Angela despertó tumbada en la cama de su habitación. Richard se había quedado dormido sobre un pequeño y viejo sofá situado a un par de metros de la cama. Como le daba pena despertarle, se levantó, en silencio y le colocó una manta por encima. Angela se sentía dolorida y tenía magulladuras en los pies y en las muñecas. Sin embargo por el resto, parecía estar sana. Se dio una ducha rápida, mientras trataba de recordar los últimos acontecimientos. ¿Qué había pasado con Noah y con Lucas? ¿Se habían enterado de que ella no era la última antimaga, o por el contrario no se habían percatado de lo ocurrido? Y ante todo, necesitaba saber si ambos estaban bien. Decidió preguntárselo a Richard en cuanto despertara. Fue a la cocina para prepararse el desayuno, y aprovechó para preparar el de Richard también. Era lo menos que podía hacer, ya que le había salvado la vida. Ya ni si quiera le importaba el hecho de que la hubiera seguido…en circunstancias normales se habría sentido molesta, pero ya no importaba. Había sido descuidada e impulsiva, y si los suyos no hubieran ido a buscarla, a esas alturas Noah y Lucas estarían en poder de Crane, y ella haciéndole el trabajo sucio a un asesino sin escrúpulos.

Cuando salió de la cocina, se dirigió de nuevo hacia su habitación. Richard aún estaba durmiendo, pero Angela ya no podía contener la incertidumbre por más tiempo. De manera que le zarandeó con cuidado, intentando despertarle con la mayor suavidad posible.

Richard….soy yo. Te he traído el desayuno.- él parpadeó y se frotó los ojos. Se desperezó y tras contemplarla sin decir palabra, se sentó sobre el sofá.

¿Te encuentras bien? – le preguntó, mirándola con preocupación.

Sí. Un poco dolorida, pero estoy bien. – y después de sonreír, le mostró una bandeja a Richard, muy orgullosa de sí misma.- mira, te he preparado el desayuno. Espero que te gusten las tostadas con mermelada de melocotón.

Vaya, no sé qué decir. ¿No se supone que tendría que ser yo el que te llevara el desayuno a la cama?

Los tiempos han cambiado Lord Obelyn. – bromeó Angela, posando la bandeja sobre las rodillas del antimago. Él, en cambio, la recogió y la puso en una esquina del sofá. Luego se acercó a Angela y la abrazó con fuerza. Antes de apartarse de ella, le dio un beso en la mejilla, logrando que la antimaga se pusiera colorada.- Vaya, no sabía que te haría tanta ilusión.

Sabes que no es por eso.- replicó, con buen humor. Luego su rostro volvió a adoptar esa expresión seria que lo caracterizaba- No te imaginas lo preocupado que estaba por ti. Tuve que extorsionar a mis compañeros para que accedieran a asaltar el edificio con los magos dentro. Ya sabes lo escrupulosos que somos con la seguridad.

¿Y…qué ha sido de Noah y de Lucas?

Ambos están bien. Le enviamos un mensaje con tu móvil de trabajo a uno de tus compañeros para que se hiciera cargo de ellos. Ahora deben pensar que eres una auténtica heroína.

Entonces… ¿No saben que vosotros existís?

No. Tanto tu jefe como el squib se habían desmayado. No se han enterado de nada.

Vaya…es un alivio. Pero ¿cómo voy a explicarles lo que pasó? ¿Y Balus Crane? ¿A dónde ha ido?

Escapó. Salió corriendo con algunos de sus secuaces y lo perdimos de vista. Supongo que se desapareció en cuanto pudo.- contestó, con cara de póker.

Y… ¿qué le diré a mi jefe y a los demás?

Que lograste desatarte, te lanzaste sobre sus hombres, y tras anularlos fuiste a por Crane, pero escapó.

¿Anularlos?- preguntó Angela, confundida.

Es así como llamamos al….proceso de desintegrar la magia de un mago mediante el tacto o a distancia.

¿A distancia?- preguntó la antimaga, sorprendida.- Creía que era necesario tocar a un mago para…anularlo.

