La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchas gracias por sus maravillosos comentarios. Espero que les guste lo que he escrito para ustedes y que disculpen cualquier error. Este capítulo resultó mucho más largo de lo que pensé y he preferido cortarlo, la segunda parte será publicada pronto, y alguien va a morir.
PD: Se aceptan peticiones de matar personajes y salvar a sus favoritos. Que tengan un feliz día de gracias.
CAPÍTULO 14
Los domingos por la mañana no suelen ser elegidos para levantarse temprano por muchas personas, pero Henry sabía que su mamá sin importar el día siempre empezaba lo más temprano que le fuera posible. Él era todo lo contrario, en especial los últimos años, adoraba dormir hasta tarde. Era un poco más de las nueve de la mañana cuando bajo directo a la cocina, mordió una manzana, bebió un poco de yogurt, comió cereal directo desde la caja y luego agregó más yogurt mezclándolo directo en su boca con las hojuelas. Encontró dos tortillas de maíz y no dejó ni siquiera las migajas, y como eso no era del todo suficiente, tomó la manzana que había dejado abandonada previamente.
Su madre estaba en el patio trasero con Nayra, hablando con la cachorra como si pudiera entenderla a la perfección; le dejó en claro que por nada del mundo podía comerse sus flores y que si volvía a hacer sus necesidades en el interior de la casa le retiraría sus privilegios de dormir con ella en su habitación.
—No sabía que hablabas con perros. Te pareces a la abuela.
—¿Quieres ganarte un castigo extra?
—No puedes castigarme por decir la verdad.
—Soy tu mamá, eso lo dice todo.
—Sí. Sí. Es una cachorra, mamá, lo único que le interesa es ser bien alimentada y dormir.
—Nunca es demasiado pronto para comenzar a educarla.
Henry sonrió al ver a Nayra lamer el rostro de Regina y no obtener ningún tipo de regaño por eso. Él adoraba tener un perro en casa pero al parecer su madre era mucho más feliz, prácticamente la había acaparado por completo. La noche anterior él había llevado a la cachorra a dormir a su cuarto y cuando despertó se dio cuenta que su mamá se la había quitado.
Su plan para el día era holgazanear, así de simple, pero Emma llegó a recogerlo —se suponía que tenía que hacerlo en la noche— y lo estropeó todo.
—Sé que debo recogerlo en la noche, pero prometo que el próximo domingo es todo tuyo.
—No tengo problema, no teníamos nada planeado de todas maneras.
Henry estuvo de acuerdo en ir con Emma, pensó que seguramente había planeado algo y, desde que las cosas entre sus madres parecían estar mejorando, él estaba mucho más abierto a aceptarla de vuelta como su otra madre. Pero cuando Emma lo guió por el puerto hacia el barco de Hook, la desilusión lo embargó por completo, y si tenía que ponerle un nombre a lo que estaba sintiendo en ese momento sería: traición.
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EMMA
—Sé que él no te agrada, pero solía agradarte, y no hay nada de malo en pasar un buen rato. Nos invitó a dar una vuelta en su barco —sonreí, deseando poder emocionar a Henry con la idea de divertirnos, probablemente porque quería creer que íbamos a hacerlo.
—Si me hubieras dicho, no habría venido. Preferiría estar en casa con mi mamá.
Henry guardó las manos en los bolsillos de su abrigo y subió al barco. No creo haberlo visto jamás tan triste. Lo vi escoger un rincón en el cual arrimarse y colgar sus manos hacia el agua.
—Vas a ver que en un rato ni siquiera va a querer volver a tierra, amor.
—Yo no estaría tan segura.
—Ten un poco de fe en mí, no solo soy bueno conquistando mujeres.
El paseo no era precisamente una vuelta alrededor del mundo, solo nos alejamos un poco de Storybrooke y anclamos en un lugar en medio de un montón de agua —todo lucía idéntico para mí — para tener la comida que Killian había comprado previamente en tierra firme.
—Tengo un montón de papas fritas —dijo Killian con una gran sonrisa—. Sé que te gustan las papas, mi muchacho. Come un poco.
—No tengo hambre, gracias.
Ni siquiera tomó la soda que le ofrecí. Se alejó aún más, mirando hacia el horizonte, y obligándome a confirmar que mi decisión había sido un error. Killian insistió tanto que no pude decir que no, había tenido que cancelar los planes que teníamos el día anterior para poder asistir al partido de Henry y a la fiesta en casa de Regina, lo único que se me ocurrió para compensarlo fue incluir a Henry. Realmente creí que un paseo lo pondría de mejor humor. Henry solía adorar cualquier tipo de aventura, y estábamos avanzando tanto que ni siquiera pensé que algo tan insignificante lo haría retroceder por completo.
—Henry —me acerqué a él ofreciéndole una de las barras de chocolate que tanto le gustan—. Puedes intentar tomar el timón; Killian va a dejarte llevar el barco de regreso si se lo pides.
—No, gracias.
—Ni siquiera vas a comer tu chocolate preferido.
—No quiero nada de ti, Emma. Solo déjame solo y ve con tu novio.
—Henry.
Cruzó por delante de mí y fue a arrimarse al otro extremo del barco. Killian se acercó, ofreciéndome una bebida que no dudé en aceptar, y en mi afán de beber rápido parte del líquido se regó de mi boca directo en mi blusa blanca.
