Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de nccm, yo solo la comparto con todas ustedes.


Nunca Te Amaré

Capítulo 14. Sorpresa.

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Solo un mes hace falta para transformar una herida abierta e infectada en una herida limpia y con ganas de sanar. Precisamente así estaba la herida de mi cuerpo sanando con cada día que pasaba junto a Isabella. Ella era realmente especial, la veía todo el día activa de un lado al otro llevando un millón de cosas a la vez y bueno eso me tenía a mí también entusiasmado sobre todo cuando por fin salí del área de operaciones del periódico, conocí la forma de trabajar y las diferencias que tenían con respecto al periódico de mi padre. Mi área de trabajo estaba ahora en periodismo como tal, trabajaba con la Señora Cope viendo como se ejecutaba la programación del periódico, como repartían las historias y asignaban a los columnistas a sus diferentes trabajos. Esta área era un poco más emocionante que la que había llevado anteriormente y podía decir que hasta me estaba gustando a pesar que solo llevaba unos días por acá. Supe por el propio Sr. Newton que mi suegro había pedido un informe de mi comportamiento y desarrollo en el área que el manejaba, me molestaba a horrores que mi padre utilizara todas sus artimañas para averiguar siendo tan fácil pararse y preguntarme, pero no el jamás se humillaría así. Mi madre en cambio me había llamado varias veces para darme ánimos y felicitarme porque de alguna manera se había enterado que yo estaba asumiendo mi papel.

Llevaba varios días con algo dándome vueltas en la cabeza, las palabras que una vez me dijo mi esposa me centellaban como relámpagos y cada vez más seguido. Tenía que buscar la manera de que mis gustos se vieran reflejados en el trabajo y de tanto pensar se me había ocurrido una idea bastante atractiva para mí pero que sabía que si la presentaba mi padre y mi suegro serían capaces de reírse de mí delante de todos por eso tenía que hacer un desarrollo de mi proyecto de manera de convencerlos que es buena idea y de alguna manera callarle la boca a los dos. Tampoco quise decírselo a Isabella porque pensaba que quizás podría sorprenderla cuando todo estuviese listo. El orgullo puede hacer que renaciera las ganas dentro de mí por eso necesitaba que todos me vieran y reconocieran que había cambiado. Si esa era la palabra cambio, muchos decían que lo yo necesitaba era madurar para darme cuenta de las cosas pero no yo siempre fui conciente de lo que hacía porque era la manera de revelarme ante todo lo que me presionaba sobre todo mi padre y el dolor de haberme dejado engañar como un idiota. Pero las razones para cambiar en eso yo si debía admitir que mi padre tuvo algo de razón, Isabella era una motivación muy grande para salir del atolladero donde estaba metido por gusto y ella llevaba tal impulso en la vida que me arrastraba con ella, no me dejaba ni extrañar mi vieja vida ni mucho menos aburrirme.

Algunos días se me ocurría seguirle el paso a Isabella y terminaba destruido en casa pero con una buena recompensa por mi buen comportamiento, creo que ahora me ofrecía voluntariamente para después recibir mi pago. A veces me aburría a montones cuando la acompañaba a preparar las cosas para la fiesta del bebé de nuestros amigos pero también me servía de excusa para estar con ella porque aunque cada vez parezca más un adolescente me costaba mucho separarme de ella. Las oportunidades en que ella se reunía con Alice aprovechaba para salir con Jasper a tomar algo por allí y fue cuando nos dimos cuenta de que tan absurdas se habían vuelto nuestras conversaciones. Ese día salimos a un pequeño bar tipo inglés que había cercano a su casa, era bastante oscuro pero la música era baja y se podía hablar bien, a parte la cerveza era de las buenas de sifón.

— ¿Estas nervioso? A penas queda un mes para que seas papá — Le pregunté a Jasper que se bebió su primera cerveza de un tirón.

— Si te dijera que no he tenido tiempo de ponerme nervioso ¿Me creerías? — Me dijo mientras pedía otra ronda para los dos y yo reía imaginándome las razones.

— Alice me lleva como en un maratón, pasó la mitad del día complaciéndola en todo y la otra mitad complaciendo al bebé.

— Lo supuse porque a pesar que el bebé es de ustedes, Isabella me lleva por las mismas con los preparativos de la fiesta.

— Ni me hables — Alzó sus brazos estirándose dando una muestrea de cansancio.

— Alice se la pasa todo el día hablando por teléfono con su madre y Bella asegurándose que todo estará bien o llamándome para dejarme una nueva instrucción de compra para el bebé, todas las noches llegó exhausto y cuando por fin me voy a dormir me hace un recuento del día y pobre de mí que no la escuche — Me reí compadeciéndolo.

— Es difícil y creo que te entiendo — Volví a reír — ¿Sabes cuanto he aprendido sobre fiestas para bebé? El color verde es el nuevo azul de los niños y el morado para las niñas — Jasper me vio extrañado y sonrió.

