N/A: Muchas gracias a todos. No sé si habeis visto que tengo un nuevo fic Seblaine. Se titula Amor Inesperado, espero que os guste también, es una historia muy diferente. Por otro lado, NADIE acertó con el spoiler... Sabía que todos pensaríais en Kurt pero hay algo que la mayoría me habeis pedido y no tiene nada que ver con Kurt... Y bueno, como siempre, tengo algún comentario al que responder...

Bruja Inocente, muchas gracias. La verdad es que sé que todos quereis que el bebé sea de Sebastian. Para ser sincera, yo también. Sin embargo, lo que yo quiero y lo que la historia es no siempre coincide por lo que... Ya veremos. Lo de Niff lo veo más facil, de una manera u otra confío en que serán padres. Espero que te guste lo que viene. Besos


CAPITULO 13: DEFENDER A QUIEN QUIERES

Blaine tembló cuando entró a la cafetería. Sebastian, Nick y Jeff estaban con él pero eso no ayudaba a que se tranquilizara. Febrero había comenzado con demasiados problemas para el menor. No tardó mucho en encontrar a la persona con la que había quedado. Miró al rubio con miedo, seguía pensando que no era buena idea.

– Nosotros estaremos en otra mesa. No va a pasar nada. Tienes que contárselo. – Sterling acarició la espalda del ojimiel y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

Anderson se sentó en la mesa frente a Elliot después de coger su chocolate ya que el café y el té estaban prohibidos para él. Sus amigos se sentaron en una mesa cercana a ellos. El ojiazul lo miraba intrigado, no sabía el motivo por el que lo había citado ahí. Pensó que todo había quedado claro entre ellos tres meses atrás.

– ¿Qué quieres? No tengo ganas de perder el tiempo en cosas sin sentido. – Gilbert se acomodó en la silla, apoyando su espalda en el respaldo para estar lo más lejos posible del menor.

– La vez que t-tú y yo nos... Nos acostamos... N-no usamos pro-protección y... – Blaine estaba extremadamente nervioso y no sabía como explicarse.

– ¡Me has contagiado algo! ¡Se supone que eras virgen! Ahora va a resultar que eres un cualquiera que se acuesta con todos y al que le gusta fingir ser dulce...

El sonido de una bofetada hizo el silencio en la cafetería. Sebastian se había levantado al escuchar a ese impresentable insultar al ojimiel y lo había golpeado. El encargado del local invitó a los cinco a que salieran de allí y todos lo hicieron. Una vez fuera, Jeff se encaró con Elliot.

– Por fortuna Blaine está sano, su salud es buena. ¡Gracias por tu preocupación! Lo que ha pasado es un poco más complejo. Pero si crees que es una pérdida de tiempo será mejor que lo dejemos aquí. Puedes dar gracias de que haya tenido la consideración de contártelo pero si no lo vas a apreciar...

El rubio se volvió y pasó su brazo por los hombros del más bajo para ir en dirección contraria a donde estaba Gilbert.

– ¡Espera! Quiero saberlo. Que lo diga ya y acabemos con todo esto. – El ojiazul pidió. Anderson se volvió y caminó lentamente hacia el universitario.

– Estoy embarazado. Sé que puede parecer una broma pero es real. Es posible que seas el otro padre del bebé.

– ¿Y qué quieres de mí? ¿Quieres mi dinero? No te voy a dar un céntimo. – Elliot casi gritó.

– Sólo pensé que necesitabas saberlo porque tal vez querías estar presente en la vida de tu hijo pero... No vas a estar ahí porque yo no quiero que alguien como tú esté cerca de mi hijo.

El menor se volvió bajo la atenta mirada de sus amigos. El enfermero se sintió muy orgulloso de la fortaleza del joven. Sin embargo, Sebastian volvió a situarse frente a Gilbert y lo golpeó de nuevo. Esa vez lo hizo con el puño cerrado y en el pómulo.

– Eres indeseable, imbécil, arrogante e idiota. – El castaño gritó antes de darle una patada en la entrepierna que hizo que el otro se arrodillase. – Aléjate de Blaine, no quiero volver a verte en la vida.

