Disclaimer: Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi-sama.


Verano de 1983.

Capítulo 14: Regreso a casa.

Ranma se recostó contra una piedra lisa y fresca en la sombra. Akane se sentó a su lado, secándose el sudor de la frente. Miró de reojo como la chica bebía algo de agua de su cantimplora y luego vertía un poco en su palma para mojarse las sonrojadas mejillas. Apartó la mirada cuando sus propias mejillas se calentaron. En su lugar, miró al frente, dónde Ryoga estaba sentado con las piernas entrecruzadas estilo indio frente a su novia, que estaba arrodillada, humedeciendo un paño.

Ella le había pedido disculpas por el golpazo de la noche anterior, así que nuevamente estaban en buenos términos. Al ver a sus amigos tan cerca, no pudo evitar pensar que él y la cocinera nunca hubieran funcionado juntos. No como lo hacía con Ryoga. Claro que la quería, era su mejor amiga y eso nada lo cambiaría. Sin embargo, podía ver que ella estaba muy encima del objeto de su afecto. Justo en ese momento, Ukyo uso el paño que sostenía para humedecerle la frente y las mejillas al chico de colmillos, murmurando algo que a Ranma le sonó parecido a «No sea cosa que te vayas a insolar». No le extraño que Ryoga no la contradijese e incluso se limitase a mostrarle los colmillos con una sonrisa. Pasaba tanto tiempo sólo que no era en absoluto raro que el muchacho se desviviese por esas simples muestras de afecto.

Mousse y Shampoo, eran otra historia completamente diferente. Estaban unos metros alejados de ellos, discutiendo en mandarín. Ranma había aprendido algo del idioma mientras viajaba por China con su padre, pero sus amigos estaban muy lejos y hablaban demasiado rápido como para que él pudiese entenderlos.

Todo había comenzado cuando llegaron hasta allí, tras atravesar todos los obstáculos, que fácilmente pudieron tomar dos horas y media o incluso tres. Encontraron una imponente puerta de piedra con elegantes caracteres grabados en ella. La examinó con atención una vez más, ¡qué puerta más rara! No tenía picaporte, sólo eran dos láminas talladas en la propia roca, ¿cómo rayos la iban a abrir?

Una bandeja de galletas entró en su visión periférica, robándose toda su atención. La "bandeja" era en realidad un bento que había sido llenado con bizcochos, Ucchan se lo estaba ofreciendo.

—Pasó mucho tiempo desde el desayuno, sería bueno comer algo, ¿no creen?

Estuvieron de acuerdo enseguida y comenzaron a comerse las galletas. Fue entonces cuando volvió la pareja que faltaba. Shampoo se sentó, aun luciendo molesta por algo. Se cruzó de brazos y apartó la mirada cuando Mousse, visiblemente incómodo, tomó el lugar a su lado. La chica no parecía molesta, sino más bien triste, sus ojos escarlata lucían levemente rojos en las esquinas como si hubiese estado a punto de llorar.

—¿Quieren hablar? —preguntó siempre comprensiva la cocinera.

—Descubrimos quién escribió el libro que encontró Ranma, el que tiene el mapa y las instrucciones para llegar aquí.

—¿Quién lo hizo? —inquirió Akane llena de curiosidad.

—La tía de-…

—Tía abuela —corrigió Shampoo a su prometido, interrumpiéndole y todavía negándose a verle.

—La tía abuela de Shampoo —completó, para luego tomar la mano de la chica del cabello fantasía—. ¿Quieres contar tú lo que sigue, Airen? —ella negó con la cabeza y se acercó a él, tomándole del brazo—. Bueno, está bien… verán, la tía abuela de Shampoo fue exiliada hace muchos años. Nadie había vuelto a saber de ella…

—El consejo exiliar Tía por no cumplir beso del matrimonio y volver sin esposo.

Nadie dijo nada, al caer en la cuenta de que eso le pudo haber pasado a Shampoo de no haber desafiado al Consejo Amazona para casarse con Mousse. Dicho joven prosiguió.