— Quien me diría que terminaría hablando contigo de esto sin que te burlaras y por el contrario me comprendieras — Volvió a reír — Yo que pensé que venir contigo me daría un refuerzo de testosterona y resulta que salgo con más estrógeno en las venas.

— Por lo menos las fiesta es en unos días se le bajara la emoción — eso no me lo creía ni yo mismo pero decidí darle apoyo.

— Edward serás tú el liberado pero la emoción de Alice por el bebé solo le pasará un poco cuando se embarace de otro — Era verdad su esposa era demasiado efusiva y cuando se empeñaba en algo hasta que no hubiese algo superior en emoción no lo cambiaba.

— Tampoco ha sido tan malo — Jasper me miró más extrañado aún — Es en serio, después que paso todo el día ayudando a Isabella me recompensa al llegar a casa — Me reí recordando como había cambiado su ropa interior de algodón por encajes — Nos reímos un poco.

— Por lo menos tienes ese consuelo según los planes de Alice volveremos a probar después de cuarenta días que nazca el bebé ¿Sabes lo que significa? — Me deje de tonterías y me burle un poco de él — Deja de burlarte, no es nada agradable que hasta un anunció de desodorante femenino me encienda y Alice no me deja estar más de dos minutos encerrado en el baño.

— ¿Por qué?

— Dice que la abstinencia del sexo es por parte de los dos y que ella no puede ser la única en sufrir, aunque dudo mucho que este pasando por lo mismo que yo.

— Conociendo a Alice solo puedo decirte que te resignes porque no te va a dar opciones — Yo que pensaba que Isabella era terrible pues estaba equivocado los días en que le vino su menstruación me complació de otra manera a pesar que yo le insistí que no era necesario pero después de sus caricias me dejé llevar. El pobre de Jasper siguió desahogándose un rato más y fue allí donde nos dimos cuenta que ya no hablábamos de deportes, ni historia sino de nuestras esposas y sus cosas.

De verdad, estos días me habían servido para darme cuenta que Isabella era más que una chica normal, siempre tenía un recurso bajo su manga para solucionar un problema. Nos divertíamos mucho juntos en todas las maneras, cuando hablábamos, cuando salíamos o cuando hacíamos el amor. Tratábamos pro sobre todas las cosas ser sinceros el uno con el otro y eso podía ser bueno y malo a la vez. Lo bueno era que nos conocíamos cada vez mejor y descubría que podía volver a recuperar mi confianza en la vida, en que podríamos ser felices o al menos eso deseaba con ansias.

Por otro lado estaba lo malo, teniendo ella la confianza en mí tuve que aguantarme que siguiera viéndose o hablando con Emmet ya que seguían siendo amigos pero me disgustaba, siendo hombre no confiaba demasiado en él. Se vieron como tres veces en un parque cercano a las oficinas y lo único que me ayudaba a no volverme loco en esos encuentros era que Isabella me pedía que la llevara o la buscara. No podía negarme para nada a ello porque eso sería decirle que desconfiaba de ella también y entonces nuestros planes se iban a la mierda pero cuando lo veía tenía que contenerme para no darle unos buenos golpes entonces respiraba y lo saludaba tragándome todo. Entendía que fueran amigos desde siempre pero no porque tenían que verse tanto y en eso si sospechaba que Isabella me ocultaba algo aunque siempre me aseguraba que él no sentía absolutamente nada más allá de la amistad por ella y lo aceptaba por nuestro bien. En algunas ocasiones pensé en preguntarle de frente que quería con mi esposa pero entonces me pregunté si sería capaz de decirle todo a Isabella y arruinar las cosas entre nosotros, poniéndolo a él en ventaja.

Otra cosa que me ponía de muy pocos ánimos era tener que asistir a las cenas familiares, definitivamente querer a su hija no era motivo suficiente para soportar a su padre. Viejo sin vergüenza y descarado, me trataba como si fuera de verdad mi suegro y me quisiera, ya quisiera ver yo si siendo una persona sin dinero tendría las mismas consideraciones conmigo. Su madre era otra cosa, no me caía mal pero tampoco voy a decir que la quería simplemente era alguien agradable que evitaba a toda costa las peleas y trataba de complacernos durante las visitas a su casa. Mi madre y ella si se la llevaban bien e Isabella se les había unido en alguna oportunidad para salir juntas a pasear o no se que otra cosa, por alguna razón saber que mi madre y mi esposa se la llevaban bien me agradaba, aunque mi madre sin que me quede dudas lograba conquistar a todos con su sonrisa y su carácter lleno de amor.

