Ni Teen Wolf ni los personajes, excepto los que no conozcan son mios.
Todo es de Jeff Davis y su respectivo equipo.
La historia es producto de mi loca y mentalmente desorientada (sobretodo desorientada) cabeza.
Perdón las faltas de ortografia y así, y y si algo les confunde, diganme.
No espera subir hoy, pero termine el cap como un forma de escapar a los días escolarmente horribles que me esperan al inicio de semana D:
:) Espero que les guste, a pesar de que quizás no tenga mucho, quizás sí, quién sabe. XD
¡Dsifruten el cap, comenten, lanzenme tomates, lo que quieran! :P Gracias por leer.
Nik: Hay muchas cosas más que pasaran que quizás te deje en shok. Después de siguiente cap ya empiezan las interacción de os personajes, y gua. Veamos como Killa y Linus se las arreglan con los chicos. Linus la defendera, es obvio, pero debe de arreglar su propias cosas y golpear a todos no servira. Y si Killa no puedo alejarse de Derek, ya sabes quien le pondra si estate quieto . jajajaja.
13
La miro. Su brazo se movía con movimientos tensos según las vueltas de su muñeca, que se movía al son de los movimientos circulares del mazo, fuertemente agarrado con su mano derecha. Las hierbas eran ya una masa verdosa tan blanda que el mazo lo atravesaba y comenzaba a raspar la cerámica.
A este paso, se dijo Tana mirando su movimiento, terminaría rompiendo el mortero. No es que le importara mucho; tenía más morteros guardados en la alacena de la cocina, y tener uno menos no le importaba.
— Las hierbas ya están bien molidas, Bryce—avisó Tana volviendo su vista a su rostro.
Bryce le dirigió su mirada esmeralda por primera vez en varios minutos. Las últimas palabras que le dirigió fueron: «¿dónde está la raíz de consuelda?» En una voz vacía en emoción y apenas sosteniéndole la mirada. Le respondió, Bryce la tomo de los anaqueles y después las puso a hervir en la ollita que encontró en un anaquel pequeño que estaba casi escondido en una de las esquinas, al igual que la estufita eléctrica.
La verdad, detestaba su silencio y como apenas le había dirigido a mirada y la palabra desde que Killa se fue, llorando, hipando, sangrando, sacando ligeras ondas invisibles de energía, solamente perceptibles en la piel, y quizás lo más enojada que alguna vez ha estado en su vida; la hacía sentir como si la culpara de todo lo que ocurrió y que estuvieran aquí y no con Killa, tratando de evitar que su vulnerabilidad, hiciera que todo descubrieran lo que realmente es, lo que ignoran y siempre ha estado frente a sus ojos.
— Bryce…—la llamó, y sin dejar de mover el mazo sobre las hierbas, su mirada esmeralda volvió a ella. Vio en sus ojos amargura, vio ira y…
¿La culpaba?
— ¿Me culpas? —le preguntó, entrecerrando los ojos.
¿La culpaba? ¿Por qué la culpaba? Ella sólo evitó que cometiera una locura.
Bryce no respondió. Sus ojos volvieron a ver las hierbas.
— Bryce, ¿me culpas? —de nuevo, no respondió—. Por todos los cielos, ¡deja esas hierbas, ya están listas! ¡Mírame! —Bryce dejo de mover el mazo, más no alejo su mano de él, y la miro. Sus ojos le decían: «¿y bien?» Uso todo su autocontrol para no levantarse de la silla, tomarla y golpearla con ella en la cara. — No sé si me culpes o no, Bryce—continuó—, no importa si me culpas. No pienso decir que me equivoque o me disculpare; dejar ir a Killa fue lo mejor que podíamos hacer.
Bryce enarcó lentamente una ceja, escéptica—. ¿Dejar a una chica cuyos poderes comenzaron a liberarse lentamente en momentos, se fuera y este probablemente donde todo el mundo pude verla usando sus poderes, fue una buena idea?
— Tú sabes que no—le espetó—. Y no crees que si los estuviera usando, ¿ya nos hubiéramos enterado? Conocimos el tiempo donde se veían brujas en cada esquina y si un vecino creía ver una, en segundos todo un pueblo sabía qué había una bruja y quien era la supuesta bruja. Eso no puede cambiar con tanta facilidad, y si Killa uso sus poderes… mis vecinos, policía o un simple peatón ya estaría tirando mi puerta para decírnoslo
— En eso tienes razón—admitió Bryce, bajando la mirada a la mesa.
El miedo no sólo te hace sobrevivir, sino también podía sacar lo peor de ti, pensó Bryce. Todas las personas en este mundo tienen la opción de irse corriendo, pensando solamente en sí mismos cuando el miedo llegaba, el sentido de supervivencia al final tomaba el control; pero algunos dejaban aquel egoísmo detrás, no porque la valentía los hacia levantarse y aguantar, no por ser tontos y decirse no tener miedo (el miedo es algo innato y permanente en las personas, digan lo que digan); sino por la lealtad. Sea lealtad a sus seres queridos, sea lealtad hacia la sociedad o la comunidad, sea la lealtad que sea. ¿No era la lealtad solamente otra clase de amor y compromiso?
Lamentablemente, el ejemplo que puso Tana no era un miedo detenido por la lealtad hacia la pequeña comunidad, era solamente una necesidad de ser superior y tener fama; decir, con el cuerpo y los ojos: «¡yo fui el primero en ver a la bruja, yo los salve a todos!» Las palabras eran tapadas con el dichoso deber cívico.
La ambición era otra cosa que paraba el miedo.
— Dago ya nos hubiera llamado si paso algo, ¿lo sabes, no?
— Sí, lo sé.
— Bien. Hicimos lo correcto—recordó a las wiccas que conoció durante los siglos que estuvo con Bryce. Killa no era la primera en tener una especie de ataque emocional, donde lloraba, gritaba, moqueaba, hipaba y dejaba en el ambiente una nube de su poder invisible. Las demás novicias lo hicieron de la misma forma, y fue de Bryce que aprendió que lo mejor era dejarlas solas, procesando la situación, las palabras o la vida que les toco. Era su método dejarlas irse solas, ¿por qué Bryce quiso perseguirla, entonces? — Perseguir a Killa en su estado: triste, enojada, colérica… no lo sé—hizo un ademán despectivo—, mil emociones más, era una muy mala idea. Ahora es una adolescente cuyo pequeño cerebro enojado e inmaduro no dejaba entrar razones. En lugar de ayudar, hubieras provocado que su ira desencadenaran sus poderes, lo sabes, yo lo sé, yo la…—un fuerte sonido la interrumpió.
Bryce dejo el mazo en la mesa con tal brusquedad, y éste terminó rompiéndose en varias pedazos.
Tana no se sorprendió. Su cuerpo no salto, no se alejó ni reaccionó de alguna otra manera por la acción. No se podía sorprender de algo que se esperaba, aunque de forma diferente. Esperaba que se rompiera el mortero, no el mazo, y que fuera por la presión que ejercía su mano izquierda en el traste, no aventando la gruesa pieza de cerámica contra la mesa, aplastándola con su palma. Sus ojos bajaron a ver el mazo roto en muchos pedazos bajo la palma de Bryce. La sangre comenzó a fluir y a verse entre sus dedos.
Sus ojos subieron… En el rostro de Bryce no se mostraba dolor, ni ninguna emoción.
— ¿Tú qué, Tana? ¿La conoces, ibas a decir? ¿O la conocemos? —Tana no respondió, su ceño se frunció ligeramente, aguardando sus siguientes palabras— Noticias de última hora, Tana, ninguna de las dos la conocemos—le siseó, sus ojos viajaron automáticamente hacia su mano herida. La sangre manaba con más rapidez de entre sus dedos y se preocupó—. Mírame, quiero que me mires mientras hablo—ella lo hizo. Sus pupilas estaban dilatadas por la ira, sus fosas nasales se ampliaron y su mandíbula se tensó más; en algún momento de los escasos segundos que no la miro, pasó de tener una expresión sin emoción a una enojada—. No conoces a Killa—continuó Bryce, elevando ligeramente sus cejas—, ¿entiendes? No la conoces, yo no la conozco, ni siquiera Adie la conoce a pesar de ver y sentir a través de ella desde hace años. Las únicas personas que conocen a Killa están en arriba, ignorantes de lo que acaba de pasar. No la conocemos, ¡así que deja de hablar como si lo hiciéramos! ¡O lo hicieras! Quiero que te entre en la estúpida cabeza—se señaló la cabeza con los dedos juntos de la mano derecha. El golpeteo de su mano y la sangre que manaba de la herida mancho un poco sus cabellos. La mano se volvió a estrellar en la mesa, y continuó—: ¡No comprendes que todo lo que ha pasado es por decirnos que la conocemos, cuando en realidad hemos visto sus aspectos más simples! ¡Por eso todo se ha ido a la mierda! Dejemos la soberbia de lado; no nos ha dado más que problemas.
Tana endureció su gesto. Detesto el ademán final que uso; la hizo sentir como una estúpida, y lo detestaba. Bryce lo sabía; la cosa que más odiaba en el mundo es que le hablaran como si fuera una estúpida.
Su voz sonó enojada al hablar.
— No, Bryce. Nada de esto se trata de soberbia o de si conocemos a Killa, se trata de que estamos tratando con una novicia descontrolada y hablar es lo peor que podemos hacer.
— Eso no es…—se detuvo, apretando los labios. Se alejó de la mesa, quitando suavemente su mano lastimada de los pedazos del mazo. Puso una mueca, siendo por fin consciente del dolor y Tana fue capaz de ver, como la sangre comenzaba a fluir más rápido al estar alejada de mesa, y la presión que ejercía Bryce contra ella—. Es cierto, no importa cuánto me gustaría decir lo contrario. Cometimos muchos errores, y toda la confianza que Killa nos tenía se acaba de ir al caño.
Y por fin lo comprendió, más rápido de lo que pensó. Tana estaba preparada para una verdadera pelea campal, y fue un alivio ver que su preparación no fue necesaria.
— Rectifícalo, Bryce.
— ¿Qué? —la miro confundida. Tana hizo la silla hacia atrás, se levantó y camino hacia ella.
Mientras lo hacía dijo:
— Nunca ha confiado en nosotras. Está aquí, soportándonos, porque sabe que somos las únicas personas que podemos ayudarla. No confía en nosotras y jamás lo hará—llegó a ella y extendió su mano hacia la suya, la herida. La tomo y uso a modo de palanca, levantando la mano hasta quedar extendida frente a las dos.
Sangraba demasiado.
— Tienes razón—le dijo, a pesar de que su voz indicaba que tampoco le gusta.
Tana puso una media sonrisa, como diciendo: «ya lo sé», mientras quitaba los pedazos de cerámica enterrados en su herida.
Bryce hizo muecas de dolor mientras le sacaba los pedazos, para no quejarse de dolor, continuó hablando:
— ¿Sabes? Killa si confiaba en mí.
— ¿Sí? —Bryce frunció el ceño. Se notaba el escepticismo en la voz de Tana de lejos.