—Por lo que Shampoo me dijo, ella era una prodigio en el campo de la magia, por lo que no es extraño que haya podido esconderse de la tribu cuando fueron a buscarla. Releímos el libro —agregó con solemnidad—. Hay un detalle que no notamos en la primera lectura —evaluó las expresiones de Ryoga y Ranma, este sería un gran golpe—. No hay ningún manantial del hombre ahogado tras esas puertas.

La noticia les cayó como balde de agua fría a ambos muchachos. Ranma primero pensó que era una broma cruel, pero sabía que Mousse no era de hacer eso e, incluso si fuese una broma, el chico ya se estaría desternillando de la risa por haberlos engañado. Antes de que cualquiera de los dos artistas marciales pudiera acotar algo, Shampoo levantó la palma.

—Escuchar a Mousse —ordenó.

—Como dije, no hay ningún manantial del hombre ahogado. Lo que sí hay… es un manantial mágico que puede curar cualquier maldición o enfermedad. Hay esperanza de que funcione para nosotros, el problema es que es un laberinto lleno de trampas mortales y sólo pueden entrar aquellos que estén malditos. Akane, Ukyo, eso quiere decir que deberán esperar aquí con Shampoo.

Las protestas no se hicieron esperar, el chico de lentes esperó pacientemente hasta que ellas terminaron de hablar. Aún quedaba algo por decir.

—Por favor, chicas, yo sé que están enojadas, pero el libro es muy específico. El lugar fue construido para ayudar pura y exclusivamente a los malditos y, para evitar que sea desperdiciado en fines egoístas, tiene una especie de "mecanismo de defensa". De por sí ya es una fortaleza, pero sí alguien que no cumple con las condiciones llegase a entrar, el manantial desaparecería y nunca podríamos salir del laberinto.

Nadie dijo nada, asimilaban la información.

—¿Entonces nos toca esperar aquí, eh? —soltó Ukyo, tratando de ocultar el fastidio en su voz.

—Me temo que sí.

—¡Entonces muevan el trasero y entren ahí de una vez para curarse y que así podamos irnos! —les rugió señalando la puerta.


¿Cuánto llevaban allí? Se sentían como horas y el cuerpo de Ryoga empezaba a cansarse. Se preguntó si sus amigos se sentían igual o más cansados, ¿tal vez se debía a que había sido el más el herido en la pelea del día anterior? Pararon en un cruce de dos corredores, que formaban una especie de cruz. Escuchó a Ranma jadear y vio a Mousse apartarse el flequillo de la frente, donde comenzaba a pegársele por el sudor. Muy bien, parece que no era el único cansado.

—¡Allá! —exclamó de repente Ranma, señalando una de sus dos opciones—. Se oye ruido a agua que corre.

—Sí, también lo escuché —aprobó Mousse—. ¡Vamos!

Ryoga no pudo evitar sonreír, mostrando ambos colmillos. Su corazón latía por una razón que iba más allá del ejercicio que atravesaba. No más P-Chan, no más Ryoko, que era el nombre que habían elegido para su forma femenina, volvería a ser el mismo de antes…

El corredor era un túnel con una luz al final que dejaba ver una variada y extensa vegetación en medio de una zona montañosa.

Ranma se detuvo abruptamente, balanceado los brazos para recuperar el equilibrio.

—¡Woah! —soltó cuando casi resbala, siendo sostenido por ambos chicos de la parte trasera de su camisa.

El enorme laberinto se terminó abruptamente y descubrieron que la vibración que habían sentido bajo sus pies no era otra cosa que una corriente de agua subterránea que desembocaba en una cascada bajo sus pies. El sol seguía tan alto como cuando entraron allí. Mousse entrecerró los ojos, ¿cómo era eso posible? Llevaban tanto tiempo allí, ¿ni siquiera se estaba poniendo el sol?

Ryoga se arrodilló para tratar de echar un vistazo para descubrir qué había bajo la cascada.

—Creo que hay un lago ahí abajo —informó.

