Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga de Crepúsculo.

.

Os dejo un nuevo capítulo. Espero que no queráis matarme o tirarme tomates virtuales cuando acabéis de leer. Nos leemos al final :)

[**]

HUYENDO

BPOV

.

Cobardía. Así se podría definir los primeros dos días de mis recién estrenados 27. Nunca he sido muy valiente, pero desde luego esta semana estaba creando una oda a las huidas. Desde que Edward me besó en el sofá de su casa solo hago una cosa: huir.

Hui de él en único momento de cordura que tuve, si es que se puede llamar cordura a separarse de los brazos y labios de ese hombre. Fue el beso más maravilloso y caliente que jamás haya tenido el placer de compartir con alguien. Espectacular. Pero una vez más me invadió el miedo a perder todo y a todos los que tenía en Nueva York solo por un rollo de una noche. No es solo perder a los Cullen, que por supuesto también, pero sobretodo perder a Edward. No habíamos comenzado muy bien, de hecho, comenzamos de manera nefasta, pero desde que conseguimos llegar a un punto de entendimiento he descubierto en él una persona con la que se puede hablar de todo. Alguien con el que compartir gustos, aficiones, momentos e incluso silencios. Esos silencios cómodos, que no tienes necesidad de llenar sino solo de disfrutar. No quería perderlo como amigo. ¿Quería algo más con él? Definitivamente no diría que no a una noche, o dos…o todas las que vinieran con él, pero no a costa de todo lo demás. Y eso es lo que pasaría cuando él decidiera que no iba a tener nada serio conmigo.

Hui de sus llamadas y de su casa. El lunes por la mañana cogí un par de mudas y me fui a trabajar y cuando salí me fui derecha a casa de Tanya. Después de llamarme loca y cobarde durante más de 30 minutos me dejó quedarme en su casa unos días, hasta que aclarara mis ideas.

Hui de Jasper, porque si alguien sabía lo que había pasado era él. Me apostaba una mano, incluso la derecha. No pasaba nada en la vida de Edward que Jasper no supiese y sospecho que pasaba lo mismo en el sentido inverso. Así que, hoy martes, había llegado antes de lo normal a trabajar y había comenzado los grupos terapéuticos y demás reuniones evitando descaradamente a Jasper. De momento con éxito, pero sabía que era cuestión de tiempo que me encontrara.

-Sabes teniendo en cuenta tu sentido de la orientación yo no tentaría a la suerte escondiéndome por el hospital…. Nunca sabes dónde podrías acabar. – Me dijo Jasper mientras entraba a mi despacho y se apoyaba en la puerta.

Maldito Karma, los únicos segundos que paso por mi despacho y me caza. Algo me decía que no saldría de aquí hasta que le contara que estaba pasando… O hasta que viniese Aro a despedirme por encontrar, en esta reunión clandestina, la excusa perfecta. Juro que ese hombre llevaba 48 horas haciéndome la vida imposible.

-Oh Jasper no te había visto aun hoy… Por cierto, tenía que comentarte algo sobre Julius… -Hablar del trabajo podía ser una buena opción, Jasper era un profesional.

-Corta con eso Bella. Sabes que no es de eso de lo que quiero hablar. Tienes a Edward tirándose de los pelos porque no has dado señales de vida desde el domingo por la noche. Hace 5 minutos me ha llamado Emmet desesperado porque dice que, y citó literalmente, "el energúmeno de mi hermano mayor va hacer que me lance desde el piso 40 de las oficinas. Y me seguirá media plantilla. Soluciónalo."

-Oh… – dije mientras me sentaba en mi silla. Y Jasper hacía lo mismo. Al parecer esto iba a durar un poco-

-¿Oh? Bella ¿qué pretendías que pasara? – me dijo algo más serio.

- No estaba pensando mucho a decir verdad…

- No creas que no me había dado cuenta – dijo con una sonrisa. Algo era algo. – Sin rodeos… os besasteis y sales corriendo. ¿tan mal besa? – Esa broma aligeró un poco el ambiente, aunque no me sentía del todo bien.

- ¡Jasper me muero de vergüenza! ¡No me hagas esto! – dije enterrando mi cara entre mis manos.

- Bella tientas a la suerte, estás a una reunión con unos inversores chinos de que se te plante aquí a pedir explicaciones. Así que tú decides a él o a mí. – Estupendo. Simplemente estupendo, mi vida apestaba.

