Los personajes de Dragon Ball Z no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama.
Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang no me pertenecen. Son creación de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko. La serie fue producida por Nickelodeon.
14. Separación
"¿Qué sucede Trunks? Te veo un poco callado ¿Acaso te preocupa algo?" preguntó Ty Lee aferrada al brazo del Saiyajin, mientras caminaban tranquilamente por las calles de Ba Sing Se.
"Lo siento, es sólo que no llevo nada de dinero conmigo y lamento que tengas que correr con mis gastos. Sin mencionar la gran cantidad de comida que necesito" contestó con un ligero enrojecimiento en su rostro, causado por la vergüenza de su situación.
"No te preocupes por eso, a mí no me importa en absoluto. Para mí el dinero no es una preocupación. De lo contrario, jamás habría huido de todas las comodidades de mi hogar, para llevar la humilde vida de una acróbata de circo" le dijo la chica de inmediato con su enorme sonrisa característica.
"Precisamente eso es lo que me preocupa. Tu salario no es muy alto que digamos, sin mencionar lo duro que debes trabajar para ganártelo"
"¿Crees que no tomé en cuenta lo mucho que podríamos gastar en el viaje? Me acaban de dar un buen aumento y ganamos mucho dinero en la taberna anoche cuando derroté a esa engreída" dijo Ty Lee frunciendo un poco el ceño, pues le molestaba recordar el rostro de June cuando intentaba coquetear con Trunks "Todo eso tiene algo en común. ¿No te das cuenta?"
"¿A qué te refieres?" preguntó un tanto confundido el Saiyajin.
"¡Pues tú! ¡Todo esto es gracias a ti Trunks! Gracias a mis entrenamientos junto a ti, he sido capaz de aumentar muchísimo mi fuerza y agilidad, lo que me ha ayudado a mejorar mis presentaciones y ganar el duelo de pulso de anoche. De no ser por eso, no hubiera obtenido el dinero que tengo ahora. Así que quería agradecerte con este viaje"
Las palabras de la acróbata, lejos de tranquilizarlo, sólo pusieron más nervioso a Trunks. Al chico le daba mucha vergüenza que ella sintiera la necesidad de retribuirle el favor de alguna manera "Realmente lo aprecio mucho Ty Lee, pero sabes que no debes recompensarme ni darme nada a cambio. Entrené contigo con mucho gusto. Sólo me basta estar contigo para sentirme bien"
"Lo sé. Por eso quise compartir esto contigo. Siempre quise visitar Ba Sing Se ¡Y qué mejor manera que hacerlo juntos ahora que podemos!" le dijo con una gran sonrisa, mientras ambos tomaban asiento en el borde de una fuente.
La pequeña plaza en donde se encontraban, estaba iluminada con decenas de lámparas dispuestas alrededor de todo el lugar, lo cual le daba al ambiente una atmósfera bastante romántica. Todo era prefecto, la noche era tranquila y estaban sólo ellos dos en ese hermoso lugar.
Trunks no podía apartar su mirada de los grandes y preciosos ojos grises de Ty Lee, detallando con mucho cuidado los bellos rasgos del rostro de la chica. El corazón del Saiyajin latía con fuerza, más rápido que nunca. Ni siquiera la transformación de Super Saiyajin, generaba una reacción tan grande en su organismo.
Sintió la impetuosa necesidad de tomar las manos de la joven acróbata con delicadeza. Ya lo había hecho en otras ocasiones, pero esta vez, pudo detallar mejor lo pequeñas y frágiles que se sentían en las suyas. Sentía la necesidad de protegerla por sobre todas las cosas del mundo, aún si tenía que dar su vida por ella. Para estos momentos, el cariño que sentía por Ty Lee era enorme. Lo que no sabía, era lo importante que él era para la chica, mucho más de lo que podía imaginar.
De repente, la joven acróbata apartó la mirada y bajó la cabeza, al tiempo que su rostro quedó parcialmente oculto tras un mechón de cabello. Trunks la tomó suavemente con una mano por la barbilla, pero cuando levantó la cabeza de la chica, notó una solitaria y silenciosa lágrima que descendía por su mejilla.
"¿Qué te sucede, Ty Lee? ¿Estás triste? ¿Acaso te sientes mal?" preguntó con gran preocupación. La única vez que la había visto llorar, fue cuando ella le contó sobre su pasado y sus hermanas. Pero estaba vez, la chica lloraba sin razón aparente.
"¿Vas a volver, verdad?" fue todo lo que dijo con su voz absolutamente quebraba.
"¿Volver? ¿A qué te refieres?"
"Tú sabes… a tú época… ¿Vas a volver?"
Desde que estaba varado en esa época, Trunks contada todos y cada uno de los días que aproximadamente le faltaban para volver. Se sentía muy ansioso y en algunas ocasiones, era lo único en lo que podía pensar.
