Título: ANIMA.

Autor: Clumsykitty

Género: AU (Universo Alterno), Sobrenatural, Angst, Yaoi como siempre.

Parejas¡Qué casualidad! OC/S, J/S

Disclaimers: oh, mundo cruel, Yu Gi Oh no me pertenece ni nada parecido.

Feedback: reviewerénme…

Beta Reader: Sahel, quien se irá al cielo con todo y zapatos por ser tan buena conmigo… TT

Summary: Los verdaderos cambios vienen del alma, dicen los sabios. Es ahí donde todo es posible, incluso el amor.

-/ … / diálogo mudo

" … " tiempo pasado

Nota clumsykitty: Bueno, en tiempos mozos conocí a Romanza Violenta, cuyas letras son las que canta Ravel. Lamentablemente no recuerdo los títulos pero si ese grupo que espero siga tocando por ahí…

n.n

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ANIMA

¿Qué es un fantasma?

Un evento terrible,

Condenado a repetirse una y otra vez.

Un instante de dolor quizá.

Algo muerto que parece vivo aún.

Un sentimiento suspendido en el tiempo.

Como una fotografía borrosa.

Como un insecto atrapado en ámbar…

... de la película, El Espinazo del Diablo.

Capítulo 13. El camino por la tierra de los muertos.

Ya es de noche y la lluvia no ha cesado. Los brazos de Ravel me rodean seguros, recostados en el oxidado catre. Mi cabeza reposando en su hombro en la misma posición que cuando viajábamos en tren. Tengo la sensación de un cansancio terrible en mi cuerpo aunque me siento mucho más sereno.

-¿Más tranquilo, verdad? –pregunta Ravel sin moverse ni yo tampoco.

-Sí, gracias Ravel.

-Aún no me agradezcas.

Mis dedos suben a su pecho para enredarse con uno de sus largos rizos negros.

-Te amo, Ravel.

-Je, Ojiazul, no es necesario que me mientas para hacerme sentir bien. Yo te amo y con eso basta. Tu corazón está en otro sitio.

-¿No vas a preguntarme que pasó?

-Lo intuyo, pero si es mejor para ti no decirlo, no necesito entonces escucharlo.

-Te lo agradezco, duele mucho.

-Shh, ya, ya pasó.

-¿Ravel?

-Yeah?

-¿Puedes cantarme esa canción que siempre silbas?

-Of course.

Una de sus manos empieza a acariciar mis cabellos antes de que él de inicio a su canción con una voz gruesa pero armoniosa.

-"Si el viento dijera lo que eres para mí.

Te siento en mis ojos, y sé que estás aquí.

Ahora en la luz de la clara inmensidad,

Te vivo y siento, te miro y miento

Y sé que estás aquí.

Mis labios se secan, mis ojos también.

La línea fue marcada tajante esta vez.

La rosa ha revivido en cielos compartidos

Renace y florece, de lo interno crece

Para esta vez no partir.

Mi mente es cambiada, mi soledad también.

Cantos vastos, aves sin pies.

Lejanos cuerpos, cercanos intensos.

Sentimientos, desencuentros.

Fe inmaterial.

Contigo viajar a donde el sol no exista más.

Contigo escapar de toda realidad.

Sintiendo paso a paso,

Inconscientes en el vasto,

Por siempre vivir y juntos morir.

El día que te tuve y tú a mí,

El tiempo se detuvo,

Y sigue ahí.

La inmensa oscuridad que envolvía el ser,

Se muere en agonía, se vuelve fría,

Mirando hacia atrás"

Joel… Joey, te amo tanto. Perdóname por haber regresado. Perdóname por haberte atado a esta cadena una vez más. Siempre he sido un egoísta que no te supo valorar. Te mereces ser feliz con Pegasus. Mereces lo mejor del mundo, así que tengo que liberarte.

-¿Sigues decidido a venir conmigo?

-Sí, Ravel.

Él me levanta para sentarnos uno frente al otro. Su sonrisa benévola acompaña a sus palabras.

-Tenemos que irnos ya. El puerto está retirado y hay que cruzar a campo traviesa o no alcanzaremos al Quimera.

-¿Quimera?

-Sí, así se llama nuestro carguero. Anda, vamos Ojiazul.

