Disclaimer: Saint Seiya NO ME PERTENECE. Su creador es el maestro Masami Kurumada

¡Gracias Kurumada por esta obra de arte! ¡Saint Seiya!


Enemigos.

¿Qué había sido esa estela dorada? ¿Qué es lo que Athena estaba planeando? Ellas estaban al otro lado del santuario, sólo sabían que un ejército de muertos había venido a atacar. Además, un gran incendio que se propagaba por todo el lugar, las cosas definitivamente no iban bien.

Hace horas que estaban escalando. Era muy difícil moverse ya que parecía que la tierra se estaba haciendo inconsistente a causa de la lluvia. Si se apoyaban en el lugar equivocado podía despedirse de sus vidas, ya que estaban a una altura considerable del suelo. Estaban demorando mucho, Karsten necesitaba las medicinas inmediatamente y ya tenían como dos horas de retraso. Quizás ya estaría moribundo… por lo menos eso pensaba Aretha.

-¡Mier…!-Nhiuty había tenido muchos cambios de humor mientras escalaba. Estaba muy preocupada, nerviosa y finalmente termino enfadada. Farfullando groserías hace horas. Quizás era su manera de demostrar nerviosismo y a la vez fortaleza. Aunque era muy extraño.- ¡Karsten es un estúpido! ¡¿Cómo se le ocurre enfermarse por estas épocas?

-Silencio. Deja de gritar que sólo lograras llamar la atención del enemigo.-dijo su compañera mientras palpaba la tierra en busca de un lugar donde apoyarse.-Hace unas horas estabas sumamente preocupada. Además todo esto lo hacemos por ayudar a un compañero.

-Sí, supongo que tienes razón…-Nhiuty suspiró.-Sólo espero que se mantenga estable.

-Nhiuty, tenemos dos horas de retraso. Si no avanzamos...

-Podría morir. Ya se. ¡Deja de decir eso que me pones nerviosa, mujer!-exclamó.

-Me llamo Aretha, te digo la verdad y no es con intención de ponerte nerviosa. Ahora, si no lo has captado, quiero que te apresures ya que sólo te veo hablar.-respondió Aretha con un tono de seriedad. Nhiuty asintió y siguió subiendo.

Por un momento las dos chicas no se dijeron nada. Estaban concentradas tratando de escalar que no se percataron del hecho de que eso demoraría muchas horas más. El final de esa cima estaba cerca, pero llegar ahí era muy difícil, sobre todo por el clima y las condiciones en que estaban. Y sólo en ese pequeño instante de girar para ver a su compañera, Nhiuty tuvo una gran idea:

-¡Tus armas!-exclamó emocionada.

-¿Perdón?

-Dime, ¿Tus armas son lo suficientemente duras para sostener el peso humano?

-Sí, pero no…-En segundos Nhiuty tomó los cuchillos afilados de Aretha y los ató a una cuerda gruesa que ella guardaba en su bolsa.- ¿Qué crees que haces? Esas armas me fueron entregadas por mi maestra el primer día de entrenamiento. ¡Es un recuerdo muy preciado y…!

-Sólo será un momento. Y espero que funcione…-Nhiuty ajustó bien la cuerda y sin previo aviso lanzó los cuchillos a lo alto. Después de uno minutos tiró la cuerda para luego sonreír con cierta demencia.-Prepárate Aretha, vamos a subir.-La chica se sostuvo de la cuerda y comenzó a balancearse mientras subía hábilmente, provocando que Aretha se estremeciera.

-¡Es peligroso! Puedes caerte, deja ya de hacer eso.

-No digas tonterías, vamos a subir ahora. Sujétate de la cuerda y comienza a subir, no tenemos mucho tiempo.-Aretha vaciló un momento, finalmente, con clara molestia, decidió obedecer a su ''amiga''.

Y aunque resultase incomodo sentir como su cabeza iba acumulando barro, cortesía de Nhiuty que arrastraba zapatos, sabía también que eso lo hacían para ayudar a un compañero. Aretha se había encontrado con Karsten en algunas ocasiones. Parecía ser un chico bueno, aunque un poco debilucho en carácter. A simple vista no parecía ser un futuro Santo de Oro. Pero tenía que aceptar que era muy talentoso cuando de arte se trataba.

-¿Nhiuty?

-Dime.

