Bomba de tiempo.

"Me senté en el sillón, mientras a mi alrededor todo colapsaba. Fotos, videos, cartas y recuerdos. Eran una mezcla. La mezcla que componía mi vida. Te vi a lo lejos entre el montón de anécdotas, comenzabas a acercarte, tal vez demasiado. ¿No es obvio que estoy por explotar? Que no te engañe mi aparente calma, no estoy preparada para este bombardeo sensorial. Soy una bomba de tiempo, y al reloj le queda poco." Aixa-Gabii Serrada.

El tiempo jamás se destine. Por nada. Ni por nadie. La vida sigue su curso, y tiene maneras muy extrañas y a veces crueles de recodárnoslo. Tiene sus métodos para hacerse sentir, para demostrar que ella no está sujeta a cambios ni devoluciones.

Algunas personas dicen que el destino es algo que nosotros mismos forjamos. Es una manera más bonita de decirnos que trabajemos duro si queremos algo. Otras personas, las que han tenido una vida de mierda a pesar de los esfuerzos, prefieren acarrearle los achaques a la vida. Es más fácil decir que un ente externo, estéril e intangible contrala nuestros pasos, que asumir que la vida es una mierda porque eso cosechamos.

Para las personas a quienes les va bien, tienen bonitos emporios, dinero, fama, amigos y amor, decir que su destino lo controlan y conducen ellos mismos, es la mejor manera de darnos una bofetada en la cara al resto de idiotas que tenemos vidas de mierda. Para los que hemos tenido que lidiar con la parte mala de la cosecha del mundo, la gente idiota, los dolores menstruales cada fin de mes, los amores incompletos, la falta de dinero, el hambre, o las enfermedades terminales, es más fácil decir que el destino existe, y que nos odia.

Expresiones como "le robamos el tetero al niño Jesús"* ayudan a llevar el peso de esa vida que jamás quisimos para nosotros mismos.

La soledad es el peor amigo del hombre, pero el más fiel de todos. Se va a veces, pero al final, siempre se queda. Es ese que esta, cuando nadie más lo está, recordándote que para que se vaya tendrás que mudarte de cuerpo. La soledad no es la ausencia de personas, sino la falta de la gente. De las personas que son gente, que se hacen sentir y se te meten en la mente. De las personas que te acompañan y apoyan, aquellas en donde haces parte activa de su vida. Donde jamás te veras desplazado por su vida misma.

Para llegar al punto de no terminar en el patio de atrás de la vida de alguien, tienes que tener un papel demasiado importante. Ese papel solo se consigue con la persona con quien te relacionas y amas. Esa que vive contigo en cuerpo y alma. Ese amigo, pareja o padre, que jamás te deja ir de su vida. Que no permite que en el proceso mientras construyes tu propio castillo, pierdas las llaves del de ellos.

Bella Swan no tenía nada de eso.

-¡Atrapa! – grito Annie, lanzándole otro caramelo a Edward a la boca. Este se tuvo que hacer para atrás, hasta lograr dar con él, en medio de los vítores de su novia y demás presentes.

-Ámame. – simplemente le contesto, acercándose a la peli negra para abrazarla.

Yo estaba en la cocina, viendo todo por sobre la encimera, mientras la tapa de la cerveza sobre la botella me parecía tremendamente interesante.

Will estaba fuera de la ciudad, aprovechando para ver a su familia por días libres. A penas supo que mis intensiones eran invitarlo a pasar un rato conmigo, se puso demasiado feliz para la respuesta que yo iba a recibir. Sentí que podía verlo llorar al tener que rechazarme, solo para insistir más adelante en que concretáramos una salida cuando él estuviera aquí.

Al final, me daba un poco igual si nos veíamos o no cuando el volviera a SF. Era simplemente un gramo de compañía extra.

Había logrado que Christian, mi amigo y entrenador del gimnasio, viniera luego de pedir mil perdones por haberlo sacado de su vida en este último mes. Me reprocho por teléfono y en mi presencia cientos de veces el descaro de haberlo dejado atrás. Luego de los resultados que había obtenido en mis exámenes, mis vistas los sábados al gimnasio habían desaparecido, y con ello mi contacto con Christian. Me había aislado al punto de ignorar sus mensajes y llamadas durante ese tiempo, en que no había dejado de preocuparse por mí, hasta cansarse de jalarme bolas.

Me limite a decirle que luego de toda la parafernalia de reunión hablaríamos. Por ahora lo necesitaba concentrado en ser mi amigo.

Y Chris hacia bien su trabajo, pero no era suficiente.

Rose estaba completamente eclipsada por su viaje por la irrealidad y las nubes en donde la había montado Emmet desde hace un tiempo ya. A penas el mayor de los Cullen había cruzado el umbral de mi casa, ella se había extendido como verdolaga en playa para cubrir al máximo el campo visual y auditivo de ese hombre. Cabe señalar que él había hecho prácticamente lo mismo. Eran desagradables.