No. Se puede hacer a distancia, pero se necesita muchísima preparación. Sólo los antimagos más fuertes y entrenados pueden hacerlo. Y aún así, necesitan estar totalmente concentrados en un objetivo.

¿Me enseñarías a hacer eso?- preguntó. Richard soltó una carcajada.

Me temo que no puedo ayudarte. Yo llevo intentándolo años y aún no lo he conseguido. Donald ha progresado mucho, pero su dominio no es completo. Nadie más ha sido capaz de conseguirlo antes de cumplir los cuarenta.- Angela lo miró desilusionada, pero pronto cambió de tema.

Y… ¿quieres que les hable a los magos sobre los planes de Crane?

¿Qué planes?- preguntó Richard, con repentino interés. Angela se lo explicó rápidamente.

Mmm no sé. Me preocupa que ellos te pidan lo mismo. Es más, es una de las sospechas que tengo desde que me enteré de que te habían contratado.

Me parece que tendré que hacerlo. Creo que Noah y Lucas estaban presentes y despiertos cuando Crane me dijo lo que pretendía. Aunque no lo recuerdo bien, ambos estaban bastante débiles.

Si no te queda más remedio, hazlo. Pero si te piden que lleves a cabo el plan de Crane, debes negarte. No sólo es muy peligroso, sino que además estarían haciendo justamente lo que Balus quiere. Y ya sabes que ha escapado. – Angela asintió, se recostó en el sofá, y miró hacia el techo.

Dios mío. Nunca pensé que mi vida podría complicarse tanto.- Richard ahogó una risita mientras mordía una de las tostadas.

Dios no tiene la culpa…sólo estos malditos magos. Siempre meten sus mágicas narices en todo. La pregunta es ¿qué narices nos interesan más a la cabeza del mundo mágico?- La chica morena lo observó sin saber qué responder. Él contestó por ella.- Las que no sepan que existimos. En caso contrario….quizá tengamos que hacerlas desaparecer.

Lucas estaba en San Mungo, recordando los últimos acontecimientos. Estaba vivo, y se sentía feliz por ello. Pero su magia….era harina de otro costal. El medimago le dijo que parecía que iba progresando, pero él no estaba tan seguro. No la había perdido, pero cosas que antes hacía con suma facilidad, como convertir una rata en una taza de té o mover objetos con la varita, se habían convertido en toda una hazaña. Y no quería ni pensar lo que podría sucederle si intentaba aparecerse.

Dejó la varita en una mesita que se encontraba al lado de la cama, y se llevó las manos a la cabeza. Necesitaba hablar con Angela. En el mensaje decía que estaba muy cansada y que no la molestaran hasta que ella contactara con ellos. Pero había algo que no encajaba. ¿Por qué se había marchado antes de que Nigel, Alexandra y los demás llegaran? ¿Y por qué no les había dicho nada sobre Balus Crane? Pero por encima de todo, lo que más le intrigaba era cómo había logrado deshacerse de las ataduras y atacar a los mortífagos. Parecía tan indefensa…y de buenas a primeras se había convertido en una máquina de matar o una heroína, si lo miraba desde otra perspectiva. Aunque sabía que sus compañeros de trabajo no la tratarían igual que antes. Lo que no sabía si sería contraproducente o no.

Por otra parte, Noah, había venido a visitarle cuando le dieron el alta. Los medimagos le curaron enseguida las heridas de la espalda y ya estaba en su casa. Le preguntó si debía llamar a Angela, pero Lucas no lo consideraba oportuno. Ella ya había dejado bien claro que no quería que la molestaran, y sus razones tendría. Es más, por una vez, tenía intención de no molestarla bajo ningún concepto. Seguro que necesitaba un descanso.

Mientras meditaba sobre aquellos pensamientos, alguien entró en la sala. Sonrió al comprobar que se trataba de su mujer, que además, se había llevado con ella a sus dos pequeños de cinco años.

¡Miriam, cariño! – exclamó, al tiempo que le daba un casto beso de bienvenida. Sus dos hijos pequeños se subieron a la cama y se tiraron encima suyo.

¡Niños tened cuidado! ¡Podríais hacerle daño a vuestro padre!

