14. Al fin nos conocemos
Semana 34
El bebé puede medir ahora 45cm y pesar 2,2kg.
Llama a la puerta sin poder evitar sentirse nervioso. "Te quiero" le dijo "Te quiero" ¿Cómo pudo ser tan imbécil? Una semana antes le dijo que estaba enamorada de su marido y va él y le dice eso. ¿Qué narices pretendía? Dios, no sabe porqué lo hizo, no pensó, sólo salió, así sin más, se escapó de sus labios sin poder remediarlo.
Y ahora... ahora le ha hecho creer que está saliendo con otra mujer.
Espera que no le haga preguntas, no le gusta mentirle.
Carol abre la puerta y le sonríe. Preciosa como siempre pero con rostro fatigado.
-¿Te encuentras bien? -le pregunta acariciando su mejilla.
-Sí, es sólo, no sé... a lo mejor son paranoias mías, pero siento que me cuesta respirar, y no sé si debo preocuparme o no -sonríe cansada, sintiéndose estúpida.
Daryl toma sus manos entre las suyas.
-Es normal, tu útero está presionando contra todos tus órganos internos para hacer sitio a Sophia -le aclara para su sorpresa.
Carol sonríe, es un libro andante. se pregunta cuantas horas habrá pasado en la biblioteca entre letras. Ama lo implicado que está en el embarazo.
Será un buen padre, y seguramente un buen marido. Sonríe amargamente. Se pregunta quién será la afortunada mujer merecedora de sus te quiero. Seguro que es una gran mujer, se la merece. Quizás se case con ella, tengan sus propios hijos y... ¿Qué será de Sophia? ¿Seguirá queriéndola? ¿Sabrá su pareja que va a ser padre? Dios, quizás no sepa nada y destroce su hermosa relación.
-Hey, ¿En qué piensas? -la saca Daryl de sus pensamientos agarrándola suavemente por la barbilla.
-Nada, sólo... estoy nerviosa, me cuesta concentrarme, ya sólo pienso en el momento del parto -miente, aunque es cierto que últimamente tiene los nervios a flor de piel.
Caminan hacia el interior, donde volverán a pasar la tarde juntos, reirán, cenarán y hablará de temas triviales como dos buenos amigos, sólo eso y nada más.
Semana 35
Durante esta semana el bebé se colocará cabeza abajo, preparándose para el momento del parto.
-¿Otra vez? Deja ya mi teléfono -se molesta Daryl al ver a Tara haciéndose otra foto. No le importaría si no fuera porque luego no las borra y tiene la memoria llena de fotos de ella.
-Lo siento, Denise me ha pedido una foto y ya sabes que mi teléfono tiene la cámara rota -se defiende ella moviéndose rápido por los menús del móvil para enviarse las fotografías a su whatsapp.
Daryl niega con la cabeza y se sienta a su lado en el sofá para cenar.
Tiene casi las mismas rutinas que con Carol, sólo que la tensión sexual entre ellos dos es prácticamente nula. Tara es como el hermano que nunca tuvo, o la amiga que no sabía que necesitaba.
-¿Qué tal tu chica? -pregunta intentando encestarse un ganchito en la boca, pero no tiene suerte y el tentempié naranja acaba metiéndose entre los cojines del sofá.
-Bien, preocupada por el momento del parto -responde distraído, intentando encontrar algo interesante que ver en el televisor.
Tara se echa a reír.
-Me refería a tu niña -aclara con sonrisa divertida.
Daryl se sonroja, ni siquiera pensó.
-Oh... ya, cierto, ella... está bien, es muy inquieta -sonríe al recordarla.
-Te gusta mucho -dice Tara dando un sorbo a su cerveza sin apartar los ojos de él.
-Claro que me gusta, es mi hija -vuelve a responder sin pensar.
-No, idiota, la mujer de Peletier, digo -aclara con sonrisa socarrona, haciendo que a Daryl se le paralice el corazón.
-¿Qué? -es lo único que puede exhalar. No deja de mirarla con los ojos muy abiertos.
-¡Lo sabía! ¿es ella verdad? -exclama victoriosa -Vamos, voy a la academia de policía, fui al despacho de Peletier a pedir unos papeles y vi la foto de su mujer. Lo primero que pensé fue "¿Qué hace esa mujer tan guapa con este cerdo barrigón?" Y lo segundo que pensé fue "Es igual que la chica de Daryl".
-Yo... yo no... no se lo digas a nadie, por favor -suplica. Lo ha pillado con la guardia baja, no se esperaba eso. Pensaba que iban a estar tranquilamente cenando, viendo alguna peli, hablando de chorradas y cada uno a su habitación. Pero no, ella lo sabía.
Debió haber puesto contraseña a las fotos de Carol, si es que eso se podía hacer.
-Tranquilo, seré una tumba -le tranquiliza -pero quiero detalles -lo mira con sonrisa picarona.
Daryl se echa a reír dejando escapar el aire que tenía en sus pulmones.
Tara no tarda en acribillarle a preguntas: Cómo se conocieron, cómo supo que estaba embarazada, qué pensó, si Ed lo sabía, si alguien más estaba al tanto...
Él responde con toda la sinceridad que puede, dejando al margen las discusiones que han tenido a lo largo del embarazo y las ganas de gritarle/besarle que tiene cada vez que la ve.
-Oh, por favor, lo vuestro es de telenovela -murmura intentando procesar toda la información -Estáis hechos el uno para el otro.
Daryl niega con la cabeza y sonríe amargamente.
-No, ella quiere a su marido y yo... yo no estoy enamorado de ella -dice él, mirándose los dedos de la mano ¿Está enamorado de ella? no lo sabe. Nunca ha estado enamorado, no sabe lo que se siente ¿Qué tiene que sentir?
-Puf, ya claro -exclama sarcástica Tara que se levanta del sofá para encaminarse a su cama -Sonríes cuando hablas de ella, tienes el teléfono lleno de fotografías de su rostro, y seguro que se te acelera el corazón cada vez que la ves ¡Estás enamorado! -grita desde su habitación.
¿Sonríe cuando habla de ella? no se ha dado cuenta ¿Eso es estar enamorado?
Se queda allí sentado pensativo, mirando la tele sin ver nada, intentando ahondar en sus pensamientos.
-Vamos Sophia, muévete, estas haciendo daño a mamá -suplica Carol que ya no sabe que hacer para que su niña cambie de posición.
Sophia parece haber encontrado un hueco para sus pies entre sus costillas y la sensación no es nada agradable.
