Capítulo 10: La purga de todos los venenos
El silencio que rodeaba aquella escena era tan absoluto que parecía que el tiempo se hubiese detenido en ese instante, congelándolo eternamente.
Lo único que le indicaba a Lucien que seguía vivo era su respiración pausada que se contraponía al palpitar acelerado de su corazón. Sólo eso, pues el resto de su cuerpo no quería responder.
Estaba completamente atónito observando frente a él al joven rubio ligeramente tembloroso, quien respiraba entrecortadamente por el llanto que le quería salir y que aún reprimía a pesar de aquella última frase que había pronunciado después de tanto tiempo ocultándola de todo y de todos, dejándole sin saber qué decir.
O qué creer.
Después de unos segundos en silencio mirándole a los ojos, Franz lentamente apartó la vista de la de él y apretó los labios. La declaración que acababa de hacer resonaba como un eco en su cabeza, y no estaba seguro de comprender las repercusiones que podría tener ésta desde ese momento en adelante. Lo único era que simplemente lo había dejado salir, sin pensar, pues la sensación de desbordamiento interior había vuelto a hacérsele presente y no se sentía capaz de contener ni un sólo mililitro más sin desoprimirse un poco. Creyó que quizás después de eso el conflicto interior que tanto le había estado atormentando esos meses se iría, pero descubrió que no era así tampoco.
Apretó la carpeta que contenía las partituras fuertemente contra su pecho, tratando de conseguir alguna protección o barrera en vano, que sabía que ya de muy poco serviría. Una vez dicho aquello, no iba a poder retactarse. Debía seguir adelante con la idea.
¿Pero cómo?
El miedo aún estaba haciendo demasiado acto de presencia, imponiendo su presa que apretaba y ahogaba con fuerza. Acababa de decir aquello que no se había atrevido a decir en meses. Acababa de decirle a alguien a quien se había empeñado en ver como un amigo, y que finalmente no había resultado sino ir más allá de eso, lo que estaba sintiendo. Y después de eso... ¿qué?
¿Qué ocurriría?
"Qué... Qué quieres decir con..." comenzó a balbucear Lucien frente a él, tratando por todos los medios de mantener la calma entre todas las ideas que de pronto se agolpaban en su cabeza, mareándolo. "... ¿Con eso de que te gusto?"
Cerró sus ojos verdes un momento, bajando su cabeza mientras se pasaba su mano por la frente, quitándose su gorra mientras esbozaba una sonrisa incrédula.
"No... No te entiendo..."
"...Yo creo que... está lo suficientemente claro... ¿no te parece?", respondió aquél, bruscamente y con la voz ronca, retrocediendo instintivamente un par de pasos hasta trastabillar con uno de los asientos que estaban dispuestos allí, acabando por sentarse. Suspiró hondo y dejó la carpeta a un lado, reclinándose y encogiéndose en sí mismo para apoyarse en sus rodillas y mirar al suelo, cabizbajo, intentando respirar bien. "... No creo... que haya otra forma de decirlo... Más directa que esa."
Hizo una mueca, hundiendo los dedos en el pelo mientras continuaba observando la moqueta que cubría la sala, consiguiendo poco a poco el temple que no parecía llegar del todo.
"... Yo tampoco entiendo muy bien cómo es que llegó a suceder... pero... pasó. Está pasando ahora mismo..."
Ante esa afirmación Lucien levantó su mirada hacia él, observándole cómo parecía encogerse, teniendo de pronto la impresión que podía desvanecerse en cualquier momento si no era cuidadoso con sus palabras.
Pero él nunca había sido cuidadoso con lo que decía, lo que lo ponía en un conflicto aún mayor.
Lentamente fue acercándose a Franz, terminando por agacharse frente a él, buscando su mirada algo asustado.
"..."
Abrió la boca para tratar de decir algo, pero cada idea que llegaba a su cabeza le parecía equivocada. Preguntarle cómo era posible, si estaba jugando con él o si era verdad lo que le decía, nada de eso podía ser lo correcto.
Por primera vez intentó ponerse en el lugar de Franz, recordando cuando él, unos meses antes le había confesado lo que sentía, tratando de buscar lo que él hubiese querido escuchar.
Puso sus manos sobre las de Franz en sus rodillas, acercándose un poco más, aún buscando su mirada, aquellos ojos azules tan hermosos en los que le gustaba perderse, buscando ésta vez si había algo en ellos que sirviera para ayudarle un poco en ese momento.
"No... No es una broma ¿verdad?"
Los mismos ojos que estaba buscando, llenos de lágrimas que no sabía si liberar o no; dificil decisión torturante que no le había dejado en paz ni un solo momento, se fijaron por unos instantes en los suyos con una rabia inusitada. Apartó con brusquedad las manos de las suyas, cruzándose de brazos y encogiéndose todavía más, sintiendo como si le estuviesen queriendo perforar el pecho.
"¿A ti qué coño te parece?", le espetó quebrado e irritado en su vulnerabilidad. No estaba tan molesto con el hecho de que Lucien no le estuviera tomando en serio, como con que él, que siempre había sido conocido por aguantar toda tempestad que se le viniese encima, quien siempre había querido tragarse todas las penas en pro de sonreír y mirar hacia delante con optimismo, quien siempre había guardado las formas, estuviera derrumbándose en aquellos instantes de forma a su ver tan patética, sin que absolutamente nada ni nadie pudiera remediarlo.
Sin embargo esas manos toscas que había apartado no tardaron en llegar a sus mejillas, tomando su cara para volver a buscar sus ojos.
"Mírame..." dijo Lucien, acercándose a él un poco más, tratando de asegurarse de que no sólo sus palabras eran ciertas y que sus ojos no mentían, sino que tampoco su cuerpo lo rechazaba.
"... Si es así... Si..." murmuró él llevando su mirada por todo su rostro, sintiéndo que algo en él se estaba encendiendo sin control alguno, comenzando a arder con esa intensidad que bien conocía, "¿Por qué no me lo habías dicho antes¿Por qué... Por qué hasta ahora me dices...?"
Y con eso, Franz simplemente no pudo aguantar más. Aquél ahogo se estaba haciendo superior a él.
Volvió a apretar los dientes y los párpados, intentando que se deshaciera aquél nudo en la garganta que le impedía respirar, las lágrimas empezando a resbalar por su rostro sin control alguno y actuando como un bálsamo extraño para lograr, finalmente, lo que su cuerpo agotado y helado casi de muerte le había estado pidiendo en su clamor silencioso durante mucho más tiempo del que él lograba recordar.
Tan sólo un momento de respiro para sí mismo.
"... Y-yo... yo no podía... comprendes...", intentó explicarse en su voz alterada por los sollozos. "... No... sabía qué hacer... uno simplemente... no sabe qué hacer cuando se le pone entre la espada y... y la pared... estaba... muerto de miedo..."
Aún tenía miedo...
Y fue ese miedo lo que finalmente pudo compartir Lucien frente a él, comprendiendo exactamente esa sensación de sentir que la oscuridad se volvía palpable y trataba de desgarrar el alma.
Inspiró profundamente mientras le tendía sus brazos, estrechándolo entre ellos lo más que pudo, queriendo cubrirlo para que ese miedo ya no tuviese cómo dañarlo más.
"Lo sé... Tranquilo, lo sé" murmuró cerca de su oido, pasando sus manos por su espalda tratando de reconfortarle, "Lo entiendo..."
Franz sintió, en mitad de aquella brecha de desolación, cómo la calidez afectuosa que Lucien irradiaba se le empezaba a transmitir a él, provocando que la defensa que había querido levantar sin éxito cediera poco a poco, hasta derrumbarse y hacerse añicos por completo. Comenzó a abrazarle él también, estrechándole entre los brazos y dejando que las lágrimas siguieran fluyendo durante un rato, el suficiente como para volver a recuperarse un poco y tratar de explicarse mejor. En ese momento nada más importaba, ni siquiera el cómo se estuviese viendo a los ojos de Lucien entonces.
"... Pasó... que desde lo del aeropuerto... todo empezó a sentirse difuso y sin orden... No estaba seguro... de qué sentir... ni de que lo que estaba sintiendo estuviese bien... y no podía pedir consejo a nadie por vergüenza...", murmuró sobre su hombro, aún sin dejarle ir de su abrazo, sacando todo cuanto se había estado guardando. "... Pero no era algo que pudiese controlar... por eso, cuando tú... cuando tú me dijiste...que yo a ti te... que me querías... yo no sabía qué responder... Porque la confusión era todavía muy grande... Y no quería hacerte daño con lo que dijera..."
Hundió el rostro sobre su hombro, dejando ir las últimas lágrimas y las últimas convulsiones, sacudiéndose ligeramente como si estuviera acometido por un frío inmenso que calaba más hondo de los huesos.
"... Y después llegó ella... Y todo se hizo más cuesta arriba...", murmuró amargamente.
