CAPÍTULO 13

¿Quién podía saber que irrumpir dentro de la casa de alguien era tan condenadamente difícil? Por supuesto que no ayudaba que Lucy todavía estaba dolorida debido a su horrorosa experiencia. Pero para ser honesta, aunque ella no lo estuviese dudaba que hubiese sido más fácil. Ella era patéticamente inadecuada para trepar escaleras, y mucho más para alzarse a través de una ventana incluso si estuviera totalmente en forma. Tener a Lissana y a su prometido sujetando la escalera e impulsándola hacia arriba no hacía la experiencia más fácil. Pero ella les agradecía su ayuda en llevarla a la casa de Natsu y proveer la escalera.

Cuando Lucy cayó a través de la ventana abierta maldijo suavemente. Realmente esta operación entera había requerido una buena cantidad de lenguaje sucio de su parte. Por suerte ella conocía algunas excelentes palabrotas para usar. Eso en cuanto a Minerva llamándola santurrona.

Lucy miró sobre la cama. Podía ver la desnuda forma masculina a través de la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Ella esperaba que por Dios éste sea el dormitorio correcto y el hombre correcto y que nadie más estuviera quedándose a dormir. A diferencia de Natsu, ella era quisquillosa al escoger con quien llevaba a cabo sus cabalgatas a la luz de luna. Lucy avanzó gateando hacia adelante. Era incapaz de ver la cara del hombre. Sus ojos viajaron hacia abajo de su cuerpo. Era Natsu. Ella conocería a esa magnífica polla en cualquier parte. Lucy comenzó a quitarse la ropa.

Cuando se acercó a la cama, Natsu se incorporó y la miró.

—Pude oírte maldiciendo todo el camino hasta acá arriba.

¡Oh! ¡Maldito hombre! ¿Por qué no podía estar dormido?

—Esto se suponía que era una sorpresa.

—Oh, confía en mí, estoy sorprendido, bebé. —Natsu encendió una luz cercana a la cama y expresó con una sonrisa. —¿Cómo trepaste por un lado de la casa?

—Con una escalera. —Repentinamente Lucy se sintió ligeramente fuera de lugar. Su cuerpo estaba cubierto de magulladuras púrpuras y raspaduras de la gravilla. ¿Qué tan atractivo era eso? Tal vez este fue un error garrafal.

Natsu asintió con la cabeza aprobando sus palabras.

—Estás desnuda. ¿Qué tenías planeado?

Oh, sí… grave error. Si Natsu tenía que preguntar por qué ella estaba desnuda, eso indicaba falta de interés. Lucy miró hacia abajo a la rígida polla de Natsu en constante expansión. O tal vez no. Excelente.

—Quiero una cabalgata a la luz de luna. —Lucy se acercó a la cama y miró hacia él. Ya estaba mojada por la anticipación.

—¿Qué te hace pensar que estoy interesado?

—Ah, eso. —Lucy señaló a su polla completamente erecta. Se subió a la cama y deslizó la mano sobre ella.

—No soy tan fácil.

—Sí, lo eres. —Lucy lo empujó hacia atrás sobre la cama. Ésta era su cabalgata y ella la tendría a su manera.

—Está bien, tienes razón, lo soy. —Natsu se recostó hacia atrás y la observó.

Lucy se inclinó hacia adelante y lamió la punta de su expandida polla. Quería devolverle algo a Natsu por el trato de mierda que le había dispensado en el hospital. Y seguro, ella lo disfrutaría mientras tanto, pero esencialmente quería que Natsu supiera que lo amaba hasta que ella pudiera decir las palabras libremente.

Natsu gruñía mientras Lucy lamía su polla con largas y decididas caricias.

—Pensé que no me querías. Prácticamente dijiste eso en el hospital. —Sus caderas daban sacudidas debajo de su boca.

—Oh, mentí. Te quiero. —Lucy deslizó la boca sobre su polla, tomándolo adentro. Succionó duro y lo oyó gemir. Se sentía poderosa, al mando y lista para cabalgar.

— Oh, bebé… —Natsu se retorcía debajo de ella, las manos sobre su cabeza mientras ella continuaba volviéndolo loco.

Lucy dejó que su polla saltara libre, mojada y brillante por su boca. Se relamió los labios.

—¿Me quieres? —Ella se inclinó hacia adelante y lamió la punta de su polla una vez. No hubo respuesta. Lamió otra vez. Sólo el tenso silencio estaba entre ellos. Ella contempló el rostro de Natsu lleno de tensión. El hombre se quedó sin palabras. Excelente.

—¿El gato te comió la lengua? —Lucy realmente tenía un firme agarre sobre su polla y no iba a dejarla libre hasta que ella estuviera lista.

—Si hablo creo que explotaré.

—Caramba, puedo irme si todo esto es demasiado para ti, Natsu. —Lucy a regañadientes soltó a su polla y comenzó a gatear sin entusiasmo para salir de la cama.

Natsu la agarró por el muslo.

—Tú no vas a ninguna parte, bebé. Te quiero. —Él le miró la piel. —¿Qué es esto?

