Capítulo 14: A tu lado

1

He tenido la experiencia de dormir desnudo muchas veces con mis novias o con las mujeres que suelo tener sexo casual. Sí, claro, quién no disfruta de tener el suave y esponjoso cuerpo de una mujer pegado al tuyo, sentir su calor, sus redondos pechos e incluso su culo frotarse deliciosamente contra tu erección matutina. Sin embargo, tener a Sasuke desnudo sobre mí, con su erección pegada a mi muslo y su pesado brazo sobre mi pecho, era más que desagradable. A pesar de lo incómodo y molesto que me encontraba no me moví ni un centímetro, pues lo último que deseaba era despertarlo y que se percatara de esta situación tan extraña.

Demonios…

Claro, estaba furioso conmigo mismo, toda la culpa la tenía yo por haber actuado como un tarado y permitir que las cosas llegaran a este punto. Ahora no sólo había dejado que un hombre me besara, también me lo follé y no conforme con eso, rodé con él desnudo en la cama, y gocé la mamada que me dio. ¡Mierda! ¡¿Qué putas está pasando conmigo?! ¿Qué diablos me está haciendo el Uchiha para que llegué a este punto? Vale, una cosa era que me gustara y sintiera que no podía dejarlo ir, pero… pero… Diablos, no puedo seguir con esto, no puedo y sin embargo estoy seguro que no voy a poder parar lo que yo mismo inicié.

Sasuke se movió sobre mí haciendo sonidos extraños y murmurando algunas cosas que no llegué a entender, se apartó y se dio la vuelta enrollándose en la sabana. Al ser por fin libre, me senté y miré de reojo su figura, dejando que un pensamiento inapropiado se apoderara de mí; uno que quise que muriera y se extinguiera. La palabra sexy, resonó en mi cabeza de nuevo, luego de que me pusiera de pie y volviera a colocar mis ojos sobre el Uchiha: su cabello revuelto, su piel blanca en contraste con la sabana azul eléctrico y la figura de su cuerpo resaltar bajo la cama. ¡Mariconadas! Aparté mis ojos de él rápidamente, desechando todo pensamiento y aplastándolos; diciéndome una y mil veces que era innecesario pensar eso. Tenía que empezar a respetar mis propios límites y controlar mis pensamientos.

Entré al baño, hice mis necesidades fisiológicas y me metí a la ducha. Necesitaba enjuagarme el cuerpo, aún había residuos de semen en mi abdomen. Con la mente en blanco, me tallé de pies a cabeza, me enjabone el cabello y me enjuagué. Sequé mis cabellos mientras miraba mi cuerpo en el espejo del pendejo, percatándome que el cabello me había crecido bastante, más de lo que comúnmente lo tría. El flequillo me llegaba por las cejas y el restó debajo de las orejas.

- Con todo el asunto de mis abuelos y las mariconadas de Sasuke, no he tenido tiempo de ir al peluquero.- tomé un mechón de cabello y fruncí los labios- Qué fastidio.

Enrollé la toalla en mi cintura y salí del baño, dirigiéndome al closet desplegable. Tiré de él sin mucha fuerza, saqué una playera y un short, y extendí la toalla en una silla, comenzando a cambiarme. Al terminar miré la habitación sin dejar que mis ojos se posaran en el pendejo dormido, me quedé unos segundos pensando en qué debería hacer y al final me decidí por preparar algo de desayunar; me estaba muriendo de hambre y aún no podía irme, porque no habían traído mi ropa. Además, aunque me costara un poco admitirlo no me creía capaz de dejar solo al idiota de Sasuke, después de lo que había sucedido. Si me fuera sin dar explicación alguna, lastimaría sus sentimientos.

Grrrrrr ¡Qué maricón me he vuelto! Diablos, ni con mis novias era tan considerado… aunque ellas tampoco lo eran mucho conmigo. ¡Mierda! ¡¿Qué más da?! Sólo haré el puto desayuno y luego me largaré a la escuela, tengo que cumplir con lo que me toca para el festival y eso es hacer los postres que se venderán en el puesto de café que propuso nuestro salón. Lo único que me aliviaba un poco era que Shigure me había confirmado que iba a poder ayudarme con todo lo que tenía que hacer, así que realmente esperaba poder terminar con todos los encargos que me habían pedido, aunque la verdad eran muchos.

Fui a la cocina, miré qué era lo que había para poder preparar algo sencillo. Encontré huevos, tocino y masa para hacer panques o hotcakes, por eso me decidí a hacer un típico desayuno Estado Unidense. Preparé la masa de los hotcakes primero, mientras en otro sartén freía el tocino y por último hice los huevos; mientras se cocían las cosas limpiaba el desastre que dejaba detrás de mí. Coloqué todo en platos separados, los puse en la mesa y me dispuse a despertar a Sasuke. Digo, no iba a desayunar solo y aunque todo esto se viera demasiado maricón, lo había hecho más por alimentarme, que por impresionar al idiota.

Miré el reloj de la pared, eran las 8:30 de la mañana, todavía tenía algo de tiempo antes de irme a la escuela, respiré profundamente y seguí mi camino a la cama de Sasuke. Lo encontré boca arriba, con el cabello hecho un nido de pájaros, los brazos extendidos, la sabana tapando su visible erección y roncando suavemente. Se veía realmente gracioso, como para tomarle una fotografía. Me abofeteé, librándome de pensamientos estúpidos. Sacudí el rostro, apreté los labios y acorté la distancia que me separaba de él, sin embargo, luego de estar a unos centímetros, me di cuenta de algo que no le había tomado importancia anoche, las condiciones en que había dejado su cuerpo. Tenía múltiples chupetones en el pecho, un moretón en el abdomen, la mordedura de mis dientes en su hombro y un raspón morado en la mejilla derecha.

- Creo que el único idiota siempre he sido yo.

Era la primera vez que me salía de control de esa forma y lastimaba a alguien que no podía defenderse o que no me había hecho nada. Sasuke siempre ha sido muy amble conmigo, incluso después de todo lo que le he hecho sigue perdonándome. La verdad no entiendo por qué es de esa forma tan masoquista, pero si no fuera por él creo que ya hubiera hecho algo realmente estúpido. Eso es en lo único que no he cambiado, en herir a las personas que se preocupan por mí. Soy un desastre de ser humano.

- Sasuke, despierta- lo moví suavemente- Preparé el desayuno.

- Naruto…- murmuró entre sueños, se giró y se volvió a dormir.

Al escuchar mi nombre, lo primero que hice fue apartarme de él como si quemara y lo segundo fue sonrojarme. Fruncí el ceño al percatarme cómo me había afectado algo tan estúpido. Me tallé el rostro, diciéndome una y otra vez que no dejara volar mi imaginación y obligándome a quitarle importancia. Esto me estaba matando, pero tenía que superarlo, así que reuniendo todo mi valor, coloqué una rodilla en la cama y mi mano en su hombro, lo moví mientras lo llamaba por su nombre. Se giró con sonrisa en los labios, se talló los ojos y me dio los buenos días. Algo extraño sucedió en ese momento: sentí una dolorosa punzada en el pecho y mi corazón comenzó a latir con una fuerza anormal.

- Huele bien, ¿preparaste el desayuno?- preguntó con una sonrisa en el rostro, luego de que me apartara y él se sentara en la cama.

No respondí, mi lengua simplemente no se despegó de mi paladar y mis ojos no se apartaron de él.

- ¿Naruto?- murmuró, pasándose una mano por los cabellos y corriéndose en la cama para ponerse de pie.

Al sentir la amenaza de su enorme cuerpo, reaccioné y di dos pasos hacia atrás, girándome hacia la cocina; sin decir media palabra, comencé a caminar, maldiciéndome a mí mismo por mis reacciones. Estaba tan enfrascado diciéndome lo estúpido que era, que no escuché en qué momento Sasuke se levantó de la cama, se puso detrás de mí y me rodeó con sus brazos. Mi cuerpo se tensó al instante y mi corazón casi salió disparado por mi boca. Me abrazó con fuerza, pegándome a su cuerpo, haciéndome sentir su erección en mi espalda y la calidez de su cuerpo. Recargó su mejilla en mi cabeza, después su frente en mi hombro y por último besó mi cabello.