Con tanto ajetreo y diferentes cosas no recordé hasta el viernes por la tarde que justamente el día siguiente Isabella y yo cumplíamos un mes de estar casados. Tenía la impresión que ella no se acordaba de eso pues la fecha no había sido para nada el mejor de sus días ni tampoco para mí pero la vida puede ser bastante traicionera y juguetona haciéndome que hoy un mes después me sintiera feliz de haberme dejado empujar por aquella propuesta loca de mi padre. Cuando desperté venía entrando Isabella con una bandeja llena de comida y una sonrisa en su boca.

— Buenos días — dije preparándome para mi juego.

— Buenos días — respondió algo apenada, estaba seguro ahora que ella también se acordaba pero le haría creer que yo no.

— ¿Y esto? ¿Qué intensión habrá detrás? — Me hice el total desentendido — ¡Ah ya sé! seguro me toca otra salida por la fiesta de Alice y me tocó la recompensa antes — Su cara fue poniéndose de mal humor.

— No, simplemente preparé el desayuno y como seguías durmiendo lo traje a la cama para despertarte — Estaba algo seria y con un poco de reclamo,

— Gracias, fue una buena idea — Hablé mientras mordía una tostada con mermelada.

— Sí, solo una idea — Empezó a comer en silencio con un poco de tristeza en su voz. Quizás para algunos era cruel pero era mi sorpresa y hasta le pedí a Alice que no la molestara el día de hoy pero tuve que contarle mis planes o me prometió llamarla por una emergencia de última hora.

Cuando terminamos se paró con la bandeja para lavar los platos y limpiar la cocina. Mientras ella estaba en esas llamé para confirmar todo lo que había preparado y cuando la chica enumeró todas mis peticiones pensé en que me había excedido un poco solo por un mes pero no me importó. Alquilé un yate para llevarnos a pasear durante la noche, con una cena preparada por un chef profesional y mandé a colocar el camarote lleno de flores para pasar la noche juntos, recordando los momentos de nuestra luna de miel. Revisé mi chaqueta y revisé que estuviera bien la cadena que había comprado con un dije que llevaba su nombre. Las tarjetas de crédito habían sufrido un cruel golpe con todos estos gastos pero valía la pena por verle la cara cuando viera la sorpresa que guardaba para ella y sin que sospechase nada.

El resto del día se lo pasó de un mal humor que no era normal, limpió la casa y lavó la ropa quejándose que era incapaz de ayudarla pero le decía que el partido de fútbol estaba muy interesante. Por dentro me reía de cómo hablaba sola — claro el señor viendo la tele y su esclava limpiando, es que al final todos son así, podrías ser más desordenado Edward Cullen, lo de compartir no es solo para salir y hablar también es de responsabilidades, pero claro el juego es una gran actividad — Así pasó toda la tarde pero quería que se enojase bastante para que luego apreciase la sorpresa. Al terminar se fue a acostar un rato refunfuñando más tonterías — si tienes hambre, ve que comes de la nevera porque no pienso cocinar nada estoy cansada porque no me ayudaste en nada — Eran las cuatro de la tarde, el momento justo para tratar de pedirle perdón e invitarla a cenar para compensarla, sin saberlo ella había puesto de mi lado para ayudarme en su regalo. Me fui hasta la cama y me tendí a su lado.

— Que flojera tengo, estoy de un cansado — Dije bostezando para sacarla de sus casillas.

— Me supongo, ver el juego y beber cerveza debe ser agotador — Su cara estaba en sentido contrario al mío pero aún así imagine su gestos, ya la conocía algo para saber que su boca estaría fruncida.

— Por medio limpiar la casa no creo que estés tan cansada — Eso si la pondría furiosa. Se volteó de un brinco señalándome con la mano.

— Ni se te ocurra volver a decir eso — La humedad apoderó de sus ojos y no quería verla llorar así que pediría perdón.

— No, por favor, no llores — Dije limpiando sus mejillas — Isabella, perdón, no sabía que era tan agotador limpiar la casa.

— Claro nunca lo haces — Sollozaba un poco.

— Por favor perdóname, prometo limpiar solo la semana que viene mientras tu ves las series que te gustan.

— En serio.

— Claro, ¿Me perdonas? — Puse los pucheros de Alice.

— Sí, pero también tienes que lavar la ropa y plancharla.

— Te estas aprovechando, tu no planchas ropa — Una tímida sonrisa apareció en su rostro. Siempre mandábamos la ropa a planchar porque ella lo odiaba y a pesar que no quería yo accedí a pagar todo con tal de no verla pelear con la mesa de planchar.

— Tenía que intentarlo.

— ¿Qué tal si para que me perdones vamos a cenar por allí?

— Edward no tengo ganas de salir, de verdad estoy cansada.

— Anda, tengo hambre y quiero ver que tan bonita te puedes poner para mí, además puedes estrenarte de esa ropa interior que usaste el otro día.

— ¿Te gustó mucho?

— Sí, en serio vístete hermosa para mí y salimos por allí — Estaba poniendo todas mis armas de convencimiento, ella quería quedarse pero al final accedió.