—¿Y qué hago? —preguntó Mousse sarcásticamente—. ¿Me lanzo de cara a un cuerpo de agua cuya profundidad desconozco? —sus amigos lo miraron, fingiendo inocencia—. Oh, por dios, realmente vamos a saltar…

Algunos momentos más tarde, todo lo que se escuchaban eran los gritos de los tres al caer desde varios metros de altura. Luego, tres sonoros chapuzones casi simultáneos. Y después llegó el silencio.

El primero en salir fue Ryoga, pues en la orilla había una especie de escalera tallada en piedra, se sentó en ella, con el agua todavía llegándole a las rodillas y se tocó el rostro, se palpó el pecho… y vio su reflejo en el agua cristalina. No era ni una chica, ni un cerdo. Era hombre.

—¡Funcionó, chicos, miren! —chilló extasiado.

No hubo respuesta. Se volvió a sentar y esperó. Cada segundo que pasaba se ponía más nervioso. ¿Tal vez habían caído en un parte más profunda del lago? Un chapoteo le llamó la atención y, reconociendo las mangas blancas y negras de Mousse, enseguida se lanzó al agua.

«Rayos, rayos, ¡olvidé que Mousse no sabe nadar!», pensó con pánico.

Bastó con tomar una de sus muñecas y tironear hasta que llegaron a las escaleras y el chico de lentes pudo recuperar el aliento. No fue hasta un par de minutos después, con el agua aún hasta la cintura que rompió el silencio.

—Ryoga… —llamó, captando la atención de su amigo—. ¿Dónde está Ranma?

Si alguien ajeno a la situación hubiese presenciado lo que pasó momentos después, se hubiera encontrado con una peculiar muchachos, uno de lentes grandes y redondos y otro con una pañoleta amarilla y negra atada a la frente, buscaban como desesperados al tercer miembro de aquel trío en el estanque en el que se encontraban.

—¡RANMA! —llamó él de lentes— ¡Ranma! ¿Dónde estás?

—¡Ranma! ¡No nos obligues a decirle a Akane que te moriste! ¡No te atrevas! —insistió el de la bandana mientras sus ojos vagaban frenéticamente por la superficie del cuerpo acuático—. Ranma… no te atrevas…

El chico de la trenza salió entonces del lecho acuático, sosteniéndose el costado.

—¡Aquí estoy!

Salió del agua con algo de dificultad, sentado en el escalón de piedra más alto. Se desabrochó la camisa roja, dejando ver un corte sangrante que, de a poco comenzó a sanar, miró a sus amigos con cara de susto.

—Cualquier maldición y cualquier enfermedad —le recordó Mousse, miró a Ryoga—. Ya no tienes el cuello amoratado.

—Y tú parece que ves mejor… —comentó en broma Ranma.

Mousse sacudió la cabeza.

—Aún veo bastante borroso.

—Tomando en cuenta que apenas si veías sin los lentes, creo que es una mejora.

El chico sólo se encogió de hombros. No iba a decirlo, pero sí, definitivamente era una mejora. Tampoco era mucho problema haber perdido los lentes en la caída. Por mero azar, tenía un par de repuesto con menos aumento en la mochila de Shampoo.

El ruido de la cascada no llegaba a ser tan ensordecedor como hubiesen esperado, es más se había convertido en un ruido de fondo. Tomando en cuenta eso, no fue difícil que oyeran un nuevo chapoteo detrás de ellos, que dejó salir una figura.

—Imposible… —murmuró Ryoga.


Miren y lloren, gané de nuevo —proclamó Ukyo mostrando su juego de cartas.

—¡Tú hacer trampa! —chilló Shampoo, odiando haber vuelto a perder.

—Oigan, ¿ese túnel estaba ahí cuando llegamos? —preguntó Akane desviando la mirada.

—Uh, ¿qué demonios…? —sopesó Ukyo—. No, no me parece. La verdad-… ¡RYOGA!

La joven cocinera se abalanzó sobre su novio en cuanto lo vio salir de aquel misterioso túnel. Al abrazarlo, notó que llevaba la ropa mojada y muy fría. Aun así, su cuerpo no había cambiado. Lo miró con los ojos brillantes, él sonrió con todos los dientes y asintió con la cabeza, logrando que ella chillase extasiada. Mousse recibió un trato similar por parte de Shampoo. Akane trató de ver detrás de ellos, buscando a Ranma. ¡Vaya sorpresa se llevó al ver a Ranma venir con compañía!