—¡Maldición!
—Es jugo, seguro que no mancha.
—Voy a limpiarme.
No me importaba tener una mancha en mi blusa, solo quería apartarme de él y dejar de ver a mi hijo odiándome. Sentía el estómago revuelto solo de pensar en lo mal que había vuelto a estropear todo con Henry.
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HENRY
Ese pirata se acercó a mí, con su sonrisa de idiota, ni siquiera mamá se delinea tanto los ojos como él. Me gustaría verlo tropezar y caer al agua.
—Hey… compañero. ¿Seguro que no quieres ser el capitán?
Apreté la madera bajo mis dedos para no responderle como se merecía.
—Si estuviéramos en nuestro mundo podría ofrecerte un trago, a tu edad eres prácticamente un hombre, un año más y estarías listo para ir a la guerra.
—¿Qué quieres?
—Ser amigos.
—Nunca seremos amigos.
—No tienes que odiarme solo porque Regina no me quiere.
—No hables de mi mamá.
—Está bien. Podemos hacer lo que quieras.
—Déjame en paz.
Él no me hizo caso, se arrimó junto a mí, clavando la punta de su garfio en la madera.
—Voy a darte un consejo que te servirá para toda tu vida —dijo como si yo quisiera escucharlo—, en especial si quieres conquistar una chica, ya estás en edad ¿no es así?
—No quiero ningún consejo tuyo.
—No tienes un padre, soy lo más cercano que vas a tener a uno.
—Tú nunca vas a ser mi padre —me giré hacia él para poder enfrentarlo—. Solo eres un pirata que nadie quiere.
Me dio una de sus falsas risas habituales, seguramente porque estaba molesto conmigo.
—No me importa no ser el favorito de todos. Todo lo que he querido lo terminé consiguiendo de una manera u otra, y ese es precisamente mi consejo: si quieres algo tienes que luchar, perseguirlo, insistir, y jamás aceptar un no por respuesta. Incluso si lo que quieres es deshacerte de mí —siguió sonriendo.
—¿Eso fue lo que hiciste para que Emma te aceptara, rogarle hasta que te dijo que sí?
—Aunque una mujer te diga que no, siempre va a ser sí. Solo los cobardes se rinden. Tú abuelo era un cobarde, por eso Mila me escogió a mí. Tu padre era igual, nunca luchó por Emma. Necesitas decidir si tú también vas a ser un cobarde.
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EMMA
Después de tomar un pequeño respiro y aclarar mi cabeza, volví a subir. Killian parecía haber estado hablando con Henry, y ninguno de los dos lucía feliz.
—¿Quieres que te enseñe a navegar? —preguntó al acercarse a mí.
Me alejé un poco, con Killian siguiéndome de cerca, para que Henry no nos escuchara.
—Ha sido suficiente por hoy —dije en voz baja.
—No. No. No. —Rodeó mi cintura con su mano y besó mi hombro—. Me prometiste este día, y no pienso dejar que rompas esa promesa.
—Esto no está funcionando. Estaba bien cuando solo éramos tú y yo sin ningún tipo de compromiso —me di la vuelta, mirándolo a los ojos; su mano se mantuvo en mi cadera.
—Pues no veo cuál es la diferencia, no es como si estés esforzándote por complacerme. Ni siquiera hemos tenido sexo.
—No voy a hablar de eso con Henry aquí —retrocedí, pero él tomó mi brazo con fuerza.
—Tú lo trajiste.
—Es mi hijo.
—Y lo usas para apartarte de mí. ¿Crees que no me doy cuenta? —dijo por completo molesto.
—¿Qué esperabas Killian? No voy a dejar a Henry con Regina para que tú y yo nos la pasemos en tu estúpido barco perdiendo el tiempo.
—Creo que sería lo mejor para el chico ya que tú no le importas una mierda —escupió las palabras contra mí, empujándome con la punta de su garfio.
—Coge el maldito timón y da media vuelta —aparté su garfio de mi pecho y lo empujé.
Lo único bueno de la distancia autoimpuesta de Henry fue que no presenció la discusión entre Killian y yo. Tuve que calmarme y tolerar que Killian se negara a volver a casa, pero mi estómago seguía estando revuelto debido a la horrible situación en la que había puesto a mi hijo.
No sé si Killian se cansó o comprendió las consecuencias que tendrían sus actos, pero después de no sé cuántas horas volvimos al puerto en Storybrooke. Tomé a Henry del brazo y simplemente me fui sin mirar atrás. Al acercarnos a mi auto, Henry se soltó de mi agarre.
—No quiero volver a verte nunca más. —Él estaba llorando.
—Henry.
—Pensé que querías pasar tiempo conmigo, pero a ti no te importa nadie más que tú.
—Eso no es cierto.
—Si no fuera cierto no seguirías apartando a todos de tu lado. ¡Vete con ese pirata si tanto lo quieres!
—Killian no es más importante que tú, no es más importante que nadie en mi vida. Voy a terminar con él…
—¡No me uses como excusa! ¡Quédate con él pero déjanos a todos en paz!
Se limpió el rostro con la manga de su abrigo, se dio media vuelta y echó a correr. Todo lo que pude hacer fue llamar a Regina y decirle que Henry estaba yendo hacia su casa.
—¿Qué pasó? —preguntó preocupada.
—No lo obligues a volver a verme.