Por otro lado, Edward y Annie, eran esa clase de pareja que no se distendían para darse amor ni nada de eso. Parecían amigos, mejores amigos. Compartían chistes internos de pareja, y abrazos y pequeños besos en los labios, pero nunca nada sofocante como Rose. Sin embargo, dada la novedad de la relación, podían llegar a eclipsarse el uno al otro, con cosas como mostrarse los teléfonos para intercambiar chistes y contenidos que los demás desconocíamos, mencionar hechos ocurridos en momentos donde solo eran ellos dos y hacer planes de lo que harían en los días futuros.

Momentos donde la conversación era propia y nadie más podía tener cabida. Primero porque no aportaban nada, y segundo porque ellos no lo permitían. Miradas fijas uno en el otro, daban a entender que la comunicación verbal no era el único de sus fuertes.

Eso, y que Annie pudiera tomar el teléfono de Edward y manipularlo con una soltura que rayaba en la locura. Ver como ella con total naturalidad podía dibujar el patrón de bloqueo del Samsung de Edward sin titubear, como si ella lo hubiese inventado o fuera su teléfono.

Era algo mucho más profundo de lo que yo estaba entendiendo.

Estaba comenzando a ver detalles nuevos. Pequeñitos, pero detalles, que demostraban un nivel de conexión que yo no sabía que existía entre ellos dos. No es que me molestara que su relación fuera en ese punto de avance a velocidad de hidrojet, pero era casi un delito no impactarse por la familiaridad con la que orbitaban uno alrededor del otro.

Y Chris. Ese era otro caso. Era otro de mis amigos gay. Uno que no aportaba más que comentarios picantes sobre Edward que hacían a este ultimo reír a mandíbula batiente, junto con Annie.

De vez en cuando intercambiaba información conmigo en ese estilo privado y codificado en el que las parejitas lo hacían, pero dada nuestra nula relación amorosa y la incapacidad para andar por allí planificando citas romanticonas, era casi imposible que esos momentos de intimidad y camaradería fueran largos, demasiado creíbles o espontáneos.

Estaba feliz por mis amigos y sus relaciones, pero era una mierda ver a todo el mundo en el plan de orbitar unos alrededor de otros, con esa conexión que dan esas relaciones especiales, y no poder tener lo mismo.

Si bien mi ultima relación de un año, donde en realidad no había nada de miraditas furtivas, saberse claves de teléfonos o comunicación en clave de momentos vividos, había terminado sin ton ni son y me había hasta alegrado que lo hiciera, me hacía falta al menos la sensación de tener algo un poco mas allá de un puñadito de amigos y un rumbo infantil de vida.

La sensación de tener una relación. De tener un algo propio, especial y distinguido. Con apodos propios, historias propias y esos detallitos que la persona con quien estas sabe pero que los demás no tienen porque saber.

Mis amigos eran eso. Estabilidad, trabajos, vidas, sueños, planes y hasta peleas de pareja que sobrellevar. Eran celos, locura, pasión, fotos de IG y momentos. Eran los nervios de Rose por el estatus de su relación, y el intento de Emmet por mantenerla en la cama. Era la jocosidad de Edward, y las medias sonrisas de Annie ante sus chistes.

Todo lo que se tiene cuando se ama. Lo que no se tiene cuando el trabajo es lo único real y en el suelo.

-Hey, te estás perdiendo la diversión. Ya casi te toca. – dijo Chris, cruzando la cocina como un vendaval, alcanzando una botella de cerveza de la nevera. La destapo con una finura que ni yo tenía, ignorando por completo mi distraído juego con la tapa de la cerveza a medias que tenia en las manos.

Pasó por mi lado, palmeándome ligeramente el trasero, antes de volver a mi campo de visión en la sala, dando alaridos con los chicos, que ahora jugaban por quien se tragaba mas rápido un chupito de un ron internacional que a Edward le habían regalado.

Tener una vida.

Yo, no tenía una vida.

-¿Bella? – escuche su voz y estuve consiente al momento de quien era. No había cruzado demasiadas palabras con ella, pero la reconocía. Estaba tras de mi en la cocina, y jamás la vi pasar hasta acá. – ¿Todo bien?

-Sí. – dije simplemente.

-Tienes rato aquí, como en la nada. – continúo ella, ignorando ampliamente mi tono seco en la respuesta anterior.

-Estaba viéndolos jugar. – me di la vuelta, dispuesta a darle la cara y hacerle saber que era verdad mi versión.

Observe a la chica de complexión delgada, más bien curvilínea, como del tamaño de Alice, solo unos milímetros más bajita que yo, de cabello negro pero largo, que llevaba en una cola de caballo alta y estilizada. Su cara, larga y angulosa, de pómulos altos y sonrisa con hoyuelos. Tenía una dentadura perfecta, las cejas finas y los ojos marrón oscuro grandes y redondos.

Tenía una sonrisa envidiable y un cabello brillante. Llevaba jeans ajustados, converse rojas y una camiseta blanca. Sencilla, dinámica y linda.

Nada de maquillaje.

-Oh, bueno. Edward estaba preocupado por ti. Dice que tienes demasiado rato parada aquí. – rodé los ojos, ante la imagen de Edward haciendo idioteces en la sala con Emmet, mientras había enviado a su novia a dar recados por él.

-Se le nota la preocupación. – ella siguió mi mirada, sonriendo ante la imagen del par de tontos actuando como niños.

-Se supone que venía tras de mí.

