La palabra de hoy es gracias... Quiero agradecer que gracias a sus opiniones hemos pasado los 100 review.
Lamento no haber actualizado la semana pasada, pero la universidad me quita demasiado tiempo
Música recomendada: My Love - Paul McCartney / Stand by me - John Lennon
Capítulo 13: Estaré contigo
Forks, dos años y algunos meses atrás
- Ya no aguanto más - gritó cabreado - Digiste que después de eso ella se daría cuenta de que me ama a mí, pero lo único que he conseguido es que ni siquiera quiera verme.
- Tranquilo, solo han pasado algunas semanas - dijo ella con voz dulce - Yo sé de estas cosas, ella pronto estará rogándore por una oportunidad - acarició su mejilla.
- Yo no sé vivir sin ella, si me deja de hablar por mucho tiempo yo prefiero morir. Yo necesito estar a su lado, necesito cuidarla de toda la maldad que hay en el mundo - la mujer seguía sonriendo.
- Eres demasiado fatalista y sobreprotector. Ella debe aprender a dejarse dominar, pero debes sutil, debes manipular lentamente sus sentimientos, hasta quesin darse cuenta estará ligada a ti...
- Pero, ya no sé... No se qué más hacer - se sentó derrotado en uno de los pseudo sillones que tenía en el taller.
- Tengo una idea, pero debemos ser cuidadosos - Respondió ella con ojos calculadores - Esto es más que drogarla, es implantarle en la cabeza la idea de que debe estar contigo a como de lugar y para eso debemos manejar sus emociones y llevarlas al extremo - sonrió y él totalmente confiado correspondió al gesto con esperanza.
Presente
Como cada cosa, como cada pensamiento o como cada buena canción, todo en la vida se termina. Todo tiene fecha de caducidad e Isabella Swan lo supo cuando miró que su reloj marcaba las seis de la mañana de aquel lunes 23 de septiembre. Su breve lapsus de paz había acabado y su realidad se regocijaba en su lugar, esperándola silenciosa.
Estaba sorprendida por haber despertado mucho antes de que el maldito sonido del despertador irrumpiera, lamentablemente la culpa había sido porque el imaginar los posibles escenarios que le esperaban no la dejaron entrar a la etapa de sueño profundo.
Bostezó, se estiró un poco más y tiró la ropa de cama que la cubría para iniciar la rutina de cada mañana. Ducha, secado de cabello, vestirse y salir a encender su camioneta para calentar el motor y así poder salir sin dar saltos.
Dejó el viejo cacharro encendido y volvió a comer alguna cosa. Habían comenzado a caer algunas gotas, nada fuera de lo normal, aún así ese simple hecho le daba un aspecto aún más tétrico a aquello con lo que tendría que lidiar.
Se terminó su vaso de leche a duras penas y se encaminó al baño. Mientras cepillaba sus dientes controlaba los deseos de tirar todo el contenido de su estómago en el retrete. Respiró profundo y se miró al espejo que estaba colgado en la puerta blanca del lugar, intentando convencerse que aquel jeans negro y aquel sweater blanco con cuello alto, a su talla, no llamarían demasiado la atención, pero que a la vez, Edward notaría la diferencia.
El simple pensamiento de que Edward estaría con ella, conteniéndola y apoyándola, le alivió un poco. Si Edward estaba con ella, respirar no sería tan difícil y el latir de su corazón no tendría esa cadencia lenta en decrescendo.
Sus pensamientos se detuvieron en el instante que el sonido del motor de su camioneta lo hizo. Lo único que faltaba es que su vehículo se hubiese echado a perder y tuviese que caminar hasta el instituto bajo la lluvia que, a esas alturas, ya pronosticaba una gran tormenta otra vez.
Salió del cuarto de baño, bajó las escaleras, se enfundó con su cazadora negra y larga. Abrió la puerta y se encontró con los expectantes ojos verdes de Edward. Sonrieron ambos a la vez y ella no pudo controlar el impulso que le hizo acercarse a él y besar superficialmente su boca, en señal de buenos días.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó sin borrar la sonrisa de su rostro.
