Nos disponíamos a correr hacia el lugar cuando sentí un ataque muy fuerte, apenas y logré esquivarlo.
- ¡¡Pero qué demonios haces aquí!! – grité una vez me hube incorporado.
- ¿Dónde está? – dijo Sesshomaru furioso.
- ¿De qué demonios hablas?…
Fue entonces que vimos que Jaken traía sobre su hombro a la pequeña Rin.
- ¿Qué le pasó? – preguntó Sango viendo a la pequeña que parecía muerta.
- Su energía vital ha sido robada – dijo Kikyou al verla.
- Sesshomaru, ¿qué ocurrió? – preguntó Miroku.
- Ese maldito engendro decía la verdad… - dijo Sesshomaru entre dientes…
- Tú y yo nunca nos hemos llevado bien, pero dime ¿quién hizo esto?… - le pregunté.
Él me miró con furia.
- Es tu culpa, así que no me implores piedad para con ella… - fue lo último que me dijo y se dirigió al lugar de donde provenía aquella maligna energía y el olor a sangre.
Jaken lo siguió con la pequeña en su espalda, a duras penas.
- No entiendo nada… - Shipo estaba más que confundido.
Y yo… yo no sabía que lo que estaba a punto de ocurrir sería tan doloroso, no entendí las palabras de Sesshomaru, de nuevo, actué como un idiota.
Todos seguíamos el mismo camino, sentí de repente el olor de alguien familiar, me detuve, a lo lejos distinguí su silueta…
- Koga… - dijo Sango y corrió en su ayuda, venía sumamente lastimado.
- ¿Qué te pasó? – preguntó Miroku.
Koga no decía nada, sólo lloraba… Kikyou se acercó a él para revisar sus heridas, al verla Koga.
- Ahome… - dijo y comenzó a llorar con más fuerza, no tardó nada en perder el conocimiento y al hacerlo, de su mano derecha dejó caer una flor marchita.
- ¿Eso es de la señorita Ayame verdad? – dijo Shipo.
Tomé la flor… también olía a sangre, pude adivinarlo enseguida, la chica había muerto.
Koga recuperó el conocimiento, se incorporó a duras penas y a pesar de que no tenía fuerza, intentó atacarme, pero lo único que consiguió fue estamparse en el suelo.
Lo ayudé a incorporarse, no me dirigía la mirada, sólo veía hacia abajo, pero en realidad sin observar nada. Sonrió y de nuevo comenzó a llorar, de sus labios salieron palabras que no imaginé que diría.
- La dejé contigo porque pensé que cuidarías de ella…
Sus palabras me helaron, sabía perfectamente a quién se refería.
- Dijiste que siempre la protegerías y sin embargo… la dejaste morir.
- Cómo… ¿cómo sabes eso?
- No fuiste capaz de protegerla, aun cuando prometiste que siempre lo harías, además de que… prácticamente tú fuiste quien la condujo a la muerte.
- Yo… no pude hacer nada… no pude.
- Por tu culpa ella murió, por tu culpa sufre… ¿por qué maldito perro? ¿Por qué la dejaste caer en la oscuridad?
- Estábamos paralizados, no pudimos ayudarla - le dije sin entender el verdadero significado de las palabras de Koga.
- Sálvala Inuyasha…
- ¿?
- Sálvala de la… ¡argt! – se quejó, lo supe, su final estaba cerca - Sál… va… la… d… de… la… o… os… curi… dad…
Y diciendo esto terminó de desplomarse. Koga había muerto.
No puedo creer hasta este momento, a pesar de tantos años, no puedo creer que lloré cuando lo vi cerrar los ojos. Lloré por la muerte de Koga, por la muerte de ese lobo que más de una vez maldije por amar a Ahome, de ese lobo al que maldije por sentirme celoso, pero sin admitir que también yo la amaba.
En el fondo, yo envidiaba a Koga por ser capaz de tomar sus manos y decirle abiertamente que la amaba, que deseaba que fuera su mujer, lo envidiaba porque en su corazón no había confusión alguna, él amaba a Ahome.
No tuvimos tiempo de atender el cadáver de Koga, un estruendo en el mismo lugar del que provenía aquella maligna energía nos hizo volver a nuestra primera intención, corrimos hacia la aldea de la sacerdotisa Mariko, sin imaginar que lo que ahí encontraríamos… terminaría de llenar de sombras nuestros corazones.
