WINTER
No
encontré otra ocupación mejor que leer el periódico mientras oía
a Phil y a Renee discutir por algo. Como su conversación me
interesaba más bien poco, puse un disco de Jazz en el gramófono que
me había regalado Edward las navidades pasadas, junto a su primer
beso como novios. Intente borrar de la memoria ese recuerdo, después
de haber pasado, junto a Elizabeth, las navidades más tristes de mi
vida.
Por
suerte habían pasado más rápido de lo que me imaginaba, y de
diciembre habíamos pasado a finales de enero, mientras la nieve caía
implacable dando a las calles su color blanco tan habitual e invernal
de esta época del año.
No
era que las noticias que había en el mundo me interesasen demasiado,
ya que tampoco entendí lo que ocurría en el mundo, pero era la
mejor manera de no pensar y empezar a evocar recuerdos.
Renee
y Phil no entendían mi repentino entusiasmo por coger el periódico
y retirarme al cuarto. Barajaban varias hipótesis. Desde que les
quería fastidiar para que no leyesen el periódico hasta la
disparatada idea de que me había vuelto "roja" y esa era mi
única manera de enterarme de lo que planeaban mis "camaradas"
rusos y transmitir sus estupidas ideas a un país tan civilizado como
los Estados Unidos.
¡Como
si a mi me importase lo que pasase en un país tan remoto como, la
denominaban ahora, Unión Soviética! ¡Que me importaba a mi si un
tal Lenin había dado un golpe de estado y había derrocado al zar de
Rusia!
Pensé
que después de acabar la guerra, las noticias serían menos
deprimentes. Me equivocaba. Pero necesitaba una excusa para evadirme
de mi propia miseria.
Por
mi propia iniciativa, había decidido volver a hacer las mismas cosas
que realizaba, antes que todo lo que había tenido sentido en mi
mundo, se hubiese volatilizado.
Había
vuelto al conservatorio y tocaba el violoncello y el violín, a pesar
que mis melodías eran tan tristes, que deprimía a todo el
conservatorio y el señor Green me mandaba a casa para que me
tranquilizase. Aunque el conservatorio ya no tenía atractivo para
mí, desde que Angela ya no asistía a él. Me daba cuenta que no me
había vuelto tan insensible, cuando era capaz de echar de menos a
alguien. Aunque callada, Angela era una buena compañía. Pero había
que entender que ahora que se había convertido en la señora de Ben
Crowley, tendría cosas que nuestra sociedad consideraba esenciales
para ser una buena esposa. Cosas que de solo imaginármelas, me
entraban nauseas, y más si no eran con Edward.
Su
boda se celebro dos semanas despues de mi recuperación y fue
sencilla y discreta, debido a la escasez de fondos monetarios de
aquella rama de la familia Crowley, ya que Tyler Crowley y sus
padres, primos y tíos de Ben, nadaba en la abundancia, y por
supuesto no fueron a la boda para que nadie les relacionase con sus
parientes pobres.
Entre
sus pocos invitados nos encontrábamos Elizabeth y yo. Ésta no fue
por los motivos obvios. Una viuda reciente, y ademas con un hijo
muerto en la guerra, no debía salir de casa hasta que hubiesen
pasado seis meses. Elizabeth no era de aquellas personas que se
dejasen influir por las reglas de nuestra sociedad, pero para ella no
sería un acontecimiento especialmente feliz. Aun asi, me animo para
que yo sí fuese.
"Debes
hacer las mismas cosas que siempre. Tienes que recuperar tu vida",
Me
apoyaba para que empezase a vivir de nuevo. Aunque fuese sin la mitad
de mi alma.
En
el fondo se lo agradecí. La ceremonia y despues el sencillo ágape,
no fue tan mala como me lo imagine. Incluso llegue a disfrutar de la
fiesta y alegrarme por la felicidad de Ben y Angela Crowley. Pero por
la noche, cuando la oscuridad me cubrió con su negro manto, llore en
mi almohada, como ya iba siendo habitual. Cada vez era más
tenuemente, pero el dolor no desaparecía del todo. Llorar, en el
fondo me hacía bien, me evitaba tener pesadillas y por lo menos ya
no tenía sueños, o yo no les recordaba.