Todos se quedaron callados, ¡era imposible! Es decir, ¡Ranma estaba parado justo a su lado!

La jovencita de cabello pelirrojo se quedó callada, pasando su peso de un pie al otro. Se sintió expuesta y cohibida ante tantas miradas que no dan crédito a sus ojos. Esquivó las miradas de las otras tres chicas mientras jugueteaba con las mangas de la camisa roja que le había dado Ranma para que se cubriese. Una mano se apoyó sobre su hombro.

—Chicas… —empezó Ranma—. No van a creer lo que pasó ahí adentro.

Ellas sólo se limitaron a mirar a la nueva integrante del grupo.


A la mañana siguiente, todos se encontraban empacando para volver a partir. En cuanto Ranma les explicó lo que había pasado, trataron a la pelirroja lo mejor posible. No era difícil darse cuenta, la chica no tenía a dónde ir, ni una familia a la cual regresar. En privado, Ranma les mencionó que alguna vez quiso tener una hermana, que pensaba en pedirles a sus padres que la adoptaran. Qué bicho le picó al chico de la trenza para que se le ocurriese semejante cosa, ni idea, pero no lo contradijeron.

—Pueden llamarme Ranko, para que no nos confundamos —les había dicho ella con una sonrisa nerviosa.

Siendo sincera, agradecía profundamente la idea del muchacho. Así como también agradecía la amabilidad de Akane para con ella. La menor de las Tendo se había empeñado en que ella se sintiese cómoda, cosa que estaba logrando. Podía sentir cierta resistencia por parte del resto del grupo, pero lo entendía, es decir, ¡ni siquiera se suponía que ella existiese! Sólo esperaba que pudiera llevarse bien con el grupo pronto…

—¡Ranko! —soltó Akane, sentándose a su lado en el tronco caído—. Te estaba buscando, ¿qué haces por aquí?

—Sólo… necesitaba un momento a solas… ¡pero no te vayas! —prácticamente rogó cuando la chica hizo amago de levantarse.

Ella le sonrió tranquilizadora y apoyó su mano sobre la suya. La pelirroja se sonrojó y apartó la mirada, ¡simplemente no podía seguirle mintiendo a Akane! Atropelladamente, le dijo que tenía que decirle algo.

—¿Qué sucede? Somos amigas, por favor, dime —y nuevamente sonrió.

—Una de las razones por las que Ranma no te dijo lo que sentía por ti… es… bueno, es que a mí también me gusta alguien, y supongo que inconscientemente él lo notó y pues… eso lo tenía confundido.

Akane se río.

—Créeme, Ranma es muy tonto, no se da cuenta de nada. Así que no tienes que disculparte. ¡Pero, dime, dime! —instó emocionada.

—¿Qué cosa?

—¿Quién te gusta?

—Uh… no es que me guste, guste, ¿entiendes? Sólo pienso que es… lindo —decía mientas intercalaba miradas a su amiga y al grupo.

—¿Estamos hablando de Ryoga? Porque suena a que estamos hablando de Ryoga.

—¿Cómo siquiera…?

—Lo miraste mientras lo decías. Varias veces —explicó con una sonrisa, luego se puso seria—. Él está con Ukyo, ¿lo sabes, verdad?

—Dije que era lindo… no que quería casarme con él —reclamó la pelirroja, mirando sus manos juguetear sobre su regazo. Había llegado al punto de que sus mejillas combinaban con su cabello—. Además, yo no tengo la paciencia que tiene Ukyo… llegaría un punto en que me hartaría de que se perdiese.

Ambas miraron a dónde el grupo terminaba de recoger el campamento. Justo en ese momento, Ryoga terminaba de levantar su pesada mochila y Ukyo lo premiaba parándose de puntitas para besarle los labios. Ranko comentó que hacían linda pareja, Akane sólo asintió con la cabeza y volvió a sonreír.

