama?

–Oh no, Sasuke y Naruto se acompañaran. –explicó Mikoto.

–Y harán travesuras –completó Fugaku– porque mis padres son muy consentidores.

Itachi se rio y corrió adelantándose hasta llegar a donde Iban saliendo Orochimaru y Jiraiya junto con Tsubasa. Poco a poco los líderes de Konoha acompañaban al Yondaime para esperar al chico de Suna.

Pasó media hora en la que los más jóvenes ya estaban muy inquietos cuando uno de los vigías llegó y se presentó ante Minato.

–Ya pasaron las protecciones Hokage-sama.

–Bien. Esperemos.

El rubio se cruzó de brazos y esperó. Nagato admiró la figura con la capa moviéndose con el aire y el sombrero de Hokage cubriendo parte del cabello rubio y suspiró sin notarlo. Orochimaru se rió ante la forma en que Nagato devoraba a Minato con los ojos.

Minutos más tarde se vio avanzar al grupo de shinobis de ropajes en tonos claros y el grupo de bienvenida se alistó. Los de Suna llegaron y uno de ellos se adelantó entregando un mensaje del Kazekage donde este informaba que aceptaba el pacto, mas consideraba que debía recibir resultados inmediatos.

––¿Eso qué significa? –preguntó Kushina.

–Que quiere que su chūnin, que supongo que es por la edad, ya sea mandado en misión…

–¡Tan pronto! –exclamó Tsunade.

–Sí, pero –Minato miró al mensajero– No puedo mandarlo de misión si no conozco sus habilidades y sin que pase por todas las pruebas que hacen falta incluso físicas. En una semana será.

El mensajero asintió y dejó que el chico se acercara, retirándose cumplida su misión, mostrando que los de la arena no eran muy emocionales.

–Akasuna no Sasori, tengo dieciséis años.

Minato se acercó y se presentó:

–Namikaze Minato, Hokage de Konoha, el Yondaime.

Uno a uno se fueron presentando los líderes y luego fue el turno de los sensei Médicos.

–Senjū Tsunade aunque todos me conocen como Uchiha Tsunade.

–Mi abuela me habló de Usted.

La de coletas se carcajeó y comentó:

–No creo que bien, pues no le agradó mucho desde que vinieron a pedirme ayuda para contrarrestar un veneno que ella hizo…

–Y lo contrarrestó.

La de coletas se encogió de hombros. Orochimaru fue el siguiente:

–Orochimaru… –decía este.

–Sus experimentos son famosos.

El sennin de las serpientes sonrió. Pasaron todos y el chico de Suna preguntó:

–¿Hatake Sakumo?

Los líderes se vieron unos a otros y Sora dijo él es un shinobi de elite y no está aquí…

–Quisiera conocerlo.

–Y lo harás, pues tu entrenamiento inicia mañana –explicó Hiruzen.

–¿Por qué no hoy?

–No, hoy te dejaremos en manos de nuestros chicos. –Iruka, Kurenai y Tsubasa se adelantaron– Ellos te darán un recorrido por la aldea y responderán tus preguntas puede que te unas a alguno de sus equipos. –explicó Jiraiya.

–¿Trabajan en equipo de cuatro?

–… Si –cortó Fugaku.

El comité de bienvenida se dispersó y Sasori fue guiado por lo chicos y Kurenai curiosa preguntó:

–¿Por qué quieres conocer al colmillo blanco?

–Oh… curiosidad.

Tsubasa miró al pelirrojo con suspicacia, pero no agregó nada. Y siguieron con su recorrido. Sasori vio con algo de envidia como Konoha era una aldea prospera y deseó que Suna fuese igual.

–Suna será como Konoha dentro de poco si ustedes siguen respetando el trato –comentó Tsubasa.

-¿Cómo sabes de…?

–Mis padres son dos de los sannin

–¡¿Dos de los sannin, Tsunade y…?!

–No Orochimaru y Jiraiya.

–¡¿Qué?!

–Oh es cierto Tsubasa, ellos no saben de la herencia Uchiha –dijo Iruka que amablemente le explicó al pelirrojo lo de hombres gestando–, pero solo son algunos de ese clan.

–Supe que Madara Uchiha y Hashirama eran…, pero la verdad es que no lo creí.

–Pues créelo yo soy una muestra de que es posible.

–¿Entonces eres Uchiha?

–No exactamente –dijo Tsubasa.

Entre preguntas y respuestas los chicos llevaron a todos lados al invitado de Suna.