-Ya ves que no. – señale la estancia, antes de darme la vuelta y vaciar la mitad de la cerveza que me quedaba por el fregadero. El liquido, entibiado por el tiempo afuera y sin ser consumido, hizo espuma mientras trataba de salir todo en el mismo instante en que voltee la botella.

No me preocupe por confirmar si la niña bonita seguía por allí. Camine simplemente hasta la nevera y saque otra botella de cerveza. La destape y le di un gran sorbo, que termino por darme dolor de cabeza por el frio a gran velocidad.

-En un momento estoy con ustedes. – me disculpe con Annie, pasando al lado suyo hasta mi cuarto.

Eran las 11:30 de la noche, y las luces de la ciudad iluminaban la ventana panorámica de mi cuarto. Fui hasta al baño y me tire sobre el escusado, orinando una cantidad de agua que no había consumido en mi vida. Puse la botella sobre el lavamos, mientras estrujaba mi cara entre mis manos y escuchaba los gritos de los chicos afuera.

No sabía como explicar lo que sentía.

Por una parte, estaba clara que no los odiaba por andar felices haciendo sus vidas. Por el contrario, excepto por Annie que me daba igual, no había una persona en ese ambiente que no quisiera ver feliz como estaban ahora. Medio ebrios, dándose amor y jugueteando como amigos de toda la vida, intercambiando información y confiando en mí lo suficiente para dejarme verlos en toda su extensión.

En otro ángulo, lo que me molestaba era mi incapacidad para estar viviendo de esa manera con ninguno de ellos y con nadie en general. Mi incapacidad de tener algo que fuera solo mío y que no se viera interrumpido por momentos como estos. Si Rose estuviera solo conmigo y Edward, la conexión seria entre nosotras dos en contra de Edward. Si fuéramos, Emmet, Edward y yo, la conexión seria de nosotros dos y así con todas las combinaciones posibles. Pero en este escenario, todo el mundo tenía la pieza de su rompecabezas, y yo penaba por los minutos de atención entre pareja y pareja.

Me preguntaba como hacia Chris para estar allí, encajando con ellos y sus vidas aparentemente independientes.

En esa sala, excepto por Chris, todos eran familia al final del día. Annie y Emmet eran cuñados, al igual que Rose y Edward, y a su vez Annie y Edward eran historia, igual que Rose y Emmet.

Historia era yo, metida en el baño de mi casa, huyéndole a la vida organizada de los demás.

-¿Bells? – el suelo bajo mis pies comenzó a tambalearse. No me sentía para nada bien. Metí mi cara entre mis manos, apoyando mis codos sobre las rodillas, en un vano intento por recuperar la estabilidad. – ¿Dónde estás? – escuche la voz de Edward, amortiguado por la madera de la puerta.

El movimiento se hizo mucho más fuerte. Las paredes se cerraban a mi alrededor, mientras el techo se veía hacia debajo de manera lenta, queriendo juntarse con la placa del suelo. Los mosaicos azules de la ducha comenzaron a mezclarse entre si, creando una lluvia de cuadritos cristalinos que parecían llover por doquier.

No había bebido lo suficiente para estar ebria. Más bien estaba perdiendo el conocimiento por otras razones.

-¿¡Bella!? – grito medio histérico Edward, alertando a los demás. Sentí pasos por la moqueta del lugar, correteando hasta mi ubicación.

Quise abrir la boca para decirle que estaba bien y en un momento estaría con él, pero mi voz se vio amortiguaba por el eco de mi mareo. A penas unos cortos susurros salieron de mis labios, mientras perdía el equilibrio y me iba de frente contra el suelo.

Metí las manos contra la pared para evitar el impacto, haciendo que Edward reconociera aparentemente donde estaba. Comenzó a golpetear la puerta con furia, amenazando con tirarla abajo, mientras yo hacia un esfuerzo por subirme los pantalones. Logre estar completamente vestida, a la par que le pedí que por favor entrara a ayudarme.

-¿Qué coño…? – dejo la pregunta a medias cuando me voy arrodillada en el piso. – ¿Te cayó mal el alcohol? – dijo simplemente, metiendo sus brazos debajo de mis rodillas y pasando mis brazos por su cuello para alzarme.

-¿Qué pasa? – chillo Rose, que entro en mi campo visual, mientras Edward me dejaba sobre la cama con una delicadeza que me alarmaba.

-No estoy ebria, solo estoy a punto de desmayarme. – me explique, aferrándome a la almohada mas cercana y poniendo un pie en el suelo, en un vago intento por hacer contacto con el piso solido y disminuir el vertiginoso movimiento dentro de mi cabeza.

Los colores perdían intensidad frente a mí, mientras Edward me hacia un montón de preguntas sin sentido, como que día era, si sabia donde estaba y si podía recordar quién era él. Su voz y la del resto de la gente en la casa, en medio de chillidos y carreras se fueron diseminando, hasta solo convertirse en un murmullo lejano. Podía escucharlos y casi entenderlo, pero no podía articular palabra alguna, por lo que simplemente me limite a tomarle la mano a Edward y apretársela mientras me hablaba, para hacerle saber que continuaba consciente pero en estado de estupor.

No era la primera vez que me pasaba eso.