Lucien suspiró, comenzando recién a comprender toda la real magnitud del problema. No sólo se había tragado lo que sentía, sin saber qué era ni comprender todo el daño que se estaba haciendo hasta que ya era demasiado tarde, sino que encima había estado presenciando todos sus poco sutiles arrebatos con la chica rusa. Entendía muy bien cómo debía sentirse Franz durante ese tiempo, aunque estaba seguro de que no podría llegar a comprender el dolor que eso acarreaba.
"Eres un idiota..." murmuró finalmente, separándose un poco de él para mirarlo de frente, llevando una de sus manos a su cara para limpiarle las lágrimas que la surcaban.
Se quedó un instante más perdiéndose en lo bellos que eran sus ojos al limpiarse un poco de toda esa oscuridad con el llanto, esbozando una muy pequeña sonrisa.
"... A quién quiero es a ti... Siempre ha sido a ti..."
El rubio logró esbozar una ligera y húmeda sonrisa de circunstancias, soltándole para buscar un pañuelo en sus bolsillos y limpiarse la nariz, encogiéndose después de hombros y relajándose tanto su cuerpo como su mente, poco a poco.
"... No me hace falta que me digas que soy un idiota, ya lo sé", musitó, observándole con una cara que mostraba un profundo agotamiento como alivio. "... Y un cobarde también... Simplemente tenía tanto miedo de todo que tenía que echar mano a los recursos que fueran necesarios para no ponerme de manifiesto con palabras... "
Sonrió un poco más, decidiendo no rehuir más de sus ojos verdes, de aquella llama cálida y acogedora que le proporcionaba una paz inmensa.
"... Ya sabes quién era el admirador secreto... ¿no?"
"¿Cuál admirad...?" comenzó a preguntar Lucien un poco confundido con ese cambio de tema, hasta que de inmediato sus neuronas hicieron contacto, sintiéndose de pronto el personaje más imbécil de toda la historia, "... jo de p... ¿Cómo no me di cuenta antes?"
Su momento de sorpresa y de autorecriminación terminó pronto para dar paso a una muy sonora y contagiosa carcajada, relajando con ella también el tenso ambiente.
Se separó un poco de Franz mientras controlaba su risa, terminando por hipar un par de veces antes de volver a mirarle sonriendo aún más ampliamente, con esa llama en su interior convirtiéndose pronto en un incendio de proporciones.
"... Bueno, ahora ya sabes que no entiendo bien ese tipo de indirectas..." dijo él de forma casi juguetona, volviendo a acercársele, poniendo una de sus manos sobre la rodilla de Franz y la otra llevándola a su rostro, "Pero escucharlo así de frente, aunque me hayan dolido cada una de tus lágrimas al decírmelo, aunque todavía tengo miedo de que no sea más que un sueño y que me quiebre al despertar... No te imaginas lo feliz que me estás haciendo en éste momento..."
Franz sonrió a su vez aún más, enterneciéndosele la mirada. Aunque a Lucien le hubiesen dolido las lágrimas que hacía muy poco acababa de derramar, para él habían supuesto una auténtica liberación. Y sólo en ese momento se daba cuenta de lo estúpido que había sido al guardárselo para sí, de lo estúpidos que habían sido sus dudas y sus temores... Había resultado peor callárselo que confesarlo al final.
Y él era quien se atrevía a decir que era mejor sacar el veneno fuera... Cuando él mismo era quien más había estado guardándoselo, hasta un punto en el que había estado a punto de matarle.
"... Me di cuenta en su momento...", le respondió, atreviéndose, después de guardarse el pañuelo de nuevo, a depositar una mano sobre la que él tenía en su rodilla. "... Que no había tenido ningún resultado, y acabé pensando que no iba a haber ninguna posibilidad. Pero, ya lo ves... a veces, los sueños... se hacen realidad."
Aquella pequeña frase activó una alarma dentro de la cabeza de Lucien, la cual ignoró completamente; no tenía el más mínimo interés en preocuparse por los problemas que podían causar los sueños cuando se volvían reales en ese momento en el que todo se veía resplandeciente, como si de pronto una nueva luz iluminase su forma de ver el mundo.
"Y ésto es todo lo que he soñado" respondió Lucien, apretando la mano de Franz en la suya, sonriéndole aún más con sus dientes pequeños y filosos, soltando una risa nerviosa en el proceso de acercarse un poco más a él, "... No te imaginas... Cuanto he soñado con escucharte decirme que..."
"... Te quiero" Aún con un hilo de voz, pero lo suficientemente audible para él y con una extraña fuerza impresa en correspondencia con lo que decía y sentía, Franz completó la frase, manteniendo por fin una sonrisa sincera en sus labios, esa sonrisa que casi siempre se le acostumbraba a ver antes de aquél incidente; contagiándose de aquella tibieza tan agradable que le estaba llenando el cuerpo, desterrando el hielo y las tinieblas de éste. Incluso apartando por unos instantes las dudas de qué sería lo que sucediese a partir de ese momento, a dónde irían ambos correspondiéndose en aquél entorno lleno de obstáculos y de amenazas en el que todavía estaban y que también parecía inminente enfrentar, más tarde o más temprano.
Pero por ahora, él también prefería quedarse aislado de todo eso, teniendo aquella agradable sensación invadiéndole el pecho que limpiaba, iluminaba y curaba heridas, parecida en cierto modo a la que solía tener cuando acostumbraba a soñar despierto y dejar vagar sus pensamientos en paisajes y lugares maravillosos producto de su imaginación.
Solo que aquello no se lo estaba imaginando. Estaba pasando en verdad.
Era tan palpable como la mano que tenía sostenida en la suya y como el calor del cuerpo que estaba acercándose al suyo.
Bajo aquella nueva luz, todo se veía más claro, más hermoso; se sentía todo más cierto por increíble que antes hubiese podido parecer. En un momento le dio la impresión de que todo cuanto les rodeaba se veía un poco distinto; menos apagado y lúgubre, con los colores mucho más brillantes y los antes oscuros recovecos de la sala más iluminados. Había vuelto a hacerse el silencio, pero ese silencio también se sentía diferente, ya no enrarecido como anteriormente. Lo único que se oía eran las respiraciones acompasadas y los latidos anhelantes de ambos, de nuevo al unísono y en armonía. Posiblemente aquella sala de música no podría haber soñado con una melodía mejor en sus paredes.
Incluso le parecía, de alguna forma muy compleja e ininteligible, que algo tanto en sí mismo como en el otro estaba... cambiando.
"... Y yo te quiero a ti" murmuró Lucien de vuelta, acercándose más a él, menguando un poco su sonrisa mientras soltaba su mano para llevarla también al rostro de Franz, sosteniéndolo al mismo tiempo que continuaba su avance hacia sus labios de forma anhelante, "... Ni te imaginas cuanto te quiero..."
El rubio esbozó una suave sonrisa, un tanto aturdido y apenas dándose cuenta, en la contemplación ensimismada del rostro de Lucien que a él se le antojaba radiante y repentinamente más atractivo de alguna forma, que las distancias entre ellos eran cada vez más cortas, que el calor aumentaba y que la respiración del chico platinado estaba muy cerca de la suya. Casi por instinto alargó sus manos hacia sus costados y le afirmó de ellos, atrayéndole hacia sí; casi al mismo tiempo se inclinó hacia él para comenzar a cerrar los ojos y dejarse llevar por aquél cosquilleo placentero, algo que común y burdamente se conocía como 'mariposas en el estómago'. Desde la primera vez que había ocurrido que había deseado volver a besarle, y también desde entonces había tenido que reprenderse mentalmente por aquellos pensamientos. Sin embargo, por fin sentía que ya no había nada que pudiera reprimirle, y, posiblemente, nada por lo que sentirse culpable durante un buen tiempo. O al menos pensaba y quería que fuese así.
De modo que, tal como ambos lo querían, sus labios volvieron a encontrarse. Y en el primer momento en que hicieron contacto, empezó algo que ya no podía de ningún modo revertirse, fuera para bien... o para mal.
Con una extraña delicadeza Lucien fue atrapando los labios de Franz entre los suyos, besándolos lentamente mientras su cuerpo se apegaba al del rubio, irguiéndose cuanto le era posible para contrarrestar en algo la incómoda posición en la que ese beso lo había atrapado, deslizó sus manos por el cuello y luego por los hombros del rubio, tratando de atraerlo más, de que también él cediera a ese fuego que ardía ahora más desatado en su interior. Y él, sin oponer resistencia alguna, le correspondía, desprendiéndose poco a poco de los últimos vestigios de aquél invierno devastador en que su alma había estado hibernando; desperezándose, contagiándose poco a poco del entusiasmo de una llama que, aun cuando era de distinta naturaleza a la del otro, también había prendido en él, avivándose cada vez más a medida que decidía dejar atrás su timidez y todas las inhibiciones que se había estado imponiendo a sí mismo, por una vez en toda su vida. ¿Qué podría haber de malo en ello, ya que toda su existencia la había pasado autorestringiéndose la mayor parte del tiempo?