-¿Qué es exactamente lo que tiene a tu amigo en ese estado?-Nhiuty se detuvo y giro su vista hacia Aretha. Era algo difícil de explicar, además de algo muy privado. No estaba segura de contarle la historia a su amiga, no por desconfianza, sino por respeto a Karsten. Finalmente negó con la cabeza y retomo su camino.

En unos minutos terminaron de escalar. El terreno estaba muy húmedo, era una suerte los cuchillos hayan soportado su peso. La casa de Piscis estaba cerca. Nhiuty y Aretha fueron corriendo hacia el templo. Ya se habían tardado mucho, de seguro la amazona que estaba al cuidado de Karsten estaba muy enfadada con ellas.

Entonces, cuando dieron el primer paso en la casa de Piscis, sus caras se llenaron de preocupación. Vendas llenas de sangre regadas por todas partes y unos quejidos hicieron que sus caras reflejaran horror. ¿Acaso habría llegado tarde? Nhiuty corrió hasta la habitación de Karsten, sus ojos estaban llorosos. Aretha camino lentamente, esperaba lo peor.

Aretha entró en la habitación lentamente, se quito la máscara, y observo la escena con gran sorpresa. Un moribundo Karsten yacía en una cama, sus ropas cubiertas de sangre y en su brazo algo que parecía ser una herida profunda.

-¡¿Qué ha sucedido?-chilló Nhiuty.- ¡¿Por qué esta así? ¡Maestra, responda!

-Cálmate.-El rostro impasible de la mujer hacía que Aretha sintiera miedo. Ella era la amazona de Lince, su maestra. Una mujer de piel canela, seria en todo sentido, tenía el cabello corto y de un color negro. Llevaba puesta su armadura, al parece había peleado.-Aretha, quiero que te quedes a cargo de Karsten. Yo tengo una misión que cumplir.

-¡Pero…!

-El muchacho todavía puede vivir.-la mujer suspiró.-Hemos sido traicionadas. Gran parte de nuestras compañeras se han ido al otro bando. La amazona que cuidaba de Karsten quiso matarlo. No puedo dar más detalles.-Se coloco una máscara, muy parecida a la de Aretha, y se fue sin decir nada más.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Lo último que recodaba era como se hundía en medio del lago, algo lo estaban reteniendo y después oscuridad. Minato no estaba por ninguna parte y hacía mucho frío.

''Frío… Se parece a… ¡Camus!''

El aprendiz de Acuario salio de su letargo y su vista se dirigió hacía el caballero de Acuario, su maestro. Esos ojos fríos se posaron en él, hubiera jurado que su maestro quería matarlo. Pero, para su sorpresa, Camus de Acuario se le acerco para verificar su estado. Y después de confirmar que estaba bien, comenzó el interrogatorio:

-¿Me quieres explicar por qué saliste, sin mí permiso, del santuario?-De no ser porque era su maestro, Sigthus hubiera pensado que estaba apunto de ir a la cárcel.- ¿Qué haces en este bosque? ¿Qué era ese fuego verde?

-Pues…-Sigthus mantenía una voz suave y trataba de parecer lo más inocente que podía, aunque estaba fallando en el intento.-Minato y yo nos perdimos porque, mientras huíamos, nos encontramos con muchos cadáveres y nos asustamos y terminamos en este lago.-mintió.-Después Minato se perdió en medio del lago y no supe nada más… ¿Me cree, verdad?- Camus mantenía el ceño fruncido. Evidentemente la teoría de Sigthus no lo convenció del todo. El aprendiz cruzó los brazos.- ¿Dónde esta ella, señor Camus?

-Tú amiga acaba de ser rescatada…

-¡¿Qué hace aquí señor Milo?-El gritó de la chica se escuchó por casi todo el bosque. Sigthus sonrío y soltó una pequeña risita.- ¡Le juró que no se como llegamos aquí!-Milo suspiró con cansancio. Iba a se muy difícil tranquilizar a la niña, ¿Quién le mandaba a tener una mujer de alumna?

-No puedo creer que hayas sido tan insensato.-regañó Camus a Sigthus.- ¿No te percataste de la clase de lago en el que te habías metido?-Efectivamente, a un lado del lago descansaba lo que parecía ser una bola de algas gigantesca. Y pasos más allá un cartel que prohibía el ingreso al lago.