Corté la llamada y apagué el teléfono. Dejé mi auto en dónde estaba y caminé hasta el bar. No derramé ninguna lágrima en el camino, sentía que si lo hacía no podría dejar de llorar.
Lily estaba allí, ocupando una mesa en un rincón apartado del bar. Me dejé caer frente a ella y bebí un trago directo de la botella de Whisky.
—Te ves terrible.
—Gracias.
—¿Somos amigas otra vez? ¿Has venido a contarme tus problemas o expulsarme de tu ciudad de una vez por todas?
—Quedarte aquí es el peor error que puedes cometer.
—Nunca has tenido problema corriendo de un lado a otro, ¿qué te retiene?
—¿Sinceramente? No lo sé —me miró fijamente pero no dijo nada—. ¿No vas a sugerir que huyamos juntas?
—¿Quieres que lo haga?
—Déjate de juegos, estás aquí por mí, esto es lo que siempre haces.
—Eres jodidamente egocéntrica, la única cualidad que vino con tu título de salvadora.
—Dejé de preocuparme por lo que piensan los demás. No soy una jodida santa.
—Storybrooke no está resultando lo que yo esperaba —me arrebató la botella y se sirvió un trago—. Demasiado normal comparado con la vida que he tenido, que hemos tenido. No creo poder encajar jamás. ¿Qué se supone que voy a hacer aquí? ¿Te has preguntado eso?
—Nadie va a extrañarte si decides irte.
—¿Te extrañarían a ti? He escuchado rumores, la gente está comenzando a dudar sobre tu heroísmo. —Se inclinó sobre la mesa—. ¿Recuerdas la familia que quiso adoptarte? Intentaste fingir que eras como ellos pero no pudiste. Tarde o temprano terminas dándote cuenta que no perteneces a ningún sitio. Somos iguales.
—Yo pensando que habías venido en busca de venganza cuando en realidad solo quieres que juguemos a ser hermanas —me burlé con fastidio.
—¿Por qué te tatuaste una flor en tu muñeca? ¿Querías ser especial o simplemente recordarme para siempre?
Eso borró mi falsa sonrisa. Sus preguntas no necesitaban respuestas, ella sabía muy bien por qué lo hice, y odiaba sentirme tan expuesta.
—Yo también te extrañé, Emma —su mano tocó la mía, pero me alejé de su tacto de inmediato, notando lo mucho que eso la molestó—. No vas a recuperarla. Quemaste todos tus puentes. Nadie va a extrañarte si te vas.
—Te equivocas. Y esta vez no vas a convencerme de arruinarlo todo.
—Por supuesto que no, de eso te encargas tú sola, ni siquiera he tenido que vengarme porque aquí todo se cae a pedazos —tomó su chaqueta y se levantó—. Regina puede amarte, pero vas a tener que verla seguir con su vida porque ella no va a elegirte. Nunca nadie lo hace.
Sus palabras terminaron de arrebatarme la poca tranquilidad que me quedaba. Miré la flor tatuada en mi muñeca y pensé en el tatuaje de león de Robin, él era su alma gemela, y sin embargo, ella se había enamorado de mí. ¿Cuándo sucedió exactamente? ¿Cuándo su odio se convirtió en amor?
Desaparecí en una nube de humo y me transporté al único lugar que podía devolverme la calma. Regina estaba dormida, acostada de lado debajo de un montón de cobijas, su cabello cada vez más largo estaba esparcido por la almohada, sus labios estaban entre abiertos y uno de sus pies colgaba un poco fuera de la cama. Me quedé parada en un rincón de su habitación, oculta entre las sombras, observándola dormir, sintiéndome como una intrusa en su vida. Fui incapaz de detener las lágrimas resbalando por mis mejillas.
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REGINA
Después del almuerzo, mientras estaba sumergida en la mitad de la historia de un libro de suspenso que me tenía intrigada al no tener la más mínima idea de cómo aquél crimen podría haberse llevado acabo. El asesino no podía simplemente desaparecer.
Mary Margaret entró en el estudio, sobresaltándome con su inesperada presencia.
—¿No sabes tocar?
—Tengo mi propia llave. Ten —me entregó dos carpetas gruesas llenas de papeles impresos.
—¿Qué es esto?
—He estado investigando —lo primero que vino a mi cabeza fue algún tipo de investigación alrededor de un crimen—. Seleccioné algunas clínicas de fertilidad, varios tipos de tratamiento, ¿sabías que hay bancos de esperma? Es muy raro que los hombres vayan y hagan ese tipo de cosa solo para vender su descendencia.
—¡Basta! —Me levanté y le devolví sus carpetas—. No voy a tolerar todas estas tonterías de tu parte.
—No son tonterías. Pensé que habías tenido tiempo suficiente meditando con la almohada. ¿Cómo esperas ser feliz si no te esfuerzas por serlo?
—Por cosas como estas es que he querido matarte la mayor parte de mi vida.
—En el fondo nunca quisiste matarme, solo estabas molesta, y tener un bebé te permitirá aflorar lo mejor de ti.
—¿Te drogas? ¿Sufres de algún tipo de delirio?
—Mira, di lo que quieras. Solo te estoy ayudando. ¿Tienes idea de lo cansado que es tener que empujarte constantemente hacia la luz?