- ¿Secreto profesional? – le pregunté tímidamente dándome por vencida.

- Algo mucho mejor… secreto de amigos. – me dijo con una sonrisa. Alice y él daban miedo… ¿Se les podría ocultar algo?

- Nos besamos… ya sabes la alegría por la fiesta, el alcohol, su regalo, su olor… Bueno… ya sabes, nos besamos. Y de repente todo fue mucho. Mucho beso, mucha piel, muchos sentimientos, muchos remordimientos, mucho miedo… Así que me escondí en mi habitación hasta la mañana siguiente y ayer me escondí en casa de Tanya.

- Y supongo que de todo esto Edward no sabe nada…

- Exactamente. Sabes Jasper, Edward será un gran amigo, pero tiene 0 material de pareja. Y yo no quiero perder todo lo que tengo aquí por un error con Edward. Ni a vosotros, ni a Esme o Carlise, incluso ni la amistad de Edward. – expliqué y por su expresión creo que me comprendía.

- Así que decidiste irte sin darle una mísera explicación o hablar con él de la situación. ¿Ni un post-it? – negué con la cabeza - Sabes Bella como psicóloga eres muy buena pero la manera de manejar tu vida personal apesta.

- Sí tienes razón, debería haber dado señales de vida. -admití aún con vergüenza por mi actuación algo, bastante, infantil.

-Está preocupado por ti. Sabe que tu casa sigue precintada y no sabía dónde estabas. Y entre tú y yo, no creo que esté lidiando muy bien con el plantón después del beso – me dijo tirándose un poco hacía delante en su asiento. – Sabes los hombres también tenemos sentimientos. – dijo no muy animado, algo me decía que no era una simple broma.

- Entonces… ¿Qué me sugieres? – supongo que había llegado el momento de ser adulta… bueno o lo que sea que me fuera a proponer Jasper.

- Que lo llames y le expliques que estás bien. Si quieres tomarte unos días para decidir qué haces con este supuesto embrollo que te has liado en tu cabeza me parece bien, pero avísale que estás bien y en lugar seguro. Es lo mínimo después de todo, ¿no crees? – la lógica de Jasper era apabullante.

- Si supongo… Lo llamaré esta noche – me levantó una ceja en señal de desacuerdo- ¿Esta tarde antes de salir de trabajar? – La misma cara- ¿Después de comer? – La misma cara…. Comenzaba a pensar que era un muñeco del Madame Tussauds - ¿Ahora?

- Sale de la reunión en 5 minutos. Así que si fuera tú me daría prisa. Hablamos luego Bella.

Y se fue. Así tan pancho, mientras yo estaba que me moría de los nervios por dentro. ¿Qué se supone que le tengo que decir? Oh Edward gracias por todo lo que has hecho por mi, pero ya si eso me quedo con Tanya porque me da pánico volver a verte y acabar lo que comenzamos el domingo. Chao…. ¡Dios mío! 5 minutos para pensar que decirle y encima, por lo que había dicho Jasper, a un Edward no muy contento conmigo. Y creo que el término "no muy contento" podría ganar el premio al eufemismo del siglo.

Mi teléfono sonaba. Era Edward. Si antes no lo dudaba, ahora mucho menos, no había nada que Jasper y Edward no se contaran. Al menos podía conservar mi mano derecha. Qué suerte la mía…

Respiré hondo y antes que saltara el buzón de voz contesté. Lo único que me faltaba era que Edward se presentase en el hospital.

-¿Diga? – vale, ya está… no hay marcha atrás Bella. Pensé para darme ánimos a mí misma.

- ¡Al fin! Te dignas a dar señales de vida. ¡Sabes lo preocupado que he estado por ti! ¿Dónde has estado? Todas tus cosas están en casa… todas menos tú, claro está. – Vale… sí estaba enfadado, bastante... mucho. –

- Lo siento Edward no estaba pensando claramente ayer. Me quedé en casa de Tanya. Yo sólo….

- ¡¿Qué!? – me interrumpió realmente enfadado. – De todos los sitios del mundo vuelves al que hace menos de una semana descubriste que te habían robado… Bella ¿en qué estás pensando?

