Disclaimer: ¡Nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon. (Esta es una traducción).


Capítulo 14

Fei Long se movió y gimió cuando Mikhail entró en la habitación.

Parecía muy frágil, atado a la estrecha cama, con correas blancas envueltas a través de su pecho, cintura y piernas. Sus brazos estaban sostenidos por cuerdas y sus manos atadas a la cama con amplias e impecables vendas, las cuales eran lo suficientemente firmes como para que no fuera capaz de romperlas, pero flexibles para no empeorar sus muñecas desgarradas y lesionadas.

Ya no llevaba guantes y sus largos dedos se clavaban en las sábanas como muestra de su inútil rebelión. Su camisa oscura y apretada había sido rasgada en una de sus mangas y levantada hasta su pecho. Una aguja conectada a un tubo y a un goteo intravenoso penetraba cruelmente la vena sensible bajo su codo, goteando lentamente el líquido color ámbar en su torrente sanguíneo.

—El peor de sus problemas es una severa deshidratación, por lo que le he puesto un goteo intravenoso —dijo Maksimov—. Recomiendo firmemente que lo mantengas atado mientras termina el proceso, a menos que encuentres una manera de razonar con él, ya que no está siendo cooperativo, por decirlo amablemente. Cualquier interrupción en el tratamiento solo hará que su estado se deteriore.

—¿Deshidratación? —dijo Mikhail, sin estar seguro de sentirse consternado o aliviado—. ¿Qué tan grave es esto?

Maksimov lo miró, considerando su respuesta.

—Pudo haber sido mucho peor —dijo—. Esto es lo que está causando su delirio. Una prolongada carencia de agua, junto con la intensa actividad física y el cansancio del que ha sido preso le han llevado a este estado, sin mencionar la fiebre, la cual solo ha servido para empeorar la situación. Afortunadamente no transcurrió demasiado tiempo, así que con el consumo adecuado de líquidos podrá recuperarse rápidamente. No habrá ningún daño permanente. Me atrevería a decir que lo encontraste justo a tiempo, antes de que su cautiverio hiciera verdadero daño.

—Eso... eso es... bueno —dijo Mikhail, mirando a Fei Long dudosamente y encogiéndose debido a lo pálido que estaba.

—También parece que ha cogido un resfriado terrible, lo cual no me sorprende debido a las condiciones en que lo encontraste —continuó Maksimov—. He tomado algunas muestras de sangre y tendré los análisis en cuestión de horas para confirmar mis sospechas. Se ve desnutrido y lo más probable es que no haya comido ni dormido bien por semanas, por lo que no es difícil suponer que su sistema inmunológico no funcione correctamente. Es sorprendente que una simple noche en la lluvia y el frío, en su condición, no le hayan hecho más daño.

—Estás... ¿estás seguro? —Mikhail se atrevió a cuestionarlo, inseguro de semejante diagnóstico mundano. Apoyó su mano sobre la frente de Fei Long, y el esbelto hombre gimió, protestando por su toque, moviendo su cabeza débilmente de lado a lado. Sus muñecas atadas se tensionaron y sus manos se empuñaron y luego se relajaron—. Se ve tan... ¡tan enfermo!

—Le he suministrado medicamentos que trataran los síntomas con rapidez —dijo Maksimov—. Espero que su fiebre desaparezca en cuestión de un par de horas, pero si no es así, nos preocuparemos de esto más tarde.

Mikhail frunció el ceño miserablemente, no del todo tranquilo por el diagnóstico.

—¿Y qué hacemos mientras tanto?

—Nada —dijo Maksimov—. Ahora solo hay que esperar. Un conveniente efecto secundario de este particular tratamiento es la fatiga y la somnolencia. En su estado, espero que lo sede con bastante eficacia. Una vez pase el peligro, es decir cuando no trate de rompernos el cuello por querer ayudarlo, enviaré a algunas de mis enfermeras para que lo limpien y cambien sus vendajes. Después, podrás pasarlo a una habitación más cómoda y mejor vigilada. Eso es todo, así que es hora de darte las buenas noticias.

—¿Buenas noticias? ¿Acaso hay buenas noticias? —dijo Mikhail, pasando sus manos a través de su cabello como muestra de verdadera angustia.