-Oh… vaya.-Había sido muy descuidado. Al menos su amiga estaba viva.-Pero, señor Camus ese letrero esta muy escondido. Además estábamos huyendo y…

-Camus, es hora de irnos.-Era el caballero de Piscis. Sigthus jamás había cruzado palabra con él, pero le parecía un tipo interesante, y curioso. Aún le causaba gracia su apariencia, así que hizo un gran esfuerzo para no reírse. Aunque no pudo evitar que una gran sonrisa se entendiera por su rostro.-La niña ya esta estable… y dile a tu aprendiz que si no se mueve yo mismo lo ahogare en el lago.-El aprendiz no pudo evitar soltar una risa cuando escucho la palabra ''niña''. Afrodita dio media vuelta y se retiro.

-Vámonos.

En minutos ya estaban caminando de regreso al Rodorio. Aunque los aprendices no entendían muy bien que se supone que sus respectivos maestros harían después, ya que el Rodorio estaba siendo atacado y lo más probable era que tenían que ocuparse de otros asuntos. ¿Acaso planeaban dejarlos a un lado? Sería algo insensato de su parte, pues como sus tutores debían de cuidarlos.

Los árboles sólo hace minutos estaban siendo consumidos por el fuego, ahora estaban hechos cenizas. Prácticamente medio bosque había desaparecido. Además, el altar ya no estaba. Era como si ahí solo hubiera ocurrido un simple incendio forestal. No hubo altar, no hubo nada extraño.

-Rhein y Rinsing…-susurró Sigthus, ahogando un grito.-Íbamos a ir por ellas. Tenemos que ir por ellas.

-No podemos, nos están vigilando. Además, si les decimos algo, nos delataremos.

-Sus vidas están en riesgo.-Sigthus bajo aun más la voz.-Rhein y Rinsing podrán ser astutas, pero a la hora de actuar siempre fallan. Nadie nos asegura que no estén muertas, y en el caso de que las encontraran no podemos estar seguros si esas personas están de nuestro lado o son perros traidores que buscan asesinarlas.

-¿Qué sugieres?

-Les diremos lo que vimos. Tú sólo quédate callada.-Sigthus se acercó a su maestro.

El chico, al igual que su maestro, habla en voz baja. Parecía que discutían de algo, Minato pudo notar que el caballero de Acuario miraba a Sigthus como regañándolo. Y los minutos pasaban, Sigthus ahora estaba mirando suplicante a Camus. Llegó el momento que la cara del Caballero mostró sorpresa. Se detuvo y después de unos segundos dijo:

-Milo, tenemos que ir al bosque.-El caballero de Escorpio lo miró con curiosidad.-Hay dos aprendices que entraron al bosque.

-¿Y que haremos con ellos?-preguntó el Escorpio, refiriéndose a Minato y Sigthus.

-Afrodita, llévatelos al Rodorio. Ahí podrán encontrar con unos aprendices más.-El caballero de Piscis aceptó de mala gana y les hizo una seña a los aprendices para que caminaran. Rogaba a Athena que por favor esos niños no causaran mayores problemas.

Mientras, los aprendices, se preguntaban como era que Karsten podía soportar estar en compañía del santo dorado. Y esperaban que encontrar a las dos chicas.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Los dos gemelos ya habían soportado alrededor de dos horas peleando. Sus fuerzas se estaban agotando. Esos muertos no paraban de atacarlos. Salían del suelo y parecía que en vez de disminuir, aumentaban. Al principio parecía ser un juego divertido, pero los gemelos cambiaron de actitud al ver como las cosas se hacían más difíciles a cada minuto.

-¡Maldición!-gruñó Deo mientras trataba de liberar sus brazos que estaban siendo arañados por los muertos. Soteiros estaba unos metros más lejos luchando contra otro grupo de enemigos. Su hermano luchaba mucho mejor que él.

-Necesitamos… ayuda…-dijo jadeando. Se acercó al lugar donde Deo era atacado por los muertos.-Tenemos que huir…-Concentró un poco de cosmos en sus manos y golpeó con brutalidad a los muertos. Deo cayó de espaldas, jadeando también.

Observando más de cerca, Deo notó que su hermano estaba muy cansado, incluso más que él. Tenían unos minutos para descansar, en cualquier momento esos muertos volverían a atacar. Pero cuando trato de de ayudar a su hermano a ponerse de pie, una mano lo sujetó. Atrás de él, dos hombres de cabellara azul lo observaban. Uno de ellos portando la armadura sagrada de Géminis.

-Ha un lado.-ordenó el Caballero Dorado.