- Sabes Edward no estoy loca y el edificio es seguro… bueno bastante seguro. – dije de repente enfadada yo también, no era el Upper East Side pero tampoco era un mal barrio para vivir.

- Nos desviamos del tema. Podemos volver al punto en qué me explicas por qué no pasaste la noche de ayer en casa. Por favor. – Oh… ahora tenía más miedo, una falsa tranquilidad no auguraba nada bueno y menos con nuestros antecedentes. Tenemos tanta facilidad en discutir como en besarnos por lo que se ve.

- ¿Has hablado con Jasper? – él me había dicho que no se lo diría, pero si se lo había dicho eso que me ahorraba yo.

- No. Estoy hablando contigo que es con quién me interesa hablar. – oh mierda, Jasper y su código moral… Por una vez que me hubiese ido bien que se lo saltara.

- Vale. Me asusté. No de ti, del beso... no del beso en sí, sino del beso… así como concepto general… ¿me explico? – sería un milagro que me hubiese entendido, lo admito.

- No. – vale, no estaba demasiado transigente hoy… Tendría que esmerarme un poco más. Cogí aire y lo solté.

- No quiero cagarla. Y ese beso nos hubiese llevado a la cama, ambos lo sabemos. Y eso nos hubiese llevado a tirar por la borda la amistad que tenemos. Y sinceramente, aunque no lo hubiese dicho nunca, eres un buen amigo y no quiero perderte. Ni que la situación se haga incómoda, ni que tu hermana me mate, ni nada.

- Así que crees que hubiésemos tenido sexo de una noche y yo te hubiese dejado tirada a los pocos días. – explicó algo más pausadamente de lo que yo había soltado mi discurso.

- No es eso… yo no quiero decir que tú…

- Oh sabes que de los dos, en tu mente caprichosa, quién tiene más papeletas de ser el malo soy yo. – seguía serio.

- Bueno yo… -lo escuché coger aire al otro lado de la línea, y por lo poco que lo conocía algo me decía que estaría llevándose las manos al pelo como hacía siempre que se ponía nervioso.

- Sabes una cosa Bella… Por lo que dices entiendo que estás liada con lo del beso. No te alteres, no hace falta que pensemos más de la cuenta, lo podemos dejar en el pasado si es lo que quieres.

- ¿Es lo que tú quieres? – le interrumpí.

- No. – dijo escuetamente. ¿En serio, una mísera palabra como respuesta? ¿No se podía extender un poco más? - Pero comprendo que quieres pensar. Lo acepto y sé que pudo ser un movimiento precipitado, así que haremos una cosa. - ¿haremos? ¿él y yo? No estoy segura que esto vaya por dónde yo quería-

- ¿sí? – estaba hecha un lío.

- Sí. -me volvió a decir con un tono que no admitía replica- Tomate tu tiempo. Me gustaría que no fuera en casa de Tanya dónde no estás totalmente segura… pero vale, lo haremos a tu manera. Y… este fin de semana me gustaría que habláramos. Yo tampoco quiero perderte. –

Un momento…¿perderme cómo? Como amiga, como pareja, como acompañante sexual... ¿CÓMO QUÉ? Aunque supongo que después de mi espantada no estaba en condiciones de pedir muchas explicaciones. Así que mejor no decía nada al respecto.

- ¿Este fin de semana? – admito que no estaba siendo la persona más elocuente del mundo.

- Sí… aunque no tengo inconveniente en que sea antes. Mejor no dejar que esto se enquiste. -supongo que estaba haciendo un gran esfuerzo para ser comprensivo conmigo.

- No, el fin de semana ya me está bien – tampoco era tan valiente. Esta llamada era todo el cupo que podía manejar en unos días.

- Lo que pensaba. Y Bella antes de colgar. Piensa que, independientemente de lo que tu pienses sobre mi capacidad para tener relaciones, de momento, de los dos, el único que ha dejado tirado al otro eres tú no yo. Adiós Bella, cuídate estos días por favor. – Y colgó sin esperar una respuesta de mi parte.

Y esto supongo que es lo que se llama salir por la puerta grande. Tenía toda la razón. Yo había acusado a Edward de que me dejaría plantada después de conseguir sexo conmigo, igual que hacía con todas esas chicas, pero la única que se había comportado de tal forma era yo…

Mi cabeza iba a explotar, mis remordimientos iban a consumirme y mis ganas de volver a sus brazos iban a hacer que mi mente y mi corazón acabasen en una guerra dónde la única víctima de las malas decisiones sería yo.

