El Último Vampiro
By
Tsuki No Hana
"¡No entres en pánico!"
—¡Vitya! —atravesó todo el departamento, persiguiéndolo hasta el baño—. ¡¿Te encuentras bien?! —entró tras él, viendo cómo apenas alcanzaba a inclinarse sobre el retrete para devolver su estómago.
El pobre no respondió, terminó de rodillas en el suelo, abrazando al escusado con su rostro enteramente rojo por el esfuerzo. Yuuri no dijo nada más y mejor se sentó a su lado para acariciarle la espalda y consolarlo.
—Vete… amor, esto es asqueroso —respiró con dificultad, sin atreverse a levantar la cara.
—No soy tú, no me voy a vomitar porque te vea hacerlo —se permitió reír un poco antes de pasarle una toalla para que se limpiara el rostro.
Viktor soltó una risita seca antes de volver a vomitar.
—Ay amor… —acarició su espalda en círculos, no sabía cómo ayudarlo—. Se supone que debería de ser yo quien tenga estos malestares matutinos —intentaba consolarlo, pero no sabía bien cómo hacerlo.
Viktor devolvió el estómago un par de veces más antes de separarse del escusado y recargarse en la bañera. El esfuerzo había sido mucho.
Yuuri salió y volvió después con un vaso con agua para su esposo.
—¿Mejor? —se inclinó frente a él. El ruso asintió y le sonrió levemente.
—Mi vida, ve a recostarte. Se supone que yo soy quien debería de cuidarte —se llevó una mano al estómago al sentir de nuevo malestar.
Yuuri podía sentir en el ambiente el aroma al dolor de su esposo, eso lo entristecía mucho, así que liberó un poco de sus feromonas para hacerlo sentir mejor. Viktor lo notó y lo disfrutó bastante.
—Yo también quiero cuidarte —le extendió una mano para que se incorporara—. Ven, vamos a la cama.
El otro miró la mano, pero no pudo ni extender la propia, estaba muy agotado, mareado y con unas inmensas nauseas todavía.
—Lo siento, Yuuri, no me quiero levantar de aquí. Y ni se te ocurra decir que me cargarás —le advirtió al ver que iba a replicar algo—. De ninguna manera. Ve a descansar tú.
Yuuri sonrió y negó con la cabeza antes de sentarse a su lado. Ambos recargados contra la bañera.
—Ven —pasó una mano por los hombros de Viktor y lo atrajo a su regazo. El mayor no se resistió y se dejó querer.
—Deberías ir a la cama —le dijo a Yuuri, pero este sonrió y se negó.
—No te dejaré aquí, tonto.
El omega liberó más de sus agradables feromonas que ahora tenían un toque más dulce y agradable que antes. Viktor cerró los ojos y se dejó consentir sintiendo cómo su esposo acariciaba sus cabellos.
—Amor, ya no deberías de venir a trabajar. Además, no necesitas hacerlo, con mi salario basta y sobra para los tres —tomó su mano y lo rodeó por la cintura. Era chistoso ver cómo Viktor protegía a su omega embarazado incluso dentro de los pasillos del conservatorio.
—Sé que no nos hace falta más, pero estoy en muy buenas condiciones todavía, el embarazo no me ha discapacitado para nada —explicó por millonésima vez.
El embarazo no incomodaba a Yuuri en lo absoluto. No sufrió mareos, desmayos ni náuseas. Al contrario, fue Viktor quien más mal la pasó, como si todos los síntomas se hubiesen pasado a él. Lo único incómodo para el omega era su talla, si bien no había engordado mucho, sí estaba algo redondo. Además, sus pies se hinchaban y su pecho le dolía un poco. Pero fuera de eso había pasado un embarazo muy feliz, incluso con la sobreprotección de su alfa.
—Yuuri, mi amor —detuvo el andar de ambos y lo miró a los ojos—. Tienes ocho meses de embarazo ¡Ocho! Ya no deberías de estar trabajando —lo miró con verdadera preocupación.
—Vitya, no pasa nada malo, aún puedo seguir. Incluso mis alumnos se preocupan y me ayudan en todo momento, así que n te angusties.
—¿Cómo no me voy a angustiar? —suspiró—. Si te lo digo es porque tu bienestar y el del bebé me importan.
