Al día siguiente en su sesión con Sebastián, Ciel decidió hablar y tomar la iniciativa. Las preguntas psicológicas habían sido olvidadas hace mucho tiempo. Sebastián y él hablaban de sus vidas, de sus gustos, aunque él que más hablaba era Sebastián. Ciel no tenía mucho que contar debido a que había pasado muchos años ahí y no recordaba mucho sobre su vida pasada.

-¿Has tenido un orgasmo alguna vez? –Ciel pregunta abruptamente a Sebastián, quien alza una ceja y sonríe con picardía-

-¿Por qué quieres saber, Ci-el~? –Pregunta con voz sensual-

-Yo… no sé lo que se siente… -Confiesa, Sebastián no se muestra muy sorprendido teniendo en cuenta que las únicas relaciones sexuales del menor fueron forzadas- y parece placentero.

-Sí que lo es, y… espera, ¿Parece? ¿Acaso has visto…? –Deja la frase al aire mientras mira a Ciel curioso-

-Sí. Pero es un secreto… -A Sebastián le entra más curiosidad-

-Si me dijeras… podría darte un chocolate que compré especialmente para ti… -Chantajea Sebastián. Ciel muerde su labio inferior, los dulces son su punto débil. Sebastián hacia eso a menudo, cuando quería que Ciel le contara algo que no estaba dispuesto a hacer por las buenas le ofrecía dulces que compraba cada semana para él…-

-Vale, vale. –Se rinde al final Ciel- ¿Conoces al nuevo enfermero, Henry? Se llama William y es el amante de Grell. Les ayude a tener sexo. Ellos se fueron a los establos y yo vigilaba, mire y presencie su orgasmo… Ahora ¿Y mi chocolate? –Pregunta impaciente, Sebastián ahora sí se sorprende ante aquello-

-Eso es… importante. –Se muestra serio-

-Sebastián. –Ciel le puso su cara más adorable para que el pelinegro se quedara prendado- por favor… prométemelo… no dirás nada. –Sebastián asiente lentamente- y… tengo otra pregunta… -Ahora se sonroja, Sebastián le mira maravillado. Jamás ha visto esa expresión en Ciel-

"¡Ahora o nunca, adelante!" Dice Meylin animada.

"¿Nos dirá que sí?" Teme Finny.

"Dejadme fuera de esto por favor" Pide Bard.

-¿Podrías… hacerme sentir un… un orgasmo? –Pregunta Ciel tímidamente, con esa sola imagen en su mente Sebastián ya está duro y con la boca seca-

-¿Yo… tú… un orgasmo? –Repite, para asegurarse, Ciel asiente y le mira esperanzado- claro, sí… -Sebastián se levanta rápidamente y cierra con pestillo- te desvistes tú o yo… lo que quieras… -Decía nervioso y ansioso, Ciel casi ríe ante aquello-

-Adelante, Sebastián… -Dice él sumiso-

Sebastián le quita lentamente la camisa a Ciel quién se deja hacer, acaricia su torso y estimula sus rosados pezones, Sebastián no aguanta y se acerca para saborearlos. Luego sigue con los pantaloncillos y su ropa interior. El miembro del joven es pequeño y apenas tiene bello, lo toca al ver que está medio erecto y mueve su mano suavemente por él. Ciel tiene los ojos cerrados y siente un calor muy agradable en su vientre. El Doctor Grey jamás le había tocado así, nadie le ha tocado así. Entonces siente la boca de Sebastián sobre la suya, le pasa la lengua por sus labios y le obliga a abrir la boca para meterle la lengua y explorar a fondo su cavidad. Ciel gime entre el beso al sentir como Sebastián aumenta la velocidad de su mano en su miembro. Ahora Ciel toma la iniciativa y le desabrocha la camisa a Sebastián, su torso bien trabajado le cautiva, deshace el cinturón y le baja los pantalones donde puede ver que su miembro ya está totalmente erecto. Se le hace la boca agua. Sin pensarlo y siguiendo sus instintos Ciel se agacha para meter el gran miembro de Sebastián en su boca, el pelinegro gruñe excitado al sentir la pequeña y húmeda boca de Ciel alrededor de él. Ciel se mueve lentamente, sacando y metiendo el pene de Sebastián de su boca, siente las manos de él en su nuca acariciándole el cabello y empujándolo suavemente. Entonces le aparta abruptamente. Los ojos de él se ven más oscuros que de costumbre y también siente su cuerpo más caliente.

Sebastián le coloca en el sofá boca abajo y mientras reparte besos por su espalda comienza a meterle un dedo por su ano. Al principio Ciel se siente incómodo pero Sebastián le vuelve a tocar y besar haciendo que le humedezca. Luego mete otro dedo y los abre para agrandar su cavidad. Cuando siente que está preparado Sebastián toma su miembro y lo guía a la entrada del pequeño, entra lentamente en él sintiendo las paredes húmedas y estrechas del niño mientras que Ciel nota el miembro palpitante del mayor. Una vez totalmente dentro los dos se detienen y sueltan un gemido placentero. Los dos se sienten completos. Sebastián comienza a moverse lentamente, y luego cada vez más rápido, Ciel apenas puede seguir su ritmo por lo que al final simplemente se deja hacer por el mayor. Los dos gimen con cada estocada y sienten que cada vez están más cerca del orgasmo tan deseado de Ciel. El pequeño siente un gran calor por todo su cuerpo, tiembla y no puede evitar cerrar sus ojos y gritar de placer. Sebastián justo después de él entra muy profundo y se aferra a las caderas del pequeño gruñendo de placer, luego se recuesta con cuidado sobre Ciel y susurra en su oído.

-Eso… ha sido un orgasmo Ciel… -El ojiazul siente como Sebastián le ha llenado completamente de su semilla tan caliente. Vuelve a gemir cuando él abandona su interior-

-Quiero más… -Pide Ciel viendo a Sebastián quién sonríe complacido-

-Por supuesto que sí. –Le asegura el Doctor-