.
Capítulo 13: La persona más querida.
.
.
Dumbledore se incorporó lo más rápido que pudo, pero el brusco movimiento hizo que una fuerte corriente de dolor le recorriera el brazo hasta el hombro. Si le preguntasen, diría que era una sensación similar a estar ardiendo en llamas por dentro. Dio una profunda bocanada de aire y terminó de ponerse en pie.
La profesora McGonagall entró, tratando de recuperar el aliento. Se le veía tan nerviosa que el director comenzó a preocuparse al respeto, Minerva siempre conservaba la calma.
-¿De qué clase de ataque hablas?- le preguntó, una vez que ambos se sentaron en sus respectivos asientos.
-En los pasillos, Albus. Malfoy está herido…
-¿Cómo se encuentra?
-Bien, ya está siendo atendido en la enfermería.
-En ese caso, estoy seguro de que Poppy lo dejará como nuevo. ¿Harry ha sido notificado del suceso?
-¿Notficado? ¡Fue él quien lo llevó a la enfermería!
-¿Quieres decir que fue Harry quien lo atacó?- preguntó sorprendido.
-No, claro que no- aseguró la profesora.
-Dime algo, Minerva ¿cómo se comportaba Harry con el señor Malfoy?
-¿Señor?
-¿Cómo se comportaba?
-Bueno… cuando llegué a la enfermería, Malfoy ya estaba recostado en una cama. Sangraba por el costado y Potter estaba manchado también. Intenté preguntarle lo que había sucedido, pero estaba demasiado nervioso por lo que le fuera a suceder a Malfoy, que Madame Pomfrey insistió en hacerlo tomar filtro de la paz. Le ordenó que se recostara en otra cama, pero Potter insistió en permanecer junto a Malfoy mientras le curaban, incluso prometió quedarse quieto antes de que se lo sugirieran.
-Así que ha sido mi imaginación…- murmuró el director, más para sí que para Mcgonagall. –Entonces, si no ha sido Harry, ¿quién atacó al señor Malfoy?
-Dos miembros de su propia casa, señor: Vincent Crabbe y Gregory Goyle.
-Pero ¿por qué, le han descubierto?
-No lo creo. Según me explicaron ambos, el ataque iba dirigido hacia Potter, pero Malfoy se interpuso.
-Ya veo…
-Señor, esos dos son un peligro dentro de la escuela, no les irá a permitir quedarse ¿no es así?- preguntó, inquieta.
-No, por supuesto que no- dijo después de una larga pausa. –pero… cualquiera que sea la decisión que tome, traerá consecuencias muy desafortunadas.
-¿Albus, qué clase de consecuencias?
-No lo sé- dijo, suspirando pesadamente, tratando de no hacer caso a dolor –ojalá lo supiera, Minerva.
Dentro de la enfermería, Harry y Draco mantenían una discusión bastante acalorada y no precisamente en el buen sentido de la expresión.
-No pienso pasar la noche aquí- protestó Draco, sentado a orillas de la cama, con el torso desnudo, dejando a la vista el vendaje que le rodeaba el torso desde la altura de las costillas hasta la cintura y un parche cubriéndole una cortadura en la mejilla que no había comenzado a sangrar hasta que llegaron a la enfermería.
-¡Claro que lo harás! Ya escuchaste a Madame Pomfrey, tienes que guardar reposo o la herida se abrirá de nuevo.
-Puedo guardar reposo desde mi habitación, no es como si me estuviera muriendo…- se quejó.
-¡No te atrevas a decir eso, ni siquiera en broma!- exclamó Harry, tratando de contener sus ganas de gritar. No quería que madame Pomfrey le diera una poción para dormir sin sueños como le había amenazado si no se tranquilizaba y ahora que ella se había ido a su oficina, no quería atraerla de regreso. –No quiero ni pensar lo que habría pasado si no hubieras esquivado a Goyle.
-Ven aquí- dijo Draco, invitándolo a sentarse a su lado. Harry así lo hizo y cuando Draco lo atrajo hacía sí se dejó abrazar, apoyando la cabeza en su hombro.
-No quiero perderte.
-No lo harás- le aseguró, recargando los labios contra su cabeza.
