Me he inspirado en este capitulo con la canción Modest Mouse – Ocean breathes salty.

CAPITULO 13

Un ser Fabuloso y Odioso

Well, that is that and this is this.
You tell me what you want and I'll tell you what you get.
You get away from me. You get away from me.

Bueno, eso es eso y esto es esto.
Me dices lo que quieres y te diré lo que obtienes.
Te alejas de mí. Te alejas de mí.

Era ella. Aoko. Su fantasma de las rosas. Se restregó los ojos y parpadeó dos veces, no pudiendo creer lo que veía. La imagen borrosa y confusa que había en su mente de su rostro se volvió nítida, y él se recriminó, indignado, que cómo podía ser que se hubiese olvidado de esa hermosa y alegre sonrisa. La observó desde allí, escondido detrás de la puerta, viendo como iba sirviendo por las mesas y hacía cócteles detrás de la barra con Jii.

¿Aoko trabajaba para Jii? Un creciente enfado se formó en su pecho. Jii no se lo había dicho en ningún momento y había tenido oportunidades. Si lo hubiese sabido, hubiese ido a verla mucho tiempo antes, aunque quizá era esa la razón por la cual no se lo hubiese dicho.

No obstante, ese razonamiento no hizo que su irritación y resentimiento disminuyese. Siguió mirando a Aoko, quien ahora hablaba y reía con unos clientes masculinos. El ceño se frunció y los dientes le empezaron a crispar sin que lo pudiera remediar. Instantes después, notó que su mano se estaba entumeciendo y observó que sus nudillos estaban blancos a causa de que tenía el pomo de la puerta firmemente apretado, descargando toda su ira allí.

Retiró la mano con rapidez y se dio cuenta de la reacción tan infantil que acababa de experimentar. ¿Qué era eso? ¿Celos? ¿Él? ¡Por favor! Él nunca había estado celoso, ni siquiera en su adolescencia… ¿Verdad? Sacudió la cabeza con fuerza, desechando esa idea tan estúpida. Volvió a mirar por la abertura de la puerta y la cantidad de gente que había allí metida lo abrumó un poco. Pero, por otra parte, Aoko estaba allí y quería hablar con ella.

- ¿Hablar? ¿Hablar de qué? – susurró él para sí mismo – Nada hay que hablar. Me dejó claro lo que pensaba… Ya hace tiempo.

"Me heriste, Kaito. Me abandonaste. Pensé que eras mi mejor amigo pero aunque yo te daba mi amistad tú me rechazabas y me ignorabas. Y no entendía el porqué"

"¡Tú hacías como si no existiera! Te animaba, te hablaba, permanecí a tu lado…Pero tú…Tú tan solo veías y ves a Akako y yo no puedo competir con ella. No puedo."

Cada palabra y cada recuerdo se incrustaban en su corazón como una fina y profunda puñalada, arrepintiéndose cada segundo de todas sus acciones en su pasado que, aún siendo algo confusas para él, sabía con seguridad que fueron incorrectas y déspotas.

"¡Tú no tienes sentimientos! ¡No, no los tienes! ¡No eres feliz! ¡Has cambiado! ¡No eres mi Kaito! ¡No…! ¡No quiero verte!"

"¡Olvídate de mí!"

Un ruido semejante a una risa amarga y sarcástica salió de su garganta. Minutos antes no se acordaba ni de su rostro y ahora sabía exactamente, palabra por palabra, todo lo que le había dicho. Se miró durante unos largos segundos a sí mismo. Aunque había recuperado parte de su masa corporal, aún se veía delgado y desnutrido. ¿Qué diría Aoko si le viera de ese modo?

Se horrorizaría. No, peor. Saldría corriendo. Cerró la puerta con cuidado y apoyó la frente contra la fría madera, derrotado. Ella no quería saber nada de él y Kaito no le haría pasar un mal rato. Lanzó un sonoro suspiró y se retiró lentamente de la puerta cabizbajo, desapareciendo mientras subía lánguidamente por las escaleras.


Aoko llegó a casa con el cansancio sobre sus hombros. Había sido una noche bastante dura, demasiada gente y demasiado ruido. Encendió la luz del recibidor y se quitó los zapatos con cautela, intentando no hacer ruido pues eran pasadas las dos de la mañana y no quería despertar a nadie. Se desplazó por el corredor y se dio cuenta, asustada, que una tenue luz resplandecía en el comedor. La idea de que se hubiesen colado unos ladrones le asaltó a la mente y, alarmada, volvió al recibidor con sigilo para coger un paraguas y poder defenderse ante un posible ataque.

Volvió a la entrada del comedor e, inspirando por la nariz para recuperar el autocontrol, se adentró a la habitación decidida y valiente con el paraguas en alto.

- ¿Quién anda ahí?

Una pequeña figura sentada en el suelo, al lado del sofá, se removió y Aoko se relajó al reconocer el ovillo humano bajando el paraguas lentamente.

- ¿Kagura?

La niña levantó el rostro y Aoko pudo ver las lágrimas surcar sus mejillas y sus ojos llenos de terror y tristeza. Rápidamente, Kagura se levantó del suelo y corrió hacia Aoko para abrazarse en sus piernas fuertemente y llorar angustiosamente. Aoko, ya imaginando la causa de ese llanto, la levantó en brazos y la llevó con ella en el sofá. La abrazó contra su pecho, acunándola e intentándola consolar con gestos y mostrando su afecto con mimos.

- ¿Ha sido otra pesadilla?

La niña cabeceó afirmativamente.

- ¿Me la quieres explicar?

Kagura se removió un poco entre sus brazos y la abrazó más fuerte. Aoko la acarició con lentitud y afecto, intentando tranquilizarla con el silencio y la paciencia. Después de unos balbuceos, la niña empezó a relatar.