Anderson y Sterling se acercaron al abogado y lo sujetaron para que no volviera a golpearlo mientras estaba en el suelo. Elliot se levantó apoyándose en la pared. Estaban en plena luz del día pero nadie se preocupaba por ellos. Así era la gran ciudad. Nick fue el que se acercó.

– Haremos un trato. Tú no nos denuncias y Blaine no te pide que te hagas cargo de tu hijo. Seb es abogado y ganaríamos los dos juicios. Sin embargo, vamos a ser generosos y dejar que te vayas sin problemas... ¿Estás de acuerdo? – El médico quiso saber.

– Sí.

Después de obtener la respuesta, Duval imitó a su amigo y golpeó con su rodilla la entrepierna del universitario haciendo que volviera a caer. Le dedicó una última mirada de odio antes de volverse y llegar hasta donde estaban sus amigos, mirándolo sorprendidos. El doctor puso un brazo sobre los hombros de su marido y otro sobre los del menor para alejarse de allí. Esperaba que esa fuera la última vez que vieran a Gilbert.


Blaine estaba tumbado sobre el sofá, acariciándose el vientre. Las nauseas y vómitos no habían cesado pero se estaba acostumbrando. No sabía si era su obsesión o realmente empezaba a notarse un poquito su estado. Sebastian estaba en el otro sofá, mirándolo de vez en cuando disimuladamente y sonriendo ante la imagen tan dulce y tierna. ¿Estaba mal que se sintiera feliz porque el amor de su vida estuviera esperando un hijo suyo? O al menos, deseaba que fuera suyo.

Ninguno prestaba mucha atención al programa que estaban viendo porque tenían otras cosas en sus mentes cuando el timbre sonó. El moreno miró al otro que asintió indicándole que sería él quien abriría la puerta. Se dirigió a la entrada y abrió, viendo que allí estaba un hombre de más o menos su edad, pelo castaño oscuro rizado y ojos azules.

– Hola... ¿Vive aquí Blaine Anderson?

– Sí... – El ojiverde estaba intrigado pero fue interrumpido.

– ¿Coop?

– ¿Squirrel? ¡Cuanto has crecido! – Los hermanos se abrazaron, el menor dejó escapar algunas lágrimas. Al separarse, el mayor volvió a hablar. – Bueno, tal vez no has crecido tanto.

– ¡Cooper! – El ojimiel golpeó cariñosamente el hombro del recién llegado, que le revolvió el pelo provocando más protestas del estudiante. Smythe carraspeó para llamar la atención de los Anderson.

– ¡Cierto! Cooper, te presento a Sebastian. Me ha acogido en su casa y me ayuda en todo. – Se volvió hacia el abogado. – Seb, él es Cooper, mi hermano mayor.

Los dos castaños se saludaron con un apretón de manos y una sonrisa. Los tres fueron al salón y comenzaron a hablar. El menor contó a su hermano todo lo que había pasado y el mayor le contó lo que estaba haciendo. Se había ido a Los Angeles y estaba trabajando como actor. Le dijo que había hablado con una profesora del instituto. Él había ido allí para asegurarse de que sus padres no le obligaban a dedicarse a algo que él no quería y ella le había dado toda la información que necesitaba para encontrarlo.

– Blaine, tengo algo que ofrecerte... ¡Ven a Los Angeles conmigo! Yo puedo cuidarte, puedes quedarte con el bebé si quieres y te ayudaré económicamente y actuaré como tío del bebé. Terminarás de graduarte con educación en casa, no puedes volver al instituto cuando empiece a notarse tu barriga y tampoco podrás trabajar, no será seguro. Yo gano lo suficiente como para poder cuidaros a los dos y luego podrás ir a la universidad y ser lo que tú quieras. Te abandoné una vez pero no lo voy a volver a hacer. – Cooper pidió. Sin embargo, antes de que el menor pudiera asimilar las palabras, Sebastian intervino.