Deo observó expectante como los dos hombres se posicionaban en el terreno. Saga y Kanon tenían todas las intenciones de pelear. De pronto sintió un poco de vergüenza de tan sólo pensar que estuvieron observando la batalla, donde él no dio mucha pelea a los muertos. Soteiros había caído al suelo desmayado. Unas manos esqueléticas lo abrazaron, enterrando sus uñas en la piel del chico. Pronto muchos muertos se unieron y quedó completamente atrapado.

-¡Soteiros!-gritó.- ¡SOTEIROS!-Una gruesas lágrimas escaparon de sus ojos. Todo estaba ocurriendo tan rápido que Deo no se percató de la presencia del caballero de Sagitario.- ¡NO!-bramó.- ¡Maldición, no!-Trató de correr, pero Aioros lo tenía atrapado.

Kanon, quien estaba más cerca de Soteiros, logró liberar al aprendiz de los muertos. La piel del chico estaba pálida, sus ropas habían sido desgarradas. Aioros dejo ir a Deo conciente del dolor que debía de estar sintiendo en esos momentos el jovencito.

El aprendiz de acercó a su hermano. Trató de hacerlo despertar, pero Soteiros no despertó. Unas gotas de sangres resbalaron por su boca. Se estaba muriendo.

-¡Soteiros!-Deo sacudió el cuerpo inerte de su hermano, pero no reaccionaba.- ¡Despierta!-Los gimoteos de Deo evidenciaban el gran dolor que sentía.

-Deja de… llorar, Deo…-La voz ronca de su hermano logró que Deo recobrara la compostura.-Podrás quedarte… con la… armadura de Géminis.

-No. Tú no morirás.-gruñó Deo.

-Jamás diría eso…-rió su hermano.-Estamos juntos, para siempre…-Soteiros, con gran esfuerzo, sacó de su bolsillo un anillo dorado con una gema que lo decoraba.- ¿Recuerdas?... nuestra madre…

-Cállate.-Deo tenía la cabeza agachada, como evitando a su hermano.-No debemos hablar sobre eso.-Soteiros rió otra vez y sus ojos se cerraron lentamente. Pero aún respiraba, el aprendiz seguía vivo y tenía que ser atendido inmediatamente.

Aioros se acercó a Deo tratando de calmar las lágrimas del aprendiz, pero este se puso de pie. Saga y Kanon seguían peleando contra los muertos. Deo supuso que ellos podrían pelear sin mayores complicaciones, dirigió su vista hacia el caballero de Sagitario y con la voz quebrada le dijo:

-Mi hermano tiene que volver al Santuario. Se… se esta muriendo…-Los ojos del chico reflejaban suplica, lo cual hizo que Aioros sintiera un punzada en el corazón.- ¡Por favor!

-Es peligroso.-susurró Aioros.-Estamos siendo atacados. Ahí nadie podría ocuparse de tu hermano.- Y aunque a Aioros le fuera posible llevar a Soteiros a un lugar seguro, primero estaba su misión de defender el Rodorio. Observó como los ojos del aprendiz se llenaban de hostilidad hacia él, quizás, preparado para replicarle o reprocharle su actitud.

Aioros sabía lo complicado de la situación. Comprendía muy bien ese lazo que unía a los hermanos, lo tenía muy claro. Incluso estaba de acuerdo en que recibiera un reproche por parte de Deo, el también lo haría si es que su hermano Aioria estuviera en la misma situación. Pero el caballero de Sagitario también sabía que en momento como ese nadie debía dejar que las emociones los guiasen. En esas ocasiones limites se debía dejar de lado los lazos familiares, porque lo que importaba era proteger a los demás a costa de uno mismo. De hecho, esa era la principal razón por la que los santos de Athena no tenían familia, porque representaba un obstáculo a la hora de pelear. Nada se podía hacer por Soteiros, por lo menos no en esos momentos.

-¡Pero se esta muriendo! ¡Es mi hermano! ¡¿Espera que me quede sentado junto a su cuerpo esperando su muerte?-bramó enfurecido.

-Mi deber de caballero esta primero.-dijo con serenidad.-Si en mis manos estuviera…

-¡Maestro Aioros!-El aprendiz de Sagitario se acercaba a zancadas junto a sus compañeros. Su expresión facial cambio radicalmente al ver a uno de los gemelos tirado en el suelo.- ¿Qué le ha sucedido? ¿Es…?

-Soteiros.-terminó de decir su maestro.

-Necesito tu ayuda Shain.-Deo se acercó a él.-Necesito llevarlo al Santuario, necesito que lo vean… ¡Se esta muriendo, Shain! ¡Di algo!-Evidentemente Deo estaba muy desesperado como para volver a recibir un no por respuesta.