- He soñado con Hakuba… - comentó con voz quebradiza – He soñado que él gritaba y pedía ayuda…Todo era negro…Estaba en peligro, pero yo no podía ayudarle – Hizo una larga pausa y levantó la vista para mirar a su tía con ojos llorosos - Tía Aoko…Él esta bien ¿verdad?

Aoko se extrañó por unos instantes por el contenido de esa pesadilla. Era raro, porque normalmente sus sueños iban entorno de su fallecida madre, algo comprensible y que iba en disminución, y no sobre Hakuba. Eso significaba que lo echaba mucho de menos.

- Claro que sí – Le aseguró Aoko – Hakuba esta en Inglaterra, ya te lo dije. No debes preocuparte.

- ¿Y entonces por qué no ha llamado?

Aoko sintió una incertidumbre y una preocupación crecer en el pecho, y rezó porque la oscuridad de la noche y la poca luz escondiera su rostro entristecido. La verdad es que hacía ya más de tres semanas que no recibían ninguna noticia de Hakuba y, aunque fuera algo olvidadizo y despreocupado en este tipo de cosas, él no estaba tanto tiempo incomunicado. Hasta los medios empezaban a sospechar algo. Pero no quería preocupar a Kagura, seguro que no era nada importante.

Hakuba sabía cuidarse de sí mismo.

- Y sabes como es Hakuba, cariño – Le explicó con tono convencido – Un día de estos aparecerá con un montón de recuerdos de Inglaterra y le convenceremos de que se quede una temporada con nosotras, ya veras.

Kagura no contestó, sumiéndose las dos en el silencio de la noche. Aoko siguió acariciándole el pelo, y oyó como la respiración de la niña empezó hacerse más constante y apaciguada.

- Tú nunca me abandonarás ¿verdad, tía?

Aoko apartó un poco la cabeza para ver el rostro contraído de su ahijada contra su pecho, lleno de amargura. La mirada de Aoko se enterneció y una empatía hacia la niña hizo que se le formara un nudo en la garganta, comprendiendo el estado emocional de ella. En cierto modo, sus padres la habían abandonado y Hakuba había sido una gran figura paterna para Kagura, al igual que ella era la materna. Y tenía la sospecha de que Kaito también se había ganado una posición afectiva dentro del mundo de Kagura.

Pero ambos hombres ya no tenían relación con la pequeña.

Tan solo quedaba ella. La estrechó más en su abrazo.

- No, Kagura – dijo con voz quebradiza a causa de la emoción pero con convencimiento – Nunca lo haré.


Jii entró al apartamento con intención de irse derecho a la cama, sin ni siquiera abrir las luces de la casa, había sido una noche un tanto concurrida.

- ¿Por qué no me lo dijiste?

Una voz entre las sombras hizo que se parase en seco en su trayecto hacia su dormitorio, viendo a la luz de la luna la figura de su inquilino en el alfeizar de la ventana. Kaito abrió la lámpara a su lado y lo miró fijamente, con el sentimiento de rencor y angustia plasmados en el intenso color añil de sus ojos. Jii dio un paso hacia atrás por la tenebrosa mirada que le dedicaba, sorprendiéndose por el insólito hecho de que el muchacho reflejara emoción alguna.

- ¿Q-Qué? – Preguntó el anciano, temeroso y confundido - ¿De qué me hablas?

- ¡¿Por qué no me lo dijiste? – bramó con vehemencia, levantándose de golpe.

- ¿A- A qué te refieres, Kaito?

- Es obvio ¿no? – Volvió a vociferar, rencoroso. Al ver que Jii no contestaba y su faz confundida, Kaito alzó las manos para dar énfasis a la obviedad ante él - ¡A ella, Jii, a ella!

- ¿Ella?

- ¡A Aoko!

El rostro de Jii se volvió pálido de golpe, viéndose al fin descubierto.

- Trabaja para ti ¿Verdad?

- Sí.

Kaito soltó un rugido estremecedor y, con tres zancadas, travesó todo el comedor hasta situarse delante de Jii y amarrarle por las solapas de su americana, atrapándole amenazadoramente. Jii contuvo el aliento, sorprendido por el violento gesto, por la ira que destellaba de los ojos de Kaito y el duro rechinar de sus dientes.

- ¡¿Por qué? – Gritó con rabia contenida - ¡¿Por qué no me lo dijiste?

Jii se separó de él, soltándose de su agarre, teniendo miedo de la impetuosa agresividad, nueva faceta de un Kaito que era desconocido para él.

- ¡Cálmate! – Le replicó con voz férrea - ¿A qué viene esta reacción?

- ¿A qué viene? – Respondió indignado, haciendo movimientos nerviosos en el aire - ¡No puedes guardarte un secreto como este! ¡No a mi! ¡No tratándose de ella!

- Estas siendo muy irracional – le espetó el anciano con templada serenidad – Hace años que no quieres saber nada de ella. Ni de ella ni de nadie. No tienes derecho a recriminarme nada, y menos eso.

Kaito no respondió, a sabiendas que lo dicho era verdad, pero el brillo de ira en sus ojos no se apagó en ningún momento. La indignación no disminuyó, pues cuando recordaba las veces que había pensado en Aoko estando allí, y que todas esas ocasiones habían estado a tan poca distancia, se ponía enfermo. No sabía exactamente por qué pensaba tanto en ella desde que se fue de la mansión de los Koizumi, pero así era. Quizá porqué no había vuelto a soñar con su fantasma de las rosas y la echaba de menos, o quizá porqué los amargos recuerdos de su último encuentro le habían asaltado a su mente con tal ferocidad que, atormentándolo y causándole dolencias de jaqueca, provocó que la culpabilidad se instalara en su cuerpo y quisiera remediar de algún modo el dolor sufrido por la chica por su causa.