Llaman a la puerta, Daryl ha llegado, puntual como siempre.
-Hey -saluda como de costumbre.
-Gracias a Dios -respira Carol al notar cómo su niña se mueve ante la voz de su padre.
-¿Estás bien? -pregunta Daryl confuso, llevando una mano a su vientre para sentir a Sophia moverse.
-Sí, es tu hija, se había puesto cómoda y me estaba haciendo polvo. Hasta que no has llegado no se ha movido -explica con sonrisa aliviada. Lo pequeña que es y la guerra que da ahí dentro.
-Sabe que soy la autoridad en casa -se atreve a bromear haciendo reír a Carol. Le encanta hacerla reír.
Hoy la ve exageradamente hermosa. Siempre lo está, pero hoy... no sabe qué es, pero brilla más que nunca y no puede apartar la vista de ella.
Está a punto de sacar su móvil para fotografiarla, cuando recuerda la frase de Tara. Y si...
-Últimamente sueño que rompo aguas en público. Y me da auténtico pavor, y vergüenza. Más vergüenza que pavor -interrumpe el hilo de sus pensamientos.
Daryl sonríe con ternura.
-Es raro que eso pase, las aguas no suelen romperse antes del inicio de la dilatación, además es difícil que alguien lo note, si estás de pié la cabeza de Sophia hará de tapón y no sale en cascada como en las películas -intenta despejar sus dudas y tranquilizarla.
Carol se muerde el labio con timidez.
-Me siento estúpida, sabes más sobre el embarazo que yo.
-Bueno, yo me sé la teoría y tu la práctica, hacemos buen equipo -vuelve a bromear acercándose a ella y acariciando su vientre. Ya faltan pocas semanas para conocer a su niña al fin. Está deseándolo, y a la vez temiéndolo. Ser buen padre ahora es fácil, pero cuando nazca es cuando llegará la verdadera prueba. Cuando deberá demostrar que él no es Will Dixon.
-Hey, yo... quería enseñarte algo -dice mordiéndose el pulgar nervioso. Ya no puede esperar más para mostrarle su nuevo hogar -coge las llaves, y unos pañales por si rompes aguas -bromea ganándose una peineta por su parte antes de que ambos rompen a reír.
-¿Qué es este sitio, Daryl? -pregunta al llegar a la acogedora casa.
-Mi nuevo hogar -responde abriendo la puerta dejando que ella pase primero al interior.
Carol observa con ojos curiosos. Es bonita, amplia, ordenada y limpia, mucho mejor que aquel antro que antes era su hogar.
-Ho-Hola-saluda Tara sorprendida al verlos allí. Estaba a punto de marcharse.
-¿Qué haces aquí? -pregunta Daryl en el mismo tono de sorpresa. Debía de estar en la academia ya. Intenta comunicarse con gesto con ella, pidiéndole que no comente nada, pero ella lo ignora.
Carol mira a la chica, es la misma que la que vio en su móvil, es aún más guapa en persona. Y se la ve simpática. No sabe si su presencia es bienvenida allí, si sabe de su existencia, de su embarazo... no está preparada para presenciar una pelea de pareja, ahora mismo es una bomba a punto de explotar y cualquier alteración podría adelantar el parto.
-¿Carol, verdad? al fin nos conocemos -exclama amistosa, acercándose a ella para darle dos besos y un cálido abrazo -Madre mía, Ya queda poco, ¿eh? -dice acariciando su abultado vientre.
Sophia se mueve en respuesta, le cae bien. Y aunque le duela decirlo, a ella también, parece buena persona. Se alegra por él, y a la vez no puede dejar de sentir esa punzada en su interior al saber que ama a otra.
-Bueno, yo me voy ya, llego tarde. Espero que te guste la casa -sonríe antes de marcharse y los deja allí solos sin saber que decir.
-Ella es Tara -la presenta Daryl, demasiado tarde, pero ella no le ha dado la oportunidad de hablar en ningún momento.
-Tara -susurra Carol, intentando encontrar su voz -es... es un nombre muy bonito -sonríe con suavidad.
Daryl se encoje de hombros.
-No sabía que estaría aquí -dice sin conseguir leer el rostro de ella.
-Ella... ella... ¿Qué sabe de mí? -pregunta con un ligero temblor de voz.
-Todo... -se atreve a confesar con timidez. No le gusta mentirle -¡Pero no dirá nada! -se precipita a decir para tranquilizarla.
-¿Todo, todo? -pregunta incrédula. Daryl asiente -¿Sabe que Sophia es tu hija? -vuelve a asentir -¿Y no le importa? -Daryl niega, y Carol no termina de comprender. Esa mujer era perfecta.
Mira a su alrededor echando un vistazo a la casa, y Daryl camina a su lado para ir enseñándole todas y cada una de las habitaciones. La casa es preciosa, ideal para una pareja joven.
-Tienes mucha suerte, Daryl, me alegro por ti, te lo mereces -dice con sinceridad, aunque le duela.
Daryl sonríe. Sí, siente que está teniendo suerte últimamente. Buen trabajo, buena casa, buena amistad, una preciosa niña a punto de nacer...
-Y esta es mi habitación -anuncia mostrándole la última sala de la casa. La ha ordenado expresamente para este día -He... he comprado una cuna -comenta la obviedad, señalando hacia la cuna blanca justo al lado de su cama -He pensado que... no sé... quizás cuando Sophia tenga unos meses pueda traérmela alguna noche aquí conmigo, o cuando necesites a alguien que la cuide, y cuando sea más mayor yo me iré al sofá y ella dormirá en mi cama, o... déjalo es una estupidez -se arrepiente de haber dicho todo eso. Le pareció buena idea, pero la cara con la que lo está mirando Carol le desconcierta, y pasó a ser la peor idea del mundo.
-No, es buena idea -lo tranquiliza- es sólo que... ¿Esta es tu habitación? -pregunta extrañada.
Daryl asiente.
-Sí, es lo que he dicho. Es más grande que mi antigua habitación, y tengo baño propio.
-¿Y Tara? -intenta encontrar una explicación -¿Por qué no duermes con ella?
Daryl intenta encajar su pregunta.
-Yo... bueno, podríamos, pero... no sé... no tenemos tanta confianza para eso... -responde sintiéndose enrojecer. Vale que a Tara le gustan las chicas, pero no deja de ser una mujer... sería extraño dormir al lado de alguien del sexo opuesto, que sea testigo de sus erecciones mañaneras... No, no era buena idea.
