Disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Yo sólo juego con sus personajes a mi antojo.
Había prometido que subiría este capítulo antes de finalizar el año, pero tuve un pequeño e imprevisto retraso. En fin, ¡A Leer!
Capítulo XIII
Amarga Victoria
Estoy en el borde del abismo gritando tu nombre, pero el eco de mi voz es lo único que responde. Te busco entre las sombras, inútil y exhaustivamente. Solía cerrar los ojos y pretender que estabas aquí, eso me ayudaba a no desmoronarme pero dejó de ser suficiente. Nunca lo fue. Ahora no estás, y te extraño, y no hay nada que me ayude a no desmoronarme, ¿Podrías regresar?
Ella lloraba, lloraba incansablemente. Y él estaba ahí, de pie frente a ella, observándola con el ceño fruncido. Juzgándola. Lo que ella no sabía es que detrás de toda su rabia él se debatía entre consolarla o seguir juzgándola. Castigándola.
Su mirada gris se hallaba oscurecida, la furia lo consumía. Sin embargo, en el fondo sólo trataba de no desmoronarse.
Luego de unos minutos, cedió.
—Herms… —ella levantó el rostro y ver esa mueca de dolor fue suficiente para que él se quebrara. Iba a decir algo, pero ella lo interrumpió.
—¿Qué me vas a decir ahora? ¿Qué soy una puta? ¿Qué soy egoísta? ¿Qué, Draco? —clamaba entre sollozos, dejando que cada palabra tuviera el efecto de una daga, clavándose en él sin piedad. Desgarrando su piel, desangrándolo.
Él cerró sus manos en puños y apretó hasta que sus nudillos se tornaron blancos, durante unos segundos se planteó tomar su varita y hacer que un rayo verde acabara con sus tormentos. Con ella.
—¡Respóndeme! —gritó ella lanzándose hacia él y golpeando su pecho, él no reaccionó hasta que se vio obligado a sujetar sus muñecas debido a la fuerza con la que la chica lo golpeaba.
La fulminó con la mirada durante unos segundos, el mercurio se fundió con el chocolate, y ella finalmente dejó de forcejear y volvió a sollozar. Él suspiró.
—Sólo quiero entender por qué lo hiciste. Confiaba en ti, maldición. Pensaba que después de toda la mierda que he tenido que pasar podría confiar en alguien. —Ella negaba con la cabeza, las lagrimas no dejaban de caer— Supongo que las personas como yo merecemos estas cosas….
—¡No! ¡Draco, escúchame! —Hermione se alzó para que sus rostros estuvieran a la misma altura y posó sus manos en las mejillas del rubio.
—¡Basta! Después de todo esto es lo mejor para ti. Theo no tiene la marca, Herms. Él es libre, no te culpo por querer eso. —sus palabras salían de su boca sin ser realmente lo que pensaba, lo que sentía.
—¡Pero yo no quiero eso!
—¿Qué coño quieres entonces? ¿Qué quieres, Hermione?
—A ti. Te quiero a ti, Draco.
Él tragó en seco, cerró sus ojos y con delicadeza la sujetó por la cintura y la alejó de él.
—No, tú quieres pasión, quieres riesgos, quieres demostrarle el mundo que no eres lo que ellos esperan que seas. Quieres que te lleven la contraria, que no intenten seducirte, que las conversaciones fluyan solas. Quieres pelear, quieres demostrarte a ti misma que ni el amor podrá ablandar tu carácter… Pero no a mí. Y yo no te quiero a ti. Quiero que seas libre, así que te libero. Eres libre de mí, Hermione.
Mantente ligado al momento. Húndete en tus recuerdos, recuerdos en los que aún era tuya. Atesóralos y enciérralos en el fondo de tu mente. Ámala, como si no te hubiera hecho daño. Sé paciente, sé amable. Sé todo lo que ella quería que fueras. Porque no podemos regresar a lo que una vez dejamos ir.
La palabra "Caos" no le hacía justicia lo que reinaba en el ala este de la ciudadela de La Tierra De Las Estrellas. Se trataba de un ejército de al menos cien hombres y mujeres, lo curioso era que todos y cada uno de ellos llevaban capuchas negras y máscaras blancas —una obvia idea de Theodore— para ocultar sus identidades, puesto que si algo salía mal ninguno de ellos quería tener que afrontar las consecuencias, no tanto por sí mismos, sino por todos sus seres queridos. Sin embargo, el hombre que encabezaba la marcha no llevaba máscara ni capucha. Marchaba orgulloso, mostrando su rostro, utilizando su varita para encender pequeñas mechas que se convertían en enormes incendios.