Pero la pregunta le dejó totalmente aturdido. Lo había olvidado por completo. Desde que empezó a salir con Ty Lee, había olvidado todo respecto a la máquina. Se había olvidado por completo que tenía que volver cuanto antes e informar a su madre el resultado de la misión. Bulma tenía que estar muy preocupada de su ausencia.
Pero la compañía de Ty Lee le resultaba tan placentera y agradable, que sus preocupaciones se esfumaban completamente. Ahora, ella lo devolvía a la dura realidad. Se sintió como si surcara los cielos a gran velocidad como de costumbre, y de repente, perdía sus poderes completamente, cayendo hacia un enorme vacío para terminar estrellándose dolorosamente contra el suelo.
"Sí… debo volver. Tengo que solucionar las cosas"
La reacción de Ty Lee no se hizo esperar. Comenzó a llorar incontrolablemente, al tiempo que las lágrimas corrían por sus mejillas. Con sus dos manos, se cubrió el rostro. No quería que Trunks la viera así, pero no podía evitarlo, pues el dolor que sentía con la sola idea de perderlo era demasiado grande.
El joven Saiyajin también se sentía terrible. Ahora que lo pensaba, no quería apartarse de ella por nada en el mundo, pero en algún momento tenía que volver y cumplir con su destino. Tenía que ayudar a Goku y los demás en la batalla de los androides.
Poco a poco, se fue acercando a ella y la abrazó con firmeza. La desconsolada joven enterró su rostro en el pecho del Saiyajin con fuerza, de manera que sus grandes sollozos ahora se escuchaban ahogados. Así estuvieron por unos cuantos minutos, hasta que Ty Lee comenzó a calmarse lentamente.
Apartándose de él, secó sus lágrimas con las grandes y holgadas mangas de su vestido. Trunks la ayudó, pasando con suavidad sus dedos por el delicado rostro de la acróbata.
"Debo verme horrible… lo siento mucho…" dijo con ganas de comenzar a llorar de nuevo, pero Trunks no iba a permitirse verla así otra vez.
"Ya te dije que no es así. Me pareces una chica hermosa, no importa cómo te veas o que estés usando" le dijo tomando la cara de Ty Lee entre sus manos, para que ella pudiera verle a los ojos "Te prometo que volveré. Cuando cumpla mi misión, nos veremos de nuevo. No me iré para siempre. Te lo prometo"
"¿Y si mueres? No sabes lo mucho que me preocupa que no puedas regresar si algo malo te sucede…"
"Lucharé hasta el final, pero jamás me daré por vencido. Te prometo que regresaré con vida, pase lo que pase" le dijo para tratar de animarla. Él sabía que podía morir en la batalla. Pero ahora tenía en Ty Lee una motivación adicional, una que sin saberlo, le daría más fuerza que cualquier otra cosa y le permitiría salir adelante hasta en la más difícil batalla.
Su promesa, sin duda, levantó el ánimo de la joven acróbata, que comenzó a proferir su tierna y dulce sonrisa nuevamente "Me alegra que tu máquina se haya descompuesto. Gracias a eso, pude conocerte"
"Yo también me alegro de ello"
Sin mediar palabra alguna, ambos se fundieron en un cálido abrazo que duró varios minutos, donde solamente disfrutaban de la suave respiración del otro.
Ty Lee se sentía muy a gusto, a salvo y protegida dentro de los fuertes brazos del Saiyajin. Por su parte, Trunks la sentía frágil y delicada, con deseos de protegerla. Pero en el fondo, sabía que era una chica fuerte. Se lo había demostrado en más de una ocasión.
"Es un poco tarde y mañana tenemos todo un día por delante. Mejor nos vamos a descansar" dijo el Saiyajin poniéndose de pie, mientras Ty Lee le acompañaba, aferrada a su brazo durante todo el camino de vuelta a la casa de hospedaje.
Pasaron 3 días y el navío de la Princesa Azula había atravesado el Mar Mo Ce, atracando sin inconveniente en los puertos del Noroeste del Reino Tierra. Luego, continuó su viaje por tierra durante un día entero, para llegar en horas de la tarde a su destino. Decidió dejar atrás a la Procesión Real, pues quería empezar su viaje de bajo perfil desde ahora.
"Detesto visitar a las colonias de nuestra nación. La gente de por aquí es tan basta y pueblerina que me da nauseas" decía con su habitual tono indiferente la malvada Princesa, mirando con desprecio a su alrededor a la multitud de habitantes que iban de aquí para allá ocupados en sus diligencias. Los diferentes locales y puestos de vendedores le parecían de lo más sucio y de bajo nivel.
Lo peor de todo, es que tenía que atravesar el pueblo entero hasta el final, para alcanzar su verdadero objetivo, el popular circo de la Nación del Fuego. De esta manera, Azula no tuvo más remedio que caminar con repudio por el lugar.