Carol arquea una ceja, ¿Que no tenían confianzas para dormir juntos? ¿Le dice te quiero y no duermen juntos? Con ella tuvo relaciones sin haber intercambiado palabra.
-Además, a veces trae a su novia y... no es plan... -añade, sin poder leer el rostro de Carol, de nuevo.
-¿Su novia? -ahora sí que está perdida, no entiende nada.
-Sí, su novia, Denise creo que se llama.
-Pero... entonces... ¿ella no es tu pareja?
-¿Qué? ¡No! sólo somos compañeros -aclara finalmente. Ahora lo entiende todo, a ese se debían sus expresiones de terror y desconcierto y sus preguntas extrañas.
-Oh Dios, lo siento- Carol se ríe tapándose la cara -Pensé que... madre mía, qué estúpida he sido.
Daryl ríe.
-No importa, le echaremos la culpa a los despistes de embarazada -bromea haciéndola reír de nuevo. Qué guapa está cuando sonríe.
-Hablando de embarazo... necesito ir al baño -avisa con sonrisa tímida. Adorable.
Daryl señala hacia la puerta de su propio baño, que limpió a conciencia porque sabía que tendría que usarlo.
-¿Cómo es ella? -pregunta Carol.
Ya vuelve a estar en su casa, sentada en el sofá, como siempre, disfrutando de su compañía.
-¿Qué? -pregunta, no ha escuchado lo que le ha dicho. De nuevo lleva puesta una camisa enorme, esta vez de AC/DC, sólo que ahora no llega a cubrir sus piernas, apenas llega a cubrir su abultado vientre, y deja al descubierto un pantalón corto oscuro y sus piernas desnudas. Esas malditas piernas.
-Tu novia, que cómo es, nunca me has hablado de ella -vuelve a preguntar. Le daba miedo sacar el tema, pero la curiosidad le mata. Pensaba que era Tara, por la foto que tenía en su teléfono, pero ahora que sabe que no es así...
-Oh... -Ahí está, la temida pregunta -Ella... -la mira intentando encontrar la inspiración -ella es delgada, piel pálida, tiene los ojos grandes, cabello largo -describe tartamudeando, se siente torpe intentando inventarse a una novia que no existe, utilizando sus rasgos sin que se de cuenta de que habla de ella. Evita mirarla y se concentra en sus pensamientos -Y... no sé, es guapa, al menos yo la veo muy guapa. Me gusta cuando sonríe, a veces le salen hoyuelos en las mejillas, me gusta cuando se tapa la cara cuando se avergüenza de algo, cómo atrapa la punta de la lengua entre sus labios cuando está concentrada, cómo arruga la nariz cuando algo escapa a su compresión. Me gusta estar con ella, me río mucho, es divertida, inteligente, ingeniosa, alegre y hace que me olvide de todo lo malo -vuelve a mirarla después de haberse atrevido a decir todo eso en voz alta, ella lo observa con ojos brillantes y mordiéndose el labio emocionada, con el cabello ligeramente alborotado enmarcando su rostro y abrazando su vientre. Qué guapa está, el corazón se le acelera al mirarla. Y entonces se da cuenta de algo -La quiero -Pronuncia en voz alta, esta vez siendo totalmente consciente de sus palabras.
Tanto tiempo sintiendo su corazón palpitar, sus manos sudando, el aleteo en el estómago cuando la veía y ahora podía ponerle nombre. No es más que un gilipollas enamorado de alguien que no le corresponde. Y ahora... ¿Cómo se desenamora uno? ¿Cómo podría mirarla a los ojos y sentir lo mismo que por Tara?
Carol se muere por abrazarlo, decirle cuanto se alegra de que sea feliz, y cuanto envidia a su pareja.
Lo poco hablador que es y la de palabras hermosas que han salido de sus labios para hablar de su novia. Sí, es un hombre enamorado y feliz.
El corazón se le encoje. Odia ese sentimiento egoísta que le invade. Quiere ser ella quien reciba esas palabras, quiere tenerlo enamorado de ella ¿Para qué? ¿Para que sufra por no poder amarla como quiere?
-Tengo que irme -avisa Daryl intentando contener el nudo en su garganta. No se espera a que lo acompañe a la puerta. Se levanta, besa su frente y se marcha lo más rápido posible antes de que las lágrimas no le dejen ver.
Semana 36
El bebé mide unos 50cm y pesa unos 2700 gramos. A pesar se que aún faltan varias semanas para el parto, su organismo está completamente listo para la vida fuera del útero.
-Mide 45cm y pesa 2300 gramos -informa Carol a Daryl.
Él acaricia su vientre, de nuevo la culpa le corroe. Sabe que es el culpable de que su niña esté así. Sólo le ha dado disgustos durante gran parte del embarazo, y ahora su bebé pesa poco más de dos kilogramos a pocas semanas del parto. Es tan pequeñita, y a la vez tan hermosa.
-Y, para tu información, está perfectamente colocada, por lo que no debe de haber problemas en el parto -comenta orgullosa.
-¿Tienes ganas de que nazca? -pregunta él.
-No lo sé... tengo ganas de volver a ver más allá de mi barriga -bromea moviendo sus dedos de los pies -dormir boca abajo... y tenerla en mis brazos, claro que sí, pero estoy acojonada -dice con una expresión de absoluto terror dibujada en su rostro.
A Daryl le gustaría reír, pero él está igual que ella. Ya queda poco, e incluso podría adelantarse. Dios, podría ponerse de parto en ese mismo instante y... no tiene ni idea de qué hacer.
Ha quedado tan atrás esas dudas del inicio, esas semanas que dudó si quería conocer o no a su bebé. Ahora sólo quiere abrazarla y estar a su lado, y al de su madre, porque no tiene más remedio que conformarse con eso; estar a su lado, sin buscar nada más.
-¿Y tú? ¿Tienes ganas de que nazca? -le devuelve la pregunta.
-Sí -afirma. Levanta su camisa, ella se deja hacer como siempre, nunca lo ha detenido. El vientre está tan duro y abultado. El ombligo es un botón en medio de esa enorme barriga, y le da la impresión de que si lo aprieta se abriría una compuerta y su niña saldría del interior. Locuras de padre primerizo. Echará de menos esa barriga cuando ya no esté.
En un par de horas Sophia despertará, y comenzará a moverse como suele hacer, golpeando en las más insospechadas zonas del interior de su madre. Pero ahora que está encajada esos movimientos disminuirán, para alivio de Carol y disgusto de él.
