Capítulo 14

El funeral de Susana tuvo lugar dos días después del accidente. Davy parecía haberlo tomado con tranquilidad, pero Terry no podía estar seguro de ello, así que decidió que a partir de ese momento comenzaría a ir a terapia, tal vez estaba exagerando, pero lo único que quería era que su hijo estuviera bien.

No había hablado con Candy en esos dos días que habían pasado, y en verdad tenía ganas de hacerlo. Necesitaba sentirla a su lado en ese momento en el que se sentía tan agotado por todo lo que estaba sucediendo, pero ya habría tiempo para ello. Ese beso que se habían dado significo mucho para él, y estaba seguro que también para ella.

Extrañamente era un día radiante y soleado. Todos los funerales a los que él había presenciado se habían realizado en días grises y lluviosos, como si el clima acompañase la tristeza de los familiares y amigos del fallecido. No quiso detenerse a pensar en el significado de aquello, no le parecía correcto hacerlo, sobre todo cuando los padres de Susana continuaban culpándolo por la muerte de su hija. Tan solo quería que ese día acabase para poder enfocarse a las cosas que en verdad le interesaban. El día siguiente tendría que presentarse en la escuela para comenzar con los ensayos de la obra a la cual se había comprometido a ayudar, y si algo bueno salía de aquello era que pasaría más tiempo con Candy.

Una vez despedidos los restos de Susana, la mayoría de los presentes comenzaron a retirarse, solo quedaron parados frente a la tumba los señores Marlowe y Eleanor quien intentaba consolarlos. ¿Dónde demonios estaba su padre? Estaba seguro de haberlo visto junto a su madre hacía unos instantes, pero ahora no estaba en ningún lado. Tenía que encontrarlo para decirle que ya se marcharían.

- Ve con la abuela – Le dijo a Davy – Iré a buscar a tu abuelo y nos iremos a casa.

- Sí, papá – Davy fue al lado de Eleanor y Terry comenzó a caminar en busca de su padre.

Necesitaba irse de allí cuanto antes, no le gustaban los cementerios, y Susana no era una persona importante en su vida como para llorarla desconsoladamente. De acuerdo… era la madre de su hijo, y eso la hacía, si no importante, al menos relevante para su vida, pero el daño que le había hecho era demasiado como para sentir tristeza en aquellos momentos.

Continuó caminando mientras se internaba más en el cementerio, estaba anocheciendo y el lugar comenzaba a ponerse tenebroso. Comenzó a caminar por entremedio de las bóvedas preguntándose donde se había metido su padre. No podía estar demasiado lejos.

- ¡Maldita sea! – La manga de su saco se había enganchado con la rama de un árbol arruinando su mejor traje.

Estaba examinando los daños cuando a lo lejos oyó unas voces. Se acercó para escuchar un poco mejor…

- ¿Cómo demonios ha sucedido esto? – Decía una voz de hombre en tono de enfado.

- ¿Qué importa? – Dijo una mujer – Lo único que me interesa saber es que haremos ahora.

Esas voces sonaban familiares. Terry se acercó un poco más para ver de quien se trataba y, asomado desde detrás de una pared, pudo distinguir a la mujer que había conocido semanas atrás, Stella, esa empleada de Candy. El hombre estaba de espaldas, pero Terry podría reconocerlo a kilómetros de distancia… era su padre.

- ¿A qué te refieres? – Continuó él.

- No puedes mantenerte al margen ¡Es tu responsabilidad!

- De acuerdo… - Dijo Richard intentando tomar las cosas con calma – Mañana iremos a Chicago y lo solucionaremos, todos los cargos correrán por mi cuenta.

- ¿Estás pidiéndome que aborte?

Terry se quedó sorprendido con esa declaración, pero de pronto recordó ese pisacorbatas que había encontrado en el piso de la joyería, era de su padre y eso significaba que él había estado allí, con Stella.

- ¿Qué esperabas que hiciera? – Le contestó Richard con burla – ¿Que reconociera al hijo que estas esperando y le diera mi apellido? ¡Estoy casado! Y no voy a dejar a mi mujer por una aventura.