Va, déjales, estoy seguro de que me dejarán volver a casa de un momento a otro.

¡Papi! ¡Papi! Cuéntanos qué te ha pasado.- le preguntó Nicholas. Su hermano Samael también lo miraba intrigado.

Pues….

Noah ya no aguantaba más. Tenía que llamar a Angela, y verla de nuevo. Tenía que comprobar que estaba bien, y necesitaba saber qué había ocurrido y cómo había logrado vencer a Crane. Cogió el teléfono y marcó el número de la casa de Angela, con fuerza.

Ella se demoró un rato en contestar. Un rato que a Noah se le hizo eterno.

¿Noah?- preguntó ella, en un tono de voz que Ross no pudo interpretar.

El mismo. Sé que no querías que te llamaran, pero….

No importa…sólo necesitaba que me dejaran tranquila por un tiempo. Y dormir un poco, claro. ¿Cómo estás?- ahora, parecía realmente preocupada, lo que en cierto modo hizo que él se sintiera importante.

Estoy curado. En San Mungo han hecho un gran trabajo. Esta es una de las ventajas de ser squib. No tendré que pisar un hospital muggle mientras pueda evitarlo.

Pues no sabes cuánto me alegro…de hecho me encantaría verte.

A mí también. Y ya de paso, supongo, que me contarás qué sucedió…con pelos y señales.

Bueno, lo cierto es que todo pasó muy deprisa. Pero haré un esfuerzo.

¡Genial! Entonces ¿puedo ir a verte ahora?

Mmmm- Angela miró a Richard y luego el reloj de la pared del salón.- no, mejor a las doce que…no estoy muy presentable.

Sabes que no me importa.

A mí sí. Y deberías recordar que la paciencia es una virtud. Una virtud que aprecio mucho.

Está bien…a las doce entonces. Hasta pronto.

Entonces, cuando Angela colgó. Richard la miró, tenso.

¿Estás segura? ¿Ya te has aprendido la historia de memoria?

Sí. Además, no creo que Noah dudase de mis palabras. Quien me preocupa es Lucas y mis compañeros. Ellos no confiaban en mí ni cuando comencé a trabajar para ellos, ni ahora.

Pues…ya va siendo hora de ganarse su confianza ¿no es cierto?

¡Ja! Como si fuera tan fácil…con esa maldita Alexandra difamándome. ¡Dios! No te haces una idea de cuánto la odio.

Bueno, si te sirve de consuelo, ahora que nadie más que tú puede explicar lo sucedido, no tendrán más remedio que creerte. Y si esa tal Alexandra duda de tus palabras, podrás decir, y con mucha razón, que simplemente tiene envidia de tu talento. Si es lo suficientemente inteligente no se atreverá a contradecirte. O los demás podrían empezar a pensar que lo único que tiene son celos profesionales…supongo que sabes por qué te digo esto ¿verdad?

Sugieres que le dé la vuelta a la tortilla. Sí, suena muy bien. Lo tendré en cuenta. Pero ahora…debes irte antes de que venga Noah. Creo que no le caes bien…me parece que está algo celoso.

¿Me vio?- preguntó, repentinamente preocupado y con un destello de ira en la mirada que hasta ese momento Angela nunca había observado.

Sí, el día que me acompañaste a casa. Pero tranquilo, no sospecha nada. Le he convencido de que eres un completo muggle. Un muggle interesante, claro, pero un muggle, al fin y al cabo.

En ese caso….aunque de hecho me gustaría conocerle. Sólo por el placer de contemplar su cara de celos.- le aseguró, sonriente. Y sin previo aviso, le dio a la chica morena un rápido pero apasionado beso, esta vez en los labios.- De hecho, tiene razones para estar celoso.

Angela sólo pudo sonreír ante aquél último comentario. Sin embargo, se desilusionó al pensar que no le producía el mismo cosquilleo en el estómago que había sentido cuando Noah había hecho lo mismo. ¿Y si estaba equivocada? ¿Y si Noah, aún le gustaba, y Richard le había llamado la atención sólo porque creía que era como ella?

Cuando Richard se marchó, la cabeza de Angela se llenó de dudas.