La lluvia fría por la noche no deja de ser abundante, pero es fina, como un rocío. Ravel me abraza para abrigarme y caminar hacia donde el bosque. Un bosque de nuevo. Su calidez borra el frío que comienza a penetrar en mi piel. Pronto pasamos los terrenos boscosos y húmedos, colándonos entre los árboles enormes y frondosos en un camino invisible. Me aferro a Ravel quien me guía muy seguro a través de la noche lluviosa. Las ramas se mecen al compás del viento, juraría que silban la misma canción de Ravel, tan melancólica y triste. A nuestra vista aparecen cerros rocosos que reconozco muy bien a pesar de no haber estado nunca ahí. Son famosos.

-¿Qué sucede, Ojiazul?

Me he detenido por mero instinto. Es el viejo camino que cruza por las minas abandonadas. Se dice que nadie pasa por ahí si valora su vida. Esas minas fueron cerradas a partir de una explosión que cobró la vida de centenares de mineros que murieron atrapados y asfixiados dentro. Según la creencia popular, si alguien cruza por aquí ellos salen de las minas a robarse el alma del aventurero en cobro de nunca haber sido rescatados sus cuerpos sin vida. Es una leyenda, pero siento un escalofrío en mi espalda, inexplicable.

Tengo miedo de cruzar.

Ravel debe haber leído mi expresión, porque me gira hacia él, acariciando mi mejilla de forma reconfortante.

-Hey, what's the matter? Recuerda que Ravel te cuida.

-¿No podemos ir por otro camino? –pregunto, mirando de reojo el lugar que de pronto luce aterrador.

-No. Es la única manera de estar a tiempo en el puerto. Look –él se quita su roída bufanda que alguna vez fue carmesí para amarrarla alrededor de mis ojos- Así está mejor, remember?

Asiento y Ravel me levanta en brazos, siempre hacia esto cuando cruzábamos un tramo peligroso –aunque sin bufanda, yo estaba ciego- Rodeo su cuello cuando da el primer paso. No sé que me asusta, pero prefiero esconder mi rostro debajo de su mentón y mi brazo. Así, sin ver el camino, aminora mi angustia. Un viento fuerte sopla, golpeando los restos del pueblo minero.

Hay…

Hay varias voces… ¿o es el viento?

Maderas que se rompen.

-…aaaaaaquuiiiiiiiiiiii…

Aseguro mis brazos en Ravel. Unas piedras se escuchan desprenderse.

-… veeeeeeeeeeeeennnnnnnnn…

Seto Kaiba tiembla de miedo. El viento nos golpea como queriendo detenernos, pero Ravel sigue caminando sin inmutarse.

-… veeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnn…

-Ravel…

-Shh, yo te protejo. Confía en mí.

Golpes contra metal. Maderas que crujen y un rumor que proviene de las entrañas de la tierra.

-… jaaaaaammmmmáááááááááássssssssss…

¿Son las piedras que ruedan o es mi corazón presuroso?

-Estás en mis brazos, Ojiazul. Nadie te lastimará.

Una súbita explosión llena mis oídos. Mi cuerpo tiembla aún más y siento los brazos de Ravel sujetándome con fuerza. Gritos nos rodean a la par de una lluvia furiosa. El dulce canto de mi ladronzuelo toca mis oídos cuando él pega su boca a mi sien, caminando sin titubear. Sólo escucho entonces su voz.

-"La claridad se va,

El día se vuelve jamás.

¿Cuántos sueños me esperarán?

Sueños de nunca acabar.

Cierro mis ojos ya,

Vuelve la imagen a mí.

El mañana nunca vendrá

Y el camino se vuelve a cerrar.

Vendo un pensamiento

Ardo un sentimiento.

La paz se muere ya

Lo público esperará

Todo ahora es intimidad.

El frío comienza a hablar.

Oigo mi soledad

Fallida la felicidad

Regocijo y francosidad

Mientras te vuelvo a esperar.

De todas las formas que el hombre halló

Para matar su interior

Es el amor la más cruel bendición

Todos aquí morirán de pasión.

¿Cuántas miserias en el corazón

Cuántos recuerdos sin sol.

Se quedarán sin una razón?

La luz se apagó."

El viento ondea con un silbido furioso, la tierra vibra, deteniendo a Ravel en su caminar. Lamentos espantosos llenan el aire, erizando mis cabellos, pero aquellos brazos a mí alrededor siguen seguros.