[**]

Cuando iba al colegio estudiaba francés y el profesor siempre nos daba una fecha limite al final de cada semestre para entregar las redacciones. Y yo siempre apuraba hasta el último momento. Siempre. Nunca me he sabido organizar, acostumbro a encontrar miles de cosas que hacer antes de ponerme con que debo hacer obligatoriamente. En la universidad descubrí que había un término para referirse a ese fenómeno Procastinar. Y yo era la reina. Y ahora, con 27 años no había cambiado.

Habían pasado 56 eternas horas desde la llamada con Edward. Habíamos quedado en hablar este fin de semana. Para que no se enquistaran las cosas, según él. Hoy era sábado por la noche y yo seguía sentada en el sofá de Tanya viendo un maratón de capítulos repetidos de Friends. Mi amiga había salido con un nuevo chico, un tal James, dueño de un local de moda de la ciudad… sinceramente, me daba igual. Le deseaba lo mejor, pero mis neuronas solo podían pensar en una cosa: el reencuentro con Edward.

Si nos ponemos puristas el concepto "fin de semana" se considera desde que sales de trabajar un viernes hasta la noche del domingo. Así que como reina de los procastinadores iba a esperar hasta el final. Ese era mi plan A. El B era coger un vuelo y huir a Alaska, pero no creo que fuera un gran plan…Estaba harta de tanto vuelo últimamente.

La pantalla de mi móvil se iluminó y vi un mensaje de Edward "Mañana te espero en casa. Te he dejado tiempo y espacio, pero no me he olvidado que me debes una conversación"

Antes de tan siquiera plantearme si contestar al mensaje, volví a recibir otro "Por cierto, tengo un incentivo para que te sientas más abierta a venir… Tu bici está aquí, abandonada en un rincón esperando a que la lleves a rodar… solita y abandonada…"

No me esperaba ningún tipo de humor en Edward… podía ser buena señal, quizás yo había dramatizado un poco y no era para tanto. Un simple beso dado en un momento de debilidad pero que no tenía más significado… Seguramente sería eso. Para él no tendía importancia. Estaba frustrada y ya no quería pensar más, así en un arrebato me vestí con lo primero que pillé del armario de Tanya (mi ropa seguía en casa de Edward), cogí el bono del metro y me fui dirección a casa de Edward. Mi trono como reina del procastinar se había acabado.

Llegué y José me saludó tan amablemente como siempre. Me fui derecha a los ascensores y solo cuando estuve delante de la puerta de Edward pensé que era sábado por la noche y que no podía escoger peor momento para ir de visita a casa de alguien sin avisar. Lo más probable es que no estuviera. Además él me había dicho que me esperaba mañana, no esta noche… La noche de sábado cuando todos los solteros salen a quemar la ciudad…

-Sabes Bella deberías llamar al timbre si quieres que te abra la puerta – Escuché la voz de Edward detrás de la puerta. ¿Estaba pasando esto de verdad? ¿Qué hacía Edward hablándome desde detrás de la puerta?

-¿Qué haces ahí? – silencio. ¿Estaba alucinando? Opté por picar al timbre. Me sentía un poco estúpida.

- Buenas noches, Bella. Pensaba que habías olvidado el camino a casa – me dijo mientras me abría la puerta completamente y se hacía a un lado para que pudiese entrar a su apartamento-

"A casa" esas dos palabras viniendo de boca de Edward hacían volar mi imaginación… Como si me dirigiese a "nuestra casa, a nuestro hogar" y no hacia su apartamento. La verdad es que Edward nunca me había hecho sentir una intrusa o una simple invitada, pero desde el beso mi mente volaba a cualquier lugar donde "nosotros" era una opción real y no sólo algo hipotético y completamente equivocado.

Pasé y al girarme me fijé que Edward iba con unos tejanos negros y una camisa tejana que le hacían ver espectacular. Si "el Edward de traje" quitaba el hipo nada tenía que envidiar el "Edward informal". Imposible elegir.

-¿Ibas a salir? Lo siento no pensé hasta que llegué a tu puerta que era sábado por la noche y que tendrías planes y yo lo siento… ¡Oh dios mío! por una vez que me da por improvisar y tiene que ser en sábado noche… yo… mejor vuelvo mañana – dije nerviosa.