Shampoo se acercó, sentándose entre ambas. Les explicó que habían decidido no pasar la noche en la aldea, pues no sabían cómo podía reaccionar el Consejo Amazona ante la presencia de Ranko. La aludida se disculpó apenada, la joven amazona le restó importancia con un movimiento de mano. Les aclaró que gracias a eso, tal vez pudieran pasar otra noche en Beijing antes de volver a Japón.


Ranko miró a la chica pelirroja y de ojos azules que también la miraba desde el espejo ubicado en el techo de la habitación. Frunció el ceño y la chica en el cristal la imitó. ¿Por qué siquiera había un espejo en el techo? No es como si uno pudiese mirarse a uno mismo mientras dormía. La mera idea de que alguien la mirase mientras dormía le producía escalofríos.

Ya se hallaban en Beijing, habían llegado hacía apenas un par de horas. La repartija de habitaciones volvió a ser la misma. Se suponía que ella compartiese cuarto con Akane y con Ukyo, sin embargo, la cocinera tenía rato que desapareció por la puerta con mucho sigilo. No era ningún misterio para ella a dónde estaba su amiga. Pese al calor infernal, lo más probable es que hubiera ido a acurrucarse con Ryoga. La verdad no le molestaba en absoluto, es decir, la castaña podía hacer lo que le viniese en gana. Después de todo, el muchacho de colmillos era su novio. Tal y como le había dicho a Akane, ella no tenía ningún interés romántico en Ryoga, sólo le parecía apuesto. Bah, había muchos chicos apuestos en el mundo. Ni que fuera a enojarse porque uno fuera el novio de su amiga… si es que Ukyo la consideraba así.

«El chico con el que peleó Ranma también era muy guapo, ¿cómo se llamaba…? Ah, sí. Herb. Y era un príncipe, o un duque o algo así…», recordó.

La verdad ya tendría que dormirse. Habían planeado un recorrido turístico por la ciudad para el día siguiente como manera de despedir el viaje. También tenían pensado ir al puerto a averiguar con qué barco podían regresar a Japón. Regresar… ¿era realmente un regreso para ella? Tembló al pensar en Genma y en Nodoka. Ella sabía y recordaba las mismas cosas que Ranma, lo cual era conveniente y muy cómodo. Lamentablemente, era además problemático. Sentía las mismas cosas, pues, sin saberlo, tenía un lugar en su corazón para esas dos personas que, en realidad, no conocía. Su "hermano" le había hablado sobre la idea de adoptarla y eso la tenía muy ilusionada. La idea de una familia amorosa que la esperaba en casa la hacía sonreír y sentir algo cálido y agradable en su pecho.

No eran sólo ellos, pues con el poco tiempo que había pasado con el grupo, ya sabía que podía confiar en todos y cada uno. Giró el rostro y vio la nuca de Akane, que se había ofrecido a dormir con ella en la cama de dos plazas para que Ukyo pudiese usar la individual. Sonrío, ¡ella había sido tan amable! Podía darse cuenta de por qué Ranma la amaba tanto. Quería agradecerle su buen trato, mas no sabía cómo.

«¡Ay, ya sé! ¡Seré su mejor amiga!», se le ocurrió sintiéndose victoriosa. Su mejor amiga. Sonaba bien, podía pagarle su amabilidad a la más joven de las hermanas Tendo y además ganaría una confidente. Todos ganaban. Con ese último pensamiento, finalmente pudo quedarse dormida.


¿Alguien vio a Ryoga y Ukyo? —preguntó Ranma mientras se sentaba entre Shampoo y Akane en la mesa de la cafetería donde estaban desayunando.

—Salieron temprano —contestó Cologne—. Pasaron por mi habitación esta mañana para avisarme.

Continuaron desayunando y eventualmente, llegaron los dos que faltaban y se sentaron a comer también.

—¡Traemos noticias! —exclamó contenta la castaña.

—Vale, primero las malas —instó Mousse.