—Por supuesto, el problema siempre soy yo, pero lo que te niegas a entender es que no puedes gobernar mi vida, no puedes decirme con quién casarme o cuándo sonreír, mucho menos obligarme a tener un bebé.
—No te estoy obligando a nada. Nadie puede. Solo estoy siendo tu amiga.
Tenía años de experiencia en tener paciencia con ella, y generalmente nunca funcionaba muy bien, no en vano pasamos la mayor parte de nuestras vidas intentando matarnos la una a la otra, yo más que ella.
—Gracias por tu amable preocupación, pero si decido o no tener un hijo será únicamente mi decisión.
—Si confiara en tus decisiones no me habría tomado la molestia de hacer esto. Estás aquí sentada sin hacer nada en lugar de hacer algo con tu vida.
—No creo que seas la persona indicada para sermonearme.
—¿No lo soy? Viví mi vida mientras todo lo que tú hacías era intentar matarme. Incluso aquí tuve más citas de las que tú no tendrás jamás. Nunca me he rendido, Regina. Me parece que debería estar dando seminarios alrededor del mundo en lugar de malgastar mi tiempo con una mujer tan terca como tú —estrelló las carpetas contra mi pecho—. No quieres tener un bebé, bien. Pero más te vale empezar a hacer algo productivo con tu vida.
No podía creerlo. Estaba estupefacta. Me sentía incapaz de procesar lo que había ocurrido. Lo peor de todo es que ese tipo de actitud hacia mí se había vuelto una horrible costumbre. Me había vuelto tan débil que los demás se tomaban atribuciones que no les correspondían. No iba a permitir que nadie se creyera con derechos a gobernar mi vida, incluso si decidía quedarme por siempre sentada en mi sofá leyendo libros. Y lo peor de todo era darme cuenta que Emma había heredado su pésima actitud de su madre.
El timbre sonando me devolvió a la realidad; dejé las carpetas sobre la mesa y fui a ver quién era. No estaba de humor para ningún tipo de visitas, pero no podía descargar mi mal humor en la pequeña Grace que se presentó con una brillante sonrisa.
—Buenas tardes señorita Mills, ¿se encuentra Henry?
—Hola, Grace. Él debe estar por llegar, está trabajando con Belle en la Biblioteca.
—Sé que la están remodelando. Mamá quiere que terminen cuanto antes para poder inscribirme en alguna clase de lectura.
—Es una excelente idea.
—¿Puedo esperar a Henry?
—Claro. Por supuesto. —La llevé a la sala pero ella decidió seguirme a la cocina, se sentó en un banco junto al mesón y esperó pacientemente que yo le ofreciera galletas y jugo.
—Son deliciosas. Gracias.
—¿Cómo están las cosas con Jefferson? Emma habló con él, intentó calmarlo pero me gustaría saber cómo te sientes.
—La señorita Ruby me pidió mis guantes de lana para siempre poder seguir mi rastro —dijo con una risita—, y tengo un teléfono —siguió sonriendo pero sus manos jugaron nerviosamente con su cabello—, la señorita Emma dijo que si lo mantenía conmigo podría localizarme dónde sea que vaya.
—Ella es muy buena encontrando personas. Todos vamos a estar muy pendientes de ti.
—Lo sé. Papá dijo que haríamos lo que yo quisiera esta semana.
—Eso está muy bien, espero que puedas pasar un buen tiempo con tu papá.
—Gracias. Así como todo va a arreglarse con papá, estoy segura que todo se arreglará con la señorita Emma y podrán tener su final feliz juntas.
No pude contestar a eso, Henry llegó corriendo y Grace se fue con él a jugar en el estudio.
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HENRY
Grace no es como las otras niñas —en general lo es—, le gustan los mismos videojuegos que a mí me gustan, aunque no es muy buena en ellos.
—No sabía que ibas a venir —le dije a Grace, entrando al estudio de mamá.
—Dijiste que me mostrarías ese nuevo juego, y quería devolverte los libros que me prestaste pero los dejé en el carro de papá, cuando venga a recogerme te los doy.
—Está bien. ¿Te gustaron?
—Sí. Son increíbles.
—Tengo otros que también te pueden gustar pero no los he terminado aún, y Hansel me los pidió. ¿Crees que a Gretel también le gusten?
—¿Los que me prestaste a mí?
—Sí. Su cumpleaños está cerca y todavía no sé qué regalarle.
—Oh… claro. Mi mamá va a comprar el regalo, pero no está muy segura de dejarme ir sola a la fiesta. ¿Tu mamá te dejará ir?
—¿Dónde va a ser la fiesta?
—¿No te ha entregado una invitación aún?
—No.
—Seguro debió olvidarlo, puedo preguntarle o puedes venir conmigo.
—No. No puedo ir si ella no me invita.
Me sentí un poco desanimado, pensé que ellos eran mis amigos. Los ayudé a recuperar a su papá, y siempre le presto mis cosas a Hansel. ¿Por qué no puedo agradarle a Gretel?
—Yo no creo que vaya a su fiesta, no sabría con quién bailar, y mamá no cree que es propio para nuestra edad ir a un baile.
—¿Crees que debo darle un regalo de todas formas? No quiero que ella piense que no me agrada.
—Claro, si es lo que quieres.
Se levantó y dio una vuelta por el estudio, observando las cosas de mamá. Recogió un libro que estaba en el piso y lo dejó sobre la mesa.
