DISCLAIMER: NARUTO Y SUS PERSONAJES © MASASHI KISHIMOTO
"Ventanas del Alma" y "Almas Gemelas" © SAKURA_TRC, 2017
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ALMAS GEMELAS
(3ra Parte de "Ventanas del Alma")
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Capítulo 14. "Llamados del Destino"
- Me gusta más la nuestra, ¿y a ti? –preguntó Hanabi mirando los largos pasillos iluminados por las lámparas sobre sus cabezas.
Sakura permanecía parada, mirando a la nada. O eso era lo que parecía– Creo que la luz natural es mejor. Le daría más vida a las aulas y las clases resultarían menos tediosas. Además, ayudaría en el ahorro del consumo eléctrico.
- Por eso me gusta más nuestra Academia. Está llena de enormes ventanas y amplios lugares abiertos para estudiar –la castaña rememoraba cada uno de los rincones de su inmensa escuela. Los conocía todos y cada uno de ellos– Es acogedor. Es nuestro ho…
- Nosotros nos haremos cargo –la voz de Obito rebotó en las paredes anunciándoles su presencia. Las adolescentes vieron que tras estrechar la mano de un hombre de edad avanzada regresaba a su lado. Y como un saludo, palmeaba la cabeza de la más joven– ¿Me extrañaron?
Hanabi negó sutilmente, pero con la mano en su cabeza no podía esconderlo– Senpai y yo estábamos comparando las escuelas. Ambas coincidimos en que la Academia es por mucho, más bonita y agradable.
- La Academia Tsukuyomi es más grande. Fue pensada y construida con la meta de que los estudiantes la vieran como un segundo hogar –Obito no decía las palabras de corazón, porque él no las creía. No sentía que fuera así– ¿Tú que dices, Sakura?
- Una jaula sigue siendo una jaula sin importar lo mucho que brille –contestó mirando a ambos extremos del pasillo– ¿Cuál es nuestro trabajo?
Obito se aclaró la garganta desconcertado ante el comportamiento de la pelirrosa– El director me proporcionó un video de vigilancia. Me dijo que podemos verlo en la sala de Audiovisuales.
- Supongo que también te dio un mapa para llegar ahí –dijo con tono sarcástico Hanabi.
- Vamos por el pasillo y doblamos a la derecha hasta… – el moreno trató de recordar las instrucciones exactas, pero tanta palabrería le hacían olvidar los detalles.
- Hasta topar con pared y damos vuelta a la izquierda. Pasamos la sala de maestros y dos puertas después está la Sala de Audiovisuales.
Hanabi y Obito estaban igual de confundidos, pero el extraño comportamiento de Sakura les confirmaba la necesidad de su presencia.
…
Después de seguir las precisas instrucciones de Sakura, los tres llegaron a la sala designada y una maestra ya los esperaba para abrir la puerta para ellos. La joven mujer trató de averiguar algo más que solo la información de lo que hacían ahí, pero con las habilidades de Obito para manipular a la gente logró deshacerse de ella fácilmente.
- Es una mujer bonita, ¿verdad? –señaló Hanabi sonriendo de lado al igual que la pelirrosa.
- ¿Al menos conseguiste su celular? –el moreno rodó los ojos. No podía creer que Sakura y Hanabi se unieran contra él. Otra vez.
Las adolescentes se miraron sonriendo ampliamente– Podríamos conseguirte una cita. Ella se notaba interesada en ti. Si quieres podría hacer algo… –la castaña le mostró el dedo meñique dando la idea de que usaría sus habilidades si él así lo quería.
Tomó la cabeza de ambas chicas y las obligó a ir a los escritorios a sentarse– Empecemos a trabajar –dejándolas acomodadas puso el disco en el reproductor y la proyección del video inició.
Minutos después de verlo, el equipo de Obito intercambió sus puntos de vista.
- Puede ser un video con truco. Alguien lo editó y lo puso en lugar del original –fue lo que sugirió Hanabi.
Obito también expuso esa opción en la oficina del Director, pero el hombre la rechazó inmediatamente. Según sus palabras, la seguridad era manejada por una empresa de renombre y era imposible que los alumnos tuvieran la oportunidad de manipular el sistema de vigilancia. Eso fue lo que él explicó con un poco más detalle.
- ¿Por qué nos llaman si fue un evento aislado?
- Porque no lo fue, Sakura. Este es el video de una de las más de diez noches que ha ocurrido.
- Un robot –dijo repentinamente la Tejedora de Destinos– Alguien creó un robot que manejó a distancia, desde un punto ciego que las cámaras de seguridad no ven –era una opción bastante fiable, fue lo que pensaron los otros dos. Y Hanabi pudo notar que su idea no era tan descabellada– Pero supongo que eso también ya fue descartado.
El Uchiha asintió– Revisaron el laboratorio de mecatrónica y el inventario está completo. Los proyectos de los alumnos también.
- Senpai. ¿Tuviste alguna "vibra" –Hanabi hizo énfasis en las comillas usando sus manos– que nos dé una pista?
Sakura y Obito enarcaron una ceja cada uno– ¿Crees que puedo captar una "vibra" a través de un video? –atacó incrédula ante la pregunta– Has visto demasiada televisión, Hanabi.
- No veo televisión. Pero la semana pasada escuché a mis compañeras hablar de una mujer que sale en televisión y ayuda a la gente a comunicarse con los muertos.
- Seguramente hace múltiples conexiones la misma noche y sale caminando como si nada.