- Tenía miedo de despertar y no encontrarte aquí.- murmuró- Gracias por quedarte.

- No tienes nada que agradecer.- respondí, luego de respirar profundamente y cerrar los ojos- No puedo irme vestido así a la escuela- expliqué, intentando soltarme de su agarre sin mucho éxito.

- Claro- dijo, besando mi sien, mi mejilla e intentó darme un beso en la boca, pero lo detuve colocando mi mano en su cara.

- ¿Qué diablos crees que haces?

- Dándote un beso de buenos días, ¿no puedo?

- ¡No!- grité, soltándome por completo y girándome para tenerlo de frente- ¡Y ponte algo de ropa! ¡No andes por ahí desnudo!

- Malo- murmuró con el ceño y los labios fruncidos.

- Cállate y vístete, me estoy muriendo de hambre. Diablos.

Me volteé sintiendo que me daría un infarto, mientras rogaba porque mi erección no se notara. ¡¿Por qué putas estaba excitado?! No lo sabía, ni quería pensar en ello, era mejor simplemente intentar tranquilizarme y olvidar ese suceso. Sí, Naruto, sólo fue una reacción, no significa absolutamente nada. Respiré profundamente y me senté en la mesa, esperando al Uchiha. Cuando volteé a ver al bastardo, tuve que apartar mi vista rápidamente pues iba sólo en boxers. Mi erección y mi corazón se pusieron de acuerdo para joderme la existencia, pero mi mente no se quedó atrás, la palabra sexy, volvió a brotar de mi inútil cerebro, haciéndome sentir un verdadero tarado.

Dios, mátame y libérame de mi propia estupidez.

- Itadakimasu.- dijo Sasuke al estar frente a la comida, lo imité y ambos comenzamos a comer- ¿Qué va a hacer tu salón para el festival?

- Una cafetería. Me voy a encargar de hacer los postres hoy junto con Shigure, colaboraré con ellos un rato en la mañana y seré libre antes del mediodía- comí un poco de tocino con huevo- ¿Y ustedes qué van a hacer?

- Vamos a vender Takoyaki* y té, aunque a mí me toca estar de mesero. Después de las dos de la tarde voy a estar libre. Hagamos algo juntos, ¿sí?

- Claro.- dije, sin darle demasiada importancia a su comentario- Cierto, Midori quiere que vayamos hoy a su casa después de que terminemos con nuestros compromisos en la escuela.

- Sí. Lo sé, me lo repitió como mil veces, sin mencionar que no se molestó en ocultar su siniestra emoción.

- ¿Tan malo es?

- Para nosotros no creo, pero Kei no tendrá nuestra suerte.- se encogió de hombros- Se han pelado mucho últimamente y supongo que se va a vengar una por una por lo que le ha hecho.

- ¿En serio? Pensé que tenían una buena relación.

- Mmm, esos hermanos son muy unidos, pero ambos tienen sus detalles…- dejó de comer y respiró suavemente- más Kei que Midori.

- ¿De qué hablas?

Al escuchar mi pregunta parpadeó un par de veces y la tensión en su rostro desapareció. Tomó de nuevo sus cubiertos, se llevó la comida a la boca y se tardó en masticar un par de minutos. Lo miré expectante a que me dijera de qué iba su comentario, pero la respuesta a mi pregunta nunca llegó. Iba a dejar pasar el tema, digo, lo más seguro es que la conclusión de la conversación es que todo se tratara de una simple disputa de hermanos, sin embargo recordé la pelea que había tenido en el gimnasio, la intervención de Kei y la pequeña pandilla de supuestos yakuzas.

- ¿Sus amigos yakuzas son el problema?

Apartó los ojos de su comida y me miró.

- No, claro que no- respondió luego de tragar apresuradamente- No me refería a eso, sólo es un problema de hermanos- dijo quitándole importancia a su insinuación inicial.

- Si no me lo quieres decir está bien, pero no me mientas tan descaradamente- apunté, torciendo el gesto.

No respondió y yo intenté mantener mi curiosidad arraya. Me daba cuenta que se le había ido la lengua a la hora de hablar y para no cagarla más, prefirió cerrar la boca. Sabia elección. Como sea, era mejor no involucrarme en vidas ajenas, más si se trataba de Kei. Suficiente tenía con mis problemas existenciales, mi familia, mi pasado y también con Sasuke. Para mi desgracia éste último tema era el asunto principal en mi cerebro e incluso en mi traicionero cuerpo. Entendía lo que me estaba sucediendo, pero eso no significaba que lo aceptaba tan abiertamente como para abrirme de piernas para él o, peor aún, admitir mis sentimientos. No, eso no.

Cuando terminamos de desayunar Sasuke se encargó de recoger la mesa y lavar los platos, estuve tentado en ayudarle, pero no lo hice. Me senté en el sillón, prendí la televisión y me perdí en las imágenes frente a mí. Sasuke me sacó de mi hipnótico estado al sentarse al lado de mí, le volteé a ver sin ánimos y me puse de pie. Fui por mi celular, eran las 9:30, le marqué al presidente de la clase para disculparme y preguntarle a qué hora tenía que presentarme; me respondió que estuviera a las 12 y que no me preocupara por lo de ayer. Luego de colgar, le mandé un mensaje a Shigure para confirmarle la hora y el lugar donde nos veríamos. Puse la alarma a las 11, me dejé caer en la cama y coloqué mi celular a un lado. De repente me entró mucho sueño.

- En un momento regreso, voy a traer la ropas- me avisó Sasuke, comenzando a vestirse.

- Ok- murmuré. Me di la vuelta, cerré los ojos y me dormí.

2

- Naru, Naru… bebé, despierta- murmuró la voz de una mujer en medio de la oscuridad.

- Cinco minutos más- pedí, sin abrir los ojos.

- He dicho que te levantes- me tomaron del cabello con brusquedad y de la misma forma abrí los ojos.

Frente a mí se encontraba una mujer sin rostro, con el cabello largo y con unas manos que parecían garras, con las cuales me zarandeó como si me tratara de un muñeco sin vida. No grité, no pude, mis labios estaban pegados y no fui capaz de luchar, porque mi cuerpo era realmente pequeño y no tenía la fuerza suficiente como para quitarme la de encima. Las lágrimas que bajaron por mis mejillas fueron más por impotencia que por dolor.

- Has sido una niña mala, muy mala. Tengo que castigarte para que no vuelvas a creer que puedes superar mi autoridad.

- ¡No! ¡Por favor! ¡Seré una buena niña, pero por favor el sótano, no! ¡Por favor!- pensé con todas mis fuerzas y al parecer ella fue capaz de oírme, porque respondió:

- Sí, ahí es exactamente adónde vamos.

No fui capaz de seguir suplicando, porque el miedo ni siquiera me dejó pensar con claridad y mi rostro estaba descompuesto de puro terror. Me arrastraron por el suelo hasta el sótano, en donde se encontraban los muertos y demonios. Hice sonidos guturales con la garganta, suplicando sin palabras y llorando con una desesperación que me dejaba sin aire, pero nunca abrieron la puerta. Lo único que podía hacer era escuchar el susurro de pisadas acercándose a mí en medio de la oscuridad, los dientes castañeando y su respiración a mis espaldas. Me tomaron del hombro y jalaron con tanta fuerza que salí despedido en el aire.

3

Salté en la cama, sintiendo el sudor, las lágrimas y el terror grabado en mis venas.

- ¡Naruto!- gritó Sasuke con una expresión afligida y casi encima de mí.

- Estoy bien…- murmuré, respirando agitadamente- estoy bien…- me senté en la cama y miré el lugar de aquí para allá, sólo para asegurarme que me encontraba a salvo.

- ¿Seguro estás bien?

- Sí- respiré profundamente y solté el aire.