-Tranquilo. Yioru, por favor tienes que ayudarlo.-El aludido miró con sorpresa a su amigo. Consideraba que él era la última persona a la que le pedirían un favor…-Eres más astuto que yo. ¡Es nuestro compañero! En el Templo de Piscis hay unas amazonas que están atendiendo a Karsten. Dudo mucho que se hayan retirado del lugar.

-Es imposible.-repuso.- El Santuario es un lugar peligroso. En estos momentos nos es imposible entrar ahí. No podríamos llegar al templo de Piscis y…

-El ataque esta concentrado en el coliseo. Los doce templos permanecen vacíos, aún no han atacado esa parte del Santuario. Les será fácil llegar.-intervino Aioros. Yioru no dijo nada más, contradecir a un caballero de Oro le parecía una falta de respeto muy grande hacia el Santuario.

-Sí. Vamos Deo.-Los dos muchachos tomaron en brazos a Soteiros y salieron del lugar.

Shain explicó a Aioros que su hermana estaba perdida. De seguro se encontraba entre la lista de los aprendices que probablemente habían ido al bosque. Eskol tomó la tarea de buscar en los alrededores mientras que Aioros y su aprendiz fueron directamente al bosque dejando el terreno despejado. Saga y Kanon sonrieron ante esto, ahora podían pelear sin restricciones.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Acababan de salir del bosque. Shikaro se sentía feliz, no sólo porque había rescatado a su amigo, sino porque tenía la seguridad de que todo iba a cambiar. Para bien, todo iba a cambiar. Kiki estaba cubierto con una capa negra para que el frío no lo afectara y se apoyaba en Shikaro. Los dos algo cansados.

Kiki agradecía la acción de Shikaro, agradecía infinitamente el que lo haya ayudado. Sin embargo, se preguntaba como se presentaría en el Santuario. Era un asesino, no era digno de volver. Tenía miedo, con justa razón pues no sabía que era lo que le esperaba. ¿Y si lo condenaban? Era lo mínimo que podían hacer. En esos casos la muerte era la única salida. Athena lo condenaría a muerte, primero estaba la seguridad de un pueblo entero.

Su maestro, ¿Cómo le miraría a la cara? ¿Tendría la valentía suficiente como para volver a verlo? Estaba en falta con él. Le había faltado el respeto metiéndose con su vida privada que, lo aceptaba, no tenía nada que ver en la discusión. Lo justo hubiera sido recibir un castigo corporal por parte de su maestro, se lo merecía.

-¿Qué te sucede?-preguntó Shikaro al sentir el repentino silencio de su amigo.

-Nada… es algo personal.-Kiki miró hacia adelante y fijo su vista en aquellas tres figuras que se encontraba en medio del camino. Su vista se agudizo y pudo reconocer a uno de los individuos: El aspirante a la armadura de Can Mayor, Ludvig.

Entonces Kiki sintió algo que nunca antes había sentido, un sentimiento lleno de tristeza. Era algo raro, como si supiera que algo realmente malo, una desgracia, estuviera apunto de ocurrir. Corrió como nunca antes, guiado por su intuición. No sabía lo que ocurría, pero pudo ver a la aspirante a la armadura de Zorro, Nekhbet, y al aspirante a la armadura de Hércules, Alcander. Este último mantenía una discusión con Ludvig.

Todo paso muy rápido, en segundos quizás. Alcander esta dispuesto a pelear con Ludvig preparándose para darle un golpe, pero Ludvig lejos de moverse sonrío con malicia. Entre sus manos escondía lo que parecía ser una daga y, sin mayor remordimiento, la introdujo en la espalda de Alcander. Este cayó al suelo, su sangre manchaba sus ropas sucias y sus ojos, que alguna vez miraron con curiosidad lo que ocurría a su alrededor, habían perdido todo rastro de vida. Nekhbet se arrodillo junto a su amigo y lo abrazó como nunca había hecho, su rostro estaba cubierto por una máscara evitando así que se vean las emociones que ahora reflejaba su rostro. Mientras, Ludvig limpiaba la daga con un pañuelo que luego conservaría como recuerdo de una de sus victimas más queridas. Luego se retiro del lugar desapareciendo entre los árboles.

-¡Detente!-gritó Kiki mientras lo perseguía por aquel sendero oscuro.- ¡Cobarde! ¡Asesino!