- No lo sé, mis compañeras ya no hablaron más porque tuvieron miedo.
- Dejemos esos temas para otro día, ¿sí? Concentrémonos en lo que tenemos en las manos hoy.
Las chicas asintieron y Sakura retomó la palabra– Puedo decir que esta escuela tiene algo, pero tengo dudas de lo qué es exactamente. La forma en la que supe dónde estaba la Sala de Audiovisuales nos dejó en claro a todos que si hay almas que necesitan ayuda, y me intriga saber que las despertó. Quiero saber un poco más para poder hacer algo.
…
- ¿Dónde quieres empezar? –preguntó ofreciéndole de las frutas secas que comía– ¿O hay algún lugar que te dé mala "vibra"?
Sakura sonrió y le dio un golpe en el brazo a su compañero– No es cosa de "vibras". El alma tiene que querer acercarse. Debo transmitirle confianza y seguridad para que vengan a mí.
- Como si fueras una consejera.
- No. Es más como si fuera una amiga que les brinda ayuda. Apoyo.
Obito arrojó un trozo de manzana al aire y cayó justo en su boca– Nunca hemos hablado de tus habilidades.
- Ni de las tuyas –contestó la pelirrosa con una sonrisa arrogante.
No podía evitarlo. Esa chica siempre encontraba la respuesta más adecuada para contraatacar– ¿Alguna vez te has quedado sin respuesta? –la ojijade sonrió divertida y el hombre imaginó la respuesta– Creo que las conoces bien. Al igual que Sasuke, tengo la habilidad de ver el aura de las personas. Aunque también te podría decir que voy un poco más lejos.
Sakura detuvo al hombre antes de que se comiera un trozo de durazno y dirigió la mano hasta su boca para robarse la fruta seca– ¿Qué tan lejos?
- El aura deja rastros. Impregna la esencia de las personas en cosas, lugares o incluso a otras personas. Yo puedo ver esos rastros –Obito rebuscó en la bolsa y encontró otro trozo de durazno que le mostró a la chica. Sakura abrió sus labios y el dulce fue depositado directo en su boca con delicadeza– Sasuke lo hará con el tiempo cuando desarrolle más su habilidad.
La pelirrosa se agachó tomándose del barandal con ambas manos y estiró los brazos– Quisiera que pudiera hacerlo ya y encontrar a Itachi. Quiero volver a verlo.
- ¿Has pensado en lo que sucederá cuando eso pase? Tú te irás. Regresarás al lado de Sasuke y nos dejarás a nosotros. ¿Qué piensas hacer de tu vida cuando dejes la Academia?
Obito tenía razón. No había pensado en eso. Cuando encontraran a Itachi y las cosas regresaran a la normalidad… ¿qué sería de sus lazos con Hanabi y… Obito? Agitó la cabeza y sonrió ampliamente– Nos seguiremos viendo. Le pediré a Sasuke-kun que me lleve en sus días libres a la Academia. Organizaremos días de campo e iremos de vacaciones juntos. Los cuatro. Claro que invitaremos a Itachi, aunque yo no soy de su agrado. También pueden ir los miembros del Escuadrón de Delitos Mayores y… –su voz se fue apagando lentamente hasta quedar en un susurro – Kakashi-taichou… si tú quieres…
- Lo planearemos todo cuando encontremos a Itachi, ¿estás de acuerdo?
- Hn –al levantarse con ayuda del barandal, Sakura pudo ver al otro lado del pasillo una figura que parecía estarlos vigilando– Regreso en un momento.
- ¿Sakura? ¡Espera! ¡No debes andar corriendo…! –Obito trató de detenerla, pero la chica desapareció rápidamente al dar vuelta al final del pasillo.
…
Sakura anduvo por los pasillos de la escuela echando un vistazo de vez en vez a las aulas. Los alumnos ignoraban su presencia al estar totalmente absortos en sus estudios. Ella nunca necesitó mucho para aprender las materias; cuando tuvo problemas para entender algo, siempre había alguien que la ayudaba. Primero fue Nagato y luego Tsubaki. Ahora no tenía ese problema. Casi no asistía a clases y, si tenía dudas, acudía con Madara para solicitar asesoría de uno de los profesores.
- Si fuera tú, no aplicaría para esta escuela. Es un asco.
- Esta y todas las que existen –contestó sin dejar de mirar dentro del aula por la ventanita de la puerta– ¿No se supone que deberías estar en clase?
- ¿No debería decir lo mismo de ti?
Sakura dirigió su atención al chico que la estudiaba. Lenta y detenidamente paseaba su mirada por todo su cuerpo– ¿Ves algo que te agrade?
- Tal vez sí.
La pelirrosa sonrió divertida– Tú tampoco estás tan mal.
Y no se equivocaba. El chico parado junto a ella le sacaba más de una cabeza, cabello negro con luces platinadas dispersas por aquí y por allá. Ojos grises y un tono de piel ligeramente bronceado.
- El hombre con el que estabas, ¿es tu novio?
No pudo evitar soltar una sonora carcajada. No paraba de reír y el chico el que se acaba de encontrar la miraba entre asustado y confundido. Para evitar que el alboroto de Sakura atrajera a algún maestro, el chico la tomó de la mano y la llevó por los pasillos hasta una escalera alejada de las aulas.
- Lo lamento. Lo lamento –dijo limpiándose las lágrimas por la risa que apenas podía controlar– Obito es mi maestro en la Academia y mi guardián cuando salimos.
