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TELA DE ARAÑA Capítulo 14- Razones...
-Va a doler, pero tengo que colocar los huesos.
El giro brusco de los dedos de Raksa, levantó un trallazo de agonía que flameó por su articulación. Y aunque Draco había tratado con roturas antes, y ya lo esperaba, la hipersensibilidad causada por el veneno, hizo que necesitara morderse la lengua para no gritar.
Con movimientos de experto, el guardián manipuló las esquirlas de hueso, guiándose por lo que podía palpar bajo la piel, y su propia experiencia. Fingiendo no escuchar los sonidos de dolor que Malfoy intentaba tragarse, y haciendo todo lo posible para hacer la experiencia más llevadera.
-He acabado con la derecha.- musitó finalmente, mientras desgarraba el borde de la túnica ensangrentada de Draco, para vendar con fuerza la fractura.
Trabajaba con la serenidad de quien sabe muy bien lo que hace. El roce de sus dedos en la piel mientras terminaba de atar el improvisado vendaje, resultaba casi delicado, cuidadoso cada vez que se veía obligado a tocarle. Contactos casi inexistentes, como los de las antenas de una mariposa. Tan diferentes de los movimientos angulosos y feroces del hombre que había conocido hasta ahora, que resultaba inquietante.
Nadie podía cambiar su lenguaje corporal con tanta rapidez y naturalidad, no sin serios problemas mentales, o un entrenamiento similar al suyo.
¿Y podía Potter haber adquirido la habilidad necesaria? No lo creía.
Pero la idea de un Harry Potter inducido a la locura parecía no del todo… acertada.
Lo que le había dicho hacía unos minutos, el desequilibrio que podía ver… lo que él mismo había sentido...
Parpadeó, secando lágrimas que no había llegado a verter, observando al otro.
Por extraño que fuera, la atmósfera entre los dos se había vuelto tranquila.
Draco contempló su rostro sereno, completamente tranquilo, mientras trabajaba, soltando delicadamente su mano derecha, para tomar la izquierda.
-… Raksa.- llamó.
-¿Si?- El guardián no levantó la mirada de su inspección sobre la segunda articulación, mientras comenzaba a recolocar los huesos.
Draco apretó los dientes, hablando no solo para distraerse del dolor, sino para confirmar también sus sospechas.
- Cuando dijiste que erais tres. Tú, el humano y la araña… No mentías.
Raksa finalmente desvió las pupilas a su rostro cansado, manchado de sangre y lágrimas secas. Y se enderezó, liberando amablemente la muñeca ya colocada en la cuna de su regazo, para preparar un nuevo vendaje.
-Sí, somos tres.
Draco inclinó la cabeza, contemplando esta información, y al hombre que se la había dado, cuya mirada estaba de nuevo puesta en su cuidadoso trabajo.
-¿Cómo no te he visto antes?- Si Raksa hubiera hecho aparición en algún momento, lo sabría. Esa manera tierna de sostenerle, la forma en que se movía, la serenidad de sus ojos, eran cosas que habría recordado.
-No suelo disputar el control al humano. Normalmente sabe manejar las cosas sin necesidad de que intervenga.
-…Pero no esta vez.- No era una pregunta, y Malfoy le miraba con una calma demasiado perfecta. Raksa conocía esa quietud inmóvil, Malfoy estaba contemplando algo.
Dejó escapar el aire contenido en sus pulmones, con un suspiró.
-No, esta vez, no. Malfoy, ya sé que ahora no lo parece, pero Harry no es lo que has visto hasta ahora. – Dijo, porque el hombre rubio tenía que entender, necesitaba saber y aceptar a Harry, como Harry también necesitaba entender y aceptarlo a él. Nada funcionaria con esta división como una falla entre los dos.
La fachada de Draco se resquebrajó en el rictus de desprecio que afloró a sus labios.
-¿No lo es?–Sarcasmo, pero al menos no el odio visceral que Raksa había aprendido a reconocer en las pupilas grises.