- Voy por un vaso de agua.

- ¡No!- casi grité, tomándolo con desesperación de la muñeca-Estoy bien, estoy bien, sólo… quédate. No te vayas.

Me acarició la espalda intentando reconfortarme y yo no lo solté en ningún momento. Recordaba perfectamente lo que había soñado, al igual que mi cuerpo, pues mi corazón bombeaba con una fuerza dolorosa y mis ojos suplicaban una piedad que sabría que nunca obtendría. Aparté las lágrimas de mi rostro, miré mi mano y de repente me sentí indefenso; más pequeño y vulnerable de lo que alguna vez creí.

- Es mi culpa- soltó de pronto Sasuke.

- ¿Qué?

- Es mi culpa.

- ¿De qué estás hablando?- pregunté, desorientando.

- Es mi culpa que tengas estás pesadillas tan fuertes.

- No digas tonterías- espeté, sin ánimos de burlarme de él.

- Has estado recordando tu pasado, ¿no es cierto?- hizo una pausa.

Fruncí el ceño lentamente, alcé el rostro, lo miré y solté su muñeca.

- ¿Cómo sabes eso?

- Yo empecé todo…- bajó el rostro- aquella vez en mi casa, cuando te quedaste por dos días, algo pasó. Viniste a hablar conmigo para disculparte sobre cómo me habías tratado, pero te molestaste por algo que dije y empezaste a ofenderme. Te di un beso a la fuerza, para que te tragaras tus palabras homofóbicas, pero entonces entraste en una especie de trance y dijiste muchas cosas…- habló rápido, al terminar se pasó una mano por el rostro pálido, se veía realmente afectado- Después de eso poco a poco empezaste a recordar, ¿verdad?

No supe cómo reaccionar, mi mente se encontraba en blanco y mis ojos se encontraban fijos en Sasuke. Me hinqué en la cama, me acerqué y besé al Uchiha en sus labios. El cálido y refrescante aliento a limón, me tranquilizaron lo suficiente como para recobrar la cordura. Me aparté, miré su expresión confundida, suspiré suavemente y me senté en el borde de la cama.

- No es tu culpa.- hablé, sintiendo todo muy lejano, vació- Nunca he querido pensar en mi pasado y aunque me lo he negado toda la vida a mismo era consiente que algún día recordaría.- me pasé una mano por la frente- Es difícil admitirlo en voz alta, pero la llegada de mis abuelos y Sai también ha hecho mucha mella en mí. Los quiero, pero siento que entre más cerca estoy de ellos, entre más me cuentan cosas de mi familia o su pasado, recuerdo pequeños fragmentos de mí.

- Lo siento.

- No es tu culpa.- susurré- Tú no tienes la culpa de nada. He sido yo él que te ha arrastrado a todo esto y si no fuera por ti, creo que ya hubiera hecho algo muy estúpido.

- Tan estúpido como besarte con un gay- dijo y yo sonreí.

- Sabes Sasuke, te voy a decir un pequeño secreto, que negaré rotundamente si algún día me lo llegas a preguntar. No me importa que seas gay u hombre, sólo necesito estar contigo.

- ¿Por qué?

- Tal vez algún día te lo diga.

No supe qué expresión estaba haciendo, porque estaba dándole la espalda, pero me imaginé que tenía un signo de interrogación en su frente y la curiosidad carcomiéndole la lengua. Mi sonrisa se hizo más amplia, me puse de pie y busqué mi uniforme, encontrándolo doblado en un contenedor de ropa. Me metí al baño y me di una ducha rápida; necesitaba quitarme el sudor frío del cuerpo y los pensamientos que estaba carcomiendo mi cerebro. Al terminar, me sequé rápidamente y me cambié. Al salir me encontré al Uchiha sentado en el mueble y con una expresión de póker.

- Ya me voy Sasuke. Falta media hora, pero prefiero llegar temprano a que Shigure me esté esperando- hablé, tomando mis cosas y dirigiéndome hasta donde estaba- Gracias por todo- me rasqué la mejilla incómodo- y… disculpa por… ya sabes… forzarte.

- No te preocupes, estoy bien- se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla-¿Quieres que te acompañe?

- No, así está bien.

- Ok. Nos vemos en la escuela. Suerte con tus papás.

- Gracias, la necesitaré- apreté los labios y salí del loft/casa/departamento, como se llamara.

El sol se encontraba brillando orgullosamente en el cielo y apenas quedaban secuelas de la tormenta de ayer, como si el cambio de tiempo hubiera reflejado mis sentimientos más claramente de lo que yo hubiera podido explicar. Respiré profundamente, solté el aire y sonreí. Sé que no debería sentirme bien, pero últimamente no entendía la mitad de las cosas que sentía, así que qué más daba. Comencé a caminar el tramo que había entre el loft del Uchiha y el elevador, mientras pensaba en los encargos de hoy. Después de salir del elevador y caminar hacia las puertas principales vi que Sai se encontraba afuera; me detuve en seco, deseando en ese momento volverme invisible y pasar inadvertido. No estaba preparado para afrontarlo y lo último que deseaba era que me sermonearan por lo que había sucedido ayer; pero tampoco es como si pudiera seguir evitando la confrontación por siempre.

- Hola- dije, sacándole un pequeño susto.

- Hola.- contestó, relajando su expresión- Me alegro que estés bien.

- Sí.- murmuré- ¿Sasuke te dijo que estaba aquí?

- Sí. Vamos, te llevo a la escuela y hablamos en el auto.

- Ok.

Tomó mi mochila, se la echó al hombro y nos dirigimos al estacionamiento. Una vez que entramos al automóvil y nos encontramos solos, me acercó a él, abrazándome. No dijo nada, sólo se quedó quieto, apretujándome contra él lo máximo que el espacio reducido nos permitía. Dejó salir el aire por su nariz, besó mi sien y acarició mis cabellos hasta despeinarlos. Se separó de mí, encendió el auto y salimos de ahí como si no hubiera pasado nada. Esperé, esperé y esperé a qué me dijera algo, pero no dio indicios de querer hablar mientras nos acercábamos a la escuela.

- No vas a preguntarme por qué no llegué ayer a casa- lo cuestioné, sin mirarlo y apretando la mochila contra mi abdomen.

- ¿Estás listo para hablar de eso?

- No.

- Entonces tomate el tiempo que necesites.

- ¿Y si nunca estoy preparado para afrontar el tema?

- Mientras estés bien, no te haya pasado nada y no hagas cosas ilegales o que te pongan en peligro, está bien.- me miró de reojo- Lo único que te pido es que avises si vas a llegar a dormir o al menos contestes el teléfono cuando te marcamos -se detuvo en un alto- Te amamos, Naruto. Por eso todos estábamos preocupados por ti.

- Lo sé… siento ser tan inconsciente.

- Está bien. Sólo recuérdalo la próxima vez- dijo, entrando a las instalaciones de la escuela.

Aparcó en el estacionamiento, me deseó un muy buen día y me dio unos billetes para que comprara algo de comer si tenía hambre. Esperó a que saliera del auto, pero yo me quedé en donde estaba. Mi mente se encontraba en blanco, mi garganta seca y mis ojos fijos en mis piernas. Le escuché preguntarme qué era lo que sucedía, pero no abrí mi boca. Tomé aire lentamente y lo solté de la misma forma. Miré hacia arriba y parpadeé un par de veces, sintiendo un horrible nudo en la garganta.

- Violé a Sasuke- dije en un hilo de voz.

El silencio fue total.

- ¿Qué?

- La razón…- carraspeé con dificultad-…por la que ayer no fui a casa es porque me peleé con Sasuke y terminé violándolo.

- Pero…

- No lo las-stimé… tanto.- apreté los labios con fuerza- Perdí la cabeza cuando me dijo que no quería saber nada más de mí y que estaba interesado en alguien más.

- Lo forzaste.

- Sí- me relamí los labios- Sai… no estoy bien.- aparté una lágrima que se me escapó de mis aguados ojos- Realmente quiero decir lo contrario, decir que puedo controlarme, que no soy un peligro para las demás personas o para mí mismo, pero estoy tan asustado de mí, que ya no puedo mentirme.