Esta semana en particular, en medio de la noticia de la maternidad congelada, los exámenes preoperatorios y la cercanía de la cirugía que lo definiría todo, mas el mes y pocos días que le quedaban a la boda de Alice, me había llevado de nuevo a ese estado de cansancio constante, y había vuelto a perder peso.

-Tienes el brazo hinchado. – agrego Edward muy cerca de mi oído, tocando mi brazo izquierdo, a la altura del seno. Tenía como semana y media notando que aparte de lo recrecido del seno, el brazos comenzaba a hincharse. – Voy a llamar a Michael, no sé qué hacer. – se disculpo, como soltando mi mano.

Apreté sus dedos que aun me rozaban en un vago intento por mantenerlo cerca y negué con la cabeza, o al menos lo intente. Sabía que esto se me pasaría, puesto que era la segunda vez en estas dos semanas que entraba en este estado, y la primera había sido en una noche de trabajo largo en la oficina, y obviamente no había contando con nadie más que mi misma para salir del estupor.

Chris hacia preguntas sin parar a Rose, mientras ella insistía en esperar que yo despertara para que le explicara. La voz de Emmet trataba de tranquilizar a Rose cuando ella comenzaba a alterarse al mejor estilo Alice.

Hice un esfuerzo por regresar mucho mas a mi cuerpo, abriendo los ojos y moviendo las pupilas para verlos a todos. Abrí la boca y pronuncie débiles palabras, pero al menos les deje saber que estaba bien.

-Se me pasara en unos minutos. – aclare, antes que Annie se ofreciera a ir por un vaso de agua con azúcar.

Respire profundo, haciendo un esfuerzo por llevar mucho aire a mis pulmones y transferirlo por todos mis músculos. Hice lo posible por darles vida a mis miembros gracias a esta ráfaga de aire.

-Estoy bien, no te preocupes. – hable, ahora sí con toda mi capacidad vocal, mirando a Rose y a Edward. Emmet y Annie habían desaparecido de la habitación junto con Chris, en un intento por calmarlo después de lo ocurrido.

-¿Qué fue eso? – pregunto mi amiga, detrás de Edward y con los brazos cruzados. Paso sus ojos de su cuñado hasta mí, buscando algún indicio de explicación de alguna parte.

-La enfermedad me hace perder peso. – comencé, incorporándome para sentarme. Edward pasó su brazo por mi cintura, poniendo su mano en mi espalda y abriéndola por completo, en un intento por darme en ella un respaldo para sentarme. Le sonreí. – Tuve unas semanas difíciles luego de descubrir lo que tenia y eso empeoro la situación. Tengo un ligero cuadro anémico del que aun no salgo.

-¿Ligero? Te has desmayado dos veces. – ladro él.

-No me desmaye, perdí un poco el control de mi cuerpo. Relájate, puedo sola con eso, no es la primera vez que me pasa. – me aleje de su contacto, apretando la almohada entre mis brazos y buscando para poner los dos pies en el suelo.

-No te levantes aun. – me regaño. – ¿Como que no es la primera vez que te pasa?

-No comiences. – le dedique una profunda mirada, pasando mis ojos suavemente hasta Rose, que estaba aterrada mirándonos y examinando mi estado. Quise decirle a Edward con la mirada que podíamos gritarnos todo lo que quisiéramos después, cuando no tuviéramos la casa llena de gente que no estaba al corriente de mi estado.

-Yo… – trato de hablar ella.

-Déjalo Rose, no te sientas mal, pero hemos tenido un día largo y duro hoy, creo que es mejor que te vayas a descansar. Estuvimos hasta tarde de fiesta anoche, y hoy hablamos de demasiadas cosas para nuestra salud mental. Es mejor que nos demos un respiro.

-Voy a estar aquí hasta el martes. Mañana iré a pasar el día en casa del papá de Edward, pero apenas salga de ella vendré, y hablaremos mejor de lo que me contaste hoy. No me dijiste nada de esto. – señalo mi cuerpo sentado en la cama.

-Hablaremos pronto, no te preocupes. Disfruta tu almuerzo, espero que sea encantador. – intente guiñarle el ojo, pero comenzaba a sentir sueño.

-Voy a ir a despedir a los demás y en un momento estoy contigo. – el cuerpo de Edward se incorporo, haciendo el ademan de seguir la estela que había dejado mi amiga.

-Creí haber apuntado que lo mejor era que se fueran. – replique obstinada.

Había tenido un día largo, ajetreado y una noche anterior de muy poco sueño Quería dormir muchísimo, me sentía demasiado cansada para debatir ninguna mierda con nadie.

-Eso se lo dijiste a Rosalie, porque sabes que no está en condiciones emocionales para enfrentar la bomba que ahora sé que le lanzaste hoy, mas este conato de desmayo y demás. Viste a tu amiga demasiado afectada por un día para procesar nada de lo que estaba pasando, y la corriste por su propio bien, pero yo no soy Rosalie y tenemos cosas que hablar. – salió del cuarto dejando sus palabras en el aire, sin siquiera darme oportunidad de contestarle la sarta de idioteces que había dicho.

¿Es que la gente no entendía que quería estar sola?