-Sólo quédate aquí esta noche. Sólo por hoy- murmuró.
-De acuerdo, me quedaré.- aceptó de mala gana.
-Estaré contigo- le aseguró- tampoco quiero dejarte sólo con ese par- dijo refiriéndose a Crabbe y Gole, quienes permanecían inconscientes en sus respectivas camillas.
-Pomfrey dijo que estrían así hasta mañana.
-Mejor no arriesgarse.
-¡Vaya! Van a llover gnomos, Harry Potter no quiere hacer algo arriesgado- se burló, pero Harry se apretó más contra él.
-No cuando se trata de ti. Por eso dormiré aquí esta noche.
-De haber dicho eso desde el principio, no habría armado tanto escándalo- dijo con una sonrisa afectada, recargando la espalda en la cabecera de la cama y subiendo las piernas, llevando a Harry junto con él. Ambos permanecieron así, recostados en silencio unos minutos hasta que Draco se dio cuenta de que el moreno se había quedado dormido. Le quitó las gafas con cuidado y las dejó a un lado. Habían sido tantas veces las que tuvo a Harry de esa manera, entre sus brazos, pero jamás por la noche… al menos no una completa. Por un momento consideró permanecer despierto toda la noche sólo para poder verlo dormir, pero estaba cansado y las pociones que había bebido hacia unos instantes le reclamaban unas cuantas horas de sueño, así que en contra de su voluntad, sus ojos se cerraron poco a poco hasta que la luz del sol le dio de lleno en el rostro.
Ron y Hermione estaban muy nerviosos. La noche anterior Harry había salido sin decirles nada y a la mañana siguiente no había llegado a dormir. Su comportamiento les inquietaba, pero en cuanto escucharon rumores sobre un ataque y la aparente expulsión de Crabbe y Goyle, no pudieron pensar en nadie más que en Harry. Después de todo, el moreno no había aparecido en su primera clase… había sido hasta la segunda hora de clases, después del almuerzo, que McGonagall lo había traído casi a rastras al salón de clases.
-¡Pero, Profesora…!- protestaba el moreno, intentando soltarse de su agarre, sin éxito.
-No hay pero que valga, señor Potter. Ahora, vaya a su asiento- ordenó.
-¡Pero…!
-No me obligue a quitarle puntos a su casa, Potter- le advirtió.
Harry no protestó más y se sentó haciendo gala de todo el inconformismo que sentía.
Ambos sentían una curiosidad enorme por lo que había sucedido y querían preguntárselo, pero Harry sentó lo más alejado posible de ellos y era obvio que seguía molesto con ambos ya que el resto del día permaneció alejado de ambos y cuando terminaron las clases simplemente desapareció.
Luego de una semana, fue alguien más quien comenzó a llamar su atención… o más bien, a brillar por su ausencia. Draco Malfoy no se presentaba a clases y Harry no paraba de desaparecer por las tardes, y en las noches no llegaba a dormir a su habitación, la situación era algo alarmante, así que una tarde decidieron salir a buscarlo por todo el castillo. Pasaron por las torres, la sala de menesteres, la cabaña de Hagrid, el lago… pero no había rastro de Harry. El único lugar que les faltaba era la enfermería.
Grande fue su sorpresa, cuando escucharon la voz del moreno desde la puerta. No distinguieron lo que decía, pero eso les animó a entrar. Dentro había una escena bastante familiar pero no por ello menos desconcertante.
Sentado sobre una camilla, se encontraba Draco Malfoy, estrechando la mano de Harry entre las suyas.
-…entonces tiraste de mi pie y los dos caímos al lago- dijo el rubio.
-No me explico cómo no me ahogaste- rió Harry.
-Lo intenté, pero esa cabeza hueca tuya flota…-
-¡Oye…!- se quejó el moreno haciendo reír tanto a Draco que el parche de su mejilla comenzó a mancharse de sangre.
-Mierda…- murmuró sintiendo el ardor recorrerle el rostro.
-¡Draco!- exclamó Harry –iré por madame Pomfrey.
-No descuida, pasa de vez en cuando…- le dijo, pero Harry ya se había levantado. Fue entonces cuando se percató de la presencia de Ron y Hermione, quienes se habían quedado absortos, observándolos. Harry frunció el ceño al verlos, pero no les dijo nada, apresurándose hacia la oficina de la enfermera.
