Nada de esto me pertenece solo me adjudico la traduccion y adaptacion
Capitulo 13: ¿Preparado para correr el riesgo?
Al sentir sus caricias, Edward gimió de placer.
Cuando ella lo tocó con la lengua, todos sus pensamientos desaparecieron. Lo único que existía en aquel momento eran ellos y la habitación de aquel hotel. Su pasión. Muy pronto, Edward estuvo muy cerca de alcanzar el clímax. Ella lo apretó, lo acarició, hasta que consiguió que él gritara de placer al tiempo que se vertía en un torrente muy poderoso.
Para cuando recuperó la respiración, Bella había apoyado la cabeza sobre el muslo, tras volver a meterle el pene en los pantalones, como si nada hubiera ocurrido. Por primera vez desde que conoció a Bella, se sintió incómodo. No era que no apreciara lo que ella había hecho por él, pero le parecía que había sido una táctica de distracción; Solo esperaba que al menos, aquel episodio hubiera dejado una puerta abierta para que, en el futuro, pudieran seguir hablando. Por el momento, decidió darle la libertad de esconderse detrás del sexo. Esperaba estar haciéndolo por el bien de ella y no porque él mismo fuera un egoísta. Bella lo había dejado muy confundido, pero había merecido la pena.
Bella sabía que deseaba más. Más caricias, más conversación, más cercanía, pero no podía. No había tenido intención de charlar toda la noche. No era justo para ella o para Edward que hubiera hablado de lo fastidiada que estaba su vida amorosa. Desde el principio, había buscado ceñirse al sexo. A la fantasía, dejar que la realidad quedara fuera del hotel.
Edward había estado en silencio mientras ella recogía sus cosas. No se había quejado porque todo terminara tan rápidamente. Sin embargo, Bella sabía que él deseaba más.
Caminaron lentamente en dirección al ascensor. El hombro de Edward rozaba levemente el de ella. El contacto era agradable. Después de apretar el botón con el que se llamaba al ascensor, Edward le tocó suavemente la mano. Un momento después, se giró sobre ella tan rápidamente que Bella gritó, sorprendida.
—He tratado de mantenerme tranquilo, de ser considerado, cariñoso y todas esas tonterías. Sin embargo, no me puedo marchar de este modo. No por el sexo, sino por ti. ¿Me oyes? No me canso de ti.
Bella sintió que una embriagadora fuerza de puro deseo se apoderaba de ella y se llevaba muy lejos todo vestigio de pensamiento racional. Ella también se rindió a las sensaciones. Al apretar su boca contra la de ella, Edward se echó a temblar. Obligó a Bella a abrir la boca con un rápido movimiento de la lengua y la reclamó agresivamente. Mientras, acercaba las caderas al cuerpo de ella, mostrando así sus poderes de recuperación. Ella le colocó el muslo entre las piernas y dejó que Edward se frotara varias veces contra él.
—Si la memoria no me falla, hasta ahora, solo ha gozado uno de nosotros —susurró.
—¿Qué es lo que estás sugiriendo? –preguntó Bella
—Voy a darte placer hasta que me supliques que me apiade de ti.
—Oh...
—y entonces, voy a volver a hacerlo.
—De acuerdo...
—¿No hay discusión alguna?
Bella negó con la cabeza. Se sentía lista para desnudarse allí mismo, en el pasillo, sin importarle quién pudiera verlos. Edward dio un paso atrás y apretó el botón de llamada del ascensor. Entonces, la tomó entre sus brazos. Otro beso hizo que Bella deseara que el ascensor no llegara nunca, pero así fue. Entraron en el ascensor. Allí, por el momento, estaban a solas.
—¿Dónde vamos? —preguntó ella.
Con una sonrisa que hizo que a Bella le temblaran las piernas, Edward apretó el botón que detenía el ascensor.
—¿Qué haces?
—Quítate las braguitas.
—¿Cómo?
—He dicho que te las quites.
Bella parpadeó. Sabía que debía protestar o, al menos, fingir que estaba escandalizada, pero se limitó a subirse el vestido y a tirar de las braguitas hasta que estas cayeron al suelo. Entonces, dejó que el vestido volviera a caer a su sitio.
—Súbetelo.
Ella obedeció.
—Eres muy hermosa —añadió, con voz ronca por el deseo.
Edward se acercó a ella muy lentamente, recorriéndole el cuerpo con la mirada hasta encontrarle los ojos. Bella sintió que le colocaba una mano entre las piernas y que le tocaba suavemente los labios de su sexo. Entonces, la besó, obligándola a apoyarse contra la pared del ascensor, empujando, estimulándola con la lengua, con los dedos...Tan rápidamente como había comenzado, se detuvo.