—Su herida no ha vuelto a abrirse —respondió Maksimov—. Si fue abaleado tan recientemente como dices, entonces se ha recuperado muy bien. Es algo bastante sorprendente, en realidad.

Volteó hacia Fei Long con desaprobación.

—Este joven tiene un cuerpo extraordinario —dijo—. Mucho más fuerte de lo que esperaba que fuera debido a su frágil aspecto. Muy fácil de curar. Pero realmente necesita cuidar mejor de él, si quiere que le dure.

Preocupado, Mikhail se sentó en el borde de la cama. Acarició el cabello a Fei Long y aunque el joven se estremeció otra vez por su toque, asombrosamente no protestó. Sus negros ojos que normalmente eran tan intensos y penetrantes se abrieron lentamente pareciendo incapaces de enfocarse.

—¿Qué le pasa? —preguntó Mikhail, profundamente perturbado por la falta de esa oscura y penetrante fuerza. Sin ella, parecía como si una parte esencial, una parte que adoraba demasiado, se hubiera disipado.

—No te preocupes, es solo el efecto de las medicinas —dijo Maksimov—. Volverá a su amable y jovial estado tan pronto como pase el efecto.

—No me gusta esto —dijo Mikhail seriamente—. ¿No hay algo que le puedas dar?

—Es por su propio bien —respondió Maksimov—. Y por el bien de todos a su alrededor. Me lo agradecerás en la mañana.

Mikhail parecía inseguro, pero se mordió la lengua y se tragó sus protestas. Sabía bien que no debía discutir con el hombre.

—En cuanto a tus otras preocupaciones —continuó Maksimov y Mikhail levantó la vista bruscamente—. Estoy feliz de comunicarte que no encontré ninguna evidencia física que las respalde. No hay signos de abuso sexual en su cuerpo. De hecho, no encontré evidencia alguna de actividad sexual reciente, consensual o no, así que puedes estar tranquilo, por lo menos en lo que a ese asunto se refiere. Cualquier cosa que este señor del crimen japonés le haya hecho durante su cautiverio, violarlo definitivamente no fue parte de ello.

—Oh, ¡gracias a Dios! —exclamó Mikhail—. Estaba tan preocupado.

—Hay, sin embargo —dijo Maksimov—, signos considerables de trauma físico. Ha recibido una buena paliza, pero parece que no hay huesos rotos, lo cual es bueno. Estará doliéndole el cuerpo por unos días y lucirá algunos desagradables moretones por un buen tiempo, pero por lo que he visto en nuestra corta relación, es probable que él mismo haya sido el responsable de todo esto. Hay batallas que un hombre no puede ganar. Tiene que aprender esto porque obviamente no sabe cuándo rendirse y alejarse.

—No —dijo Mikhail amorosamente y sonrió, ya que cuando se trataba de Fei Long, no podía evitar ver en todo un rasgo admirable—. No, no lo sabe.

El doctor esnifó en señal de desaprobación.

—Ustedes se merecen el uno al otro —dijo—. Y harán una hermosa pareja, bastante testaruda, ¡puesto que ambos lo son! Pero te lo advierto; estoy esperando por mi tranquila jubilación, así que no esperes que venga corriendo a remendarlos cada vez que se lastimen.

Mikhail habría reído si hubiera tenido la fuerza y Maksimov le agarró la barbilla con un firme apretón de su gran mano. Lo miró seriamente y frunció el ceño con disgusto.

—Descansa un poco, por amor de Dios —dijo con severidad—. Te ves terrible.

—Sí señor —dijo Mikhail dócilmente y Maksimov le dio un pequeño golpe en la cabeza.

—No lo digas simplemente —dijo—. Hazlo. Tu pequeño amigo estará bien. No es necesario que te tortures más. Vete a dormir. Ahora.

—Lo haré, en un momento —dijo Mikhail—. No me atrevo a dejarlo solo todavía.

El médico sacudió la cabeza como muestra de desaprobación, pero no insistió en el asunto.

—Muy bien —dijo—. Solo asegúrate de que ocurra pronto, antes de que empieces a delirar también. Iré a hacer algunos arreglos. Llámame si se presenta algún cambio en su condición.