Se abrían paso entre hileras de pequeñas casuchas, las personas salían de ellas como hormigas, ancianos, niños, mujeres, todos huían despavoridos al ver como sus hogares eran atacados. Gritaban y corrían por doquier, era una completa anarquía. Entre los encapuchados, casi cerrando la marcha, se encontraba Pansy junto a Cedric. La chica sólo había aceptado separarse de Theo y usar, citando sus palabras "esa horrenda máscara", si el chico Diggory la acompañaba a ella durante el ataque. Nott sólo había alzado una ceja, mirado a Cedric y encogerse de hombros ante las demandas de la demente mujer.
Al lado derecho de Theodore, se encontraba Amos Diggory, guiándolo por las diferentes callejuelas de la ciudad. Iban desde el este hacia el centro, destrozando todo lo que encontraban a su paso. Eso sí, no hubo ninguna víctima, ni muertos ni heridos. "Eso le dará algo de nostalgia a las Greengrass" había dicho Zabini con sorna.
Nadie osaba meterse en el camino de esos extraños encapuchados. Y los que reconocían el rostro de su líder no sabían sin llorar de pánico o sonreír esperanzados.
"—Ha venido a buscar a Malfoy."
"—Se ha acabo el reinado de terror de las Greengrass."
"—Tendrán el mismo destino que sus padres."
"—Vamos a morir todos."
Theo sonreía con burla al escuchar los diversos comentarios de los habitantes del lugar, estaban teniendo el efecto deseado en la población. Todo sería cuestión de tiempo.
No tardaron mucho en llegar al centro de la ciudadela, ahí esperarían a las Greengrass y a su séquito, y una vez que ellas hicieran su predecible aparición, Zabini guiaría a Diggory Jr. y a Pansy rumbo al castillo, para rescatar a Malfoy.
—¡Quiero ver esta maldita ciudad arder! ¡Fuego!
Tras la orden de Theo y un estridente grito de guerra general diferentes tipos de flechas en llamas y pequeñas bombas comenzaron a volar por doquier. Si las Greengrass no se daban prisa, la ciudadela quedaría reducida a cenizas, y esa tampoco era la idea.
Amos Diggory golpeó con su codo levemente el costado derecho de Nott, llamando su atención. Dos cabelleras rubias se aproximaban desde la lejanía, y más de un centenar de guardias las escoltaban. Ellas vestían, como de costumbre, vestidos ostentosos. Mientras que todos los guardias poseían armaduras verdes con plata, cosa que le pareció bastante irónica a Theo.
"Ya es hora" pensó el Slytherin.
En la parte posterior de la formación Cedric tomó la mano de Pansy y se escabulló tratando de pasar desapercibido.
—¿A quién se le ocurre usar tacones para ir a una guerra? ¡Apresúrate mujer! —exclamó Cedric con hastío. Pansy le lanzó una mirada bañada en veneno viperino, y corrió a todo lo que sus piernas le permitían.
Estaban en una especie de lechucería, pero en vez de lechuzas sólo había palomas.
—¿Palomas mensajeras? —cuestionó la Slytherin con incredulidad.
Observó cómo el muchacho garabateaba un mensaje en un trozo de pergamino a la velocidad de la luz, y sin delicadeza lo ataba a la pata de una de las palomas.
—Ya sabes a quién llevársela. —musitó.
—¡Espera! ¿A quién rayos le has escrito? —inquirió la mujer con desconfianza.
—Esta es una oportunidad que no podemos dejar pasar, Pansy. Lo siento, pero su presencia aquí le ha dado el pueblo una esperanza y una energía que nunca antes habían tenido. —Ella lo observaba sin entender, como de costumbre— Le he escrito a Cho… Ella le avisará a Brown y pronto la gente de las tierras vecinas vendrán aquí y será el fin de esta guerra. La ciudadela entera está en llamas, no quedará nada. Si ustedes toman a Draco Malfoy y se largan, nada cambiará para nosotros. Todo empeorará, nuestra gente morirá de hambre. Necesitamos esta guerra.