- No te lo dije por qué no estabas en condiciones – Continuó Jii.

- ¿Tanta repulsión da mi aspecto? – soltó sardónico.

- No es tan solo tu físico, Kaito – le aclaró Jii – Tus condiciones psíquicas no eran las mejores… Y creo que aún no estas del todo… - titubeó para dar con el termino adecuado - …recuperado. No era bueno que os vieses.

- Pues yo quiero verla.

- No creo que ella quiera.

Esa suposición le sentó como una patada en el estómago. Las sospechas y la incertidumbre que hicieron que no se atreviese a cruzar esa puerta esa noche para ir a saludarla no resultaron infundadas. Ella en verdad no quería verlo y, aunque fuera enteramente comprensible, Kaito no pudo evitar sentir una decepción y una congoja profunda. Y de todo ello se dio cuenta de su estado anímico y sus cefaleas. De nuevo, parecía que el virus había vuelto al ataque, machacándolo por dentro, sufriendo punzadas en el cráneo y sin poder controlar los sentimientos confusos que circulaban por sus venas inquietas.

La frialdad había pasado a segundo plano y la ignorancia con la que estaba acostumbrado a vivir no era suficiente. Quería saber. Saber qué era lo que había pasado esos últimos años, recuperar el tiempo perdido… Un tiempo que ahora se daba cuenta que lo había desechado. La soledad de esas semanas, encerrado en esa mansión, le hizo ver lo importante que era la compañía, la compañía de sus seres queridos. Y Aoko, reprochándole su ausencia, le había hecho ver su pecado.

Y ahora quería demostrar – a ella y a sí mismo – que era capaz de volver a su antigua vida.

De volver con ellos.

Kaito dejó el aire contenido en sus pulmones con lentitud y, girando sobre sus talones y dirigiéndose a paso tranquilo hacia el comedor, apoyó una mano en la ventana y contempló detrás del cristal la luna llena en su esplendor.

- Envía un aviso a la policía, Jii.

Konosuke, que lo observaba desde el otro extremo de la habitación, parpadeó un par de veces.

- ¿C-Como?

- Envía un aviso a la policía – repitió con tono decisivo – Kid ha vuelto.


Al levantarse de la cama, lo primero que pensó Aoko fue que hoy sería un buen día. Las palomas graznaban en el jardín de la residencia de los Kuroba y al retirar las cortinas de las ventanas de su habitación – antiguo dormitorio de Chikage – el sol acarició su piel de forma grata. Después de tantos días consecutivos rodeados de nubes molestas, era sumamente agradable disfrutar de la luz solar en su más entero esplendor. Y con un día como ese y siendo domingo ¿Cómo no iba a ser un gran día?

Se vistió con entusiasmo y bajó las escaleras tatareando una canción infantil con alegría, pensando que después de sacar a tender la ropa acumulada de esos días, podrían ir ella, Kazuha y Kagura a dar un paseo e ir a comer a un buen restaurante para aprovechar tan buen día. Pero su alegría se vio truncada nada más llegar al salón y ver los rostros de sus dos compañeras de vivienda ensimismadas en la pantalla de la televisión. Ambas en el sofá y con un bol de cereales entre sus manos, la menor miraba algo confusa y curiosa y la mayor con una faz llena de sorpresa y éxtasis.

Aoko, curiosa, prestó atención al debate matinal de la televisión y un desagradable escalofrío recorrió su espina dorsal. La imagen de una figura masculina vestido con un traje blanco apareció en la pantalla y los elogios de los contertulianos sobre esta brotaban por sus bocas sin pausa alguna. Por un momento, Aoko viajó a través del tiempo, cuando tenía diecisiete años, y experimentó la misma furia y indignación que se materializó en su estomago y el sabor de disgusto que inundaba su lengua.

- Y sí, señores míos – Comentó un tertuliano del debate – El fabuloso Kid ha regresado de su tumba.

- Muchos lo creían muerto – Citó otro – Pero el aviso que ayer por la noche recibió la policía deja del todo claro que tan solo era un farol.

- ¿No se tratará de una broma? – Sugirió otro – Cualquiera puede enviar una nota y hacerse pasar por él.

- La policía no lo cree posible – Replicó el primero – Kid siempre ha seguido unas directrices y su inconfundible sello parece ser auténtico.

- El hecho es que ha habido una advertencia por ese ladrón para esta noche.- Contempló el presentador - Su objetivo: el cuadro "La batalla de Tetuan", expuesto en Tokio por tiempo limitado. Y esta cadena ha conseguido una exclusiva: esta noche podrán ver el escenario del supuesto y futuro crimen en directo, a las diez de la noche. Os esperamos, querida audiencia. A continuación, expondremos una recopilación de todos los documentos y registros de Kid de hace cuatro años…

Kazuha ahogó un chillido al ver que la televisión se apagaba de golpe, dejando al presentador con la palabra en la boca. Miró hacia un lado y contempló la cara de pocos amigos de Aoko y cómo sostenía firmemente el mando, clara prueba del delito.

- ¡Eh, Aoko! – Exclamó indignada Kazuha - ¿Por qué lo has apagado? ¡Era interesante!

- ¡Ese idiota no tiene nada de interesante!

- ¿A quién llamas idiota? – Preguntó Kazuha mosqueada - ¡Kid es fabuloso!

- ¡Es odioso! – Protestó Aoko - ¡Oh, vamos, Kazuha! ¿No me dirás que te gusta ese sinvergüenza?

- Claro – afirmó la otra - ¿A quién no?

