Hola, los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es completamente mía.
Capítulo XIV
.
Mi pobre amor se está yendo...
Mi pobre amor se está yendo...
yo me quedaré llorando...
La lluvia, leve, cayendo;
una nube, allá, glisando...
Mi pobre amor se está yendo.
¡Lejos, muy lejos!, soñando
la dulce amada, y tejiendo
su ilusión, me va matando...
Mi pobre amor se está yendo...
¿Qué pasa, que nada entiendo?
¿Qué pena se va a acercando?
La lluvia, leve, cayendo...
Una nube, allá, glisando...
¡La dulce amada tejiendo
su ilusión, que voy matando!
Mi pobre amor se está yendo...
¡Yo me quedaré llorando!
León de Greiff
.
Edward's POV
La verdad siempre sale a flote y no fue la excepción en mi caso, por más que intenté aplazarlo, el tiempo se nos vino encima.
Bella, sentada en su ventana, abrazada a aquel oso de peluche que le regalé de niños, mientras me mira con una sonrisa triste, intentando a toda costa no derramar las lágrimas que quieren desbordarse de sus ojos, es la imagen que oprime mi pecho mientras mamá y papá me llevan hasta el aeropuerto. Esa imagen que me recordó antaño; que me hizo ver que aquella chica triste y débil, carente de amor, aún estaba presente, aunque miles de veces se lo haya repetido durante la última semana: «Te amo, Bella. Te amo y quiero que nunca lo olvides.»
Pasamos la mejor semana de nuestras vidas, o por lo menos la mejor semana en años; fuimos a cenar, a acampar en nuestro prado, pasamos horas charlando sobre su mullida cama, mirando al techo y recordando el pasado, mirándonos cuando hablábamos del presente y con temor a planear un futuro. Por lo menos por mi parte. Aún Bella era ajena a mi partida, le había dicho a mamá que no se lo mencionara, pues quería ser yo mismo quien se lo dijera.
E inevitablemente ese día no llegó sino hasta ayer.
.
.
Flashback
―Cuando estaba en la casa de acogida, siempre quise regresar. Muchas veces intenté escaparme y venir a ti. ―Rió y bajó la mirada a sus manos. Cosa que arreglé, alzando su rostro y haciendo que me mirara para besar delicadamente sus labios antes de abrazarla contra mi pecho―. Con el tiempo comprendí que era solo una niña, que fue mejor no haber podido escapar, pues pude haberme perdido o caer en manos de algún criminal.
Un largo tiempo pasamos en silencio. En momentos como estos, cuando Bella me contaba lo que había sido de su vida, prefería no decir palabra, simplemente con mis actos de amor le brindaba mi apoyo y compañía. Ella necesitaba desahogarse y por mi parte, necesitaba saber más.
―¿Sabes? ―Rió con humor antes de apartarse de mi pecho y mirarme sonriente, con sus ojos brillantes de dicha y añoranza―. Un día intenté adiestrar a una paloma para que te trajera una nota.
―¿Y qué sucedió?
―Cómo puedes darte cuenta, fue un fracaso. Jacob me decía que era imposible adiestrarla de ese modo, pero durante un año lo intenté. ―Ahora, el ánimo en su voz decayó un poco.
―¿Jacob?
―Sí, un amigo del orfanato. ―Sonrió al hablar de él, lo que hizo que mi pecho picoteara y mi estómago se contrajera, con un sensación que supe definir como celos―. Me hiciste tanta falta, Edward. Tanta. ―Sus labios se acercaron y nos besamos lentamente. Parecieron horas y quería quedarme así para siempre, olvidar que al día siguiente era mi partida y esta vez era yo quien me iba. Me consumía la idea de una separación más.
―Bella, tengo que irme ―murmuré sobre su pelo.
―Oh, claro, ya es tarde, tu mamá debe estar preocupada ―susurró, alejándose y sonriéndome.
―No, tengo que irme ―repetí y su expresión alegre pasó a una de confusión.
―¿A dónde entonces?
―A New York ―respondí como autómata―. Me inscribí en la universidad, entro el lunes.
No podía mirarla a los ojos, solo podía sentir la tensión que se aumentaba con el silencio. Un suspiro entrecortado hizo que mirara a Bella, quien a pesar de estar en el mismo sitio, sin haber movido un ápice de su cuerpo, parecía aún más pequeña y frágil.