Así, las caricias inseguras y gentiles empezaban a tornarse en un abrazo apasionado y necesitado, misma naturaleza que había tomado las incursiones en su boca, mostrando que debajo de todas aquellas capas de comportamiento digno y correcto, de carácter en principio ingenuo e inexperto, se encontraba un temperamento fuerte que quería despertarse y que rivalizaba en impulsividad y vehemencia con el de Lucien en gran medida, que clamaba por liberar las alas que se le habían visto cortadas de forma tan despiadada y que tan sólo se permitía salir a la superficie en contadísimas ocasiones y que el chico platinado estaba ansioso por recibir.
De a poco se fue agitando su respiración, abriéndose paso entre esos labios que comenzaban a entibiarse para ir en busca de su lengua, jugueteando luego con ella, al principio de forma suave aunque cada vez más hambrienta, sus mismas manos buscaban asirlo de alguna forma, buscaba poder abarcar más, que esa sensación de libertad que comenzaba a sentir de vuelta pudiera crecer. Quería dejarse llevar por sus pasiones y arrastrarlo en ellas como pensaba que nunca había hecho antes, de una vez por todas ansiaba liberar todo ese caudal de sensaciones que Franz se guardaba en su interior y beber de él hasta saciarse.
Aunque sabía también que, tal como nunca se cansaría de reflejarse en su mirada clara, esos labios y esa piel podían terminar siendo igual de adictivos.
Las consecuencias de aquel desatar arrollador de pasiones, que a pesar de su curso paulatino se sucedían con una fuerza semejante a la de una corriente de agua que fluía de forma torrencial o a la de un incendio desbocado, no se hicieron esperar.
El latido del corazón de Franz había alcanzado una intensidad tal que casi pretendía salirse de su pecho para encontrarse con aquél otro que le llamaba con la misma fuerza, como un redoble de tambores que se perseguían el uno al otro, y la respiración se le había intensificado de tal manera que había empezado a convertírsele en un jadeo que le obligaba a tomar aire de cuando en cuando para no ahogarse también de repente con todo aquél torrente tempestuoso que se había desencadenado de pronto... y que, sin quererlo, había arrastrado consigo no sólo aquellas pasiones que había mantenido ocultas y a las que estaba dando tanta rienda suelta sin siquiera ser completamente consciente de ello. Más allá de aquella excitación deliciosa, otros recuerdos que no eran tan agradables como aquello ni mucho menos se estaban desprendiendo también, liberándose de la represión impuesta... y comenzando a erosionarle, provocando punzadas en él que le obligaron a detener poco a poco aquél arrebato, sintiendo de pronto cómo el frío punzante se negaba a irse y persistía, asestándole puñaladas.
"... Es... espera...", logró decir con dificultad, liberándose de los labios de Lucien y tratando de detenerle también a él, aunque ya a esas alturas era un incendio declarado y completamente fuera de control.
"Hmm..." murmuró él, aún buscando sus labios, "... No quiero esperar... ya he esperado demasiado.."
Sin embargo, Franz ya no podía seguir dejando fluir todo aquél caudal emocional sin sentirse perjudicado de alguna manera por él. Ahogando un gemido de dolor, se estremeció para buscar sus brazos e intentar contenerle a la fuerza.
"... Por favor... ", suplicó, tratando de tomar el aire a bocanadas e intentando rehuir de aquellas imágenes que de nuevo le asaltaban, de nuevo sin éxito. "...Para un momento... Sólo un momento..."
Lucien se vio obligado a detenerse; no sería un caballero, pero una de sus propias leyes era jamás forzar a nadie, aunque esa misma ley ya la hubiese roto alguna vez con el mismo Franz.
Abrió los ojos de mirada febril para observar al rubio en frente de él, aún jadeante aunque con una extraña marca de dolor cruzándole el rostro.
"¿Qué... Qué pasa?" preguntó bajando sus brazos, dándole un poco de espacio al alejarse de él para observarlo mejor, aunque pronto su mano regresó a posarse en su mejilla y luego en su frente, por si podía atribuir a un malestar físico esa desagradable interrupción.
Pero podía adivinar en sus ojos que no era así.
De repente el malestar que parecía habérsele neutralizado en aquellos breves momentos había vuelto a él de alguna extraña y horrible manera que no podía comprender. También tratando de recuperar la respiración normal, le miró, mortificado y sintiéndose culpable.
"... Perdona... Pero es que..." Se quedó unos instantes en silencio. Sabía que ya no podía seguir conteniéndolo más, si no quería acabar peor, pero... ¿cómo serían las repercusiones de contarlo...? "... Es que... no se van... las imágenes... no se van..."
Apretó los párpados, el rostro contrayéndosele en un espasmo de dolor de nuevo.
"... No quieren dejarme en paz..."
Lucien se quedó mirándolo sin entender, acercándose otra vez a él, arrodillándose en frente para tomarlo de los hombros, preocupado.
"¿Qué imágenes?" preguntó confundido, mirando de reojo al rededor por si alguna de sus propias pesadillas se hubiese colado a aquella habitación para cargarse su momento, "Franz, mírame... ¡Mírame!"
Tenía la idea de que si podía verle a él al menos durante ese instante lo que lo estuviese atormentando se iría.
"¿Qué imágenes?" volvió a preguntar en un tono que intentaba ser calmado sin conseguirlo en lo absoluto.
Franz volvió a agazaparse sobre sí mismo, tratando de volver a recuperar la calma sin lograrlo. Tomó aire varias veces antes de volver a abrir los ojos y mirarle, con una mezcolanza de sentimientos en los ojos que tan translúcidos resultaban: dolor... impotencia... humillación... y de nuevo aquella maldita sensación de ahogo que le había acompañado durante toda su vida.
Pero no era por las pesadillas de Lucien por lo que se sentía así. Él ya tenía las suyas propias.
"... Recuerdos... de cuando estaba en... en Grosvenor." Acabó diciendo en un hilo de voz, apesadumbrado, aquello que ya no se veía capaz de ocultar ni de tragarse más. "... Me llevan persiguiendo... todo el tiempo... desde que vine a América..."
¿Persiguiendo?, pensó Lucien, volviendo a mirar a su alrededor como si fuese a ver detrás de Franz a aquellos recuerdos de los que hablaba, como criaturas espiándoles y esperando el momento para continuar molestando al chico rubio. Pero nuevamente no vio nada.
Otra vez volvió a alejarse un poco de Franz, ésta vez para mirarlo mejor cómo se contraía en aquel estado de sufrimiento en el que lo había encontrado antes.
"... ¿Qué recuerdos?" preguntó finalmente, decidiendo que necesitaba saberlo lo antes posible para intentar remediarlo de la forma que fuese con tal de volver a ver pronto aquella sonrisa clara y hermosa en los labios de Franz.
Éste no hubiera querido decirlo... pero de nuevo se encontraba en una tesitura en la que ya no parecía posible ocultar nada. Y no se sentía con ánimos de seguir ocultándole nada más a Lucien, después de lo que acababa de ocurrir entre ellos y de que aquellas desagradables experiencias se habían encargado de interrumpir y de echar por tierra lo que habían empezado a compartir.
Ya era hora de drenar el propio veneno que decía a todo el mundo que debía expulsar, de una vez por todas y para siempre.
"Yo no salí de Grosvenor porque me expulsaran... pero tampoco puede decirse que lo hiciera por voluntad propia. A pesar de que nunca quise estar allí...", empezó a explicarse, pasándose la mano por el cabello. "Pero esa es otra historia. Tuve problemas serios allí, problemas que no creo que hubiese provocado yo. Y de los que intenté huir cuando vine para acá... pensé que sería sencillo, y pensé que tuve la partida ganada por un momento... pero me equivoqué."
Comenzó entonces a relatarle, con amargura infinita, cómo habían sido sus años estudiando en aquella academia de magia, en la que él jamás se había sentido parte de los estudiantes que la conformaban, por más que lo intentase, como también le había pasado en la que estaban entonces, al otro lado del charco. Era demasiado distinto a ellos. La peculiar personalidad que tenía extrañaba a muchos y repelía a otros tantos; si bien había logrado hacerse con un grupo de admiradores que le expresaban cierta simpatía, jamás había conocido gestos de verdadera amistad en la mayoría de ellos, por algunos motivos o por otros. Él no se paraba a cuestionarlos. No lo había hecho nunca. Pero por lo mismo, siempre había estado solo. Incomprendido por sus compañeros e incomprendido por sus profesores que no entendían la forma que tenía él de ver la magia, que desde luego no concordaba con unos esquemas fijos que allí enseñaban y que se le antojaban tremendamente rígidos y represores, como casi todo lo que había conocido hasta entonces desde muy pequeño. Siempre había pensado que los Herméticos, por muy Despertados y poderosos que se dijeran ser, estaban muy dormidos en otros aspectos, y eso era especialmente cierto en la estrechez de miras de algunos de ellos. Por supuesto, una opinión que se había guardado muy mucho de expresar en voz alta hasta ese momento, que se atrevía a confesarla a media voz como no lo había pensado hacer jamás. Porque había aprendido que se debía controlar todo aquello cuanto se pensaba para no causar malas impresiones. La única vía de escape era, una vez más, la música. E incluso en eso a menudo se molestaban en contenerle dentro de esquemas necesarios a veces.