No sospechaba ni un poco que sabía la verdadera razón de su mal humor. Después que yo me arreglé me sacó del cuarto para que no viera lo iba a usar así que me senté a ver las noticias mientras ella terminaba de vestirse.

Era la primera vez que preparaba una sorpresa para alguien, una sorpresa de verdad, algo para hacerla feliz. Si había utilizado tácticas para seducir a alguien pero con la clara intensión de una noche de sexo desenfrenado no para halagarla o complacerla. Me imaginaba su cara cuando viera lo que había preparado y bueno eso no quitaba las ganas que tenía de hacerla mía esta noche, era un incentivo mayor porque teníamos unos días de sequía gracias a su visita mensual y no es que no disfrutaba de sus caricias pero nada se comparaba a adentrarme en ella y sentir la calidez de su humedad sobre mi piel. Recordando las cosas me iban creciendo las ganas pero me concentré porque todavía nos quedaba camino para llegar y unas horas para celebrar antes de tenerla de nuevo en mis brazos.

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Amanecí llena de energías, es que tenía un motivo, para algunos tonto pero para mí único y especial. Un mes, un mes de casada y ahora tonta enamorada de un hombre que llegué a pensar sería la peor de mis pesadillas, por el contrario Edward es una persona llena de virtudes que ni el mejor adivino hubiese logrado adivinar desde el punto de vista que yo tenía de él. No tenía ni la más mínima noción si para él significaba algo como para mí. Me paré de la cama con pesar, me había levantado algo más temprano que de costumbre. Preparé el desayuno y lo coloqué en una bandeja, puse suficiente para los dos, lo llevé al cuarto para sorprenderlo quizás si se acordaba de la fecha sabía las razones por las que estaba haciendo todo esto, pero solo si se acordaba y hasta ahora no había dado ninguna señal. Al entrar al cuarto estaba despertando, era irónico como una persona que acaba de despertar puede verse tan irresistiblemente guapo, me provocó soltar la bandeja y correr hacía para besarlo, abrazarlo, tocarlo, amarlo, suspiré y continué el camino hasta él.

— Buenos días.

— Buenos días — Su cara era de confusión, veía todo algo extrañado, definitivo no recordaba nada.

— ¿Y esto? ¿Qué intensión habrá detrás? Ah ya sé, seguro me toca otra salida por la fiesta de Alice y me tocó la recompensa antes — Pensaba que trataba de manipularlo para que me acompañara. Que enojo que después de haber hecho tanto que no supiera porque era todo esto y mas tonta yo por pensar que se acordaría.

— No, simplemente preparé el desayuno y como seguías durmiendo lo traje a la cama para despertarte — Dije con recelo.

— Gracias, fue una buena idea — Empezó a comer. Ahora me provocaba tirar la bandeja por la impotencia de haber pensado que era algo de lo que él se recordaría pero debía controlarme y no mostrar mis razones.

— Sí, solo una idea — Me comí mi parte con desgano y desilusión.

Recogí todas las cosas del desayuno y aproveche para organizar un poco la casa ocupando mi mente porque hasta la vida se confabulaba en mi contra. Durante todos estos días Alice se había ocupado de acaparar para ella mis ratos libres pero justo hoy me liberó para que descansara antes de la fiesta y no tenía nada que hacer. Me puse a limpiar la casa puesto que no teníamos nadie que se ocupara de esa labor, lavé la ropa y organicé para llevarla a planchar, odiaba esa parte de las labores del hogar, podría pasar todo el día fregando pisos y baldosas pero no planchando. Mientras yo hacía el trabajo Edward se tumbo muy cómodo en el sofá y eso me estaba poniendo de muy mal humor, no solo se había olvidado de este día sino que me veía siendo su esclava y no se preocupaba ni un poco en ayudarme. Iba peleando sola pasando a su lado a ver si se animaba a ayudarme pero nada. Cuando terminé me fui a acostar para descansar un rato antes de arreglarme y salir por allí sola a despejarme un poco pero antes de entrar al cuarto le deje claro que estaba enojada diciéndole que resolviera como alimentarse si tenía hambre. Escuché que se apagó el televisor y me volteé rápidamente dejando mi rostro viendo al lado contrario de su lado de la cama, a poco tiempo lo sentí echándose a mi lado

— Que flojera tengo, estoy de un cansado — Ahora si lo que hacia con sus manos lo deshacía con sus pies, como podía portarse como un troglodita de la época de la opresión femenina.

— Me supongo, ver el juego y beber cerveza debe ser agotador — Respondí furiosa.

— Por medio limpiar la casa no creo que estés tan cansada — Medio limpiar, con todo el desorden que dejaba en la casa pensaba que era medio limpiar, ahora si me va a escuchar, me volteé con decisión de decirle unas cuantas cosas e irme de allí sin bañarme ni nada.

— Ni se te ocurra volver a decir eso — Pero como siempre la impotencia se me salía por los ojos traicioneros y vendidos que se humedecieron.