―Y hasta ahora me lo dices
―No sabía cómo decirlo, no…
―Sal de mi casa, por favor. Vete ―dijo, tan fríamente que me congeló.
―Bella, yo…
―Vete ―repitió contundente.
Quise besarla y abrazarla, pedirle perdón, pero una barrera invisible pareció envolverla, así que no hice más que mirarla una última vez e irme a mi casa.
Pasé la noche más larga de mi vida en vela y llorando, me fue imposible dormir y era incapaz de acercarme a la ventana; pero a la mañana siguiente, no pude evitarlo. Ahí estaba ella, encogida y abrazada al peluche que le regalé cuando éramos niños.
Cuando se dio cuenta que estaba ahí me sonrió y tomó su vaso de colores y la imité. Su suspiro pareció retumbar en mi alma.
Sus ojos rojos y las ojeras bajo ellos me indicaron lo evidente. Misma tristeza que me estaba consumiendo también a mí.
―Te quiero, Edward. Te amo y siempre lo haré. No puedo pedirte que te quedes. ―Rió bajo y volvió sus ojos hacia mí―. No puedo decirte que te quedes una noche más, como el Príncipe Feliz le pidió a la Golondrina. Sé que tú no lo harías si fuera mi caso.
―Te amo ―susurré, con lágrimas en los ojos―. Mantendremos el contacto, ¿vale? Ya sabes, la tecnología y eso. ―Sonreí sin ganas.
―Te estaré esperando como tú lo hiciste.
«―Adiós, querido príncipe ―mi voz se quebró pero intenté sonreír, ella lo hizo también―. ¿Me dejarás que bese tu mano?»
«―Me alegra saber que por fin te vas a Egipto, mi pequeña Golondrina. Pero debes besarme en los labios, pues te he tomado mucho cariño.»
Mudamente nos alejamos de las ventanas y nos encontramos en la puerta de su casa. Sin decir palabra la besé, intentando memorizar cada sensación, cada aliento, cada suspiro, lo que me serviría para mantenerme a flote. Y así mismo, en silencio nos despedimos.
Una sonrisa triste y apagada surcó sus labios, antes de desaparecer en el interior de la casa.
Fin flashback
.
.
¿Cómo siquiera me lo pude permitir? Mi pecho estaba apretado con el recuerdo de hace ni siquiera una hora. Desde siempre mi vida y la de Bella estaban unidas, como en el cuento. El Príncipe no era nada sin la Golondrina, ni ella sin El Príncipe, juntos hacían la cosa más maravillosa del mundo, no separados.
La larga separación fue un dolor que ambos de alguna manera supimos sobrellevar, pero sentí que no podía soportar un día más sin Bella, sin mi otra mitad, y supe que ella tampoco podría hacerlo.
―No puedo, mamá. Detengan el carro ―dije contundente, en medio de lo que sea que haya estado hablando con papá mientras, en la parte trasera del carro, yo me sumía en mi tristeza.
―¿Qué pasó cariño? ―mamá sonó preocupada y papá detuvo el carro a la orilla de la carretera―. ¿Te olvidaste algo?
―Sí mamá, dejé a mi corazón. No puedo irme y dejar a Bella, no puedo irme sin ella.
Mamá sonrió y estiró su brazo para alcanzar mi rostro y acariciar mi mejilla.
―Pensé que nunca lo ibas a decir. Regresemos a casa, Carlisle ―le sonrió a papá, y éste hizo lo mismo, volviendo a la marcha y tomando el camino de regreso a Forks.
¿Qué puedo decir? Espero que este sea el indicio de que mi alma está volviendo, sin escribir siento que no soy yo… sé que es poquito, una retribución mínima a la larga espera, pero bueno, en este fic los capítulos son cortos, así que… con el torrerito estoy trabajando aún :D
Gracias por sus hermosos reviews, por sus alertas y favoritos, es un lindo pago para este remedo de autora.
Gracias por la paciencia y por leer, espero continúen ahí.
INVITO A QUE SE UNAN AL GRUPO EN FACEBOOK, EL LINK ESTÁ AQUÍ, EN MI PERFIL :D
Nos leemos pronto
Beijos
Merce