Entonces, se apartó de ella y se puso de rodillas. Bella gimió de placer cuando él volvió a repetir el mismo beso apasionado contra los labios de su sexo. Las sensaciones eran de una intensidad increíble, sabiendo dónde estaban y que podían sorprenderlos. Para Bella no había nada más que la lengua y el placer que esta le suministraba. Se agarró al cabello de Edward y trató de no gritar, pero no le sirvió de nada. Sintió que los músculos se le tensaban, que el mundo parecía reducirse a un espacio muy pequeño. Entonces, alcanzó el clímax. Su grito de placer se hizo eco entre las paredes del ascensor.
Como si se hubieran visto provocadas por su gozo, la alarma empezó a sonar. Edward cayó sobre el suelo, con los ojos todavía llenos de lujuria. Bella dejó caer la falda Y trató de mostrarse como si: no hubiera alcanzado la cima del placer con el hombre mas sexy de toda La Tierra.
Edward apretó el botón una vez más y se puso de pie mientras el ascensor seguía bajando. Se sacó un pañuelo del bolsillo y se limpió los labios. Entonces, sonrió a Bella y ella le devolvió la sonrisa. Cuando llegaron a la planta baja, las puertas se abrieron. Bella casi se desmayó cuando vio toda la gente que estaba esperando allí, entre los que estaban el director del hotel y varios miembros de seguridad.
Edward la tomó de la mano con firmeza y la sacó al vestíbulo.
—Tienen que revisar este ascensor —les dijo.
—Por supuesto, señor. Lo siento.
—No importa. Estas cosas pasan.
Bella logró contener la risa. Edward, con un portentoso autocontrol, ni siquiera atravesó el vestíbulo con un paso más rápido que el normal. Lo hizo con porte controlado y elegante. Cuando llegaron a las puertas, Edward la miró y vio que ella se tocaba el trasero. Entonces, pudo comprobar que se había ruborizado completamente.
—Edward.. ...
Él comprendió el porqué de aquel rubor. En cuanto salieron por la puerta, se echó a reír.
—Claro, te ríes porque las braguitas que se quedaron en el ascensor no eran tuyas.
Edward rio hasta que ella pensó que se iba a poner enfermo. Finalmente, hasta la propia Bella vio el lado humorístico de la situación y tuvo que admitir que, más o menos, aquello resultaba divertido.
—Me encanta cuando vas de comando —susurró él, tomándola entre sus brazos.
—Las mujeres no van de comando. Es un término perfectamente masculino para una actividad que es también principalmente masculina.
—Entonces ¿cómo lo llamas tú?
—Ir desnuda.
—Eso me gusta más.
—¿Te das cuenta de que hemos dejado los abrigos en la habitación? —le recordó ella. Edward asintió—. Y también mi bolso —añadió. Él volvió a asentir—. Tenemos que volver a entrar.
—Ni hablar.
—Pero...
—Todavía no.
—Entonces, ¿vamos a helamos de frío solo por no tener que pasar esa vergüenza?
—No. Vamos a ir al bar que hay en la esquina. Vamos a sentarnos en una mesa oscura, todo lo lejos del resto de los seres humanos como sea posible.
—¿Y qué vamos a hacer?
—Tomamos una copa —respondió él, con fingida inocencia.
—¿Esto es todo?
—Tal vez no.
—Entiendo.
—No, pero ya lo entenderás.
Con eso, Edward la besó con pasión. Entonces, la agarró de la mano y la llevó hasta el final de la calle. Bella tomó un cóctel de mandarina y él un Martini. La mesa estaba en un rincón, lejos del bullicio del bar. Allí, ella colocó la cabeza sobre el hombro de él, dejando que un cálido y cómodo silencio se estableciera entre ellos. Una felicidad que Edward nunca se hubiera imaginado hizo que deseara quedarse así con ella durante horas. Bueno, durante un rato. Entonces, quería llevarla de nuevo a la suite y hacerle el amor. Ya no podía negar que, cuanto más sabía de ella, más deseaba saber. Además, anhelaba estar dentro de ella.
—Un penique por tus pensamientos —dijo Bella.
—¿Solo un penique? Yo habría dicho que, por lo menos, valían diez dólares.
—Eres muy mono —susurró ella, apretándole el muslo—. ¿Sabías que eres muy mono?
—¿Mono? Esa palabra se utiliza con los perritos.
—A mí me encantan los perritos.
—Entonces, Si meneo la colita...
—Te daré un premio.
—¡Guau!
—Venga. Dime en qué estabas pensando.
—En ti.
—Oh.
—Te deseo.
—Eso ya lo sabía.
—Ya sabes a lo que me refiero.
—Edward...