— Sí—afirmó con mucha más fuerza—. No mucho, pero… algo. Confiaba algo en mí y debió de ser esa la razón por la cual me insulto tanto.
— Aahh—levantó más su mano, examinando la herida a la luz.
— Sí…—volvió a musitar en afirmación. Su mirada se desenfoco; se proyectó a otro momento, en el mismo lugar donde estaban. Veía a Killa de nuevo gritándoles, yéndose rápido a pesar del yeso, con sus palabras aún resonando en sus oídos—. Por un segundo pensé que seguirla sería buena idea. Nos hemos enfrentado a muchas chicas descontroladas, pero Killa no se compara a ninguna; tanto por la época, como por lo que ha vivido—Tana ladeo su mano un poco—. Chicas diferentes, tiempos diferentes… éramos personas diferentes. Más jóvenes e inexpertas. C…— se detuvo, dándose cuenta de la mirada de Tana—. ¿Por qué me miras así?
— ¿Chicas diferentes, tiempos diferentes… éramos personas diferentes. Más jóvenes e inexpertas? —repitió, incrédula. Soltó su mano con fuerza, y Bryce chilló cuando su mano choco contra su muslo. —. ¿Qué sandeces dices? —dijo Tana alejándose un paso—. Son muy bonitas tus palabras, pero no éramos nada de eso. La única joven inexperta fui yo; tú eras la gran wicca nórdica, la wicca con más conocimientos en magia antigua, tácticas y cuyas experiencias no se comparaban con las de casi ninguna otra. A comparación de las demás, tú sabes todo sobre la magia de toda Europa y no te quedaste quieta, y aprendiste más. Eres casi una todologa, y lo eras cuando yo y Willka llegamos. No sé qué ha cambiado en tu cabeza, Bryce, pero siempre, siempre has usado la táctica de dejar a las estúpidas con su propio dolor y sus pensamientos—agarró el trapo de la mesa y volvió a tomar la mano de Bryce, jalándola a ella. Le comenzó a quitar la sangre y hacer presión para parar la sangre—.Cuando Willka se enojaba, nunca me dejabas perseguirla. Decías: "déjala, necesita estar sola, controlarse y procesar la situación" Y me lo repetiste lo mismo con Adeleine hace casi 60 años, cuando se enteró porque todo el aquelarre de brujas malas querían sacrificarlas (y no terminó nada bien, por cierto, ¿recuerdas cómo se fue de Salem para tomar un tren hacia Blanchard e ir con esa estúpida manada?) —puso una mueca cansada, no por el dolor, sino por lo de Blanchard y la manada amiga de Adie— , y me lo repetiste hace 19 años cuando Ingrid vino a nosotras toda alterada, pidiéndonos ayuda para sacar a Laqha del cuerpo del bombero.
— Noah.
— Sé cómo se llama—gruñó Tana. Bryce suspiró, hubo una segunda razón para su gruñido. Pasase lo que pasase, a Tana no dejaba de molestarle los acometimientos de aquellos años. Aún hoy en día, no dejaba de pensar que Ingrid firmo su sentencia de muerte en el momento en que se involucró con los Hale y no quiso estar con ella para que la hiciera más fuerte. Como ella dice: los Bellamy no son más que un puñado de niños con potencial que no saben explotar—. El punto aquí, es que nunca has sido joven e inexperta, y por una razón que no entiendo, olvidaste todo y quisiste perseguir a Killa a pesar de saber los resultados. Yo viví los resultados por lo menos una vez con Adeleine, sólo porque fui estúpida y pensé poder controlarla.
— Fue sólo un par de segundos—se defendió Bryce—. Un par dónde creí correcto seguirla.
— Un par de segundos puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Bryce suspiró, dándole la razón.
— A todo esto—quitó el trapo, soltó su mano (la dejo en el aire, esperando a que volviera) y con su dedo corazón e índice tomo un poco de las hierbas del mortero, dejo la masa en sus palmas y se las paso por las manos como si fuera crema—. Si no me echabas la culpa, ¿por qué estabas tan callada?
— Trataba de no pensar—respondió.
— ¿No tratar de pensar en qué? —tomo su mano y la cubrió con las suyas.
— En Killa, en lo que ocurrió entre estás paredes. Deseaba olvidarlo todo, de no sentirme culpable, porque sí Tana, aceptó mi culpa en todo esto como tu deberías de aceptar la tuya.
— La aceptó, más no dejo que se me note.
— Lo que digas—cerró un momento los ojos, tomando aire. El olor a hierbas en lugar de tranquilizarla, le revolvió el estómago—. Al inicio moler las yerbas me hizo no pensar, después las molía con mi mente reviviendo una y otra vez las palabras de Killa.
Tana asintió, ella también las recordó en todo el tiempo en que el silenció las inundo.
— ¿Sabes algo? Yo tengo la culpa de envenenar a Killa, tú tienes la culpa de dejarme hacerlo, pero no somos las únicas en tener culpa y no es justo sólo repartirla entre las dos. Adeleine también tiene la culpa, más o menos, no importa, pero la tiene. Si te das cuenta, más que estar enojada por haberla envenenado y tú no hacer nada para evitarlo, sufre por no decirle de su Adeleine. Se siente engañada, traicionada y… Seguramente justo ahora está tratando de procesar que su abuela, no muerta como siempre creyó, es la causante de todos sus problemas.
Abrió la boca para decir algo, pero Tana se adelantó:
— Y no la defiendas, lo ruego —para ser un ruego, sonó mucho a una orden, se dijo.
Bajo su mirada a sus manos. Un frio comenzó a extenderse por su mano, acompañado con ligeras punzadas de dolor. La herida se curaba; se cerraba como si una aguja de hielo macizo le suturara la piel.
Miro a Tana y de nuevo a sus manos.
No debía de defender a Adie, pero sentía la responsabilidad de hacerlo. A fin de cuentas, la jodio en grande por desesperación y falta de guía. ¿Cuántas cosas no se hubiera evitado si, en lugar de hacerle caso a su corazón, se hubiese llevado a Killa de bebé, para criarla, cuidarla y enseñarle todo sobre sus antepasados con ayuda de Tana? ¿Cuántas veces se lo suplico Jonah? Cientos, y ella no le hizo caso. Las lágrimas de un hombre dolido por perder a su mujer pudieron más en ella. En el funeral de Ingrid vio como Noah demostraba su tristeza sin importarle verse poco femenino, al regresar a la casa, lo vio en la habitación de su hija abrazándola y diciéndole que iban a estar bien los dos. Ella iba para llevársela, y no pudo. Su corazón no le dejo llevarse a lo único que a Noah no le hacía derrumbarse.
Por algo las wiccas evitaban por todos los medios no estar con personas fuera de su mundo.
Las agujas se enterraron con más rapidez, y pensó:
¿Cuántas cosas no estarían pasado si hubiera amparado a Adie cuando les comunico sus deseos de no tener hijos, terminando así con una de las castas más antiguas y siglos de persecución? Pero ella se negó, pensando que sería un gran error, y evitando estar frente a unas mujeres que le sacaban de quicio.
«Fue un error—pensó—¿Cuántas lágrimas no se hubieran derramado si tan sólo yo…?» Un gemido de sus labios interrumpió sus pensamientos.
Las manos de Tana se apretaron con más fuerza; su debilidad por haber evitado la muerte de Linus continuaba pasándole factura, y la regla del retorno también. No tenía suficiente energía para curarla rápido. ¿Debería de poner un alto?
En lugar de ponerle el alto, el dolor atrajo el recuerdo que tanto quiso no tener en la mente la última hora.
¿Cuáles fueron las palabras de Killa dirigidas hacia ella cuando vio que se acercaba?
— ¡No te acerques!Y no pongas cara de herida, ¡no lo estás!… no te preocupas por mí— le dijo con tal fuerza que sintió su odio golpearla. Killa comenzó a levantarse, con la espalda apoyada en la pared. Su pierna lo dificultaba e hizo ademán de ir a ayudarla, pero su mirada lo evitó. La golpearía—. No puedo creerlo. Rubí tenía razón sobre ti, sabías todo lo que estaba planeando Tana hacerme.
— ¿Lo sabes? —preguntó Bryce, sorprendida.
¿Cómo pudo enterarse? Tana no andaba por ahí diciéndoselos a todo mundo y Marvin, Clay, y…
«Sabes algo, Bryce, hay una segunda opción […] Cambiaron su actitud porque no se sienten a gusto de ver a alguien enterado de lo que Tana pensaba hacer y no hizo nada para evitarlo»
Ella lo sabía, Marvin se lo dijo, pero ¿él se lo dijo o…?
— ¡Por supuesto que lo sé! —Gruesas lágrimas comenzaron a correrle por los ojos— Mis poderes aparecen cuando quieren, ¿recuerdas? — miro menos de un segundo a Tana («uso sus poderes», decía la mirada) y luego volvió su vista a Killa antes de que se diera cuenta de su acción. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, inútilmente, pronto nuevas lágrimas brotaron—. ¿Cómo pueden ser tan…?—se calló.
— Killa, por favor—un pasó. ¿Tocarla o no tocarla? ¿Y si volvía a usar sus poderes y veía donde está Adie? Estaba demasiado alterada para saber que estaba en Eichen House—, déjanos explicarte. Para todo lo que hicimos hay una buena razón.
— ¿Buena razón? ¡¿Buena razón?! —se movió un poco a un lado; más cerca de la escalera— ¿Qué buena razón podría haber en todo lo que he pasado? Tú —señaló a Tana el dedo índice de la mano derecha—me envenenaste, me hiciste ir a un lugar que desconozco y odio; ahí vi morir a un hombre bueno—Tana puso una mueca. Lo de hombre buena estaba en discusión—… tengo estás heridas por ti, y no pensaste en Rubí cuando hiciste todo esto—tomo aire para recomponer su voz cortada por las lágrimas—Gracias, Tana, gracias por demostrarme que eres justo la persona que tú nieto cree que eres; no te importa ni tu propia sangre.
— ¡Estás enojada, pero no te da el derecho a decir estupideces!
— ¡¿Cuáles estupideces?! ¡¿Cuáles estupideces?! ¡Es la verdad! —escupió—. ¡No me extraña que Linus te odie! Y ahora entiendo más lo que es odiar a una abuela, ahora lo entiendo, ¡odio a mi abuela!
— Deja de hablar Killa, no sabes nada. Todo lo que hice, fue por ti, niña estúpida por salvarte y no exponerte a más peligro ni a los demás, plebe desconsiderada—no defendió a Adeleine, porque la verdad, ella podía defenderse solita en cuanto se dignara a hacerle frente a su nieta.
Y ella ni siquiera se defendía, pensó, comentaba lo obvio.
— ¡¿Ayudarme?! —gritó Killa dando un paso adelante. Su mirada dio una rápida vuelta por el lugar, como buscando que lanzarle. Sus ojos se regresaron a Tan—. No me ayudaste en nada. ¡Empeoraste todo! Mi único problema antes de que interfirieras era trasportarme a lugares, viajar a plano y tener visiones, ¡ahora puedo hacer sangrar a las personas apenas moviendo un músculo! ¡Ahora me pongo en el lugar de personas! ¡Lo jodiste todo!