Ella observó el muchacho y sonrió levemente. Ambos observaron a la paloma elevarse y desaparecer en el cielo, y Pansy lamentó durante unos segundos no haber conocido a Cedric Diggory durante su estadía en Hogwarts. Y entendió, entonces, por qué tantas lágrimas habían sido derramadas en su nombre. Y odió a Voldemort, lo odió tanto o más de lo que lo había hecho durante la guerra que ya había culminado.
—En marcha, Blaise nos espera. —y tras esas palabras por parte del muchacho, ella tomó su mano y ambos corrieron rumbo al punto de encuentro que habían acordado con el moreno.
—¡HOLAAAA! ¿Hay alguien en esta pocilga? Muero de sed… —Draco tenía al menos quince minutos gritando a ver si alguno de los pestilentes guardias se dignaba a aparecer. Pero al aparentemente no había un alma en el lugar.
Se recostó en la pared rocosa nuevamente y se dispuso a contar los barrotes de su celda.
"Maldita bruja", pensó, "De seguro me estafó y me envió a este lugar a propósito".
Escucho el sonido de pisadas apresuradas en el piso de arriba y se extrañó, ¿Será que si había alguien en el lugar después de todo y sólo lo estaban ignorando? Suspiró.
—Malditos.
Las pisadas no amainaron, de hecho sonaban como si se estuvieran acercando…
—¡¿Quieres dejar de pisarme los jodidos talones a cada rato?! Maldita mujer.
—¡Blaise, ese no es el modo de hablarle a una dama!
—¿Tú ves a alguna dama por aquí? —el sonido de una bofetada acompañó esa frase.
"¿Blaise?", pensó Draco.
—¡Oh por Merlín! ¡Ahí está! —exclamó una voz femenina que el rubio reconoció al instante. El rubio escuchó el repiqueteo de los tacones contra el suelo rocoso y sonrió, sin duda alguna, era Pansy— ¿Qué hacen ahí paradotes? ¡Ayúdenme a sacarlo! —Blaise y Cedric se miraron el uno al otro y suspiraron antes de seguir a la insoportable mujer.
Draco no sabía cómo reaccionar ante la visión de dos de sus mejores amigos de la infancia junto al difunto Cedric Diggory, los tres observaban la reja y trataban de idear un modo de abrirla.
—Eh, Pansy, ¿No tienes tu varita? —Inquirió Draco. La Slytherin abrió los ojos desmesuradamente y se golpeó con la palma de la mano en la frente.
—Alohomora. —musitó firmemente luego de extraer la varita de su cinturón y sonrió complacida al ver como la reja se abría— ¡Draco! —exclamó alegremente antes de lanzarse a los brazos del rubio.
—Dejemos la efusividad para después, tenemos una guerra que ganar. —Draco observó a Diggory sin entender. Pansy puso una mano en su hombro para transmitirle confianza y el rubio la miró arqueando una ceja.
—Es un largo camino que recorrer, prometo explicártelo todo. Pero por favor ven con nosotros. —Draco sonrió al reconocer la mirada de cachorro que Pansy solía dedicarle en Hogwarts, asintió y los cuatro salieron de las oscuras mazmorras del castillo. Tenían una guerra que ganar.
—Vaya vaya… Miren quién se ha armado de valor luego de tantos años de huir como gatito asustado, ¿A qué debo el honor, Nott? —la voz de esta Daphne Greengrass era incluso más desdeñosa que la de la Daphne que él conocía.
—Sólo quise venir a saludar… Como bien has dicho, tenía años sin pasar por estos lares. Me preguntaba si me extrañaban. —contestó él con una de esas espeluznantes sonrisas en las que uno enseña todos sus dientes, la Greengrass tragó en seco. Theo alzó y extendió su brazo izquierdo de manera que su mano quedara a la altura de su hombro, en una señal de alto para su séquito. Y con andar felino se aproximó hacia la rubia. Todos los acompañantes de las rubias se pusieron en guardia, Astoria estaba al borde de las lágrimas. Sin embargo, Daphne sonrió, desafiante. Alzo su brazo, al igual que Nott, demandando el alto a sus tropas. Y dejó que él se acercara a ella— Apostaría la mitad de mi ejército, a que tú me extrañaste. —susurró Nott en su oído y sonrió victorioso ante la palidez de la chica.