La puerta se cerró firmemente a su espalda y Mikhail suspiró, relajándose finalmente. Fei Long estaba perturbadoramente quieto a su lado y esto no le gustó.

Ningún daño permanente. No hizo ningún daño permanente. Al menos, no en el sentido físico.

Sabía que no debía dudar del diagnóstico de Maksimov, pero no podía evitar sentir una sensación de terror puro retorciéndose en su interior cuando miraba a Fei Long y lo encontraba tan lastimado. Asami debió haberle hecho algo para reducirle a semejante condición.

—¿Qué fue lo que te hizo? —susurró, no esperaba que Fei Long le escuchara o le entendiera, y mucho menos que le diera una respuesta. Esto sería un duro trabajo, uno que tomaría muchos años y mucha paciencia de su parte para llegar a conseguirlo.

Alisó un poco el desordenado cabello de su blanca frente y pasó su palma grande y reconfortante sobre ella. Infeliz por el calor que encontró allí, se inclinó y le dio un beso hambriento pero casto en su sien, estremeciéndose completamente cuando sus ansiosos labios se unieron con la piel febril; bebiendo de ella el calor que él emanaba.

Fiebre, era la fiebre la que lo hacía tan caliente, pero Mikhail imaginó que excitado, Fei Long ardería de una manera parecida. Esto envió un estremecimiento de oscuro anhelo a través de él y no pudo contenerlo, ya que había esperado por este hombre demasiado tiempo y ahora que al fin lo tenía, tan indefenso, cerca y solo, el deseo desenfrenado alcanzó su pico, aullando su furiosa necesidad.

Incluso así, tan lastimado, Fei Long seguía siendo insoportablemente hermoso. O tal vez era hermoso porque estaba tan lastimado. Mikhail se dio cuenta de que no podía decidirse.

La piel de Fei Long era blanco terciopelo cuando la tocaba, suave, lisa y suntuosa. Nunca antes le había visto sin usar otra cosa que no fuera las túnicas largas y pesadas que se deslizaban en cada una de las partes de su cuerpo firme y perfecto, como un trozo de seda envuelto alrededor de una afilada espada de doble filo. Vestido con ese apretado y ajustado traje negro, con sus salvajes cabellos envueltos como sombras alrededor de su pálido y perfecto rostro, Mikhail no podía dejar de observarlo. Este hombre era definitivamente mucho más de lo que parecía reflejar. Era una fuerza desesperada detrás de una belleza sobrenatural. Una profunda soledad escondida detrás de una fría máscara de poder. Una pasión y un calor escondidos bajo una capa de hielo.

Tanto por descubrir. Tanto por amar. Tanto por disfrutar.

Cada parte de Fei Long parecía ágil y exótica mientras le contemplaba, pero cada línea claramente definida de ese cuerpo fuerte y firme casi había sorprendido a Mikhail al hallarlo tan esculpido, tonificado y fuerte, tan absolutamente masculino pues esperaba encontrarlo frágil, frío y fino, como su porte y su habitual vestimenta parecían sugerirlo.

El descubrimiento le emocionó de formas en las que aún no se atrevía a pensar.

Mikhail humedeció una pequeña toalla en un recipiente que se encontraba al lado de la cama, exprimiendo el exceso de humedad en ella y tiernamente limpió el rostro de Fei Long. Esto pareció despertarlo un poco.

—¡Eh! —dijo Mikhail, acariciándole tiernamente la mejilla—. Hola, precioso... ¿sigues conmigo?

No obtuvo respuesta durante un largo rato, pero la extrema decepción rápidamente dio paso a una enorme alegría cuando los párpados de Fei long se movieron y sus estrechos y confusos ojos se abrieron lentamente para mirarlo.

—Mikhail Arbatov —pronunció su nombre con odio y, aunque era apenas audible, sus palabras estaban llenas de ira y reproche.

Todo su cuerpo se arqueó y las correas que lo sostenían se expandieron mientras sus brazos las estiraban tratando de romperlas. Sus manos se flexionaron, abriéndolas y cerrándolas con impotencia. Ante esto miró al rubio con rencor y Mikhail respondió a su mortal mirada con una sonrisa encantadora y genuina.