Hubiera sido un viaje más placentero de haber tenido a su disposición a sus sirvientes Reales, quienes la llevaban a cualquier lugar que ella quería en Palanquín. Una vez que llegó al lugar deseado, pidió hablar inmediatamente con el dueño del circo.
"¡Princesa Azula, su Majestad! ¡Es todo un honor tenerla por acá! Díganos ¿A que debemos su excelsa presencia por estos lugares?" dijo colocándose de rodillas frente a Azula, en señal de sumo respeto. Más que respeto, todos tenían gran temor por la despiadada y cruel Princesa.
"Sólo vengo en busca de una vieja amiga a la que no veo desde hace mucho tiempo" contestó con indiferencia mientras observaba sus uñas "Dígame ¿Se encuentra disponible Ty Lee?"
El dueño del circo comenzó a ponerse nervioso, al no saber la reacción exacta que tendría la Princesa. A pesar de su amable petición, él sabía que Azula odiaba que la hicieran esperar o que sus peticiones le fueran negadas. Sólo esperaba que no estuviera de mal humor y quisiera pagarla con él.
"Ehh… verá Princesa, Ty Lee salió hace unos días a unas cortas vacaciones… no me comentó a donde se dirigía, pero ella dijo que mañana estaría de vuelta, así que no se preocupe"
La inesperada respuesta decepcionó ligeramente a Azula, pues esperaba encontrar a la acróbata cuanto antes y dirigirse de inmediato a Omashu por su siguiente objetivo. Sin duda, esto retrasaría sus planes por un día, pero no tenía otra opción. No tenía idea alguna de dónde buscar a la chica.
"Bueno no importa, puedo esperar un día más sin problemas. Pero por su propio bien, más le vale que Ty Lee esté aquí para mañana. Suelo perder un poco la compostura cuando me hacen esperar más de la cuenta, si entiende a que me refiero" le dijo en su mismo tono frío y tranquilo, pero no por ello, exento de malicia.
"¡P-por supuesto, P-p-princesa!" contestó casi temblando el pobre sujeto, tan pálido como una hoja de papel.
"Por cierto ¿No sabe el motivo de su viaje? Es curioso que decida recorrer el mundo sola, así sin más" preguntó con suspicacia.
Si en algo era experta Azula, era en los interrogatorios. Tenía una gran habilidad para aparentar indiferencia y preguntar las cosas como si nada, casi con inocencia. Pero su mente, ya maquinaba todas las posibilidades y sospechas que tenía sobre una situación en particular. Ella sabía que Ty Lee no debía estar sola.
"No, lo que sucede es que no viajó sola. Se fue con un joven llamado Trunks. Es un buen chico que se hizo amigo de ella hace tal vez un par de semanas. Siempre viene a sus funciones y todos los artistas del circo le conocen e incluso le tienen aprecio. Ella misma pidió un pequeño adelanto de sus vacaciones para irse con él"
Inmediatamente, Azula se percató de que su misión no sería tan fácil. Ella conocía muy bien a Ty Lee y sabía lo sentimental que era. A pesar de ser una chica que le gustaba llamar la atención de los demás jóvenes, siempre terminaba rechazándolos o no prestándoles la suficiente atención. En definitiva, no era propio de la acróbata irse así de viaje con otro chico. De seguro, el joven era muy importante para ella. Eso dificultaría que Ty Lee acompañara voluntariamente a Azula en su misión, pero la Princesa jamás se daba por vencida.
"¿Y se puede saber quién es ese joven tan simpático? Tengo ganas de conocerlo aunque… su nombre es muy extraño, no es propio de la Nación del Fuego ¿Usted qué opina?"
Poniéndose nuevamente nervioso, el hombre respondió con toda sinceridad que pudo "Nadie lo sabe su Majestad. Él simplemente apareció por aquí y viene a visitar a Ty Lee todos los días. A veces, se van a pasear por allí. Una vez le pregunté a ella que tanto hacían juntos y me dijo que se iban a entrenar"
"¿A entrenar? ¿Acaso es un acróbata o algo parecido?"
"No, que va. Parece ser un espadachín. Lleva consigo una espada bastante curiosa. De hecho, el joven en sí es bastante curioso…"
"¿A qué se refiere con curioso?"
"Bueno, es sólo que viste un poco extraño. No parece ser de ninguna nación. Una vez, escuché en boca de alguien que venía de un pequeño y lejano pueblo sin importancia alguna…"
"Que interesante… me pregunto qué tanto entrenará con ella…" preguntó la Princesa sosteniendo su barbilla en actitud pensativa.
