Gracias de nuevo por comentar… aquí la conituacion ;)

Capítulo 16:

-Estoy lista, una vez más!- dijo una sudorosa y luchadora Elena.

Habían transcurrido ya siete años, en los que Elijah había sometido a la vampiresa a duras pruebas para que ésta supiera controlarse, y lo había logrado. Ahora tocaba la verbena, ya llevaban un par de años con eso, desde que se habían mudado a Inglaterra.

-Segura?- le preguntó el original. La muchacha asintió.- bien- concluyó arrojando sobre ella gotitas de verbena.

Las primeras gotas hicieron que la morena chillara de dolor, pero enseguida, comenzó a aguantar el dolor intentando controlarlo. Se estaba volviendo muy fuerte gracias a aquellos entrenamientos sumados a su buena y diaria alimentación de primera calidad.

Los hermanos pasaron toda la tarde buscando a Alexander, que había desaparecido en mitad de su fiesta de cumpleaños. Tenían que darse prisa, pues Alaric había movilizado a la ciudad en busca de los desaparecidos.

Llegó la noche y la luna llena salió, los hermanos seguían buscando, entonces fue cuando vieron el cadáver del niño y comprendieron lo que había pasado. Decidieron deshacerse de él, pues Alaric y los demás prácticamente les pisaban los talones.

Al salir la luna, Alexander comenzó a sentir unos fuertes dolores, cayó al suelo gritando y retorciéndose de dolor, el niño sentía sus huesos romperse y sus músculos cambiar. Era un dolor inhumano. Enseguida, los colmillos le salieron, luego el bello, luego las garras…

Damon y Stefan localizaron el lugar, guiados por los gritos del muchacho. Al llegar, encontraron al niño ya completamente transformado, rugiendo y babeando ante ellos. Era un lobillo, pero sus feroces dientes hacían que lo hermanos se lo pensaran dos veces antes de acercarse

-Ve a casa y trae cuerdas untadas en veneno para lobos- tomó la iniciativa Damon- yo le alejaré de aquí dirigiéndome al oeste

Stefan, asintió y partió, Damon quedó ante él y comenzó a silbarle y tirarle piedrecitas, para que éste le prestara su atención. Una vez logró captarla, comenzó el plan.

-Ya era hora!- exclamó un jadeante Damon, había estado corriendo, por unos largos minutos, sin parar- pásame la cuerda

Alexander apareció delante de ellos y sin pensarlo, se abalanzó sobre Damon, que le esquivó y aprovechó la mala caída del lobillo para comenzar a enrollar la cuerda alrededor suyo. El niño, al sentir el tacto de la cuerda untada previamente en veneno para lobos, comenzó a aullar fuertemente, pero los hermanos no pararon de apretar hasta que éste cayó inconsciente en el suelo. A los pocos minutos, amaneció.

Damon, al ver que el niño recobraba su forma original, se dirigió apresuradamente hacia él y le deshizo de las cuerdas, constatando que el niño estaba lleno de quemaduras en la zona en la que la cuerda tocó su piel.

-Es hora que empecemos a investigar sobre este niño- exclamó Stefan apoyado en el marco de la puerta una vez llegados a casa. Damon asintió y éste fue a su habitación. Ese día había sido muy largo.

Damon permaneció sentado en la cama junto al inconsciente niño, viendo cómo se curaba inconscientemente sus propias heridas. El vampiro estaba preocupado: de una manera u otra, a lo largo de esos siete años, había aprendido a querer a ese niño como si realmente fuese suyo, aunque le criase a su particular manera

-Feliz cumpleaños, pequeño- le felicitó tras darle un cálido beso en la frente, luego se levantó y salió de la habitación con el ceño fruncido: Stefan tenía razón.

Habían transcurrido ya siete años, y Noíl ya contaba con trece. Solo le quedaba un año para convertirse, ya en el jefe del clan.

Había dedicado toda su infancia a aprender y aprender, mientras los otros niños de su tribu, pequeños o mayores jugaban, él permanecía en una tienda, con la bruja del clan informándose y enriqueciéndose de conocimientos

-Noíl, Noíl!- le llamaba la señora- me estás escuchando?