Escuche las voces en las salas, y la negativa de Chris a irse cuando Edward lo despechado, nada educadamente. No pude adivinar en qué punto había conversado con Annie, pero no podía entender que palabras habían sido las correctas para despechar a su novia, sola, en medio de un desmayo confuso y quedándose con un mujer en su casa a solas.

Esa clase de escenarios no parecían tener un protocolo correcto.

¿No eres tú, soy yo? No lo creo.

Rodé los ojos, sintiendo como todos salían por la puerta con las caras largas y la lastima pintada en los ojos. Me sentí hervir al ver como Edward dejaba su vida normal y su diversión atrás para supuestamente ayudarme, compadeciéndome más de la cuenta.

Yo no necesitaba esta clase de gestos.

Si, había estado quejándome de que quería una atención y conexión que fuera para mi y ganada por mí, pero nunca me réferi a ver a Edward botar a mi amigo, a su cuñada, hermano y su novia de mi casa para quedarse a cuidar de la moribunda. Esa era la clase de atención que no quería recibir y menos de él. Era macabra y me hacía sentir como el viejo auto que comienza a joder a mitad a de la vía y obliga a su conductor a desviar a los demás.

-Adiós Edward. – susurre, cruzando la puerta de mi cuarto, para encontrarme la sala vuelta un chiquero, entre restos de botanas, los cojines del sofá en el suelo y botellas de cerveza por doquier.

-No me jodas ahora Bella, tengo la leche cortada. – le sonreí.

-Pues fíjate pequeño idiota, yo también. – pase por su lado, ignorando las secuelas del mareo de antes, y me doble a recoger las botellas vacías. El tintineo de estas chocando entre mis manos era el único sonido que rompía el silencio en el que estábamos. – Me gustaría saber cual fue al historia fantástica que le contaste a Annie para que mínimo no te dejara, después de correrla de una casa que ni siquiera es tuya, junto con todo el resto de la reunión.

-¿Eso es lo que te preocupa? ¿Lo que le dije a Annie? – me intercepto en mi camino a la cocina.

-En realidad no, es tu vida, no la mía. – me encogí de hombros.

-¿Sabes que debería preocuparte? Tu amigo Christian llorando como una niña, desesperado por entender que te pasaba y porque parecía tan normal para ti y para mí. Debería preocuparte que tienes un mes enferma y hasta hoy es que Rose lo supo todo, y que manera de corroborar que estas enferma, viéndote desvanecerte en el baño. – lo esquive, llegando hasta la papelera y soltando de golpe las botellas. El vidrio hizo un gran estruendo, mientras algunas se partían del impacto.

-Relájate un poco, son mis amigos, yo veré como me manejo con ellos. Mañana llamo a Christian, me reúno con él, le digo que tengo cáncer y problema solucionado.

-¿Tu siquiera te escuchas a ti misma cuando dices "tengo cáncer"? Porque no lo parece. – grito, haciéndome explotar al fin.

No, no, no. Que se fuera a la mierda.

-Uno, – pinche su pecho con mi dedo índice. – No se te ocurra volver a gritarme en tu maldita vida Edward, no soy tu hija, ni tu hermanita, ni nada tuyo, respétame. Dos, - pinche su pecho ahora con otro dedo. – Si yo me escucho o no decir que tengo cáncer, es mi puto problema. Son mis putos amigos, mi puta enfermedad, mi puto cuerpo y mi puto TODO. Dedícate a vivir tu perfecta vida, que yo veo a ver como arreglo la mía.

Tomo mi muñeca izquierda entre su mano, apretándola con un fuerza que jamás había usado conmigo en el tiempo que teníamos conociéndonos, que no era mucho. Acerco mi cuerpo al suyo, dejándome ver con claridad sus ojos verdes, con la pupila dilatada y su respiración algo alterada.

-Tu puto todo, coincide con mi vida perfecta Isabella, así que como vuelvas a botarme de tu casa y de tu vida, voy a azotarte. – lo mire con una ceja alzada.

-Vete Edward. De todos los lugares donde estés, vete. Annie te espera.

No vi venir el momento, solo supe que era real, cuando sentí como el vacio y silencio del apartamento se veía interrumpido por el sonido sordo de su mano golpeando mi nalga derecha. Sin previo aviso y con el rostro inalterable, había llevado su mano hasta mi nalga y me había azotado con mucha más fuerza que las palmadas juguetonas de siempre. Sentí ardor en la zona y mis ojos se abrieron de par en par, antes de levantar la mano que tenia libre e intentar llevarla a su cara.

-Oh no, ni piensas que me vas a pegar. Más bien, esa energía deberías usarla para llamar a Michael, y hacerte operar de una vez por todas. – levanto mucho mas mi brazo izquierdo, apoyando mi mano en su hombro, aun presa de la suya. – Mira nada más hasta donde ha llegado la inflamación. Esto es absurdo. – baje la cara, sintiendo como gruesas lagrimas se creaban en mis ojos y amenazaban por salir.

-Me pegaste. – fue lo único que dije.

-Fue un impulso. – se disculpo, soltando mis manos al fin y buscando para levantar mi rostro. Lo gire hacia el lado contrario de su contacto, escondiendo las lágrimas que salían a borbotones.