— No, por favor, no llores — Acarició mi rostro con dulzura — Isabella, perdón, no sabía que era tan agotador limpiar la casa.

— Claro nunca lo haces — parecía una niña pequeña regañada y llorando.

— Por favor perdóname, prometo limpiar solo la semana que viene mientras tu ves las series que te gustan.

— ¿En serio? — Dije de golpe, de verdad pensaba hacer algo así para contentarme, sonreí de alegría pero sorprendida por su gesto. Volvía a rehacer todo con sus manos arreglando lo de sus pies.

— Claro, ¿Me perdonas? — Hizo un gesto medio raro e infantil pero que me desarmó.

— Sí, pero también tienes que lavar la ropa y plancharla.

— Te estas aprovechando, tu no planchas ropa — Volví a reír porque me había agarrado haciendo trampas para verlo planchar.

— Tenía que intentarlo.

— ¿Qué tal si para que me perdones vamos a cenar por allí? — Salir no, eso implicaba bañarse, arreglarse, maquillarse y yo no podía caminar del cansancio.

— Edward no tengo ganas de salir, de verdad estoy cansada.

— Anda, tengo hambre y quiero ver que tan bonita te puedes poner para mí, además puedes estrenarte de esa ropa interior que usaste el otro día— Bueno eso cambia el panorama, ropa interior nueva igual a noche de amor nueva.

— ¿Te gustó mucho?

— Sí, en serio vístete hermosa para mí y salimos por allí — Ahora si deshecha y quebrada en pedazos. ¿Cómo se puede competir contra algún deseo de Edward? Imposible, era capaz de convencerme de salir con una nariz de payaso si me lo pidiera. Cuando me pidió que me pusiera hermosa para él comprendí que solo él podía decir algo así y sonar tan sexy que revoluciona mi organismo haciendo despejar a mi cuerpo del enojo y darle paso a la felicidad. ¿Es un cumplido o una orden machista que un hombre pida algo así? Todo depende del contexto, definitivamente para mi se había convertido en un cumplido y de los buenos, de esos que te hacen sonreír cuando los recuerdas sola y que te motivan para querer volver a escucharlo.

Dejé que Edward se arreglara dentro del dormitorio mientras yo arreglaba un poco mis uñas destruidas por las labores de la casa y limpie mi cara antes de meterme a la ducha. Cuando terminó de arreglarse decidí darle una sorpresa, le pedí que saliera antes de ponerme a buscar que vestir esta noche. No se acordaba de la fecha que seguía dando vueltas en mi cabeza pero de igual manera me había invitado a salir y de alguna forma contaba, tal vez si me llenaba de valor al finalizar la cena o la salida, con él nunca se sabe, podía ser capaz de recordar como de modo casual que hoy teníamos exactamente un mes de estar juntos, de maneras poco convencionales pero juntos.

Abrí la puerta de mi armario y empecé a revisar los vestidos que tenía colgados, habían muchos lindos pero muy clásicos, deseaba ponerme algo alegre y colorido, un vestido que demostrara que había vuelto mi vida de matices diferentes a los que soñaba así que repasé mentalmente la bolsa que había traído de casa unas tardes atrás con vestidos para la fiesta de Alice. Eran a penas cuatro vestidos pero se asemejaban más a lo que buscaba, tomé la bolsa y los vacié sobre la cama para verlos, es mejor que recordarlos. Me decidí por un azul turquesa solo se aguantaba por unas pequeñas tiras, pegado en el torso hasta la cintura y a partir de allí caía libremente hasta mis rodillas. Tomé una braga de color verde, no tomé un sujetador porque no hacia falta. Me arreglé con mucho espero para tratar de sorprenderlo con todas las letras. Al estar lista salí del cuarto sin hacer mucho ruido porque lo miré concentrado en la televisión, me paré a un lado del sofá pero nada así que me decidí a carraspear para que voltease a verme. Así lo hizo, volteó me vio y se giró de nuevo al televisor, creí morir porque no me le había impresionado pero en pocos segundos volvió a mirar con los ojos abiertos de par en par. Me detalló cada parte de mi cuerpo con el control remoto del televisor danzando en sus manos hasta que finalmente reaccionó y la apagó para acercarse a mí.

Si yo pensaba que había quedado bonita pues él parecía de un anuncio publicitario que ponen en las autopistas para desviar todas las miradas. Al estar frente a mí me besó en las mejillas y se acercó a mi oreja con su aliento frío por la menta del enjuague bucal, todos mis vellos se erizaron

— Estas más que hermosa — Me tomó de la mano para guiarme hasta la salida.