Los dos permanecieron de pie, sin saber qué decir, hasta que Draco dijo suavemente, desde su cama:
-¿Aún no les dirige la palabra, cierto?
-No…- murmuró Hermione, negando con la cabeza. Ron sólo desvió la mirada.
-Denle tiempo- les dijo –no crean que él no los echa de menos.
-Pues parece muy cómodo contigo- dijo Ron, amargamente.
-Naturalmente, me ama- contestó como si fuera la cosa más simple del mundo –pero siguen siendo sus amigos, no importa lo idiotas que puedan llegar a ser.- parecía que Ron iba a replicar, pero Malfoy tenía razón: habían sido algo idiotas y no podían negarlo.
El rubio se llevó una mano a la mejilla, ahora completamente empapada de sangre y maldijo por lo bajo, regresando su atención a Ron y Hermione.
-¿Qué hacen ustedes dos aquí, por cierto?- les preguntó, alzando una ceja.
-Malfoy ¿Qué fue lo que te…- comenzó a preguntar la castaña, pero fue interrumpida por Madame Pomfrey, quien llegaba corriendo detrás de Harry.
La enfermera se apresuró a administrarle pociones y ungüentos al rubio, luego de limpiarle y vendarle la herida. Antes de irse, le dio a beber una poción para dormir sin sueños, dejándolo fuera de combate en pocos minutos. Harry permaneció sentado a su lado, acomodándole los rubios cabellos que insistían en caerle por el rostro. Ron y Hermione también permanecieron ahí, de pie, observándolos.
-¿Y bien?- les preguntó, sin apartar las manos o la mirada de Draco.
-¿Qué le ha sucedido a Malfoy?- preguntó Hermione. Las manos de Harry se detuvieron unos instantes y lentamente recuperaron su tarea mientras comenzaba a hablar.
-Lo atacaron- les dijo –en los pasillos, por defenderme.
-¿Han sido Crabbe y Goyle, no es cierto?- preguntó Ron –Escuchamos rumores sobre su expulsión, pero nadie sabe debido a qué.
-Me habían preparado una emboscada, pero Draco los detuvo- dijo Harry, levantando la cabeza para mirarlos de manera severa. –Vaya sorpresa, ¿no? Salvado por un mortífago. Supongo que eso los debe de tener muy molestos- ironizó.
-Harry, por favor- pidió Hermione –hemos venido a disculparnos.
-Ya les he dicho que eso no tienen que hacerlo. No con migo, al menos.- dijo, regresando su atención a Draco.
-Lo comprendemos, Harry. Te extrañamos y no queremos arruinar esto sólo porque tu relación con Malfoy nos tomó un poco por sorpresa. – dijo Hermione, seguida de un asentimiento tenso por parte del pelirrojo.
-Comprendemos que no fue lo correcto meternos con tus recuerdos- continuó Ron –pero debes saber que sólo lo hacíamos porque creímos que era lo mejor, somos tus amigos, Harry y nunca haríamos algo en tu contra o que te hiciera daño… no deliberadamente.
-Cuando ustedes llegaron…- dijo Harry, apenas alzando la voz –Draco me contaba de nuestro cuarto año. Han sucedido tantas cosas, pero ahora sé lo que sucede y a Draco no le importa que no recuerde nuestro pasado mientras yo le siga queriendo- dijo regresando su atención al rubio –pero a mi si me importa, sé que es doloroso para él que yo no sepa todas estas cosas, pero lo quiero a pesar de todo, aunque ni siquiera sepa por qué lo hago, siento que no podría vivir en un mundo en el que Draco no se sintiera de la misma manera que yo cuando lo tengo cerca. Espero que ustedes sean capaces de comprender esto algún día…- terminó en un susurro, tomando suavemente la mano de Draco. Todo él estaba más pálido que de costumbre, seguramente por la constante pérdida de sangre y eso le inquietaba a Harry, Ron y Hermione lo sabían por la expresión que el moreno llevaba en el rostro.
Sin tener nada más qué decir, se retiraron lentamente, dejando a Harry sólo con sus pensamientos… y con la persona a la que más quería en el mundo.