—Voy a darle un regalo, solo por si acaso. De todas formas somos amigos.
—¿Tu mamá va a tener un bebé?
—¿Qué? —me alejé del computador para poder verla.
—¿Por qué tendría información sobre maternidad entonces?
Fui hasta donde Grace estaba y tomé la carpeta que estaba viendo. Mamá tenía dos carpetas enteras de información sobre tener bebés.
—Voy a tener un hermano —sonreí emocionado—. ¡Esto es increíble!
—¿Y qué pasa con Emma? Deberían tener un bebé juntas.
—Ewww. No. Emma no es parte de nuestra familia, está con ese pirata apestoso.
—Pero ellas se quieren, estoy segura que van a volver. ¿No quieres que tus mamás estén juntas?
—No. No lo sé —en realidad no sabía si eso era algo que me gustaría ahora—. Emma no merece a mamá.
—¿Cómo vas a tener un hermano si tu mamá no tiene ningún novio? ¿Te gustaría que tu mamá encontrara un hombre horrible que te obligue a llamarlo papá? Ella es muy bonita, alguien fuera de Storybrooke podría enamorarse de ella. Tendrías que ir con ellos y no verías tan seguido a tu familia.
Grace tenía tantas ideas que me confundían, decía cosas en las que yo jamás había pensado.
—Eso no puede pasar. Me gusta vivir aquí, y no quiero tener un papá.
—No podríamos seguir siendo amigos si te fueras de aquí.
—Mamá no necesita tener un novio para tener un bebé, puede adoptar un bebé como me adoptó a mí.
Corrí de vuelta al computador, dejando la carpeta donde estaba, y busqué en internet agencias de adopción.
—¿Qué vas a hacer? —Preguntó Grace, espiando por encima de mi hombro.
—Hace unos años todo lo que quería era tener un hermano, mamá y yo hablamos de eso, sé que ella quería adoptar a otro niño, pero me enteré de la maldición y todo se echó a perder —abrí los cajones de su escritorio revisando todo lo que tenía allí—. Debe tener los papeles por algún lado, siempre guarda todo, tiene cajas repletas solo de facturas.
—No deberías hurgar entre sus cosas.
—Si los encuentro pueden servir para cumplir con los requisitos que piden para adoptar un niño. Voy a solicitar un bebé a cada agencia, así no corremos el riesgo de no tener ninguno. Revisaré su mail.
—¿Sabes su contraseña?
—Sí, usa la fecha de mi cumpleaños para todo. No es muy buena con la tecnología.
—No lo sé. Mejor pregúntale primero. Es algo muy importante —sus palabras me detuvieron, me hizo pensar.
—Está bien, pero voy a descargar toda la información para estar preparado.
—Creo que eres muy lindo, Henry —sonrió. Sus mejillas se pusieron rosadas y me miró de forma extraña.
—Vamos por algo de comer para comenzar a jugar.
Mamá nos dio un montón de bocaditos saludables, pero nos envió afuera, no quería que pasáramos todo el tiempo delante de una pantalla sin hacer actividad física real. Tampoco nos dejó tomar a Nayra para un paseo, así que intenté enseñarle a Grace cómo jugar béisbol. Su padre llegó una hora después y, tal como dijo, me devolvió los libros que yo le había prestado.
Al entrar a casa nuevamente, sonreí al ver a mamá concentrada mirando la pantalla del computador, al parecer yo no era el único que necesitaba un poco de aire libre. Ella notó mi presencia, se quitó los lentes y puso todas las cosas a un lado.
—Ven aquí. Déjame darte un abrazo.
—Soy demasiado viejo.
—No lo eres.
No lo era.
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REGINA
Sostuve a Henry, abrazándolo más del tiempo suficiente para él. Crecía demasiado rápido.
—¿Extrañas a Emma? —Preguntó directamente. Acomodé su cabello y miré sus ojos expectantes.
—Es tu mamá también, y aunque estés molesto puedes seguir llamándola ma, estoy segura que eso hará que duela menos…
—Pero la extrañas ¿cierto?
—Sí… a veces la extraño.
—Yo también… pero estoy molesto.
—¿Quieres contarme lo que pasó? —esquivó mi mirada pero no se alejó—. Está bien. No tienes que contármelo ahora, te quiero, y siempre vas a tenerme de tu lado.
—Lo sé.
—Puedes conversarlo con Archie. Vamos a buscar una manera de arreglarlo.
—¿Y si ella no quiere hacerlo?
—Las dos hemos cometido un montón de errores, pero te queremos más que nada, y vamos a amarte toda la vida.
—¿Aunque tengas otros hijos?
—No voy a tener otros hijos.
—¿Y por qué estás averiguando cómo hacer un bebé?
—Supongo que viste las carpetas. ¿Qué te he dicho sobre espiar?
—No estaba expiando, pero me alegra —se arrimó contra mí. Los dos nos acomodamos con los pies sobre la mesita de centro frente al sofá—. Se suponía que debías darme un hermano hace como cinco años, o mejor dicho desde que tenía cinco.
—Eres peor que tu abuela, haces que sea imposible que me olvide que llevas sus genes.
—Esa no es una respuesta.
—No tengo ninguna respuesta, pero cuando la tenga serás el primero en saberlo.
—Ok.