-¡¿Me dices asesino?-La voz de Ludvig se hizo escuchar, esta muy cerca.- ¡¿EH? ¡¿Te atreves a llamarme asesino?

-¡Maldito traidor! ¡Él estuvo a tu lado! ¡Eres un estúpido!- Estaban a poca distancia. Ya casi podía ver su silueta.

-¡Él se opuso al cambio! ¡Es sólo un tonto niño débil!-Ludvig rió a carcajadas.- ¡Es el momento que he esperado hace mucho tiempo!-El sendero casi estaba terminando. ¿A dónde lo estaba llevando Ludvig?- ¡Es el momento!

Y al salir del sendero, se encontró en el lugar que menos esperaba: Era un lugar empinado, las espinas cubrían parte del terreno, era aquella colina que muchas veces había sido testigo de sus actos sangrientos. Ludvig estaba frente a él, sonriendo de manera malévola.

-Linda reunión, un discípulo asesino viene a luchar contra mí… en frente de su maestro y su amiga.-Kiki giró su vista para encontrar con su maestro Mu y Rinsing. Ella estaba nerviosa, asustada. Pero Kiki no se atrevió a mirar a su maestro a los ojos, se consideraba indigno.-Una hermosa escena. Me parece que es hora que se enteren de una vez tu verdadera identidad… ¿No?

-Cállate.

-Asesinaste por saciar tu sed de sangre, odiaste tus raíces deseando la muerte de tu raza, deseaste la muerte de tus ''seres queridos'' y finalmente huiste.-Ludvig rió.- ¿Aún así te has atrevido a llamarme cobarde?

-¡No es cierto!-bramó Kiki.-Seré un asesino, Ludvig, pero jamás empuñaría un arma contra mis amigos. Jamás clavaría una daga en su espalda, jamás me reiría de él. Porque al final es mi amigo y el único que jamás me traicionaría.

-Sabrás, mi querido compañero, que nunca llegaras lejos con ese pensamiento.-Ludvig desenvaino su daga mostrando los rastros de sangre que aun quedaban.-Las guerras son frías, tiene que haber muerte, destrucción, de lo contrario no se merecería llamar guerra. Si quieres el cambio, tendrás que matar para conseguirlo.

-¡Suelta la daga!

-¿Por qué? ¿Te llama la atención ver sangre?-Ludvig volvió a sonreír.-Quiero pelear, ya sabes a lo que me refiero…

-¡Suelta la maldita daga!-El corazón de Kiki latía aceleradamente. Pero Ludvig no soltó la daga, la mantuvo frente a él, mostrando la sangre de Alcander.

-¡NO! ¡Kiki, no te dejes guiar! ¡No lo hagas!-Rinsing trató de ir al lado de Kiki, pero el Caballero de Aries la detuvo tomándola por los brazos. La aprendiz trataba de liberarse de él, pero era imposible.- ¿Es que no lo ve? ¡Se van a matar!-gruñó.

Pero Mu de Aries no oía los reclamos de la chica. Estaba expectante a lo que ocurría. Su alumno estaba parado ahí, demostrando valentía, tratando de encontrar el camino verdadero. Quería saber hasta donde era capaz de llegar, cual era su límite. Quizás su alumno sólo buscaba su camino, ya no era un niño. Estaba seguro que Kiki no perdería esa batalla, ponía las manos al fuego por él.

-Vamos, quiero pelear enserio. No quiero peleas de niños…

'' ¡Asesino!''

-¡Argh!

'' ¡Eres lo peor de tu raza! … ¡COBARDE!'' ''Sólo me quieren como un arma'' ''No voy a parar hasta que el mundo me mire como su amo''

-¡Suelta la maldita daga!-bramó.- ¡SUELTALA!

'' ¿Por qué niegas tu naturaleza? ¿Es que acaso odias tu sangre?'' ''Somos uno y eso nunca cambiara''

-¡AAAAAH!

''Cuando hay esperanza…'' ''…necesitas ayuda'' ''Resolveremos esto juntos''

-¡BASTA!-Kiki estaba de rodillas en el suelo, temblando. Luego se escucharon sollozos y algo parecido a ruegos.-Basta… déjame en paz…

''Es mi turno''

-¡AAARGH!-Sus cabellos comenzaron a teñirse de un morado oscuro. Su piel pálida iba siendo invadida por manchas que estaba vez ardían como el fuego. Sus ojos cambiaron a un color oscuro y ahora reflejaban demencia. Sus colmillos le daban un aspecto aterrador y sus labios se tiñeron de un rojo sangre. Por ultimo, un halo de energía negra cubría su delgado cuerpo.