A pesar de todo, no se había rendido jamás en su afán por querer caer bien a todo el mundo y por esforzarse en aprender las enseñanzas impuestas, aunque no le gustasen en lo más mínimo. Y por supuesto, tampoco lo logró, a la vista de su poca capacidad de concentración en los estudios en los que de verdad no estaba interesado y en la facilidad que tenía para dispersarse a la primera de cambio, que traía quebraderos enormes de cabeza a su familia paterna. Y menos logró caer a todo el mundo bien, claro estaba. Los había que le profesaban una profunda envidia y rencores y que, en algunos casos, ni siquiera se molestaban en ocultarlo. Otros, por lo menos, lo disfrazaban bajo una actitud menos agresiva, de cuyas segundas intenciones, si no eran demasiado evidentes, él no era capaz de darse cuenta por lo despistado que era. Pero el que hicieran notar el desprecio en él de forma tan notoria, y a veces no necesariamente directa, le molestaba y le amedrentaba al mismo tiempo, tratando de paliarlo con nuevas tandas de actitud positiva. Así era cómo había sobrevivido a los ataques de aquellos que se burlaban de su dificultad para respirar cuando hacía esfuerzos físicos y de su miedo a las alturas, y que ponían en entredicho su masculinidad debido a las facciones más suavizadas que había tenido anteriormente de más pequeño, a sus maneras impolutas, a su afán de no meterse en líos, y al hecho de no realizar deportes por el simple hecho de que no le gustaba.
"Y entre unas cosas y otras, yo seguía en mi búsqueda de mi madre todos los años", continuaba relatando Franz, de nuevo con la cabeza gacha. "Pedí ayuda a algunos en los que creí que podía confiar, pero no pudieron hacer gran cosa. Y entre tanto, se corrió la voz. Y en sexto... me llegó un mensaje que no podía ignorar. Decía que podrían ayudarme a encontrarla, pero que si de verdad estaba interesado en su ayuda, debía citarme con ellos a media noche en los pasillos, fuera de las habitaciones. Y a pesar de que estaba prohibido salir de noche, yo acudí. Sabía que rompía reglas, pero para mí era más importante recoger la información que decían que tenían... Y si hubiese tenido que realizar alguna prueba como atravesar el castillo en una cuerda floja al vacío, probablemente, también lo hubiese hecho... aunque no hubiese durado de pie en ella ni dos segundos..." Volvió a estremecerse y tragó saliva, abrazándose a sí mismo. Lo que en verdad le había estado atormentando vendría sin poderse evitarlo inmediatamente después.
"Se me pasó por la cabeza que podrían no venir y haberme dado plantón, pero allí estaban, esperándome donde lo habíamos concretado. Eran cuatro, sosteniéndome unas sonrisas vacías y desagradables. Sin embargo me confirmaron que sí que habían sido ellos quienes me habían citado, y a la hora de pedirles que me dijeran lo que sabían, uno de ellos me dijo... que iba a tener que pagar por ella. Y bueno... ya sabes que yo por eso estaba dispuesto a hacer lo que fuera posible, lo que me pidieran. Así que así se lo dije, que no me importaba pagar cuanto hiciera falta... y... entonces..."
Se detuvo por unos instantes, mordiéndose el labio inferior ante una nueva amenaza de la voz por fallarle, víctima de una enorme incomodidad.
"¿Qué?" preguntó Lucien impaciente frente a él, manteniendo aún sus manos sobre los hombros de Franz y su mirada atenta a cada uno de sus gestos, comprendiendo luego de todo ese relato que habían pasado por lo mismo, que ambos habían sido unos parias pero que sus formas de enfrentarlo era lo que los había terminado diferenciando.
"¿Entonces qué?"
Franz tomó aire para poder seguir hablando, mordiéndose el labio inferior y perdiendo la vista mientras se preparaba para lo que venía a continuación.
"... Entonces... el mismo tipo me dijo que iba a tener que pagarlo... con mi cuerpo."
Lucien sintió que se le interrumpía la respiración al escuchar eso, soltando sus hombros como si sus propias manos fuesen a dañarlo en ese momento, asustado y confundido.
Franz tragó saliva de nuevo, con aquellas imágenes en su mente demasiado vívidas de lo que quería en verdad tener. "... Luego, después de eso, los otros tres se encargaron de acorralarme y me tiraron al suelo para inmovilizarme entre todos. Intenté forcejear y librarme de ellos, pero no podía, porque en el momento en que lo intentaba ya se encargaban de darme una paliza para mantenerme... contra el suelo... aprisionado..."
Lucien apartó la mirada, cerrando luego los ojos no queriendo visualizar lo que Franz le estaba relatando aunque ya era tarde y las mismas imágenes que habían perseguido al rubio comenzaron a atormentarlo también.
Él se abrazó a sí mismo para tratar así de obtener alguna protección contra lo vulnerable que aquellos recuerdos le estaban dejando, tembloroso de nuevo.
"... Luego oí al otro tipo que decía que... si tan orgulloso me sentía de mí mismo... que no me importaría mostrarme ante todos como era... y alcancé a ver que estaba sacando una cámara de fotos, mientras me... estaban arrancando la ropa..."
No podía. No podía seguir contándolo. El tono de voz había disminuido gradualmente hasta convertirse en no más que un susurro adolorido que apenas y sí podía oírse. Sentía de nuevo las lágrimas venir a él, y de nuevo, como un acto reflejo, hizo lo posible para contenerlas.
"... Pero... eso no siguió por más tiempo... porque antes de que hicieran nada más, les pillaron... y se los llevaron para ver a la directora." finalizó átono, meneando ligeramente la cabeza. "... Y yo... me quedé ahí unos instantes...solo..."
"¡Cállate!" siseó Lucien frente a él, apretando los dientes mientras trataba de quitarse esas imágenes de su cabeza sin lograrlo, "No... No sigas..."
Franz se sobresaltó y se encogió todavía más, quedándose en absoluto silencio; tampoco es que tuviera intención de contar nada más de aquello. El chico platinado se llevó sus manos a su frente mientras intentaba controlarse para no ceder a una rabia intensa que comenzaba a crecer en su interior: Alguien se había atrevido a mancillar algo demasiado valioso para él y alguien debía pagar por eso.
"¿Quienes fueron?" preguntó finalmente, aún sin levantar la mirada ni pudiendo ocultar la ira que estaba sintiendo, "Dime los nombres de esos... "
"... ¿Para qué?", murmuró ahogado, volviendo a menear la cabeza y sin levantar la vista tampoco. "Ya recibieron su merecido... después de eso, les expulsaron... y ellos no saben nada de que pueda estar aquí..."
O eso se empeñaba en creer...
Pero nada de eso podía contentar a Lucien en ese momento. No le servía saber que los habían expulsado, necesitaba ver como la sangre les hervía dentro de sus venas, como la piel se les quemaba desde dentro, necesitaba verlos torturados frente a él, verlos pagar con su sufrimiento los años que habían estado atormentando a Franz.
Como siempre sintió que aquellas tinieblas que siempre le acechaban esta vez se aproximaban para cubrirlo, terminando por abrir los ojos para volver a ver al chico rubio frente a él... Y finalmente calmar toda su ira al verle tan desvalido.
Ninguna venganza podría borrar lo que habían hecho.
Suspiró profundamente tratando de calmarse, volviendo a poner sus manos sobre los hombros de Franz, terminando luego abrazándolo y protegiéndolo de esos malos recuerdos y apartando en ese gesto también a sus propios demonios.
"Perdóname..." murmuró cerca de su oido, dejándole un beso sobre su cabello, "No sabía... "
Obvio que no podía saberlo, porque se había encargado de guardarlo perfectamente bien para que nadie más se enterara de lo que le había ocurrido hasta entonces, de forma que tan sólo pudiera afectarle a él.
Sin embargo ya había llegado a su límite.
El rubio también acabó por abrazarle a él, todavía encogido y sin saber exactamente cómo sentirse después de eso. Recordar aquello le había dejado tan vulnerable y desolado como había quedado entonces, y odiaba sentirse así.
Sin embargo tampoco era mucho lo que había podido disfrutar del afecto ajeno. Y una vez más, la calidez de Lucien volvía a reconfortarle de alguna manera.
"... No importa.", murmuró otra vez con la voz quebrada. "Tú no tienes la culpa..."
Ni siquiera cuando había tenido aquél incidente con él que había hecho que aquellos recuerdos que había querido ahuyentar de sí volvieran. No podía culparle por eso.
"Siempre te guardas todo..." murmuró Lucien entonces, recorriendo su espalda con sus manos mientras continuaba hablándole cerca de su oido, rozandole la piel con su boca al hablar, "... Pero eso está mal, los dos sabemos que está mal, que hace daño... No sigas guardándote esas cosas..."
Se separó un poco para verle de frente muy de cerca, juntando su frente con la de Franz.