Carol lo observa acariciar su vientre con tanta dulzura, echará de menos ese contacto tan íntimo cuando su niña nazca, pero al menos se contentará con verlo amar a su niña con la misma dedicación con la que acaricia y besa su vientre.
-Ahora que se ha colocado cabeza abajo puedo respirar mejor, pero voy a orinar más, no sé que es peor -comenta.
-¿Más aún? -se ríe, ganándose como castigo que Carol se baje la camisa y oculte su vientre de él. Ella le sonríe con una mirada que dice "te lo mereces" y él acaricia sus tobillos a traición donde sabe que tiene cosquillas.
-Ya están las palomitas -anuncia Carol al escuchar la campana del microondas -voy a por ellas.
-¡No vuelvas a utilizar a nuestra hija como mesa auxiliar! -bromea cuando la ve desaparecer por la puerta. Ha tomado la costumbre de colocar cualquier recipiente sobre su vientre mientras come. De hecho tiene varias fotos de esos momentos. Adorable.
-¡No utilizo a nuestra hija, utilizo mi vientre! -se defiende ella volviendo al salón con el humeante cuenco en las manos.
Daryl sonríe, le encanta escucharla referirse a Sophia como "nuestra hija". Se siente parte de la vida de Carol, y le guste o no, estará a su lado siempre.
-Cariño, despierta -escucha una voz que la llama. Carol abre los ojos con dificultad. Le ha costado la vida conseguir quedarse dormida, y ahora que ha conciliado el sueño... Mira el reloj antes de mirar a la persona que la despierta. 07:00, la hora a la que Ed se levanta para ir a trabajar. Mierda, se ha quedado dormida.
Alza la vista, su marido la mira con sonrisa dulce, y acaricia su vientre con sus manos ásperas y frías. No le gusta, es la primera vez que lo hace en todo el embarazo y no le gusta nada. Es como papel de lija sobre su piel.
-No te levantes, ya me he preparado yo el desayuno -está muy amable, extráñamente amable -Te dejo aquí la lista de la compra y el dinero necesario para que lo compres todo, procura que no falte nada. Los chicos y yo vamos a reunirnos aquí esta tarde para ver el partido y tomar algo. Espero que prepares algo rico -avisa/amenaza él, dejándole la lista y el dinero sobre la almohada antes de marcharse a trabajar.
Carol mira la lista ¿En serio pretendía que se recorriese todas las tiendas del barrio para conseguir todo aquello, cargase con las bolsas y preparase la comida? Si apenas podía estar diez minutos de pie sin que las piernas le diesen calambres.
Se levanta con un resoplido. Hoy será un día largo.
Daryl se limpia las manos con un trapo, están manchadas de grasa y aceite después de haber estado reparando un monovolumen de carrocería oxidada.
Las ruedas de una moto levantando los guijarros del camino llama su atención. Reconoce el monstruoso sonido de ese motor manipulado. Es Merle, el idiota sigue vivo.
-¡Eh cupido! ¿Dónde te has metido todas estas semanas? Ya pensé que volvía a ser hijo único -ríe Merle, bajando de la moto.
-¿Qué quieres? -pregunta con sequedad, no está para tonterías.
-Nada, el viejo quería saber si seguías vivo -responde Merle viéndolo trabajar.
-Pues siento defraudarle como de costumbre, pero así es -gruñe sin molestarse en mirarle. Ya se había olvidado de que era un Dixon, pero ha tenido que venir el inútil de su hermano a recordárselo.
-Ya... -chasquea la lengua -¿Recuerdas nuestro trato? -pregunta en un susurro.
-No tenemos ningún trato Merle, te dije que no lo haría -masculla él con tono molesto.
-Pues más te vale hacerlo, Martínez está esperando las piezas y le dije que se las conseguiría gratis.
Daryl tira el trapo al suelo con violencia y se enfrenta a su hermano, nariz contra nariz.
-Pues ya puedes fabricar dinero con la punta de la polla porque de aquí no te vas a llevar nada gratis -gruñe entre dientes intentando aguantar las ganas de partirle la cara.
-¿Quién coño te ha amariconado tanto, Darlina? Antes no eras así -escupe Merle mirándole con asco.
-¡Eh, Daryl! ¿Todo bien? -sale a su rescate Dale, que nunca le ha dado buena espina el mayor de los Dixon. Ni el mayor, ni el padre ni ningún Dixon excepto Daryl.
-Sí, mi hermano ya se iba ¿verdad? -lo mira amenazante, sin darle opción a seguir con la conversación.
-Te arrepentirás de esto, hermano -amenaza en un susurro antes de montar en su moto y marchar de allí.
Daryl lo observa marcharse, con una mala sensación tornando de gris sus pensamientos.
Carol empuja el carrito por el centro comercial. Podría haber ido al supermercado de su barrio, pero, por experiencia sabe que no suelen tener todo lo de la lista. Y para hacer la mitad de la compra allí, y la otra mitad en el centro comercial, mejor ir a este último directamente. Coge tres pack de 16 botellines de cerveza y meterlo en el carro no ha sido nada fácil, y encima ahora pesa más que nunca. Un dolor recorre su abdomen. La típica contracción uterina esporádica, se dice.
Sube la compra una a una sobre la caja registradora, una mujer joven se ofrece a ayudarla en cuanto ve las dificultades que tiene. Carol la reconoce al instante, es la dependienta de la biblioteca que frecuenta Daryl.
Otra contracción. Parece que su cuerpo le está pidiendo que deje de hacer esfuerzos.
Mete la compra en el coche, las bolsas pesan más que nunca y la fuerte contracción que la visita no ayuda.
Los veinte minutos que hay del centro comercial a su casa pasan tranquilos, aunque llevaba demasiado tiempo sin conducir el coche, y es complicado llegar al volante y a los pedales sin que la barriga roce.
Aparca el coche, nada más bajarse otra contracción recorre su cuerpo. Eso ya empieza a extrañarle, pero no puede ser parto, aún quedan semanas.
Se coloca el delantal, ya no llega a atárselo atrás, pero sigue cumpliendo su función.
No sabe qué preparar, y tampoco tiene ganas de cocinar ¿No podían pedirse unas pizzas, y ya está? No, porque él es un hombre casado y quiere presumir de comida casera. Esa que tanto asco le da.
Resopla, el dolor de espalda es insoportable, necesita sentarse, pero aún tiene que poner una lavadora, planchar ropa, limpiar los baños y recoger toda la cocina en cuanto termine de cocinar y... esa contracción cada... ¿20 minutos?