No estaba llorando por la nalgada que el deliberadamente me había dado, y previamente ofrecido. Más bien lloraba por la crudeza del momento que acabábamos de pasar. El acaba de dejar marchar su vida cotidiana por la puerta y la oportunidad de pasar una hermosa noche con su novia, por quedarse a tratar de pelear con mi cerebro y sus maneras de hacer las cosas. Había hecho justamente aquello por lo que yo había luchado para evitar. Abstraerse de su realidad, en un vago intento por acompañarme a vivir la mía. Dejar de vivir su vida por mí.

Habían colisionado un par de caracteres que estaban luchando por controlar una situación de crisis. Por una parte, yo trataba de controlar la sensación de estar inspirando lastima con cada respiro, en un intento por canalizar las ganas que tenia de mandar a todo el mundo a la mierda por hozar mirarme como si me estuviera hundiendo en el mismo infierno frente a sus ojos.

Él por su parte luchaba con las garras para permanecer firme a su decisión, y tratar a su manera, de hacerme sentir responsable de las cosas que estaban ocurriendo con mi salud, y supuestamente hacerme entrar en razón respecto a la condición que tenia.

¿Si yo me escuchaba a mi misma cuando decía que tenía cáncer?

Probablemente no.

-No era para que lloraras. – trato de abrazarme.

-Quiero dormir. – simplemente asintió, tomándome de la mano y cruzando conmigo mi cuarto. Me soltó frente a la cama, mientras yo trepaba por ella, dándole una bonita visión de mi culo, ese que él había azotado minutos atrás.

Me metí debajo de las cobijas, encendiendo el aire acondicionado mientras lo veía cerrar la puerta con él del lado de adentro. Arrugue el ceño, viendo como cruzaba el lugar y hundía la mitad de la cama.

-No te voy a dejar sola Bella, no cuando se te sale por los poros que estas deprimida. –comencé a negar con la cabeza. – Lo estas desde temprano cariño. – limpio una lagrima que ni yo sabía que había derramado. – Desde que cruce la puerta supe que no estabas bien, pero pensé ilusamente que se te pasaría en medio de todo el bochinche que teníamos armado. Me equivoque.

-Estoy mal dormida y me va venir el periodo, eso es todo. – le quite peso a la situación y el negó con la cabeza.

Sus ojos, que antes habían sido penetrantes y oscuros, se habían suavizado, mirándome con una media sonrisa compresiva en ellos. Me escondí de esa mirada condescendiente, que me hacia transpirar.

-No estás mal dormida, ni con síndrome premenstrual. Estas asustada. La cirugía es la próxima semana. – suspire, sintiendo como los ojos se me llenaban de nuevas lagrimas. – Y has leído mas información de la que es sana. Y tienes miedo de las consecuencias, y de Alice y la boda y todo lo que viene. Tienes miedo de seguir viendo a Rose como la viste esta tarde, cuando seguro lloro.

-Si todos lloran, yo simplemente no puedo unirme. Alguien debe ser el cuerdo aquí. – me defendí, mientras me abrazaba al cuerpo de mi mejor amigo.

Una vez más, era Edward el que se quedaba para torear lo peor de mi.

-Tú debes preocuparte por canalizar tus sentimientos Bella. Lo que está aquí adentro. – toco mi pecho. – Tienes todo el derecho a llorar y a sentir miedo de todo lo que viene, y es tu deber preocuparte únicamente por darle solución y canal a esas emociones, las tuyas. No puedes privarte de vivir las tuyas por las de los demás.

-Tengo suficiente con mi propia mierda.

-Eso es muy cierto Bells, tú tienes tu propia mierda, que es bastante y para repartir. No quieras adquirir más de la necesaria.

Nos quedamos en silencio por unos minutos, sintiendo únicamente los sonidos de la ciudad afuera. Las lágrimas en mis ojos salieron de manera calmada, sin hacer mucho ruido, mientras yo miraba la puerta cerrada y las paredes vagamente iluminadas con las formas de la ventana.

-¿Edward? – medio gemí

-¿Uhmm?

-Ten una vida, por favor

-Tengo una Bella. Donde estas tu incluida. - negué con la cabeza.

-Una donde no esté yo. Una sin este drama idiota. Ya tú pasaste por esto, no lo hagas de nuevo. – me separe de él, buscando el contacto de mi cama y darle la espalda. No insistió en volver a abrazarme, y lo escuche respirar profundo.

-¿Sabes? Cuando mi mamá enfermo, yo tenía 10 años. Fueron casi dos años de lucha constante. Una lucha que di sin saber. Uno a esa edad no está consciente en su totalidad de lo que esta pasando, y en el fondo ni siquiera sabes que hacer. El terapeuta que nos veía a Emmet y a mí, me decía que con seguir siendo yo y querer a mi mamá la ayudaba para seguir batallando, pero yo siempre tuve la sensación de que pude haber hecho más. Cuando creci tuve claro que eso que la terapeuta decía, los dibujos que le hacía a mi mamá en la escuela, las visitas al hospital y los juegos que me esmeraba por ganar por ella, eran exactamente lo que estaba a mi alcance. Como mucho podía acompañar a papá por las noches cuando había que perseguir algún antojo que mi mamá tenia para complacerla, o algún medicamento. Sin embargo, la sensación de que le debo algo a mi mamá nunca se perdió. A mi papá le advirtieron que eso podía llegar a pasar en cualquiera de nosotros dos, mucho más cuando la muerte de ella llego y nuestras reacciones fueron tan taimadas. – lo sentí encogerse.