El chico apenas comenzaba a regular su respiración y le sorprendió que Sakura estuviera bien a pesar de correr y reír al mismo tiempo– Se veían bastante cercanos.
- Si, bueno, cuando pasas tanto tiempo al lado de alguien creas lazos que nunca hubieras imaginado.
- Tu radiante sonrisa me dice que eres una de esas chicas populares en la escuela.
- No, no lo soy. Soy más del tipo introvertida y anti-social –la ojijade contestó con una sonrisa que mostraba completamente su blanca dentadura. A ella no le molestaba admitir su tipo de personalidad. Al final, lo tomaba como una burla de ella misma.
Su acompañante sonrió olvidando que intentó un ataque contra la pelirrosa, pero que para su sorpresa, ella tomó de una manera positiva– ¡Que grosero soy! Hemos estado platicando y ni siquiera me he presentado. Jean Sartre. 18 años. Tipo de sangre A+. Estudiante de 3er año del Honorable Colegio Saint Mary. Presidente del Club de Fotografía y Jefe Editor del Periódico Escolar. Mucho gusto en conocerte. Me disculpo por mi descortesía.
- Haruno Sakura. 17 años Tipo de sangre O-. Estudiante de 3er año en la Academia Tsukuyomi. Miembro del Club Paranormal. Mucho gusto en conocerte –Jean no perdió ni un segundo y sacó libreta, pluma y anotó todo lo que Sakura le había dicho– ¿Vas a investigarme?
- No –eso era una clara mentira– Bueno, tal vez sí –el timbre para el cambio de clase sonó como un bello repiqueteó de campanadas– Llegó la hora de ir a mi siguiente clase.
- ¿De verdad vas a ir? ¿O solo es un pretexto para irte y empezar a investigar sobre mí?
Jean hizo un puchero que lo hizo ver sumamente apuesto y adorable– Por supuesto que asistiré, tengo clase de geografía. Y la geografía es mi materia favorita. Espero volver a verte.
- Estaré aquí un par de días.
- ¡Maravilloso! Búscame por la tarde en la biblioteca y te daré un recorrido con información incluida.
El pasillo se inundó de conversaciones y sonoras pisadas de los alumnos que salían para cambiar de aula. La pelirrosa ignoró las miradas de todos los que pasaban y la observaban, algunos cuchicheando de ella. Posiblemente. Sakura, en cambio, solo pensaba en que tenía que encontrar la razón para que un fantasma estuviera atado a ese lugar y ese chico era su mejor oportunidad.
- ¿Conseguiste algo? –preguntó Obito parándose detrás de ella.
- Una cita para esta tarde.
El moreno frunció el ceño confundido– ¿Una cita? Sakura, vinimos a trabajar, no a coquetear. Además, a donde podrían llevarte si estamos en medio del bosque.
Sakura giró sobre sus talones con una sonrisa traviesa– Solo bromeaba, o-tou-chan –pronunció lentamente– ¿O prefieres que te diga onii-chan? –la sonrisa burlona se amplió en los labios de la pelirrosa cuando notó el tic nervioso en el ojo de su guardián.
- ¡Argh! –Obito tomó la cabeza rosada y alborotó violentamente el cabello de la chica– Muestra más respeto por tus mayores, niña revoltosa. Deberías aprender de Hanabi, ella es una linda niña que se comporta como una princesa y hace su trabajo cuando se le pide.
- ¿No está muy viejo para ser nuestro onii-san? –el tono serio de Hanabi contrastaba con la burla que hacia contra Obito.
- ¡Hanabi! ¿Tú también? –gruñó el mencionado dejando ir a su primera víctima.
Aprovechando el momento, Sakura corrió tras la espalda protectora de la castaña– Tienes razón, Hanabi-chan. Otou-sama sería la opción más creíble.
- Llámenme como quieran, pero hagan su trabajo.
…
- Genji-san envió un reporte de sus investigaciones –anunció Shiho apenas abrió la puerta de la oficina– El cártel tiene una red bastante amplia de distribuidores. Hay desde vendedores callejeros hasta agentes especializados en personas V.I.P.
- Era de esperarse. Japón es un país con una alta intolerancia a los narcóticos, es difícil conseguirlos y la demanda aumenta cada día más.
- El estrés de la vida diaria tiene esas consecuencias en las personas –agregó Yuri.
El estruendo de un golpe asustó a todos. Tayuya estaba parada junto al escritorio de Sasuke recargada sobre un montón de carpetas y la cabeza agachada– No hay pretextos para consumir esas porquerías. Solo sirven para escapar un rato de la realidad, pero en cuanto su efecto termina empeoran las cosas.
Las Agentes y Sasuke se quedaron callados ante el impresionante punto de vista de la pelirrosa.
- ¿Sufriste una mala experiencia con relación a las drogas, Tayuya? –sabía que no era de su incumbencia, pero Shiho tenía que preguntar para saber si la adolescente era capaz de seguir ayudándolos en la investigación. Aunque desde el principio era claro para ella que Tayuya no debería estar siquiera trabajando sino teniendo una vida normal.
- No necesito tener una experiencia cercana. Simplemente pienso que es cobarde refugiarte en las drogas solo por temor a enfrentar tus problemas.
- Dejemos el tema a un lado. Genji mandó un listado de los lugares con el mayor impacto en la venta de drogas –Sasuke se levantó de su escritorio y escribió en el pizarrón que les proporcionaron para hacer anotaciones de su investigación.