- Lo entiendo.- murmuró- Lo entiendo perfectamente.- suspiró- No te preocupes. No estás sólo. Lo solucionaremos.

- Gracias.- abrí la puerta del auto, salí, pero me incliné para mirar a Sai- Sé que está de más decirlo pero si llegas a hablar con mis papás podrías evitar decir… ya sabes.

- Claro, no te preocupes.

Levanté el rostro, pero volví a bajarlo.

- Gracias por no juzgarme.

- Nunca podría, eres mi hermano menor.

- Me alegro que estés aquí- apreté los labios.

- Yo también.

Me aparté, cerré la puerta y me alejé. No tenía ganas de ir a la escuela, tener que poner buena cara, ayudar con el festival ni cocinar, pero era eso o regresar a casa a enfrentar a mis padres. Después de lo sucedido con Sasuke, no tenía ganas de ver a nadie, pero principalmente a ellos. Me dirigí al taller de cocina, en donde iba a preparar todo, obviamente ya habíamos pedido permiso y teníamos todos los ingredientes en la nevera. Lo único que tenía que hacer era trabajar en la lista de postres que me habían pedido.

Al entrar me encontré con que Shigure ya estaba colocando todo en la mesa. La saludé y ella me sonrió de regreso, luego pusimos manos a la obra. Estuvimos enfocados en nuestra labor por casi seis horas, en donde no nos detuvimos de amasar, hornear, rellenar y decorar. En ese transcurso de tiempo logramos hacer seis bandejas de cupckaes que guardamos en el congelador, dos rollos de fresa, uno de durazno y otro de piña; tres pasteles grandes, uno de zanahoria, otro de chocolate y otro de fresa; decorados con temática de Halloweeen. Metí todo en el refrigerador y tomé un respiro, estaba cansado de estar de aquí para allá y me estaba muriendo de hambre. Tomé mi celular, dándome cuenta que tenía algunas llamadas perdidas de Midori y un mensaje de Sasuke, quería que nos encontráramos para comer en la cafetería. El mensaje me lo mandaron a las 4:20 y eran las 5:30, lo más probable es que ya no estuvieran ahí, pero de todas formas le marqué a Midori.

- Hey, ¿dónde estás?- me preguntó mi amiga.

- En el aula de cocina.

- Voy para allá, no te muevas.

- Ok.

Luego de eso colgó. Miré el celular y me encogí de hombros. Midori era Midori, así que con ella no hacía falta preguntar sino aceptar lo que viniera. Sonreí ante ese pensamiento, mientras me dirigía al fregadero, para lavar todos los trastes que había utilizado. Terminé algunos minutos después y me dispuse a limpiar la superficie metálica de la mesa en dónde habíamos trabajado, mientras estaba en mi labor Shigure me avisó que iba ir a comer algo, que después regresaba. Alcé el rostro y asentí dándole las gracias por todo, ella salió y a los pocos segundos Midori entró. Dejé el trapo en donde estaba y me quité el mandil blanco que estaba usando para no ensuciarme la ropa.

- Te traje algo de comer- dijo, alzando un Obento de dos piezas.

- Gracias, me estoy muriendo de hambre.

Se acercó con su típica sonrisilla y dejó la comida en la mesa junto con un termo. Para mi sorpresa no abrió la boca para decir nada extraño, sólo me miró comer y me sirvió un poco de té en la tasa del termo, cada vez que me lo acababa. El Obento contaba con rollos de huevo, salchichas, verduras, algunos rollos de sushi y arroz. Devoré la comida dejando los trastes limpios, me pasé una mano por la boca y le di las gracias a Midori por la deliciosa comida.

- Me alegro que te haya gustado.

- ¿Todo bien?- pregunté al ver lo sería que se encontraba.

- Sí. Claro- sonrió apretando los labios- ¿Y tú? ¿Estás bien?

Fruncí el ceño.

- ¿Mis papás te hablaron ayer?

- Sí. ¿Pasó algo?

- No quiero hablar de eso.

- ¿Por qué Sasuke tiene que ver con ello?

Alcé la mirada, la observé unos segundos y bajé el rostro de nuevo.

- Ayer, después de terminar con los arreglos de su puesto e ir a su casa, vino a ver a mi hermano. Estaba muy raro, tenía la mejilla amoreteada y las muñecas coloradas. Le pregunté si había pasado algo, pero no me respondió. Se encerró en la habitación con Kei y no salieron de ahí hasta la hora de la cena. Cuando tus papás hablaron por teléfono, él pareció bastante afectado y sin decir nada salió corriendo. No regresó, sólo nos mandó un mensaje informándonos que te había encontrado y que ya estaba en su casa- respiró suavemente- ¿Pasó algo entre tú y Sasuke?

- Sí.- murmuré, luego de unos segundos de tenso silencio-Tuvimos una… discusión bastante fuerte.

- ¿Entonces tú lo lastimaste?

El tono de su voz se escuchaba tranquilo y sin ningún tinte de reproche, pero cuando la miré al rostro, su expresión se veía bastante tensa. Era la primera vez que veía a Midori observarme de esa forma tan… amenazante, incluso era peor que la vez que me gritó en la azotea. Esta vez sus ojos estaban completamente fijos en los míos, como un halcón observa a su presa. No pude contestar, mi lengua estaba pegada a mi paladar, mi cuerpo comenzó a temblar perceptiblemente, mientras mi corazón aumentaba su velocidad y mis pensamientos se llenaron de una bruma áspera.

- ¿Naruto, estás bien? ¿Estás pálido?- preguntó, cambiando su actitud en un dos por tres.

- S-sí. C-claro.- contesté, alzando una mano para detenerla y que no se acercara a mí- Dame un segundo.

Respiré profundamente un par de veces, intentando detener el temblor en mi cuerpo y borrar el miedo de mi rostro. Midori se dio cuenta que algo estaba mal, pero no habló ni se me acercó, sólo me observó desde donde se encontraban. Me limpié el sudor frío de la frente y respiré por cuarta vez de esa forma.

- Sí …- dije, sin alzar el rostro- Fui yo quien lo lastimó.- suspiré- Las cosas se me salieron de las manos… lo siento.

- ¿Por qué te disculpas?- preguntó y yo alcé el rostro.

- Pensé que estabas enojada porque había lastimado físicamente a Sasuke.

- Pues sí, me molesta de cierta forma, pero no soy nadie para decirles cómo llevarse, son hombres. Lo único que les pido es que no se maten mutuamente ni se vuelva algo común resolver las cosas a golpes. Eso es todo.

- Lo siento- dije de nuevo, sintiéndome obligado a decirlo.

- No pasa nada. Todo está bien.- sonrió ampliamente- Me alegro que hayan solucionado las cosas entre ambos y se lleven mejor.

- Sí.

- Vez, te lo dije. Sasuke es genial, ¿no es cierto?

- Sí- admití frunciendo el ceño, pero imitando su sonrisa.

- Eres a la única persona que podría entregarse lo, así que no me decepciones.

Espera un segundo…

- Midori, acaso tú…

- Ya me tengo que ir, es tarde y tengo que terminar algunos preparativos que me faltan.

- Midori.

Se giró.

- Me alegro haberte conocido, Uzumaki Naruto. Espero que sigamos siendo amigos por mucho, mucho tiempo- inclinó el rostro y sonrió de oreja a oreja.

No pude preguntarle nada, no fui capaz de abrir mi bocata y arruinar esa bonita sonrisa en su rostro; lo único que hice fue despedirla con la mano alzada. Por un segundo todo tuvo sentido y de la misma forma no. Creo que había captado que le gustaba Sasuke, pero no sabía si ahora o anteriormente ni siquiera si ella se había dado cuenta que las cosas entre el Uchiha y yo se estaban poniendo extrañas o si sólo lo había dicho por decirlo. Mi mente pareció no importarle el dolor de cabeza que empezó adarme y en su lugar comenzó a especular sobre detalles, pequeños detalles que había pasado por alto; como el hecho de que Midori intentara meterse entre la relación de su hermano y Sasuke o su insistencia hacia volverme gay. Creía entender lo que ella había dicho, pero no, porque entre más pensaba, más preguntas surgían.