"Ahora me tienes a mi" djo finalmente con una muy pequeña sonrisa, "Y aunque no lo parezca, puedes contar conmigo para dejar salir esas cosas..."
Franz levantó la vista algo empañada hacia él poco a poco, fijándola en sus ojos verdes compungido todavía.
Tenía razón, y lo sabía. Ya iba siendo hora de dejase de callarse las cosas, y de guardarse las penas para sí mismo, ya que tarde o temprano acabaría por no seguir conteniéndolo más.
Sin embargo...
... esa era una postura que había acabado adoptando sin darse cuenta de forma automática. Y tenía sus motivos para hacerlo.
"... Sabes... tampoco quiero pasarme al otro extremo...", le hizo saber, todavía hablando en voz baja, como temiendo que alguien más que ellos no pudieran ver se enterara de aquello de alguna forma. "Si me callo algunas cosas es porque no quiero merecerme la lástima de nadie... porque sé que es molesto para los demás... y yo no quiero que otros se sientan mal por mis propios problemas."
Esbozó una leve sonrisa de medio lado, terminando por apoyar las manos en los brazos de él.
"Pero... supongo que a veces no queda más remedio¿verdad? Que también es justo... desahogarme de vez en cuando..."
Lucien asintió levemente, acercándose para dejarle un nuevo beso en los labios.
"Puedes desahogarte cuanto quieras conmigo" le murmuró entrecerrando otra vez los ojos, "Para mi es más molesto no saber qué es lo que te pasa... O sea, no es que me moleste que me lo digas, de hecho es lo contrario... O sea, no es lo contrario de ese contrar... ¡Argh! Tú entiendes..."
El rubio se le quedó mirando unos instantes, con la ceja alzada... para luego proferir una risa entre dientes, divertido con la confusión de Lucien.
"... Sí, me parece que te entendí desde el principio...", dijo, sonriendo un poco conmovido, sintiendose mucho más tranquilo y animado ahora que el peso de todo aquello que se había estado guardando parecía estar disolviéndose hasta desaparecer por completo.
Quizás sí debía plantearse eso de guardárselo todo de ese momento en adelante... en verdad uno se sentía mucho mejor cuando no tenía lastres que cargar ni que arrastrar de tiempo atrás.
"Que bueno que me entiendas" dijo Lucien sonriendo también, volviendo a dejarle un beso en los labios para luego seguir por su mejilla hasta su cuello, "Porque... Usualmente ni yo me entiendo... Lo que trato de decir..."
Y sin previo aviso comenzó a besarle el cuello, nuevamente arrebatándose al sentir lo que el frio de la piel de Franz le provocaba al contacto con sus labios.
"... Por eso a veces mejor me callo... y sólo..." dejó la frase a medias, terminándola con lo que sonaba claramente como un ronroneo.
El rubio entonces de repente abrió los ojos que se le habían empezado a cerrar al optar por simplemente dejarse llevar de nuevo, despejándose un poco de los estremecimientos placenteros que le provocaba. Le observó de nuevo de reojo y de nuevo rió, rodeándole con los brazos.
"... Ya veo... Y es por eso por lo que te llaman gato...", tras hacer esa observación, hizo una pequeña mueca... ¿a tanto había llegado su fama o es que en verdad los rumores de que por él había pasado casi media escuela eran ciertos?
Decidió que prefería no saberlo y seguir quedándose con la duda... sólo por si acaso. A pesar de que se hubiera hecho la resolución de no ocultar nada más, creía que por una excepción a la regla que se hiciera no pasaría nada.
Habían cosas que era mejor simplemente ignorar.
Por toda respuesta Lucien volvió a ronronearle sobre su cuello, bajando sus manos hasta su cintura para finalmente obligarlo a bajarse de ese banquillo para acompañarlo a él en el suelo de moqueta, donde nuevamente volvió a buscar su boca para besarlo de inmediato de forma profunda y ansiosa.
Iba a empeñarse en borrar cada uno de esos recuerdos horribles que tenía y a reemplazarlos con los suyos, con lo que ocurriera desde entonces entre ellos.
Arreglándoselas para no aplastar a Lucien mientras bajaba de su asiento para ir a reunirse con él, le soltó un poco para apoyarse en el suelo, quedando encima de él a cuatro patas mientras le besaba de vuelta y esperaba que ningún otro de los sucesos desagradables que le habían ocurrido en el pasado volvieran a atormentarle... al menos durante el transcurso en que se sucedía esa escena, y a deshacerse de una vez por todas de los fantasmas que le habían estado acechando hasta entonces. Si en verdad podía encontrar la solución a todos sus problemas en sus brazos y en sus labios, entonces él tampoco dudaría en creerlo.
El único problema que podía encontrar en ese momento era que Lucien no tenía la intención de quedar debajo suyo.
"No no.." murmuró el chico platinado mientras se escabullía de entre los brazos de Franz, tomando una de sus manos para que se dejara tumbar en el suelo, para poder montarse encima y comenzar de inmediato a besarle otra vez, "Ésta vez... Yo voy arriba..." murmuró bajando prontamente por su cuello mientras su respiración se agitaba y nuevamente sentía que se encendía por dentro, con el obvio resultado de que su ropa le empezara a molestar.
El rubio se quedó confundido unos instantes; no acababa de entender el porqué de la importancia del cambiar de posiciones allí. De hecho, no era que estuviese pensando mucho en ese momento, ya que estaba respondiendo a instintos tanto como quien tenía sentado encima suyo, sintiendo que los rescoldos de las llamas de antes volvían a prender en él de nuevo, volviendo a alterarle.
"... ¿Por qué?", alcanzó a preguntar inocentemente, cerrando los ojos mientras otra vez le rodeaba con los brazos para recibirle.
"Shhh..." masculló Lucien, comenzando a seguir la linea de su cuello con su lengua hasta su clavícula, abriendo de forma desesperada esos molestos botones de su siempre ordenada camisa y soltando el nudo de su corbata, besando cuanto iba descubriendo, "Ya verás por qué..."
La respiración de Franz comenzaba a hacerse pesada, en anticipación por creer que era lo que venía acto seguido. Aunque no podía saberlo con toda certeza, y aunque confiaba en él, estaba creándole una especie de ansiedad el no alcanzar a comprender por qué él debía quedarse abajo, a merced suya y teniendo que depender de su guía, limitándole a sí mismo en sus movimientos. Decidió entonces que le haría caso, en expectación por lo siguiente que ocurriría, mientras tanto sus manos le recorrían la espalda y los costados, aventurándose sin demasiado esfuerzo por lo holgada que tenía la ropa en colar los largos dedos por debajo de la camisa y la camiseta que llevaba puesta, empezando a sentir su piel bajo ella que parecía arder con más ímpetu que antes, si era posible.
En respuesta Lucien volvió a ronronear sobre la piel de Franz, disfrutando de como la excitación hacía presa de él, aquella deliciosa fiebre que terminaba siempre haciéndole perder la razón, entregándose por completo a disfrutar de lo que la sensibilidad de su cuerpo pudiese otorgarle.
Terminó por dejarse caer con cuidado sobre Franz, casi inconscientemente a moverse sobre él mientras seguía maldiciendo cada uno de aquellos botones que lo separaban del fresco alivio que le otorgaba la piel blanca del rubio a sus labios que continuaban ardiéndole, encontrando finalmente en él la forma de saciar esa sed provocada por el infierno que ardía en su interior. Por su parte, aquellos labios bajándole por el torso no hacía otra cosa que avivarle más en el fuego que había vuelto a arder en el rubio, derritiendo la fría coraza que sus inhibiciones le habían procurado. Dobló las rodillas para recibirle mejor en sí, mientras el jadeo y las amplias caricias por la piel de la espalda de Lucien se hacían cada vez más y más notorios. Su propia razón y prejuicios también estaban comenzando a nublarse, dejando un único detalle que era el que molestaba punzandole...
... ¿Hasta donde llegarían, liándose en aquél cuarto lleno de instrumentos y predisponiéndose a que alguien más les pillase de ese modo, quitándose la ropa... o quizás ya sin ella?
Tendrían que marcharse de allí... pero no podía concentrarse mucho en pensar en mejores alternativas a aquél cuarto cuando tenía un gato hambriento recorriéndole con su lengua y sus manos todo el torso, ya desnudo luego de que varios de los botones de su camisa hubiesen saltado a perderse ante el ímpetu y la impaciencia de Lucien.
"Je te veux... J'ai besoin de toi..." murmuró sobre la piel suave de Franz, recordando que en momentos de extrema pasión siempre era mejor regresar a la lengua materna, "Ta peau est délicieuse... et adictive..."
No tenía el más mínimo interés en detenerse ni en medirse en las atenciones que le prodigaba a ese quién finalmente le permitía calmar ese deseo que lo había venido persiguiendo desde el aeropuerto de Barcelona, cuando por primera vez pudo probar el alivio que sólo ese cuerpo le otorgaba.