-Sus razones son… amplias, pero es cierto que tú no mereces ser el blanco de su ira.-
-¿Y cuáles son sus razones, Raksa?-Siseó desagradablemente - ¡Porque lo que he visto hasta ahora solo me ha enseñado lo que es capaz de hacer!- Extendió los brazos, mostrando las vendas ensangrentadas en un gesto lleno de resentimiento.
Raksa sabía que no era una buena actitud con la que escuchar, pero pretender algo mejor a estas alturas era un imposible. Amablemente tomó las delgadas manos pálidas entre las suyas mucho más grandes y negras, no permitiendo que el otro le rechazara.
-Todas las personas a las que quería le dieron la espalda. ¿Sabes lo que le dijo su mejor amigo, cuando supo lo que era? Le llamó monstruo, demonio. ¿Y Dumbledore? ¿El hombre en el que confiaba más que en nadie? ¿Sabes lo que él dijo? Que había algo oscuro dentro de Harry, algo que era peligroso para otros, pero que no temiera, porque de todos modos él no tenía que sobrevivir a esta batalla.
-¿Qu...?-La sorpresa despejó la ira e hizo rodar los engranajes de su cerebro.
Draco no se había unido a la orden hasta un año más tarde, cuando Potter ya llevaba meses muerto, y nadie le había contado la historia en detalle. El héroe de la luz había caído en combate, y las personas que había habido allí para verlo; sus seres queridos, Dumbledore, Hermione… no hablaban de ello.
…miradas esquivas, silencios, omisiones… que de repente adquirían un cariz herrumbroso de sangre seca.
Había creído que la reluctancia a hablar de ello se debía al dolor de la pérdida, ahora veía un patrón mucho más macabro.
Raksa no mentía, podía verlo en su postura, en sus ojos. Hace falta un mentiroso para reconocer a otro, y este hombre no lo era.
-Le dieron la espalda porque era un viuda-Un susurro, una respuesta en si mismo.
-¿A una criatura que come carne humana? ¿Qué no es un mago? ¿Qué es tan peligrosa? Sí, Malfoy, le dieron la espalda. Tú que has vivido como sangre pura, ya conoces lo que los magos han hecho con los seres mágicos. Su racismo, su aversión, su trato. Las muertes, exterminios, experimentos…
Draco tragó saliva, como única reacción a lo que empezaba a ver.
-¿Todos ellos?
Los ojos de Raksa se endurecieron, las aguas pantanosas tornándose de un verde corrosivo.
-Nadie levantó un dedo cuando Dumbledore dijo que Harry debía morir. Nadie, Malfoy, nadie.- Las palabras supuraban.
Draco apretó la mano de Raksa en la suya, como una manera de reconfortar a alguien. No sabía si a Raksa o así mismo. Si habían abandonado a Potter, ¿que no le habrían hecho a él de saber lo que era? Draco era maestro de pociones, había visto despiezar a criaturas vivas, a seres tan sintientes e inteligentes como él, había trabajado con sus órganos y huesos. Pero nunca le había importado porque no eran humanos, no eran como él…
El odio de Potter, su resentimiento visceral, la violencia… de repente podía fácilmente ver de donde habían venido. Comprender cómo un joven que él recordaba imbuido de un sentido de la justicia inquebrantable, valiente y casi loco en sus heroicidades, había podido metamorfosear en alguien capaz de las cosas que le había hecho.
-Pero no murió.- musitó.
-No, no murió. Decidió que si iba a luchar en una guerra, lo haría por quienes realmente le necesitaban… las criaturas mágicas que estaban siendo masacradas.
La repentina claridad que inundó sus pensamientos hizo que cerrara los ojos. Ahora entendía, no podía perdonar a Potter por lo que le había hecho, pero… necesitaban hablar, porque sentía que todo esto, esta relación viscosa y helada que había entre los dos, era como una herida infecta. Necesita ser abierta y limpiada para que pudiera empezar a cicatrizar. O acabarían matándose.
Y quizás, la decisión también tenía algo que ver, con la presencia de su propia araña al fondo de su mente.
Se deslizó del regazo de Raksa, para sentarse en el suelo frente a él.
-Llama a Potter, tenemos que hablar.
Continuará.