Theo se conocía demasiado a sí mismo, y también conocía demasiado a Daphne Greengrass. A esta, a la de su dimensión y a cualquier otra que se pudiera encontrar en el futuro. Todas eran la misma, y aquello lo llevaba a deducir que también todos los Theodore Notts que existieran, eran el mismo. Valga la redundancia. Tomó uno de sus bucles color oro entre sus dedos y aspiro su aroma mientras ella trataba de permanecer impasible, inútilmente. Theo era consciente del estado gelatinoso de las piernas de la muchacha, era consciente del latir desenfrenado de su corazón. Soltó el mechón de cabello, y retrocedió un paso. Sintiéndose vencedor.
—Daphne Greengrass es una farsante —clamó en voz alta— La afamada venganza que tanto desea llevar a cabo no es debido a la muerte de mami y papi Greengrass. La princesita sólo tiene el corazón roto, ¿Quién es más rencoroso que una mujer despechada? —cuestionó Theo burlón. Daphne apretaba sus manos en puños, clavando sus uñas en la palma de su mano. Se estaba haciendo daño, porque ciertamente prefería el daño físico a seguir escuchando las palabras de Theodore Nott.
—¡Cállate! —para sorpresa de todos esta vez fue Astoria Greengrass la que habló— ¿Qué sabes tú? No nos conoces, no la conoces, ¿Qué sabes tú de su corazón?
—Lo sé, porque fui yo el que se lo rompió.
La sala común de Slytherin permanecía desierta, el fuego de la chimenea permanecía impasible, los cuadros dormitaban, y el silencio reinaba. Lo único que no era parte de la decoración, las únicas dos almas que habitaban en aquel lugar, eran una cabellera rubia y una cabellera oscura que se observaban desde la parte de atrás del sofá.
La rubia era una chica. Daphne Greengrass, quizás la chica más codiciada de todo Slytherin. Su acompañante era Theodore Nott, aunque lo más relevante que se podía decir de Theo era que trataba de arrancarle el alma a Daphne con sus labios. En el sofá negro de la sala común de Slytherin se estaba llevando a cabo una batalla de labios, saliva, lenguas y dientes. Cosa que realmente era bastante común cuando de esos dos se trataba.
Daphne había estado enamorada de Theo desde que tenía memoria, tan enamorada como una Slytherin puede estar, claro. Pero fue a sus trece años, curiosamente cuando comenzaron a brotar sus pechos, que él había puesto algo de su atención en ella. Él había sido su primer amor, su primer beso, su primer roce indecente e incluso su primer hombre, ¿Quién sería tan estúpido como para pensar que Daphne Greengrass era virgen? Habrán notado que entre tantas primeras veces, nunca se mencionó que él fuera su primer novio. Ellos no eran novios, jamás lo habían sido. Ella era consciente de que él no le pertenecía, pero ella siempre le pertenecería a él.
Theo abandonó sus labios y se dedicó a atacar su cuello, mientras una de sus manos acariciaba una de las piernas de la muchacha, colándose lentamente dentro de la falda de su uniforme. Ella sabía que eso era todo lo que podía obtener de él, caricias furtivas y besos vacíos. Pero se conformaba, porque tenerlo a medias era mejor que no tenerlo en absoluto. "Qué estúpida soy", pensó, "Ya me parezco a Parkinson…". Y es que Pansy Parkinson amaba ser el trapeador de todos los chicos codiciados de Slytherin. Como si no fuera suficiente con los plantones de Draco y Blaise, desde que finalizó el verano había comenzado a perseguir a Theo, a SU Theo.
Y lo peor era, que desde que había iniciado el año escolar en Hogwarts él estaba más distante que nunca.
Él seguía besando su cuello, ella bufó y lo empujó, haciendo que él quedara acostado sobre el mullido sofá. Y se sentó sobre su cadera, se despojó de la camisa blanca del uniforme —puesto que la capa había quedado abandonada hace mucho— y se dedicó a continuar besándolo. Él acariciaba su espalda, ascendiendo lentamente. Luego de un rato, ella se separó de él y se quedó sentada sobre su regazo mientras él la observaba enarcando una ceja, seguía acostado.
—¿Qué coño te ocurre ahora, Daphne? —espetó Theo mientras se tapaba perezosamente el rostro con uno de sus brazos.
Ella sólo permaneció sobre él, con una mueca de hastío adornando su refinado rostro.
—Si no vamos a tener sexo, entonces quítate de encima.