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Yahiko miró al joven de cabello castaño claro y sonrió se veía bastante tranquilo. Deidara de inmediato se presentó y presentó a todos. Pronto los akatsukis siguieron a los dos jóvenes y Yahiko se acercó a Konan.

–¿Qué piensas?

–Fue un gran paso, ahora a cumplir con nuestra parte del trato. Si te parece yo lo evaluare y saldré con él en su primera misión.

–Recuerda que ya no pueden ir solo dos.

–Por supuesto llevare a dos más.

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Mikoto entró al cuarto y vio a los bebés dormidos como si de angelitos se trataran y no le agradaba despertarlos por lo que salió de nuevo y en la sala le pidió a Nagato.

–Déjalo, está dormido.

–Pero es temprano, por lo regular no se duerme hasta las nueve.

–Oh bueno, estuvieron muy activos –añadió Shin.

Kazuo solo sonrió pensando en que debía asegurase que las fotos que les tomó a esos dos todos enlodados, no cayeran en manos de los padres de estos.

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Para la hora de la cena, Sasori fue llevado a donde se hospedaría y de camino a la casa de Tsunade…

–¡Yo! –saludó Kakashi

–¡Kakashi! –regañó Sakumo a su hijo.

Tsubasa alzó la mano y la agitó recordando que el chico de Suna deseaba conocer a Sakumo.

–Él es mi amigo Kakashi y su padre… Sakumo Hatake.

Sasori miró al hombre y este saludó cortés.

–Hola y bienvenido, vamos a cenar si quieren acompañarnos.

Sasori se plantó frente a los de cabello plata y dijo:

–Colmillo blanco yo lo venceré.

–Oh… que bien –sonrió Sakumo.

Kakashi vio al pelirrojo y negó pensando que Suna les había mandado un shinobi loco.

Ese fue el primer día de los chicos de Suna en cada una de las aldeas y también el inicio del tratado entre estas tres… Al correr del tiempo y pasados esos seis meses Sasori y Yashamaru regresaron a su aldea donde les hicieron una interrogatorio exhaustivo, pero que comprobó que el trato era cierto y es que desde la primer misión de los más jóvenes, una misión de Amegakure y Konoha fueron dirigidas a Suna para que estos la realizarán. Y el Kazekage a pesar de la renuencia, comenzó a confiar un poco en ambas aldeas.

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Naruto rebuscó en su caja de juguetes hasta que dio con lo que buscaba.

–Naruto ya vámonos, hijo.

–¡Voy pa!

Nagato esperó a su hijo y este salió corriendo a todo lo que sus piernitas de tres años daban.

–No corras que puedes caerte.

–No.

Nagato avanzó y notó la mochila del rubito un poco más la abultada.

–¿Naruto que llevas en la mochila?

–Uguetes.

–… No quiero que el primer día en la escuela Uchiha te echen.

El rubito miró a su papá y sonrió zorrunamente.

–Nooo.

Nagato suspiró resignado y salió con su hijo de la mano. En la calle el rubito saludaba a medio mundo y Nagato negó. Adelante en un puesto de comida los jóvenes Obito, Tsubasa y Kakashi conversaban con Sasori que estaba de visita.

–¡Naruto no destruyas la escuela! –gritó Obito.

–¡Nooo!

Respondió el rubito y lo jóvenes se rieron. Sasori miró al niño y preguntó.

–¿Ya va a la academia?

–No a al colegio Uchiha… hicieron una excepción con él, porque…

Obito se interrumpió cuando vio como el rubito se soltaba de su papá y corría al final de la calle.

–¡Sasuke!

El morenito se giró y corrió al encuentro de… Naruto, aunque con la fuerza que este llevaba se lanzó a abrazarlo y ambos cayeron.

–Te decía, hicieron una excepción porque Sasuke no quería ir si no iba su mejor amigo y como el condenado mocoso heredó el carácter del Uchiha legendario…

–¿Fuerte? –preguntó Sasori.

–¡De los mil demonios!

Los jóvenes siguieron riéndose y comentando, en lo que dos niños iban tomados de las manos cuchicheando y planeando que tantas travesuras harían en la escuela.

*kōhai: literalmente «compañero de después». La mayoría sabe cómo se maneja este término, espero jejeje

Muchas gracias por leer.

Alba marina, kaoryciel94, Moon-9215, Zanzamaru, emelian65, ShinigamiXD, Zussi, Gelygirl, narusempai y setsuna-GW.