El chico de lentes estaba de mal humor, porque, pese a que el manantial mágico le había curado parte de la vista y necesitaba menos aumento, no le gustaba como le quedaban los lentes de repuesto. Se los acomodó sobre el puente de su nariz. Eran cuadrados en lugar de redondos y le quedaban horribles, aunque Shampoo le dijo que lucía adorable.

—¿Ah? ¡No! ¡Todas son buenas! —aclaró.

—Es una buena manera de empezar la mañana —comentó Cologne dando otro sorbo a su té.

—Bueno, primero, ¡parece que el sentido de orientación de Ryoga mejoró bastante!

—Di como ocho vueltas en falso viniendo para acá, Uky… —se quejó el chico del colmillo, antes de morder una rebanada de pastel de vainilla.

—Pero estás mejor, digo, sólo tardamos media hora en llegar aquí —apuntó ella con optimismo, volteó al grupo—. En fin, Ryo-kun y yo llamamos a nuestros padres, mi papá dijo que matará al responsable de este viaje —bromeó.

—Culparemos a Ranma —solucionó Mousse.

Todos rieron, excepto el muchacho de la trenza, y la castaña continuó con su relato. Y aquí venía una noticia aún mejor: tenían ocho boletos para regresar a Japón. Cuando preguntaron cómo era posible haber encontrado un barco tan pronto, fue Ryoga quien explicó. Cuando llamaron a su madre, ella se mostró decepcionada de que tuvieran que esperar otro día más para volver a verlos, si es que conseguían un barco que los llevara hasta allá.

—Entonces me dio el número de su tarjeta de crédito y me dijo que sacase boletos de avión. El vuelo sale esta noche.


Amaya dio una última calada a su cigarrillo, lo arrojó al piso y lo aplastó con su tacón. Se recostó en el capó de su auto, mientras esperaba que llegase el resto. Se había encargado de avisar a los otros padres del inminente regreso del grupo. Moría de ganas por ver a su pequeño y a su adorable nuera. Lo había escuchado muy contento por teléfono, cosa que la alegraba también.

—Hibiki-san —llamó educadamente Nodoka—. Hola, qué gusto verte.

—Puedes llamarme, Amaya, Nodoka, soy menor que tú, después de todo.

Cuando llegaron todos, se acercaron a la terminal de pasajeros, dónde anunciaron que estaba por llegar el vuelo proveniente de Beijing. Amaya encendió un segundo cigarrillo y se lo llevó a los labios. Nodoka retorcía un pañuelo de los nervios. Fang-yi, por su parte, conversaba con Soun y Tzao. Su hijo ya había viajado solo desde el país natal de ambos a Japón, no era realmente gran cosa volverlo a hacer. Además, venía acompañado.

Al verlos finalmente bajar del avión, todos sonrieron. Una tibia y repentina lluvia se hizo presente, ¡vaya sorpresa que se llevaron cuando al grupo le cayó la lluvia encima y no cambiaron! Todo lo que podían pensar era… ¡ha funcionado! Los abrazos y las bienvenidas no se hicieron esperar. Ranko, por su parte, se quedó unos pasos más atrás. En cuanto Nodoka la vio, sus ojos se abrieron a más no poder. Tironeó de la manga de su esposo, que supuestamente "regañaba" a su hijo por no traerle la cura, aunque todos sabían que realmente le daba igual. Miró a su esposa y luego a la jovencita pellirroja, ella se encogió en sí misma y dio un paso hacia atrás.

Nodoka la abrazó. No importaba cómo, no importaba por qué, todo lo que sabía era que ahora tenía también una hija.

—Bienvenida a casa, querida.


Ranma se sentó a desayunar junto a Akane y, aún medio dormido, recibió el tazón de arroz de parte de Kasumi. Ranko lo miraba divertida, incluso soltó unas risitas junto a Akane. Fue sólo entonces que notó junto a quién estaba sentado.

—¿Y tú quién eres?

Era un muchacho más o menos de su misma edad, cabello negro corto y ojos azules. Tenía una camiseta de tirantes negra y unos pantalones camuflados.

—Soy Ryu Kumon. Tu nuevo hermano.

—Ah, bueno, mucho gus-… ¿¡MI QUÉ!?