-Bien.-susurró Ludvig mientras soltaba la daga y se preparaba para quedar a la altura de su rival.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

A las afueras del Templo Principal todo estaba en silencio. Parecía no haber mayores complicaciones, por lo menos no en los alrededores. Ya habían observado que en la casa de Piscis había mucho movimiento, pero sólo se trataba de unos aprendices que cuidaban a dos heridos.

Ikki estaba seguro de que algo no andaba bien. Los doce templos estaban desprotegidos y eran un blanco fácil para atacar, entonces ¿Por qué ninguno de los enemigos se presentaba? Claramente todo estaba planeado. El Santo de Fénix ya había manifestado su descontento con la estrategia de Shion. Desobedeciendo las órdenes del Patriarca, se aventuro a vigilar más allá de los alrededores intuyendo, quizás, lo que se avecinaba.

Sus ojos miraron con sorpresa y horror lo que parecía ser el ''contraataque'' del enemigo. Eran muchos hombres vestidos de negro, portando sables, todos ellos con claras intenciones de atacar. Se acercaban sigilosamente por uno de los caminos empedrados que llevaban directamente al Templo Principal, evitando así atravesar los Doce Templos Zodiacales.

-¡Se acercan! ¡Prepárense!- gritó mientras volvía a tomar su posición.

Los Santos de Bronce y Shion se prepararon para atacar. Miraban a todos lados, expectantes a lo que iba a suceder. Entonces, el sonido de dos sables chocando dio inicio a una nueva batalla. Miles de hombres rodearon el Templo Principal, amenazando a los Caballeros con sus afilados sables. Uno de ellos dijo:

-Queremos entrar al Templo Principal, ¡Apártense!

-La diosa Athena nos ha dado ordenes de proteger este Templo y de evitar que alguien entre.-habló Shion con serenidad.-Y siendo ustedes enemigos, la única solución es pelear.

-Los Santos de Athena siempre han sido insensatos.-gruñó el hombre.-Pero si así lo quieren… ¡Entonces mueran!- Los hombres se abalanzaron sobre los caballeros.

Seis Caballero de Athena no podían contra ese gran grupo de enemigos. Pero es sus manos estaban el resultado final de la batalla: perder o ganar. Si morían, morirían en su ley. Estaban peleando con todas sus fuerzas, defendiendo la causa de Athena, defendiendo sus principios. Lucharían hasta el final, por la tierra, por los humanos.

La resplandeciente luz verde hizo que Seiya de Pegazo girara su vista hacia la puerta del Templo Principal. Estaba irrumpiendo en Templo, era un cosmos maligno, terriblemente maligno. Entonces un gran estruendo que venía de adentro del Templo se escuchó. Pegazo entro corriendo a ver que era lo que sucedía, preocupado por la seguridad de Athena. Su cara palideció al ver dos bolas de energía gigantes chocando una contra otra. Athena esta tratando de frenar el ataque.

0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o.0o

Los pies de Ludvig se separaron de la firmeza de la tierra, levitando. Se podía ver como su cuerpo concentraba energía maligna. Sus cabellos rubios se erizaron, así como sus ojos iban perdiendo ese color negro para tornarse de un color amarillento. De sus manos salieron garras, y lo que antes era cabellos lisos ahora era una gran melena dorada. Su brazalete brillo con intensidad y parecía adherirse al brazo de Ludvig.

-La diferencia entre nosotros dos: yo si supe aprovechar la oportunidad que me brindaron.-La voz de Ludvig se había vuelto gruesa.-Tú desperdiciaste estúpidamente el poder que te brindaban y al verte atrapado decidiste huir. Ahora ha llegado el momento de demostrar lo que vales…-Ludvig corrió a hacia Kiki, dispuesto a atravesarlo con sus garras. Pero el aprendiz de Aries era astuto y esquivo a Ludvig dando una voltereta.

Ludvig estaba lo suficientemente preparado como para atacar sin que su oponente siquiera previniera el ataque, pero algo estaba fallando con el aprendiz de Aries. Por más que intentaba atacarlo, siempre lo esquivaba. Llegó el momento en el que el primero en recibir un golpe fue Ludvig, quien fue lanzado contra el suelo. Este se puso de pie inmediatamente y golpeó a Kiki con todas sus fuerzas para luego clavarle sus garras en el brazo.