- ¡A mi no! – Se puso las manos en la cadera con autosuficiencia - ¡Es un criminal!

Kazuha hizo un salto acrobático con el bol de cereales entre las manos y se quedó de pie encima del sofá con aire temerario.

- ¡Kid no es un criminal! – Dijo sacándole la lengua – ¡Es un artista!

- ¡Los artistas no roban!

- ¡Los criminales normales no hacen magia!

- ¿Quién ha dicho que Kid sea normal?

- No, no es normal – Contestó Kazuha con una sonrisa de oreja a oreja y con aire soñador - ¡Es extraordinario! – Ahora la miró con una sonrisa inteligente – Además, si Kid ha vuelto, eso quiere decir que tanto Heiji como Kudo vendrán a Tokio para quedarse una temporada – Soltó una risita de alegría y dio unos saltitos encima del sofá - ¡Podré ver a Heiji! ¡Podré ver a Heiji! ¡Podré ver a Heiji!

Kagura miró curiosa como Kazuha seguía dando saltitos encima del sofá y danzando una extraña coreografía llena de entusiasmo, tatareando el nombre de su amado novio. Aoko, por su parte, bufó hastiada y se desplumó en el sillón con rostro amargado y remugando insultos ininteligibles y llenos de ira. ¿Por qué tenía que haber vuelto ese estúpido ladrón? Tan solo hacía que traer problemas y disgustos. La pequeña Kagura se bajó del sofá y se dirigió hacia el sillón donde estaba Aoko con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

- Tía Aoko… - la llamó Kagura.

- ¿Mmm? – contestó aún con el ceño fruncido.

- ¿Quién es Kid?

- Un ser odioso…

- ¡Fabuloso! – rectificó Kazuha canturreando desde el sofá.

-… Que se dedica a ir robando… – continuó Aoko con su malhumor y enviándole una mirada asesina a Kazuha que esta ignoró.

- ¡Tomando prestado! – Volvió corregir Kazuha - ¡Piensa que después lo devuelve!

- …Y que se burla de los policías. – Acabó al fin Aoko con los dientes apretados.

- No se burla, son ellos que no son capaces de atraparle.

- ¡Se burla, Kazuha, se burla! – Replicó enojada Aoko - ¡Esto no me lo puedes discutir!

- Bueno… - Consideró Kazuha – Quizá sí que se burla un poco…

Kagura, por su parte, se quedó pensativa unos instantes.

- Pero entonces… - Se rascó un poco la cabeza - ¿Kid es bueno o malo?

- ¡Bueno! – exclamó Kazuha con una sonrisa.

- ¡Malo! – refunfuñó Aoko.

Y de vuelta a la discusión inicial. Todos los defectos y todas las virtudes fueron citadas y discutidas, todas con las controversias dignas de un debate parlamentario, dejando a la pobre y pequeña Kagura en medio de una discusión que, al cabo de un cuarto de hora, ya no tenía el menor sentido. La niña miraba impresionada y con cierto temor a sus dos mayores, quedando atónita y confusa con la cuestión discutida. De pronto, el teléfono sonó y Kagura se fue corriendo a cogerlo, contenta de salir de esa disputa.

- ¿Diga? – Contestó la niña - ¡Hola, abuelo Ginzo! ¿Tía Aoko? Sí, sí…Ahora se pone – Kagura se giró hacia donde estaban Aoko y Kazuha - ¡Tía Aoko, el abuelo Ginzo al teléfono!

Aoko paró de hablar en seco y miró al teléfono que sostenía Kagura con inquietud.

Esos eran los disgustos a lo que ella se refería. Se levantó con pesadez y con resignación agarró el auricular del teléfono.

- Hola, papá.

- ¡Aoko, hija! – Saludó el hombre con emoción contenida - ¿Te has enterado de la noticia?

- Es imposible no enterarse de ella – comentó rodando los ojos.

- ¡Es increíble! ¡Ese fanfarrón ha vuelto a la carga! ¡Y nada más y nada menos que con una amenaza de robar ese cuadro tan famoso! ¿Te lo puedes creer? ¡El muy sinvergüenza!

A pesar de las palabras insultantes, el tono de Ginzo no podía connotar más alegría y júbilo. Aoko ya estaba acostumbrada a sus expresiones, llenas de un sentimiento que vagaba entre el amor y el odio. Para su padre, Kid siempre había significado el cénit de su motivación en su trabajo. Un juego entre policía y ladrón que daba viveza a su vida. Lo odiaba porque no podía atraparlo, no obstante, si desaparecía lo echaba de menos. A Ginzo le costó superar la desaparición de Kid, pero al fin lo consiguió y llevaba una vida más tranquila. Hasta ahora.

- Típico de Kid – le contestó Aoko – Siempre con ganas de dar la nota. Le encanta ser el centro de atención…

- Sí, sí, tienes razón ¿Y sabes lo mejor? – Le respondió con voz acelerada - ¡Me han restituido de mi antiguo cargo! ¡Vuelvo a ser el encargado de atrapar a ese sucio ladrón!

Ahora sí que el disgusto se instaló en el cuerpo de Aoko. Esto era lo que más temía. Al fin su padre se había centrado y las crisis nerviosas que sufría antaño se habían estabilizado, pero ahora que volvía a su antiguo puesto estaba claro que esas crisis volverían y ese estado de estrés no era bueno para su corazón…¿Y si sufría un infarto? ¡Que no era un jovenzuelo, por Dios!

- No te preocupes, Aoko ¡Esta vez lo atraparé! – Dijo con emoción y entre risas de regocijo - ¡Esta claro que en cuatro años habrá perdido facultades y me aprovecharé de ello! ¡Será pan comido!