Otra
cosa que me deprimió, fue la partida del doctor Cullen y su familia
a Alaska. Con ellos, se iba la poca sensatez que quedaba en Chicago.
Al
día siguiente de que el Doctor Cullen me considerase curada y ya no
hubiese riesgo para mí, por lo tanto ya tuvo la libertad para irse a
su casa, tuve la visita de Esme Cullen. Venía a interesarse por mi
salud y a despedirse de mí. Me consoló de mi pena cuando oí la
noticia y el destino que habían escogido para su nuevo hogar.
"Vamos
a quedarnos un tiempo en casa de unos parientes de Carlisle. Mis
hijos y el necesitan aire fresco", Me
conto, "La
verdad que voy a echar de menos esta ciudad, pero he prometido a la
señora Masen tener contacto con ella. Por lo que también tendremos
noticias tuyas",
Me acaricio suavemente el pelo, para tranquilizarme. "Todo
ira bien, cielo",
Me susurro maternalmente. No pude evitar echarme en su regazo y me
rebele contra la idea, que alguien tan bueno y dulce como la señora
Cullen no pudiesen tener hijos y personas como mi madre y la mayoría
de las señoras de nombre y categoría importante, sí. Pero como se
decía: "Dios da pan a quien no tiene dientes"
Antes
de irse, me regalo un libro de sonetos de Shakespeare y me prometió
que tendría noticias suyas.
Su
partida incremento el agujero de mi pecho, pero no debía volver a
enfermar por pena. Elizabeth ya había sufrido bastante, aparte que
me había comportado como una cobarde. No había enfermado tanto por
la gripe española, como por la pena que me consumía. Haberme dejado
morir por la gripe, hubiese constituido algo similar al suicidio. No
había estado a la altura de las circunstancias y solo cuando me hube
recuperado del todo, comprendí cuanto había hecho sufrir a
Elizabeth y lo que mi muerte hubiese acarreado para ella.
Me
prometí a mi misma no volver a ser tan egoísta.
Definitivamente,
Cronos no entendía del dolor y el tiempo pasaba inexorablemente.
Por
lo menos leer el periódico, a pesar de lo triste que era el mundo,
era un buen habito para mí. Decidi devolver el periódico a Phil,
antes que éste viniese a golpearme la puerta, con la excusa de que
se lo devolviese.
Me
levante de la cama, me alise la falda y cuando cogí el periódico,
se me cayeron varias hojas de éste, debido a mi congénita torpeza.
Con fastidio, me agache a recogerlas y por casualidad me fije en la
sección de anuncios. O por lo menos en uno de ellos.
"Se
busca institutriz inglesa o americana con buen nivel de francés para
cantante de opera. Interesadas, escribid a esta dirección:
Avenida
de la opera nº 11 piso 1º B. Preguntar por Monsieur: P. Landrú.
Dr. del conservatorio de Paris."
¿Estaba
loca o que?
Yo
odiaba Francia con todas mis fuerzas. Los dos hombres que más había
amado en mi vida habían fallecido allí y casi por la misma causa.
¿Por
qué ese anuncio me llamaba como un canto de sirena? ¿Por qué
repentinamente me dieron ganas de coger un papel y escribir para
aceptar ese puesto?
Era
joven y tenía un nivel más que aceptable de francés, gracias haber
acudido a las mejores escuelas y a mis tutores que mi padre me había
pagado, hasta que despues de su muerte Renee considero que no me
hacían falta para encontrar un buen marido.
"A
los hombres no les gustan las mujeres que piensan. Lo único que se
te pide es que seas bonita, sonrías y asientas a todo lo que te
digan. Eso no es mucho pedir"
Daba
gracias a Dios o la genética de parecerme a mi padre en casi todos
los aspectos.
Volví
a concentrarme en el anuncio, para dejar atrás todo aquel
pensamiento relacionado con las tonterías de mi madre.
Era
increíblemente atractivo y todas las excusas que se me ocurrían
para devolver el periódico a Phil, se iban esfumando como el humo.
Paris
estaba muy lejos y la excusa de decirles a Phil y a Renee que
necesitaba un largo viaje por el extranjero, no serviría de nada. No
porque no quisieran librarse de mi, ya que estarían encantados, si
no porque aquello significaría que tendrían que desembolsarse
dinero en mi persona. De nada serviría explicarles que una señorita
que había ido a Paris tendría más posibilidades de casarse bien.