Ella lo observó como si no estuviera observándolo realmente, y de pronto estalló en carcajadas, sorprendiendo al desgarbado muchacho.
—¿Tener sexo, Theo? ¿Aquí? ¿Conmigo? —cuestionó para luego seguir riendo. "Perdió el juicio", pensó Nott.
La chica bufó, hastiada, y en cuestión de segundos se deshizo de su brasier, tomó las manos de Theo, obligándolo a tocarla, y se recostó sobre él, besándolo hasta quedarse sin aire. Sin previo aviso se separó de él, y llevó una de sus delicadas manos al pecho del muchacho, colocándola justo donde estaba su corazón.
—¿Ves? Creo que ni cuando duermes tu corazón está tan calmado, ¿Cómo planeas tener sexo conmigo si ni siquiera logro excitarte? ¿Qué coño te ocurre a ti?
Theo bufó, la tomó por las caderas y se la quitó de encima. Sin más, se puso de pie, le arrojó a la chica su camisa, y se dispuso a largarse a su dormitorio.
—¿A dónde crees que vas? —inquirió la rubia con desdén mientras se recolocaba la ropa.
—A mi dormitorio, buenas noches.
Iba llegando a las escaleras cuando una pequeña mano tomó la suya, Theo rodó los ojos ante la mirada suplicante que Daphne le estaba dedicando.
—¿Es por Parkinson? —cuestionó la chica aparentando dureza.
Theo sólo una carcajada, negó con la cabeza y colocó la mano que tenía libre sobre la cabeza de la muchacha. La despeinó un poco, y tras un beso en la frente y un apenas audible "Buenas noches, Greengrass" se retiró a su habitación.
—Entonces tú eres la Pansy que yo conozco, pero él no es nuestro Blaise, ¿Entendí bien? —preguntó Draco, ya estaban comenzando a dolerle la cabeza con todo ese rollo dimensional. Pansy asintió— ¿Y Diggory está vivo? —susurró para que sólo ella lo escuchara mientras seguían corriendo para alejarse de los terrenos del castillo. La mujer paró en seco y los tres hombres que la acompañaban la observaron sin entender.
—¿Qué carajo te pasa ahora, maldita mujer? —cuestionó Blaise. A pesar de no ser el Blaise que ellos conocían, se parecía demasiado para su propio bien.
Un sonido fuerte y estridente sacudió toda la ciudad, y con él vino una especie de temblor. Se volvió a escuchar el sonido y los cuatro observaron como el castillo entero temblaba.
—¿Qué está pasando? —preguntó Draco halando a Pansy del brazo.
—Llegó la ayuda. —fue la seca respuesta de Cedric— ¡Tenemos que darnos prisa!
Draco, Blaise y Pansy se observaron unos a otros y tras encogerse de hombros corrieron tras el muchacho.
—¡Ya basta! —gritó Daphne. Todos los guardias reales tomaron sus espadas, arcos y ballestas y apuntaron a los encapuchados.
Theo miró a Amos Diggory, quien a su lado asintió.
—¡En guardia! —gritó Amos.
—Yo nunca me enamoraría de un monstruo como tú, asesinaste a mis padres y ahora vas a pagar por ello. —Nott soltó una carcajada.
Daphne miró a Astoria quién también asintió.
—¡Ataquen! —gritó la rubia menor.
Ambos bandos iban a dar el primer paso, cuando sintieron el temblor y escucharon el fuerte golpe que azotaba la ciudad.
—¿Qué ha sido eso? —cuestionó Astoria a Theo, pero se dio cuenta de que lucía tan asombrado como ella. Daphne bufó, y aprovechó la distracción general para tomar la espada de uno de sus guardias y apuntar con ella al cuello de su enemigo.
—¿Unas últimas palabras antes de que abra tu maldita garganta, querido? —inquirió la rubia.
Theodore permanecía impasible, y para la sorpresa de todos, sí dijo algo.
—Draco.
—¡Expelliermus! —Daphne salió despedida hacia una de las casuchas que estaba en llamas empujada por el hechizo que Draco acababa de lanzarle— Por Merlín, juraba que no iba a funcionar. —exclamó el rubio.
Astoria corrió a auxiliar a su hermana, mientras que todos los guardias dieron un paso atrás cuando Draco se acercó a Theo y palmeó su espalda.