"Bueno, al parecer es un experto en artes marciales, igual que Ty Lee. El caso es que después de esos entrenamientos, ella ha mejorado bastante en poco tiempo. De hecho, tuve que darle un aumento porque sus presentaciones mejoraron mucho y atraen la atención de espectadores de todos los lugares"
Esa última declaración provocó una sonrisa en el rostro de Azula. Si lo que escuchaba era verdad, entonces necesitaba reclutar a la joven acróbata con mayor razón. Si sus habilidades mejoraron aún más de lo que recordaba, le sería de mucha ayuda en su misión de capturar al Avatar.
"No sabes la alegría que me da oír eso. Estaré más que satisfecha de esperar a Ty Lee aún si demorara un poco más. También estoy ansiosa por conocer a ese joven ¿De qué más será capaz?"
Un poco más aliviado con el comentario de la Princesa, el hombre se atrevió a añadir "Realmente es todo lo que sé sobre Trunks. Sin embargo, escuché que tiene una fuerza sobrehumana, más que cualquier maestro tierra que se haya visto jamás. Pero del resto, es un joven amable y educado"
La descripción dejaba más interesada aún a Azula. Si había sido capaz de entrenar a Ty Lee mejor de lo que ya estaba, sin mencionar su fuerza, debía ser un oponente formidable en combate. Pero no lo conocía en absoluto y no le convenía invitarlo a su misión. Podría verse arriesgada a recibir una traición por su parte. La Princesa no tomaba riesgos innecesarios jamás.
"Lo único que deseo es que mi querida amiga aproveche bien hasta su último día de vacaciones. Mañana ya tendré tiempo de ponerme al día con ella…"
Durante su estadía en Ba Sing Se, la pareja de jóvenes disfrutó mucho paseando, viendo tiendas y comiendo todo tipo de platillos en diversos restaurantes. Lograron pasar inadvertidos al sector medio y allí realizaron la mayoría de sus actividades.
Ty Lee aprovechó el último día para relajarse y tomar una mañana sólo para ella en un fantástico Spa ubicado en el sector medio, mientras que Trunks comió en un restaurant cercano el mejor tofu y pato asado que jamás había comido en toda su vida. Luego por la tarde, ambos tomaron un té de jazmín, aunque no sabía tan bien como parecía.
Por último, la joven acróbata pasó la tarde de tienda en tienda, comprando ropa y diversas clases de collares, pulseras y sarcillos que le llamarán la atención (los cuales eran la mayoría). Sin embargo, lo que más compró fueron zapatos de todo tipo, en parte porque se encontró con una pequeña niña llamada Penga que era adicta a los zapatos.
Penga se encontraba de visita en Ba Sing Se y rápidamente hizo migas con Ty Lee. Ambas se probaban montones de zapatos y terminaban llevando la mayoría de ellos, aunque la pequeña era quien recomendaba y aconsejaba a la joven acróbata sobre cuales le quedaban mejor. Por su parte, el pobre Saiyajin cargaba con todas las compras de la chica. Esta actividad no era de su agrado, pero con tal de acompañar a Ty Lee y hacerla sentir bien, podía soportarlo con facilidad. Además, la acróbata fue considerada con él y sólo se dedicó a las compras que tanto adoraba el último día de su estadía. Prácticamente, se estaba desquitando a último momento.
Después de la ajetreada tarde, ambos se dirigieron a la casa de huéspedes para guardarlo todo. Mañana tenían que partir temprano, así que debían prepararse con anticipación.
"¡Vaya, sí que compraste cosas! Imagino que debes estar satisfecha"
"¡Sí, mucho! ¡Es increíble la cantidad de cosas que tienen en el Reino Tierra! ¡La ropa es muy bonita, pero los zapatos son de lo más hermoso! Tengo que admitir que esa niña Penga tenía buen gusto para escogerlos" decía muy emocionada Ty Lee, mientras acomodaba todas las compras en el suelo de la habitación.
"Sí, los zapatos no están nada mal pero ¿Enserio era necesario llevar tantos?" su comentario sólo fue respondido con una mirada seria de Ty Lee, por lo que el nervioso Saiyajin se apresuró a añadir "¡Por supuesto, que si consideras lo bonitos que son, no creo que esté de más llevarlos todos! ¡De hecho, esas sandalias te quedan genial…!"
De inmediato, la chica cambió la severa mirada por su gran sonrisa característica "Sí, ¿Verdad que son hermosas?" contestó mientras caminaba sobre sus manos, para que él pudiera verlas mejor "¡Jamás en mi vida vi una variedad de calzado tan bonito en la Nación del Fuego! Supongo que es lo interesante de conocer otras culturas"
"Ehh bueno, no sólo los zapatos… también hay otras cosas…" dijo Trunks llevándose una mano a su frente "En fin… ¿Qué tal si damos un último paseo? Mañana tenemos que levantarnos más temprano para volver a tiempo" propuso en el momento que guardaba la pequeña montaña de compras, junto con el resto del equipaje de Ty Lee en una capsula.