Si yo gastaba dinero, en lugar de aportarlo, yo no era rentable.
Tenía
un millón de dolares en el banco, pero había una cláusula para
poder sacarlo. Cláusula que no pensaba en cumplir. No me casaría ni
tendría ninguna clase de relación estable con ningún hombre. Ya no
era por creer que así traicionaría a Edward. Simplemente yo no veía
la necesidad de depender de un hombre. Con el tiempo, tal vez pudiese
aceptar algun amante, pero todo serían relaciones esporádicas. Y
desde luego, no con la intensidad que había sido la de Edward.
Por
lo tanto había dos opciones.
Vender
mis joyas, y por tanto los últimos recuerdos de mi padre, lo cual me
producía nauseas solo de pensarlo.
La
segunda opción era pedirle prestado el dinero a Elizabeth y
devolvérselo en cómodos plazos.
Estaba
casi segura que apoyaría mi decisión de irme de Chicago por un
tiempo indefinido. No contaría con el beneplácito de Renee y Phil,
porque considerarían que una señorita de buena sociedad
estadounidense no debería enseñar nada a los degenerados europeos.
Esperaba-y
estaba convencida al cien por cien-que Elizabeth me apoyase y creyese
que esto era bueno para mi.
Nunca
había estado en Paris, ni mucho menos en Francia. Papá me prometio
que me llevaría en cuanto acabase la guerra europea. Fue de aquellas
promesas que quedaron en el aire. ¿O quizás no?
¿Qué
pasaría si alguien, me estuviese mandando una señal, desde algun
lejano lugar? Podría ser mi padre, quien de alguna manera, me
hubiese inducido a salir de esta casa de locos y a rehacer mi propia
vida.
Tal
vez podría ser el propio Edward. O los dos.
"Se
feliz. Elijas lo que elijas"
Tenía
razón. Iba a intentar a ser feliz por todos los medios. O por lo
menos, lo menos infeliz que pudiese a llegar a conseguir una persona.
Ademas
por mucho que odiase a los franceses y a su estupida guerra, Paris
siempre sería la ciudad de la luz. O eso tenía entendido.
Nada
me retenía aquí.
Sin
más titubeos por mi parte, recorte el anuncio sin importarme la
noticia que hubiese detrás de éste, me senté en mi escritorio,
saque un papel y para que la carta fuese más formal, saque la
máquina de escribir que me regalo Charlie y me dispuse a escribir mi
contestación.
Me
sentía tan eufórica, por el posible hecho de poder irme a Paris,
que tarde un buen rato en darme cuenta que alguien había llamado a
la puerta.
-Señora
Pott, si el señor Dwyer quiere el periódico, le puede decir de mi
parte que se espere su turno-Intente modular mi voz a nivel normal.
La pobre señora Pott no tenía la culpa de mis enfados con Phil.
La
señora Pott entró tímidamente y eso me obligo a interrumpir lo que
estaba escribiendo.
-Señorita
Swan, tiene una visita-Me informo la señora Pott con gesto
impersonal, pero por las arrugas de sus ojos, pude comprobar que no
era alguien que le agrádese demasiado.
Antes
que la señora Pott acabase, el visitante entro sin pedirme permiso y
se sentó en la cama sin mi consentimiento. Si no hubiera estado tan
sorprendida, le hubiese recordado los modales de un caballero a
gritos. Pero lo último que me esperaba, era que Mike Newton
estuviese sentado en la cama de mi habitación.
-Gracias
criada-Despidió a la señora Pott con gesto altivo-Puede irse a
fregar los cacharros o a sus quehaceres.
Esa
prepotencia me puso enferma y me mordí la lengua para no echarle a
gritos de mi cuarto. Aquello hubiera sido ponerme a su nivel.
-Gracias
señora Pott-Hice un gesto de disculpa hacia ella que pareció
tranquilizarla y, algo airada por el trato de Mike Newton, se fue
para la cocina.
Cogi
una silla y la puse de frente hacia mi inesperado invitado. Intente
poner la cara más impersonal que pude, pero no llegue a conseguirlo
a causa de los recelos que me causaba su visita. ¿No se suponía que
tenía que estar con su prometida oficial, Jessica Stanley? No quería
ni imaginarme lo que podría a llegar a decir de mi, si supiese que
su prometido estaba en mi cuarto.