Daryl llega del trabajo, está cansado y no para de darle vueltas a lo que le ha dicho su hermano. Ese imbécil es capaz de cualquier cosa, y teme que le cause algún problema a Dale.
-Hola Daryl, ¿Qué tal el trabajo? -saluda Tara desde algún rincón de la casa.
Daryl sigue el sonido de su voz para localizarla.
-Bien, yo... Hola... -se congela momentaneamente, no esperaba encontrarse allí con Glenn y Maggie.
-Hola, ¿Qué tal va todo? -saluda Glenn alegremente.
-Vamos a pedir pizza y ver el partido, dúchate y siéntate con nosotros -dice Tara, o mejor dicho, ordena.
Daryl no pone impedimentos, tiene ganas de darse una ducha, y hambre. La compañía le ayudará a hacer que pasen las horas más rápido. No volverá a ver a Carol hasta dentro de cinco días, y cada hora lejos de ella y su niña es un auténtico suplicio.
El timbre vuelve a sonar, una, otra, y otra vez, le chirrían los dientes cada vez que ese sonido agudo le anuncia que llega otra visita.
Camina por el pasillo lo más rápido que sus doloridas piernas se lo permiten y abre la puerta.
Todos comentan lo mismo en cuanto la ven "Madre mía, que gorda estás" "Vas a explotar" "¿Seguro que sólo viene uno?".
Está hasta las narices de las mismas bromas, y de que acaricien su vientre como si fuese algo de uso público.
Esa contracción no cesa...
¿Era el dolor del parto o las típicas contracciones uterinas esporádicas? ¿Debería empezar a cronometrar? No, aún faltan varias semanas para el momento del parto. Joder, cómo puede ser tan inútil que no puede ni saber si está de parto o no.
Decide tranquilizarse, por lo pronto sólo aparece cada quince o veinte minutos, quizás sólo sea el cansancio.
-¡Cariño, trae las cervezas! -ordena Ed con su falso tono cariñoso. Carga con la bandeja por el pasillo y entrega la bebida a cada uno de los invitados, que vuelven a hacer comentarios despectivos sobre su vientre.
Otra contracción, un poco más intensa que la anterior, la ha dejado varios segundos sin respiración.
Intenta sentarse unos segundos, pero la irritante voz de su marido la obliga a levantarse.
Acude allí como buena esposa, se lleva botellines vacíos, trae otros, rellena el cuenco de aperitivos, les sirve la cena, da volumen al televisor, vuelve a soportar más humillaciones y vuelve a la cocina.
Lleva todo el día casi sin sentarse y sus piernas no pueden más.
Friega los platos en silencio aguantando las ganas de llorar. Ya no puede más.
-¿Te han dicho alguna vez lo condenadamente sexy que estás embaraza? -dice un aliento gélido en su oído.
Carol se sobresalta y se gira para encontrarse cara a cara con Negan.
-Dicen que los orgasmos son más intensos durante el embarazo ¿Es eso verdad? -pregunta buscando sus labios.
Ella lo esquiva e intenta escapar de él, pero la agarra antes de que se de cuenta.
-Vamos, déjame enseñarte lo que es un hombro de verdad -gruñe contra su oído besando su cuello y llevando las manos más allá de sus caderas.
-¡QUÉ ME DEJES EN PAZ, CAPULLO! -grita dándole un fuerte empujón y huyendo de él lo más rápido que puede. Se encierra en el baño y rompe a llorar abrazando su vientre.
Escucha la estridente risa de Negan y de nuevo otra fuerte contracción.
-¿Así que por eso leías tantos libros sobre el embarazo? -comenta Maggie que acaba de enterarse de que Daryl va a ser padre.
No quería contarlo, pero Glenn y Tara son unos bocazas y ha acabado enseñando las ecografías de su niña y el vídeo que tiene de ella moviéndose.
Está orgulloso de su paternidad, y le gusta poder compartirlo con alguien.
Esas personas son agradables, no hay insultos, no hay malos rollos ¿Así que eso era quedar con amigos? estaba tan acostumbrado a las fiestas llenas de alcohol, drogas y lujuria que jamás se habría imaginado lo agradable que podría ser ver el partido acompañado de gente, que hace bromas inocentes, hablan educadamente y pueden divertirse tomando simplemente un par de cervezas y unas pizzas.
Le gusta estar con ellos, y se da cuenta de que todo se lo debe a su niña: Ella fue la razón de que acudiese a la biblioteca y conociese a Maggie y Glenn, y fue este último quien le presentó a Tara.
Desde luego, su niña sólo le ha aportado cosas buenas, y aún no ha nacido.
¿Y si va al hospital y la mandan a casa porque es pronto? ¿Y si es un falso parto? Interrumpir la fiesta de Ed para nada no le parece una buena idea, y confiar en él para que la lleve al hospital estando borracho menos aún, pero... ¿Y si le avisa tarde? Podría llamar a un taxi ¿Y si da luz en el taxi?
Se pasea, camina a ver si así remiten, otras veces le ha funcionado. Pero no, sigue igual, incluso ¡Dios! va a más. Duele, y empieza a extenderse por la zona lumbar y los muslos.
Ya no puede más, van a más, ya no son cada veinte minutos, el intervalo de tiempo es mucho menor.
Se concentra, si las contracciones son cad minutos deberá ir al hospital.
Decide contar el tiempo que dura la contracción, mira su muñeca con mano temblorosa, apretando los dientes por el dolor y procurando no perder de vista el segundero del reloj.
Respira. 45 segundos ha durado, y son las 01:15. Lo apunta en un papel no vaya a ser que lo olvide, y espera la próxima contracción.
-Carol, ven aquí -la llama Ed por quinta vez en tres minutos.
Camina hacia el salón. No sabe para que quedan para ver el partido, si luego acaban poniendo el canal porno.
Ed levanta la cerveza, pidiendo que le traiga otra.
-¿Has visto que postura? -comenta Negan señalando hacia el televisor, donde un hombre mantenía relaciones con una mujer, de pie, apoyando la espalda de ella contra la pared -cuando quieras te la enseño -ríe él haciéndole gestos obscenos con la lengua.
Carol sale de allí con la cabeza gacha.
Ya conoce esa postura, su niña fue concebida en esa misma posición. Pero no va a decir eso, no está tan loca como para arriesgarse a que Ed la mate ahí mismo.
Otra contracción. Larga y dolorosa. Mira el reloj, 01:20. Cada cinco minutos. Se alarma, está de parto y no se ha dado cuenta hasta ahora. Menuda madre de mierda.