Tayuya tomó una hoja de la mano del Detective y leyó rápidamente los nombres que la investigación arrojó. Uno llamó su atención por encima de todos: Honorable Colegio Saint Mary– Deberíamos enfocarnos en las ciudades donde Genji-san señala el mayor índice de distribución.
Sasuke leyó la lista y analizó los pros y contras de hacer lo que Tayuya sugería– Me parece una buena idea.
- Yo digo que vayamos a donde el problema tiene el mayor impacto –la pelirrosa apretó el papel entre sus dedos. Estaba segura que la anciana tenía algo planeado– Los lugares específicos donde convergen los círculos de mayor vulnerabilidad de la sociedad.
- Las escuelas –balbucearon Sasuke y Shiho al mismo tiempo.
- ¿Las escuelas? Eso es ilógico –si Yuri quería guerra, Tayuya se encargaría de dársela– En las escuelas solo están los distribuidores más pequeños. Ningún traficante de alto nivel se arriesgaría a estar cerca de una escuela.
El Detective asintió coincidiendo con la adolescente– En eso tiene razón Tayuya. Nadie pondría en riesgo un negocio tan importante solo por tener mayores ganancias y eliminar a los intermediarios.
Shiho se sentó a la orilla del escritorio y leyó detenidamente los documentos– Si, pero en este caso no estamos buscando al traficante, sino a los distribuidores antes de que se hagan de negocios con otro cartel. Tenemos a Hanzo y él era el mayor proveedor, pero hay más y antes de que sus distribuidores busquen otro proveedor necesitamos atrapar a los que tenemos en la lista.
- Hay que iniciar el tratamiento antes de que la infección se propague y empeore –las palabras de Yuri fueron como pequeñas puñaladas contra Tayuya. Parecía ser que la mujer siempre tenía un As bajo la manga y sabía aguardar el momento justo para usarlo.
- Creo que tengo el lugar perfecto para iniciar nuestra investigación –con una sola hoja en la mano y sacando otra pizarra, pero ésta con un mapa de Japón, la Agente señaló un lugar en medio de Hokkaido– Esta Academia parece ser el lugar perfecto para traficar drogas. Es una escuela privada, niños ricos, lejos de la ciudad y del ojo de las autoridades. Poca vigilancia.
…
Un dedo recorrió su espina dorsal desde el inicio de su cuello hasta donde la espalda terminaba. Sakura solo pudo flexionar la espalda hacia atrás como un reflejo defensivo. Apretó los dientes hasta hacerlos rechinar y los dedos se le retorcieron dejando caer el libro al suelo en medio de un estruendoso golpe.
- ¡Eres ultra celosa! –acusó Jean tras una carcajada tomándose el estómago.
- ¡Idiota! –masculló Sakura levantando el libro y asegurándose que nada malo le hubiera ocurrido– Y para que lo sepas, no, no soy celosa.
Jean se sentó junto a la pelirrosa en la mesa de la biblioteca donde ella lo esperaba como habían acordado– Sí, claro. ¿Me vas a decir a que vinieron? Porque si no es para matricularte aquí, no sé qué otro asunto los trajo y eso me mata de curiosidad.
- Fui invitada a venir, pero aun no sé por quién –Sakura acarició la portada del libro descubriendo el título. "Un viaje por el mundo a través del fotoperiodismo". Y notó que el chico se tensaba un poco– Me gustaría comprar una copia de este libro. Se ve muy interesante.
Cuando la médium quitó la mano del libro, Jean acarició la tapa con la punta de sus dedos y su sonrisa se ensombreció– No podría hacer un comentario justo porque no lo he leído aún y no pienso hacerlo –de un manotazo, el chico lanzó el libro hasta el otro lado de la mesa. Tomó la mano de la visitante a su escuela y la jaló lejos– Vamos, te prometí un tour por la escuela y pienso cumplir mi palabra.
- ¡Espera! Pensé que a ti te gustaba el periodismo –dijo Sakura mirando por encima de su hombro el libro que dejaban atrás. Fuera de su lugar, arrojado a un lado. Y ellos corriendo hacia la salida de la biblioteca como si solo quisieran alejarse del libro tan rápido como pudieran– ¡Jean!
…
- Aquí imparten las clases de Ikebana –Jean señaló el edificio construido en su totalidad al estilo tradicional. Sakura quedó impresionada por los delicados detalles y el hermoso jardín que lo rodeaba– Lo mejor es que los alumnos tienen que cultivar sus propias flores para los…
- Miren quien nos visita –a una voz burlona se le unieron unas cuantas risas que a Sakura no le parecieron nada amigables– Nada más y nada menos que la flor más hermosa del jardín. ¿Qué te trae por aquí, Jean-chaaan?
El acompañante de la pelirrosa rodó los ojos y su postura se tensó de manera defensiva– Donovan, sabes que no pueden entrar a los salones sin permiso del encargado.
- Lo mismo digo, Jean-chan –el joven, a quien Jean se refería como Donovan, lucía como el tipo de "estudiantes" que Sakura prefería evitar. Alto, cabello rubio sacado de comercial de champo, ojos azules juguetones y sonrisa irresistiblemente seductora. Sin olvidar su aspecto sobresaliente, aire de superioridad, uniforme desalineado y un harem mixto de personajes igual de vistosos. Según la experiencia de la pelirrosa: problemas– Oh, me sorprendes, Jean-chan. Trajiste a una chica para probar…
- No te atrevas, Donovan –le cortó furioso– Ella solo está de visita en la escuela. No está aquí para escuchar tus insultos y descortesías.