-Señor
Newton, es usted la última persona que me imaginaba ver
aquí-Disimule la sorpresa y el desencanto como pude-Supongo que se
alegrara de estar de vuelta en Chicago.
-Señorita
Swan, siento haberme presentado de esta manera en su habitación.
Supongo que se preguntara como he tenido tal osadía.
-Pues
para ser franca, sí me lo pregunto-Me dirigí a bocajarro a su mala
excusa. Por su gesto confuso, el no se esperaba mi tono tan directo.
-Espero
no haber interrumpido algo importante-Se excuso agachando la cabeza.
-Estaba
escribiendo una carta a una amiga-Le mentí-Vive en Paris y es
probable que me vaya a su casa unos meses. Me viene bien despues de
todos los acontecimientos.
-Está
usted muy pálida-Corroboro al mirarme la cara y repasando, con la
mirada, mis ojeras permanentes.
-Supongo
que se habrá enterado que he estado enferma-Le informe, aunque
dudaba que la señora Stanley o la señora Mallory no le hubiesen
contado todos los pormenores de mi enfermedad. Por no hablar del otro
asunto.
-También
me he enterado que se ha quedado usted con plantada en el altar
debido a que el señor Masen…-Parecía muy ufano por el hecho.
Estuve a punto de pegarle un puñetazo para borrarle esa sonrisa de
estupido de la cara. No permitiría que se burlase de la memoria de
Edward.
-Creo
que si hubiese dependido de Edw…del señor Masen, yo aun seguiría
prometida con él y me hubiese casado este otoño-Le replique
fríamente-No creo que nadie quiera morir y menos en un país
extranjero lejos de sus padres y seres queridos…-Hice el gesto
involuntario de ponerme la mano en el pecho al sentir el dolor
punzante de un agujero en mi pecho.
-No,
tiene razón-Admitió bajando la cabeza como si hubiese recibido la
regañina de una institutriz-Supongo que nadie quiere morir y mucho
menos de gripe española y que su cuerpo tuviese que ser quemado-No
hizo caso a mi gesto de nausea y dolor-para no transmitir la gripe a
los demás soldados-Se encogio de hombros, como si aquello no fuera
importante-Bueno, la vida sigue y a rey muerto, rey muerto.
-No
quiero ser impertinente-En realidad si quería serlo, y que se
largase de mi cuarto-pero se puede saber por qué no está usted con
su prometida. La pobre señorita Stanley ha sufrido mucho a
consecuencia de su ausencia. Sería muy descortés por su parte,
privarle de su presencia.
Se
rió con fuerza de mí, como si hubiese contado algo increíblemente
divertido. Solo que yo no entendía de que se podía tratar. Estaba
perpleja.
-¿Usted
y la señorita Stanley no están prometidos?-Pregunte con la
esperanza de que me dijese que si y con la horrible sensación de que
asi era.
-No-Me
confirmó-Cierto que pensé en ella y su familia, pero eso fue antes
de que me enviasen a la guerra y me convirtiese en alguien
importante-Sonrió cruelmente, y me pareció estar evocando a un ogro
que quería comerse a una princesa. Solo que esta princesa no tenía
príncipe azul que la salvará-Los Stanley no me sirven para estar en
la más alta escala de la sociedad. Para un héroe de guerra como yo,
se necesita alguien de la misma categoría. ¿Y quien mejor que la
hija de un gran héroe de guerra?-Me miro con deseo y me senti como
un caro jarrón que todos querían poseer a toda costa, pero que
después se quedaba en el comodín de una mesa, sin ninguna función
en concreto.
-Creo
que se está confundiendo…-Tartamudee al no poder creer el descaro
de Newton al pensar que se casaría conmigo…y más aun cuando hacía
casi cuatro meses que yo había perdido a mi prometido-…Además aun
es demasiado pronto y en mi mente no está el volverme a casar.
Quiero irme a Paris y olvidarme un poco de todo. Comprenda, señor
Newton, que esto es muy precipitado y necesito pensarme las cosas.