Besé su frente, algo me decía que no iba a dejar de insistir en el tema tan fácilmente; al menos no me perseguiría por toda la casa repitiendo "quiero un hermano", fueron unos muy difíciles cinco años.
—Mamá… ¿puedo preguntarte algo?
—Claro que sí, cariño.
—Tú fuiste una niña una vez ¿cierto?
—Sí —sonreí—. Lo fui.
—¿Alguna vez le dijiste a un niño que no querías jugar con él pero en realidad si querías?
Suspiré, revisando entre mis recuerdos si alguna vez en mi vida tuve tal oportunidad. Yo quería todo lo contrario, haber podido tener una niñez normal en la cual, por lo menos, tener uno o dos amigos.
—Quizá… alguna vez le dije a Daniel que no podía ir a montar con él aunque era todo lo que quería hacer, pero solo fue porque tenía demasiadas obligaciones.
—Eso significa que aunque decías que no, querías decir sí.
—Sí. Daniel lo sabía. Él sabía que yo siempre quería pasar tiempo con él, afortunadamente siempre entendió mis razones.
—Entonces… si alguien dice que no quiere jugar conmigo ¿debo seguir insistiendo?
—No es así de fácil, hay cosas que no se pueden forzar, y no está bien que quieras forzar a alguien a hacer algo que no quiere hacer.
—Pero entonces nunca voy a conseguir lo que quiero.
—Si eres malo en matemáticas y no prácticas, lo más seguro es que repruebes, eso es cierto; en cambio, si detestas comer brócoli, aunque yo te obligue a comerlo cada vez que lo preparo, eso no significa que va a gustarte ¿cierto?
—Es verdad.
—Cuando se trata de personas, que piensan y sienten, es mucho más difícil. No puedes obligar a alguien a amarte. Va a llegar un punto en que tu insistencia se convertirá en una imposición, porque estás poniendo tus sentimientos por encima de los de esa persona, y eso es algo que nunca debes hacer. ¿Me estoy haciendo entender?
—Sí —dejó caer su cabeza sobre mis piernas y se estiró por completo en el sofá—. Eres la mejor.
—Te amo, mi hermoso bebé.
—Mamá —se quejó—. No soy un bebé.
—Estás creciendo demasiado rápido, pero me gusta que me preguntes cosas como estas. ¿Hay alguna niña que te guste?
—No. Claro que no.
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MARY MARGARET
El juego de llaves maestras de la ciudad había sido muy útil, pero no las necesitaba para entrar a casa de Regina o al departamento de mi hija, tenía mi propio conjunto de llaves.
Pensé que era momento de acortar el enorme espacio que mi hija nos había puesto para atrincherarse en su pequeña cueva, no tenía otra palabra para describir el lugar: estaba sucio, desordenado, y cubierto de imágenes indecorosas.
—¿Por qué sigues manteniendo estas fotos?
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste?
—Soy tu madre.
—Esa no es una respuesta.
—¿Por qué sigues manteniendo las fotos de Regina desnuda? Esto parece el departamento de un asesino en serie. Tú luces como una asesina en serie. ¿Te bañaste? ¿No se supone que deberías estar trabajando?
—Es el turno de Sidney.
Deje las compras sobre el mesón de la cocina y comencé a guardar las cosas que había comprado.
—Usa tu magia y limpia este lugar, y por lo que más quieras desaparece esas fotos, estoy cansada de ver a Regina desnuda.
—¿Qué es lo que quieres?
—Quiero mudarme aquí. —Ella rió y tomó uno de los jugos que estaba guardando en su refrigerador—. Hablo en serio. Necesitamos volver a ser un equipo, y no puedo echar a Lily de mi casa.
—No somos Thelma y Louise.
—Soy tu mamá, y me gustaría volver a ser tu amiga, si no trabajamos en equipo no vamos a poder superar este mal momento.
—Puedes quedarte aquí, aunque creo que deberías decirle a Lily que consiga su propio lugar.
—Está trabajando con tu padre pero eso no es suficiente, y la verdad no sé cuáles son exactamente sus habilidades. Podrías ayudarla a conseguir un mejor empleo si quisieras.
—Podría pero no quiero.
—No debes sentir celos. Estamos en deuda, es nuestro deber ayudarla, y Regina no está interesada en ella.
—No estoy celosa —torció los ojos y dejó el envase vacío en el lavadero en lugar de ponerlo junto con la basura—. Tengo que salir, nos vemos después.
Se fue dejando todo exactamente como estaba, no me quedó más que recoger yo misma el desorden. Escuché la puerta abrirse y pensé que era ella, pero David entró en su lugar.
—Hey. —Saludó torpemente.
—Emma acaba de irse.
—Lo sé, me la topé al salir. Me dijo que estabas aquí y pensé venir a saludar. No has contestado mis llamadas.
—He estado ocupada.
Metí la basura en una gran funda negra de plástico.
—No has visitado la tumba de nuestro hijo.
—No es así como quiero recordarlo —seguí recogiendo los papeles y metiéndolos en la funda.
—Es como si no quisieras recordarlo en lo absoluto.
—Mi hijo está muerto —dejé caer la funda al piso y lo miré al fin, su barba era espesa—. No voy a ir a contemplar una lápida con su nombre.
—Hablo con él, me encargo de llevarle flores y mantener el césped bien cortado. Le digo todas las cosas que le diría si estuviera conmigo.