- Joven Uzumaki.

Mi nombre sonó como un trueno en medio de la oscuridad, haciéndome saltar perceptiblemente. Alcé el rostro y me encontré con la figura de Shigure frente a mí. Me llevé una mano al pecho por simple reacción y suspiré dramáticamente.

- Casi me matas del susto, Shigure.

- Lo siento, no era mi intención asustarte.

- Regresaste muy rápido, te hubieras tomado un poco más de tiempo para descansar.

- El joven Uchiha es tu amigo, ¿verdad?- el cambió de conversación me confundió.

- Sí, ¿por qué?

- Hace unos momentos lo vi caminar al estadio junto con sus compañeros de baseball y unos reporteros.- desvió la mirada- Ahora que es oficial que ha dejado del equipo, todo se ha vuelto un caos.

- ¿Reporteros? ¿Qué tienen que ver los reporteros con Sasuke? ¿Y por qué todo el mundo arma un escándalo por su decisión?

Shigure pareció impactada por mis preguntas.

- ¿Estás hablando en serio?

- Sí- dije, tardando unos segundos en contestar.

- Nuestra escuela es reconocida por su fuerte equipo de baseball. Hemos sido campeones nacionales por 2 años consecutivos y el joven Uchiha ha sido parte de ello desde que entró al equipo.- me explicó- No es algo común que un alumno de primer año juegue como titular, pero el joven Uchiha demostró ser todo un prodigio. Obviamente tuvo muchos errores al principio y le costó mucho trabajo estar en donde está, pero todos teníamos la esperanza de ver cuál sería su crecimiento en su último año.

Suspiró, apretando suavemente los labios

- Desde que no se presentó al partido contra Inaguara y perdimos, el equipo entero se ha visto afectado por la falta de interés del joven Uchiha, sin embargo ahora es oficial que ha dejado el equipo y todos queremos saber la causa de ello.

- No sabía que Sasuke fuera tan famoso.

- Claro que lo es- dijo Shigure, de forma agresiva- Lo siento, es que amo el baseball y realmente tenía la esperanza de ver nacer a un increíble pitcher.

El fuego en sus ojos, la agresividad y pación con la que hablaba de Sasuke me hizo sentir desorientado y culpable. No sabía que el idiota tuviera habilidades innatas para el baseball, pues las pocas veces que hablamos sobre el tema él pareció descontento y hasta fastidiado; así que asumí que si no estaba conforme con ello podría dejarlo cuando quisiera. Lo que nunca pensé fue que esa decisión podría perjudicar a todo un equipo y dejarlo en una mala posición.

- Creo que voy a ir a buscar a Sasuke.

Salí corriendo, sintiéndome extrañamente angustiado y preocupado. Mi cabeza se quedó en blanco, pero logré regresar a la realidad tan pronto como llegué al campo de baseball. La tensión se podía respirar en el aire, Sasuke era el centro de atención, la expresión de odio por parte de alguno de sus compañeros y la sorpresa de los reporteros no se hicieron esperar. Me quedé en las gradas observando todo, sin ser capaz de escuchar de lo que estaban hablando, pero esperando a que todo terminara. Al final los reporteros se fueron y el equipo le dio la espalda a Sasuke para seguir con lo que estaban haciendo para el festival.

- Quién diría que eras toda una celebridad- comenté, cuando me acerqué a él y se percató de mi presencia.

- No lo soy.- dijo, serio. Al parecer no estaba para bromas.

- Entonces, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Qué querían esos reporteros?

- Lo que todos se preguntan, la razón por la que renuncie al equipo.

- ¿Qué les dijiste?

- Que tengo lastimado el hombro y no puedo volver a lanzar.

- ¿Esa es la verdad?

- No.- bajó el rostro- No tengo permitido decir que me voy a ir en diciembre a Estados Unidos, así que tenía que tener otro motivo más fuerte y fue lo único que se me ocurrió.

- ¿Realmente es un hecho que te vas?

- Sí, mi mamá ya tiene todo planeado.

- ¿Por qué así de repente?

- Eso es un poco más complicado de responder.- se llevó una mano a la nuca- Mi mamá es abogada y, como tal, tiene muchos enemigos. Es una mujer difícil de intimidar, pero… en las últimos meses hemos estado recibiendo fuertes amenazas.- suspiró con fuerza- Tiene miedo de que me suceda algo, por eso quiere que me aleje por un tiempo.

- Es una lástima que te tengas que ir cuando las cosas empiezan a ir bien entre nosotros…

Me cubrí la boca con las manos al darme cuenta lo que había dicho, ni siquiera supe en qué momento mi lengua se comenzó a mover o por qué mi cerebro pensó eso. Sasuke volteó a verme, me miró unos segundos y sonrió complacido. Un horrible y asqueroso escalofrío atravesó mi columna vertebral haciéndome sentir extrañamente ansioso. Soy un idiota, definitivamente, sin embargo él no comentó nada, sólo se quedó ahí, parado, en medio del campo mirando todo a su alrededor.

- Siempre creí que cuando me retirara por fin del baseball, me sentiría libre, pero creo que una parte de mí realmente se divirtió mucho jugando y compartiendo todas esas victorias con los chicos. Al menos me hubiera gustado ir por tercera vez al campeonato Nacional…

Ninguno de los dos dijo nada después de eso, ambos salimos del campo y en silencio él me siguió a hasta el taller de cocina. Al entrar saludé a mi amiga y Sasuke hizo lo mismo, Shigure nos devolvió el saludo y siguió con lo suyo. Me acerqué a mi amiga para ayudarle a hacer las galletas, pues era lo último que nos faltaba para terminar todos los pedidos, mientras el Uchiha se quedó en una esquina ido. Se veía un poco afectado por toda la situación y realmente deseé hacer algo para que quitara esa expresión bobalicona que tenía en el rostro, pero de la misma forma entendía que necesitaba un poco de espacio y tiempo para pensar acerca de lo sucedido.

Después de que termináramos de ornear las galletas, Shigure me anunció que tenía que retirarse, le agradecí de nuevo y nos despedimos. Coloqué las galletas en el refrigerador unos minutos y las saqué al darme cuenta que ya no se encontraban tan calientes y podía colocarlas en sus respectivas bolsitas de plástico. Estaba tan enfocado en empacarlas, que no me di cuenta en que momento Sasuke se colocó a mi lado y en silencio comenzó a ayudarme. Al acabar acomodé todo en su lugar, lavé los trastes y dejé el lugar limpio. Le marqué al presidente de la clase para comunicarle que había terminado con todo lo encargado y para preguntarle si necesitaba que le ayudara en algo más. Me respondió que no era necesario, que podía irme a casa a descansar.

- Todavía está en pie ir a casa de Midori a probarnos los trajes, ¿verdad?- pregunté a Sasuke después de colgar.

- Sí. Dijo que en cuanto termináramos todo fuéramos a su casa.

- Ok, entonces vamos.

Apagué todas las luces y nos dirigimos a la salida, sin embargo la mano de Sasuke me lo impidió. Me abrazó tan repentinamente que me sacó un pequeño susto y estuve a punto de quitarme lo de encima, pero no fui capaz de hacerlo, al sentir la forma tan desesperada con la que me abrazaba. Respiré hondo, intentando mantener controladas mis propias emociones y no dejarme influir por su presencia.

- Sasuke, tenemos que ir a casa de Midori. Se hace tarde.

- Lo sé. Quedemos así un momento, por favor.