"Me parece bien. Justo iba a proponerte lo mismo"
Así, ambos salieron de la pequeña habitación, con Ty Lee aferrada como de costumbre al brazo del joven Saiyajin.
Eran las dos de la madrugada y la joven acróbata no podía conciliar el sueño. Por alguna razón, se sentía muy intranquila. Decidió abandonar su cama y, con sigilo, caminó hasta el pequeño balcón que había en la habitación. Si bien la vista no era hermosa ni mucho menos magnífica, al menos permitía ver claramente el cielo estrellado de aquella tranquila noche.
Trunks tenía el sueño bastante ligero, quizás como consecuencia de vivir en un mundo peligroso y lleno de amenazas. De cualquier manera, logró escuchar los ligeros pasos de Ty Lee en el suelo de madera. Al despertarse, comprobó que la chica estaba de pie en el balcón, con la mirada perdida en el cielo nocturno. Decidió levantarse de su pequeña cama y ver si sucedía algo malo con ella.
"¿Estás bien? ¿Hay algo que te preocupa?"
La acróbata se sobresaltó levemente con la inesperada voz a sus espaldas. El joven Saiyajin se colocó de pie a su lado, apoyado con los brazos cruzados sobre el barandal del balcón y con su mirada puesta también en dirección al firmamento.
"No lo sé. Es sólo que no puedo dormir. Por alguna razón, estoy un poco intranquila. Tal vez sea la ansiedad por el viaje de mañana. Tal vez quiera quedarme por más tiempo en Ba Sing Se. No lo sé, no estoy segura, simplemente no puedo conciliar el sueño" le contestó la chica un tanto insegura de la extraña sensación que tenía por dentro, como si algo malo estuviera a punto de suceder.
"Entiendo. A veces tampoco puedo dormir bien. Aunque durante estos días, lo he hecho mejor que nunca. Desde que estoy contigo, he dejado de tener esas pesadillas"
Ty Lee estuvo a punto de interrogarle sobre sus pesadillas, pero rápidamente imaginó el motivo, así que reprimió sus ganas de preguntar. Tan sólo esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción. La joven imaginó que quizás ella era la responsable de brindar noches más tranquilas al Saiyajin y eso le alegraba mucho.
Cuando se giró para encontrarse con él, notó algo que nunca había visto. Trunks no traía puesta ni la chaqueta ni la camisa, sólo llevaba su pantalón puesto. Tenía el torso completamente desnudo.
Su cuerpo estaba perfectamente definido, al punto que parecía tallado sobre un duro mármol. Sus fuertes entrenamientos físicos eran los responsable de su prodigioso cuerpo. Ty Lee había visto en la Isla Ember a muchos chicos que presumían de sus cuerpos en la playa, pero el de Trunks era diferente. Parecía, a simple vista, tan duro como el mismo acero. Ninguna parte en él estaba desproporcionada, sino que sus músculos se marcaban en perfecta armonía.
Ella pensaba que el joven Saiyajin era sumamente atractivo, pero sin duda alguna, hubo algo que le llamó mucho más la atención sobre su escultural figura. Eran sus cicatrices. Tenía muchas de ellas en todo su tórax. Algunas sobre su pecho, otras, cruzaban su definido abdomen por doquier, pero su espalda era la que había llevado el mayor castigo. Algunas eran pequeñas, otras intermedias, aunque había una muy grande que resaltaba sobre todas las demás.
La enorme y gruesa cicatriz comenzaba en su hombro derecho, descendía diagonalmente por su pecho y terminaba a nivel de la línea media de su abdomen, inmediatamente por debajo del esternón. No se imaginaba como pudo sufrirla. Sin poder evitarlo, deslizó con ternura y delicadeza la punta de sus dedos sobre la vulgar herida, recorriéndola desde el principio hasta el final.
Trunks se sonrojó ligeramente cuando notó el estado en que se encontraba. Nunca antes se atrevió a mostrar su cuerpo a Ty Lee, en parte por pudor, pero sobre todo, por la vergüenza que le provocaban sus cicatrices. Durante los días que estuvieron en Ba Sing Se, esperaba a que la chica se durmiera para poder quitarse la ropa y siempre que ella despertaba, él ya lo había hecho antes y se encontraba vestido con normalidad.
"Me la hicieron con mi propia espada" habló Trunks de repente "Uno de los androides me sujetó con fuerza. Estaba demasiado débil y golpeado como para liberarme. La chica tomó mi espada del suelo y comenzó a pasarla lentamente por mi cuerpo. Ella dijo que sería un recuerdo de parte de ambos, pues no querían matarme ese día, ya que si no, se aburrían pronto de mi ausencia. No era tan fuerte como lo soy ahora, sólo un chico tonto que atacaba antes de pensar. Tomó un buen tiempo para que cerrara por completo…"
"¿Qué edad tenías?" preguntó Ty Lee inmediatamente, casi interrumpiéndolo y sin quitar su mirada de la enorme cicatriz, con un tono seco que casi se escuchó como un susurro.