— ¿…Qué…?
— ¡Cállate, Tana, cállate ahora mismo! —le gritó. Killa no estaba bien, sus ojos estaban rojos por llorar, pero salvajes. Enseñaba mucho los dientes como tratando de almendrarlas y su cuerpo irradiaba una energía que le puso la piel de gallina.
Tana se calló.
Bryce miro a Killa. Se acercó un paso, diciendo—: Killa, por favor, nosotras…
— ¡Pueden irse a la mierda! —le gritó interrumpiéndole—. Te defendí, Bryce. Arriba, te defendí de Rubí; ella creía que sabías todo, que dejaste a Tana salirse con la suya, ¡y te defendí! No te creí capaz de dejar a Tana hacerme todo esto, y lo hiciste. ¡No eres mejor que ella! ¡Eres mucho peor!
— No Killa, nada es cómo crees.
— ¡Oh, enserio! Si no es como creo, ¿cómo es realmente?
Bryce no respondió, sus ojos bajaron al suelo, apenados por no tener la respuesta.
— Si… Me lo imagine, todo igual a como lo creo—sollozó pasándose bruscamente su mano recha por la cara para limpiarse las lágrimas—. No las quiero cerca de mí.
Sus últimas palabras fueron lo suficiente para hacer que Bryce volver a mirarla, su rostro se veía horrorizados por aquellas palabras, por sus intenciones de no quererlas cerca en una situación muy delicada.
— Killa, no… Entiendo cómo te sientes, y acabas de enterarte de cosas de mal modo, pero…
— ¡Nada! —la interrumpió nuevamente— Son unas perras. Son cínicas. Detestan a Laqha, Joséphine y Trevas por lo que han hecho, pero ustedes no hiciera nada mejor; envenenan, mienten, engañan, lastiman y dejan a las cosas moverse a su conveniencia—sollozó con fuerza, y nuevas lágrimas salieron—. Son unas mierdas y no las quiero cerca de mí. Todo esto se termina ahora. Ustedes, mi abuela, su ayuda y sus intentos de protegerme se pueden ir a la mierda.
— ¡Killa, no! —otro paso.
— ¡NO! —gritó Killa.
— Ya está—la voz de Tana la trajo a la realidad. Suavemente dejo su mano y ella la acercó a su cara, viendo como la herida se cerró, y en su mano sólo quedaba un leve color rojo de la sangre que no pudo limpiar Tana con el trapo.
— Gracias—dijo con voz distraída.
— Si, lo que sea. — miro hacia arriba—. ¿Deberíamos subir?
— ¿Quieres oír sus gritos y quejas porque Killa no está en la casa? Yo no.
— Yo menos. Tuve suficiente con Zoey gritándome anoche.
— A decir verdad, ella tiene razón—musitó. Tana le contó su conversación anoche, la analizó toda la noche y en su camino hacia Beacon Hills, mientras trataba de no sentir su poder saliendo de cada una de sus células por culpa del nemeton tan adulterado por la maldad de quienes lo usaron anteriormente—. Estamos viendo las consecuencias ahora mismo.
Tana gruño, no quería admitirlo, pero era así. Zoey tenía razón; una parte de la bomba de relojería le explotó a la cara, no de la forma en que seguramente pensó Zoey y no sólo para ella fue la explosión. La bomba de Linus seguramente le explotaría en cuanto subieran, en estos momentos él ya debía de estar enterado de lo que hizo.
— No quiero subir y tampoco quiero continuar hablando de las consecuencias de nuestros actos. Mejor, dime quien es la hija de perra que ocasiono todo esto. Por la intensidad de tu grito, la odias bastante y para tales niveles de odio, yo debo de conocerla. ¿La conozco?
— Si, la conoces—asintió Bryce en un siseó—. Y después de esto…, la matare. Pensaba matarla de forma rápida, pero con esto… La muerte será poco en comparación con lo que le hare.
— Bien. Definitivamente la conozco. No hay muchas personas vivas que odies y te hagan poner esa mirada de lunática. ¿Quién es? No me hagas esperar.
— Joséphine.
— ¡¿Qué?! No, no puedo, ella…—se calló. No…, si podía. Joséphine, aparte de ellas, las superioras y las antiguas, conocía la magia de los talismanes, y siempre fue una experta manipulando el hechizo y la magia; por ella pudieron hacer el relicario, que protege a Killa, de la misma manera que protegió a Leonor años atrás—. Esa hija de puta…
— No te dejare hacerla sufrir, Tana. O la compartes conmigo o tendrá la muerte más rápida del universo.
— No hay problema con que la compartamos. Conque todo sea lento. ¿Significa que Joséphine revivió mucho antes de lo que creíamos?
— Tal vez no. Ella era experta en la magia de posesión, no sólo en usar y adulterar la magia de los talismanes. Recuerda que ella uso esa magia para hacer el relicario— y de repente su expresión se desencajo—. Tana…—la nombró lentamente.
— ¿Qué sucede?
— ¿Killa traía puesto el relicario?
— ¿Qué?
— ¡¿Lo traía puesto?! Cuando llegó, fue a la escuela, al otro mundo, en el hospital, hace 1 hora al gritarnos, ¿lo traía puesto?
— Claro. El lunes en la mañana se lo vi puesto y…—cerró los ojos lentamente, tomando aire al mismo ritmo— Se lo quitaron en el hospital—se cubrió la frente con una mano—. Y no se lo he visto puesto, pero que estúpida.
— Debemos decirle que no se lo quite, Tana. Independiente de todo; la ayudemos de lejos o no, debe de tener siempre el collar, debe de saber por qué no se lo puede quitar.
Tana asintió, bajando la mano— ¿Dago ya la encontró?
— Le preguntare—dijo Bryce, sacando su celular de su sostén.
Tana alzó una ceja.
— ¿Dónde creías que iba a poner mi celular con esto puesto? — señaló su vestido.
Tana levantó las manos. — No dije nada.
— Sí, claro—masculló Bryce sin creerle mientras escribir el mensaje—. Por cierto, ahorita sería un buen momento para hablar de eso que he deje pasar por los últimos acontecimientos.
— ¿Eh? ¿De qué hablar?
Bryce lanzó el celular a la mesa, y después apoyó sus dos manos en la mesa. Su cuerpo se inclinó un poco hacia adelante y sus labios formaron un pequeño mohín antes de decir:
— De lo que le está pasando a Linus, y que probablemente también a Killa.
— ¿Hmm? ¿cómo que Killa? ¿Hablas de que ambos tiene descontrol, verdad? Porque es lo único que los dos tienen en común en estos momentos—se cruzó de labios—. Claro, aparte de ésa estúpida dependencia que comienza a rodear su relación.
«¿Dependencia?», pensó Bryce. Tana debería de reconsiderar lo que era dependencia y una muy unida amistad, se dijo. Hasta donde había visto, Linus y Killa no había cruzado aún la ligera barrera entre una amistad poderosa a una dependencia.
Su celular comenzó a vibrar sobre la mesa y lo miro con un gesto desinteresado. Miro el tintineo de la luz de la pantalla un segundo. Volvió a ver a Tana.
— Me explicare. Sea lo que sea que le está pasando a Linus, comenzó a pasarle a Killa—el gesto de Tana se descompuso entre la confusión y después hizo ademán de interrumpirle. Ella levantó una mano, callándola—. Su marca en el pecho comenzó a aparecer, Tana.
— ¡¿Qué?! —gritó y Bryce supo interpretar el porqué de su sorpresa.
Que algo así sucediera; no sólo con algo hecho por la diosa, sino también por el dios, era totalmente imposible, hicieron bien todo.
— Y sé lo que piensas—suspiró—. Lo peor es que creo que anda pasando porque Linus y Killa se están negando a aceptar lo que les paso, a aceptar los favores de los dioses— terminó de hablar y miro de nuevo a Tana. Se veía seria, analizaba las pocas palabras que le dijo y abría y cerraba la boca, como si las palabras en su garganta listas para replicarle lo que decía, se negaran a salir porque otras más venían.
Después de aproximadamente dos minutos, Tana dijo:
— Es…—la miro con sus ojos muy abiertos—. Es imposible.
— Casi, más bien—corrigió—. Casi imposible.
…
El columpio a su lado rechino.
Su vista se dirigió automáticamente ahí, y vio las cadenas oxidadas del columpio moverse de adelanta así atrás. El asiento del columpio —roto por la mitad— se deslizaba lentamente en la tierra, marcando dos líneas verticales, y a cada segundo se hacían más visibles. Las cadenas no dejaban de rechinar, como protesta al viento.
Tomo un profunda respiración y volvió a mirar al frente. Todo el lugar se quejaba con rechinidos al viento; el sube y baja, bajándose lentamente la parte de arriba, la estructura de la resbaladilla (¿cómo siquiera era posible?), la ruleta moviéndose unos cuantos centímetros al son y contrario de las manecillas del reloj, el pasamanos haciéndole competencia a la torre de pisa (y le daba la impresión de que con el viento, se movía un poco más hacia abajo, causando el rechinido) y los demás columpios a lo lejos. Saco el aire; todo el lugar estaba más destruido de lo que pensó, chillaba más de lo posible, y le costaba saber exactamente qué rechinaba y qué no, o si pasamanos se caería antes que la resbaladilla. Llevaba años así y no lo demolían para construir otra cosa, ¿por qué seria? Dudaba que fuera por considerar al lugar —un basurero usado para beber y tener sexo por los adolescentes (el romanticismo ha muerto, ya ni siquiera usaban las partes traseras de los autos) — un lugar histórico para Beacon Hills. O algo poderoso para alguna manada o cambia formas o algo así, dudaba que debajo del lugar existiera una bóveda como en la preparatoria de Beacon Hills.
Apretó las cadenas, y comenzó a deslizarse un poco.
El viento volvió a correr con fuerza, los juegos rechinaron de nuevo, su cuerpo tembló y sus manos se apretaron un poco más a las cadenas, mientras se movía un poco más despacio en el columpio. Demasiado helado estaba el viento que la golpeo, el más helado hasta ahora y por primera vez en todo el tiempo que había estado en el jardín de niños, fue consciente que estaba poco abrigada, y sin poder evitarlo su mandíbula comenzó a temblar.
Si iba a salir, ¿por qué no fue más lista y se puso un suéter? O como mínimo un sostén, se dijo dejando de moverse, soltando la cadena y cruzando sus brazos alrededor de sus pechos. Hace casi una hora no pensó. Lloraba, sus garganta ardía por los gritos que no podía hacer y en su mente y oídos se escuchaban los ecos de las palabras que escucho en el sótano, igual algunas más de Tana que le torturaron e hicieron caer otra venda de los ojos.