-Ed... -murmura tímida, volviendo al salón -necesito que me lleves al hospital, estoy de parto -dice asustada.
Todos se echan a reír.
-Estoy de parto -se burla Merle imitando su tono de voz.
-Por favor... -suplica.
Ed sonríe negando con la cabeza.
-No digas tonterías, aún es pronto. Ve al váter, que seguro que son gases -se burla él ganándose las risas de los demás.
Carol mira a su alrededor y localiza el teléfono fijo. Podría llamar a Daryl, no... se enterará. Pero podría pedir un taxi.
Camina hacia él, pero Ed la agarra con fuerza de la muñeca antes de que consiga descolgarlo.
-¿Qué coño haces? -pregunta amenazante contra su oído.
-Llamar a un taxi, por favor, me duele mucho -vuelve a suplicar.
-Si quieres ir al hospital coge el puto coche y ve, pero no pienso dejar que te gastes mi dinero en tonterías. ¡No estás de parto! -gruñe apartándola de allí de un empujón.
-Ed... no puedo conducir en mi estado -llora sintiendo como otra contracción recorre su cuerpo.
-Pues ábrete de patas y pare aquí ¿Quién quiere un espectáculo grotesco gratis? -pregunta, y de nuevo todos le ríen la gracia.
Carol aprieta los labios aguantando el llanto y sale de allí rumbo al hospital.
Se monta en el coche y nada más arrancar siente otra contracción. Procura fijar la vista en la carretera, pero es inútil y da varios volantazos a punto de salirse de la carretera.
Agradece que sea tan tarde y no haya coches, pero así no va a llegar viva al hospital, sólo tiene una opción.
Venga ya parejita, que es tarde y mañana hay que madrugar -dice Tara caminando por el pasillo hacia la puerta de salida para abrirla mientras Maggie y Glenn se despiden de Daryl.
Pero no esperaba encontrarse con ella...
-Tara, yo... -intenta hablar, pero la contracción no se lo permite. Por suerte Tara no necesita mucho más para entender.
-¡Daryl! -llama, y su tono alarmado asusta a sus otros dos invitados que acuden junto a Daryl al recibidor.
-¡Oh Dios! ¿Estás bien? -pregunta estúpidamente, su rostro sudado y su expresión de dolor lo dice todo.
-Ya viene -es lo único que puede decir. Duele muchísimo la contracción dura cerca de un minuto y la deja sin respiración.
Siente unas manos que la sujetan, son Tara y Maggie, escucha voces, Daryl pelea con él mismo, porque no encuentra lo que busca.
Sonríe entre lágrimas de dolor. Está más asustado que ella.
Lo ve coger su chaqueta, las llaves de casa y volver a su lado.
Sale al exterior y se encuentra con el jeep de Carol, mal aparcado, con la puerta abierta y las luces encendidas.
-¿Has venido conduciendo hasta aquí? ¿Y Ed? ¿Por qué no me has llamado? -pregunta con tono de reproche.
-No me regañes ahora, por favor -gime Carol entre contracción y contracción.
Daryl la mira sintiéndose mal por lo que acaba de decir. No puede ni imaginar los dolores que está sintiendo.
-Lo siento, estoy nervioso -se disculpa con sinceridad, guiándola hasta el coche.
Puede ver como Tara, Glenn y Maggie entran en el asiento de atrás.
-¿Dónde coño vais vosotros, estáis locos? -les grita.
-Te guste o no también somos parte de la vida de tu bebé, así que sube ya al puto coche y conduce -grita Tara.
Daryl masca un insulto entre dientes. No puede hacer nada, no es momento de pelear, su niña va a nacer y tienen que llegar al hospital cuanto antes.
Carol se acomoda en el asiento del copiloto.
-Voy a echarte el asiento para atrás ¿Vale? será más cómodo para ti -anuncia Maggie. No es que sea una experta, pero recuerda perfectamente cómo su padre le dijo eso a su madre el día que iban camino al hospital cuando estaba embarazada de su hermana.
Daryl arranca el coche y se pone en marcha. Va rápido, pero intentando respetar las normas, la intención es llegar al hospital, no matarse por el camino.
Le ha pasado el móvil a Glenn que se ha encargado de avisar a la doctora de Carol de que van para allá.
Tara y Maggie intentan tranquilizarla todo lo que pueden, y llevan la cuenta de las contracciones.
Carol se concentra en respirar entre contracción y contracción.
Mierda, es pronto, aún faltaban varias semanas. ¿Por qué se ha adelantado? Quiere preguntarle si ha pasado algo, pero ahora mismo no es el momento.
Llegan al hospital, no tardan mucho en llevarse a Carol al interior.
-Hey, hey, sólo el padre -dice la ginecóloga cuando ve que todos intentan entrar a la sala.
Daryl se queda congelado, ella sabe que es la esposa de Ed Peletier.
-Pero... yo... yo tengo que entrar con ella -intenta adentrarse Daryl, pero de nuevo es retenido. Puede ver a Carol rodeada de enfermeras que la ayudan a prepararse para el momento -Por favor.
Entre contracción y contracción, Carol puede escuchar a Daryl discutir con el personal. Quiere entrar, quiere estar ahí con ella, acompañarla en ese momento, y ella quiere que lo haga.
-Por favor, dejadle entrar -suplica a la enfermera que le está colocando un catéter por si fuese necesaria su utilización.
-Lo siento, no podemos, son las normas del hospital, sólo el padre puede pasar -dice la joven que se aleja de su lado, permitiéndole ver la desesperación de Daryl.
-Dejadle pasar -dice, pero nadie la escucha -dejadle pasar -lo intenta de nuevo sintiendo como otra contracción se acerca -¡DEJADLE PASAR, ÉL ES EL PADRE! -grita entre gemidos de dolor sacando las fuerzas de donde no las tiene.
El tiempo en esa sala parece detenerse, toda el personal sanitario mira hacia ella. Daryl la mira sorprendido, y aprovecha la confusión para pasar entre los médicos y correr hacia ella y sostener su mano.
-¿Por qué lo has hecho? -pregunta él acariciando con dulzura su mejilla.
Carol se encoge de hombros y sonríe.
-Muy bien Carol, esto va a ser rápido, Sophia ya casi está aquí -avisa la doctora.
-¿Ya? -pregunta Carol. Pensaba que iban a tenerla más tiempo dilatando.