—Lo sé, mi amor. Pero yo me siento muy bien. Déjame trabajar un poco más ¿Si?
El ruso suspiró y terminó accediendo a la petición de su omega.
—Bueno, al menos come algo —iba a sacar una unidad de sangre que guardaba en el bolsillo interno de su saco, pero Yuuri lo notó y lo detuvo antes de que cometiera una locura.
—¡¿Pero qué te ocurre!? —lo miró escandalizado—. ¡Estamos en medio del pasillo del conservatorio! —le reprendió en voz bajita.
Vitya se quedó parpadeando unos segundos, dándose cuenta de lo que hacía.
—Oh, sí. Lo siento —se avergonzó. Pero es que lo único que le importaba era el bienestar de su familia. Se avergonzó más cuando escuchó la risita cantarina de su omega.
—Beberé en el auto —le dio un besito dulce en la nariz—. Gracias amor, ya tenía hambre.
La felicidad volvió al alfa.
—¿Te duelen los pies?
—Un poco —suspiró. La verdad era que los tenía muy hinchados y necesitaba un masaje con urgencia.
—¿Masaje? —preguntó el ruso con una ceja alzada y una dulce sonrisa.
—¡Por favor! —se le iluminó el rostro y los ojitos.
Estaban en la bañera, cada quien en un extremo. Así que Viktor sólo extendió sus manos y atrapó el piecito de Yuuri entre ellas para darle un bien merecido masaje.
El omega soltó un gran suspiro lleno de satisfacción y cerró los ojos un rato, relajándose. Pero cuando los abrió se topó con la mirada traviesa de Vitya fija en su pancita que era todo, menos pequeña. De inmediato se llevó ambas manos a su barriga, casi pareció un intento por ocultarla, lo cual sería imposible porque sobresalía por encima de la superficie del agua.
—No mires tanto —se le pusieron las mejillas rojas.
Viktor esbozó una sonrisa tan preciosa que Yuuri se quedó como bobo mirándolo unos segundos.
—No me pidas imposibles —suspiró, completamente enamorado—. Eres precioso.
Yuuri se sonrojó más y desvió la mirada. Viktor no pudo evitar reír por ello, era increíble que siguiera sonrojándose a pesar de los siglos.
—¡Oh! —se sobresaltó un poco, causando que Viktor prácticamente diera un salto en su sitio.
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Ya viene el bebé?
—No amor, tranquilo —sonrió y tomó la mano de su esposo para ponerla sobre su barriga, muy arriba—. Me está pateando las costillas.
—Oh… —se maravilló al sentirlo—. ¿Sigue haciendo eso?
—No para —rodó los ojos con una sonrisa hermosa en sus labios.
Yuuri se volvió a quejar y los nervios de su esposo se pusieron de punta.
—¿Seguro que estás bien?
—Sí —suspiró—. No deja de patear, y… necesito ir al baño.
Viktor casi rio. Había ido al baño hace no más de media hora.
—Ven, te ayudo —se incorporó de la bañera y ayudó a su esposo a hacer lo mismo—. Seguiremos con el masaje en la cama.
—¿En serio? —se maravilló. De haber sabido eso, no se habría aguantado las ganas de ir al baño desde hace diez minutos.
—Lo que tú me pidas —besó su frente y prácticamente lo cargó para sacarlo de ahí, lo envolvió en su toalla que apenas cubría toda su circunferencia y le dio privacidad para que hiciera sus necesidades.
Una vez terminando, salió del baño y fue directo a su habitación sólo para encontrarse a su sexy esposo vestido sólo con esa ropa interior negra y pequeña que tanto le gustaba. Lo miró desde el marco de la puerta y se mordió el labio, dándose un banquete visual.
—¿Todo bien? —preguntó el ruso al verlo ahí parado. De inmediato se acercó a él y lo acompañó hasta sentarlo en el borde de la cama.
Sus atenciones a veces eran excesivas, al igual que sus cuidados, pero Yuuri no podía negar que le encantaban y en su estado sólo lo hacían sentir más amado que nunca.
—Todo bien.
—¿En qué piensas? —lo ayudó a secarse con otra toalla.