—¿Qué hacen? ¡No les teman! —gritó Astoria enfurecida. Todos los guardias se observaron unos a otros. Daphne abrió los ojos y con la ayuda de su hermana se puso en pie. Pero una nueva sacudida hizo que perdiera nuevamente el equilibrio.
—¡Allá!
—¡El muro!
—¡No puede ser!
Malfoy y Nott se vieron el uno al otro para luego mirar hacia donde todos los encapuchados y guardias señalaban. Se había abierto una gran brecha en el muro que resguardaba La Tierra De Las Estrellas.
Astoria y Daphne observaban todo lo que sucedía a su alrededor incrédulas.
—Esto no puede estar pasando… —murmuró la mayor— ¡Guardias! ¡No olviden que están bajo mis órdenes! ¡Ataquen!
Luego de mirarse unos a otros, se armaron de valor y embistieron a los encapuchados. Eso fue suficiente para que Blaise, Pansy y Cedric salieran de su escondite y se unieran a la batalla.
Theo y Draco se dieron cuenta de que las espadas eran más útiles que las varitas en ese momento y como podían se defendían de todos sus atacantes, Pansy y Cedric luchaban cubriéndose las espaldas el uno al otro, y Blaise luchaba por su parte pero también velaba por la seguridad de la mujer que acababa de conocer.
Astoria observaba el baño de sangre atónita, ella jamás pensó que todo llegaría tan lejos, miró a los lados buscando a su hermana pero no pudo localizarla.
—¿Daphne, que has hecho?
La rubia se abría paso entre los luchadores de ambos bandos arrastrando la espada con la que había intentado cortarle la garganta a Nott. Debía localizarlos, a ambos. Y debía matarlos.
Un encapuchado chocó contra la espalda de la muchacha y ella gritó con rabia y clavó la espada en el estómago del hombre, o la mujer, daba igual. Sacó la espada y siguió adelante.
Un cuchillo hubiera atravesado el hombro de Cedric si Pansy no lo hubiera empujado.
—¡¿Quieres concentrarte?! —le gritó la mujer, pero el chico sólo atinaba a mirar a los alrededores. De pronto una sonrisa iluminó su rostro y Pansy tuvo que esperar unos segundos para entender por qué.
Ambos bandos detuvieron su ataque cuando un tercer bando hizo acto de presencia. Encabezados por Lavender Brown, Dolores Umbridge y Cho Chang había no menos de quinientos hombres perfectamente armados.
—¡He venido a dar por finalizada esta estúpida guerra! —Exclamó Brown— Reclamo estas tierras como mías, y le doy a las hermanas Greengrass una oportunidad de dar un paso al frente y unirse a mi causa como una muestra de benevolencia. Lo mismo va para todos aquellos que sean sus seguidores, no quiero que más sangre sea derramada innecesariamente.
Todos los guardias dieron un paso al frente y se arrodillaron ante Brown, quién sonrió con autosuficiencia. Los encapuchados se despojaron de sus máscaras e imitaron el gesto del otro bando. Sólo Daphne Greengrass, Draco Malfoy y Theodore Nott permanecían de pie. Theo le dio un empujón a Draco, que le lanzó una mirada envenenada, y ambos se arrodillaron también. Daphne miró a Lavender con odio, y luego desvió la mirada hacia donde se encontraban Malfoy y Nott. Era inútil, estaban demasiado lejos, no había modo de llegar hasta ellos sin que alguien la detuviera o la atacara. Era el fin. La rubia bajó la mirada al suelo, cosa que fue suficiente para que toda la multitud estallara en vítores.
—Mi señora. —susurró Blaise una vez que hubo llegado frente a Lavender, quien sonrió encantada, para luego besar suavemente su mano. "Traidor" pensó Daphne.
Pansy trató de ignorar la inminente sensación de que todos estaban olvidando algo y le dio un empujón a Cedric para que fuera a saludar al amor de su vida.
—¡Cho!
—¡Cedric! —el rostro de la asiática se iluminó al ver a su amado tan rápido como se ensombreció cuando una flecha atravesó su corazón mientras corría para acercarse a ella. Un grito de horror general recorrió todo el centro de la ciudadela. Todos miraban a los alrededores, buscando un culpable. Mientras que Cho corrió con el rostro bañado en lágrimas y se arrojó sobre el cadáver del muchacho.