-No hace falta. – apreté su mano.

-Sí que lo hace Bells. Le di a mi mamá todo lo que podía durante esos años. Le di la tranquilidad de morir en paz cuando no hice un drama y no me lance a la fosa en la que la estaba dejando atrás. Le di la paz de saber que su hijo salía adelante, y ayude a papá a mantenerse cuerdo, cuando se quedo solo con dos pequeños y la vida hecha pedazos. Mi casa era un hospital editado. Cruzar la puerta el día que la dejamos en el cementerio fue un choque contra una realidad inútil. Si bien, cuando murió ya tenía una semana fuera de casa, allí nada se había movido. El montón de pastillas en la lacena. Las recetas médicas pegadas en el refri. Los teléfonos de emergencia escritos en la pizarra, junto a las multiplicaciones que practicábamos en las tardes. Era una casa que se había acondicionado para ella, para darle vida, entre la muerte. ¿Sabes? Apesto saber que eso fue lo único que pudimos hacer por ella. Pero más aun, apesto saber que yo, como su hijo, que la amaba con el alma, no pude hacer nada más. Porque era un niño, y en esa condición, no podía tomarle la mano mientras se quejaba de dolor en una cama de hospital. No podía tomar decisiones sobre su condición médica, ni podía pagar los mejores tratamientos para ella.

-Hiciste lo que pudiste. – me enderece, solo para verlo con la mirada perdida en la ventana, sin ningún tipo de expresión.

-Estoy cansado de escuchar eso. Porque lo que podía no era suficiente, y eso es algo peor que comer mierda. – rugió.

-Sé lo que se siente querer cambiar el mundo y simplemente no poder. No estar en condiciones, no lograrlo. – me apreté el seno, cada día mas recrecido. – Se lo que es querer mucho mas. Algo diferente. Otra cosa. Lo que es sentir que no hacemos suficiente por cambiar lo que nos toco, que aparte, no es lo que merecemos.

-Yo estoy en condiciones de hacer mucho más por ti Bella. Yo nunca pude sostener la mano de mi mamá cuando entraba en depresión por la enfermedad, ni cuando estaba triste, ni cuando estaba alegre. Ella siempre actuó como…una mamá, y como tal, pinto siempre el mejor escenario, tratando de amortiguar el drama. Ella adelgazo hasta casi los huesos, y los ganglios se le brotaron por todo el cuerpo. Era espeluznante de ver, pero ella era Esme Cullen, mi mamá, y siempre sonrió ante los dibujos que le llevaba, aunque estuviera demasiado adolorida para intentarlo.

-¿Qué quieres hacer por mi Edward? – apreté su mano, sintiendo como me correspondía. Se enderezo en el colchón, recostándose del cabecero y mirándome por primera vez en el relato.

-Ser un adulto. Poder responder ahora si por esas cosas a las que no les pude hacer frente con 11 años. Saber cuándo te duele, el seno o el alma. Saber cuándo necesitas que corra la mundo de tu casa y me quede contigo, porque el miedo te está ganando terreno. Contigo puedo ser todo lo solidario que no pude ser con ella, porque nunca estuve en capacidad de entender lo que ella necesitaba. Nunca supe cuando era momento de hablar y cuando de callar. Nunca me senté con mi mamá a hablar de lo que tenia, y ella jamás dijo la frase "tengo cáncer" en nuestra presencia. Mi hermano y yo éramos entes aislados de una realidad que termino por chocarnos, y aun así, seguimos actuando durante el resto de los años, como si no pensáramos que algo nos quedaron debiendo. – asentí con la cabeza, mientras nuevas lagrimas me dejaban.

-Les quedaron debiendo una infancia. – inclino la cara, perdiéndose en algo detrás de mí.

-Puede ser. Una niñez, una familia, el placer de hacer algo más. Que se yo que. Pero esto es distinto. – me apretó la mano, entrelazando sus dedos con los míos y mirándome fijamente. –Tengo 27 años Bella, ahora no puedes simplemente sacarme de la situación y hacerme un ente aislado. Por razones que desconocemos, esa noche de julio fui yo el que llego hasta ti. Nos encontramos Bells y hemos tenido que llevar un mes de todo esto, juntos. No puedes pretender ahora, que vuelva a actuar como un espectador de una situación que conozco, y ahora entiendo. – solté todo el aire.

Sentí mi pecho contraído por el nudo que se formaba en mi garganta. La vida entera colapsando sobre mi cuerpo. La mía, y la suya. Ambas puestas sobre mis brazos con demasiada ligereza. Un manejo de anécdotas, y las imágenes que se dibujaban en mi mente, de ese bonito niño de ojos claros, que se acerba a la cama de esa mujer que se desvanecía, en un vano intento por hacerla sentir mejor. Logrando su cometido de una manera ficticia, pero sin saberlo.