El chico le miró con tremenda seriedad, haciendo que sus profundos ojos ámbar se clavaran en los suyos-"…y la maldición hacía que nosotros fuéramos capaces de transformarnos en cualquier momento, pero al asesinar a la doble günger, los vampiros originales hicieron que eso ya no fuera posible"- repitió a la perfección el chico, luego enarcó una ceja y emitió una sonrisa victoriosa al demonstrar que controlaba perfectamente la materia- no tienes nada nuevo que contarme? Cada día me siento aquí, desde madrugada, hasta que el sol llega a su cénit, escuchándote repetir una y otra vez las cosas: divagar sobre profecías que nunca llegaron a cumplirse o sobre cómo asesinaron a nuestro guerreros, incluyendo mi padre- añadió con un tono triste- Dime vieja, porqué me torturas así?- preguntó levantándose

-Porque has de conocer y comprender las cosas del pasado, para poder manejar las del futuro

Noíl quedó mirando por unos momentos a la anciana, lo que decía era sabio y cierto, pero él era un chico muy terco y a su manera de ver las cosas, ya lo sabía todo sobre el pasado de su clan. Ahora sólo esperaba su nombramiento para poder llevar a su clan de vuelta a los bosques del norte, donde una vez su padre gobernó con sabiduría.

-No necesitaré más de tus clases- dijo saliendo de la tienda- así que vuelve a tus quehaceres manteniendo el campo de fuerza alrededor de estas montañas

-Un buen jefe no ha de ser terco ni altanero- comentó la anciana mientras veía al chico salir de la tienda.

Éste la escuchó, pero la ignoró y prosiguió su camino apretando fuertemente los dientes y los puños, pues no soportaba críticas sobre su persona.

Pasaron un par de años más, en los que los Salvatore intentaban investigar, sin éxito, sobre el niño a la vez que le entrenaban cada luna llena, para que así supiera controlarse.

-Papá!- dijo Alexander entrando sin llamar al cuarto del vampiro

-Damon- corrigió el vampiro, no le gustaba que le llamara así, aunque le gustara sentirse como tal

-Toma- le dijo extendiéndole una bolsa de sangre- tengo algo nuevo!- comentó ilusionado

-Qué es, a ver?- preguntó Damon enarcando la ceja a la vez que fruncía el ceño

-No es nada de eso- dijo el niño tras un resoplo dejando los ojos en blanco. Luego le hizo unas señas con la mano para que se agachara- mira, eh?

Damon se puso de cuclillas con curiosidad, pero también con desconfianza, la última vez que le había dicho eso, le había propinado un puñetazo sobrenaturalmente fuerte, haciendo demonstración de su fuerza, luego se había ido corriendo, riéndose del vampiro que permanecía en el suelo. Esa noche el niño había dormido en el sótano.

Alex se puso serio y frunció el ceño. Sus ojos se volvieron más intensos, emitió un gemido de dolor y luego abrió la boca orgulloso: había conseguida sacar sus colmillos conscientemente

-Chulo, verdad?- comentó el chico haciendo movimientos de asentimiento con la cabeza, orgulloso por su logro.

Damon frunció el ceño, extrañado por su capacidad- bah, eso no es nada- comentó arrojando por tierra la ilusión del niño- ya veremos si has mejorado, de verdad, esta noche- añadió agarrando su mandíbula y levantando la cara del niño que miraba hacia abajo con tristeza, desilusionado. El vampiro le guiñó el ojo y luego sonrió con complicidad

-Ya verás que sí he mejorado, te haré tragar tus propias palabras!- exclamó el niño- soy un Salvatore!- dijo poniéndose el puño solemnemente sobre su pecho con total orgullo

Damon sonrió, luego se puso en pie, cogió la bolsa de sangre y con un movimiento de mano, le hizo señas para que se fuera- vete

Llegó la noche, la luna llena salió y el niño se transformó. Le seguía doliendo, pero ya no tanto como la primera vez. Esa noche Damon y Stefan le sacaron al bosque, a ver su mejoría y si era capaz de controlarse.