- ¡Bella! – me dijo mientras me cogía de los dos brazos parando mi retirada – No iba ningún sitio importante. Y estás loca si piensas que te vas a ir… llevo esperando que cruces esa puerta durante 4 días, ahora que estás aquí no te irás sin esa conversación – me dijo serio-

- Vale – dije tragando saliva, de repente muy consciente de nuestra cercanía-

Me acompañó hasta la sala y después fue a traer un par de copas de vino y algo para picar.

-¿Has cenado? – me preguntó sentándose a mi lado.

-Unas palomitas mientras veía unos capítulos de Friends. – sonaba tan triste… Soy consciente.

- Entonces mejor me das esa copa – ¿me quería quitar mi vino? A santo de qué… Supongo que debido a mi cara de extrañeza se explicó.

- Créeme podrás beber tu vino, pero solo después de que cenes algo más que unas palomitas. ¿Nunca te han dicho que no se debe beber alcohol con el estómago vacío? – dijo mientras se levantaba del sofá-

Me trajo la carta del japonés en el que yo había comprado hace unos días y que tanto le había gustado – Toma el teléfono mejor llamas tú, tienes buen ojo para escoger mi comida. – me dijo mientras me dejaba entretenida con el menú.

Mientras esperábamos a que llegara el chico del reparto, no me sacó el tema del beso, hablamos de Alice y su histerismo por que la boda comenzaba a acercarse (era la noche del 31 de diciembre… casi me da un soponcio cuando me enteré. El año anterior estaba proclamándome la cuernuda de Forks y este año estaría en la boda de Alice… genial), de Olivia, de mi bici etc…

La misma charla distendida duró mientras cenábamos. Había echado tanto de menos esto… demasiado para mi salud mental. No debería echarlo tanto de menos, ni a él ni a nuestros momentos.

Cuando acabamos de cenar yo pensaba que Edward había decido darme una tregua. Error.

-Bien…Soy todo tuyo Bella - me dijo alzando las cejas y con su sonrisa de lado en la cara-

- ¿Perdona? – dije un poco pasmada

- A ver lo diré de otra manera… Soy todo oídos, querida Bella – me dijo algo más serio esta vez.

- ¡Oh la conversación! -dije intentando alargar lo inevitable.

- Exacto - parecía que no me iba a dar tregua. El Edward benevolente se había acabado con el último trozo de shushi.

- Esto… yo creo que será mejor que me vaya a casa. – supongo que seguía siendo un poco la reina de los procastinadores.

-Estás en casa – si seguía diciendo con ese tono y con esas implicaciones la palabra "casa" me derretiría por culpa de mi imaginación romántica.

-Mi casa – especifiqué. Parece que íbamos a mantener una conversación escueta en palabras. Supongo que no me importaba… así me ahorraba de divagar.

- Si a lo que te refieres es volver a vivir allí, déjame que te recuerde que en "tu casa" robaron hace poco más de una semana. Hay destrozos. La policía ha archivado el caso, pero los ladrones siguen sueltos y el seguro no tiene intención de arreglar los daños en breve. – me numeró todas las novedades. Había olvidado que era el número de Edward el que tenían como contacto… ya que esa noche yo estaba un poco… en shock.

- Y ¿por qué yo no sabía todas estas cosas? – pregunté enfadada… necesitaba un poco de poder, de seguridad… recuperar mi independencia, mi puerto seguro y no esta deriva que solo me llevaba hacia Edward.

-Porque no has querido hablar conmigo durante toda la semana y me parecía excesivo enviarte una carta – Oh claro… por eso. Debería haberme callado.

- Claro, igualmente un email o algo no te hubiera costado nada. – Dije a la defensiva aún.

- Estaba respetando TU decisión de no hablar conmigo hasta que no estuvieses preparada. Son tus normas, yo solo las acato. – me dijo con una sonrisa por saberse vencedor de esta batalla. – Aunque no es de eso de lo que habíamos venido a hablar.

- Eso…A ver. Nos dejamos llevar por el ambiente y acabamos besándonos y yo creo que lo mejor es que cada uno viva por su banda para no repetir estas cosas…. Y bueno que todo lo demás se resienta. – esta vez lo solté todo de golpe.