-He sido una gota en el aire,

He sido una estrella brillante,

He sido una palabra en un libro

He sido un libro originalmente

He sido una luz en una linterna,

Un año y un semestre,

He sido un puente para pasar,

Tres veintenas de ríos,

He viajado como un águila,

He sido un barco en el mar,

He sido un caudillo en la batalla,

He sido el cordón del pañal de un niño,

He sido una espada en la mano,

He sido un escudo en la pelea,

He sido la cuerda de un arpa,

Encantado durante un año en la espuma del agua,

He sido un atizador en un fuego,

He sido un árbol en un refugio,

No hay nada en que yo no haya estado. (i)

¿A quien le hablará? Ravel retoma su camino cuando un silencio mortal nos cubre. Ni el sonido de la lluvia, ni el viento, ni sus pisadas se escuchan. Por un breve instante juraría que me llega una brisa de plumas, pero no lo sé. Al siguiente segundo todo vuelve a la normalidad y Ravel me baja, quitándome la bufanda que deja en mi cuello.

-Well, hemos pasado.

Por detrás de él observo un tanto sorprendido el valle que luce igual que cuando llegamos a él. Su paisaje hostil que pareciera una mueca de disgusto ante nuestro cruce. Ravel toma mi barbilla para hacer que le mire. Quizá por sus ropas acostumbradas al clima adverso él no está empapado como yo, sus rizos largos brillan como si fueran obsidiana. Como su dulce sonrisa que me regala.

-Tenemos que seguir.

Yo le sonrío, tomando su mano para caminar un extenso páramo de piedras altas y verticales, pastos yermos que se mueven al compás del viento silbante. La oscuridad de la noche se va aclarando, las nubes comienzan a dispersarse cuando subimos una larga cuesta. Pronto amanecerá. El olor de la tierra húmeda me llega acompañado de una conocida salinidad. El océano está cerca y con él, el puerto donde el Quimera nos espera.

Al tocar la cima de la cuesta, el cielo es una mezcla de azul opaco que se raya en suaves tonos violáceos de un próximo sol que saldrá en el horizonte marino. La vista del puerto es brumosa a causa de la lluvia nocturna, apenas pueden distinguirse los grandes barcos pesqueros.

-Mira –Ravel señala con su mano hacia un extremo- Ya está ahí el Quimera.

Siguiendo la dirección de su dedo encuentro el barco carguero, su alta chimenea con sus postes metálicos, luces parpadeando se vislumbran por sobre la niebla. Su coraza parece ser de color vino con una gruesa franja en blanco donde se inscriben las ya viejas letras de su nombre. El ronco silbido de su máquina anuncia que se embarca, haciendo eco por todo el puerto que aún duerme bajo los últimos vistazos de la madrugada.

-Ojiazul¿estás completamente seguro? –me pregunta Ravel tomando mis frías y un poco temblorosas manos- Si vienes conmigo, no volverás a ver a tu familia. No hay vuelta atrás.

Mi mirada se desvía hacia el Quimera. Sí, sé que desapareceré en definitiva del mundo como Seto Kaiba y me convertiré en Ojiazul con un destino incierto, pero mi corazón ya no desea sufrir más, ser presa del desamor y una soledad agobiante dentro de unos muros lujosos. Joey tal vez lamente mi ausencia, pero estoy seguro que Pegasus sanará su corazón. Mokuba quizá llore por mí, pero su nueva vida le exigirá seguir adelante sin mi presencia asfixiante.

Por más que desee recuperarlos, sé que no será así, pues ya tienen una bella vida en la que no participaré en lo absoluto. Les estorbo y encadeno a un recuerdo marchito de un ser cruel e insensible a sus sueños y deseos. No tiene caso que siga con esta vida sin amor, sólo para ser el peón del sufrimiento y dolor. Debo cortar las cadenas y dejarlos libres. Yo los amo, por amor a ellos debo y tengo que hacerlo. Al menos tuve por última vez las caricias de Joey, junto con sus promesas de amor. No soy yo lo que él necesita. Es Pegasus. Desde hace años que lo es. Ya nada tengo que hacer aquí.

Si me voy con Ravel, al menos seré algo digno, tan sólo para él. Eso me basta. El amor no fue para mí, la soledad sí; pero la compartiré con mi errante ladrón entre los escombros de la humanidad y desde ahí pediré por aquellos que hice sufrir, esperando que una nueva estrella les ilumine y cure de todos mis males sobre ellos. Aquí ya nadie me extrañará más.

-Vamos, Ravel.