- Si ha venido a echar un vistazo es porque están pensando en la opción de matricularla aquí, ¿no es cierto? –Donovan dejó los cálidos brazos de una adolescente, pequeña y delicada como una florecilla, y se acercó a Sakura como si ella fuera su próxima presa– Viéndote bien, no estás nada mal –dijo mirando a la pelirrosa de pies a cabeza– ¿Cómo te llamas, linda?
- Jean-kun, nunca me dijiste que también tenían un zoológico en el Colegio –nadie entendió de lo que la chica hablaba. Ni siquiera Jean, quien su rostro reflejaba evidente confusión– Hay simios, jabalíes y hasta una que otra hiena –dijo señalando uno por uno al grupo de Donovan.
Las risas de los "amigos" de Donovan pararon inmediatamente al encontrarle sentido a la burla de la visitante. Jean no se contuvo y dejó que se le escapara una risotada. Una risa que a Sakura le pareció el canto de un ave recién liberada.
Donovan hervía de rabia. De una zancada llegó hasta Sakura antes de que Jean pudiera reaccionar– Eres una maldita per… –pero el improperio quedó atrapado en la garganta del chico detrás de un sonido gutural que lo ahogó.
Nadie, ni siquiera Jean y mucho menos Donovan supieron que fue lo que pasó. La pelirrosa, haciendo uso de sus recién adquiridas enseñanzas en defensa personal, y algo más, derribó al muchacho usando su propio peso e impulso. Haciéndolo girar en el aire y aterrizando con un fuerte golpe contra su espalda, Donovan quedó tumbado en el césped sin aire en sus pulmones.
Arrodillándose junto a él, Sakura jugueteó un poco con algunos de los mechones alborotados del rubio– No sé cómo sea en tu país, pero en Japón no se ve nada bien insultar a una persona. Y mucho menos si es una chica.
- Eres una… –un puñetazo en el estómago le sacó lo que le quedaba de aire a Donovan dejándolo hecho un ovillo en el suelo.
- Debes aprender a cerrar la boca, Donovan-chan –la pelirrosa se levantó y sacudió la tierra de su ropa.
- ¿Qué sucede aquí? –los alumnos del Saint Mary se tensaron y empezaron a correr alejándose del pequeño jardín.
- Tenemos que salir de aquí. Rápido –Jean tomó la mano de Sakura y juntos se escabulleron entre los jardines repletos de flores.
Agazapados entre los arbustos y con una buena vista del lugar donde Donovan aún seguía tendido en el suelo. Sakura y Jean esperaron a ver al dueño de la voz que interrumpió su discusión.
- Tenías que ser tú, O'Leary –dijo una mujer que rondaba los 30 años– ¿Qué estás haciendo aquí? Espera –la mujer agachó ligeramente el cuerpo y olfateó el aire cercano al chico. La mueca en su rostro la mostró bastante molesta– O'Leary Donovan-san, al terminar las clases de hoy y por las siguientes 4 semanas te encuentras en detención. Quedan cancelados tus privilegios de fines de semana. Tu habitación será revisada, en tu presencia, aleatoriamente. Además, llamaré a tus padres para ponerlos al tanto de la falta que has cometido –Donovan escuchaba enfurecido la reprimenda tomándose el estómago y buscando a quienes lo dejaron solo para enfrentar la ira de la mujer– ¿Qué no sabes lo dañino que son los cigarrillos? Y no olvidemos que son ilegales para los menores. Vas a explicarme como los obtuviste…
Sakura se sentó de espaldas al tremendo y merecido regaño del que era objetivo Donovan– No quisiera estar en sus zapatos.
- Yo no me preocuparía tanto –dejando a un lado el espectáculo, Jean se sentó junto a la pelirrosa. Con los brazos recargados a sus costados, las piernas extendidas y mirando al cielo, resopló para quitarse un mechón travieso de la cara– Donovan es hijo de un empresario que tiene muchas influencias en la escuela. Dudo mucho que pase de una llamada de atención.
- ¿Es envidia lo que percibo en tu voz? Porque dudo que tener padres ricos sea sinónimo de felicidad.
- No es eso, es que al menos sus padres están cerca y puede verlos. Que digo cerca. ¡Están en el mismo país! Mínimo el colegio puede llamarlos y no están perdidos en alguna montaña en medio de dos países en guerra. Dejando a su único hijo vivir solo, abandonado en un Colegio de mierda, donde todos se odian y se creen superiores porque tienen dinero hasta para limpiarse el…
Sakura puso un dedo sobre los labios de Jean antes de que terminara de hablar– Ya entendí. Dejemos los detalles en total misterio, ¿sí? –con la respuesta afirmativa del pelinegro, removió el dedo de sus finos labios– ¿Quieres que hablemos de lo que te molesta?
- No en este momento.
- Bien.
- Ya es hora –Jean se levantó sacudiéndose el uniforme y cerciorándose que Donovan y la maestra ya no estuvieran cerca– Tengo que irme.
Sakura hizo lo mismo y se paró junto a su recién conocido ¿amigo?– Lamento si toqué un tema incómodo para ti. –con un nudo en el corazón, Sakura agachó la cabeza ofreciendo sus más sinceras disculpas.