- Papá ¿Crees que es buena idea? – Le preguntó Aoko con cierta ansiedad – Tu estado de salud no es…

- ¡Paparruchas! ¡No he estado mejor en mi vida! – La interrumpió con decisión - Como me llamo Ginzo Nakamori, que esta vez lo atraparé.

Aoko soltó un sonoro suspiro, llegando a la conclusión que no podría sacarlo de sus trece.

- Hazme un favor y ten cuidado.

- ¿Cuándo no tengo cuidado, hija? – Le contestó con alegría – Esta noche pon la televisión, lo darán en directo ¡Ya verás! ¡Estate atenta porque tu padre atrapará por fin al ladrón más famoso del siglo!

Y así, entre risas y con una corta despedida, acabó la conversación. Aoko decidió que sí que vería el robo por la televisión, pues quería asegurarse de que su padre, preso de la emoción y el atolondramiento que le invadía cada vez que se enfrentaba a Kid, hiciera una tontería que le costara cara.


Kaito acabó de anudarse la corbata rosada alrededor de su cuello. Se volteó, con intención de mirarse al espejo. La familiar imagen inmaculada que se reflectaba hizo que un frenesí poco habitual recorriera su esófago y, por consiguiente, unas leves punzadas en sus sienes hicieron acto de presencia, de seguro cortesía del tan añorado virus. Y es que no podía negarlo: estaba impaciente.

Pero tenía que admitir que las ropas no le iban a la medida, como en tiempos pasados. Había crecido en altura y la ropa le quedaba un poco corta; por otra parte, también le quedaba holgada a causa de su estado de delgadez. Pero no era algo que una aguja no pudiera arreglar, aunque debería esperar hasta después de este primer golpe, pues era imposible arreglarlo teniendo en cuenta el poco tiempo que disponían para los preparativos convenientes. Aún mirándose en el espejo, pudo advertir la entrada de Jii en la guarida que estaba situada debajo del Blue Parrot y como lo miraba entre una mezcla de indecisión y preocupación.

- ¿Qué pasa, Jii? – Le preguntó Kaito dándose la vuelta – Pensé que te alegraría que volviera a ser Kid.

- Y así es – le expresó en un medio titubeo – Pero no puedo dejar de preocuparme y de preguntarme…- Le miró a los ojos - ¿Hacía falta dar el golpe en tan poco tiempo? Es decir, enviaste la nota ayer y esta noche ya quieres entrar en acción ¿No es un poco precipitado? ¿No deberías calcular bien los preparativos y estar bien informado? Estas siendo muy impulsivo.

- No hay de qué preocuparse – dijo con su serenidad de costumbre y acabándose de atar los gemelos de las muñecas – Hace ya tiempo que me lo estaba planteando y sé perfectamente qué he de hacer – Sonrió de medio lado, algo sarcástico – He tenido mucho tiempo libre.

- ¿Por qué ahora, Kaito? – Instó preocupado Jii - ¿Por qué, de repente, quieres volver a ser Kid?

Kaito se le borró la sonrisa de golpe, adoptando su aire frío y serio. Le apartó la mirada y fue a coger su tan preciada pistola lanza cartas y la contempló haciéndose el distraído.

- ¿Kaito?

- ¿Tiene que haber una razón? – Contestó sin mirarlo, con voz llena de frialdad y a la defensiva - ¿No puedes alegrarte y punto?

Jii se sintió un poco cohibido por tal contestación y no contestó hasta segundos después.

- Está bien, no quería molestarte.

Acto seguido, Jii abandonó la guarida con aire ofendido. Kaito miró la salida por la que Jii se fue con expresión arrepentida. Se rascó la cabeza con vehemencia, recostándose contra la silla, hastiado y lanzando un sonoro suspiro. Su reacción no había sido la apropiada ni mucho menos, pero sentía que explicarle sus confusos sentimientos y pensamientos le causaría una vergüenza sin igual. Sobretodo, porqué ni el mismo sabía la respuesta. La idea de volver a ser Kid se le antojó así, sin más.

Mentira.

Sabía qué le había empujado a volver a ser Kid: Aoko. Sus rechazos a su persona los contemplaba como un impedimento a recuperar su ego perdido, pues los hechos le repetían constantemente que no podría llegar a ser otra vez el Kaito de antes. Nunca volvería a ser divertido, risueño, agudo, galán, valiente… Se quedaría con ese aspecto demacrado, escuálido, esa faz fría e inexpresiva, ese carácter difícil y voluble...

Esas inseguridades eran los que le avergonzaban. Y él, que no era proclive en demostrar sus sentimientos, ni por asomo quería exponer sus debilidades a Jii, el cual ya lo había visto demasiado destrozado e indefenso durante esas últimas semanas. Por eso quiso volver a ser Kid, por eso quería hacerlo él solo. Quería autodescubrirse de nuevo, intentar por esa vía recuperar su yo, su verdadero yo que, aún no sabía cómo, el tiempo se lo había llevado.

Estaba extasiado. La idea de ser Kid de nuevo le emocionaba por dentro. Y a pesar de su impaciencia y las ganas que tenía de volver a la acción, no podía evitar sentir que hacía algo mal. Akako le había advertido mil veces que no quería que volviera a ser Kid y él ahora, aprovechando su ausencia, iba a desobedecerla. Pero tampoco podía hacer caso omiso del hecho que la bruja lo hubiera encerrado sin contacto humano ni animal durante tantas semanas y, si no hubiese sido por Jii, meses. A parte del amor que él estaba convencido que le profesaba, un nuevo sentimiento había surgido, un sentimiento que contrariaba el anterior: rencor. Un rencor pequeño, pero doliente y persistente. Y no se iría, no, no se iría. Aunque al mismo tiempo, el virus que recientemente habría regresado le impedía pensar mucho en ella. Le decía, entre murmullos, que ya solucionaría ese problema cuando ella regresara.