Me giré entre su agarré y lo abracé como era debido. Todo este tiempo él siempre ha estado ahí para apoyarme y ahora era mi turno de devolver ese gesto. Él pareció un poco sorprendido al principio, pero cuando reaccionó me acomodó mejor entre sus brazos y me besó la cabeza tanto como quiso. Recibir todo ese cariño se sintió extraño, pero no me desagradó en lo más mínimo, porque de alguna forma lo disfruté y muy dentro de mí añoré más. Nos quedamos abrazados por varios minutos, hasta que él se separó de mí y me sonrió.

- Vamos, Midori nos espera- murmuró, besando me mejilla.

- Sí.

4

Luego del extraño acontecimiento dentro del taller de cocina, nos dirigimos en taxi a casa de Midori, pues eran cerca de las ocho de la noche y estaba todo oscuro. Al llegar Sasuke abrió la reja y tocó la puerta, pero nadie nos abrió. Insistió unos segundos después, nos quedamos uno al lado del otro y ahí fue donde recordé que Midori me había dicho que ayer Sasuke se había quedado con Kei toda la tarde en su habitación. Abrí la boca para preguntarle sobre ello, pero de la misma forma la cerré; no era ni el lugar ni el momento para hacer ese tipo de preguntas, lo mejor era dejarlo para después. Me encogí de hombros y en ese momento la puerta se abrió.

Mis ojos se clavaron en la hermosa chica que nos acababa de abrir la puerta. Era alta, delgada, rostro perfilado, cabello corto, castaño y lacio. El vestido que llevaba era en tonos de rojo, blanco y rosa; con cascabeles dentro de los bordes del vestido y una diadema de flores en la cabeza. No creía en el amor a primera vista, pero en ese momento definitivamente lo reconsideré. Digo, no era muy fanático de salir con chicas más altas que yo, aunque por ella podría hacer una excepción. Todo era hermosamente perfecto, hasta que Sasuke dijo:

- Vaya, por un segundo no te reconocí. Realmente esta vez hiciste enojar mucho a Midori.

- Por favor, no me recuerdes mi desgracia.- dijo ¡KEI!- Es peor de lo que parece.

- Me imagino.

Sentí que apuñalaron mi corazón múltiples veces, mientras tenía ganas de vomitar mi estómago y quemar mi cerebro por haber confundido a Kei con una mujer, sin embargo me contuve lo suficiente como para pasar inadvertido. Lo último que deseaba es que ambos se dieran cuenta de lo que había estado pensando, aunque eso era imposible, ¿verdad? Mientras me decía lo imbécil que era como para pensar que un hombre podría verse mejor que una mujer, me quité los zapatos y seguí ambos por el corredor hasta la puerta que daba a la sala en donde me encontré, para mi sorpresa, a Jun.

- Chicos, por fin llegaron- habló Midori, saliendo detrás de mi amigo y corriendo hasta Sasuke para abrazarlo- Vamos, vamos, ya tengo sus disfraces preparados.

- Mientras no me vistas de chica, todo está bien- murmuré, sin poder apartar mis ojos de Kei.

- ¡Oye!- chasqueó la lengua, se cruzó de brazos y giró el rostro, indignado.

- No te preocupes, tu traje es bastante cool- dijo- Jun, pruébate tu disfraz en el baño. Ustedes vengan conmigo.

- ¿Cómo terminaste en vuelto en todo esto?- le murmuré a Jun cuando pasé al lado de él.

- Ni yo mismo lo sé.- suspiró pesadamente- Esa niña puede ser bastante persuasiva.

- Te entiendo.

- Sasuke, Naruto, vamos, vamos, vamos, vamos….- dijo alegremente, dirigiéndonos a las escaleras que se encontraban frente al recibidor.

Sonreí al ver lo animada que se encontraba con todo esto. Midori últimamente era más extrovertida, alegre y, a pesar de sus continuas ocurrencias, uno no podía evitar quererla. Era la primera vez que subía al segundo piso desde que la conocía, pero supe que habíamos entrado a la habitación de su hermano, por lo simple del estilo: paredes blancas, un escritorio a lado de la mesa, una ventana grande aún lado derecho, un closet al lado de la puerta y un baño entre el escritorio y la ventana. Midori nos dijo que los trajes estaban encima de la cama, que el blanco con azul era para mí y el blanco con verde para Sasuke; luego de eso cerró la puerta y nos dejó solos.

- Esa niña tiene una mente perversa.- murmuré, negando suavemente con la cabeza.

- Sí, pero es lo que la hace divertida- rio mientras comenzaba a quitarse la playera.

- Lo dices únicamente por conveniencia.

- En parte- dijo mirando cómo me quitaba la camisa y los pantalones.

- Puedes dejar de verme de esa forma, me exasperas.

- Pero si ya te he visto desnudo.

- Sí, pero sigue siendo incómodo.

- Está bien- suspiró resignado. Antes de que se volteara pude ver el moretón en su abdomen y la mordida en su hombro.

- Sé que no es el momento ni el lugar para preguntar, pero ¿por qué viniste a ver a Kei después de… ya sabes?

No respondió rápidamente, en su lugar comenzó a ponerse los extravagantes pantalones y la playera sin mangas. Lo imité, esperando escuchar una respuesta que nunca llegó. Iba a insistir, pero preferí dejar pasar el tema, en su lugar me puse los pantalones vaqueros de color blancos con seis botones dorados en hilera desde la pantorrilla al tobillo y una yukata blanca con tres estampados de flores y abierta de la parte de atrás a partir de la cintura. Me di cuenta que había más accesorios en la cama, como un par de guantes negros sin dedos, una cinta azul con cascabeles en los extremos y un pedazo de tela del mismo color y otro negro.

- ¿Hablaste con Midori?- me preguntó de repente.

- Sí.

Tomé los guantes me los puse y después comencé a colocarme las botas blancas de punta redonda, que estaban en el piso a la altura de mi traje. Me senté en la cama un momento, sintiéndome un poco acalorado por toda la ropa que estaba usando, pero sin llegar a sudar porque estaba el clima prendido.

- ¿Qué te dijo?

- ¿Quién?- pregunté, sin entender a qué se refería Sasuke.

- Midori.

- Oh. Me preguntó sobre el raspón en la mejilla y las marcas en tus muñecas.

- ¿Qué le dijiste?

- Que habíamos tenido una pelea y que las cosas se nos fueron de las manos.

- No hubieras dicho nada.

- Y yo que iba a saber.

- No les dije nada sobre lo que paso, específicamente porque no quería que estuvieran sobre ti reclamándote algo que sólo nos incumbe a ti y a mí.

- Creo que lo que sucedió es más grave de lo que tú lo quieres hacer parecer y de lo que yo quiero pensar.

- ¿De qué hablas?

- Técnicamente violé a un menor de edad. De eso hablo- alcé las manos y abrí los ojos para obviar las cosas- Sé que eres gay y todo, pero eso no significa que tengas que ver normal el que yo te haya forzado.

- Creo que tenías razón en que no es el momento ni el lugar para hablar de esto- dijo, sentándose en la cama para ponerse los zapatos negros- Además, ¿por qué sacas a relucir el tema? Pensé que eso era parte del pasado, que todo se había solucionado.

- Sí, es parte del pasado, pero no importa si algo así te pasó conmigo o con cualquier otra persona, no creo que deberías haberte quedado callado, independiente de lo que me hubiera podido decir Midori o Kei o si eso hubiera afectado mi amistad con ella.

- ¿Entonces quieres que haga un escándalo por algo que disfrute?

Cerré mi boca y miré al piso. Sí, lo mejor era no seguir con ese tema que no tenía pies ni cabeza. Realmente no es que tuviera muchos deseos de tener esta conversación, pero tampoco deseaba dejarlo a la nada, como si hubiera sido algo de lo más normal, porque no era así y lo sabía. En un principio no encontraba las palabras para expresar mi arrepentimiento y aún ahora no sé qué decir exactamente. Soy consciente que mi mayor escusa era decir que mi psicosis me había llevado a ello y tal vez en parte era cierto, pero creo que no estaba dispuesto a admitir que no era capaz de controlarme. No al menos a él.

- No estoy acostumbrado a ser sometido, a menos que yo lo autorice y sinceramente hubiera preferido que las cosas se dieran de distinta manera, pero dejando eso de lado, no me arrepiento.