Aquello era mucho más de lo que se habría atrevido a imaginar cuando se había dejado por descuido recrearse en unas fantasías candentes y sonrojantes que estaban cubriendo más de las expectativas previstas atrás. Al oírle susurrarle en el idioma nativo que era el de ambos mientras seguía recorriéndole el torso desnudo hacia abajo, Franz se estaba dando cuenta de que estaba perdiendo la fuerza de voluntad que había intentado mantener para arrastrarse con él sin remedio en aquella espiral increíblemente placentera, sin posibilidad de volverse atrás.
"... Lucien... Je... je voudrais...", jadeó, respondiéndole en el mismo idioma y tratando de hacerse explicar, encontrándose con que las palabras se le confundían y que había perdido el sentido de cómo hilarlas. Se le escapó un gemido suave de los labios entreabiertos, comprendiendo que de seguir así poco más podría hacer que ceder por completo y arriesgarse... y que tanto el uno como el otro sufrieran repercusiones muy poco agradables.
Céntrate y piensa... piensa... dónde podríamos...
El hotel no. Estaba demasiado lejos. Y en cualquiera de las otras estancias de esa mansión tenían tanto riesgo como en aquella...
... Entonces¿no habría más remedio que quedarse allí mientras seguían sucumbiendo a sus pasiones...?
... O quizás no...
"... Ma chambre..." susurró agitado, acariciándole la espalda hacia donde ésta perdía el nombre, comenzando a enfebrecerse de verdad también. "Allons à ma chambre..."
No había más. Seguía siendo arriesgado, pero el riesgo era menor en cierta medida... además, él podría esconderle estando en su cuarto... o eso creía... ya se las apañaría para eso.
Lucien levantó un poco su cabeza para mirar a Franz, con las mejillas enrojecidas y los ojos brillándole como cuando lo atacaban esas fiebres repentinas, aunque sin separar mucho su boca de la piel del rubio.
"... Tu... ¿Por qué tu habitación?" preguntó considerando que las salas comunes estaban a una distancia excesiva en comparación a la ansiedad del momento.
Respirando hondo, Franz abrió los ojos para mirarle... y sonrojándose ya que se daba cuenta de la posición comprometida en que estaban.
"... Porque si seguimos aquí el conserje o alguien más nos va a pillar... Y porque no... no se me ocurría otro lado mejor...", balbució, sintiendo cómo la vergüenza caía sobre él como una losa.
Lucien pareció meditar la oferta, aunque en realidad lo que intentaba entre sus pesados jadeos, era concentrarse en los hechos que le estaba mostrando Franz. Era cierto que si seguían ahí podrían encontrarlos, ya le había ocurrido antes con... Bueno, eso no venía al caso, aunque por esa experiencia sabía que la moqueta de esa sala era bastante incómoda pues terminaba raspando la piel y no quería que el cuerpo perfecto de Franz sufriese daño alguno.
Además que debía admitir que, siendo esa la primera vez del rubio, le debía al menos la consideración de hacerlo en un lugar mejor.
Suspiró largamente, sentándose en el espacio entre las piernas de Franz, tratando de no observarle mucho para no continuar tentándose con su imagen tendida en el suelo, con el torso semidesnudo y en una actitud de completa entrega.
"Vale... Vamos a tu cuarto..." aceptó finalmente, aunque sin sonar muy convencido.
Franz asintió, esbozando una sonrisa de circunstancias y cubriéndose de nuevo el torso con la camisa tan bien como pudo, colgándose la corbata al cuello sin anudarla y tomando rápidamente la carpeta con sus partituras para cubrir un bulto incipiente que había empezado a crecer entre sus piernas, sintiéndose de pronto víctima de un pudor de proporciones gigantescas sin saber demasiado bien a qué era debido éste. O más bien sin querer aceptarlo. Sin decir nada más se puso en pie y empezó a caminar como pudo hacia la puerta, rezando porque no pudieran encontrarse con nadie en el trayecto para ponerse en evidencia y que su ego se quedara todavía más por los suelos.
Aunque quizás eso iba a estar algo difícil, considerando que Lucien no perdía momento para atraparlo y besarlo contra alguna pared o en las escaleras, aprovechando que a aquellas horas de la noche ya nadie andaba por los pasillos. Y en vista de eso a Franz no le quedó más remedio que corresponderle, aunque furtivamente por la tensión que le producía el que en cualquier momento alguien pudiera sorprenderles.
En el momento en que se encontraron la puerta de su cuarto, Franz se precipitó en abrirla de golpe y en arrastrar a Lucien consigo, para después asegurarse de echarle el cerrojo a la puerta cerrada antes de volverse a permitir abandonarse en los labios y cuerpo de él, ya sabiéndose relativamente a salvo.
Y el peliplateado tampoco quiso perder más tiempo, volviendo a quitarle la camisa que ya en esa arremetida quedó convertida en jirones, sin dejar ni un momento de besarlo pues sus labios eran en ese momento demasiado adictivos, eran todo lo que podía desear y necesitar.
Ni siquiera se molestó en ver hacia donde lo estaba empujando, nunca había estado en la habitación de Franz, aquel remanso de orden y pulcridad del chico rubio, sin embargo casi por instinto supo llegar hasta su cama sin necesidad de ver el camino, cayendo sobre él en el mullido cobertor, sacudiéndose sus zapatillas gastadas para subirse luego sobre el colchón, sin dejar ir en ningún momento los labios de Franz, ni siquiera para dejar salir esos jadeos que comenzaban a escucharse ahogados.
Viéndose obligado a respirar por la nariz, Franz tuvo que apresurarse a no quedarse atrás en aquella carrera pasional y violenta en la que se había visto envuelto junto con él. Sus manos tantearon la ropa de él para también comenzar a quitársela, empezando por la camisa que ya tenía abierta y luego la camiseta, tirando de ella hacia arriba para poder sacársela.
Sólo entonces sus labios se separaron, dejando a ambos respirar mientras Lucien se quitaba su camiseta, tirándola a algún lugar sin importarle demasiado del donde, para regresar otra vez a seguir disfrutando del cuerpo de Franz.
"... mon dieu... mon ange... je t'adore..." continuaba susurrando sobre el torso del rubio que se elevaba y se hundía de forma frenética en su agitación, apartando los jirones de tela de su camisa que quedaban aún molestándole el paso de su boca por la piel tan pulcra y virginal. Franz no pudo hacer otra cosa que contestarle en jadeos y en gemidos pequeños que tímidamente dejaba escapar, reaccionando a la sensibilidad de su piel, incluso moderándose en ello por aquello de que nada se oyera. Sin embargo a él ya tampoco podría frenarle nada ya.
Las alargadas manos, que no estaban acostumbradas por entonces a tocar con maestría otra cosa que no fuesen las teclas de un piano, continuaban el avance algo torpe por el cuerpo al descubierto de Lucien, delgado y, como había llegado a ver en aquella minimísima pausa cuando se había quitado la camiseta, casi completamente cubierto por tatuajes, de una forma que le impresionó y en un principio le hubo intimidado un poco. A pesar de eso continuaba prodigándole caricias, ora más suaves, ora más intensas, pudiendo palpar con sus dedos aquella sensación cálida que su piel exudaba, de la que se había quedado prendado y de la cual, sin ninguna duda, necesitaba para sentirse vivo.
"... montre-moi... guide-moi...", balbució en susurros sin darse cuenta de lo que decía, deslizando sus manos por su abdomen hacia sus pantalones. "...et abandonne-ne me jamais..."
"Jamais" comenzó a responder Lucien sin pensarlo, "... je ne t'aband..."
Pero entonces se detuvo; No podía prometerle nada que no fuese a cumplir, así que prefirió no continuar perdiendo el tiempo en palabras teniendo aún tanto que hacer con su boca.
Siguió bajando por el torso de Franz hasta llegar a su bajo vientre, deteniéndose en las hendiduras de sus caderas mientras buscaba la mejor forma de desabrochar sus pantalones sin tener que mirar. Ni siquiera se paró a pensar en si estaba yendo quizás demasiado rápido, sólo quería apaciguar esa ansiedad que hacía presa a su razón, ya hacía mucho abandonada sólo a sentir cuanto pudiese encontrar en cada rincón que iba descubriendo y recibiendo con sus manos y su boca. Notando que se había detenido de pronto, el rubio abrió los ojos, respirando entrecortadamente, para ver que ocurría, y decidido a tampoco perder tiempo dirigió sus propias manos al botón y la cremallera, dispuesto a desabrochárselos él mismo. Lo último que se le estaba pasando por la cabeza era precisamente lo rápido o lo lento que pudieran ir yendo.
Por su parte Lucien tomó aquel gesto como un claro indicio de que continuara, ayudándole a deshacerse de esos molestos pantalones para después hacer lo mismo con su ropa interior, ayudado con sus dientes, tomando de inmediato entre sus manos el miembro de Franz para terminar profiriendo una muy leve exclamación, deteniéndose para girarse levemente y observarlo a contraluz.