Y él no rechistaba.

Kaito volvió a mirar la salida de la guarida apenado. Después de ese robo debería pedir perdón a Jii por su comportamiento y darle una explicación, de paso.


Ginzo Nakamori no podía expresar más euforia. Todo él era un cúmulo de emociones contradictorias que exaltaban sus nervios de forma claramente perceptible. Correteaba de un lado a otro del museo, ordenaba y después rectificaba las posiciones de sus agentes, gritaba y gruñía a todo el personal y comprobaba una y otra vez las instalaciones y los paneles de control. Y todo esto con el lema implantado en sus labios de "esta vez, os aseguro que esta vez, atraparé al presumido de Kaito Kid".

En un momento en que estaba en los paneles de control, revisando los láser infrarrojos, el superintendente Hakuba se presentó en la sala, mirando constantemente a su alrededor. Nakamori le presentó sus respetos asegurando, por enésima vez esa noche, que atraparía al ladrón. El superintendente asintió, dándole plena libertad, pero su semblante preocupado intrigó en cierta forma al inspector.

- ¿Ha pasado algo, superintendente?

- No…No… - negó con la cabeza – Tan solo me preguntaba… ¿Usted sabe alguna noticia de mi hijo?

- ¿De Saguru Hakuba? No, la verdad.

El rostro del padre se contrajo de pura preocupación.

- Había pensado que, al aparecer Kid, Saguru vendría a prestarle ayuda, como solía hacer ya hace cuatro años…Pero veo que no.

- ¿Es que no esta a Inglaterra? – Preguntó el inspector – Aoko me dijo que pasaba una temporada allí.

- Sí, bueno… - El superintendente se acercó a él, en confidencia – Eso es lo que pensamos, pero ni yo ni su ayaa tenemos ninguna noticia de él. Cierto que Saguru va siempre a su aire y que viaja a su antojo, según los casos que se trae entre manos…Pero siempre había informado tarde o temprano de su paradero. Y hace semanas que no sabemos de él…Y te digo esto en confidencia, por que no quiero que los medios se enteren…no aún.

- ¡Oh, no se preocupe, superintendente! – Le intentó animar Ginzo – Estoy seguro que llamara. Estos jóvenes… ¡Pero ahora que ha vuelto Kid no tardara en volver a Japón, ya lo verá!

- Espero que tenga razón, inspector Nakamori.


Kaito observó el museo desde un edificio cercano con sus prismáticos. La vigilancia, como siempre, era extrema. Pero - ¡Ese Nakamori! – siempre seguía el mismo patrón. No le resultaría difícil esquivar la vigilancia, ah no. Y menos ahora que sentía esa emoción, tan familiar y tan añorada, recorrer por sus venas. Desde que se había vestido de blanco, la mascara del anonimato le proporcionaba un alejamiento de sus problemas, un otro yo que sabía que podía interpretar. Una segunda identidad que no precisaba de su autentico aspecto o carácter, de su búsqueda de su verdadera personalidad, sino de una actuación basada en la magia.

Y la magia sí que sabía dominarla. Allí no tenía dudas, ya no. Se sentía seguro consigo mismo, cosa que no pasaba cuando era Kaito Kuroba. El afán de encontrar a Pandora y destruirla, el de vengar la muerte de su padre, el de mantenerse en actividad, era lo que necesitaba Kaito en ese momento. Un motivo, un motivo para existir, para experimentar, para saber que estaba allí para algo. Y Kid le proporcionaba ese motivo. Y Kid y su padre.

Dejó de mirar por los prismáticos, se levantó y, extendiendo los brazos a sus lados con gran dramatismo, clamó:

- ¡Que empiece la magia!


Ginzo miró con impaciencia y anticipación el reloj de su muñeca. Faltaban dos minutos para la aparición de Kid y este solía ser muy escrupuloso en lo referente a la puntualidad. Las dudas le asaltaron en esa cuenta atrás. ¿Y si no aparecía? ¿Y si todo se trataba de una broma de mal gusto por algún chiquillo aburrido? Miró en dirección a las cámaras de televisión, con los corresponsales con una clara expectación. ¡Vaya chasco si todo resultaba ser mentira! Pero esas vacilaciones eran mínimas, porque todos los expertos estaban de acuerdo que ese aviso era autentico. Así que no había de qué preocuparse.

Miró a su alrededor con mirada inquisitiva ¿Por donde aparecería? ¿Por el techo? ¿Por el suelo? ¿Por las ventanas? La habitación era espaciosa y rectangular, llena de estatuas, esculturas y cuadros valiosos, con "la batalla de Tetuan" situada en el centro, en todo su esplendor. El pitido su reloj de pulsera le hizo darse cuenta de que era la hora en cuestión, y todos los sentidos de los presentes se agudizaron, prestando una atención asintótica a todo lo que les rodeaba.

De repente, las luces se apagaron por unos segundos, reinando la oscuridad y el caos durante ese transcurso de tiempo. Ginzo, ya habiendo planeado ese tipo de contratiempo, anunció vociferando que todos mantuvieran la calma y que no abandonaran sus puestos, que el generador eléctrico de repuesto se activaría en doce segundos. Y así se hizo. Doce segundos después, la luz volvió y los presentes y la audiencia televisiva se escandalizaron al ver que el ladrón de guante blanco había hecho acto de presencia, encima de una escultura contemporánea cuadrilítera, apta para mantener el equilibrio.

Kid sonrió complacido al ver las caras de asombro de los presentes y su porte, galán y pedante, tan solo provocó aumentar las exclamaciones de admiración de la gente que estaba fuera o en su casa viendo la transmisión del robo por televisión.