Todo marchaba bien y según lo debido, hasta que el lobillo araño a Damon, Stefan le azotó con una cuerda untada en veneno para lobos y éste fuera de sí arremetió contra Stefan tirándolo al suelo y arañándolo una y otra vez. Damon cogió el trozo de cuerda y le volvió a azotar y Alex dejó a su presa para arremeter contra Damon tirándolo al suelo, colocándose encima de él. Alex comenzó a rugir furiosos y babeante, Damon permanecía quieto y temeroso, pues sabía que con tan sólo un mordisco, estaría muerto.

La bestia le miró directamente a los ojos, clavando sus intensos ojos ámbar en los azulados ojos de Damon, sin parar de rugir, pasaron unos pocos minutos así y Alex recobró su forma humana, cayendo sudoroso y muy débil sobre su padre

-Ves? Te dije que había mejorado- comentó en un susurro el chico, luego perdió la consciencia.

Damon permaneció completamente atónito, miró al cielo y la luna llena aún permanecía en lo alto, luego miró al niño que permanecía inconsciente entre sus brazos. El vampiro sabía que con la muerte de Elena, la maldición había vuelto y los hombres lobos, habían perdido su capacidad de transformarse y des transformarse en cualquier momento, entonces, cómo Alexander lo había conseguido?

-Qué ha pasado?- exclamó Stefan sorprendido, recobrando la consciencia. Damon le indicó, con el dedo en la boca, que se callara, luego con un movimiento de cabeza le indicó que mirara atrás, donde reposaba plácidamente Alexander. Stefan miró a la ventana, viendo que aún estaba la luna recorriendo el cielo, luego volvió a mirar al niño en su apariencia humana y frunció el ceño mirando a su hermano en busca de alguna explicación-Cómo…?

-He estado pensando- le dijo su hermano dándole una copa de sangre- cuando la maldición rompió, los hombres lobos podían transformarse cuando querían y cuando la volvieron a establecer, les quitó esa capacidad, qué pasa si el niño no es tan especial como creemos y en realidad no se restableció la maldición, sino que…

-Damon…-le llamó su hermano poniéndose en pie

-…sino que eso es lo que nos hicieron creer los originales?- proseguía el vampiro

-Damon…- volvió a llamarle

-Entonces tal vez ella estaría viva- dijo abriendo grandemente los ojos, mirando a su hermano con una esperanzadora mirada- entonces Elena estaría viva!

-Damon, Elena no está viva!- exclamó

-Cómo lo sabes si ni siquiera encontramos su cuerpo!

-Después de un par de meses de su muerte, fui a buscar a Bonnie con las mismas esperanzas que tú- comenzó volviendo a bajar el tono y posando su mano sobre el hombro de su hermano-me dijo que había hecho un hechizo de localización…- añadió bajando la mirada con tristeza y negó con la cabeza.

- mientes – exclamó Damon, apartando bruscamente su mano, enfurecido por echar por tierra esa mínima esperanza que empezaba a nacer en su interior. – Elena está viva. Tiene que estarlo.

- ojala – dijo Stefan con un tono serio y lleno de tristeza

Damon se quedó mirando a su hermano por unos segundos, por más que quería pensar que mentía, en el fondo sabía que ella no volvería nunca más. Con el corazón destrozado de nuevo salió en busca de algo que podría ayudarle a ahogar sus penas.

Stefan quedó solo en silencio por unos minutos, miró a Alexander y bajó al salón.

Al salir su tío de la estancia, Alexander abrió los ojos, había recobrado la consciencia y escuchado toda la conversación.-"porqué me pensaron que soy especial? Quién es esa tal Elena?"- pensó para sus adentros con el ceño fruncido.

Tras esa pequeña discusión con su hermano, Stefan no pudo evitar volver a recordar melancólicamente a su amada. Sacó ese colgante que simbolizaba su inquebrantable amor. No pudo evitar derramar una gota de lágrima al recordar el día que se lo regaló. Cogió un vaso y lo lleno de bourbon y lo bebió de golpe, y volvió a llenarlo de nuevo. Así una y otra vez, hasta perder la conciencia.

Damon se dirigía con pasos pesados e irregulares por el cementerio, había estado bebiendo y por si no era suficiente, llevaba con él una botella medio vacía.