El rostro de Stella se desencajó al escuchar como Richard se refería hacia ella y lo que habían vivido juntos, pero su expresión cambió al comprender que lo que él decía era cierto.

- De acuerdo – Dijo al fin – Iré contigo a Chicago.

Terry trato de alejarse de allí completamente asqueado por lo que había oído. Nunca había confiado por completo en su padre, pero tampoco había imaginado que podía llegar a serle infiel a su madre hasta el punto de llegar a tener un hijo con otra mujer, un hijo que, por lo que había oído, no llegaría a nacer ¿Acaso su padre era tan desalmado como para asesinar a su propio hijo? ¿Qué importaba si era fruto de una relación extramatrimonial? Davy tampoco había nacido del amor que él y Susana sentían el uno por el otro, pero lo amaba profundamente, aun cuando había significado el motivo por el cual se había separado de Candy. No podía creer que su padre estuviera haciendo aquello, ahora se daba cuenta que no lo conocía en absoluto, y probablemente tampoco su madre.

Se puso a pensar en Eleanor y en lo mucho que sufriría si llegase a enterarse de la aventura de su padre. Era una mujer muy frágil, y Terry sabía que no soportaría una traición semejante. Sentía la necesidad de desenmascarar a su padre, pero al mismo tiempo preservar los sentimientos de su madre. Se encontraba en una posición difícil, y sinceramente no sabía cómo actuar.

ooo

Candy había pasado los dos últimos días tratando de quitarse a Terry de la cabeza. El beso de aquella noche había echado a perder todos sus intentos por olvidarlo. Sabía que no podría continuar evitándolo por mucho, pero de todas maneras decidió ocupar su mente en algo más.

Si bien su abuela se había opuesto a que buscara a su amor de la adolescencia, Candy podía llegar a ser muy obstinada. Dedicaba largas horas a su nueva tarea, y en ese poco tiempo había descubierto que el trabajo de detective no era nada sencillo. Había buscado en las redes sociales de internet el apellido Stein, y lamentablemente había encontrado cientos de resultados que coincidían con su búsqueda, la cual limitó añadiendo el nombre de Jakob. Sabía que era casi improbable que un hombre de la edad de él formara parte de las redes sociales, francamente no se imaginaba a su abuela etiquetando fotos en Facebook o dejando mensajes en Twitter, pero tal vez con suerte encontraría alguna pista. Había estado revisando clandestinamente las cosas de su abuela, y en uno de los cajones de su cómoda había encontrado una foto de ella en su juventud. Candy ya sabía que si había alguien en la familia con la cual se sentía identificada era con su abuela, pero por primera vez en la vida, al ver esa foto, se había dado cuenta de lo parecidas que eran, prácticamente nadie podría distinguir si se trataba de ella a no ser por la calidad de la foto y el contexto. Al lado de Helena se encontraba un joven muy apuesto de cabello oscuro, no podía distinguir el color de sus ojos, ya que se trataba de una foto en blanco y negro, pero podía deducir que eran claros, verdes o azules tal vez. Era Jakob, de eso no cabía duda, pues en el reverso de la foto podía leerse claramente su nombre. Bien… eso era un progreso, si bien habían pasado demasiados años, aquel joven poseía unos rasgos bien definidos que podían ser fácilmente reconocibles.

Había perdido la cuenta de la cantidad de perfiles de Facebook que había visitado cuando encontró una foto que le llamó la atención. Su nombre era Alexander Stein, y era el mismo rostro que había visto en aquella vieja fotografía. Candy sabía que no podía tratarse de la misma persona, pero tal vez si se tratara de algún familiar. Envió una solicitud de amistad a ese tal Alexander, sabía que estaba haciendo una locura ¿Qué podía llegar a decirle sin parecer una loca en el intento? Tal vez todo eso que estaba haciendo era una locura, pero quería hacerlo por su abuela.

- Supongo que solo queda esperar – Dijo con un suspiro mientras cerraba su notebook.