- Te vine a buscar – respondió él como si fuese lo más obvio.
- No era necesario que lo hicieras…-
- Quiero hacerlo… además tanto la seguridad de los demás, como la tuya propia están en constante peligro con esa chatarra circulando por las calles – argumentó.
- Créeme, mi camioneta es el menor peligro al que me enfrento – murmuró ella algo más desanimada.
- Descuida, no te dejaré sola. Quien quiera hacerte daño, tendrá que acabar conmigo primero – dijo seguro y la abrazó por la cintura para guiarla hasta su coche.
Camino al instituto, la conversación fue monopolizada por Edward, quien le contó con lujo de detalle todo lo que había hablado el día anterior con su madre y lo feliz que estaba ella de escuchar que él tenía alguien en quien apoyarse. Esme había Intentado hacerle ver que él no era el culpable de nada, que las cosas se habían descontrolado y que sus hermanos, más temprano que tarde, comprenderían la mucha falta que les hace volver a ser la familia que eran, aunque sea sin su padre.
Llegaron al instituto con algunos minutos de adelanto. Otro de sus trastornos compulsivos hacía acto de presencia, pues sintió el sabor a la sangre de su dedo índice después de morderle capa a capa la piel. Disimuladamente sacó un pañuelo desechable y se lo envolvió.
La otra mano iba tomada a la de Edward, quien le dio un pequeño apretón para llamar su atención. Quito su vista del gran castaño que estaba a algunos metro delante de ellos en el estacionamiento y fijó sus ojos en aquellos pozos de agua marina, esmeralda y tornasol.
- Estaré contigo, Bella – su mirada era tan intensa que a ella no le quedo duda que sería así – Sólo confía en mí – besó su mano.
- Gracias – pronunció casi en una exhalación.
Su ángel de cabellos alborotados abrió su puerta y tomó su mano para ayudarle a salir. No podía concebir que existiera tanta perfección en una sola persona y menos creía merecer su atención y preocupación. Hacían exactamente dos semanas desde que se habían visto por primera vez, más él, parecía conocerla de toda una vida, se colaba en su cabeza como un paseante habitual y la recorría entera con solo mirarla a los ojos, dando la impresión de que conoce cada uno de sus más sórdidos secretos.
Caminó con Bella hasta la puerta donde ella tenía su primera clase. No la dejó sola hasta que el docente entró en el aula y ella lo agradeció, aunque eso significase que Lauren le estuviese mirando con deseos de arrancarle la cabeza.
Durante la clase, como siempre, todos estaban en su mundo. Algunos jugaban cartas, otros escuchaban música, también hacían las tareas de la clase siguiente, en fin todo era un caos. Ella, sin embargo, no despegaba la vista de la pizarra o el profesor y cuando notaba que Lauren volteaba a mirarla, le hacía alguna pregunta al profesor para que este prestara atención y no la molestasen.
El león del Mago de Oz quedaría como todo un valiente a su lado, pero aún no estaba preparada para enfrentar sus temores, pero tampoco lo estaba para separarse de Edward.
Finalizó la clase y todos podían notar la tensión que emanaba el cuerpo de Bella, cosa que hizo sonreír a Lauren, quien la esperaba tapando el paso en la puerta, aprovechándose de que Edward aún no llegaba al lugar.
- Permiso – murmuró con la cabeza gacha, sabiendo que Lauren no se movería de su lugar.
- Realmente, a veces, creo que eres estúpida – Bella apretó los puños y se mordió la lengua, estaba acostumbrada a escuchar insultos – Es que acaso debo marcar esa carita de mosca muerta para que me hagas caso – tomo su rostro con una mano y se lo levantó – No has entendido nada verdad – sonrío – Quieres que a Edward le ocurra lo mismo que a Jake, es que acaso quieres cargar con más culpa – Cerró los ojos y comenzó a respirar con dificultad, pero sorpresivamente Lauren la soltó al escuchar el timbre del fin del receso – Mi informe de Literatura – exigió. Bella temblando lo sacó de su mochila y se lo dio. Salió de la sala luego.