Nos montamos en su coche y al poner el carro en marcha como estábamos acostumbrados nos tomábamos de las manos. Fui reconociendo el recorrido que llevábamos, salíamos de la ciudad hacia la zona del puerto de la ciudad que quedaba un poco alejada, habían unos restaurantes muy hermosos a la orilla del mar pero muy lejos para mi gusto. Durante todo el camino íbamos viendo como poco a poco llegaba el crepúsculo aunque todavía no acababa de caer la noche. Traté de quejarme pero Edward me dijo que ya había reservado, que solo llegaríamos a comer porque había pedido la comida por adelantada. Llegamos a los malecones de los restaurantes pero los pasamos de largo.

— Edward, te pasaste los restaurantes — Me miró de refilón y sonrió.

— ¿Quién dijo que íbamos a un restaurante? — Tomó mi mano y la acercó a su boca besándola justo en el dedo donde llevaba mis anillos de compromiso y boda. Por un momento pensé que se había acordado pero recordé todo lo de la tarde y lo descarté.

— Tú me dijiste — Me quedé pensando y nada, Edward nunca había dicho donde íbamos a comer. Estacionó el coche justo al lado de la marina.

— Llegamos — Se bajó del coche, se acercó a mí para abrirme la puerta y tendió su mano para ayudarme. Soplaba mucha brisa y el chal casi no ayudaba por lo que me abrazó y beso suavemente. Estaba en estado de desconcierto porque no sabía que pretendía.

— ¿Dónde estamos? — Traté de preguntar pero no respondió a mi pregunta.

— Espera un poco, no seas curiosa — Seguimos caminando por los muelles, sospechaba lo que era pero como lo había hecho en media hora que tarde vistiéndome o ¿quizás? No puede ser, si fuera eso, si se acordara… de nuevo deje esa idea a un lado, era imposible.

Paramos frente a un hermoso yate, no podía creer lo que veía, mis manos empezaron a sudar. Justo al abordar había un flautista que al vernos empezó a tocar una hermosa melodía mientras Edward tendía su mano para ayudarme a subir pero mis piernas no respondían, seguí observando todo habían muchas flores y una mesa muy bien decorada con un hielera donde reposaba un botella, sobre las mesas dos copas. Mis ojos se llenaron de lágrimas ¿Acaso era posible que Edward se hubiese acordado? Sus ojos brillaban de una manera que nunca había visto, su cara demostraba una felicidad muy pura. Todas las cosas daban vueltas en mi cabeza, el yate, como no me di cuenta antes, hace un mes, él, yo, Grecia. Al entender o por lo menos empezar a sospechar de que se trataba todo esto me ahogue por la falta de aire en mi cuerpo, la impresión me había dejado sin respiración. Su voz interrumpió mis pensamientos y mis ensoñaciones.

— Isabella, pasamos a celebrar nuestro primer mes juntos — Mi sonrisa se entrecortó en un sollozo de solo éxtasis, la felicidad me tocaba en cada poro de mi cuerpo. No podía hablar aún así que dejé que mi cabeza asintiera y con las piernas aún temblando de emoción recorrí el pequeño espacio que nos separaba, las melodías llenaban el ambiente y me aferré a su cuerpo abrazándolo con todo el amor que sentía por él.

Sus brazos rodearon mi cuerpo dándole la firmeza que había perdido por la impresión, no podía asimilar todo lo que el había preparado para mí, era demasiado hermoso. Colocó sus manos en mi cintura y me guió hasta dentro del yate por la delgada pasarela de madera. La música seguía sonando tras nosotros desde algún lugar pues ya no veía al flautista por ningún lado. Edward tomó la botella y sacó el corcho dejando salir un poco de la espuma del champaña antes de servir un poco en las dos copas que estaban sobre la mesa, luego las tomó y me pasó una de ellas, mis manos temblaban tratando de tomarla. Por todo esto era que estaba clara que de verdad lo amaba con todas mis fuerzas, también estaba todo lo que sentía por su tacto sobre mi piel, cada caricia despertando mis sentidos dormidos, lo amaba y estaba decidida a hablar.

— Isabella — Me miró fijamente a los ojos.

— Edward — No sabía que decir más que su nombre, así que si me hubiese preguntado por mi salud o por el clima hubiese dicho exactamente lo mismo "Edward".

— Por ti, por mi — Inclinó su copa hasta la mía que seguía en mi mano inmóvil — No piensas decir nada — Dijo después de probar su copa mientras yo solo mojé mis labios, tenía un nudo de emociones en la garganta.

— Yo — respiré y ahora sí de un solo impulso todo el contenido de la copa a mi estomago — Es hermoso — Parecía que tenía una deficiencia mental no lograba articular más de una palabra por vez.

— Me alegro que te guste, es solo para ti — Me quito la copa vacía de las manos y se acercó a mí — ¿Quieres bailar, comer, champaña? — Ahora se veía un poco nervioso, era tan extraño verlo cuando se ponía así.

— Comer — Como se me ocurre decir comer cuando lo quería era a él. Me dedicó una tierna sonrisa y entró un momento al yate. Salió acompañado de un joven vestido de mesonero que nos indicó que nos sentáramos mientras traía la comida. Edward me ayudó con mi silla y unas de sus manos me tocó estaba sudando tanto o más que yo. Se sentó frente a mí.