"Tu misma edad. Fue hace tres años"
Ty Lee no podía creer como a un chico de 14 años le habían hecho tal atrocidad. Simplemente, le parecía cruel y bárbaro. Pronto recordó a Zuko, el hermano de Azula. Su propio padre, Ozai, le había hecho una horrible cicatriz de por vida quemando el lado izquierdo de su rostro y todo para que "aprendiera respeto".
"¿Estabas solo cuando eso te pasó? ¿No había nadie que te ayudara?"
El Saiyajin negó con la cabeza "Después de eso, me golpearon hasta la inconsciencia. Cuando desperté, aún estaba sangrando mucho. Tuve que caminar como pude para buscar refugio. Después de dos días, me sentí un poco mejor y volé despacio hasta mi casa. Cuando mi madre me recibió, no aguanté más y prácticamente me desplomé en sus brazos. Gracias a mi condición de Saiyajin, pude recuperarme mucho más rápido que una persona normal. Pero en mi época, no existen casi medicinas y menos aún hospitales, lo que dificultó un poco la recuperación".
Ambos permanecieron en silencio por un par de minutos, pero fue Trunks quien continuó con la conversación.
"Prefiero nunca hablarte sobre estas cosas. No porque sea duro para mí, sino que sé lo mucho que podría afectarte y no quiero causarte preocupación, menos ahora, que no puedes dormir bien. Pero sentí que debías saberlo. Estas cicatrices son una parte de mí que siempre me harán recordar mi pasado. Creo que es justo que tú también tengas conocimiento… ahora que somos amigos…"
Con una gran sonrisa, Ty Lee pasó sus manos por el cabello del Saiyajin, acariciándolo suavemente. Desde que llegó, lo tenía mucho más largo y le llegaba casi a los hombros. Mirándolo directamente a sus profundos ojos azules le dijo "Tengo que hacer algo con tu cabello. En esta época, no es correcto que los chicos lo lleven así de suelto. Mañana lo recogeré un poco"
"Gracias…"
"Buenos, creo que mejor nos vamos a dormir. El viaje de mañana será un poco largo"
"Me parece lo mejor. Buenas noches Ty Lee, espero que descanses" dijo retirándose nuevamente a su cama.
La joven acróbata hizo lo mismo unos segundos después. Se acostó lentamente en su propia cama, pero prefirió no arroparse. Después de todo, hacia un poco de calor y llevaba puesta una larga pijama que llegaba a la altura de sus rodillas.
Ella sabía que no podría dormir por ese extraño presentimiento que tenía, menos aún después de escuchar lo que le dijo Trunks. Con mucho cuidado, se dio media vuelta sobre su cama, para poder mirar en la dirección donde se hallaba durmiendo tranquilamente el Saiyajin.
Lamentaba profundamente no haberlo conocido antes. Lamentaba que la vida del joven guerrero fueran sólo peleas y dolor. Pero ella quería cambiar eso. Quería enseñarle a vivir diferente, con alegría. No quería que volviese a estar solo nunca más.
- Tal vez no signifique mucho para ti, pero desde ahora, no permitiré que vuelvas a estar solo… prometo que siempre estaré contigo…-
Al día siguiente, la joven pareja se encontraba de vuelta en el circo. Era poco más del medio día cuando llegaron. Trunks dejó a la acróbata en su tienda y sacó de la pequeña capsula todas sus pertenencias, para que ella acomodara las cosas con tranquilidad, mientras él se iba a cazar algo en el bosque para el almuerzo.
"No te preocupes por mí, aún no tengo mucha hambre. Desayunamos muy bien en Ba Sing Se. Pero si quieres, busca algo para ti" le dijo la chica al tiempo que comenzaba a poner todo en orden.
"Está bien. Pero luego entrenaré en la cámara de gravedad, así que no llegaré pronto. Nos vemos más tarde"
Dicho esto, el Saiyajin abandonó la tienda, mientras que Ty Lee se quedó arreglando y acomodando sus cosas. Lo primero que hizo, fue quitarse el kimono verde que había usado en Ba Sing Se y lo colgó en el armario, para luego vestirse con su tradicional indumentaria de color rojo. Una vez que terminó de arreglar todo, salió para avisar de su llegada al dueño del circo, quien por cierto, la recibió con un inesperado anuncio.