- Ladies and gentlemen – Anunció con una sonrisa – Siento la ausencia durante tanto tiempo pero, al fin, Kaito Kid ha regresado para hallar nuevos tesoros a costa de la tan apreciada policía nipona. Y… – Esta vez adoptó una voz más misteriosa – Pienso conseguir el gran tesoro que aguardo buscando…

- ¡Maldito presumido! – Clamó Ginzo - ¡Haré que te tragues tus palabras!

Pero antes de que Ginzo pudiera hacer realidad sus promesas, Kid extendió los brazos y de allí salieron decenas de rosas que quedaron esparcidas por toda la sala. Los agentes, confusos e intrigados por tal maniobra, no hicieron nada para eludir las flores que se esparcían a su alrededor. Error garrafal. Las rosas empezaron a explotar y, en el proceso, echaron gas lacrimógeno. Se podría calificar de negligencia la actitud de los agentes, pues siendo Kid un legendario y capaz ladrón que lanzaba objetos no identificados por toda la sala, podrían haber reaccionado de otra forma. Mas la euforia de su vuelta y la admiración que desprendía tal figura como Kid entre todos los policías – sentimientos escondidos cuando estaban cerca del inspector Nakamori – es una cuestión que se tiene que tener en cuenta.

Así pues, no es difícil de imaginar lo que ocurrió. El humo invadió la sala dificultando tanto la salud como la visión de los agentes y Kid, con un leve chasqueo de dedos y una sonrisa satisfecha, hizo desaparecer el cuadro y, consecuentemente, él mismo. Aunque no sin antes expresar sus pensamientos:

- Ha sido un placer haber pasado una noche tan agradable con vosotros, querido público…

Y desapareció.

- ¡Maldito Kid! – Expresó con visible irritación - ¡Vámonos todos! ¡A lo mejor lo encontramos por los alrededores! ¡Debe estar cerca!

- ¡Sí! – asintieron todos los agentes ya más recuperados del gas.

Salieron, pues, toda la policía fuera del museo y vieron el ala delta de Kid surcar por el aire. A Nakamori le faltó tiempo para avisar a los helicópteros para que persiguieran el ala delta e ir él detrás con un coche patrulla. No obstante, se llevaron todos una decepción al descubrir que en verdad lo que iba en el ala delta era un muñeco. Por suerte, junto al muñeco había escondido el cuadro que minutos antes Kid había robado y, con él, había adjuntado una nota del ladrón:

"Querido Inspector Nakamori:

Este golpe ha significado el principio de una nueva saga, un preludio de los acontecimientos que vendrán a posteriori, una mera presentación. Por eso mismo, le devuelvo inmediatamente el supuesto cuadro robado.

Estad alerta, porque Kid el ladrón ha vuelto.

KAITO KID"


Aoko miró algo mustia y amargada la pantalla de la televisión, con los brazos cruzados en signo de su disconformidad y con el ceño bastante fruncido para demostrar su enojo. Kid había vuelto a ganar. Sinceramente, no esperaba menos de él. Y no era que no confiara en las capacidades de su padre, eso no, pero la experiencia de aquellos años adolescentes ya le sugerían que Kid siempre se saldría con la suya. Con los únicos que Kid podría tambalearse un poco era con Hakuba, Heiji o Shinichi. Y, esperaba y deseaba, que hicieran acto de presencia pronto para pararle los pies.

- ¡Viva Kid! – Exclamó Kazhua a su lado y Aoko le dirigió una mirada de desaprobación - ¿Qué pasa, Aoko? – Replicó – A mi me gusta Kid, al contrario que a ti. Por lo menos puedo expresar lo que siento ¿no?

Aoko bufó resignada, para después alarmarse al contemplar el rostro lleno de fascinación que resplandecía Kagura. La niña había caído también en la trampa de Kid. Con su aspecto encantador y galán, su magia fabulosa y magnifica, sus palabras llenas de elegancia y porte, había engatusado a su ahijada.

Kazuha también vio la reacción de Kagura y sonrió a Aoko, victoriosa.

- ¿Te ha gustado Kid, Kagura? – le preguntó Kazuha con regocijo, ya sabiendo la respuesta de antemano.

Kagura asintió, aún embobada con las imágenes de la televisión. De pronto, se giró hacia Aoko y, con una cara extasiada de alegría y las mejillas algo sonrojadas de la emoción, exclamó:

- ¿Lo has visto, tía Aoko? ¿Lo has visto? – Preguntó con júbilo - ¡Ha hecho magia! ¡Magia!

- Sí, Kagura – respondió intentando que no se notara su rabia – Lo he visto ¡Pero que no se te olvide que es un ladrón!

- Lo sé, tía, lo sé…Pero… - contestó la niña, contrariada - ¡Pero ha sido alucinante! ¡Y muy bonito! ¿Has visto cómo ha hecho aparecer las rosas?

- Sí, bueno – rebatió Aoko intentando quitarle importancia – Muchos magos pueden hacerlo.

- ¡Sí! – La niña estuvo de acuerdo - ¡Como Kaito!

Ese comentario le sentó a Aoko como si le echaran un balde de agua fría por encima. Inocentemente, la chiquilla había troncado su argumento citando al hombre de latón, personaje que tampoco podía ni ver. Kazuha, al oír el comentario y el tono inocente de la niña, no pudo hacer otra cosa que echarse a reír con ganas.

- ¡Bien! – Expresó Kazuha entre risas - ¡Kagura esta conmigo!

Ante esas situaciones, donde la gente se desvivía por tal personaje tan indigno de vitoreo, Aoko reflexionaba seriamente durante unos segundos si en verdad era ella quién estaba en un error y el ladrón era meritorio de tanta admiración.