—Espera. Escúchame primero antes de protestar —le pidió él. Bella asintió—Aunque parezco un hombre muy masculino, completamente macho, tengo una gran debilidad.
—¿Cuál es?
—Tú. No puedo dejar de pensar en ti. Sé que ya te lo he dicho antes, pero la situación no parece mejorar, sino que empeora. No tenía ni idea de que no me quedaría satisfecho con el plan original, pero...
—¿Quieres terminar?
—No, claro que no. Esto me mataría.
—Pero...
—Aunque lo único que quisieras hacer de ahora en adelante fuera sentarte en el salón a jugar al parchís, no me importaría. No sería lo que yo más desearía, pero al menos podría estar a tu lado.
—¡Qué dulce!
—No, dulce no. Egoísta. Terriblemente egoísta. Quiero más, Bella. Estoy dispuesto a conformarme con menos, pero, maldita sea, lo quiero todo.
—¿Todo?
—Sí. y no estoy hablando solamente de hacer el amor. Quiero saber tu apellido, el lugar donde creciste, lo que comes para desayunar. Quiero conocer a tus amigos, saber cuáles son tus pasatiempos y leer el periódico contigo en la cama.
Bella bajó la mirada. Edward sabía que debía parar en aquel mismo instante antes de estropearlo todo, pero no podía.
—Me gustaría ver dónde nos puede llevar esta relación. Tal vez podría desmoronarse, pero tal vez no. Eres una mujer increíble, Bella, y me gustan muchas cosas sobre ti, pero estoy en desventaja. En muchos aspectos, solo somos unos desconocidos. Siento que esto te moleste, pero tengo que ser sincero contigo sobre lo que quiero.
—Las cosas cambiarán...
—Claro que cambiarán, pero lo harán de todas formas.
—No quiero que sea así. Quiero solo lo que tenemos en estos momentos. Quiero saber que estarás en el hotel todos los miércoles, jugar, reír y hacer el amor...
—Todavía no lo hemos hecho.
—Es un tecnicismo.
—No, no lo es. El sexo es un juego. Hacer el amor es algo íntimo. Vulnerable.
—Eso es. Es vulnerable. Y el motivo principal de esta relación era dejar a un lado toda esa basura.
—¿Qué basura? ¿La intimidad? ¿La verdad?
Bella se terminó su bebida y luego empezó a juguetear con la copa.
—Las personas dicen que no les importan ciertas cosas, pero no es así. Sí que les importan y todo esto cambia y hace que se desmorone la dinámica de las cosas.
Edward sabía que aquella confesión estaba incompleta. Sabía que podía obligarla a contar más, pero no sabía si debía hacerlo. Las expectativas pueden resultar algo complicadas, pero, algunas veces, la vida te puede sor; prender, Bella. Las cosas pueden resultar mejor de lo que uno había imaginado.
—¿Por qué arriesgarse cuando una sabe que algo funciona?
—Supongo que la única respuesta a eso es ser muy claro sobre lo que se desea. Algo a corto o a largo plazo.
—Tú dijiste que podría salir mal...
—Ese riesgo merece la pena...
—No sé si podré sobrevivir a otro golpe...
Edward cerró los ojos durante un momento. Cuando volvió a mirarla, vio el miedo escrito en sus ojos. Evidentemente, había sufrido mucho antes. A pesar de todo, Bella era una mujer frágil. El amor para ella era todo o nada. Y Edward no podía prometerle una interminable felicidad.
—De acuerdo. Solo voy a decir una cosa más y entonces no volveremos a hablar de esto. Si quieres deshacerte de ese miedo, yo estaré a tu lado. Haré todo lo posible para asegurarme de que ninguno de los dos sufre.
Bella cerró los ojos durante un largo momento. Entonces, volvió a apoyar la cabeza en el hombro de Edward. Él se inclinó un poco hasta que las cabezas de ambos se tocaron. Esto fue todo. Más que suficiente.
Holaaaa :)
Se que prometi subir mas seguido los capis, pero lamentablemente tengo el tiempo tan apretado que solo puedo traducir un capi por semana, y la adaptacion tambien toma tiempo. Asi que disculpen :/
Gracias a tod s los que comentaron, y a los que agregaron la historia a favoritos.
Ojala este capi les guste, dejenmelo saber por medio de un bonito review.
Suerte y nos leemos:
Moa*
N/a: Por algunos reviews que leí, al parecer algun s no entendieron la razon del enfado de Bella. Simplemente a ella le disgusto enterarse que el era psicologo porque sintio que el trataba de analizarla o la trataba como un paciente. O que habia acedido a eso para lograr comprenderla de un modo clinico. No se si me explico. Bueno ojala haya terminado con algunas dudas.