-¡ARGH!-El aprendiz de Aries termino tumbado en el piso. Ludvig se le acerco lentamente.

-Esto no ha terminado.-Volvió a golpearlo.- ¡Levántate!-gruñó.

-Se acabó el juego.-Kiki golpeó a Ludvig en el estómago provocando que los papeles se inviertan. Ahora él llevaba el control.

Kiki golpeo a Ludvig hasta que este gimiera de dolor. La sangre mancho su rostro y sus manos. Para él, Ludvig se lo merecía. Se merecía todos esos golpes, merecía ser torturado, merecía morir. Poco a poco una sonrisa sádica se iba extendiendo por su rostro. Disfrutaba hacerle daño, le gustaba ver la sangre de su enemigo en sus manos. Era una sensación intensa, sumamente agradable.

-¡Argh!...Eres un asesino.-susurró Ludvig jadeando-Siempre fuiste un asesino, tú y yo… tenemos más cosas en común de lo que crees… sólo que yo… ¡No me rendiré!-Con un rápido movimiento, Ludvig, desgarró la piel de Kiki. Este retrocedió presa del dolor que sentía.

Los dos se miraron a los ojos para luego abalanzarse uno sobre otro. Sus cuerpos chocaron, situación aprovechada por Kiki para clavar sus colmillos en el cuello de Ludvig, mientras que este arañaba la espalda de su enemigo. Eran como dos bestias peleando una contra otra, de manera violenta, sin que les preocupara morir. Los golpes iban y venían, la sangre termino por manchar el verde pasto evidenciando lo brutal de la pelea.

Los dos chicos se separaron. Estaban cansados, el cuerpo les dolía. Habían perdido mucha sangre y no iban a aguantar mucho tiempo. Los dos se posicionaron para atacar. Como la última vez, pero ahora terminarían lo que dejaron pendiente. Así la vida les costara.

-¡Stardust Revolution!

-¡Great Mountain Smasher!

Las dos bolas de energía chocaron para luego unirse y hacerse uno. Los dos muchachos ya no podían aguantar más y desistieron. Ha consecuencia de esto la energía acumulado rebotó a sobre ellos, quedando tirados en el piso. Los dos bañados en sangre, temblado por el dolor que le causaban las heridas y tratando, inútilmente, ponerse de pie.

Un hombre montado en caballo apareció. Atrás de él, unos cinco hombres más que parecían ser sus sirvientes. Se quitó la capucha y se acercó a Ludvig, examinó por un momento las heridas y luego, poniéndose de pie, le dijo al Caballero de Aries:

-La batalla ha terminado. Los santos de Athena han perdido a medio ejército.

-¿Quién eres tú?-preguntó Mu. Pero el hombre no lo escuchó…

-Llévate a tu alumno que yo me llevare al mío. Y prepáralo, porque yo, Bálder, te juro que este enfrentamiento se volverá a repetir y no habrá marcha atrás.- Tomó a su alumno en brazos y subió con él al caballo.- Que débiles son todos ustedes, no sirven para vivir una guerra.-diciendo esto, el hombre se fue del lugar.

Rinsing estaba paralizada, no podía acercarse a su amigo. No se atrevía a verlo. Era muy duró para ella ver a su compañero en ese estado, realmente triste. Había dejado de llover y era de madrugada. El sol se asomaba por las montañas, pero aún todo seguía oscuro. Y entonces, cuando un graznido se escuchó, Rinsing llegó a la conclusión de que todo había sido planeado desde hace mucho tiempo.

A lo lejos, Sigthus y Minato observaban la partida de Ludvig. Muchas caras conocidas se unían a una falsa diosa que prometía un nuevo orden y la derrota de Athena y sus santos.

Mientras, en el Templo Mayor, una Diosa caía al suelo inconsciente, victima del cansancio y la preocupación. Sumado a eso, una fiebre alta provocada por la batalla que acaba de sostener con otra deidad. Y el caballero pegazo a su lado, como siempre había hecho, como siempre lo haría.

La mayor traición ocurrida en la historia de la orden de Athena. Ese día difícilmente seria olvidado…


Eh…Hola. Pueden considerar este capitulo como el final (Porque como dije en mi profile que esto solo trataba de cómo llegó a pasar lo de la traición y lo que le ocurrió a Kiki). Lo otro seria un extra. Si un extra…

Espero que haya sido de su agrado. ¡Nos vemos!