Como
respuesta, Mike Newton me cogio de la muñeca y me empujo hasta donde
estaba él, sentándome en su regazo. Me impuso con tanta fuerza, sus
brazos en mi cintura, que me vi incapaz de desasirme de su cuerpo.
Después separo un brazo de mi cintura, para atrapar mi mentón con
fuerza con su mano y dirigir mi cara a la suya. Su brazo presionaba
tan fuerte mi cintura, que me impedía respirar.
-Creo
que tú ya no podrás decir nada-Me siseo mientras se acercaba a mi
boca jadeante-Me temo que ya es oficial y mis padres están reunido
con los tuyos para firmar el contrato de matrimonio. Ya hay fecha y
todo.
Fui
incapaz de expresar palabra alguna, debido la impresión que me
causaron sus palabras.
-Me
parece que alguien se va a tener que tragar las palabras que dijo
anteriormente sobre quien sería la última persona con quien se
casaría-Y antes de que pudiese replicar, me beso violentamente.
Debido
a la falta de aire por el beso que estaba recibiendo, me fui incapaz
de pensar que tenía que hacer algo para impedir que siguiera
abusando de mí, encima en mi propio cuarto.
Y
debía pensarlo ya, porque Mike me empujo violentamente, tumbándome
en la cama, para acto seguido tumbarse encima de mí.
-Veamos
de lo que eres capaz-Me mordisqueo leve el labio, interpretando un
gemido de dolor salido de mi boca, por uno de placer-No creo que con
Masen fueses tan remilgada. Asi que haz el favor de ser buena y abrir
las piernas. Ya veremos si prefieres a un "niñas" como Masen o a
todo un hombre.
Me
abrió los dos primeros botones de mi blusa y metió la mano por
dentro tanteando mi pecho por encima de corsé.
No
sabia donde había adquirido tanto atrevimiento, pero no iba a
permitirle llegar más lejos.
Mientras
se concentraba en pasarme su lengua por el cuello, agache levemente
la cabeza, y en mi mesilla de noche descubrí un jarrón.
Venciendo
las nauseas y advirtiendo que Newton estaba tan distraído con mis
encantos, hice un esfuerzo de estirarme y coger el jarrón.
Una
vez que lo tuve en mis manos, aplique toda mi rabia y mi ira y se lo
estrelle en la cabeza.
Concentrado
en el dolor del golpe, Newton bajo las defensas, por lo que pude
empujarle con todas mis fuerzas y tirarle al suelo.
Me
levante presurosa, jadeante, me abroche los dos botones y me alise la
falda.
Newton
se retorcía acongojado y para asegurarme que no se movería durante
un rato, le di una patada en sus partes más delicadas. Gracias a las
lecciones que Edward me daba de pequeña, junto a las de mi padre un
tiempo después, me podía defender de cualquier hombre.
Aquello
hizo que la casa se llenase a consecuencia de sus gritos.
Antes
de irme hacia el comedor para tener una pequeña charla con mi madre
y el imbecil de mi padrastro, me puse a la defensiva contra aquel ser
vil, que se contraía de dolor en la alfombra de mi habitación.
-¡Entre
un hombre y un caballero, está muy claro lo que elijo!-Le grite
furiosa, sin compadecerme de su dolor en absoluto-¡Pero tú por
desgracia no eres ninguna de las dos cosas! ¡El honor no se aprende
en la guerra! ¡Y en cuanto a mi, no quiero que te me acerques, nunca
más! ¡Prefiero que actúes como si fuera una desconocida para ti!
¡No pensaba en casarme contigo antes, y por supuesto ahora menos que
antes! ¡El día que los alemanes invadan Polonia y yo me dedique a
beber sangre, será el día que me case! ¡Pero por supuesto no será
contigo, y no me cansare de repetírtelo incluso si pudiese vivir
eternamente!
Y
sin darle tiempo a replicar, salí del cuarto muy airada.
Ignore
sus gritos, insultándome con el adjetivo de arpía.
-¡Cuando
seas una vieja solterona avinagrada te acordaras de esto,
zorra!-Vocifeo tan alto que, cuando llegue al comedor, Renee se
atraganto con una copa, Phil derramo la mitad del contenido de la
suya en la alfombra y los señores Newton me miraron como si me
tratase de un fenómeno de la naturaleza.