- Sabía que eras masoquista pero no que llegaras a estos extremos- lo miré con los parpados caídos y una mueca en los labios.

- Sí, supongo que el amor te cambia.

- Por favor, no quieras excusarte en esa estúpida frase.- rodé los ojos, pero sonreí al final- De todas formas, sino viniste a hablar con Kei de lo que sucedió entre nosotros, ¿por qué estuviste toda la tarde encerrado en su cuarto con él?

- ¿Celoso?- sonrió feliz.

- No.

- ¿No tienes sentido del humor?- bufó- Es difícil de explicar- terminó por decir después de un rato.

- Te escucho.

- Lo que sucede…

- ¿Chicos, ya están listos?

- Sí, en seguida salimos- alzó la voz Sasuke, antes de ponerse de pie y comenzarse a colocar unos aros en los brazos y las mangas individuales. -Kei sufre de depresión.- suspiró, tomando el pedazo de tela azul que estaba en la cama y colocándomela en la cintura, la negra en los hombros y la cinta en la cabeza- Ese día me habló por teléfono y me pidió que lo viniera a ver.

- ¿Toma pastillas?

- Sí, pero es un poco descuidado con ellas. Además, lleva un plan de alimentación.

- ¿Para la depresión?

- Aham. Ha intentado muchas cosas, pero de alguna forma siempre cae en lo mismo.

- ¿Ha intentado ir al psicólogo?

- No, se niega a llegar a eso.

- Entiendo.

- Chicos, si quieren hacer cosas sucias pueden dejarlo para después. Les juro que no los interrumpiré.

Dios, esa niña no tiene remedio.

Nos dirigimos a la salida y me encontré con Midori recargada en la pared al lado de la puerta. Al vernos, saltó emocionada diciendo lo bien que nos habían quedado los trajes y nos pidió que bajáramos para reunirnos con Kei y Jun que se encontraban en la sala. Los cuatro nos miramos mutuamente evaluando nuestros trajes y dándonos cuenta que estaban muy bien hechos. Me acerqué a Jun para ver la extravagancia de sus accesorios, mientras él me acomodaba mejor la yukata.

- Realmente son fantásticos estos trajes- dije, volteando a ver a Midori, que ya se encontraba con una cámara en la mano, comenzando a tomarle fotos a Sasuke y a Kei.

- Claro, los hice yo misma- golpeó su pecho suavemente, alzando la cabeza y con una enorme sonrisa en los labios.

- Hiciste un buen trabajo- dijo Jun- pero, ¿qué te vas a poner tú?

- Eso es una sorpresa- rio, sacándonos un par de fotos a mí y Jun- Déjenme tomarles una foto grupal.

Todos nos juntamos quedando Kei al lado de Sasuke, yo entre él y Jun. Nos sacó dos fotos en esa posición y después Midori nos acomodó de diferentes formas, hasta que se cansó. Nadie le dijo nada y todos terminamos por tomando una foto con ella. Después, nos fuimos a quitar los trajes, se lo entregamos a Midori y ella los metió en la lavadora para dejarlos limpios para mañana; bueno, al menos el mío y el de Sasuke, dijo que los habíamos apestado. Mientras nos regañaba, salió el tema de quedarnos a dormir. Al principio me negué, no tenía ropa para mañana y no creía que mis padres me fueran a dar permiso por lo de ayer.

- Al menos háblales e intenta preguntarles si te dan oportunidad y sobre la ropa no te preocupes, Kei puede prestarte una muda para dormir y podemos lavar tu uniforme para mañana.

- ¿Jun te vas a quedar?

- ¿Me ves con opciones?- murmuró resignado.

- Ok. Sin comentarios.

Salí afuera un momento, deseando no tener que marcarles a mis papás para pedirles permiso para esto. Era cierto que tenía ganas de quedarme a dormir y compartir el momento con los chicos y Midori, pero por otra parte tener que hablar con mis padres para que me mandaran por un tubo, no era nada alentador. Miré el celular un par de veces, antes de tomar el valor suficiente, para marcarle a mi mamá. No sonó ni dos veces cuando me respondió.

- ¿Hijo, está todo bien?- preguntó con rapidez.

- Sí, mamá. Estoy en casa de Midori en estos momentos.

- ¿Quieres que pasemos por ti?

- No, más bien quería pedirles permiso de pasar la noche aquí. Sasuke y Jun también se van a quedar a dormir.

Silencio en la línea.

- Mmm, preferiría que regresaras a casa. Necesitamos hablar de ciertas cosas.

Me pasé una mano por el cabello, frustrado.

- Lo sé.- suspiré lentamente- Lamento haberme comportado de esa forma, fue inapropiado.

- Sai habló con nosotros hoy y nos dijo que le habías pedido ayuda, ¿qué pasó?

- No quiero hablar de eso mamá, ni ahora ni nunca.

Silencio incómodo.

- ¿Estás bien? ¿En serio, estás bien?

- Creo… que sí.

- Mmm… bueno, si quieres quedarte, mañana te vamos a ver en el festival escolar. Empieza a las 9, ¿verdad?

- Sí.

- Naruto…

- ¿Sí?

- Te amamos, no lo olvides.

- Nunca lo hago. Yo también los amo. Salúdame a mis abuelos y a Sai.

- Descansa.

- Sí.

Diablos, odio hablar este tipo de temas por teléfono y más con mis papás; además, tener que pedirles permiso después de lo que les hice pasar me hace sentir aún más bastardo de lo que ya me siento. Supongo que si no hubiera hablando con Sai, ni siquiera me hubiera atrevido a hablarles para pedirles permiso de quedarme a dormir. Soy un idiota. Escuché la puerta abrirse, me giré y me encontré a Sasuke recargado en la pared.

- ¿Todo bien?- me preguntó.

- Supongo.- le miré de reojo- ¿Estabas escuchando mi conversación?

- No. Sólo calculé bien.

- Claro.- sonreí, negando suavemente con la cabeza- ¿Estabas preocupado?

- Por ti siempre.

- ¿Soy tan poco confiable?- le miré de reojo.

- No, es que eres un imán para los problemas.

- Tal vez fui un bastardo en mi vida pasada y ahora estoy pagando las consecuencias- saqué la lengua y me encogí de hombros.

- Creo que ya pagaste con intereses incluidos, no creo que necesites pagar más.- se acercó unos pasos hasta mí y extendió la mano- Mereces algo mejor.

- ¿Y tú eres eso?- alcé una ceja.

Él sonrió, pero no respondió nada. Colocó sus dedos índice y medio en mi frente, dándome un pequeño golpecito. Por último se acercó, se inclinó y me dio un beso en la mejilla. Se separó de mí como si nada hubiera pasado y miró al frente, observando la barda y la oscuridad de la calle. Sinceramente no sé por qué permití su acercamiento con tanta naturalidad, supongo que sin darme cuenta me estaba acostumbrando.

5

Cuando entramos a la casa todos me pidieron que les preparara algo de cenar, alegando que querían comer algo hecho por mí. Estuvieron chingando por casi media hora, que me cansé de escucharlos y terminé por dirigirme a la cocina; para mi sorpresa Jun vino en mi rescate. Hice ramen, llevaba con antojo desde hacía días y era lo único que me iba a dignar hacer para ellos. Entre risas y un poco de distracciones, terminé de hacer la cena. Comimos de la misma forma, haciendo demasiado escándalo, incluso Kei participó en la conversación. Cuando acabamos los chicos me ayudaron a limpiar todo, mientras Midori acomodaba unos futones en la sala; donde dormiríamos.

Kei me prestó una muda de ropa y me dio la oportunidad de tomar una ducha en su baño, luego de eso salió de la habitación dejándome solo. El hermano de Midori no era de mi total agrado, pero debía de admitir que de alguna forma siempre terminaba recibiendo su ayuda. Bueno, qué más daba. Dejé la ropa en la cama y sólo entré con la toalla. Tardé algunos minutos entre enjabonarme, enjuagarme y secarme, al salir me encontré con Sasuke sentado en la cama, dándole la espalda al baño.