—¡Pero no está aquí! Lo perdimos —era como si las lágrimas se hubiesen atorado en mi garganta—. No puedo escucharlo, no puedo verlo, no sé cuál es su puré favorito, no sé cuál es su primera palabra, no sé nada de ninguno de mis hijos, es como si no fuera una madre.
—Sigo siendo un padre, y tengo dos hijos: Neal y Emma. A ti parece que lo único que te importa es Regina —dijo enojado.
—¡Deja de meterla entre nosotros! ¿Cuál es tu problema con ella?
—¡Mi problema es que ella está viva y mi hijo no! ¡Ella va a las prácticas de béisbol que yo jamás iré! ¡Emma apenas me reconoce como su padre y todo es su culpa!
—Ella es mi familia. Necesitas buscar a alguien más a quién culpar.
—Creo que necesitamos hacer esta separación permanente.
—¿Es eso lo que quieres?
—Es lo que tú quieres, y estoy de acuerdo.
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EMMA
No sabía cómo reaccionar. Me quedé arrimada contra la puerta esperando escuchar que uno de los dos dijera que se amaban y que debían permanecer juntos, pero no lo hicieron. Volví porque olvidé las llaves de mi auto, y me hubiese gustado no haberlo hecho.
Llegué caminando hasta la casa de Regina, y esperé en la acera hasta que ella salió. Habíamos acordado ir a hablar con los padres de Grace, pero se suponía que nos encontraríamos allá, de todas formas ella no parecía sorprendida y me dejó subirme a su auto sin decirme nada.
—Mis padres se van a separar —lo dije mirando hacia la ventana cuando nos detuvimos frente a la casa de los padres de Grace.
—Ellos se aman, comparten un mismo corazón. Solo se están tomando unas vacaciones de ellos mismos.
—Que ames a alguien no implica que debas estar con esa persona.
Bajamos del auto, toque la puerta y no podía culparlos al ver la sorpresa plasmada en su rostro. No fueron felices de recibirnos, ni siquiera nos brindaron galletas o agua.
—Voy a ir directo al punto. Estamos aquí porque Jefferson parece haberse convertido en un dolor de cabeza para Grace. Creemos que ustedes deben estar al tanto que él quiere llevarla de vuelta al Bosque Encantado —dije sin rodeos.
—Él no puede hacer eso, ella es nuestra hija —la mujer tomó la mano de su esposo.
—¿Qué tiene que ver eso con ustedes? ¿Por qué están aquí? —preguntó él.
—Soy su Hada Madrina —Regina pisó mi pie con fuerza.
—Grace me buscó para que la ayudara.
—¿A ti? ¿Eres la Reina Malvada?
—Ella no es nada de eso, señora —traté de ser educada, en especial al sentir mi pie palpitando de dolor.
—Grace quiere a su padre.
—Yo soy su padre —el hombre interrumpió a Regina.
—Jefferson también lo es, de no ser por mí lo seguiría siendo.
—Algo por lo que todos deberían agradecerte y no estoy escuchando a nadie decir gracias —dije con fastidio al ver la mala actitud de ellos.
—Vamos a hacernos cargo, tomaremos a Grace y nos iremos donde ese demente no nos encuentre. Ve a empacar —él ordenó y su esposa se puso de pie de inmediato.
—Esa no es una buena idea. Estamos de su parte, podemos pensar en una mejor solución, cuatro cabezas piensan mejor que una.
—Es lo que yo habría hecho, debí hacerlo —dijo Regina—, tomar a Henry e ir a un lugar lejos de aquí, pero en el fondo siempre supe que mi hijo estaba a salvo con Emma. No creo que Jefferson esté en condiciones de estar cerca de Grace.
—Regina —no podía creer lo que acababa de escuchar.
—Grace es una niña, y ustedes son sus padres, es su trabajo mantenerla a salvo, incluso si eso significa apartarla de un padre que le está haciendo daño.
—¡Regina! —Tomé su mano con fuerza y la hice mirarme—. Grace te buscó para que la ayudaras a evitar que Jefferson la secuestrara, no puedes venir aquí y decirles a ellos que hagan exactamente lo mismo.
—Ella puede no entenderlo ahora, incluso puede creer que las cosas van a mejorar, pero no es así. Lo conozco, y no puedo sentirme más responsable de lo que ya me siento pero sé que es lo correcto —miró a los padres de Grace, ellos absorbían cada una de sus palabras—. No pueden dejar que él le haga daño. Grace es una niña adorable y se merece ser salvada. ¿Qué clase de padres serían si dejaran que él la lastime?
Levanté a Regina de la silla y tomándola del brazo la llevé fuera de la casa. Tuve que dejarla fuera para poder hablar con ellos a solas y evitar una locura.
—Ella tiene razón —dijo la madre de Grace.
—No. Eso no es lo que Grace quiere.
—¡Somos sus padres! He llevado a mi hija con ese loco, y cada vez que vuelve tenemos que verla triste, preocupada; él es la razón de sus pesadillas.
—Eso puede ser cierto, pero Grace jamás les perdonaría que la separen de su padre. No debe tener que elegir entre ustedes, podemos solucionarlo. Estoy segura que Jefferson hará todo lo posible por no perder a su hija, aceptó que siguiera viviendo con ustedes cuando pudo habérsela llevado en el momento en que la maldición se rompió. Él va a buscarla hasta el fin del mundo, es lo que yo haría si Regina llevara a Henry lejos de mí. Solo piensen esto bien, piensen en lo que es mejor para su hija.