-¿Se
puede saber de que demonios va esto, Isabella?-Me pregunto mi madre
asombrada por el espectáculo que se había producido arriba.
Con
toda la tranquilidad del mundo, me digne a contestar.
-Señor
y señora Newton, Señor Dwyer, madre-Salude educadamente-El señor
Mike Newton ha entrado en mi cuarto sin ningún permiso, ha despedido
a una trabajadora de mi casa con desden, se ha tumbado en mi cama sin
pedirme mi opinión, ha intentado abusar de mi, por lo que he tenido
que darle un jarronzazo, con lo que me ha llenado la colcha y la
alfombra de sangre y la pobre señora Pott le va a costar quitar esa
mancha. También me he permitido darle una patada en sus partes
nobles, por lo que dudo que pueda tener hijos. Y si no han escuchado
bien la conversación que he tenido con él, lo vuelvo a repetir
educadamente. Mi anterior prometido ha fallecido recientemente y por
el momento, no he pensado en casarme. Necesito un tiempo para ordenar
mis asuntos y salir de Chicago. Por lo tanto, si tienen algun
contrato de matrimonio, que sepan que no tengo ninguna intención de
firmarlo. Mas bien se deberían preocupar de llevar al señor Newton
al hospital para que le curen esa brecha y puedan asegurase de su
próxima descendencia. Y ahora, si no me requieren para alguna otra
cosa que no sea firmar algun documento que implique unirme en
matrimonio con un patán sin escrúpulos que se digna a llamarse a si
mismo caballero, y le hace falta aprender buenos modales y una esposa
bonita y sumisa, cosa que no lograra de mi, me retiro a la biblioteca
con sus permisos. Caballeros, señoras-Incline levemente la cabeza a
modo de saludo y me dirigí hacia la biblioteca, rodeada de un
silencio sepulcral.
Me
tape los oidos para leer tranquilamente "El retrato de Dorian
Gray"-Uno de los cuentos favoritos de mi padre-mientras Phil se
dedicaba a despotricar sobre mí, desahogándose con su madre.
-¡O
HABLAS TÚ CON TU MALDITA CRÍA, O TE JURO, RENEE, QUE LA ESTAMPO
CONTRA LA PARED!-Grito Phil a mi madre por mis numerosas negativas a
casarme con Newton y haberles dejado en ridículo delante de los
Newton-¡YA NO AGUANTO MÁS TONTERÍAS DE ESA MOCOSA! ¡O SE CASA O
LA ECHO DE CASA!-Amenazo mientras yo era totalmente insensible a sus
amenazas. Al fin de al cabo aquella no era su casa. Y si por un
casual-Cosa que dudaba-yo me llegase a casar, se me declararía mayor
de edad, dueña de las propiedades y podría echar a Phil de casa.
Seguramente, mi madre no tardaría en seguirle.
-Phil,
yo hablare con ella-Le tranquilizó Renee-Seguro que si se le habla
con argumentos, ella acabará razonando.
-Está
bien-Pareció atenerse a los razonamientos que Renee le
mostraba-¡Pero si la respuesta es no, te juro que la llevo yo al
altar de los pelos!
Definitivamente,
tenía que irme a Paris. Ya había echado la carta y había puesto la
dirección de Elizabeth Masen. No me fiaba que Phil o Renee no
intentasen leer la carta y su contenido no les haría demasiado
felices. Seguramente, me mantendrían bajo arresto domiciliario si
intentaba irme.
No
deje de leer, aun cuando sintiese una presión sobre mi hombro. Sabía
perfectamente de quien se trataba.
-Pensé
que este lugar te daba alergia-Le conteste a mi madre de malos modos,
sin querer escuchar nada de lo que tuviese que decir.
-Isabella,
aunque no te lo creas esto es lo mejor para ti-Me ignoro el gesto de
desagrado y se sentó en una silla a mi lado. Hablaba tranquila y
parecía dispuesta a negociar. No me quedó otro remedio que
escucharla. Cuanto antes lo hiciese, antes me dejarían tranquila.
-Casarme
con una persona como Newton, yo no lo consideraría lo mejor para mi.
-No
sabes cuantas chicas les gustaría estar en tu lugar.
-Pues
me cambio por ellas encantada.