— Tuve que pedir el menú con antelación, espero que no te importe.

— No — moví la cabeza nerviosa. Acaso importaba la comida, si me ponían un perro caliente para mi sería un manjar después de todo esto.

Apareció de nuevo el mesonero con unas ensaladas. Edward me explicó que había pedido algo ligero porque el yate iba a navegar con nosotros en un rato y no quería que me mareara o tuviera nauseas después de una comida pesada. Recordamos mis últimos incidentes y las cosas empezaron a relajarse un poco, pudimos conversar sin tantos nervios pero al terminar la comida otra vez me puse nerviosa, sin saber por qué. El mesonero recogió las cosas y sentimos como se encendían los motores. Se bajaron el flautista y el mesonero deseándonos una bonita velada pero como siempre mi mente empezaba a maquinar otros planes. El marinero quitó los amarres de la embarcación y la rampa para subir él. Antes de poner a navegar el barco nos dijo daríamos vueltas cerca de la bahía para regresar cercano a la media noche, solo estábamos los tres. Edward se sentó en una de los sillones y me llamó para que me sentara en sus piernas.

— ¿De verdad te gustó tu sorpresa? — Me preguntó dando un beso mientras veía como se alejaba la marina frente a mis ojos.

— La verdad es que creo que faltó algo — decidí ponerme un poco chistosa y jugar un poco para romper el hielo y ser nosotros, los de siempre.

— ¿Qué? — preguntó confiado que había prestado atención a cada detalle y así había sido solo jugaba con él.

— Giorgio — dije en un susurro pero lo suficiente para que me oyera. Traté de ponerme seria pero las comisuras de mis labios me delataban.

— Muy chistosa estas — dijo riéndose y haciéndome algo de cosquillas.

— No Edward, por favor no empieces.

— Esto es para que te rías con ganas — Me decía pero ya soltaba sus manos de mi cintura.

— Era una broma — Dije mientras las risas se apagaban. Edward me miró y con sus manos tomo mi rostro dándome un suave beso que se fue intensificando a medida que nuestros cuerpos se acoplaban más al otro — Edward bajemos la intensidad estamos en publico — Le dije en un jadeo.

— Aquí no hay nadie solo tu y yo — Dijo besando mi cuello mientras me sentaba dejando mi espalda recostada en su pecho, sus manos se iban perdiendo bajo la tela de mi vestido y subiendo por mis piernas.

— Edward-

— Shhh — silenció mis palabras con sus besos. Mientras sus manos ahora iban bajando por mis piernas trayendo con ellas mis bragas. En vez de resistirme alce mis piernas para que las sacara y las guardo en su bolsillo volviendo a subir las manos y aplicó un poco de fuerza para abrir mis piernas y dejar llegar sus manos hasta mi intimidad. Sus dedos largos acariciaban, presionaban, tomaban todo de mí. Solo Edward era capaz de hacerme olvidar mis costumbres, mis maneras, todo. me dejé llevar y fui escondiendo mis gemidos en sus labios hasta que sentí como el calor se iba a apoderando de todo y mi cuerpo sentía los espasmos de sus roces dentro de mí. Le quité la mano antes de explotar totalmente, me volteé para desajustar su pantalón y bajar su cremallera, agradecía que no llevase cinturón. Metí mis manos bajo sus boxers sacando su miembro para luego sentarme sobre él introduciendo su sexo dentro del mío, lo necesitaba ya dentro de mí. Empecé a moverme arriba y debajo de tal manera que su miembro excitado fuera rozando mis paredes y haciendo mas intenso el encuentro. Nos besábamos con locura, como si fuera la última vez que lo haríamos. De nuevos los calores se iba apoderando de mi cuerpo y el suyo. Noté como volvía a meter las manos bajo mis vestidos para aferrarse a mis nalgas y acelerar el ritmo de mis movimientos, mi cuerpo se desesperó temblado de placer para caer vencida sobre él.

— Te quiero Edward — Mi respiración agitada apenas me dejaba hablar, ahora estaba sentada sobre él como si fuese una niña acurrucada.

— Yo también te quiero Isabella — Acariciaba mi espalda y mis brazos suavemente.

Nos quedamos un largo rato así abrazados, dándonos pequeños y largos besos. Estaba decidida a contarle todo lo que sentía por él, me había dado demasiadas demostraciones de cariño, tenía que sentir por mí lo mismo que yo por él. Me puse a pensar tantas maneras de decirlo, de explicarle, de contarle lo que se acumulaba en mi pecho como una bomba de tiempo que cualquier momento estallaría y podría gritarlo. No solo a él, sería capaz de gritarle al mundo entero cuando sentía por Edward Cullen en este preciso momento, ser el motivo de cualquier habladuría de aquel que conociese mi antigua repulsión hacia su persona y enfrentarme a todo, solo si supiera que sentía lo mismo por mí. Quizás volver a decirle que lo quería en este momento no estaba mal, unos cuarenta minutos habían pasado desde la última vez que se lo dije y era la forma que mi cabeza había ideado para empezar. Pasé mis manos por su rostro, fui acariciando toda la parte de su cuerpo que estaba a mi disposición desde esa posición y lo mire directo a los ojos por unos segundos.