Le escucho suspirar y recibo un beso en mi sien, sus brazos rodean mi cintura al momento de ir bajando hacia el puerto. De nuevo el Quimera se anuncia con un segundo y ronco silbido. Algunas gaviotas comienzan a revolotear al percibir la inminente salida del sol. Con paso firme tocamos un tramo de arena antes de subir al muelle que lleva al carguero. La niebla se ha disipado lo suficiente para mirar un poco más el imponente Quimera.

Una sombra en la proa levanta una mano a nosotros y Ravel le responde con un saludo igual. A pesar de estar consciente de lo que estoy a punto de hacer me siento sumamente tranquilo y hasta contento. Es extraño que la humedad y frío de mis ropas no me afecte. No siento nada en lo absoluto.

Uno, dos, tres escalones de madera y volvemos a un nivel donde nuevamente subimos para caminar frente al barco. El puente está tendido sobre la proa. Un llanto furioso de unas sirenas se avecina con extrema velocidad cerca de nosotros. Patrullas. Al momento de volverme a mirar; el primer auto, el cual se detiene abruptamente deja salir de sus puertas delanteras a Joey y Mokuba quienes bajan disparados.

¿Qué hacen aquí?

-¡Seto!

-¡Hermano!

Los policías en su patrulla bajan también al tiempo que tres vehículos más llegan derrapando en la arena. Joey corre hacia nosotros subiendo como rayo las escaleras, sin embargo me aferro a la mano de Ravel que me guía hacia el pequeño puente de abordaje. Mi espalda hacia a ellos. Ravel tiene la vista fija detrás de mí.

-¡Seto¡Seto¡Espera!

-¡Señor Wheeler, no lo haga!

-¡SETO!

La vibración del trote de Joey nos alcanza. Ravel posa sus ojos en mí como esperando mi reacción ante las suplicantes palabras que escucho a mis espaldas.

-¡Seto, espera¡Seto¡Por favor, regresa!

Mis ojos se fijan en los de Ravel que me sonríe mientras su mano afloja su agarre de la mía, girándose para retroceder, poniendo un pie en el puente.

-¡Seto, mírame, por favor¡Por favor, Seto!

Su llamado es tan angustiante que me fuerza a girarme un poco sin soltarme de Ravel. Es una imagen inesperada, confusa. Joey está a dos o tres pasos de mí, pero no se atreve a caminar más, aferrado a uno de los viejos postes del muelle. Toda su persona tiembla y sus sollozos aumentan al encontrarme con su mirada, turbada por gruesas y abundantes lágrimas. Sus ojos ya están hinchados; enrojecidos de lo que parece un llanto alargado. Aún viste como me dejó en el restaurante pero sus elegantes ropas están descompuestas. Débilmente se distingue la figura de Mokuba al pie de las escaleras.

Sólo las luces de las patrullas pueden traspasar la niebla que nos rodea.

-… por favor… -Joey extiende un brazo hacia mí- … regresa… Seto…

Ravel suelta mi mano pero le alcanzo con una mirada extrañada.

-¡Seto, no!... no… no… por favor… vuelve a mí… por favor…

¿Por qué Joey me llama con tanta desesperación?

-… no lo hagas… -sus sollozos entrecortados acompañan sus palabras- … te amo, Seto… no lo hagas…

Me vuelvo ante sus palabras. Sus ojos muestran una enorme pena.

-… te amo… -musita apenas- … ven a mí… por favor… Seto… por favor…

Las maderas del pequeño puente crujen cuando Ravel posa ambos pies en el. Nuestras manos apenas se tocan ya por los dedos. Trato de regresar a él pero en un revés inesperado, Joey me deja atónito con lo que hace.

Dejándose caer de rodillas, pone sus manos en el suelo en una actitud de súplica, inclinando su cabeza. Puedo ver como caen sus lágrimas en la madera.

-Ravel, no me lo quites, por favor… dame una oportunidad… no te lo lleves… yo lo amo…

De súbito mi cuerpo tiembla y no sé la verdadera causa, si el frío, el llanto de Joey o Ravel que suelta mi mano. Apoyándose del puente, me besa en los labios; un beso de despedida, antes de guiñarme un ojo.

-Ahí está tu hogar y corazón, Ojiazul. Anda, ve y regresa a su lado, el amor te espera.

El Quimera silba por tercera y última vez.