¿Porque tuvo que pasar todo esto para darse cuenta como en los últimos meses no había dejado de autocompadecerse? Hubiese sido más sencillo si se lo dijeran a la cara, L…
Se tensó cuando algo cálido se puso sobre sus hombros. Rápidamente miro sobre su hombro. Un hombre de porte firme, cabello súper corto (a comparación de cómo lo traía cuando lo conoció y última vez que lo vio), ojos oscuros y escrutadores, le dejaba una chamarra de piel café y asombrosamente cálida sobre los hombros con movimientos suaves.
— Dago—murmuró despacio y sorprendida.
Él puso frunció el ceño y puso una mueca al darse cuenta de lo ronca que se oía su voz. Killa se aclaró la garganta.
— ¿Qué haces aquí? —le preguntó, ya más fuerte, menos ronca y más acentuado un tono nasal.
— Vine a buscaste, ¿no es obvio? —le respondió soltando la chamarra. Al dejarla de tomar, se resbaló un poco y Killa la tomo, acomodándola mejor sobre sus hombros, mientras Dago comenzó a darle la vuelta al juego—. No lo suficiente rápido, te estás enfermando.
— No me estoy—se detuvo, carraspeó, volvió a hablar-: No me... ¡Rayos! Si me estoy enfermando—admitió con una mueca—. Salir sin suéter no fue muy listo; lo admito.
— Así es— asintió Dago estando de acuerdo. Por fin terminó de dar el recorrido; ahora estaba frente a ella, mirándola de la misma manera que hace un minuto, pero con algo más en la mirada. ¿Lastima? ¿Compasión? ¿Entendimiento? Sea cual sea la forma, a Killa no le gusto. No necesitaba compasión, lastima o entendimientos en estos momentos, y si la necesitaba, no sería de Dagobert —apellido raro—, alias "el alemán"; el seguramente estaba enterado de todo. El merecía irse al infierno, al igual que su abuela, Bryce y Tana.
Se sintió mal, y bajo la mirada. Pensar en su abuela le hizo sentir mal. Aquella mujer que no murió en el sismo en Monterey, es la culpable de todo lo que le pasa. No solo abandono a sus hijos, sino arruinó su vida antes de que empezara.
¡No!, no de nuevo, se dijo. Iba de nuevo ahí, no, ya se autocompadeció mucho y no estaba dispuesta a hacer más.
¿De qué serviría culpar a su abuela de sus problemas? Nada, ella tenía problemas mucho, y podía achacarle la culpa a su abuela, a Bryce, a Tana, a Dago y hasta su tío, que la salvo de la muerte de una estúpida poción, y no fue capaz de visitarla y decirle «Killa soy quien te salvo la vida y tu tío Marcus»
No, hubo un momento para autocompadecerse y ése ya paso. Ahora era el momento de tomar el control de su vida, justo como lo planeó cuando se fue a la clínica.
Su actitud le canso, como seguramente canso a otros a su alrededor.
Levantó su mirada. — ¿Te mandaron?
Dago asintió.
— ¿Y ya les dijiste?
— ¿Disculpa?
— Ya les dijiste a Tana y Bryce dónde me encuentro.
— No vendrán—le aseguró, respondiendo afirmativamente a su pregunta—sólo querían saber dónde estás y…
— ¿Se los dijiste? —repitió la pregunta con más fuerza.
— Sí. Están preocupadas por ti y no es bueno que estén preocupadas.
Killa rió secamente— ¿Preocupadas? Dudó que esa palabra este en su vocabulario.
— No debes de ser tan grosera.
— No estoy siendo grosera, Dago, estoy diciendo lo que pienso y es la pura verdad. No se bajó qué ambiente o época se criaron, pero en ésta, mentir, ocultar y dejar a una persona vivir en la ignorancia, no son sinónimos de estar preocupados. Una parte de mí duda que en la suya también.
— Reconsidera lo último. Yo y Tana nos criamos en una época de ignorancia impuesta por la iglesia y reyes. Puedes resumirlo en 4 y simples palabras: lucha por sobrevivir e ignorancia.
Killa asintió, sin interés.
Dago lazó un suspiró largo y grueso. Miro un momento abajo, a su yeso firmado solamente por David y su obra de arte. Dago no se esperaba una respuesta diferente, Bryce y Tana no manejaron nada bien la situación y él lo sabía desde hace meses. Siempre estuvo en desacuerdo con sus planes. No decirle sobre Adeleine y el lugar dónde estaba era algo que desde el día uno pensó en decirle, y no pudo por las obvias razones de no poder ir contra su señora y novia.
Si tan sólo le hubieras hecho caso desde el inicio, nada de esto estaría pasando.
— Se preocupan por ti a su manera—repuso Dago—. No lo demuestran de la mejor manera porque…
— Están acostumbradas a resolver o hacer las cosas solas, y a evitar a otras sufrir si pueden evitarlo —le interrumpió Killa—. Lo sé, me sé el discurso, Dago. Y no es buena en este caso. Tana y Bryce hicieron lo que se les dio la regalada gana escudándose con: "soy más grande, he vivido he experimentado más, soy más poderosa, se más que tú, por lo consiguiente: sé lo que es mejor" Y la vida no se puede gastar escudándose con eso; no saben lo que es mejor para mí. Saber que mi abuela está viva es algo lo cual debí de enterarme mucho antes, meses antes no ahora donde me entero no sólo que está viva, sino que es la culpable de no poder usar mis poderes.
— ¿Qué? —los ojos de Dago pasaron de analizarla a presentar una larga sorpresa.
Killa se dio cuenta que Dago no sabía absolutamente nada, al igual de que estaba en desacuerdo con lo que hicieron Tana y Bryce. Lo vio cuando lazó aquel largo suspiró y miro hacia abajo. Él era menos culpable, y considerando que en Salem lo escuchó decirle a Bryce: "señora", él no tuvo mucho elección; y por eso hablaban, sino lo hubiera mandado al diablo después de unas cuantas palabras.
— Que ese par de arpías te lo expliquen después, yo no estoy de ánimos.
Frunció el ceño enojado. Obviamente no le gustó que le dijera arpía a su señora, novia, amantes ocasionales, lo que sea que sean.
— No deberías de llamarlas así; cometieron un error, pero…
— Dago, con todo el respeto del mundo: ¡cállate! —le gritó. Su vista se desvió un segundo a su lado izquierdo, hacia las muletas en el suelo a lado de los barrotes del juego. Lo volvió a mirar, y vio algo extraño en su rostro, como si analizara mucho algo. Seguramente le costaba a mucho saber porque dijo "con todo respeto" y luego le demandó, gritando, que se callara. Respeto y grosería al mismo tiempo… Las personas mayores, o que vivían tanto como Dago y apenas convivían con jóvenes, debían de causarle mucha extrañeza. — Si vas a defenderlas—continuó—, da la vuelta y vete Dago. No pienso oír como las defiendes después de todo lo que ha pasado; después de todo lo que he oído y, decidido lo que acabo de decidir.
— ¿No vas a dejar que te enseñen, que te ayuden?
— Si no cambian su actitud, no. Estoy cansada de mentiras, no puedo confiar en ellas y me parece algo totalmente ridículo estar cerca si no puedo confiar si me enseñaran bien, si me hablaran sobre mi familia bien o si no me envenenaran en el desayuno. Pase mucho, vi morir a un hombre que hace meses me ayudo a salir viva de mi mente y poderes controlados por Voldemort; y desde que estoy consciente no he podido pasar una sola noche sin soñar con su muerte y la criatura que le atravesó el pecho. No he podido pensar en otra cosa aparte de eso, de lo que le pasa a Linus y, no voy a negarlo, y en mí. Quiero tener el control de mi vida; quiero mi vida de vuelta, y si sigo en un lugar con mujeres en las que no puedo confiar o saber si me despertare una mañana y decidirán matarme porque soy un peligro para las wiccas, no lo me ayudara en lo más mínimo a recuperarla. Ya perdí mi mente una vez, apenas la estoy recuperando y no quiero volverla a perder por la desconfianza de dos viejas arpías.
Dago volvió a fruncir el ceño, pero no le dijo nada.
— Te guste o no, ellas son las únicas que pueden ayudarte.
— ¿Acabas de escuchar algo de lo que dije? ¡No importa si me pueden ayudar, no confió en ellas! Sí así está las cosas, prefiero buscar a otra wicca.
— No hay otra wicca—replicó Dago.
— Pues iré con el veterinario, el jefe de Scott. Él es un emisario, él debe de saber cómo enseñarme.
— Es un emisario, sí, pero no es lo mismo que ser una wicca. Pueden hacer hechizos sencillos, saben cómo mandarte al otro mundo a hacer rituales, conocen un millón de cosas del mundo sobrenatural, y puedes considerarlos sacerdotes de los dioses, así como guardianes del balance; pero no tiene ni la mitad del poder de un wicca; Alan Deaton no tiene ni la mitad del poder que tú tienes.
Killa movió ligeramente la cabeza. Sus ojos brillaban por lágrimas que querían salir, más no dejo que salieran—. No me importa.
— Killa—la nombró con un lánguido suspiró—. Entiende.
— No, Dago, tú entiende—se levantó del columpio, se tambaleo un poco y Dago la sostuvo de la cintura antes de que su cuerpo se hiciera mucho para atrás. Ella le agradeció con la mirada se quitó la chamarra antes de que resbalara más de sus hombros y comenzó a ponérsela bien; en ningún momento Dago dejo de agarrarla por la cintura—. Si no confió en ellas, no puedo confiar en que me ayuden bien o que me enseñen bien. Comencé a desconfiar un poco cuando se negaron en hablar sobre mi familia, pero trate de justificarlas y entenderlas; la historia de mi familia es muy complicada y dolorosa, no lo niego. Pero ¿ahora? —negó con la cabeza—. No estoy segura si quiero saber o si saberlo no me dejara preguntándome: «¿Esto es real? ¿Fueron sinceras?»
— Te entiendo, pero…
— Entonces entiéndeme—puso sus manos sobre los antebrazos algo lívidos de Dago—. Ahora las detesto, y a menos de que me den una verdadera prueba de que van a hacer sinceras conmigo, las quiero lejos de mí. Y cómo no me darán un pequeñísima prueba de que puedo confiar en ellas, se pueden ir mucho al infierno. Las 3. No necesito a personas…—cerró los ojos, interrumpiendo sus palabras, conteniendo sea decir lo que quería decir. Analizo demasiado todo como para decirlo. Suspiró y abrió los ojos—. No las necesito a ellas.
— Killa…—cerró los ojos, exasperado.
— ¿Sabes? A fin de cuentas Tana me ayudó en algo.
— ¿Qué?
— Tuvo que pasar toda está mierda para darme cuenta de que algo que me dijo esta mañana, es verdad y me ha evitado recobrar mi vida completamente. Me dijo que soy una perdedora que se autocompadecía, para parafrasear, y tiene razón. Lo hago.
Dago lo miro confundido.