— Edward, tengo que decir que todo ha sido hermoso — Sonrió satisfecho y me beso en la frente volviendo a encontrar nuestras miradas — Te quiero mucho, mucho — Eso ya no era suficiente para mí deseaba decirle tantas cosas más.

— Isabella, te quiero, eres hermosa, eres tú.

— Edward ¿no te cuentas? ¿no lo ves? — Me temblaban las palabras en el boca pero ya no había forma de parar, ahora o nunca. Se me quedo viendo algo expectativo.

— No entiendo, perdóname, me has dejado un poco fuera de lugar con este encuentro.

— Edward yo — Hice una pausa, tenía que decirlo pero tenía tanto miedo — Te Amo — Bajé mi rostro porque tenía pavor de mirar su reacción solo esperaba con ansias que me pidiera que lo viera y me dijera que el también me amaba pero nunca pasó. Edward solo me abrazó con un poco de más fuerza y empezó a mecerse dentro de la silla como si fuese un columpio pero nunca hablo, no respondió y sentí como se iba partiendo algo dentro de mí. Era como los niños pequeños que cuando tus padres te pegaban por alguna travesura igual corrías a sus brazos para buscar consuelo, eso mismo me pasaba en estos instantes, me rompía el corazón sin quererlo pero igual era incapaz de separarme de él. Una tonta gota de llanto rodó por mi rostro y la limpié evitando que notara el daño que me hacía y así me quede soportando mi balde de agua fría dentro de sus brazos calidos.

Un tiempo que no logró aún definir pasó y empecé a definir la marina frente a mis ojos, con ella las ganas de salir corriendo de allí, de desaparecer, de darme una ducha y disimular con el agua las lágrimas que necesitaba dejar salir. ¿Por qué no me amaba? ¿Por qué se había quedado en silencio? Por lo menos necesitaba un "No estoy listo para esto" "Por ahora solo te quiero pero espero llegar a más" "No sé lo que siento" Lo que sea que calmase la angustia que sentía. Como sería capaz de verlo a los ojos sabiendo el todo lo que siento por él y que no siente este lazo tan fuerte que me ha unido a él fuera de lo normal. El amor es un sentimiento extraño y lo aprendí con Edward, no es fácil de explicar pero con saber que no quería que soltara su abrazo a pesar que me dolía estar con él debía significar algo. Sentí como bajaba el piloto de la nave y cerré mis ojos simulando haberme quedado dormida, el señor se despidió hasta la mañana y le indicó a Edward algunas cosas. De acuerdo a lo que escuché nos quedábamos a dormir esta noche en el yate pero ¿Para qué tanto montaje? ¿Para qué esmerarse tanto en nada? Una presión me pegaba al corazón, tuve que controlarme para no empezar a llorar en sus brazos.

Ya no había ruidos alrededor y supuse que el marinero se había ido. Edward me levantó en sus brazos y me llevó dentro del camarote colocándome sobre una cama decorada con un hermoso ramo de flores que supuse era para mí, las vi al abrir un poco los ojos sin que se diera cuenta.

Que sarcástica era la vida conmigo, si pensaba que por enamorarme de él todo estaba arreglado pues ahora aprendía mi lección, no es tan fácil. Edward salió dejándome sola un rato y aproveché para llorar a mis anchas sin hacer ruido para detectar cuando regresara. Supuse que estaba trancando las puertas o lo que fuese que le habían dicho que debía hacer, oí sus pasos acercarse y limpié mi rostro de las huellas de mis sentimientos. Sentí como me quitaba las sandalias y me arropaba después de acostarse a mi lado. Pasó su brazo por mi cintura y susurró que me quería más para él que para mí pero allí estaba mi explicación, mi esposo, el hombre con quien me habían obligado a casar y del cual me enamoré por ser una persona magnifica solo sentía un poco de cariño por mi. Me acurruqué sobre mi misma como el gesto de una persona dormida y deseando que cuando despertara por la mañana me hubiese olvidado de todo o que solo fuese una pesadilla.


¡Hola! Lo sé.No deberia dejar el capi así ni tampoco tendria que ser tan corto, pero es lo que hay (?) No, la verdad es que ahora estoy más relajada con el estudio y tengo más tiempo para estár por acá, así que mañana tendrán un capítulo bastante... divertido y además van a querer matar a Ed.

Ya saben que un Review es igual a un Adelanto ;)

¡Saludos!

Iris.