Ravel pasa el puente, recogiendo la soga que lo hace retraerse hacia el barco cuyo movimiento marca el inicio de su marcha. Con una sonrisa feliz, mi vagabundo se va perdiendo en la bruma. Retrocedo un poco para girarme hacia Joey, quien se levanta de inmediato cuando le extiendo una mano como lo hiciera con Ravel. Al tomarla, me da un fuerte tirón, haciéndome caer al suelo, yo encima de él. Sus brazos rodeándome presurosos cuando busco sentarme pero me hace quedarme en su regazo, besando mis húmedos cabellos y todo mi rostros una y otra vez; como una madre que ha encontrado a su hijo perdido.

-Te tengo… te tengo… estás a salvo…

Sus incesantes besos y brazos que me aprietan contra su pecho no me permiten ver partir a Ravel. Mokuba corre y otro par de brazos me rodean.

-¡Hermano!

En una breve pausa donde puedo separarme un poco para respirar, escucho el murmullo de voces de policías. Una ambulancia ha llegado y creo que a juzgar por otras voces que los amigos de Joey también están aquí.

No escucho al Quimera.

La niebla se ha despejado por completo ante el calor de los nuevos rayos del sol que nos cubre ya por completo. Con una mano en el hombro de Joey, llamo su atención.

-Quiero despedirme de Ravel.

Mokuba y Joey intercambian una mirada llorosa. ¿Qué sucede? Antes de perder de vista el barco carguero, me separo de ellos para ponerme de pie.

Menuda sorpresa.

No hay barco.

-¿Qué…?

Estamos en un apartado y viejo muelle abandonado.

-¿Hermano?

Mi razón se rehúsa a aceptar lo que ven mis ojos. A pocos pasos en donde nos encontramos el muelle se corta abruptamente, con sólo los pilares que le sostenían a la vista. Sus puntas desgastadas se han hecho peligrosamente filosas, además de los trozos de vigas caídas en las rocas abajo en la playa.

Si hubiera caminado otro poco más, estaría muerto.

-Seto, amor…

-¿Dónde está Ravel? –pregunto con un grito casi histérico, volviéndome a ellos- ¿El barco¿El Quimera?

Los dos se muestran perturbados, algo saben. Mi corazón se agita ante cierta idea temible.

-Hermano… -Mokuba vuelve a mirar a Joey- … no hay tal barco…

-Pero… tú lo viste, Joey –le reclamo inseguro- … tú…

-Yo nunca vi nada.

-No… es mentira…

-Seto… -mi hermano me mira con compasión- Joey dice la verdad.

-¿Qué?

-Nunca hubo tal barco… ni Ravel… todo lo imaginaste…

Me vuelvo desesperado al océano solitario. El sol despunta en el horizonte. Gaviotas planean y algunos veleros salen apenas de lejanos puertos. Siento un hueco en el estómago con un leve mareo.

Debería estar ahí.

Debería…

Retrocedo con ciertos tambaleos, vacilando al resbalar en el escalón. Alguien me ha sostenido. Es Atemu. Me encuentro de lleno con sus ojos violetas. Veo mi reflejo asustado de niño perdido. Estoy temblando y me sostengo de sus brazos, terminando de bajar hasta el siguiente nivel.

-Joey –escucho a Atemu llamarle.

Separándome, me llevo una mano a mi sien que la siento fría como el resto de mi cuerpo que titubea como un ebrio. Ni siquiera puedo nombrar lo que está pasando por mi mente.

-Ravel…

-Seto, mírame –me pide Joey al bajar con Mokuba- Ravel no existe, nunca estuviste con él…

Me falta el aire.

-Eso… no… no es posible…

-… por que él ya estaba muerto antes de que tú nacieras.

Sus palabras caen en mí como rayos fulminantes.

Sólo…

Con algo de frenesí me quito la bufanda de Ravel. Comienzo a negar con la cabeza. Es una bufanda, cierto; con su aroma de bosque y tierra ya que tiene trozos de hojas y tierra porque es una prenda vieja, carcomida como aquellas que se pudren con un cadáver…

Y que se deshace como ceniza entre mis dedos que tiemblan pálidos y húmedos.

Recuerdo…

En la lluvia intensa Ravel nunca se empapó como yo…

Todo a mi alrededor pierde color al tiempo que da vueltas. La voz lejana de Mokuba y Joey junto con sus brazos que corren a sostenerme es lo último que siento.

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(i) Tomado de La Batalla de los Árboles, mito galés.

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Continuará…