Hace casi una hora, como las primeras semanas de su regreso de su otra vida/ilusión/ otro nombre que se le ocurra después, se autocompadeció mucho y se dio cuenta de eso al estar sola en la clínica. Hace menos de una hora, se autocompadeció todo su camino por la banqueta; deseó con tanta fuerza regresar a su otra vida, exponiendo las razones por las que quería regresar, lo que no había en aquella regalada por la mala copia de Voldemort, y citó tantas veces a Clarke en sus pensamientos… Sí, en la otra vida no estaba y en ésta sí, sin embargo, lo dijo tanto que las palabras de Tana le vinieron instantáneamente.
«Oh, la princesita por fin se despertó. Buen día para ser una inútil con un pie enyesado, una autocompadecencia inflada y cero cooperaciones. ¡Otro día más siendo la misma inútil de siempre! El yeso tiene poco que ver»
Curiosamente tuvo que comparar sus dos vidas para darse cuenta del peso de sus acciones en los últimos meses. Y sí, era verdad que la parte más importante de su otra vida era que no existía Clarke y que nunca estuvo encerrada, y nunca se perdió de su familia (y tuvo la oportunidad de pasar su lengua por los abdominales de Derek, está bien, no negaba que le daba buenos puntos a favor); pero tuvo que pensar en todo eso para que las palabras de Tana le llegaran instantáneamente; y se dio cuenta que aparte de la autocompadecencia, no dejaba ir completamente a la ilusión —siendo ésa una de las razones por las que quemo los diarios— porque aquel lugar fue su escape de una parte de su realidad que detestaba con todo su corazón.
Era la segunda cosa, aparte de ayudar a regresar, que le agradecía a Tana. Le dio lo necesario para abrazar de nuevo el control de su vida, y darse cuenta que se mentía cuando decía que sus meses en la clínica le ayudaron a tomar u n poco, no, sólo le ayudaron a sanar un poco; y nada negaba que si se hubiese quedado en su casa, no hubiese podido ni un poco. Detestaba sentirse inútil, detestaba sentirse observada, detestaba la forma en la que la miraban, y detestaba estar convirtiéndose en un muñequita de porcelana.
— ¿Me pasas mis muletas? —le preguntó.
— ¿Regresaran conmigo a la casa de Tana? —le preguntó, hablando desde sus últimas palabras. Killa se preguntó porque no dijo nada, no negó que se autocompadeciera o algo así, y al hablarle tenía los ojos hacia abajo y el agarre de sus manos en su cintura muy flojo; ¿estuvo pensando en sí era verdad o en alguna otra cosa?
— Después de todo lo que te he dicho, ¿de verdad crees que quiero regresar?
— No tienes a otro lugar a que ir—dijo Dago, como si fuera obvio.
— Estás equivocado, si tengo un lugar al que ir.
— ¿Dónde? —quiso saber.
— A la estación de policía, ¿quieres llevarme? —le preguntó.
…
— ¿Y en qué piensas?
— ¿En qué debo pensar, Rubí? —le preguntó Linus— Después de todo lo que me han contado, debe de ser obvio que odio a Tana; y no hay tanta diferencia. Antes la odiaba.
— Y yo la estoy comenzando a odiar de la misma manera—bufó cruzándose de brazos.
Linus puso una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos. Movió sus piernas pensativo y éstas se perdían en el interior del escritorio.
— ¿No es raro que todavía Killa no regrese? —preguntó mirando a la puerta.
— Está hablando con dos arpías, ¿crees que es fácil? Me sorprendería si no aparece antes de la hora de la cena.
— Deberían de dejar de preocuparse. Killa no es ninguna tonta, todo lo que ha pasado debió de forjarle carácter para poder soportar a dos wiccas tan especiales como Tana y Bryce —dijo David.
— Tú lo has dicho, David, "debió", pero ¿y si no lo hizo?
— ¿Por qué tan pesimista, Linus?
— No estoy de pesimista, soy realista. Todo se está yendo de las manos. Aún ni siquiera sabe que las nenazas sospechan de ella, no ha dado declaración…
— Ten fe. Todo saldrá bien.
— Dudó que todo salga bien. Algo raro sucede, lo sé.
— ¿Lo dices por la forma en la que tu herida se abre y se cierra, y tú descontrol? —le preguntó Rubí.
— Lo digo porque, como ya dije, todo se salió de las manos. Y necesitamos volver a afinar el plan.
— No, yo digo que es por lo que te pasa. ¿Por fin nos dirás por qué estabas tan salvaje ayer?
— ¡Estaba salvaje, desde que desperté de la mierda de Laqha tengo menos control que un perro al ver una toma de agua en las caricaturas! —se defendió Linus—. ¿De verdad crees que hay otra razón?
— Creo que me estás ocultando algo, Linus—replicó— Y por la forma en la que has evitado hablar de lo que te pasa desde que Killa nos dejó solos, lo creo con más fuerza. Te platicamos lo que Killa le hizo a Clay, de lo que platicamos con ella en la madrugada, cómo fue que se enteró de lo que hizo la abuela y la forma tan fea en la que vio morir a Francis; como eso le anda afectando mucho y… cada vez que tratábamos de hablar de lo que te pasa, te vas por la tangente, Linus. Necesitamos… necesitó saber lo que te sucede.
— Estoy descontrolado, es todo. Hago estupideces cuando lo estoy y, debo de arreglar la forma de quitar todo el descontrol y salvajismo. Casi todos los días siento la adrenalina correr por mi cuerpo sin siquiera hacer algo que lo justifique, un arranque de ira, dolor, ansiedad o frustración hace que la adrenalina desencadene mi transformación y no puedo todo el tiempo hacer ejercicio, golpear algo o…
— ¿Usar a Manuela? —propuso Rubí con una ceja alzada.
Linus la miro y suspiró. Si fuera tan simple hacer eso. Tan sólo pensar en hacerlo le daba cosa; masturbarse era un acto demasiado solitario y seco para su gusto, y evitaba hacerlo. Aunque eso evitara un poco si descontrol, su ansiedad o… quitarse las ganas de tomar su auto y suplicarle a Nezza la mamada que le "prometió" o que le dejara entrar en ella.
— No.
— ¿Entonces qué? ¿Vas por las calles buscando a una puta con la cual satisfacer tus deseos animales?
— ¡No!
— Hmmm. ¿A un puto trasvertí?
— ¡Rubí para de una vez! Sé lo que tratas de hacer y no funcionara.
— No trato de hacer nada, estúpido. Sabes muy bien que eso de joderte hasta que me digas lo que quiero saber, no sirve. Cuando te pones en tu plan de no decir nada, ni golpeándote con un bat haría que te salieras. A mí sólo me gusta joderte hasta ver las venas de tu sien saltar.
Linus puso los ojos en blanco, miro a David pidiendo ayuda, pero él decía con su mirada que no lo haría. Frunció el ceño. David llegó apenas ayer, pero se veía muy poco comunicativo como si algo hubiese pasado y le incomodaba o alguna mierda parecida. No era propio de David, normalmente el si se metía a hablar y no se quedaba como escultura viendo como los demás lo hacían.
Iba a preguntarle qué le sucedía cuando su celular comenzó a sonar.
Lo sacó del bolsillo de su pantalón y se sorprendió al ver quien le llamaba.
— ¿Quién es? —le preguntó Rubí.
— Nezza—respondió Linus. La sorpresa de su rostro se reflejaba en su voz. ¿Poe que le llamaba? Después del día en que se fue de San Francisco y golpeo su ex, no había entablado ninguna clase de comunicación.
— ¿La morena de risos que fue a ver a Killa al bar y que técnicamente le debo la vida? —farfulló tan rápido que Linus tardó tres segundos en responder, por estar procesando a un sus palabras.
— La misma—dijo Linus y saltó del escritorio.
El celular dejo de sonar, la llamada se perdió, pero a los segundos volvió a sonar y Linus salió de la habitación sin decirles nada.
— ¡Oye, adónde vas, zoquete! —le gritó Rubí levantándose de la cama, pero antes de poder dar un paso pasaron dos cosas: la puerta se cerró y David la jalo del brazo hacia la cama, nuevamente—, qué mierda… ¡David! —se jaló—. ¡Sueltamente David! —volvió a tratar de levantarse. David apretó más su brazo, la volvió a jalar y ella terminó estrellándose contra el colchón de espaldas.
Rubí bufo, enojada por la forma en la que David evitaba que fuera por el culo duro de su hermano.
— ¿Piensas que conseguirás algo?- quiso saber David.
Su voz le reprendía.
— No—le espetó sentándose en la cama.
— ¡¿Entonces por qué los andas molestando tanto?!-David hablaba en plural y Rubí sabía por qué; en la madrugada, cuando vinieron a ver a Killa, supieron rápidamente que le sucedía algo. Ella no estaba en la habitación, entraron y mientras trataban de buscarla con el cuarto a oscuras, ella prendió la luz, se voltearon y le encontraron cerca de la puerta, alado del interruptor de luz, con una toalla limpiado la humedad en su cara, y una mueca de dolor en sus labios.
Hablaron toda la madrugada hasta que bajaron a desayunar. Hablaron de todo, menos de Stiles, Scott, Derek —o la linda hermanita bebé de éste, que aún no sabía lo que hizo con su lindo hermanito, a de que fue falso; y las posibles cosas que pasarían si se enteraba. Y no era que ella pensara decírselo, Cora de alguna manera le agradaba—, y de que ellos sospechaban algo muy malo de ella. La creían una perra psicótica, y ella era todo menos un psicótica. ¿Perra? Dependía quien eras y con qué pie se levantara en las mañanas.
Pero aun así pensó que Killa le ocultaba algo. Se presionaba mucho el pecho con una mano, se jalaba el cuello de la blusa hacia arriba como tratando de ocultar algo en su pecho y en más de una ocasión sus ojos se dilataron, y se fue... Le hablaran varias ocasiones, y no sabían si era porqué hacía gala de su poder o estaba perdida en sus pensamientos.
Trato de sacarla de ellos en cada ocasión, pero no se dejó; también trato de preguntarte que le sucedía, si no le había dicho algo, y su única respuesta fue un «no me pasa nada más» y un ofrecimiento de comida. Al final David le pidió que dejara las cosas en paz (eso fue cuando Killa se levantó para ir por algo de comer), y ella lo hizo, a pesar de no estar de acuerdo. Comenzó a poner toda su ira y frustración a su abuela, y solo a ella, y lo que resto de tiempo, planearon como joder a Linus.
Lo hizo también que no fue hasta hace unos momentos que comenzó volver a redireccionar toda la ira y frustración hacia sus amigos.
Ahora Linus le ocultaba algo, y David evitaba que lo siguiera. ¿Qué de justo tenia eso?
Volvió a echar el cuerpo hacia atrás.