—Te imagino desnudo —respondió con una naturalidad envidiable.
Viktor rio.
—Me viste desnudo hace unos minutos —secó su cabello cariñosamente.
—Ya lo sé —usó su índice para jalar el elástico de la ropa interior de su amado, dándole a entender lo que quería y necesitaba en ese momento.
—¿Tienes antojo de…?
—Mucho.
Viktor suspiró, conteniéndose ante las feromonas incitadoras que soltaba su marido.
—Iuuri… —volvió a suspirar—. Detente —pidió.
—Vitya… —hizo puchero.
—No hay que arriesgarnos.
—Pero el médico dijo que no le haríamos ningún daño al bebé.
—Ya lo sé, pero… temo ser muy brusco, o aplastarlo por accidente —negó con la cabeza—. No quiero tomar riesgos.
—Vitya, te digo que estamos bien. Hagámoslo, por favor —lo miró con una carita a la que Viktor jamás pudo resistirse, pero esta vez lo logró.
—No, mi amor, no —le echó toda la toalla a la cabeza y secó su cabello con un poco más de fuerza de la necesaria, haciéndolo reír entre divertido y molesto.
—Vitenka… —susurró seductoramente al mismo tiempo que pasaba su mano por toda la entrepierna de su esposo, por encima de la ropa interior, poniéndolo duro con mucha facilidad.
—Oh… Yuuri, no hagas esto…
—Sólo una vez, por favor —desde su posición en la orilla de la cama y con Viktor parado en frente de él, pudo inclinar su rostro hacia delante para besar ese bien trabajado vientre. Dejó un camino de besos húmedos hasta llegar al ombligo, ahí se entretuvo un poco más.
—Demonios —masculló el ruso, mandando todo su raciocinio al carajo y tomó a su amado de los brazos para levantarlo, la toalla de Yuuri terminó en el suelo y así Viktor pudo pegarlo a su cuerpo y sentirlo fresco, húmedo y suave contra su piel. No pudo evitar sonreír al sentir cómo su gran vientre se interponía entre ambos. Su bebé se hacía notar cada vez más. No pudo evitar pensar en que podría nacer en cualquier momento y que, cuando eso sucediera, no tendría sexo con su esposo en varios meses.
Sí, iba a aprovechar esa oportunidad.
O eso pensó.
—¿Qué pasa, mi vida? —preguntó alarmado al escuchar que volvía a quejarse—. ¿Sigue pateando?
El omega negó con la cabeza y se llevó ambas manos a su barriga, mirándola con algo de espanto.
—No, esta vez fue diferente —se volvió a quejar, doblándose sobre sí mismo ante el dolor pulsátil.
Viktor de inmediato lo sostuvo para ayudarle a sentarse en la cama, pero antes de lograrlo un charco de un líquido extraño se espació a sus pies.
—Dios mío, Dios mío, Dios mío —entró en pánico.
—Tranquilo, Viktor, tranquilo —trató de mantener la calma por los dos, pero al final no pudo—. Dios mío, Dios mío, Dios mío —también entró en pánico.
Fue entonces que Yuuri entendió que esas molestias que había traído todo el día eran nada más y nada menos que contracciones. Había entrado en labor de parto y ni siquiera se había percatado.
—¡Todavía le faltan dos semanas! —exclamó el ruso, espantado.
—No, va a nacer hoy —respondió con su respiración irregular. El aire le faltaba, el dolor incrementaba y Viktor no le estaba ayudando, no dejaba de hablar, asustado y sin saber qué hacer—. ¡Viktor! —le llamó con fuerza, aunque la voz le tembló en la última sílaba—. ¡No entres en pánico! ¡Porque yo ya estoy en pánico!
El aludido se calló y lo miró, aún espantado.
—¡Llévame al hospital!
Continuará…
Ahhhhhhhhhhhhhhhh! Sigo loca por la noticia de la película de YOI! AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! Me voy a seguir gritando.
Espero que les haya gustado la actualización!
¿Será niño o niña?
¿Será uno o dos?
¿Se desvelaron para ver el concierto? Yo sí, no he dormido y traigo la inspiración a FULL, no puedo esperar más para actualizar ATE!
1/07/2018
4:50 p.m.