Mi
madre parecía exasperada.
-Isabella
necesitas tener un futuro estable, y por ahora la única manera que
una mujer consiga una posición adecuada, es casándose-Razonó.
-Eso
es mentira-La rebatí-En estos tiempos hay muchas mujeres que salen a
trabajar y a labrarse su propio futuro.
-Eso
no es propio de una dama-Parecía que relacionar a una mujer con el
trabajo, era una de las peores blasfemias que podía decir.
-Tampoco
lo es casarse por dinero-No iba a dar mi brazo a torcer-Me parece
mucho más honorable ganarse el dinero por una misma, aunque tengas
que echar horas. Lo de casarse por dinero, me suena más a una
prostitución consentida por la sociedad.
-No
hay otra forma de casarse, Isabella. Tu boda con el joven Masen era
un sueño de hadas y por desgracia, los cuentos de hadas no duran
eternamente. Hay que vivir según las circunstancias.
-Yo
soy consciente de mis circunstancias. No me casare con Newton. Si no
quieres mantenerme, yo sabré buscarme la vida sola.
Renee
miro, pesarosa, la puerta y se mordió el labio. Algo me decía que
algo no iba bien.
-Me
temo que si no te casas con Newton, acabarás en la calle-Susurró
tenuemente.
-¿Es
una amenaza?-Inquirí enfadada.
-No.
Es una realidad-Se aliso la falda, nerviosa-Phil ha tenido mala
suerte con los negocios. Ha invertido ya parece que la bolsa no ha
favorecido demasiado y se ha perdido demasiado dinero.
-¿Cuánto?-Pregunte
asustada. No podía creer que la situación estuviese tan mal. No, no
podía estar mal.
-Estamos
en la ruina-Sollozo Renee, mientras sentía como un rayo me fulminaba
allí mismo.
-¿Phil
se ha gastado todo el dinero que mi padre tanto le costó ganar?-algo
de dinero tenía que haber.
-Los
acreedores le han enviado varios avisos-Rompió a llorar-Incluso
alguno ha enviado a unos matones para que le den una paliza a Phil-Me
agarro las manos, suplicante-¿Tú no querrás que le pase nada a
Phil, verdad?
Si
la situación hubiese sido diferente, tal vez me hubiese empezado a
reír de los problemas de Phil y sus acreedores. Pero gastarse el
dinero de mi padre y dejarnos en la más absoluta ruina, sabiendo
solo Dios donde se lo habría gastado, lo único que me producía
eran nauseas.
Rechace
las manos de mi madre y me levante de la silla, incapaz de permanecer
de pie.
-Siento
que la situación haya llegado tan lejos, madre. Pero yo no puedo
cometer un error para enmendar los que Phil haya cometido. No voy a
condenar mi vida por salvar a Phil. Si la situación es tan grave, me
iré de casa. Trabajare de maestra, tengo buena educación y seguro
que me contratarían en cualquier escuela, o tal vez de institutriz.
Podría mandaros algo de dinero y vosotros podríais alquilar esta
casa e iros a vivir algun sitio más pequeño.
-¡Eres
increíblemente egoísta, Isabella!-mi madre puso el grito en el
cielo-¿Qué dirán las buenas gentes de Chicago si permito que una
hija se dedique a trabajar, cuando está en edad casadera y poder dar
hijos? Es mucho más fácil que te cases con el joven Newton.
-¿Hay
algun interés oculto en todo esto para que estéis tan desesperados
para casarme con Mike Newton?-Me frote las sienes con los dedos para
liberarme la presión de la cabeza e intentar no gritar a Renee.
-Ya
se ha firmado el contrato matrimonial-Se me abrieron los ojos por la
sorpresa-Solo falta tu firma y todo será formalizado.
-¿Cuáles
son las condiciones?-Me obligue a sentarme debido a la pesadez de mis
piernas.
-Hemos
tenido que dar cinco mil dolares como fianza-Abrí los ojos de la
impresión. Parecía que me iban a casar con algun príncipe-Y como
dote, se darán quinientos mil dolares para el joven Newton y
quinientos mil para nosotros.
-¡Que
altruista es Phil dejándose partir las piernas para pagar mi
boda!-replique irónica-¿Por qué de que negocio sucio sale todo ese
dinero?