- No. No. Yo soy quien se disculpa –Jean tomó a la pelirrosa por los hombros y la obligó a enderezarse– Tú no hiciste nada malo. Es que es difícil hablar de eso ahora. Podríamos seguir platicando… no sé… ¿mañana? ¿Vas a estar aquí mañana?
- Tal vez. Lo intentaré.
- Excelente. Vamos, te llevaré al edificio principal –el pelinegro extendió una mano invitando a Sakura a seguirlo, pero la chica negó moviendo la cabeza– ¿Sucede algo malo?
- Me gustaría pasar un rato más aquí. Tanto tiempo en la ciudad… creo que me gustaría disfrutar un rato más de este hermoso jardín.
Jean sonrió un poco nostálgico y asintió– No te culpo por querer quedarte más tiempo, es un lugar muy relajante –estiró los brazos por encima de su cabeza y respiró profundamente– Me gustaría quedarme también, pero tengo deberes que hacer. Nos vemos mañana en la biblioteca al termino de las clases. Rendez-vous demain, Mlle.
- ¿Qué dijiste?
Jean volvió a sonreír– Nos vemos mañana, señorita.
- Hasta mañana, Jean.
El pelinegro corrió de regreso a los edificios dejando a Sakura pensando que detrás de la radiante sonrisa de su nuevo amigo había algo más. De atrás de los jardines, una figura más alta que Jean salió mirando por donde se había ido el chico. La médium giró sobre sus talones y le dio un ligero golpe en el brazo a ese otro pelinegro que no despegaba la mirada de sus verdes ojos jade.
- ¿Por qué fue eso?
- Por no confiar en mí. Has estado vigilándonos todo el tiempo –reclamó Sakura apoyando los puños en sus caderas, muy molesta– ¿Qué pensabas que iba pasar? ¡Y tú también Hanabi! Puedo creerlo de él, pero nunca de ti.
Hanabi salió del mismo lugar que Obito momentos antes– Yo tengo una explicación –los ojos de Sakura la retaban a que se la dijera– Él me obligo –soltó inmediatamente señalando al hombre.
Obito abrió y cerró la boca, incrédulo de lo fácil que Hanabi cooperaba ante una amenaza de Sakura– Increíble. ¿Cuándo fue que ustedes se hicieron tan cercanas? –ambas lo miraron como si la respuesta fuera tan obvia como el día y la noche– Lo entiendo. Lo entiendo. Adolescentes unidas jamás serán vencidas. ¿Averiguaste algo?
- No, pero creo que mañana será el día.
- Si tú lo dices.
- Por supuesto que lo será. Tengo un presentimiento –dijo tomándose la playera a la altura del pecho, justo sobre su corazón.
Obito la miró de lado y tomando su cabeza con una mano, la obligó a girarla para que pudiera verlo directamente a los ojos– Eso se llama afección cardiaca y por lo regular es algo que el doctor debe revisar.
- ¡Eres un tonto, Obito!
Hanabi se quedó un par de pasos detrás de ellos y miró atentamente la mano izquierda de Sakura. El hilo rojo atado al dedo meñique de la pelirrosa titilaba intensamente, como si tuviera luz propia y un corazón que lo hiciera palpitar. ¿Era una coincidencia? No, entre ellos no existía eso. El destino estaba cerca y era su trabajo impedir que la distancia se acortara.
…
No les costó mucho trabajo encontrar el hotel en el cual el director del colegio tenía habitaciones reservadas para ellos. Era pequeño y modesto, pero con un aire occidental bastante acogedor.
- Debo usar el sanitario. Tengo las manos muy sucias –Sakura se levantó de la mesa y preguntó por el aseo a una de las meseras. Con una linda sonrisa la joven le indicó el camino.
Obito esperó hasta que Sakura se perdió por un pasillo y puso su mano encima de las entrelazadas de Hanabi– ¿Qué sucede, Hanabi? Has estado muy callada desde que regresamos de la visita.
Hanabi suspiró sin despegar los ojos de la pila de manos– El presentimiento del que hablaba senpai no es sobre el caso. Por lo que puedo ver… su destino está acercándose.
El moreno se tensó inmediatamente y buscó a Sakura con la mirada, ella aún no regresaba del sanitario, pero era obvio que no tardaría mucho– ¿Qué tan cerca está? –preguntó en voz baja.
- No lo sé, pero es un llamado muy intenso.
- Debemos estar alertas y no dejarla sola por nada.
- ¿Qué hay del trabajo?
- Lo haremos de manera discreta.
- ¿Sabían que es de mala educación secretearse en un lugar público? –Sakura regresó de lavarse las manos sin que sus compañeros de viaje se dieran cuenta.
Hanabi y Obito trataron de esconder la sorpresa, pero era imposible sin verse obvios– Estábamos preguntándonos si la comida era tan buena como se ve en las fotos. Ya sabes que con tal de vender hacen cualquier cosa –agregó el moreno en voz baja, cubriendo ligeramente su boca.
Sakura rodó los ojos aburrida de las tonterías de su guardián– Sí, claro. Entonces, ¿qué van a ordenar?
…
No se había podido quitar esa extraña ansiedad que sentía desde unos días antes de partir para ese trabajo. El sueño en el que se encontraba en la cama con Sasuke no se lo podía sacar de la cabeza. Incluso le hacía pensar que se estaba volviendo una adicta a las noches que compartía con su novio.