Eso era todo lo que podía hacer por el momento. No podía permitirse contratar un investigador privado, tampoco había averiguado cuánto costaría, pero suponía que no sería barato. Después de todo ¿Quién necesitaba un investigador privado en la época de la tecnología? Había leído noticias de personas que se habían reencontrado después de muchos años gracias a "la magia de internet". Tal vez ella corriera con la misma suerte.

Se levantó de la silla y fue hacia la cama donde tenía extendidas las telas que había comprado para hacer los trajes de la obra escolar. Patty la había llamado la tarde anterior y le había informado muy alegremente que Terry también colaboraría con la obra. Ahora tendría que verle la cara todos los días, y eso no le caía demasiado bien, sobre todo el hecho de que su corazón había dado un vuelco al oír aquello. No quería que le importase pero así era, y no podía hacer nada al respecto.

Alguien golpeo la puerta de su habitación, y antes de que Candy diera permiso, entró su madre.

- Tengo muchas cosas que hablar contigo – Le dijo Rebecca mientras se sentaba en la cama. En sus manos llevaba una carpeta, y Candy no tuvo que preguntar que contenía – Todo esto va a volverme loca.

- ¿Es sobre la boda de Zach? – Le preguntó Candy mientras se sentaba a su lado.

Lo cierto era que no quería formar parte de esa locura, pero tampoco su madre, así que decidió ser condescendiente con ella.

- Seremos el hazme reír del pueblo – Comentó Rebecca con fastidio – Mi hijo ha embarazado a una "no" judía y ni siquiera están casado.

- Pero van a hacerlo.

- Así no es como deben suceder las cosas Lo comprendes ¿Verdad? – Candy asintió con la cabeza – Ese bebé ni siquiera será judío.

- Vamos, mamá – Intentó consolarla Candy - ¿Qué importancia tiene eso?

- Tú no entiendes…

- Escucha, a mí tampoco me gusta la relación de Zach con Annie, pero ella está embarazada y ese niño será tu nieto.

- Lo sé, lo sé… supongo que tendré que acostumbrarme a la idea – Dijo mientras intentaba calmarse – Por cierto… Zach ha llamado, quiere que seas la madrina de la boda.

- Debes estar bromeando – Candy rió con escepticismo.

- ¿Por qué? Eres su hermana y es normal que te escojan a ti como madrina se su boda.

- No, no, espera un momento – Candy intentaba no enfadarse con su madre por lo que le estaba diciendo – Asistiré a esa ridícula boda, pero bajo ningún concepto puedes pedirme que sea la madrina de honor.

- Pero…

- ¡No! No lo haré y punto.

- De acuerdo… no insistiré con el tema – Por supuesto que lo haría – Solo piénsalo.

Candy suspiró con resignación.

- Déjame ver que llevas ahí – Extendió la mano y tomó la carpeta que Rebecca llevaba en sus manos, pero al abrirla la invadieron las náuseas.

- Es el catálogo de pasteles – Dijo su madre – Creo que el de la página quince es el más apropiado ¿Tú qué opinas?

Candy no pudo contestar a la pregunta de Rebecca, pues ya estaba corriendo hacia el baño. No sabía por qué, pero al ver esa foto de un enorme pastel blanco decorado con florcitas glaseadas color rosa se le revolvió el estómago. Nunca antes le había pasado algo así ¡Amaba los pasteles! Podría comerlos a toda hora, pero en ese momento no podía siquiera pensar en ellos.

- ¡Oh, querida! – Candy sintió como su madre recogía su cabello mientras Candy estaba tirada en el piso vomitando en el retrete – Algo debió haberte caído mal… Has almorzado en ese bar devuelta ¿Verdad? No me gusta que comas allí… quien sabe qué cosa te están sirviendo.

- No hay nada de malo con la comida de Beth – Logró decir Candy – Tal vez sea el chocolate que comí esta mañana…

Claro, había tantas posibilidades que el bocadito de chocolate que había comido fuera la causa de su malestar como que… ¡No! No quería pensar en ello, seguramente era el chocolate.

- Como sea… a partir de ahora te prepararé la comida que llevarás al trabajo.