- ¿Cosas? ¿Qué cosas Bella? – me dijo en tono jocoso… Normalmente me encantaba el Edward juguetón, pero ahora no lo necesitaba… me ponía nerviosa.

- ¡Ya me entiendes Edward! – me iba a dislocar los dedos si seguía estrujando mis manos por los nervios.

- Está bien hablaré yo ahora. ¿Te parece? – afirmé con la cabeza- Nos besamos y fue un gran beso, no lo niegues porque no te voy a creer. Y coincido contigo que podría haber ido a mucho más. No me hubiese importado entonces ni me importaría a día de hoy – ¡OMG! No necesitaba la imagen de nosotros dos en una cama – Pero tú no estás preparada, también lo respeto y puedo entender tus argumentos de no querer perder todo lo que tienes con mi familia o mi amistad.

- Exacto… ¡Qué bien que lo entiendes! – me sentía mucho mejor, pero por la cara de Edward tenía algo que añadir.

- Te entiendo, pero creo que estás en un gran error. Sabes que solo son excusas para defenderte de lo que te hizo sentir ese beso y lo que crees que podrías sentir si lo que tú llamas "la cosa" va a más. – como siempre era un experto leyendo a los demás… cada vez me extrañaba menos su éxito como empresario-

- ¿Un error? -me hice un poco la tonta, lo admito. Lo peor es que Edward me tenía más que calada. Y hoy no estaba dispuesto a darme tregua.

- Sí un error. Mis padres y hermanos te aprecian demasiado como para hacerte sentir mal o dejarte de banda, y lo sabes mejor que nadie. Así que apuesto que eso solo es otra excusa para ocultar lo que realmente te preocupa; que yo solo quiera sexo contigo y después de conseguirlo te deje tirada, a ti y a nuestra amistad. ¿no? – no contesté.

Me negaba a decir en voz alta que pensaba tan bajo de él, porque no era del todo cierto. Eran más mis miedos de que me volviese a pasar lo mismo que con Sam que no que pensase que la moral de Edward lo llevaría a hacer algo así. De hecho, era más mi miedo a las emociones tan intensas que me había hecho sentir Edward durante ese beso, y todo el tiempo que llevábamos como "amigos" que cualquier otra cosa. Miedo a dejarme llevar por él, a perder mi independencia. Miedo a tirarme al vacío de las relaciones de nuevo.

-Déjame decirte que también te equivocas en ese punto, pero no puedo más que decirte que confíes en mí. Vuelve aquí, ya tienes tus cosas aquí, estabas cómoda, incluso estás más cerca del hospital y volveremos al Edward y Bella de antes. No más situaciones embarazosas ni ambiguas. Solo amistad… - me dijo con un tono algo más ligero.

- ¿Solo amistad? – dije para convencerme a mí misma.

- Si es lo que tú quieres – me dijo con esa sonrisa marca de la casa que hacía derretirme… creo que ya se había dado cuenta que era mi debilidad y la usaba para hacerme claudicar.

- ¡Edward! No puedes parar ni un segundo, ¡lo ves! – le dije dándole con un cojín que tenía a mano.

- Sabes que me adoras así… no lo niegues… Te gusta demasiado negar la realidad – me digo mientras se levantaba ¿y ahora dónde iba?

- Toma – y me dio las llaves de su apartamento que me había dejado hace unos días. – Le he puesto un llavero personalizado para que sientas que son tuyas y no las vuelvas a dejar abandonadas por aquí. – me hizo reír al ver que el llavero era una cabeza de la que salían interrogantes –

- No me dejas opción por lo que veo… vuelvo porque me obligas… - dije siguiendo la broma.

- ¡Oh pequeña manipuladora! Ahora levanta ese bonito trasero y ven a ver tu bici… otro daño colateral de nuestro magnifico beso. – dijo mientras me levantaba de un tirón del sofá.

- ¿Vas a dejar a hablar de eso? – algo me decía que no me iba a librar tan fácilmente. Suerte tenía si Alice no se había enterado de nada.

- No. Sabes… te pones demasiado roja cada vez que hablo "de eso" – dijo haciendo las comillas en el aire- como para dejarlo pasar.

¿Dónde íbamos? Estábamos saliendo del piso de Edward hacía la puerta de enfrente.