Pansy soltó un alarido, sintió como la vista se le nublaba, pero fue ella quién divisó a la menor de las Greengrass con una ballesta un par de metros al oeste, sobre una de las casuchas que habían quedado intactas.
—¡Maldita perra! —gritó Pansy e iba a correr a descuartizarla pero Theo se lo impidió, atrapándola entre sus brazos.
—¡Abran paso! ¡Es mi hijo! —Pansy sintió nuevamente como el alma se le iba al suelo al escuchar los alaridos de Amos Diggory— ¡Es mi muchacho! —exclamó una vez que llegó al cadáver. Cho se hizo a un lado y dejó que el señor Diggory cerrara los parpados de Cedric— ¡NOOOOOO!
Theo le hizo señales a Lavender, quién silenciosamente le ordenó a sus hombres que atraparan a Astoria Greengrass y la encarcelaran inmediatamente.
—¿Soy el único que tiene una terrible sensación de Deja vu? —Pansy fulminó a Draco con la mirada entre lágrimas. Theo la abrazó y le susurro al oído que ignorara al rubio.
Los tres observaron cómo entre dos guardias de La Tierra De Las Flores traían a Astoria Greengrass a rastras, los ojos azules de la muchacha hicieron contacto con los triunfales ojos grises de Draco. Y ante la atónita mirada de todo el mundo la pequeña rubia estalló en carcajadas.
—No lo has entendido aún, ¿Verdad, Draco? Tu pequeña sangre sucia no está aquí ¡Nunca la vas a encontrar! —exclamó Astoria, pero sólo Draco, Pansy y Theo pudieron entender esas palabras. Y el horror bañó sus rostros.
Draco iba a aproximarse hacia ella. Astoria sabía algo, conocía la existencia de Hermione. Ella podía darle respuestas. Pero de pronto los tres dejaron de escuchar los sollozos de Amos Diggory, el fulgor general, sólo había silencio. Se miraron unos a otros y con asombro notaron que estaban en una especie de burbuja.
—¿Qué carajo…? —exclamó Draco. Y trató de seguir avanzando pero la burbuja se lo impedía.
Entonces, la voz de una mujer resonó dentro de la cabeza de los tres antiguos Slytherins.
—Lo lamento viajeros, pero ya han cumplido su misión en este mundo. No hay nada más para ustedes aquí, es hora de avanzar al siguiente. —"La bruja de las dimensiones" pensó inmediatamente Pansy, y observó a Theo que seguía abrazándola. Pero el hombre permanecía observando al vacio. Ni siquiera parecía haber notado la existencia de la burbuja o haber escuchado la voz de la bruja dimensional.
Porque en su cabeza pasaban cosas más importantes. No era que le había afectado la muerte de Diggory. Él más que nadie estaba acostumbrado a ver a la gente morir. Era lo que eso implicaba. El Cedric Diggory que él conoció, bueno… El que estuvo en Hogwarts, puesto que realmente jamás había tenido contacto con el difunto muchacho. Había muerto a los 17 años, era novio de Cho Chang y sólo tenía a su padre, a quien se le había roto el corazón al ver su cadáver. Era preocupante la manera en la que se repetía la historia.
Aparte, estaba completamente seguro de que esa Daphne Greengrass se había enamorado de su otro yo. Le gustaría saber en dónde se había metido…
Pero esos eran hechos irrelevantes. Lo relevante del asunto era, que si lo que pasaba en su mundo, pasaba en otros mundos… Aunque no de la misma manera. Si todas las muertes estaban destinadas a pasar… El viaje que estaba realizando era una completa pérdida de tiempo. Suspiró y parpadeo un par de veces al volver a la realidad. Sintió los cálidos brazos de Pansy rodeándolo y observó a un furioso Draco Malfoy golpeando la burbuja que los tenía atrapados.
Y mientras los tres se desvanecían Theo pensó en cómo haría Draco para afrontar que quizás Astoria tenía razón, que quizás nunca la encontrarían. Que quizás verdaderamente la habían perdido para siempre.
Traten de no odiarme demasiado y yo trataré de actualizar lo más pronto posible, ¿Ok? Lamento haber matado a Cedric Diggory, pero era necesario. Aparte, ¿A quién no le gusta ver a Cho Chang sufrir? En fin, muchas gracias por leer. Y por cierto, dejar un par de reviews no va a matar a nadie. Hasta luego.