- ¡Eres una pervertida, Sakura! –se acusó mentalmente golpeando su frente contra la mesa– Pero lo necesito de verdad –pronunció en voz baja acariciando el libro de periodismo que Jean despreció el día anterior– "Un viaje por el mundo a través del fotoperiodismo" por Katagiri Yuuichi. Dime, ¿es posible extrañar tanto a una persona como yo extraño a Sasuke-kun?
- ¿Quién es Sasuke-kun? –Jean preguntó sentándose en el lugar donde estaba el libro que Sakura hojeaba segundos antes y, que él lanzó lejos de un manotazo. Por segunda vez.
La pelirrosa se paró en busca del libro y lo regresó a su lugar en las estanterías de la biblioteca sin decir una sola palabra. Tomándose del estante y con los ojos cerrados, respiró profundamente. En un movimiento rápido, giró sobre sus talones y sacó a Jean de la biblioteca arrastrándolo por la muñeca como él lo había hecho el día anterior.
Por más que Jean intentaba zafarse y detener a Sakura, era imposible. Ella caminaba sin decir palabra alguna y sin dar importancia a las miradas de los alumnos que los veían pasar a un paso acelerado. Por no decir que corrían atropellando a cualquiera que se atreviera a interponerse en su camino.
…
Jean llegó hasta los jardines del Club de Ikebana exhausto y con los pulmones quemándole el pecho– ¡¿Qué… qué… demonios… te sucede?!
Al contrario del moreno, Sakura estaba fresca y radiante. Como si la endemoniada carrera que acaban de hacer solo fuera producto de la imaginación de Jean– Cuando me trajiste a este lugar, me hiciste recordar que hace tiempo dejé algo muy importante para mi atrás. No había tenido tiempo para pensar en eso porque tengo tantas cosas en la cabeza. Mi cuñado desapareció, mi novio se fue, abandoné mi hogar, cambié de escuela sin avisarle a mis amigos, me uní a un club lleno de locos y firmé un pacto con el diablo. Ahora no sé cómo salir de todo esto y necesito, de verdad, necesito ver a Sasuke-kun porque lo extraño. Lo amo y lo necesito. Deseo que me diga que todo va a estar bien, que me necesita… que me quiere a su lado.
Jean pensó que Sakura estallaría en llanto, pero solo se tiró al suelo de espaldas, amortiguando su caída con el abundante césped que recubría el jardín– Es duro estar alejado de la persona que amas. Y es peor cuando ni siquiera te dedicó unas palabras de despedida.
- ¿Qué fue lo que pasó, Jean? ¿Por qué odias tanto ese libro?
- Sufro del síndrome de niño abandonado –confesó con una amarga sonrisa que oprimió el corazón de Sakura– Mis padres son médicos, se conocieron cuando ambos ayudaron en un accidente automovilístico cerca del Arco de Triunfo de París. Mi madre era médico titulado y la jefa del área de Urgencias de un hospital regional. Por otro lado, mi padre estaba haciendo su especialidad en cirugía ortopédica en un Hospital Escuela de Borgoña. Se conocieron ayudando gente herida y ahora se la pasan viajando con la organización de Médicos sin Fronteras. Irónico, ¿no? Ayudan a cientos de extraños, mientras dejan a su hijo abandonado en un internado. Anda, dilo. Debería estar orgulloso de mis padres. Ellos ayudan a personas sin pedir nada a cambio. Son personas respetables y yo debería apoyarlos.
- Yo pienso que tus padres son personas egoístas que persiguen sus sueños sin pensar en cómo se siente su hijo sobre eso. Tú y yo somos muy parecidos. Mis padres también fueron egoístas y se fueron persiguiendo sus propias metas. Ni siquiera sé cuáles eran, solo sé que me dejaron atrás para encontrarlas. Por mucho tiempo estuve buscando el lugar al que pertenecía y cuando finalmente pensé encontrarlo… –Sakura levantó las manos para cubrirse de la poderosa luz que irradiaba el sol– Y dime, Jean, ¿Por qué tienes tanto rencor contra ese libro? ¿Tiene algo que ver con la persona que se fue sin despedirse?
- Cuando recién llegué, mi japonés era inexistente y pensé que no tendría con quien hablar. No entendía porque mis padres estaban considerando dejarme aquí de entre tantos lugares en los que vivimos. Aunque supuse que les gustó la fusión OrientOccidental que les vendía el director.
La pelirrosa no pudo contener una pequeña risa– ¿OrientOccidental? ¿Es una nueva corriente de arte? ¿O una nueva especialidad médica?
- Así le digo yo a la mezcla de razas, culturas, nacionalidades que habitan en el Colegio –el moreno cruzó los brazos y los usó como almohada– Como te decía. Cuando mis padres me dejaron aquí dijeron que la vida de nómada no era la más adecuada para un niño en desarrollo. Así que me dejaron aquí. Con el pasar del tiempo y habiendo destrozado mi vesícula odiando a mis padres, conocí al encargado del Periódico Escolar. Una persona que, al igual que yo, viajó por el mundo y tuvo la fortuna o desdicha, como quieras verlo, de conocer e intercambiar experiencias de vida con incontable cantidad gente.
- ¿Por qué dices desdicha, Jean? –preguntó Sakura sentándose para poder ver la expresión en el rostro del ojigris.
- Yuuichi es un reportero de guerra. Está rodeado de muerte y tragedia.
Los jades se abrieron impresionados y un poco confundidos– ¿Reportero? –Sakura sacudió un poco la cabeza para despejarse– Pensé que era una estudiante.