"Pero..." murmuró para luego terminar sonriendo para sus adentros ante tal magnitud, soltando una leve carcajada, "Que Dios te bendiga y te guarde, principito..." terminó por decir, recordando viejas costumbres de su casa materna, antes de besarle la piel. Ante ese comentario, Franz se sonrojó un poco para después alzar las cejas y sonreír con una vanidad que no era pretendida, dejando escapar una risa que intentaba que no se escuchase demasiado alto en el silencio del lugar. Mientras lo hacía llevó las manos al rostro de Lucien, acariciándolo, y a pesar de ese breve instante de distensión sintiendo los fuertes latidos de su corazón retumbándole en su pecho, expectante por lo que fuera a ocurrir a continuación. Lo cierto era que no tenía ni idea de cómo desenvolverse de ese momento en adelante, así que fuera lo que fuera, no tendría más que dejarlo en sus manos, tal como estaba y como jamás en su vida había estado antes. Prefería no darle más importancia al hecho de que por primera vez estuviera desnudo y de esa forma frente a un chico, ya que si se paraba a pensar la cohibición volvería. Él ya no quería eso, no con él, a quien había empezado a entregarse de forma abierta y así continuaría hasta el final.
Entre sus piernas Lucien se llenaba con todo cuanto sus sentidos recolectaban de Franz: el olor de su cuerpo, la suavidad de su piel, la belleza de sus curvas, aquellos gemidos tan placenteros que llegaban a sus oidos y, sobre todo, el dulce sabor que sentía en su lengua al deslizarla por todo el largo del miembro del chico rubio antes de continuar con toda su boca, disfrutando de cómo bajo él éste se estremecía por completo en el empiece de un delirio extático, vibrando cada fibra de su cuerpo. Pronto llegó a olvidarse de cualquier pudor que hubiese podido guardar, y aún no siendo especialmente notorio con ello se hundía en aquél placer recién descubierto sin reservas, hundiendo los largos dedos entre el cabello platinado y murmurando enfervorecido el nombre de éste y cada palabra susurrada, cada leve gemido, hasta el más mínimo temblor del cuerpo del rubio, no hacían más que encender los ya prendidos ánimos de Lucien.
Continuó en su labor haciéndo gala de aquella maestría de la que tanto presumía, demostrando que era verdad que era capaz de provocar sensaciones nuevas en cada una de sus lamidas, como parecía conocer a la perfección los momentos exactos cuando aflojar un poco más la presa de sus labios en aquel movimiento arrítmico, completamente caótico e imprevisible, pero que de alguna manera lograba seguir los deseos de Franz, demostrando que comprendía perfectamente el lenguaje milenario de los cuerpos casi como si fuese esa realmente su lengua primaria.
"...¿Quieres que siga?" preguntó soltando aquel miembro de su boca, pero manteniéndolo entre sus manos mientras miraba a Franz con las mejillas enrojecidas de pasión, provocando que sus ojos entrecerrados resaltaran aún más el verde esmeralda en contraposición.
El rubio se dejó caer en la cama, tratando de normalizar un poco el ritmo de su respiración para tratar de articular algo, sin lograrlo. Sus deseos fluían de forma tan desbocada como su corazón latía; ya no existía en él ningún resquicio de aquél frío atenazador que otrora se hubiera apoderado de él. En ese momento, todo él ardía en el fuego que Lucien le había contagiado, y ninguna otra cosa tendría más sentido entonces que éste fuera propagándose libremente sin temor a nada.
Tomando aire, alcanzó a abrir un poco los ojos para mirarle de vuelta, el rostro ardiendo tanto o más que el resto de su cuerpo.
"S... Sí... Sigue... Y no te pares...", susurró entre jadeos, rodeándole con las piernas de forma completamente instintiva para enfatizar su apremio. "... Ni... se te ocurra parar..."
Lucien tuvo que aguantarse la risa antes de volver a abrir su boca, engullendo de una vez gran parte de la virilidad de Franz de una forma que parecía desafiar las leyes físicas y biológicas, continuando con su tarea de brindarle cuanto placer podía, sintiendo que él mismo estaba llegando a nuevos límites de excitación, que ese fuego que siempre había ardido en su interior ésta vez finalmente habían encontrado una nueva forma de expandirse. Podía sentir cómo iba adueñándose de Franz también, como ambos se sintonizaban en ese deseo creciente por obtener más del otro.
Franz ahogó una exclamación, apartando una de sus manos de la cabeza de Lucien y mordiéndose fuertemente los dedos para evitar que el inmenso placer que le llenaba se manifestase de forma demasiado obvia y clara en la estancia. Sus caderas y luego su cuerpo entero comenzaba a moverse ligeramente al son de una melodía diferente a todas las demás, una que él no había aprendido ni experimentado antes pero que sin duda alguna debía conocer de alguna manera, ya que los movimientos que realizaba ni siquiera los meditaba aun cuando le parecían ser los adecuados. Sabía que aquella melodía primitiva no se oía pero sí se sentía, con cada uno de los poros de la piel y todos los receptores de cuanto su ser disponía. No había partituras, no había esquemas, no había nada sobre lo que guiarse más que el propio impulso que estaba en sí mismo.
"...Ah... ¡Sí! Así...Fais-le comme ça...", dejó ir su propia mano un instante para expresarse en un tono gutural que parecía difícil de creer que fuera el suyo propio. De repente le pareció que la excitación que bullía en su interior no podría contenerse por mucho más tiempo... "...Lucien... je vais à..."
El peliplateado abrió su boca para dejarle ir, deslizándolo por sus labios mientras continuaba masajeándolo con sus manos, cambiando a un ritmo más lento mientras se incorporaba un poco, volviendo a arrodillarse entre las piernas de Franz.
"Tranquilo... Sólo disfrútalo... " le murmuró en un ronroneo sumamente profundo, para luego lamerse sus dedos y decidir que era un buen momento para comenzar con lo siguiente, deslizándolos entre las piernas de Franz hasta su entrada y presionando levemente, bajando el ritmo con sus manos para controlar un poco más la situación, queriendo extender esa deliciosa ansiedad que llenaba el cuerpo recorriendo cada fibra, para que Franz pudiese deleitarse en todos los posibles matices que esa desesperación previa a un orgasmo podía ofrecer.
Y mientras hacía eso, entraba lentamente uno de sus dedos en él.
Franz podría haberse esperado entonces cualquier cosa menos eso. Abrió desmesuradamente los ojos, su cuerpo deteniéndose un segundo y contrayéndose instantáneamente al sentir la súbita invasión en sí.
"¡Jod...!" Nuevamente se llevó la mano a la boca para contener que su voz rebasara el tono que se había permitido a sí mismo. Habían marcas rojas en sus dedos, de lo fuerte que se mordía; se volvió a verle con la respiración todavía agitada y un ligero rictus de dolor cruzándole el rostro enrojecido. Pues a pesar de toda la preparación, sí que había dolido un poco, no estando acostumbrado en absoluto.
"Relájate... Ya va a pasar" le murmuró Lucien, acercándose hacia él, subiendo sus labios por su torso hasta llegar a atraparle la boca en un beso profundo y apasionado que fue completamente bienvenido de forma abrumadora, continuando sus manos en sus labores: una aún alargando más su orgasmo, la otra preparándolo para que aquel dolor pasara pronto a convertirse en un nuevo placer que le daría a probar, sondeando lenta y cuidadosamente en su interior, en movimientos que iban acompasados con los de su lengua.
Tardó un buen rato en eso, a veces aumentando ese ondular en embates ansiosos y brutales, otras veces volviéndolo más suave y delicado, como para equilibrar la pasión con algo de ternura, pero finalmente pudo encontrar un pequeño punto casi al final, sonriendose para sus adentros mientras lo rozaba con la punta de su dedo.
"... ¿Te gusta eso?" preguntó en un susurro sobre sus labios, con una sonrisa extraña en los suyos propios.
Franz abrió la boca para intentar responder de forma más o menos coherente, pero lo único que le salió fue un gemido grave que habló por él y que ahogó de inmediato reclamando los labios y lengua de Lucien para sí, sintiéndose enajenado. Casi al mismo tiempo que le besaba y volvía a moverse al ritmo que él le marcaba, llevó las manos temblorosas hacia el pantalón que todavía él llevaba puesto y tironeó de él, tanteándolo y buscando la forma de quitarle lo único que llevaba puesto encima aún para poder ir a la par. Después de unos pocos intentos fallidos, encontró la hebilla del cinturón que sostenía el pantalón, desabrochándoselo y dejándolo caer para intentar hacer lo mismo con el botón y el cierre de la cremallera.
"Quítame esto..." jadeó Lucien sobre la boca de Franz, sin querer apartar sus manos de lo que hacían por continuar excitando a Franz, dejando que él le despojara de sus pantalones y de sus calzoncillos con violencia y lo más rápido que pudo hacerlo, para luego regresar a pegar su cuerpo ya desnudo contra el de Franz, frotándose contra él de forma cada vez más desesperada y ansiosa. Sentía como ardía por dentro, como él mismo estaba a punto ya de terminar sin haber sido necesario mayor roce, sólo debido a la pasión que Franz lograba despertar en él, completamente diferente a todo lo que hubiese conocido, como si sólo él pudiese finalmente salvarle de ese infierno que le quemaba por dentro.