-Yo no soy tu mamá Edward. No somos el mismo caso. Y si, podemos no tener el mismo final, pero podemos terminar igual. Que esta vez sí tengas la consciencia para intervenir, y apoyarme de verdad, no quiere decir que puedas cambiar los resultados. Que no tuvieras entendimiento pleno de lo que tu mamá estaba pasando, no quiere decir que eso que hiciste por ella no era lo que justo necesitaba. No viví su caso, ni tampoco he estado en tus zapatos, pero desde mi perspectiva, a veces solo quiero normalidad. No quiero que esto defina mis relaciones, ni la manera como los demás se comportan conmigo. Tal vez cuando pequeño no dejabas de ir a la escuela por quedarte con ella, y eso era en el fondo lo que ella necesitaba. Saber que tu vida seguía con la mayor normalidad posible. Ya suficientes trastornos te causaba la realidad, no había que agregar más. – dije con voz trémula, tratando de transmitirle la mayor calma posible, a pesar que estaba abstraído.

La normalidad es el mejor remedio contra los traumas. La gente suele tratar de aislarse de la realidad y retirarse de sus vidas cuando algo fuerte les ocurre. Se mudan, se cambian de estado, de país, de nombre. Nos encerramos por días.

Para cada quien el proceso de superación de un golpe es distinto. La experiencia reciente, donde me había abstraído en mi misma en el nivel más básico, me había llevado a pensar que era la realidad lo que de verdad quería. La sensación de cotidianidad. No permitir que mi vida y la de los que me rodeaban se abstrajeran junto a mí, directo a un hoyo lleno de dramas y porqués innecesarios.

-No hay que darle más fuerza a lo que de por sí la tiene. Esto que me está pasando, tiene todo el poder para cambiar mi vida y absorberme, pero debo seguir. Debes seguir. – lo mire a los ojos. – Mañana puede ser el día donde me operen, pasado el día donde me hagan la quimio y en una semana me curo. Lo logramos. Pero también puede transformase en mas de los 2 años que viviste. Puede ser toda una vida, y eso nadie lo sabe. No puedes seguir echando a tu novia de mi casa para quedarte conmigo porque tengo cáncer y estoy deprimida. La enferma soy yo, y la vida tuya es otra cosa. Puedo pasar 10 años entrando y saliendo de este cuadro, y por ende, entrando y saliendo de depresiones. Tendré que aprender a pagarle a un extraño por un poco de terapia y a canalizar mis temores. A formar una vida, una familia y un trabajo, sin interrumpirlo, por la enfermedad. ¿Imaginas detenerme 10 años a dar saltos y tumbos por esto?- cuestione.

-No quiero quedarme fuera. – se quejo.

-No te estás quedando fuera. Estas más adentro que la mayoría de la gente a quienes les corresponde. Estas aquí conmigo, y en las consultas, y en las tardes donde quiero tontear y en todos los momentos donde soy yo y en donde no soy tan yo como siempre. Estas tan dentro que asusta pensar que al final la que quede afuera sea yo, y tú no halles como regresar a la normalidad. – negó con la cabeza.

-No trates de protegerme, sé que tengo la fortaleza para hacerle frente a lo que viene, sea estar dentro contigo, o dentro sin ti.

Le sonreí a medias, sintiendo nuevamente ganas de llorar y el miedo abrazándose a mis huesos.

¿Era normal tener miedo a morir?

¿Era normal tener miedo a dejar atrás?

Este hombre frente a mí, eran esa clase de personas que entran de sopetón y que tienes miedo de perder. Era como imaginarme más allá de la vida sin mi papá. Vacía y extrañándolos.

-Soy la propia bomba de tiempo Edward. Yo te recomiendo que te alejes antes que explote.

-Voy a desactivar a esa bomba. Juntos lo haremos. – cerro el espacio entre nosotros, abrazándome.

Inhale todo el aire posible, llenando mis pulmones del olor de su perfume, mientras me aferraba a su espalda. Gruesas lágrimas volvieron a salir, sintiendo que había llorando demasiado para mi costumbre en estos últimos minutos.

Todo comenzaba a caer a mí alrededor, mientras el reloj avanzaba. Era una bomba de tiempo, y no sabía cuánto de este me quedaba.


*Le robaste el tetero al niño Jesús, es una expresión muy común en mi país, que se usa para tratar de señalar que algo muy malo hemos hecho para que nos vaya tan mal. Suele ser usada cuando pasas muchos momentos malos juntos, sin encontrar una razón aparente para todos esos hechos y simplemente dices que le robaste el tetero al niño Jesús.

Ya ven, actualice pronto.

Este capitulo está hecho con mucho sentimiento. Hice lo posible por mantener la línea de escritura lo mas lejos del drama, fiel a la historia y a como es Bella, sin embargo, me disculpo si falle. La narrativa de la historia de Edward, tiene demasiado de mí, y fue catártico poner todas esas experiencias en letras a través de alguien más.

Ahora, ustedes pueden entender la razón por la cual Edward llego y se quedo, y si niega a irse. También vieron otro lado de Bella. ¿Alguien alguna vez ha experimentado esa sensación de no encajar, cuando están reunidos con sus amigos? Pues yo si.

Mi país sigue mal. Parece que va a peor. Recemos por Venezuela.

Gracias por los comentarios. Recibi solo dos, pero me alegro que sigan allí al menos.

Fuerza para Annie, no es mala, tiene su encanto.

Comentarios? Gracias!