Pero esos segundos eran lo que tardaba la muchacha a desechar tan estúpida idea. Kid era un ladrón, un criminal, un estafador.

Ella estaba en lo cierto, todo el mundo se equivocaba.

The ocean breathes salty, won't you carry it in?
In your head, in your mouth, in your soul.
The more we move ahead the more we're stuck in rewind.
Well I don't mind. I don't mind. How the hell could I mind?

El océano se respira salado ¿Acaso no te lo llevarías?
En tu cabeza, en tu boca, en tu alma.
Cuanto más avanzamos, más nos atascamos en el pasado.
Bueno, no me importa. No me importa. ¿Qué diablos debería importarme?

Fin del capitulo 13

Vale, lo sé. Mi intención era escribir el reencuentro de Kaito y Aoko, pero he decidido retrasarlo un capitulo más. A cambio, la reaparición de Kid sí que se ha cumplido. ¡Por fin! ¡despues de tantos capitulos, por fin he decidido incorporar a Kid! sin embargo Espero que os haya gustado, aunque debo admitir que me ha salido un poco cortito! pero es lo que ha dicho kaito en su nota: esto tan solo es un preludio :):) Y lo siento, siento el retraso pero que sapais que sigo ahí :D:D respecto al capitulo, destacar la aportacion de kagura y su "misterioso sueño con hakuba" ¿quiza he hecho a la niña un poco vidente? y las reacciones de ginzo Nakamori, que he dejado al personaje un poquito abandonado y ahora lo he recuperado :):)

Muchas gracias a:

karimariesk: tendras que esperar un poco para el reencuentro, por que lo he atrasado!:P:P pero espero que por lo menos te haya gustado kid y las reacciones de aoko, kagura y kazuha! ah, y de ginzo! xdxd pero te prometo que en el proximo capitulo si que si...que habra algo de reencuentroo! jajajajjaja! be patiencee! ;) muchas gracias por tu apoyo de verdadd!

Adherel: ahhhh! me alegro tanto que te guste esta historiaa! se que es un poco rara, pero me contento en que os gustee! y espero que este capitulo tambien te haya servido para distraeerte un poco, que de vez en cuando va bienn!:D:D

Clara:aun queda un pokito para k se besen, mujer! tiempo al tiempo! se que voy un poco lenta en la trama y que pasan muchas cosas pero es que ha salido asii!me alegra que lo encuentres interesannteee! :D:D:D muchas graciiiiass!

aural17: bien, aqui tienes otra entrega de este fic!xdxd se que todas estais preocupadas por saguru, pero aun queda un poquitito para k salga de nuevo! mientras tendreis k conformaros por las otras personas que lo recuerdan! y si, pobre kaito, es un martir y creo que lo haran santo, pobrecito!xdxd pero todo este dolor servira para algo, no te preocupes! ademas, ahora siendo kid de nuevo esta recuperando su antigua forma!jejejeje! muchas gracias por tu comentario!

Sharyl21: primero...siento los retrasos, pero es que no doy para mas! aunque intento actualizar siempre que puedo y siento que los capitulos no sean tan largos como quisiera, pero bueno...tendras que disculparme! segundo: hakuba, de momento, tendras que verlo en boca de kagura que lo echa mucho de menos, pero ahora ya sabes que ya sospechan de su desaparición! tercero: no es que no quiera hacer un Kaito-aoko-kagura...lo que pasa es que tengo q prepararlo bien, y lo estoy atrasando lo se!xdxd pero creo que en el proximo capitulo ya podras verlo...jejeje! si e ha gustado la cancion de Hurts, te gustara todo su album! es muy bueno! me alegra que tengamos unos gustos tan semejantes :):) mechas gracias por tu review!::D:D

Shuliaaa: aprecio que te gustara el capitulo anterior! Jii es un sol, en verdad! espero que te haya gustado el retorno de kid :D:D por fin a salido! siento que aoko y kaito al final no se hayan encontrado, pero pronto lo haran,si, si! Y si, indudablemente, en este fic tiene más protagonismo kaito y creo que continuare asi, es un personaje muy interesante :D:D Muchisimas gracias por todo tu apoyo, lo agradezco!

Saori Kudo: ya borré el review! jajaja! Bueno, el reintegro de kid creo que te hara una idea de que en verdad Kaito ya no tropezera más y conseguira por fin, poco a poco, recuperar su antiguo yo (aunque yo siempre dejo la dudaa...porque este fic me esta saliendo muy largo, la verdad! aun queda mucho para terminar y aluciono lo enrebesado que me esta saliendo, quiza demasiado :S) Si te tengo que ser sincera, lucifer me ha salido demasiado bueno. demasiado adorable, diria yo. Pero bueno, ya hare algo para arreglarlo no te preocupers ¡jejejeje! En fin, decirte que si actualizo "rapido" es por que, en comparacion con vosotras, mis capitulos son más cortos y sinceramente, casi ni los repaso ¡tengo tantas cosas que contar que digo:si ya esta ya esta y punto! Bueno, no es para poner presion, pero sigo esperando tus actualizacionees! jajajajja! muchas gracias por tu apoyo y tus comentarios, son muy alentadoress en serio! ah! y hakuba saldra "pronto" lo prometo! tendras que conformarte, de momento, con las citaciones de kagura!

Hatsune01:Muchas gracias! espero que este capitulo nuevo te haya gustado tanto como los anteriores y que no te decepcione la historia!:D:D

Gwynn18:Ohh! muchas gracias por tu aportación! he leido tu fic nuevo de Kaito y Aoko y me encanta como escribes, de verdad! espero que lo continues prontoo!:D:D

Próximo capitulo: Cambios.

Besos!

LittleThief03