Candy no tuvo fuerzas para replicar. Se sentía verdaderamente mal y solo quería acostarse en su cama y dormir sin pensar en nada más.

ooo

Durante el resto del día Terry no se atrevió a enfrentar a su padre. Richard había estado distante y fastidioso, y no dejaba que nadie se le acercase.

- Mañana tendré que viajar a Chicago por cuestiones laborales – Le dijo a Eleanor durante la cena.

- Pero apenas has pasado un par de minutos con Pete… él te necesita en estos momentos. No puedes fallarle.

- Estaré aquí por la noche – Contestó él secamente – No puedo dejar a un lado mi trabajo. Pete estará bien.

Eleanor no fue capaz decir nada más. Sabía que nada haría cambiar de opinión a su marido quien, a pesar de haber estado casados por más de 30 años, sentía que cada vez conocía menos al hombre del cual se había enamorado.

Terry solo miraba la escena con una profunda rabia. Hubiera querido gritarle a su padre e insultarlo por la manera en que estaba tratando a su madre, y tal vez lo habría hecho si Davy no hubiera estado presente.

- Mañana comenzare a dar clases de interpretación en la escuela para la obra que están ensayando.

- Oh, querido – Le dijo su madre con una sonrisa en el rostro – Es perfecto que vuelvas a trabajar en lo que te gusta.

- No voy a cobrar por ello, mamá – Explicó Terry – Me he ofrecido como voluntario.

- De todas maneras… me parece una gran idea.

- ¿Por qué no ocupas tu tiempo en algo productivo? – Comentó su padre despectivamente.

- Esto es productivo para mí – Dijo Terry entre dientes.

- ¿Ah sí? ¿Y porque no cobras por hacer ese trabajo?

- Porque no lo necesito.

- ¡Tonterías! Todos necesitamos dinero. Tenías un buen trabajo allí en Nueva York, pero lo dejaste todo por volver aquí a vaya uno saber qué.

- He ganado lo suficiente como para vivir con comodidad – Terry decidió pasar por alto la indirecta de su padre - Aunque últimamente he estado pensando en montar una escuela de teatro aquí en Lakewood.

- ¿Qué dices? ¡No puedes cometer esa estupidez!

- ¿Por qué no? – Lo desafió Terry – La actuación es algo que me apasiona, y no encuentro mejor trabajo que enseñar todo lo que se a jóvenes que compartan la misma pasión que yo.

- Lo que deberías hacer es volver a Nueva York y rogar a los productores de teatro que vuelvan a incluirte en alguna de sus obras. Con un poco de suerte retomarás tu carrera y volverás a ganar dinero.

- No pienso irme de Lakewood. Soy feliz aquí.

- Y por eso siempre serás un don nadie – Richard se levantó de la mesa completamente enfadado – Si continuas con esos sueños estúpidos perderás todo lo que alguna vez supiste ganar, y no quiero que vengas a mí cuando necesites dinero para darle de comer a tu hijo.

Richard se retiró del comedor, y todos en la mesa se quedaron en silencio. Terry lamentaba que su hijo haya tenido que oír esa discusión tan desagradable, pero ¿Qué más podía esperar de su padre?

- No te preocupes por eso – Le dijo Eleanor – Creo que la idea de montar una academia de teatro es muy buena. Cuenta conmigo para lo que necesites.

- Gracias, mamá.

Era bueno saber que al menos contaba con el apoyo de su madre. Terry había estado pensando con seriedad en abrir esa academia. Si bien era cierto todo lo que le había dicho a su padre, sabía que no pasar el resto de su vida sin trabajar, viviendo de lo que había ganado en su época de actor. La actuación era lo único que sabía hacer bien, y enseñar podría llegar a ser muy gratificante, ya lo sabría al día siguiente con su primer clase oficial.

Continuará…


En primer lugar quiero pedir disculpas por la tardanza, pero tengo una buena excusa, mi Windows office caducó y me costó trabajo conseguir que vuelva, por lo que no pude escribir una sola palabra, pero ahora ya tengo mi Word y puedo seguir publicando.

También sé que el capítulo es algo cortito, pero es lo mejor que pude hacer en tan poco tiempo…

Espero que les guste =)

Besosssssssssssssss