Se sobó las mejillas que le quedaron doloridas por la presión que ejerció Lauren sobre ellas. Se mentalizó a no llorar, debía hacerle creer a Edward que su problema más grande era Mike y ella lidiaría sola con Lauren, jamás expondría a Edward a alguien como ella.
Salió del lugar con una sonrisa obligada y caminó en dirección al laboratorio de Biología, sin embargo a los dos pasos dados se encontró con el rostro, mezcla de preocupación y enfado, de Edward. Aquello hizo que las lágrimas que intentaba tragar se devolvieran y comenzaran a desbordarse sin control.
Edward nunca había visto a alguien tan asustado como lo estaba ella en ese momento, temblaba como una hoja a merced del viento, y se veía tan frágil que cualquier movimiento brusco podría romperla aún más de lo que parecía estar.
Ella no supo cómo, pero en un abrir y cerrar se encontró sentada en el piso del baño con su rostro escondido en el pecho de Edward y él abrazándola y haciendo círculos con el puño en su espalda. No podía levantar la cabeza y mirarle, quería creer que Edward no había sido testigo de su intercambio verbal con Lauren. Ese problema era solo suyo y nadie más debería meterse si no quería problemas y sabía que a él eso no le daría miedo.
- Estas mejor – preguntó en un susurro – podemos ir a casa si te sientes mal…
- No – ella levantó la cabeza y negó repetidas veces.
Limpió sus lágrimas con la manga de su sweater y se levantó. Edward copió su acción y se puso frente a ella. Tomó entre sus manos su rostro y le obligó a mirarle. Besó su frente, acaricio sus mejillas, donde los dedos de Lauren estaban marcados, y dio a sus labios un casto beso. Juntó su frente a la suya, sus dedos seguían acariciándole el rostro, y cerró los ojos, imitando los de ella.
- Por qué permites que te trate así – ninguno abría los ojos, tampoco se movían. Era, al parecer, más fácil de ese modo, sintiéndose sin ver.
- Porque sé de lo que es capaz y temo por ti, porque no soy capaz de alejarte y me siento egoísta por exponerte – tragó sonoramente, mientras sentía como la respiración de Edward se agitaba.
- Debes confiar en mí, Bella – susurró él – Si no sé lo que pasa, no podré protegerte, ni protegernos – Se desconoció al escucharse hablar, no se dio cuenta en qué momento maduró y dejo de ser el niño mimado de mamá que no paraba de hablar de cosas sin sentido y comenzó a velar por los intereses de la personas que amaba.
- Ella siempre arremete en contra de todo lo que quiero – se separó un poco para mirarlo y ver su reacción - quiere acabar conmigo a través de los demás – Edward entendió un poco de su miedo - me odia – dijo lentamente – manipula y se aprovecha de las carencias afectivas de los demás para cumplir su cometido – comenzó a llorar histérica – ¡Te hará daño, sé que lo hará si no me alejo de ti! – Edward negaba incrédulo – Ella, ella…-
- No sigas – intentó calmarla – vamos, suelta tu cabello, te haces daño – otra manía compulsiva, el tirar de su cabello hasta arrancarlo, ni siquiera se daba cuenta. Él con paciencia abrió su puño y le quitó el cabello – Seguiremos esta conversación más tarde, ya es hora de almuerzo. Vamos – Tomó su mano, abrió la puerta y, luego de mirar que no hubiese nadie, salió arrastrándola hasta el comedor.
Decenas de pares de ojos se voltearon a mirar cuando los vieron entrar tomados de la mano a la cafetería. Él sonreía orgulloso e incluso se atrevió a mirar con arrogancia a Mike que los miraba con una mezcla de incredulidad y rabia, también algo de dolor y rencor.