Volví caminando a casa de Regina, abrí la puerta y la busqué hasta encontrarla en la cocina preparando la cena.
—¿En qué demonios estabas pensando?
—No estoy de humor para hablar contigo.
—¡Me importa una mierda de qué humor estás! Por los menos debiste advertirme que ibas ir allá para organizar el secuestro de una niña.
—A veces olvido que eres la hija de Blancanieves y el Príncipe Azul, las cosas no se solucionan con besos y pegatinas de colores.
—Vamos a darle a Jefferson un pastel envenenado entonces.
—¡Pues si eso evita que él maltrate a su propia hija entonces es precisamente lo que hay que hacer!
—No sé ni por qué pierdo el tiempo discutiendo contigo. Soy yo quién necesita un jodido cartel con luces de neón recordándome que ustedes solo son personajes de cuentos.
—Mi mamá me maltrataba —dijo en un susurro roto—. Yo seguí creyendo que las cosas iban a mejorar, que todo estaría bien algún día… mi padre a veces intentó decirle que no me lastimara pero al final guardaba silencio. Él me amó lo mejor que pudo pero me gustaría por lo menos tener el recuerdo de que alguna vez intentó llevarme lejos de ella.
Acorté la distancia entre nosotras, y aunque ella se resistió al principio la abracé, la sostuve en mis brazos queriendo hacerla sentir protegida y borrar cada uno de sus malos recuerdos.
—Sé que estamos en contra de los viajes en el tiempo pero de no ser por Henry iría al pasado y te llevaría lejos de tu madre, de Gold, y de todos los imbéciles que te han hecho daño.
—Eso borraría tu existencia seguramente.
—No es como si alguien me extrañaría — apoyé mi frente en la suya y mis labios rozaron los de ella en un beso suave pero demasiado torpe. Casi lamenté sentirla alejarse de mí—. Lo siento. Olvidé que ya no hacemos eso.
—No lo olvidaste, y no está bien que lo hagas —dijo sin enojo pero con demasiada honestidad.
—¿Mamá? ¿Qué pasa? —Henry preguntó preocupado entrando en la cocina, acercándose de inmediato a Regina.
—Todo está bien.
—Pero estaban discutiendo.
—Solo intentaba convencerla de dejarme pedir una pizza para la cena.
—¿Ella va a quedarse a cenar? —Henry preguntó sorprendido, y yo deseé con todas mis fuerzas que ella dijera que sí.
—Sí —dijo sin mirarme—. Es buen momento para retomar nuestras cenas familiares.
—Pero estamos enojados, no sabes lo que ella hizo.
—Y como ninguno de los dos ha decidido contarme van a tener que esperar a su cita con Archie para solucionarlo. Llamaré a tu abuela para que se una a nosotros.
Regina salió de la cocina. Henry me miró fijamente, y yo lo miré sin saber qué decir.
—Voy a elegir una película —dijo sin mayor emoción, dubitativo—. Recuerda que a mamá le gusta con extra queso, y a ninguno de los dos nos gustan los pepinillos.
—Lo sé.
XXXSQXXX
Después de volver a casa, con mi estómago lleno por toda la pizza que había comido, con mis dientes recién lavados y mi pijama puesto; desaparecí en una nube de humo y volví a invadir la habitación de Regina. Ella dormía plácidamente, su rostro estaba sin gota de maquillaje; tenía tantas ganas de meterme en la cama con ella, simplemente abrazarla, pasar mis dedos por su cabello y besarla. Algo se movió en su cama y me sobresalté, no era ella quién se movió, fue ese peludo animal y antes de escuchar su leve ladrido tuve que desaparecer en una nube de humo.
A la mañana siguiente, mientras desayunaba, mi mamá me dijo que siempre iba a amar a mi papá, pero que no sentía que pudieran volver a estar juntos alguna vez.
—Es solo que en este momento no nos sentimos bien estando juntos, es como si no fuéramos nosotros mismos.
—¿No te parece que no deberían tomar una decisión así tan a la ligera?
—No se siente como si fuera a la ligera. Es mejor ser honestos en lugar de ser infelices viviendo una mentira.
No era como si tuviera algo qué decir, lo único que pude hacer fue aceptarlo.
XXXSQXXX
Conduje directo hasta el muelle, y no pasó mucho tiempo hasta que Killian notó mi presencia y se unió a mí.
—Emma…
—Lo que teníamos tú y yo se acabó.
—¿Qué? Eso… eso no tiene sentido. ¿Vas a dejarme por ella?
—Voy a dejarte porque no quiero estar contigo, nunca he querido estarlo, solo lo hice porque era más fácil no sentir nada estando contigo que sentir demasiado estando con ella.
Mis palabras lo hirieron, pero sabía que era la única forma de alejarlo de mí, y al contrario de él —y a pesar de lo aterrada que me sentía—, fue como haberme quitado todo el peso que yo misma había puesto sobre mis hombros. Las piernas me temblaban pero no me detuve, caminé dándole la espalda y sin importar cuántas veces él gritó mi nombre, no me detuve, porque como mi mamá dijo: era mejor ser honestos en lugar de ser infelices viviendo una mentira.