Flashback: Anunciaron a su hermano, pero él sabía que no se presentaría. Miró hacia arriba, viendo cómo Elena bajaba las escaleras sin tener quién le esperase abajo. Tenía que hacer algo, asique se colocó en la terminación de las escaleras, donde tenía que haber estado Stefan.

Miró arriba y observó a su amada bajar. Era como una diosa del Olimpo: ataviada con un largo vestido de seda color lila, cuyo escote no dejaba indiferente, resaltando el collar que llevaba puesto. Aquel que Stefan le había regalado. Llevaba el pelo rizado, y medio recogido, dejando dos colas de su rizada melena caer a los dos lados de los hombros. Un solitario y destacado mechón caía sobre su cara.

Damon permanecía quieto, observando, plasmado, la belleza de la joven, gravando en su retina cada milimétrico detalle de su ser. Sonrió al verla llegando junto a él.

-Dónde está Stefan?- preguntó en un susurro la morena nada más llegar junto a él

-No lo sé- contestó en el mismo tono

Ambos se agarraron de la mano, y comenzaron a caminar, rodeados por los aplausos de los presentes. Caminaron hasta el jardín, donde se encontraban las demás parejas, en dos filas, chicos frente a chicas. Cada uno se colocó en su lugar.

-Qué vamos a hacer?- preguntó Elena haciendo una reverencia

-Ahora mismo tenemos que superar esto- contestó haciendo su reverencia a su vez.

Ambos volvieron a sus posiciones originales. Elena aguantaba la respiración, nerviosa por el hecho de bailar junto a él. La música comenzó y ambos levantaron sus manos. Elena su izquierda y Damon la derecha. La acercaron la una a la otra, pero no llegaron a tocarse. Comenzó al baile y daban vueltas, sin apartar uno la mirada del otro.

Llegó la parte en la que tenían que acercarse más y agarrarse, Damon pasó su mano por la espalda, medio descubierta, de la joven y ésta poso su mano en el hombro del vampiro. No apartaban la mirada. Dieron primero un paso hacia atrás, luego hacia adelante, a los lados…estaban muy cerca el uno del otro, pudiendo sentir la respiración

Damon escuchaba los agitados latidos de la muchacha, aunque no lograba adivinar exactamente cuál era la razón de su aceleración. Quería pensar que era por su presencia.

Elena ya no se preocupaba por los pasos, se dejaba llevar por Damon, cada vez estaba más nerviosa y cómoda a su lado, era contradictorio, aunque le hacía, de alguna manera feliz. No podía dejar de mirar aquellos azulados ojos que la devoraban con la mirada, deseando besarla en cualquier momento. Ella lo sabía y una parte ínfima de su ser se estremecía solo con imaginarlo.

El baile terminó y se separaron, volviendo cada uno a su posición, aunque sus miradas permanecían fijas. Elena inspiró hondamente, había pasado aquel momento de debilidad. Miró un segundo hacia abajo y le volvió a mirar nerviosa.

-Elena…Elena…- susurró Damon, cayó de rodillas ante la tumba de la muchacha. La botella resbaló de sus manos y su contenido comenzó a verterse, pero el vampiro siquiera se percató

"Tú y yo…tenemos algo"…"Damon…habla conmigo"…"No quería verte herido, vale?"…" Sí, me preocupo por ti!"…"Me gustas ahora, tal y como eres"

Recordaba fragmentos de conversación con la muchacha, entonces fue cuando, tras largos siglos, el sangriento, temible e inquebrantable Damon comenzó a llorar como un niño. Llorando por su amada.

Quedó ante la tumba hasta el amanecer. Miró el sol salir por el este, ahí, sentado y cruzado de piernas, como un niño, aun con las recientes lágrimas derramándose sobre sus mejillas. Entonces fue cuando sacó del bolsillo de su chaqueta el collar. Aquel que le había regalado cuando pensaba que moriría, lo observó sobre su mano y pasó el dorso de su mano libre sobre su mejilla, quitándose las últimas lágrimas.

Enterró superficialmente el collar junto a la tumba, se levantó y se fue. Acababa de aceptar, tras nueve años transcurridos, la muerte de Elena Gilbert.

Al llegar a casa no le apetecía nada, simplemente quería tumbarse en algún sitio y ver cómo transcurría las horas.