Aquella noche Severus Snape y Minerva McGonagall, permanecieron sentados a un lado de la cama de Dumbledore de la misma manera en que Harry lo había hecho con Draco durante toda la tarde, hasta que Madame Pomfrey había insistido en que se recostara en otra camilla y descansara un rato.
Albus Dumbledore había tenido una larga vida, sin duda. Había tenido el tiempo suficiente para convertirse en un hombre sumamente inteligente… aunque nunca había sido tonto. Bueno, tal vez sí lo fue. Sus delirios de grandeza y su constante convivencia con el joven y apuesto Gellert… o ¿debería llamarlo Grindelwald? Daba lo mismo, en ese entonces, en su parecer, sí que había sido un tonto. Un tonto enamorado, pero un tonto a fin de cuentas. Lamentaba mucho cómo se habían dado las cosas entre ellos, lo que en un principio apuntaba para un futuro brillante y una larga amistad, no hizo más que terminar en una terrible tragedia. Albus aun veía a Ariana en el espejo de Oesed, ella era su mayor pecado y su más grande culpa, y ahora, después de tantos años, por fin se reuniría con ella… y con Gellert ¿por qué no? Había esperado tanto tiempo para disculparse con su hermana, que casi se encontraba impaciente por reencontrarse con ella una vez más.
Se encontraba bastante tranquilo, había dejado todo listo para su partida, lo único que le faltaba era marcharse, y tampoco tardaría mucho en hacerlo. Su brazo por fin se había ennegrecido por completo, cubriéndole parte del hombro y del pecho. Estaba seguro de que la maldición por fin tocaba su corazón. No sentía dolor. Severus había tenido la amabilidad de darle una considerable cantidad de poción, lo suficiente como para desaparecer cualquier molestia, aun así sentía un interminable cosquilleo en la zona afectada, y la parálisis le había abrazado por completo. No había nada que hacer, y tampoco era como si desease evitar lo inevitable, lo único que lamentaba, era no quedarse lo suficiente para seguir ayudando a Harry con su lucha, pero confiaba en el muchacho y sabría que lo haría bien. Después de todo, el amor era la magia más poderosa existente, y Albus no conocía a nadie que amara de una forma tan honesta como Harry.
Sólo una cosa le inquietaba, referente a la reciente expulsión de Vincent y Gregory. Para él no era un secreto que los padres de esos chicos pertenecían al círculo de Voldemort y era seguro que no tardarían en seguir los pasos de sus progenitores. Por suerte faltaba muy poco para que los alumnos regresaran a sus casas, cuestión de unas semanas y, en tan poco tiempo, era imposible organizar un ataque decente. De cualquier manera, ya le había advertido a Minerva que tuviese los ojos bien abiertos y que no permitiera que alumnos vagaran solos por los pasillos. Más no podía hacer, eso era todo. Su deuda con el mundo mágico estaba saldada… o al menos había hecho todo lo que tenía en sus manos para intentar pagarla.
Sintió el pecho ponérsele pesado, era como si alguien estrujara sus pulmones con las manos, imposibilitándole la tarea de respirar, había llegado el momento. Con su último aliento le dijo algo a los profesores. Si alguien hubiese escuchado el mensaje habría interpretado cualquier cosa, y si ese mismo alguien hubiese hecho el menor ruido, habría hecho inaudible el mensaje, pero no había nadie más en la habitación más que los dos profesores que le acompañaban en sus últimas horas, y ellos comprendieron perfectamente bien el mensaje:
-Cuídenlos bien- y los ojos del anciano director se cerraron para siempre.
.
.
N.A: Oh Salazar, lamento el retraso, pero tuve una semana algo pesada. En fin, aquí está la continuación de su fanfic-ya-no-tan-favorito-porque-no-hay-hard xDDDD pero pronto, pronto ahahah en fin ¿les gustó? Harry es un amor ¿a que sí? Denme su opinión n.n
Lamento que los caps no sean tan largos como quisiera, pero prometo que corregiré eso en los sig caps (poruqe ya se me juntaron cosas de la trama xD lol) espero que estén bien, mañana es viernes lml heheh bueno, un enorme abrazo, chanee~~