- Seguramente tú también ves mal lo que siento por Yuuichi –Jean se levantó de un salto asustando un poco a Sakura– ¿Sabes? Cuando el amor es sincero no importa nada más.
- Si, lo entiendo…
- Pero lo juzgas, ¿no es cierto? Como todos los demás. Ellos dicen que soy un raro, que seguramente abusaron de mi cuando era niño y por eso me gustan los hombres.
- Jean… –Sakura también se levantó y estiró una mano para tomar el brazo de Jean, pero él no la dejó acercarse. Dándole la espalda, se alejó sin agregar más. La pelirrosa dejó caer los brazos a sus costados en una actitud derrotista. No entendía lo que pasaba, en un momento estaban conversando y al otro Jean explotaba furioso– Yo no pienso como ellos.
Sakura escuchó un ruido. Al girar para ver si era Jean regresando para hablar, recibió un fuerte golpe en la cabeza. Tomada totalmente con la guardia baja, la médium cayó al pasto sin poder defenderse o siquiera meter las manos para evitar la colisión contra el suelo.
…
- Has estado más callado de lo normal. ¿Qué es lo que estás pensando?
No era como si quisiera hablar con alguien sobre lo que sentía, pero ya que no tenía a su atolondrado amigo a su lado, ni a su molesta novia tampoco; tenía que hablarlo con alguien que le dijera que no estaba loco– Desde hace un par de días he tenido una extraña sensación.
La anciana estaba interesada en lo que su compañero de viaje podía decirle y aprovecharía el tiempo que tendrían "a solas" para hablar con él lo más que pudiera– Hn. ¿Qué clase de sensación?
El Detective buscó las palabras adecuadas para describir lo que sentía evitando en lo más posible sonar extraño– Sé que este es un trabajo como cualquier otro y que lo tengo que hacer. Es mi responsabilidad. Pero ésta vez es un poco diferente… es como si tuviera –pronunció la palabra lenta y enfáticamente– que ir. ¿Entiendes?
- Sientes que algo te espera, ¿cierto, Sasuke-chan? –el ligero tono divertido en la voz de la mujer lo hizo arrepentirse de abrir la boca.
- Si, pero no puedo decir si es algo bueno o malo.
- Tal vez sea algo que está más allá del bien y del mal –Yuri no podía ver, pero sentía en cada fibra de su ser la mirada asesina que le concedía Sasuke– No deberías pensar mucho en ello. Cuando las cosas no son claras solo debes dejarlas "fluir", por decirlo de alguna manera. Si algo tiene que pasar, pasará y no habrá poder en el mundo que lo detenga.
- ¿Hablas del destino? Eso no existe, Yuri –rebatió inmediatamente el moreno acomodándose en su asiento.
- ¿No crees que cada uno de nosotros tiene un camino determinado a seguir?
Sasuke se detuvo un poco la respuesta. Nunca había pensado en esa clase de cosas. Para él, la vida consistía en el hoy– Yo creo que no debemos preocuparnos por el mañana porque no sabemos qué va a suceder. Si es algo que está fuera de tu control no tiene caso preocuparte.
- Creo que en parte tienes razón, pero también creo que deberías ocuparte –enfatizó la última palabra para dejarlo claro– de tu futuro. Entiendo que el futuro es algo que cambia constantemente, no se mantiene estático. Pero también hay muchas maneras de forzarlo a cambiar, ya sea para bien o para mal. Es por eso que debes trabajar duro para que se mantenga por el mejor camino posible.
- Si, si, lo que tú digas Yuri –Sasuke recostó su asiento y se echó el brazo sobre los ojos para cubrirse de la luz– Trabajaré duro para que mi futuro no se vaya hacia el lado oscuro de la fuerza.
- Debes prestar más atención a tu alrededor e identificar los agentes del cambio.
El Detective se sentó recto y miró confundido a la vidente– ¿De qué demonios hablas?
- No deberías confiar tanto en Tayuya. Creo que ella está bloqueando mis visiones.
Tras un suspiro, el moreno regresó a la posición que le resultaba más cómoda– El trabajo sería más fácil si ustedes se llevaran mejor. ¿Sabes? Tayuya no es una mala chica, solo ha tenido mala suerte, pésima suerte, y le es difícil interactuar con la gente viva. Eso me pasaba mucho con Sakura.
- Eso es a lo que me refiero. ¿No te parece que estás reviviendo la historia que tuviste con Sakura-chan, pero ahora con Tayuya?
- No, por supuesto que no –Sasuke frunció el ceño y negó horrorizado por la comparación– Lo que tengo con Sakura es… como sacado de otro mundo. Ella y yo tenemos una conexión… –el Detective interrumpió su discurso y profundizó en la extraña sensación que tenía. Una pequeña sonrisa asomó a sus labios– Te demostraré que no importa lo apartados que estemos. Mi novia y yo siempre hallaremos la manera de encontrarnos.
…
- ¡Estamos muertos! ¿Para que la trajiste? –reclamó un chico jalándose el cabello hacia atrás.
- Para darle una lección a Jean.
- Ella no está sola y seguramente sus padres están esperando que regrese.
- Nos has metido en un enorme problema.
- No es peor que lo que hicimos antes.
- No nos pidió que lo hiciéramos y no va a querer cubrirnos.
- No es de que quiera… tiene que hacerlo. Nos debe mucho por el favor que le hicimos.
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No existe forma de cambiar el ayer y no conocemos lo que nos depara el mañana.
Solo nos queda vivir el hoy.
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