-Cómo estás?- preguntó Stefan bajando las escaleras mientras se ponía su chaqueta. Él tampoco se encontraba bien, había estado bebiendo toda la noche y al despertar se había encontrado con un Alexander mirándole preocupado por su estado.

Damon emitió una falsa sonrisa, luego recobró su fúnebre figura y se dejó caer sobre el sofá boca arriba, tapando sus, aun rojizos, ojos con el dorso del brazo.

Llamaron al timbre y Stefan fue a abrir la puerta, mientras Alex salía de la cocina recién desayunado. Miró a su padre tumbado en el sofá y recordó la conversación escuchada la noche anterior, el nombre Elena había traspuesto a su padre hasta ese punto. Quién era aquella muchacha que era capaz de poner en ese estado a su tío y a su padre? Desde que él tenía uso de razón, los hermanos no habían tratado a las mujeres con delicadeza alguna como para sentirse así con sólo nombrar su nombre…y confirmar su muerte.

De todas maneras, Alexander, al ver a su padre decaído, se acercó a él. Éste se incorporó en el sofá y le dedicó una falsa sonrisa. El niño vio sus rojizos ojos y dedujo lo que su padre había estado haciendo toda la noche.

Apartó de su cara un mechón de pelo y le dio un cariñoso abrazo

-Te quiero, papá- le susurró al oído antes de separarse de él. Luego le dedicó una de sus preciosas y particulares sonrisas, dejando al descubierto sus impecables dientes. Una sonrisa idéntica a la de su madre.

-…habéis roto el pacto, Stefan! No lo voy a permitir, sé que ha sido Damon y lo pagará por ello- comenzaba a gritar Alaric desconociendo que el niño escuchaba toda la conversación- quedamos en que no matarían a nadie y lo ha hecho. Eran tan solo unos niños, Stefan, encima no se ha molestado en esconderlos. Estáis advertidos, vendré a por vosotros y no pararé hasta que le haya matado con mis propias manos

-Creo que deberías tranquilizarte…- dijo Stefan intentando calmar la situación, sabía que su hermano era completamente capaz de haberlo hecho dado el estado en el que se encontraba la noche anterior, pero había un dato que no cuadraba: no deshacerse de los cadáveres? No era el estilo de su hermano- tiene que haber un error…

-No lo hay, sois los únicos vampiros en la ciudad!- le interrumpió alzando más el tono- se ha pasado de la raya y alguien tiene que pararle los pies, y está claro que no serás tú

Alexander al escuchar esas palabras de amenaza hacia la persona de su padre, comenzó a enfurecerse. Sus ojos tornaron más oscuros e intensos saliendo de ellos un destello de odio poco común en ellos. Los colmillos asomaron por su boca y comenzó a rugir en lo bajo

Damon al detectar lo que le pasaba a su hijo, le portó y subió corriendo con él a su cuarto

-Se puede saber qué te pasa! Quieres que todo el mundo descubra lo que eres?- exclamó tirándole en la cama como quien se desprende de una prenda y la tira al suelo

-Es que no le has oído?- comenzó furioso- está diciendo que te va a matar!

Damon miró con el ceño fruncido a su hijo de arriba abajo: permanecía de pies en la cama, completamente furioso, listo para atacar en defensa de su padre. No pudo evitar comenzar a reírse: mirando a ese pequeño mocoso de un metro sesenta, capaz de hacer todo lo posible por él. No esperaba esa reacción proveniente del muchacho. Alexander, al ver a su padre riéndose, comenzó a relajarse poco a poco

-Eres muy gracioso cuando te enfadas, sabes?- comentó todavía entre risas, olvidando por un segundo su tristeza

Alexander se relajó por completo y se dejó caer sobre la cama con el ceño fruncido ante la reacción de su padre. Damon se acercó y se sentó a su lado.- él no me va a hacer nada- añadió con toda confianza- solo es un viejo parlanchín- comentó haciendo una mueca graciosa y sonriendo posteriormente

Alex sonrió a su vez, feliz por volver a ver a su padre sonreír, parecía volver a estar bien. Entonces el chico volvió a la seriedad, miró al suelo dubitativo y la volvió a alzar mirando directamente a su padre

-Papa…quién es Elena?- preguntó con inocencia