"Me alegra que hayas vuelto, Ty Lee. Ayer, una amiga tuya vino a visitarte, pero le dije que no llegarías hasta mañana. Ahora mismo te espera en aquella tienda. Será mejor que la veas cuanto antes"
Sin perder tiempo, pero con algunas dudas, la chica caminó directo a donde se suponía que la esperaban, preguntándose a sí misma quien había venido a visitarla después de tantos años.
"Adelante, puede pasar" sonó desde adentro una voz bastante familiar. Cuando se asomó, vio con enorme sorpresa de quien se trataba.
"¡Azula, eres tú! ¡No puedo creerlo, viniste a verme!" gritó con mucha alegría, haciendo una profunda reverencia de respeto para luego correr al encuentro de su vieja amiga. Su apariencia era tal y como la recordaba, sólo que más crecida por el paso del tiempo. Para ella, Azula era la chica más bella e inteligente del mundo. Admiraba su determinación y temple, pero también le guardaba profundo temor, pues sabía de lo que era capaz.
A penas llegó al lugar de la Princesa, se fundió en un gran abrazo con ella, al cual Azula respondió con unas ligeras palmadas en la espalda de la acróbata, pero nada más.
"¡Me alegra mucho verte después de tanto tiempo!" dijo tomando las manos de Azula en las suyas.
"Sí, lo mismo digo"
"¿Vienes a ver mi presentación? ¡Seguro escuchaste lo mucho que he mejorado y viniste por ti misma a comprobarlo!" dijo sin poder ocultar su emoción.
"Ohh… lo siento Ty Lee, pero estoy muy ocupada. Tú sabes, asuntos de Princesa. El motivo de mi visita es otro. Vengo a proponerte una misión"
"¿Una misión? ¿D-de que tipo de misión hablas?" preguntó con cierto nerviosismo en su voz. La acróbata conocía perfectamente a Azula y sabía que nada bueno podía venir de tal proposición, mucho menos para venir desde tan lejos por ello.
"Se trata de una búsqueda bastante especial…" contestó mirando desinteresadamente sus uñas "Estoy buscando al Avatar, quien ha sido visto por el Reino Tierra. También, mi padre me encargó la captura de dos traidores. Se trata de Zuzu y mi tío Iroh. Te necesito para formar un equipo élite especial para lograr mi cometido. Estaría honrada si me acompañaras"
La incomodidad y preocupación se dibujaron en el rostro de Ty Lee. No quería acompañar a Azula, pero sabía que ella nunca aceptaba un no por respuesta. Con toda su alma, esperaba que esta vez fuese una excepción.
"Ehh… yo… verás… sería todo un honor para mí acompañarte. Pero la verdad es que soy muy feliz aquí. De hecho, mi aura jamás había estado tan rosa como ahora"
La cruel Princesa ya tenía desde hace días, un plan para convencer a la acróbata en caso de que se negase. Pero por lo que le contaron de su viaje con aquel misterioso chico, su táctica tuvo que cambiar por completo. A pesar de ello, tenía la seguridad de que funcionaría mucho mejor que su plan anterior.
"No tienes de que preocuparte, Ty Lee. No quiero que renuncies al estilo de vida que tienes sólo para complacerme" dijo Azula de brazos cruzados.
Los ojos grises de Ty Lee estaban abiertos de sorpresa. No entendía como la Princesa fue tan comprensiva y cedió con tanta facilidad "¿En serio? ¡Pues muchas gracias Azula! ¡No sabes lo mucho que me alegra escuchar eso de tu parte!" contestó inocente con una pequeña reverencia.
"Sin embargo, no sé si tu decisión sea lo más conveniente para… ¿Cómo es que se llama ese joven?... ¡A sí! ¡Trunks!"
Un escalofrío recorrió el cuerpo entero de Ty Lee repentinamente. Las palabras de Azula la dejaron petrificada. Su reacción inmediata, fue desviar nerviosamente la mirada y morderse el labio inferior. Azula por supuesto, notó esto. La Princesa sabía leer los pensamientos de las personas a partir de sus reacciones y conductas.
"Sería una lástima que entre los traidores de mi lista, tenga que añadir a ese chico también. Según me cuentan, es bastante simpático. No le darían un buen trato en la Roca Hirviente…"
Ty Lee palideció como una hoja de papel. No sabía cómo Azula se enteró de quien era Trunks "N-n-no sé de qué estás hablando, A-a-azula"
"Como muy bien sabes, se considera una traición intentar ocultar a un enemigo de la Nación del Fuego ¿Es eso lo que estás intentado hacer, Ty Lee?"
"¡Él no es un enemigo de la Nación del Fuego! ¡Ni siquiera pertenece a ninguna nación! ¡Es mi amigo, un chico común, nada más! No tienes que meterlo en esto Azula, por favor, te lo suplico…" ahora, la acróbata estaba realmente asustada.