—Ranma, cuando tú y Ranko terminen de desayunar, su padre y yo queremos hablar con ustedes —aclaró Nodoka muy seria.

Dicho y hecho, la familia recientemente expandida se halló arrodillada en el piso del dojo. Ranko y Ranma estaban lado a lado, mientras que el tal Ryu se había sentado junto a Nodoka. Cuando llegó Genma, que había ido a echarse un poco de agua caliente, la matriarca Saotome habló.

—Bueno, como pueden ver, hay mucho de qué hablar. ¿A alguien le apetece un poco de té helado? —ofreció, luego de servir las tazas, continuó—. Muy bien, hay que empezar por el principio. Ryu, como te dijimos, Ranma contrajo una maldición en China y fue allá para curarse. No sabíamos si funcionaría, pero parece que lo hizo. Lo que tampoco sabíamos era que iba a volver con la que ahora será tu hermana.

—¿Entonces sí me van a adoptar? —inquirió emocionada la pelirroja, con los ojos brillantes.

—Ranko, querida —sermoneó la mujer—, no es correcto interrumpir a tus mayores.

—Lo siento… Mamá.

Nodoka sonrió, al igual que Genma y Ranma.

—De los errores se aprende —sentenció—. En respuesta a tu pregunta, sí. ¿Dónde más irías sino con nosotros? Eres tan hija nuestra como Ranma. Con respecto a Ryu —volteó al aludido—, ¿quieres contarles tú?

Él asintió y pasó a contarles la razón que lo había traído hasta allí. En síntesis, los Saotome tenían ahora una deuda de honor con él y, como Ryu no tenía familia, Nodoka le ofreció que se quedase con ellos. Les aclaró que era un año mayor que Ranma y que no era mucho el tiempo que se quedaría con ellos, pero que agradecía enormemente aquella oportunidad. Al agregar que también practicaba artes marciales, su ahora hermano adoptivo saltó a la defensiva con que la herencia de la "Escuela de combate libre Saotome" era suya. Genma apoyó sus dichos, alegando que lo había entrenado prácticamente desde que nació y que ya tenían arreglado un compromiso.

—Te puedes quedar con tu título porque no me interesa, Ranma —precisó el chico—. Con que me den comida y un lugar donde pueda dormir, tengo suficiente.

Ranko se levantó y lo abrazó.

—No te preocupes, Ryu, ahora seremos tu familia —le arrulló ella con una enorme sonrisa.

El muchacho del cabello negro se congeló. Nodoka dijo que lo adoptarían, sí, pero él lo imaginaba más como un trámite legal, que sólo se harían responsables de él hasta que tuviera la mayoría de edad o pudiese valerse por sí solo. Jamás se le pasó por la cabeza que querían hacerlo parte de una familia.

—E-eso me… me gustaría… —atinó a decir.


¡Ufff! ¡Último capítulo del año! Y no falta mucho para que lleguemos al final de esta historia. De hecho, sólo queda un capítulo para terminar de cerrar con todo.

Aclaraciones: Ryu Kumon es un personaje del manga que se hace pasar por Ranma para vengarse, dejó de lado las razones para no spoilear a aquellos que no han terminado el manga. Tal y cómo se indica en este capítulo, Ryu no tiene familia, quise aprovechar eso para darle un final feliz al personaje.

Respuesta a reviews:

Andy Saotome Tendo: Herb, Lime y Mint (personajes del manga) fueron quiénes los atacaron, claro que por una razón diferente a la acontecida en el manga. Lo dejo a consideración de cada quién ;). ¡Gracias por leer y comentar!

Haruri Saotome Bueno, quise ahorrar palabras y no incluí la aparición de sus atacantes, pese a que los menciono (?). Los que los atacaron fueron Herb, Lime y Mint, personajes del manga, te recomiendo que leas esa saga si no la has leído. Después de que la leí, simplemente no pude dejar a esos tres afuera de esta historia, ¡gracias por leer y comentar!

Saritanimelove:Aquí está, trataré de traerles el último lo antes posible :). ¡Gracias por leer y comentar!

Dee-Dee Zednem

30/12/17

15:38