El pequeño tatuaje azul oscuro era una réplica exacta del que Natsu tenía en su pecho y todavía punzaba como el demonio. Probablemente esa no había sido la idea más inteligente de hacerse esto cuando su cuerpo dolía por todas partes debido a la caída, pero Lucy quiso hacérselo para demostrarle a Natsu cuánto significaba para ella.

—¿Te gusta? —Ella observaba mientras la mano de Natsu suavemente acariciaba su piel.

—¿Por qué? —Sus ojos brillaron con esperanza.

—¿Por qué crees? —Ella agarró su polla otra vez. Las caderas de Natsu se sacudieron con tensión. Lucy sonrió con un perezoso triunfo. El hombre era masilla en sus manos. Bien, no literalmente pero sí metafóricamente.

—Creo que me amas, bebé.

—Puedes estar en lo correcto. ¿Quieres correrte ahora?

—Infierno, sí.

Lucy tomó a su polla dentro de la boca y lo succionó en seco.

Natsu tiró a Lucy dentro de sus brazos.

—¿Qué te hizo cambiar de idea?

Lucy apoyó la mano cariñosamente sobre su corazón tatuado.

—Michelle.

Natsu la miró asombrado.

—¿Tu hermana? Ella es un poco extraña.

—Oh, sí, pero yo también lo soy.

—Pero de una buena manera.

—Y esa es la respuesta correcta. —Lucy se sentía increíblemente en casa en los brazos de Natsu. ¿Por qué diablos había estado peleando contra esto? —De cualquier manera, ella apareció y tuvimos un fraternal momento de conexión.

—¿Cómo fue eso? —Los labios de Natsu rasparon ligeramente la suave piel de su cuello.

—No fue grandioso, pero estuvo bien. —Lucy se estremecía mientras sus labios se deslizaban a lo largo de su piel. —Pero me di cuenta de que somos bastante parecidas… tenemos miedo de amar, tenemos miedo de perder el control. —Ella lo miró directamente a los ojos. —Estaba asustada de lo nuestro.

—Lo sé. —Natsu la besó lentamente mientras sus manos comenzaban a moverse para acariciarla sobre sus pechos.

Lucy suspiró. El hombre tenía la capacidad de tocarla como ningún otro.

—No estoy asustada ahora.

Natsu se rió entre dientes suavemente.

—Supuse eso, bebé.

Lucy se relamió los labios y supo que este era un momento de ahora o nunca en su vida.

—Te amo.

Natsu la empujó más estrechamente en contra de él.

—Supuse eso también.

—Así que… —Sería mejor que Natsu empezara a decir algo pronto o Lucy sabía que iba a sentirse terriblemente tonta.

—¿Qué? —Natsu la miró como si estuviera desconcertado. No lo estaba.

Lucy lo golpeó en el pecho ligeramente. Sabía que el hombre estaba jugando.

—¿No tienes nada para decirme?

—¿Vas a ser una de esas mujeres que quieren escuchar "te amo" todo el tiempo?

—No. —Eso sería hermoso pero ella no lo necesitaba. —Pero escuchar eso ahora sería bueno especialmente teniendo en cuenta que termino de comprometerme contigo.

—¿Lo hiciste, bebé? —Natsu le sonrió suavemente.

—Sabes que lo hice. —Ella sintió que las manos de Natsu se deslizaban sobre su estómago y entre sus piernas. Automáticamente las abrió para permitirle la entrada.

—Sabes que eso significa que te casarás conmigo.

—Aterrador pero factible. —Normalmente la idea del matrimonio habría desquiciado a Lucy. Pero tal vez esto tenía algo que ver con el hecho de que ella amaba a Natsu o podía deberse a que sus dedos estaban masajeándole el clítoris lentamente. Lo que sea, funcionaba para ella.

—Te amo, Lucy Heartfilia.

—Ya era condenadamente hora. —Lucy giró sobre la parte superior del cuerpo de Natsu y lo besó.

—Ey, no era yo el que tenía problemas diciéndolo. —Natsu suavemente masajeó la carne de su pecho, sonriendo cuando Lucy gimió.

—Tómame. —Lucy se recostó para que Natsu pudiera lamer sus pezones.

—Estás dolorida.

—No estoy tan condenadamente dolorida. —Ella suspiró suavemente cuando la succión de su boca fortaleció el dolor entre sus piernas. —¿O crees que tendrás problema para mantener eso erguido? —La polla de Natsu se apoyaba como una barra de hierro en contra de su estómago.

—Bebé, puedo mantenerlo erguido tanto tiempo como tú puedas.

Lucy sonrió. Iba a ser una noche larga e interesante entonces. Ella se incorporó ligeramente del cuerpo de él y comenzó a frotar la mojada y abierta hendidura de su coño hacia atrás y adelante en contra de la cabeza de la polla de Natsu.

—Ven hacia abajo, Lucy Heartfilia, —Natsu murmuró con voz ronca mientras le agarraba las caderas y la dirigía para que se deslizase hacia abajo por la longitud de él.

Mientras Lucy se deslizaba sobre la dura polla caliente de Natsu, ella supo que este hombre era suyo para siempre. Ella lentamente cabalgó hacia arriba y hacia abajo, no queriendo que esta cabalgata a la luz de la luna terminara.

—Esto es para siempre.

—Puedo hacerlo eternamente.