Ella sabía lo fuerte que era Tunks y que Azula posiblemente no tendría oportunidad contra él. Pero en realidad, aún desconocía todo el poder del chico. Sólo sabía que podía volar y era muy fuerte, poco más. Por otro lado, la Princesa siempre lograba todo lo que se proponía, sin importar de qué se tratara. Ella era perfectamente capaz de terminar perjudicando de gravedad a Trunks y Ty Lee lo sabía muy bien.
"Ahora admites que sí sabes de qué te estoy hablando… eso es muy grave, Ty Lee. Ese tal Trunks debe ser un espía, es improbable que no pertenezca a ninguna nación. Tendré que llevármelo por la fuerza. En prisión le darán el trato que se merece. Quizás una lenta tortura nos ayude a saber quién es exactamente" explicó mientras seguía admirando sus uñas, aunque ahora, su voz tenía un tono sádico imposible de ignorar.
"¡Nooo, por favor! ¡No le hagas daño! ¡Él no se lo merece, él no es un traidor! ¡Te lo juro, Azula!" comenzó a llorar con fuerza la pobre acróbata, mientras caía al suelo de rodillas, totalmente impotente. La sola idea de que Trunks resultara dañado por su culpa, le destrozaba el corazón y le oprimía el alma. Jamás podría perdonarse a sí misma que algo malo le ocurriera por su culpa.
"Veo por tu llanto, que es mucho más que un amigo. Más bien diría que es tu novio. Pero tranquila amiga, como se trata de ti, no permitiré por nada que lo ejecuten. A menos claro, que mi padre piense que sea estrictamente necesario. En ese caso, no habrá más remedio que darle pena de muerte…"
"¡En serio Azula, créeme! ¡Él sólo es un pobre artista marcial, como yo! ¡No tiene nada que ver en esto! Si voy contigo, prométeme que lo dejarás en paz. Más nunca lo volveré a ver si así quieres, pero por favor… no le hagas daño" suplicaba de rodillas, entre lágrimas y sollozos. Eran tanto los lamentos de Ty Lee, que a duras penas se entendían con claridad las amargas palabras que salían de su boca.
La Princesa se dio media vuelta, para que Ty Lee no se percatara de la sádica sonrisa en su rostro. Aunque le costaba admitirlo, sentía celos por la facilidad con que la acróbata podía conseguir un novio, mientras que ella, a pesar de ser la chica más bella de toda la Nación del Fuego, no podía presumir de lo mismo. Los chicos simplemente se aterraban de su sola presencia. Ver cómo era la responsable de que su amiga renunciara a Trunks, le lleno de un placer indescriptible.
"Bueno, tú sabes lo mucho que te aprecio. Eres una de mis mejores amigas desde que somos niñas. Admito que me da curiosidad la identidad de ese muchacho, pues parece tener habilidades interesantes, según he escuchado. Pero por ti, soy capaz de olvidar el asunto. Lo dejaré tranquilo. La condición es que vengas conmigo"
"¡Como tú quieres Azula! ¡Sólo déjame hablar con él y…!"
"¡NOOO! ¡Ya te dije que estoy muy apresurada! ¡Empaca tus cosas rápido antes de que cambie de opinión! Sabes lo mucho que te quiero, Ty Lee. Quiero lo mejor para ti. Ni este asqueroso lugar ni él son lo mejor para ti. Te espero afuera en 15 minutos. Ahora puedes retirarte" le dijo despidiéndola con un gesto de su mano.
La chica abandonó la tienda de Azula y se dirigió rápidamente a la suya, tratando de mantener un mínimo de compostura. Sin soportarlo un segundo más, se tiró boca abajo sobre su cama, llorando amargamente y ahogando sus gritos de dolor contra la almohada. Jamás se había sentido tan abatida como hoy.
Era increíble como hasta hace poco, había pasado los días más felices de su vida junto a Trunks y justo ahora, tenía que abandonarlo. Tenía que dejar nuevamente solo al Saiyajin. A su Saiyajin. Ni siquiera podría explicarle el por qué de su partida. Tampoco podría decirle todo lo que sentía por él, sin saber con certeza si volvería a verlo. Definitivamente, estaba más triste que nunca.
Ahora, en la pequeña tienda del circo de la Nación del Fuego, la bella acróbata que deslumbraba por su alegría y jovialidad, se hallaba sobre la cama totalmente adolorida, destrozada, miserable. Su aura, que una vez fue hermosa y rosada, no era más que una triste sombra opaca, gris y sucia.
Por si acaso alguien no lo sabe, Penga no es un personaje inventado por mí. Sale en un comic de Avatar que se llama, casualmente, La Promesa, y es una niña adicta a los zapatos.
Espero les haya gustado. Sí es así, por favor, déjeme sus comentarios, al igual que cualquier duda, recomendación u opinión que tengan al respecto será bien recibida. Es una forma de saber si mi historia le gusta a los demás.