– Es muy posible que también sea mi hijo. Si te los llevas a Los Angeles no voy a poder verlos. No me vas a impedir ejercer de padre si el bebé es mío.

– Has cuidado a Blaine y eso te lo agradezco pero no es tú responsabilidad. Yo soy su hermano.

– ¡Y yo el padre del bebé!

– ¡Suficiente! Creo que yo tengo algo que decir en esto... ¿No? Necesito pensarlo, os daré una respuesta pronto.

Los dos mayores guardaron silencio por las palabras del joven. Ambos se miraban con odio. Smythe no soportaba que el mayor de los Anderson llegara después de tantos meses y pretendiera llevarse al menor con él, separándolo de las dos personas a las que más amaba. Sin embargo, el actor no soportaba pensar que alguien mayor que él le hubiera hecho eso a su Squirrel. Él jamás se imaginaría con alguien de dieciocho años y era más joven que el abogado. Por otro lado, Blaine estaba abrumado. A su edad se tomaba una difícil decisión, tenía que elegir su futuro. Pero para él, todo era más complicado. No sólo debía pensar a qué universidad ir o qué estudiar. Tenía que pensar en qué hacer con el bebé. Todo era confuso y sus hormonas no ayudaban a razonar la mejor solución.

Después de unos minutos de silencio, el menor fue al baño. Ese fue el momento que los dos adultos aprovecharon para hablar de la situación.

– No entiendo como has podido acostarse con un niño de dieciocho años. Yo tengo dos menos que tú y jamás lo haría. – Cooper comentó.

– Me enamoré. No tengo que darte más explicaciones. – Smythe no lo miró.

– Eres un cobarde. Dices que lo amas pero no eres lo suficientemente hombre como para confesárselo. – El ojiazul miró al otro con resentimiento.

– No voy a hacerle daño.

El ojimiel regresó del baño y se sentó entre los dos adultos. Se apoyó en su hermano y acarició su vientre. El mayor de los Anderson pidió permiso antes de hacer lo mismo. Iba a ser el mejor tío de la historia, de eso estaba seguro.


Blaine estaba con sus amigos en el apartamento de Sebastian. Santana, Sam y Brittany habían decidido ir a visitarlo ya que no había ido a clase. Los tres se sorprendieron cuando les contó la gran noticia.

– ¿Vas a darlo en adopción? – La latina lo miró con tristeza.

– No lo sé, por un lado me gustaría quedármelo pero... No tengo dinero y va a ser muy difícil. – El moreno confesó.

– Si hace falta, yo puedo ejercer de padre. No me importaría. Yo voy a trabajar al acabar el instituto por lo que podría manteneros a los dos. Al principio será difícil pero espero que pronto pueda ganar dinero suficiente para que los tres vivamos juntos. – El rubio intervino, provocando que los dos morenos lo miraran sorprendido.

– ¡Sería genial! El bebé podría tener dos papás y dos mamás. Buscaríamos un apartamento y Sam y yo trabajaríamos para que vosotros pudierais estudiar. – Pierce estaba de acuerdo, lo que hizo que Lopez decidiera parar esa locura.

– No. Criar a un bebé es algo serio. Blaine se tiene que ocupar de eso. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es estar a su lado y apoyarlo en todo. – La chica miró a los dos rubios y ambos asintieron. Después se volvió hacia el ojimiel. – Tal vez debas esperar a las pruebas de paternidad. Si es de Sebastian él te ayudará y te lo podrás quedar. Parece que tu único problema para quedártelo es el dinero. Si es de Elliot, podrías hablar con Cooper...

– No quiero que seamos una carga para nadie, ninguno de los dos debe cuidarnos... – Anderson comenzó a explicar, pero fue interrumpido.

– Ahí te equivocas. Si Sebastian es el padre, tiene que cuidaros porque es tan responsable como tú de la situación. Espera a las pruebas de paternidad antes de tomar la decisión si lo necesitas. – Santana concluyó. Le gustaría que todo saliera bien y que su amigo no tuviera que arrepentirse de la decisión tomada.