— Sólo quiero saber qué les pasa—respondió con un lánguido suspiro—. ¿Es tan difícil entenderlo, David? Los amo, son mi familia y me preocupo por ellos como si fuera su madre. Linus lleva meses con un descontrol que se le anda escapando de las manos a cada día que pasa. Killa se anda cerrando demasiado conmigo, nunca antes había tenido que suplicar mucho para que me dijera algo, y mucho menos mis intentos se vieron poco recompensados, y a cada hora de día siento que le sucede algo, siento mi vientre bajo arder y lo veo a la espera de la marca y nunca sale. La llamo y dice que no pasa nada. Veo a Linus mal, tampoco me dice nada y no es nuevo. Siempre ha sido así, detesta hacer que me preocupe y como no estoy con el todo el tiempo, Killa era quien me decía que lo sucedía y con quien mi hermano se desahoga; ahora ni ella puede decírmelo, porque o no sabe, o no sabe cómo decirlo con pocas palabras o está en ese trato silencioso de no decir nada, o probablemente Linus ya no se desahoga con ella como antes, no lo sé. Y tengo miedo, David. Estoy perdiendo a dos de las personas que más amo, y me asusta jodidamente mucho. Estoy viendo cómo se andan perdiendo a sí mismos, y me siento frustrada por no poder hacer nada para ayudarlos. Las cosas serían tan fácil ahora si aquella noche hace casi dos años, Killa hubiera dicho si cuando Linus le suplico que se alejara de nosotros.
Para eso momento Rubí ya había comenzado a llorar. Las lágrimas amargas y calientes comenzaron a deslizarse por sus mejillas, desviándose a un lado, directo a las sabanas.
David la miro, se sentía mal por ella, pero la comprendía. Él veía la relación entre los tres igual que siempre, pero la verdad ahora comenzaba a ver cosas que antes no le tomo tanta atención. Rubí viendo su celular como si quisiera encontrar todas las respuestas después de hablar con Killa, las noches —por lo menos una vez por semana— viendo cómo se levantaba la blusa, acariciaba parte de su vientre bajo como esperando a que algo saliera por él. Sus refunfuños en voz baja hacia Linus, y otras cosas que no puedo entender. Los días que se quedaba en la casa con él, ignorando las llamadas de Declyn y perdiéndose en la televisión. Ella estaba mal, pero no lo vio o no quiso verlo.
En parte no quiso verlo. Le encantaba pasar las noches con ella, solamente relajándose y algunas de esas noches en una caso terminó disparándole a alguien, y encontrarla era un bálsamo para su culpa. Si tan sólo la hubiera observado mejor… no estarían pasando esto. Desde antes pudo haber intervenido.
— No quiero perderlos—continuó Rubí casi en un sollozó. Se acercó más a ella—, ya sentí que los perdía en los primeros días de toda esta mierda. Y pensé, creí y desee que todo cambiara con Killa en Coldwall y Linus entablando más lazos con mamá y papá. Los estoy perdiendo y me jode darme cuenta y no poder hacer algo.
— No los estás perdiendo-aseguró David con voz suave. Limpió parte de sus lágrimas. Rubí volvió su rostro a él, y aprovecho para limpiar las otras—. Necesitan tiempo. Les andan pasando muchas cosas. ¿Crees que es fácil vivir lo que ellos vivieron?
— ¡Yo viví lo mismo! —replicó Rubí— Estuve ahí, me creí toda la mentira y…
— Y tu mente no se afectó tanto—la interrumpió—. Eres absolutamente increíble, fuerte. Eres un fénix levantándose de sus cenizas, con fuerza, asertividad y ganas de no dejar que nada ni nadie vare la vida. Tú estuviste bien por eso, y estuviste a miles de kilómetros recuperándote, no dejando que tu vida se detuviera ni tú psique se destruyera. Ellos no tuvieron esa ventaja. Tenían a un montón de personas atrás suyo, y a diferencia de ti, no podían mandarlos a la mierda tan fácil. La única vez que te trate diferente, me lanzaste un tazón de cereal a la cara y me dijiste que si volvía a hacerlo, me atravesaras el ano con un tacón de 12 cm- Rubí no pudo evitar reír, y eso fue como música para los oídos de David-. Y, no debemos de olvidar que ellos (tus hermanas, tu abuela, Bryce, Marvin, Clay, Dean y Thomas) realmente nunca creyeron que te afecto todo; y te dejaron sanar bien, con apoyo que no llego a parecer un enfermizo intento de controlar tu vida, y te dejaron la capacidad de tomar tus decisiones. Ellos no; Killa terminó cansándose y metiéndose a una clínica; Linus se perdía varias veces y se quedaba hasta altas horas suplicándole a Killa que saliera, sin darse cuenta que lo hacía también por escapar, y olvidar como sus lindas hermanas siempre estaban cerca evitando que se volviera loco y atacara a sus padres... tus padres. Todo está mal para ellos. Hace dos semanas creyeron poder estar bien, seguir con su vida bien, y te juro que se la creyeron. Estaban seguros que podían recuperados y empezar bien en Beacon Hills, no tener a los demás tras ellos, lo facilitaba tanto; quizás eso los convenció mucho más. Pero todo de forma inconsciente. Ahora ocurrió toda esta mierda y sienten que no pueden refugiarse en la negación por mucho más tiempo; ya han habido muchas… No sé cómo decirlo. Todo lo que les ha pasado les hizo ver que la negación ya no es una carta en la mesa, y si se aferraban en usarla, a pesar de no haber cabida, se arriesgaban a perder y lastimar personas.
— Yo una de esas.
— Sí, y estoy seguro que eso les duele. Lastimarte.
Rubí le volvió a sonreír—. ¿Porque tienes que ser tan listo y tener razón? Puedes ver todo tan bien y yo no.
— Debe ser porque estoy acostumbrado a personas cerradas. A analizar o he tenido mucho tiempo para pensar como la están pasando. Por semanas te compare con ellos para saber cómo intervenir—le sonrió—. Ahora-golpeo su frente con su índice derecho—. Grábatelo en la cabezota. Ellos vendrán a ti cuando estén listos, no los fuerces. Pueden que comprendan lo que están perdiendo con la actitud que adoptaron, pero eso no significa que estén dispuestos a hablar. Hay mucho por analizar y hablar entre ellos. Confórmate con eso; se tienen el uno al otro, y la situación no se quedara dentro de ellos, lastimándolos más. Hablaran y buscaran respuesta a todo entre los dos, y cuando estén listos te lo dirán todo. Y por extensión, me lo dirán a mí; y estaremos apoyándolos y…—rió un poco—, quejarnos, por qué no.
Rubí no puedo evitar reír de nuevo.
— Dios, David, deberías de ser psicólogo, consejero o una mierda así. Eres bueno con las palabras.
— Vivo contigo; debo de ser bueno con las palabras si no quiero terminar con un tacón enterrado en el trasero—bromeó.
Rubí tomo la almohada y se la aventó a la cara. — ¡Malo!
— Auch—dijo David. La almohada terminó sobre sus muslos.
La tomo y golpeó con ella a Rubí, sin soltarla.
— ¡Hey! —se quejó Rubí y se levantó tratando de quitarle la almohada, pero David, riendo, no se dejó.
Levantaba la almohada, la ponía atrás suyo y luego adelante de nuevo, tratando de que no se la quitara, y Rubí reí, se quejaba y bufaba; él sólo reía. En un punto, Rubí se enojó, quejo una última vez, y se hecho sobre él. David terminó soltando la almohada —que quedo bajo su espalda—y sostuvo a Rubí por la cadera para evitar que se cayera por la agresividad de su movimiento.
Terminaron cayendo al colchón, Rubí encima de David, y se oyó un fuerte estruendo.
— ¡Lo siento! —se disculpó Rubí, en su voz había terror.
El ruido lo causo la cabeza de David chocando con la madera del pie de la cama.
— Descuida—le sonrió para tranquilizarla.
No sirvió mucho. Rubí lo veía perfectamente (sus rostro estaban a escasos 10 centímetros y la cercanía le puso un poco nerviosa. Ahora que recordó lo que paso con ellos hace tanto tiempo, no podía evitar preguntarse lo que se sentiría tenerlo dentro de nuevo) y una mueca de dolor adornaba sus labios y su mano derecha se posó bajo su nuca, tentando los daños.
Puso otra mueca y alejo sus manos. —Tendré un chichón. Nadie se muere por un chichón.
— Evitarías el chichón si te transformaras por lo menos 30 segundos.
David bufó.
— Sabes porque no lo hago.
— Pero…
— Hace unos minutos estábamos hablando de lo mal que te sentías por Linus y Killa, y me agradecías con mucho fervor hacerte ver las cosas en perspectiva, podemos volver a eso, no quiero que hablemos de un tema que para mí quedo zanjado hace mucho, mucho tiempo.
— Pero…—apretó los labios, evitando las palabras salir. David la miro enojado y se sintió mal.
La culpa le llegó rápido, como el dolor de un piquete abeja en mitad de día de campo, y le mareó un poco, haciéndole olvidar el calor en sus venas por la cercanía de su cuerpo con el de David. Era totalmente horrible sentir aquello hacia tu mejor amigo, pero lo sentía y por lo mismo la culpa se volvía mayor.
Jodió muchas relaciones en el pasado, y no deseaba joder ésta hermosa amistad tan sólo por querer revivir lo que hace ya tantos años sintió. No, ahora David le importaba demasiado y, se conocía, probablemente era su cuerpo en abstinencia lo que le hacía sentirse tan deseosa.
Suspiró.
— De acuerdo. Tienes razón, hace unos minutos hablábamos de mí, mis preocupaciones y te agradecía. Eres grandioso David, no tienes que decir cosas bonitas de mí o compararme con el ave fénix para que lo crear. Eres grandioso, en muchas maneras mejor que yo, y debería besarte por hacerme ver todo en perspectiva.
Rieron.
— Sí, no lo hagas. No crucemos esa línea.
«Si supieras», pensó Rubí con un mohín. Puso sus brazos sobre el pecho de David y acomodo su cabeza sobre ellos.
— Nunca te has preguntado cómo sería besarme con todos tus sentidos. No olvides que un par de veces te he besado.
— Sí, me lo he preguntado, pero continúo pensando en no cruzar esa línea. Ya sé cómo besas, Rubí, dudó que eso cambie si siento tus labios sobre los míos estando totalmente consciente.
— Cambiaria si sientes mis labios en otros lugares. Te cambiaría la vida—dijo con un tono sugestivo.
Lo que paso a continuación se lo esperaba Rubí. David se comenzó a levantarse y ella se vio obligada a levantarse de su cuerpo.
— Con eso no se juega, Rubí—le regañó. Su expresión era extraña.
Y antes de que pudiera decir algo más, David salió de la habitación. Dejándola confundida en la cama, mirando el pasillo por la puerta abierta.
— ¿Qué diablos…?—comenzó a decir y se detuvo al ver a Linus en el pasillo.
— Vaya, la jodiste bien bonito—le dijo. Su celular estaba apretado en su mano derecha.
— ¿Hace cuánto estás en el pasillo? —le preguntó con el ceño fruncido.
¿Habrá escuchado su conversación con Dav?
— Desde su pelea con la almohada—respondió guardando su celular en su bolsillo—. Fue lindo e infantil. ¿Tenías que arruinarlo con decir lo de tus labios?
— Linus, nunca he pedido disculpas por algo que he dicho espontáneamente y no empezare a hacerlo ahora.
— ¿De verdad fue espontaneo?
No lo fue, pero no pensaba decírselo.