-Estás de 9cm, cariño ¿Por qué no te has venido antes?-dice colocando la camilla, elevando los soportes de las piernas. -La bolsa aún está intacta, no te asustes si de repente notas algo húmedo -avisa la doctora acariciando sus piernas para tranquilizarla.
-Y tú tenías miedo de romper aguas en público -bromea nervioso Daryl, sin saber qué reacción obtendrá de Carol, pero ella sencillamente le sonríe entre sudores y dolor. Preciosa.
La doctora monitoriza a Sophia para asegurarse de que todo va bien ahí dentro.
Daryl siente como aprieta su mano con cada contracción, no le importa, aunque estuviese clavándole las uñas la dejaría hacer. Le gusta ser parte de ese momento.
Ella es toda una campeona, ni un solo sonido sale de sus labios, sólo respira, y aprieta los ojos y los labios hasta que no son más que una fina línea en su rostro y espera a que la contracción pase. Está orgulloso de ella.
-No me gusta nada esto -gime ella mirando a Daryl.
Él sonríe.
-Lo sé, lo siento -intenta consolarla. Se agacha para dar un sinfín de sonoros besos en su frente empapada, algunos mechones de cabello se adhieren a ella por el sudor y él los aparta con delicadeza con sus dedos. -¿Puedo hacerte una foto?
-¡Como me hagas una foto te tragas el móvil! -le grita en medio de una contracción.
-Te grabo entonces -bromea él, y vuelve a agacharse para besar su frente tras esa fuerte contracción que la ha dejado sin aire.
-Casi que prefiero morirme -exhala ella.
Daryl sonríe ante la barbaridad que acaba de decir.
-Venga, ya está nuestro bebé aquí. Seguro que has tenido dolores peores. Yo una vez de niño, me perdí en el bosque, me limpié con una mala hierba y acabé con el culo escocido y ardiendo durante dos semanas -cuenta él, consiguiendo hacer reír a Carol. Preciosa.
-Prefiero tener el culo escocido -bromea ella. No sabe si ha tenido dolores peores, pero sí ha sufrido quemaduras, laceraciones, puñetazos, patadas... y ninguno de los dolores provocados por esos golpes venían con recompensa. Al menos tras esas contracciones venía el mayor de los regalos.
-Merece la pena -piensa en voz alta segundos antes de que otra contracción la visite.
La ginecóloga vuelve y revisa a Carol.
-Vale, veo que ha bajado bastante, pero la bolsa no se digna a romperse. En la próxima contracción empuja fuerte, a ver si apretando lo conseguimos.
Carol asiente, y apoya la cabeza en la almohada esperando la siguiente contracción que no tarda en llegar.
-Madre mía -no puede evitar exclamar Daryl cuando ve la cantidad de líquido que sale de su interior -Creo que acabas de romper aguas.
-Dime algo que no sepa -murmura Carol con una sonrisa cansada.
-Eso es muy bien -anima la doctora, que prepara el material a utilizar y se acomoda entre las piernas de Carol.
Otra contracción, fuerte y dolorosa como nunca.
-Muy bien, muy bien, ya veo una cabecilla de cabello rubio -informa la matrona, haciendo que Daryl se olvide por un momento de Carol y corra a asomarse.
-Es rubia -repite él sonriente, y se queda en esa posición, acariciando las piernas de Carol para animarla, y poder ver a su pequeña salir.
-Falta muy poco ¿Vale? un par de empujones más y la cabeza ya está fuera -dice la ginecóloga.
-No puedo más -lloriquea Carol -no lo soporto -gime de dolor.
Daryl vuelve a su lado y agarra su mano para sujetarla entre las suyas.
-Sí puedes, confío en ti, vamos -dice besando sus nudillos.
-Sí puedes, eres una campeona, venga un empujón más -anima la doctora.
Carol vuelve a empujar.
-Muy bien, otro más.
-No puedo más -vuelve a decir ya sin fuerzas.
Daryl frota su mano, deseando poder quitarle un poco del dolor que está sintiendo.
Vuelve a empujar, sintiendo como la cabeza sale poco a poco.
-No empujes ahora, ¿Vale? ya está aquí, ya está aquí -avisa la doctora que espera paciente a que la cabeza termine de salir por el estrecho canal.
-Dios -gime aliviada Carol cuando siente que el dolor remite un poco. La cabeza está fuera.
-Muy bien, aquí vienen los hombros y... -Sophia termina de salir, emitiendo un sonido húmedo cuando sus piernas abandonan el interior de su madre.
Y llora...
Sophia llora, y es el sonido más hermoso que sus oídos han escuchado alguna vez. El sonido de la vida. Se miran emocionados. Su niña ya está aquí.
Las enfermeras no pierden el tiempo para levantar la camisa de Carol para el momento piel con piel, tal y como ella había pedido. La colocan sobre su pecho.
Tapan a la pequeña para que no coja frío, y poco a poco el llanto se va convirtiendo en un suave balbuceo que termina en silencio, cuando escucha el corazón de su madre latir.
-Hola -la saluda Carol con las pocas fuerzas que le quedan. Emocionada, con los ojos llorosos por la emoción. Es perfecta.
-Lo has hecho muy bien -la felicita Daryl, volviendo a besar su frente y agachándose para estar a la altura del rostro de su niña -Hola Sophia -la saluda sintiendo como las lágrimas brotan de sus ojos y no puede hacer nada para evitarlo.
Su niña le mira como si hubiese reconocido su voz, esa voz que tanto le gustaba cuando estaba en el interior y hacía que se moviese.
-Tiene tus ojos -le dice a Carol que sonríe mirándole cansada.
Lleva su mano hasta la de su niña y ella se agarra a su dedo con fuerza con su pequeña manita que se comería a besos.
Besa su mejilla con cuidado, no quiere pincharla con la barba. Aún está manchada por los fluidos que la rodeaban en el interior de su madre. Huele a vida.
-¿Ahora os puedo hacer una foto? -pregunta intentando esconder la emoción de su voz, pero es imposible. Jamás ha sentido lo que está sintiendo ahora mismo. La emoción que sintió al ver la ecografía no es nada en comparación con esto.
-Claro que sí -Sonríe Carol. Sabe que está desnuda, que su aspecto debe ser espantoso, pero no va a prohibirle que haga la primera fotografía de su niña.
Daryl busca el mejor ángulo, en el que pueda captar el rostro de ambas sin fotografiar la desnudez de Carol, pero es imposible. Por suerte para él, Carol se da cuenta de lo que intenta y coloca el brazo en la posición idónea para tapar su pecho desnudo.
-Gracias -sonríe Daryl mostrándole la fotografía que acaba de hacer.