"No... No puedo... Más..." jadeó sobre él, quitando finalmente sus dedos de su interior mientras se acomodaba entre sus piernas, "j'ai à t'avoir... j'ai besoin de te posséder... mon prince..."
Sabía que a esas alturas no era muy coherente lo que decía, pero expresaba simplemente lo que deseaba, lo que su cuerpo le pedía a gritos: Necesitaba poseerlo, sentirlo por completo, hacerlo suyo de alguna forma.
Un escalofrío súbito le recorrió la espalda a Franz, en mitad de aquél ardor intempestuoso, cuando le hizo saber eso. Se acercaba el final a aquella increíblemente hermosa agonía, y si también era cierto que había disfrutado de ella, sabía que había que ponerle fin, de la forma que fuera. No había ninguna cabida para dudas ya. Se separó un poco de sus labios respirando a bocanadas, logrando esbozar una sonrisa, para a continuación arquearse ligeramente para facilitarle el acceso.
"...Alors... fais-le", le apremió casi con tono de orden, llevando las manos hacia los muslos de él y acariciándolos. "Aborde-moi...je suis le tien"
Dicho esto de forma clara, volvió a besarle... y entre sus labios, esperó lo inminente, una vez más con la expectación latiéndole en el pecho como si estuviese poseído de alguna forma ya.
Acomodándose mejor entre sus piernas, lentamente comenzó a entrar en él, dejando ir en su marcha un jadeo mucho más sonoro que los anteriores al sentir que casi se desvanecía de placer en esa primera embestida; en todas sus incontables experiencias anteriores jamás había sentido que todo su ser se estremecía, llenándose de tantas sensaciones nuevas que no creía pudiesen existir. Por un instante tuvo la clara sensación de que el invierno cedía para dar paso al fuego del estío y que aquel infierno que siempre había arrasado sus entrañas en aquellos momentos de pasión, aquella fiebre incontrolable, se templaba hasta convertirse en una ola muy agradable que lo cubría, recibiéndolo cálidamente como el mismo Franz se entregaba; pese a que aquél en un principio hubiera visto las estrellas al sentir aquella nueva intrusión, se quedó quieto unos instantes mientras se acostumbraba a ella, aguantando el dolor tan bien como pudo... hasta que comenzó a tener una sensación extraña de que estaba empezando a ganar ligereza, como si su cuerpo estuviera hecho de algún material volátil, y se preparó para ver las estrellas literalmente... y no sólo las estrellas, sino el firmamento completo. Cegado por aquella placentera oleada de sensaciones de la que ambos estaban siendo partícipes ya como si fueran casi la misma persona, reanudó el movimiento de nuevo con suavidad al principio y luego con mayor intensidad, agarrándose firmemente de las caderas de Lucien para no perder el norte en ese viaje que estaban realizando juntos y que se acercaba poco a poco a su clímax definitivo.
Poco a poco fue aumentando el ritmo de sus embestidas, deslizando su boca por la cara de Franz hasta ir luego a atrapar su lóbulo, mordiéndolo un poco con sus dientes filosos.
"Je t'adore... mon prince... " murmuraba en su oido en jadeos acompasados al movimiento de ambos cuerpos, "trop parfait ... trop pour moi ... je ne peux plus!" terminó exclamando mientras sus tientos se volvían más salvajes, incapáz de seguir conteniéndose, sintiendo que se derramaban dentro de Franz cada una de aquellas sensaciones que antes lo llenaron, sintiéndose por primera vez cómo abandonaba por completo la conciencia para ir a vagar un instante en un lugar de ensueño, sintiendo que todo se llenaba de una nueva luz, incluso él.
El rubio no tardó en acompañarle en aquél lugar donde todas las maravillas e ilusiones eran posibles, decidiendo que él tampoco podía seguir soportando el peso de retener su orgasmo por más tiempo. Entre repetidos espasmos y sacudidas fue deshaciéndose de él mientras se sumía en un éxtasis profundo, dejando la mente en blanco unos breves instantes en los que todo fue, simplemente, sublime. El tiempo no existía, ni tampoco un espacio conocido... ni mucho menos existían aquellas preocupaciones que eran propias de aquellos aspectos tan mundanos. Lo único que importaba, en ese momento, es que ellos dos existían. Y se tenían el uno al otro, complementándose en el cúlmine de esa bellísima sinfonía que ya había podido conocer gracias a él. Y todo eso era lo único real y cierto, al igual que las palabras que el rubio dejó ir mientras se desvanecía sobre su lecho, sofocado y exhausto, sin darse cuenta siquiera que las pronunciaba.
"Je...t'aime"
Luego de que finalmente pudo recuperar el aliento, Lucien se dejó caer al lado de Franz, abrazándose a su cuerpo sudoroso y aún agitado.
"Mon Dieu... " murmuró antes de dejarle un beso suave y cansado en los labios al rubio, "Nunca... Había sentido... Algo así..."
Forzándose a sí mismo para despabilarse después de la obnubilación del éxtasis al que había sido llevado, los ojos azules se volvieron para mirar a los suyos, esbozando una sonrisa tonta y adormecida inmediatamente. Quien podía decir que jamás había sentido nada parecido antes había sido él, en verdad.
"... ¿Cómo es eso?", quiso saber, curioso, rodeándole también con los brazos, aun cuando todavía no se apegó a él del todo para dejar correr un poco el aire entre los dos cuerpos aún ardientes y agotados, algo que no le importó por el momento al chico platinado, aún demasiado ocupado tratando de descifrar todo cuanto había sentido, inclusive esa extraña sensación de que el invierno se había retirado en el mismo momento en el que ambos terminaron. De hecho, la atmósfera a su alrededor había quedado enrarecida en aquél ambiente en el que ninguna otra cosa más existía allí salvo ellos; Franz a duras penas podía recordar en dónde estaban realmente, e ignoraba la hora que era, así como dejaba pasar por alto el hecho de que había roto más reglas y convenciones sociales de lo que lo había hecho en toda su vida. Y descubrió que todo eso le daba exactamente igual. Se sentía vivo como nunca se había sentido; había valido la pena desprenderse de todas aquellas estupideces por ese momento.
"Es... No se como explicarlo" respondió pasándose la mano por su pelo ahora más sucio que antes, apartándolo de su frente, "Pero... Estuvo increible... De verdad..."
Franz no tuvo que pedirle más explicaciones. Para ser sincero consigo mismo, a él también se le hacía difícil intentar describir en palabras coherentes lo que había sentido, así que sentía que no podía estar más de acuerdo con él.
Sonriendo aún más, se acercó a él para besarle, entusiasmado a pesar de todo el cansancio. Ahora que la racionalidad volvía a él, le costaba creer que se hubiera abandonado a aquella pasión ardorosa con él tan de pronto y con tanta facilidad. Sin embargo, lo había hecho, y no estaba experimentando ningún tipo de culpa en absoluto.
Aunque probablemente, quizás después de eso habría que aventurarse en dar un paso más. Él no iba a conformarse tan sólo con haber perdido la virginidad con él y compartido casi toda una noche a base de besos, caricias y sensaciones nuevas que descubrir. Pero quizás sería mejor hablar con él de eso al día siguiente.
"... Te quedarás aquí lo que queda de noche¿verdad?", le susurró, comenzando a apegarse a él.
Lucien lo recibió entre sus brazos, ronroneando una vez más de forma mimosa.
"Si eso quieres..." respondió con la voz cansada, cerrando los ojos, "... Pero mañana será un lío salir sin que me noten"
Porque a diferencia de las otras dos salas, la de la casa Leviatán no tenía una segunda salida hacia el pasillo sino que sólo daba hacia la sala común, aunque recordaba que alguna vez había salido por otra parte luego de un encuentro furtivo con una chica de quinto de esa casa, pero no recordaba cómo llegar y algo le decía que era mejor no mencionar ese incidente en ese momento.
"No te preocupes... ", murmuró, soltándole un momento para tironear de las sábanas y que estas les cubrieran, antes de volver a estrecharle contra sí. "Mañana nos las arreglaremos para que no te vean y no sospechen nada... ahora vamos a descansar..."
Le sonrió de nuevo antes de cerrar también él los ojos.
"... Ha sido la mejor víspera de mi cumpleaños de toda mi vida...", le confió en un hilo de voz, acurrucándose un poco.
Lucien sonrió de medio lado, sintiéndose ya bastante adormilado.
"Por la hora... Ya es tu cumpleaños" informó calculando que la medianoche habría pasado hacía mucho, "... Feliz cumpleaños, Príncipe Franz"
Le dejó un último beso en la frente, dejando sus labios pegados a su piel mientras se dormía.
"Gracias... Infame Señor...", musitó de vuelta éste, también adormecido y dejando llevarse por la ligera y pacífica corriente de los sueños, durmiéndose casi a la vez, sin ninguna preocupación atormentándole.
Gracias por todo.