— Sí—le mintió mirándolo duramente.
Por la expresión que puso Linus, era obvio que no le creyó.
Se recargo en la jamba de la puerta, con los brazos cruzados y mirándola acusadoramente. — ¿Recuerdas lo que te dije en el bar, mientras parloteabas sobre David siendo donador de esperma?
— No.
«Sí»
— No importa si lo recuerdas. Ese chico te ama, Rubí, te ama de una forma muy jodida para alguien no correspondido. Y cada vez que juegas con él de esta manera no haces más que lastimarlo y restregarle a la cara las inexistentes oportunidades que tiene contigo. Y no lo dejas seguir su vida, dejar que se enamore de otra porque temes perderlo—Rubí apretó los labios en una línea tensa—. Deberías de decidirte. O aceptas su amor o te haces a un lado y eres la amiga condicional.
— ¿Y si quiero ser la amiga condicional y a la vez no quiero que este con nadie más?
— Pues serás una perra egoísta—y dicho eso, Linus no le vio sentido seguir agregando más palabras. Le dirigió una mirada conciliadora y se levantó de la jamba y se fue.
Lo siguiente que oyó fue la puerta del cuarto de Linus, y la cruda soledad.
Echó la cabeza hacia atrás.
David dijo que no dejo que su vida se perdiera, ¿su confusión no significa que perdió una parte de su vida?
Se hizo un ovillo en la cama, se abrazó a la almohada y pensó.
10 minutos después, pensó lo mismo que Linus: David había estado muy callado desde que llegó, y al tratar de buscar una razón, se quedo dormida.
…
— No, Stiles, te lo he dicho ya 10 veces. No estábamos hablando de Kira—le dijo su padre con un suspiró cansado.
— Entonces, ¿de qué estaban hablando tú y el papá de Scott? —quiso saber Stiles.
Su padre lo miro. Su mirada lo reprendió. Por todo lo que había pasado no había tenido tiempo de hablar de la conversación que escuchó el lunes, y Stiles no le creía ni un poco cuando le decía que no estaba hablando de algo reaccionada con Kira con el papá de Scott.
Llevaban como media hora hablando y no habían llegado a ningún lado en todo ese tiempo. Miro sobre su hombro, por la ventana y vio a Malia esperándolo en una de las sillas, hablando de vez en vez con Parrish.
Malia debería de estar en estos momentos con las chicas, en un repaso para la clase del coach, pero hace un rato llegó a su casa y cuando le dijo que iba a salir porque su papá necesitaba hablar con él de algo (él ya se presentía el algo), puso una carita de perrito triste y le dijo que le acompañara. Malia detestaba estudiar tanto en algo que no comprendía, lo sabía, pero sino ponía un esfuerzo no se graduaría con ellos.
— De cosas de policías—respondió su padre haciendo que lo mirara de nuevo.
Se encontraba recargado en su escritorio, con los brazos cruzados y mirándolo como retándolo a que se atreviera a seguir preguntando.
— ¿Qué clase de cosas?
— Rafael quiere que lo ayude con un caso, es todo.
— ¿Qué caso?
— ¡Stiles! —exclamó, regañándolo—. No tengo que explicarte de mi trabajo, menos si no está relacionada con algo extraña en Beacon Hills.
— ¿Y no lo está? —preguntó sin creerle—. Porque estoy muy seguro que nombraron a Kira, y si no, si es un simple caso de policías, ¿por qué estaban hablando tan pegados y despacio? Pareciera que no querían que ni las hormigas los escucharan.
— No pienso responderte porque estábamos así—le espetó—. Habláramos como habláramos, no debe de importarte.
— ¡Pero me importa!
— ¡No es nada que te incumba! Y no tienes derecho de pedirme explicaciones. Yo soy el padre, tú eres el hijo, Stiles. Lo que haga con mi tiempo no tiene que importarte, y los casos que acepte mucho menos.
— Pero…
— Y si hay algo sobrenatural aquí, hace mucho te lo hubiera dicho. Ya entendí que son los únicos a los que puedo ocurrir cuando las cosas se ponen raras.
Stiles abajo la mirada, enojado. ¿Por qué seguía sin creerle? Su padre estaba enojado, le dijo más de 10 veces que Kira no tenía nada que ver con el caso que estaba investigando con el papá de Scott, sino algo totalmente diferente y que él se equivocó al escucharlo. Y entonces, ¿por qué seguía sin creerle? La cara que su padre y el padre de Scott tenían al hablar era demasiado emocional, como si estuvieran muy, muy relacionados con el caso, como si conocieran a la persona involucrada y eso les afectara mucho. Quizás sea por eso, por las emociones que vio en sus rostros que no les creía. Las emociones fueron tan chocantes para él, tan fuertes que terminó haciendo que condujera rápido corriera por los pasillos de la escuela y se tropezara con Raven tan sólo para buscar a los chicos y decirles.
Por un momento, aquel tropiezo le hizo olvidársele lo que quería decirle a los chicos, y también por Raven los últimos días le había traído sin cuidado la conversación, y el grimorio. No había dejado de pensar en ella, lo que ocurrió en la veterinaria y todo lo extraño relacionado en ella.
Levantó un poco la vista. Sus ojos chocaron con el escritorio y un folder que estaba muy cerca de la orilla del escritorio, golpeteando el muslo de su padre. La pestaña del folder tenía un nombre y vio un R. Se inclinó un poco más para tratar de leer el nombre.
— Stiles, ¿qué haces? —le preguntó haciéndolo para atrás poniendo su mano derecha en su frente y empujando.
— ¿Ése es el expediente de Raven? —le preguntó mirándolo con ojos bastante abiertos.
— No te importa.
— ¿Por qué su apellido es Clarke en el expediente? Es Marvin.
— Stiles es mejor que te vayas—le dijo levantándose. Se veía bastante enojado.
— Papá…
Stiles no pudo continuar. Alguien toco la puerta y vio como su padre hizo una seña al que estaba del otro lado para que abriera la puerta de la oficina.
— Señor, la señorita Marvin le busca—dijo Parrish.
— ¿Cómo?
Rápido Stiles se dio vuelta, se acercó a la venta. Las persianas estaban separadas por lo que podía ver bien y en efecto, Raven se encontraba justo alado de Malia. Las dos hablaban de algo, mientras ella se agarraba con fuerza de sus muletas y un hombre alto, de piel lívida, cabello corto y ojos escrutadores tras ella (era el mismo hombre con quien Linus se fue del hospital); tenía un porte como de guardaespaldas, mirando todo como si alguien fuera a saltar de un momento a otro con ganas de lastimar a su protegida.
Ella, por otro lado, se veía más pálida de lo normal (un gran contraste de su piel durazno del lunes), su cabello estaba agarrado en un desordenado chongo y traía puesta una chamarra de piel café por lo menos tres tallas más grande y le llegaba por encima de las rodillas.
— ¿Te dijo para que me busca? —le preguntó su padre a Parrish.
— Dijo que quería dar su declaración, señor.
— Oh, bien, muy bien. Stiles, ya puedes irte, tengo que recibirla.
— Si, ya me voy.
— Ayúdala a pasar, Jordán—le pidió a Parrish mientras él salía.
— Sí, señor.
— El sheriff la recibirá ahora—le dijo el oficial que hace unos momentos la recibió.
Dejo de mirar a Malia que estaba sentada, y miro al oficial. Lo conocía, estuvo en sus sueños un par de veces y sabía que ahora pasaba mucho tiempo con Lydia para descubrir que era.
— Gracias. —dijo y acomodo mejor sus muletas—. No tienes que esperarme aquí, Dago—dijo mirando al bluatsauger.
No quiso que Dago la acompañara tampoco adentro de la estación, pero él se negó de forma silenciosa abriéndole la puerta y ayudándole a entrar.
— Te esperare en el auto—dijo marcando lo menos posible su acento.
Sabiendo que no podía hacer nada para replicar, asintió.
Miro a Malia y le sonrió. — Gracias por preguntar como estaba.
— No hay porque—le dijo Malia y le sonrió. La sonrisa era muy falsa, Killa pudo darse cuenta. Aun así le sonrió de vuelta.
— ¿Por dónde? —le preguntó a Parrish.
— Sígueme—hizo un ademán para indicarle que le siguiera.
Ella lo hizo. Con ayuda de las muletas comenzó a caminar, Parrish muy cerca de ella por si necesitaba ayuda y mientras caminaban a la oficina, Stiles paso a su lado. Se sostuvieron la mirada por un momento y después volvió a mirar al frente cuando casi se le cae una de las muletas. Por suerte Parrish estaba cerca y la sostuvo junto con ella.
Le abrió la puerta y vio al sheriff sentado. Se levantó para recibirla y la miro de arriba abajo, evaluándola.
Ella no tenía el mejor de los aspectos, lo sabía. Estaba pálida, sus labios acreditados y de un rosa pálido enfermizo, barbilla con un curita de Hello Kitty porque fue la única que pudo encontrar en la farmacia. Cuando le dijo a Dago que quería ir a la estación puso muchas objeciones, entre ellas su barbilla con sangre seca y su cuello manchado con la sangre. Ella dijo que podían arreglarlo fácil, le dijo que le llevara a una farmacia y con una mueca acepto (eso y después de decirle que necesitaba decirle al sheriff lo que paso, y le aseguró que sabía muy bien lo que le diría, sin importar que la arpía menor no hubiese hablado con ella al respecto para hacer una historia. En un momento, fue buena mintiendo), lamentablemente la dependienta de la farmacia no tenía otras curitas más que de niños y como se negaba a tener a Abelardo en la barbilla, decidió pedirle una de Hello Kitty, así como unas paracetamol y otra cosa que no estaba segura porque compro y le provoco muchas preguntas cuando lo vio en la bolsita mientras sacaba la feria del billete que le dio Dago.
Traía un pans y la pierna derecha estaba levantada para darle comodidad a su yeso, y al conjunto con la chamarra café no estaba usando lo último en la moda, pero lo bueno de tener la chamarra puesta es que no sentía frio ni sus pezones la evidenciaban sobre su falta de sostén.
No era la representación de la salud, pero tampoco se veía como si hace poco estuvo muriéndose de un envenenamiento.
El sheriff se levantó.
— Yo la ayudo desde aquí, Parrish—indicó acercándose a ellos. Parrish se fue y el sonido que hizo la puerta al cerrarse le hizo saltar—. Tranquila—le dijo el sheriff llegando a ella—. Soy el Sheriff Stilinski—le tendió la mano.
Ella lo miro y luego se miró, y sonrió.
— Hola—rió.
Por un momento el sheriff se vio confundido, luego la vio, vio su mano y entendió su risa. También rió un poco.
— ¿Te ayudo a sentarte?
— Hmmm—miro la silla que estaba a medio metro de ella—. Puedo sentarme sola—aseguró.
— Ok. —se hizo hacia atrás dejándole más espacio para usar las muletas. En menos de 15 segundos llegó a la silla, recargo una de las muletas en el escritorio y puso su mano en la silla, se fue haciendo para abajo, inclinando la muleta y se sentó, cayendo con bastante fuerza.