-Oh dios, estoy horrible -se queja ella, arreglando su cabello rebelde.
-Que va, yo te veo preciosa -dice él sin pensar, a escasos centímetros de su rostro. Se muere por besarla, pero debe contenerse. Ella ama a su marido.
Se mantiene a su lado, agachado, observando a Sophia sobre el pecho de su madre. Está despierta, con los ojos abiertos, mirándole, mientras abre y cierra la mano sobre el pecho de Carol e intenta colocar el pezón en el interior de su boca. Le parece increíble que ya sepa lo que tiene que hacer.
Carol que se encontraba algo adormilada mira sorprendida.
-¿Está...
-Desayunando -dice Daryl sonriente -Dime que puedo grabar este momento.
Asiente emocionada al notar las suaves succiones de su niña y los dulces sonidos que hace al tragar.
Carol mira a Daryl, jamás lo había visto sonreír así. Es feliz, como cualquier padre. Mira a su niña con auténtica devoción, y ella le pide al cielo que el tiempo se detenga, que el mundo se pare en ese instante para siempre, donde sólo son ellos dos y su niña.
-Bueno, ya ha pasado la hora -anuncia la ginecóloga entrando en la sala -Vamos a cortar el cordón, pesarla, medirla y limpiar a esta pequeña que tantas prisas tenía en nacer. ¿Te parece bien? -pregunta sonriente viendo como Sophia descansa satisfecha tras su primera toma -¿Quieres cortarlo tú? -pregunta señalando con las tijeras a Daryl.
Él mira a Carol esperando permiso, pero ella sencillamente se encoge de hombros dejando que él elija.
Asiente, no le gusta la idea de separarlas, pero tiene que hacerlo.
Colocan a Sophia boca arriba que se queja brevemente ante el cambio de posición.
La doctora señala el lugar exacto donde debe cortar y obedece sintiendo la mano temblar. Le da miedo hacerle daño.
-Ya está, muy bien -dice la ginecóloga que coge a Sophia en sus brazos para llevársela a pesar y todo lo demás.
Las enfermeras limpian la sala de fluidos, placenta y todo lo que ha salido del interior de Carol. Le quitan el catéter y la acomodan correctamente en la cama.
-¿Quieren que avise a los otros? -dice la enfermera.
-¿A quienes? -pregunta extrañado, y entonces recuerda -¿Aún están aquí? no sé yo si... -mira a Carol buscando aprobación. Ella asiente -Sí, hazlos pasar.
Tara, Maggie y Glenn entran sonrientes, y abrazan a Daryl para sorpresa de él. Lo están abrazando, no le gusta que lo abracen.
-¿Dónde está? -pregunta Tara mirando por la habitación, encaminándose hacia Carol para abrazarla.
-Se la han llevado a pesarla, ahora la traen -informa Carol recibiendo los abrazos con gusto.
Mira a Glenn. Él la reconoce, ella le reconoce. Es el repartidor de pizzas que tantas veces ha ido a su casa. Ese muchacho con el que, según Ed, ella quiere follar porque le sonríe cuando le entrega la propina.
Se agacha a abrazarla.
-Enhorabuena, y no te preocupes, sé que tu marido es un imbécil -le susurra al oído para sorpresa y tranquilidad de ella.
-Ya estamos de vuelta -anuncia la doctora que trae a Sophia en una cuna con ruedas y laterales transparentes y la coloca al lado de Carol -Pesa 2350 gramos, mide 45 cm y está perfectamente -les informa dejándolos allí solos.
Al momento Sophia se ve rodeada por tres cabezas que la miran sonrientes.
-Oooh, es preciosa, que chiquitina -exclama Tara.
-Es igual que tú, Daryl -dice Maggie nada más verla.
-Pobrecilla -bromea Glenn ganándose una colleja de Maggie.
-Daryl, ¿La quieres coger en brazos? -pregunta Carol al ver como mira curioso a su niña que duerme acurrucada en posición fetal con su pijamita y la pulsera identificativa.
-Yo... no... no sé cómo cogerla, no quiero hacerle daño -tartamudea tímido.
-Ay, estos padres primerizos -dice Maggie, que saca a Sophia de la cuna con cuidado -Coloca los brazos -le pide haciendo el ademán de darle a la pequeña.
Daryl obedece y al momento siente el peso de su niña entre sus fuertes brazos.
-Pesa menos que mi casco -sonríe emocionado. Es un peso tan liviano y agradable... -Hola, ¿Así que tú eres la de las pataditas? -susurra olvidándose de todas las personas de su alrededor. Sophia duerme, está completamente relajada en sus brazos, es tan pequeña y perfecta, con esa pelusilla rubia que corona su cabeza, su piel pálida, nariz pequeñita, sus hermosos labios y sus enormes ojos azules. El bebé más hermoso que ha visto en su vida. Y es suya. Sonríe, hasta que ve el apellido Peletier sobre su muñeca y un sabor agrio sube por su garganta.
Sí, es suya, es su niña, pero aunque le duela, por el bien de su futuro, debe dejar que crezca como una Peletier, llamando papá a otra persona.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo (aunque es un pelín agridulce)
*Me he dado cuenta de que a veces se cortan trozos de palabra o de texto cuando paso el capítulo aquí, no sé porqué, publico en otra página y luego copio/pego aquí, si por casualidad hay algo que no tiene sentido, podéis encontrarla en wat*pad donde ese error no debería estar*
Quería describiros lo mejor posible el momento del parto y he estado viendo vídeos en Youtube sobre partos naturales para empaparme un poco (Muchas gracias a todas esas valientes que han compartido ese momento en la red)
Y pues, no sé que decir ¡Ya ha nacido! antes de tiempo, como suele pasar con los bebés que nacen en ambiente de maltrato (Tal y como leyó Daryl en su día)
Daryl ya se ha dado cuenta de que está enamorado de Carol, e incluso indirectamente se lo ha confesado, aunque ella cree que habla de otra persona. Por lo que... habrá que ver que pasa ahí :D
He decidido añadir a Maggie, Glenn y Tara a la familia para que Carol y Daryl tenga esas amistades sanas que tanto necesitan y que podáis ver, en el siguiente capítulo, la diferencia cuando sean los amigos de Ed quién la visite.
No olvidéis la amenaza de Merle, que más adelante llevará a cabo.
De nuevo, gracias por leer, por vuestros votos y comentarios, que aunque no suelo responderos os leo y hace que me sienta más animada a daros otro capítulo :)