—Me halaga que eligieras reconocerme —dijo.

—Su... ¡suéltame! —exigió Fei Long, pero su orden carecía de fuerza, enfermo como estaba y con su voz tan ronca, era casi inaudible.

—Quiero desatarte, querido, realmente quiero hacerlo —dijo Mikhail—. Pero si lo hago, ¿te portarás bien y tomarás tus medicinas?

—¡No soy tu novia! —le siseó Fei Long—. ¿Cómo te atreves a irrespetarme?

—No creí que lo hacía —dijo Mikhail sonriendo, con buen humor—. Así que, por mucho que me duela verte así, me temo que tendré que soportarlo.

—Si no me desatas en este momento, te mataré— dijo Fei Long firmemente y Mikhail se sorprendió por la cantidad de crueldad que aún lograba proyectar, incluso estando atado e indefenso y absolutamente sin control alguno—. ¡Te mataré lenta y dolorosamente, tan pronto como pueda!

—Y tan pronto como puedas, amor —dijo Mikhail, organizando su oscuro y enredado cabello—, ¡estaré más que feliz de dejarte intentarlo! Pero mientras llega el momento, simplemente, ¡relájate! Déjame cuidar de ti.

La garganta de Fei Long se apretó, pero no le contestó. Sus ojos revolotearon cerrándose y permanecieron así durante varios segundos, los medicamentos una vez más lo tenían bajo su efecto, incluso mientras luchaba desesperadamente por conservar el conocimiento.

—¿Tienes sed? ¿Quieres un poco de agua? —le preguntó Mikhail y Fei Long le parpadeó. Por supuesto que tenía sed, pero prefería condenarse antes de admitir que quería el agua, y mucho menos que necesitaba algo de él. Mikhail sonrió y sacudió su cabeza desaprobando sus caprichos. Metió su mano bajo su cuello y levantó su cabeza, sosteniéndola, manteniéndola firme y erguida, y llevo una pajilla hasta sus labios secos y sangrantes. Fei Long bebió con avidez y se ahogó, tosiendo violentamente y obligándole a apartar el vaso de él.

—Shh... —Mikhail le tranquilizó—. Despacio. Tómala con calma. No irá a ninguna parte. Lo único que harás será enfermarte si la bebes demasiado rápido.

Esto era demasiado esfuerzo y al momento en que sació su sed, Fei Long cayó sobre la almohada agotado. Sus ojos se movían lentamente, cerrándose por segundos y respiraba demasiado fuerte, su pecho subía y bajaba rápidamente con cada penosa respiración. Se lamió la humedad errante en sus agrietados y temblorosos labios, y Mikhail abrió uno de los cajones al lado de él. Buscó en él y sacó una especie de bálsamo para los labios. Desenroscó la pequeña tapa y el aroma a manzanilla y miel inundó el aire.

—Aquí —dijo—. Esto te hará sentir mejor.

Puso un poco en su dedo y sosteniendo la barbilla de Fei Long, lo untó en sus labios, dejando a su pulgar permanecer más tiempo del necesario en la suavidad de la carne de su labio inferior. Lo presionó sobre él con suavidad y jadeó, sus ojos se cerraron lentamente mientras una apuñalada de violento deseo lo asaltaba.

—Oh, Dios —gimió, luchando por mantener sus impulsos bajo control. El calor se agrupó en sus lomos y su erección creció dolorosamente. Lo deseaba, lo necesitaba y su cuerpo claramente le estaba diciendo que no esperaría por más tiempo. No cuando el objeto de sus deseos estaba tan peligrosamente cerca.

Fei Long gimió y se apartó de su toque.

—¿Qué quieres? —susurró, demasiado cansado como para respaldar sus palabras con una amenaza—. Baishe no cede ante demandas de rescate. No ganarás nada reteniéndome, a excepción de una guerra sangrienta.

Mikhail sacudió la cabeza para despejar la bruma de deseo, incluso aunque las fibras de lujuria seguían apretando y contrayendo su pecho y haciéndole difícil respirar.

—Oh, cariño —rio—. ¡Ya he ganado lo que siempre he querido!