Todo bajo la mirada del sheriff que ya estaba sentado en la silla tras el escritorio. Puso una mueca y le sonrió como una niña que hizo algo malo frete a un adulto.
— Sí, tal vez ocupaba su ayuda, pero no me gusta depender mucho de las personas.
— Lo entiendo y lo respeto—le dijo con una sonrisa conciliadora.
A diferencia de la mirada conciliadora de Dago en el jardín de niños, le gustó la sonrisa del sheriff. Él no sabía lo que paso en su casa hace como hora y media, y su sonrisa conciliadora era solamente por su estado físico, no emocional.
— Bueno, señorita Marvin…
— Raven… —lo interrumpió—. Llámeme, Raven.
— Bueno, Raven—repuso—. El oficial Parrish me dijo que quería darme su declaración.
Ella asintió. — Podemos ir a la sala de interrogatorios, si quiere.
— No será necesario, aquí podemos hacerlo. Solo tengo una duda, tú padre vino ayer y me dijo que no podías dar la declaración porque te sentías mal.
— ¿Le dijo porque me sentía mal? —le preguntó bajando un poco la mirada. Miro el folder que se estaba saliendo por la orilla del escritorio.
— Tuviste un ataque emocional o algo así. No entró mucho en detalles, solo me dijo que no estabas en condiciones y que debía de esperar unos días.
— Comencé a llorar mucho—le mintió—. En cuanto llegue vi a Linus, mi… novio—dijo, masticando la palabra. No se acostumbraba en esa palabra—. Fue algo muy fuerte para mí y llore por cómo una hora. Se preocupó mucho y trataron de tranquilizarme. Lo hizo, eventualmente, pero se preocupó mucho. Nunca lloró por tato tiempo seguido o sin respirar. Un parte de él entiende que fue algo fuerte para mí. Casi muero y ver a Linus fue la cucharada de realidad que necesitaba.
— Entiendo—dijo abriendo un cajón del escritorio y sacando una pequeña libreta—. Pero no viniste con él.
— Es un padre, Como todo padre siempre piensa en sus hijos sin importarles si actúa coherentemente. Se precipito al creer que yo no podía hacer esto, hace unas horas, durante el desayuno dijo que descansara, que no vendrían hasta el lunes a hacer la declaración, pero a mí no me gusto eso. Quiero terminar con esto pronto, y él no lo entiende. Me quiere en cama, comiendo donas, viendo películas y pasando un tiempo de calidad con todos, y yo quiero cerrar con lo que me paso de una vez.
El sherrif asintió. La miro, como queriendo decirle algo, pero no sabía cómo. Ella suspiró. La última vez que estuvo tan cerca de él era una niña; justamente la noche anterior al desaparecer. Stiles estaba en su casa y fue por él. Lo saludo con un abrazo y le sonrió de forma paternal. Ahorita, no lo abraza, no ele sonreía de forma paternal, pero la distancia era tan poca que sentía ganas de romper la distancia y abrazarlo.
Miro de nuevo el folder y frunció el ceño al ver su nombre en la pestaña. Se inclinó hacia adelante y tomo el folder antes de que el sheriff pudiera tomarlo.
— Raven…
— Ya veo porque está tan raro—dijo viendo el folder. Lo abrió y miro la primera hoja. Ella a los 17 años le miraba exasperada. Recordó el día que el tomaron la foto. Linus y ella fueron a un bar, hubo una pelea y aunque no participaron, los policías llegaron y los arrestaron a todos. Rubí tomo un autobús a San Francisco sólo para sacarlos y se rió todo el camino al departamento de Linus y fingió ser una madre enternecida porque si "niña" por fin tuvo su primer arresto—. No sé todo lo que le dijo la abuela de mi novio, pero le aseguró que todo tiene una perfecta explicación. Ella… ella conocía a mi abuela, se hicieron grandes amigas y siente una clase de responsabilidad conmigo. Cuando me hice amiga de Linus y después su novia, le gustó mucho.
— Sí, eso me dijo. Aunque no comentó que eras adoptada y que estuviste en las calles.
Puso una mueca.
— No me gusta esa parte de mi historia. Yo… —tomo aire—, mi padre murió cuando era una niña, mi madre cuando nací. Y, cuando mi papá, Marvin, pidió mi custodia (era amigos de mis padres), no quisieron por ser un soltero sin trabajo estable. Debe de entender lo difícil que fue para mí adaptarme a estar sola. Durante varios años ocurrieron cosas que me lastimaron mucho. es difícil ser huérfana. Familias van a buscarte, te escogen porque eres linda, tienes algún don o, tus grandes ojos de color claro te hacían ver como la muñequita que les dieron de niña. Y eso si eres joven, después creces y no quieren adoptarte porque ya estás muy trastornada, muy formada y es difícil tratar a una chica cuya personalidad estaba formada casi en su totalidad. Si te va bien te adoptan, si te va mal o estás en el sistema hasta los 18 o te adoptan una familia que están en el sistema de familias temporales porque eres un cheque para ellos. Cuando llegó Marvin fue mi caballero en brillante armadura, y hace poco acepte su apellido. Por eso no me encontraba cuando me busco con Raven Marvin. ¿Supongo que se lo dijo mi papá?
— Sí.
— No lo culpe a él o a Tana por mentir, yo quería que nadie supiera que soy adoptada. Cuando lo eres, te miran de una forma muy rara; casi como si fueras un gusano o basura. Y tienes que levantarte todos los días sabiendo que para otros eres un gusano, basura o… les das lastima. Yo no quería eso, quería olvidar, así que si mintieron en algo es por mí.
— A decir verdad, no mintieron mucho.—le dijo. Junto sus manos y las puso sobre su barbilla, analizándola—. Y tu padre vino a explicármelo todo ayer.
— ¿Sí?
— No tanto como tú, pero sí. Me dijo el poco cambiaron un par de cosas, no entró en detalles, pero con lo que me dices, ahora lo comprendo.
— Es un padre—repuso Killa—. Hizo lo mejor para mí. Y le estaré agradecida por lo que me reste de vida.
El sheriff asintió, miro el folder un momento y luego de nuevo a su cara.
— Yo no podría decir que no haría lo mismo, pero. Aquí es dónde quiero que me digas, ¿por qué tu padre cree que te secuestraron por su culpa?
— ¿Qué? —preguntó totalmente sorprendida.
Cuando empezó a hablar, no mintió en casi ninguna palabra. Sus ojos ardiendo y las veces que se sorbió la nariz lo indicaban. Dijo todo lo que sentía, lo que paso y vio, no explicando cómo vio todo eso con las pocas familias que estuvo, no diciendo nada de su tiempo en la calle. Hizo todo en su poder por no llorar y mostrar lo rota que estaba una parte de sí.
No quería echar a la mierda lo que se prometió en el jardín de niños. Quería recuperar su vida, de verdad, sin negación, aceptando todo lo que le había pasado y verle lo positivo, evitar la autocompadecencia; y llorar menos de una hora después de prometérselo sería regresar a los viejos hábitos, ¿no?
Aunque…
Miro a sus pies. No podía evitar sentirse mal por aquella época de su vida. Paso a ser una muñequita rota, aferrándose a lo poco que sabía de sí misma y renuente a confiar en los demás, a ser la chica que Marvin sano. Él le devolvió su identidad, a pesar de la mentira.
— Tú padre dice que posiblemente te secuestro alguien de la banda de su antiguo proveedor de drogas—le contó levantándose.
Se recargo a la orilla del escritorio, la pequeña libreta en una de sus manos, el lápiz en la otra.
Lo miro sorprendida.
— ¿No lo sabías?
— No—se humedeció los labios. Marvin nunca tuvo problemas de drogas, solo con la bebida, el cigarro y peleas en bares, pero decidió seguir con su mentira. Lo dijo por algo—. Lo sabía. Él tuvo muchos problemas de joven, y mi madre le ayudo a salir del hoyo.
— ¿Entonces crees que su antiguo proveedor?
— ¿Qué pregunta es esa? —le preguntó frunciendo el ceño—. Todo eso fue años antes de que naciera. Se limpió antes de que naciera, así que no, no conozco a su proveedor. En ninguna momento en estos años que llevo con él ha vuelto a drogarse o a si quiera tomar un shot de tequila. Nunca lo vi hablando con su proveedor, pero…
— Él dice que te han amenazado y que el accidente de auto que tuviste hace unos meses con tu novio fue por culpa suya. ¿Qué hizo? ¿Corto los frenos o con un auto los saco del camino?
— ¿Qué trata de hacer? —le preguntó enojada—. Vine aquí a dar mi declaración, vine aquí a decirle una parte de mi historia solo para que no me crea una mentirosa de mierda o que yo planee todo esto o una mierda así. Y en lugar de aceptar eso, anda atacando a mi padre ¡Si quiero atacarlo, no lo permitiré! —tomo sus muletas—. No tendrá mi declaración y no volveré aquí.
Trato de levantarse, pero él puso sus manos sobre sus hombros.
— No quería ser grosero, Raven…
— Pues lo fue. Y no permitiré que lo sea. No tiene ni una idea de lo que ese hombre hizo por mí. Lo que sacrifico por mí. Le debo todo. ¿Y qué si el auto fallo por falta de frenos o un auto salió de la nada para sacarnos del camino? Era de noche, no podía ver más allá de mi nariz y estaba muy distraída pensando en la escapada que tendría con mi novio. Mi padre se consiguió un enemigo antes que naciera, y casi morir, ver como eso le afectaba me hizo estar mal. Ya tenía problemas emocionales antes y todo exploto en mi cara. Venir a Beacon Hills con la abuela de mi novio fue lo más sensato que él pudo hacer, a pesar de la mentira que pudieron a verle dicho para justificar mi estancia aquí.
— Lo siento, yo… Ocupo entender, Raven.
— Y quiero ayudarlo a entender, pero atacándolo no lo hará. Yo misma estoy confundida. Vine el lunes, estuve a punto de irme porque cogí una infección en el estómago. Volví todo mi estómago y necesitaba irme. Y cuando estaba por mí, vi que el monumento donde estaba el nombre de la escuela estaba hecho hacia atrás y dirigían a una escalera. No fue listo entrar, pero soy curiosa a muerte y entre, y vi a un hombre joven buscando algo entre anaqueles y lo siguiente que supe es que se echaba sobre mí y me rasguñaba los brazos con algo parecido a garras y sus ojos me miraban como si fuera un corderito. Hasta me mostro sus dientes, que parecían colmillos.
— Un momento, ¿qué acabas de decirme? —le preguntó el Sheriff con una cara sorprendida.
No se esperaba que le dijera eso. ¿Sabría de la bóveda?, se preguntó. ¿Su sorpresa era porque estuvo ahí o porque describió a un hombre lobo apenas convertido?
Tomo aire. — ¿Está listo para oír mi declaración? —le preguntó, ignorante que afuera, Malia y Stiles aún no se iban y, la mujer coyote estaba oyendo todo lo que decía.