- ¿Midori?- pregunté, suspirando profundamente.

- Sí. Esa niña no se rinde tan rápido. Iba a tomar un baño en su cuarto, pero me obligó a venir aquí.

Me puse unos boxers nuevos que me regaló Kei, un short largo y playera grande, mientras me secaba los cabellos.

- Ya puedes entrar al baño si quieres.

- ¿Me esperas?- preguntó, con la ropa en mano, la toalla y al entrar al baño, dejó la puerta abierta.

- Si quieres.

- Mañana va a ser un día horriblemente ocupado. No entiendo por qué el consejo estudiantil se empeñó en hacer el festival de Halloween y el baile el mismo día- comentó, alzando un poco la voz y encendiendo la regadera.

- A mí la tesorera me comentó que era para reducir gastos, pues la comida que sobre de los puestos será la que nos den como bocadillos. Obviamente aparte de lo que mandaron a pedir.- recordé- Además, ¿no es mejor de esa forma? El jueves tenemos que ir a limpiar todo y el viernes nos van a dar el día.

- Si lo dices de esa forma se escucha bien, el problema viene cuando el consejo estudiantil quiere que los presidentes de cada clase y los capitanes de los clubs se pongan de acuerdo para repartirse alumnos, presupuestos y ordenar grupos. Fue todo un show hacer que las personas aceptaran las modificaciones de este año.

- Espera, ¿tú eres el representante de tu clase?

- Sí. ¿No te lo había comentado?

- No.

- Bueno, el punto es que desde hace dos semanas que ando loco con todo este enorme proyecto que nos cargaron.- apagó la regadera- Además, el lunes que regresemos a clases va a ser aún peor para nosotros, pues tenemos que comprobar gastos, ingresos y destinar el dinero a los nuevos proyectos que se tienen planeado para el próximo año.- suspiró saliendo con una toalla en la cabeza- Es un dolor de cabeza.

- Velo por el lado bueno, será divertido y tendremos tres días de descanso.

Él sonrió, mientras caminaba hasta el closet de Kei y sacaba un cepillo para el cabello. Se entretuvo unos momentos cepillándose, antes de pasármelo a mí, junto con el desodorante de sprait. Luego de terminar de usar ambas cosas las dejó de donde las había tomado. Se giró hasta mí y yo presentí que iba a hacer algo gay, así que me apresuré a ir hasta la puerta, pero antes de que pudiera llegar a mi objetivo, me rodeó con sus brazos la cintura.

- ¿Qué pretendes?- murmuré, sin moverme.

- Nada, sólo abrazarte un momento.

- Creo que ha sido suficiente amor gay por hoy.

- Pero si ni siquiera me diste mi beso de buenos días.

- ¿Y por qué tendría que dártelo?

- ¿Entonces no es posible un poco más?- recargó su barbilla en mi hombro- Después de que me vaya en diciembre no sé cuándo regresaré.

- Pensé que te ibas a ir por un año.

- Esa era la idea, pero Kei nos comentó a mi mamá y a mí, que iba irse a vivir a Estados Unidos terminado el tercer trimestre, o sea, a mediados de Marzo. Al parecer está apuntando a entrar a Oxford. A mi mamá le agradó la idea y hoy que la vi en la mañana me comentó que quiere que estudie allá también.

- Espera, espera. ¿No se suponía que tu mamá y Kei estaban peleados?

- Sí, pero tiempo después de que nos reconciliamos fue a hablar con ella y ambos hicieron las paces.

- ¿Entonces te vas a ir a vivir con Kei?

- Mmm, sí.

La noticia me cayó como una patada en el hígado. Me lo quité de encima con un poco de brusquedad y salí del cuarto molesto. Relajé mi expresión mientras iba bajando las escaleras y entraba a la sala, ignoré a Midori, que tenía una sonrisa de oreja a oreja y una mirada picara; pasé sobre los cuatro futones y frente a Midori y Kei, que estaban sentados en ellos y me acosté en el mueble que desocupado. Luego de recobrar la cordura observé la televisión y me di cuenta que estaban mirando una película de terror, que no supe identificar, pero tampoco importó, pues ni atención le puse. Cuando bajó Sasuke, se sentó al lado de Midori, o sea, quedando entre el sillón que estaba a su izquierda donde estaba yo y dándole la espalda a Jun, que estaba en el sillón individual.

Mierda, ¿por qué me siento tan molesto? Tengo un deseo ardiente de patear la cabeza del estúpido de Uchiha, mandarlo a la mierda y largarme a mi casa en estos momentos. ¿Por qué estoy aquí en primer lugar? ¿Por qué acepté con tanta facilidad quedarme? ¿Qué esperaba? Fruncí los labios, poniéndome de pie y diciendo que iba a la tienda que estaba a dos cuadras a comprar algo. No pregunté si querían algo o si deseaban acompañarme, sólo tomé mis cigarros y el encendedor; me puse los zapatos y salí de ahí. Necesitaba un poco de tiempo a solas para pensar, aire fresco y un cigarrillo en los labios.

Cerré el portón a mis espaldas y me recargué en la pared de piedra, prendiendo el cigarro entre mis dedos. Le di una fuerte calada y solté el aire unos segundos después. Giré mi cuello de aquí para allá, observando que no había nadie en la calle y que la mayoría de las casa tenían las luces apagadas, aunque bueno, eso no era una novedad, eran como las 11 de la noche. Cerré los ojos, disfrutando el canto de los grillos, el aire fresco y el sonido del viento silbar entre los árboles. Recargué mi cabeza en el concreto y miré el cielo, dándome cuenta que no habían muchas estrellas, pero de todas formas era una noche hermosa.

¿Por qué nací? Tal vez si no hubiera nacido mis padres estarían vivos, mis abuelos y mis padres adoptivos no tendrían que haber pasado por todo esto. Todo sería mejor. Si tan sólo yo no existiera… Dios, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué es lo que tengo que hacer? ¿Cuál es mi camino? ¿Por qué siento que he perdido mi rumbo y no sé qué hacer? Todo se ve tan brumoso, que es difícil caminar entre la perpetua oscuridad. ¿Algún día veré la luz?

- ¿Qué haces aquí afuera?- dijo Sasuke abriendo el portón.

Alcé el cigarrillo.

- Deberías dejar de fumar.

No respondí.

- Naruto, ¿qué quieres de mí? ¿Quieres que me oponga a mi mamá y no me vaya a Estados Unidos? ¿Qué me quede aquí contigo? ¿Eso es lo que quieres?

Dejé salir el humo por mi nariz y apagué mi cigarrillo, lo metí en la cajetilla y saqué otro cigarro. Le di una calada y solté el aire.

- ¿Por qué querría que hicieras eso?- incliné el rostro, mirándolo de reojo.

- ¿Entonces estás bien con que me vaya y tal vez no nos volvamos a ver?

- Uchiha, tú eres libre de hacer lo que te plazca. ¿Por qué pides mi consentimiento? ¿Tu cerebro se pudrió de tanto amor por mí?- sonreí burlonamente, pero él me mostró una expresión abiertamente decaída.

- Sí. Te amo tanto que creo que me voy a volver loco si dejo de verte por un segundo.

Ese ataque de sinceridad me tomó por sorpresa, no respondí nada, pero sentí claramente como mi cara comenzó a arder. Chasqué la lengua, despegándome de la pared y caminando realmente a la tienda, mientras fumaba. Sasuke se colocó al lado de mí y no dijo nada, sin embargo se sentía la tensión en el aire. ¿Qué diablos le pasaba a este sujeto? ¿Quién diablos va por ahí diciendo declaración extrañas en medio de la calle? ¿Y peor aún, por qué mi corazón late como loco y me siento nervioso? Tal vez su amor es tan grande que también me está pudriendo el cerebro.

Sección de dudas:

1.-Takoyaki: Bolas de pulpo

2.-Tiempo transcurrido: 30 de octubre.