La mirada de Lauren en cambio le heló la sangre. Los miraba con ojos calculadores, fríos y carentes de cualquier emoción. Quizás eran ideas suyas por lo que Bella le había contado, pero estaba seguro que cuando notó que Mike la observaba, ella había cambiado su actitud indolente a una mueca de preocupación, tristeza y falsa decepción. Sólo ese gesto le dijo que debía andarse con cuidado y entendió un poco el por qué Bella le temía tanto.
Bella como siempre pidió un vegetariano para comer y un té helado sabor a durazno para beber, totalmente ajena a las apreciaciones que hacía Edward de sus verdugos, pues permaneció con la cara hacia el piso por la vergüenza de sentirse el centro de atención y el blanco de las miradas de odio de toda la población femenina del instituto.
Edward, después de tres llamados, salió del aturdimiento y pidió una hamburguesa con patatas fritas y coca cola. Para postre pidió dos trozos de pastel de cereza, porque notó que Bella llevaba para comer de postre una desabrida manzana y eso no le ayudaría a disminuir la tristeza. Un rico postre sobrecargado de azúcar es el mejor remedio para subir el ánimo.
- No comeré eso – Advirtió ella cuando Edward acercó el plato con el gran trozo de tartaleta.
- No comeré eso – hizo una pobre imitación de su voz, haciéndole sonreír - ¿Cuántas veces me has dicho que no estas dos semanas y finalmente me obedeces igual – ella mordió su labio inferior, intentando recordar alguna vez que hubiese sido ella la victoria, pero terminó negando con la cabeza al no encontrar ninguna situación – Ves, ahorrémonos el problema y hazme caso – se acercó más a ella y le dio un pequeño beso en la comisura de los labios.
Se pudo escuchar las vocalizaciones de asombro de todos los presentes y luego muchos cuchicheos otra vez. Bella estaba roja y creía que su cara explotaría en cualquier momento, Edward en cambio sonreía y acariciaba su mejilla en un afán de recibir un poco del calor que su precioso rostro acarminado irradiaba.
Él le dio el pastel como a una niña pequeña, y ella sin darse cuenta se lo acabó sin sentir que su estómago reventaba, ni tampoco tuvo que correr al sanitario a eliminar el exceso de comida como otras tantas veces.
El sonido de Drive my Car* interrumpió su momento de elefantes rosados voladores y le devolvió a la realidad. Bella levantó una ceja cuando Edward sacó su móvil de la cartera del pantalón, asombrada por seguir encontrando similitudes en los gustos de ambos.
Edward sonrió al ver el nombre de la persona de la que menos esperaba recibir una llamada.
- Aló – contestó de pronto temeroso.
- ¿Edward? – No era la voz que esperaba escuchar al otro lado, pero la reconocía.
- ¿Jasper?...-
- Sí – la siempre tranquila voz del amigo de Alice se escuchaba alterada – Verás, no sé cómo decirte esto – titubeó nervioso - Alice está en coma por una sobredosis, pero antes de perder la conciencia me pidió que te llamara y creo que sería bueno que vinieras – dijo todo rápidamente, como si le costara detenerse y descubrir qué significaban las palabras que decía.
Edward, en cambio, entendió perfectamente cada palabra. Sus manos comenzaron a temblar y dejó caer el móvil en un aparente estado de shock. Bella sin entender nada lo tomo y dijo algunas cosas, pero sus oídos estaban tapados para escucharle.
Ella se puso de pie y tiro de él como pudo. Abrió la puerta del coche y lo sentó en el asiento del copiloto y ella sin pensar demasiado subió en el lugar del chofer.
A los diez minutos estaban dejando Forks.
- Tranquilo, estaré contigo – Repitió las palabras que él le había dicho anteriormente.
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* N/A: Drive my car: Canción de Los Beatles acredita a Lennon/McCartney lanzada en 1965 y que yo tengo como ringtone en mi celular y justo sonaba cuando escribí esa parte.
Gracias otra vez. Espero que sigamos sumando review. Las quiero por hacerme tan feliz.