-¿Le has dado mi bici a los vecinos? Me parece un poco rencoroso de tu parte… -dije de golpe un poco disgustada. ¡Ni la había estrenado!

- Tu cabeza tiene unas líneas de pensamiento un tanto…- ante mi mirada se calló un segundo- ¿caprichosas? – me encantaba la facilidad que teníamos para arreglar las cosas y no vivir en el rencor. O eso esperaba.

Abrió la puerta con una llave ¿tenía llave del piso de los vecinos? Y cuando encendió las luces apareció algo así como un gimnasio. Realmente era más como un gran espacio vacío con algunas máquinas para correr, hacer pesas y poca cosa más.

-¿El piso de al lado es un gimnasio? – pregunté extrañada.

- Compré los dos pisos. Al principio quería intimidad y comprar toda la planta me pareció que era la mejor opción para evitar los vecinos curiosos. – explicó como si fuese una oferta de rebajas.

- Y.. ¿no te pareció algo excesivo? -dije aun alucinando por que tuviera 2 pisos iguales… era enorme si piensas los metros cuadrados que suman entre los dos.

- Era una época en que me seguían bastante los paparazzis y toda protección era poca, admito que me volví un poco paranoico – continuó- Al principio le servía a Alice como taller clandestino de costura, después pudo comprarse su taller y montar su propia tienda, pero hasta entonces esto le iba bien.

- ¿Cuándo lo compraste? – pregunté impresionada porque Alice me había contado que comenzó a coser con 16 años prácticamente, al principio sin que Esme o Carlise supiesen nada. Cuando acabó el instituto ya estudió moda en una importante escuela de Nueva York. Al parecer era aquí dónde había hecho sus primeros diseños antes de tener su tienda en el centro de Nueva York.

- Al acabar la universidad. – explicó escuetamente.

- ¿Con 21 años compraste dos áticos en Upper East Side? Yo con 21 solo tenía un coche de segunda mano en propiedad… y creo que la mitad aún se la debo a Charlie – pensé de repente en qué diferentes éramos.

- No, al principio solo compré uno. No fue hasta más tarde que me compré el otro y que me vine a vivir completamente solo. En los últimos años de universidad con James, un compañero, invertimos en bolsa, después en unos negocios… nos salió bien. Yo aproveché parte del dinero para esto y para iniciar mi propio negocio… él lo usó para sus locales y restaurantes. Supongo que prestar atención en la universidad nos fue bien.

- Y el instinto… no ha todo el mundo le cunden las clases por igual. -puntualicé.

- Supongo… pero nos desviamos del tema. Te guardé aquí la bici. A Sue ya le molesta que deje mis zapatos en medio, imagínate como se puso cuando vio la bici en el comedor. – dijo riéndose. A veces pensaba que le encantaba sacar de quicio a la pobre mujer. En momentos como ese era digno hermano de Emmet.

- Me lo puedo imaginar. De hecho, creo que es mejor que esté aquí que no en tu apartamento.

- Te he puesto la llave en tu nuevo llavero. – me dijo mientras me cogía de los hombros para dirigirme a la puerta de nuevo- Bien, y puesto que aquí no hay mucho más que ver ¿Qué te parece si vamos a casa a brindar por esta nueva paz?

- Me parece genial – dije contenta de estar "en casa" aunque un poco nerviosa aún.

- Además ya sabes lo que dicen… - ante mi cara de no saber a qué se refería continuó – las reconciliaciones son la mejor parte de las discusiones – me dijo guiñándome un ojo.

- Sabes Edward…Te doy por imposible. – me adelanté mientras él seguía por detrás riéndose de mi – Y si sigues guiñando el ojo así un día se te quedará un tic. No es tan irresistible como te piensas.

- Claro que sí Bella... Lo que tú digas – dijo mientras me seguía hasta el sofá para brindar por esta nueva paz.

[**]

NOTA DE AUTORA:

¿Qué os ha parecido? A veces hay que ir una casilla atrás para avanzar con más fuerza, o construir algo más sólido. Quién sabe… Me callo que sino después hago spoilers.

No me canso de decirlo MILES DE GRACIAS POR TODOS LOS FOLLOWS, REVIEWS, FAVORITOS etc. Es muy bonito ver cómo le dedicáis un segundo de vuestro tiempo a esta historia. ¡Muchísimas gracias!