Mi
madre parecía avergonzada al mirarme.
-Tuvimos
que vender tus joyas para pagar la primera parte de la fianza…-Mi
madre me detuvo con un gesto para que no empezase a despotricar-Y
luego, se supone que tienes un deposito en el banco de un millón de
dolares que te dejo tu padre para si surgía algun improvisto con la
condición que solo podías sacarlo si te casabas. Por lo tanto,
cuando te cases le daremos a Newton vuestra parte para que no te
acusen de mantenida, y la otra parte será para salvar las deudas de
Phil. Creo que es justo que despues de una determinada edad, los
hijos se sacrifiquen por sus padres, ¿No crees, mi niña?-Intento
pellizcarme la mejilla pero me aparte de ella como si estuviese
huyendo del diablo.
-¡Desde
luego la gente no pensara que soy una mantenida!-Perdí los
estribos-¡Si prácticamente estoy manteniendo a mi marido, a mi
madre y a mi padrastro! ¿Como habéis podido vender mis joyas?-Eso
era lo que más me dolia de todo. No por su aporte económico, si no
por el valor sentimental. Me las había regalado mi padre y si yo las
vendía, era para salir de mis propios problemas. No para sacar
adelante a unos parásitos que se me habían pegado a la chepa. Pero
si pensaban que me iba a rendir, aun no habían oído mi última
palabra-Por mucho que firméis, el contrato no valdrá nada si no
está mi firma en el. Y ya te puedes ir enterando que no voy a firmar
ningún papel que me una a Mike Newton de por vida. Por lo que, ya
podéis ir pensando otra manera de arreglar vuestros problemas
económicos y que el héroe de guerra pavonee de sus títulos a costa
de otra mujer más sumisa que yo, que la anule haciéndole un hijo
por año. Conmigo os habéis equivocado.
Mi
madre me sonrió despectivamente.
-Me
temo querida, que seguirás siendo una menor hasta que no tengas ese
millón en tu poder…y mira por donde, tu mismo padre aconsejado por
Elizabeth y Edward Masen, a los que tanto adoras, pusieron esa
cláusula de tener que casarte para poder sacar el dinero. Por lo
tanto, o te casas, o te haré la vida tan imposible dentro de esta
casa, que desearas salir como sea.
No
me deje amedrentar en absoluto por ella.
-Vamos
a ver quien de las dos tiene más aguante, señora Dwyer-La rete,
mirándola a los ojos.
Mi
madre se levanto airada de la silla y pego un sonoro portazo.
-¡TE
JURO QUE TE CASARAS, MALDITA ARPÍA!-Vocifeo-¡HARÉ CUALQUIER COSA
PARA QUE LO CONSIGA!
Cuando
Renee salio del cuarto, me senté, derrotada y puse mis brazos sobre
la mesa para despues apoyar la cabeza sobre ellos.
Lo
más fácil sería que acabase cediendo y me resignase a casarme con
Newton.
Tendría
que aguantar que se gastase mi dinero en bares de mala muerte,
estupidos acontecimientos sociales, y en prostíbulos. Mientras yo
tendría que quedarme en casa, cuidando de los cinco niños que
intentaría hacerme para despues soportar la presión de su cuerpo y
aguantar su olor corporal mientras me acostaba con él. Mi única vía
de escape sería cerrar los ojos e imaginar que era Edward quien me
tocaba. ¡No, eso era un insulto para su memoria!
Ni
el ni yo nos merecíamos eso. Y de nuevo él acudió en mi ayuda.
"Te
rindes, Bella", Me reprochaba su voz en mi interior, "No debes
hacerlo. ¡Lucha!"
Sonreí
relajada y decidí tomarme un descanso. La lucha empezaría pronto.
"Ojala
os atragantéis con una zanahoria", Desee con todas mis fuerzas
mientras hacía amagos de cortar las verduras para el guiso.
Con
la excusa de no tener dinero para requerir de sus servicios y que le
daba a la botella, Phil despidió a la señora Pott sin darle una
compensación económica. Por suerte, pude recomendarle un trabajo en
casa de Elizabeth Masen y esta fue recibida con los brazos abiertos,
un salario que aumentaba el doble a lo que recibía de nuestra casa y
un seguro médico bastante amplio. Pero por desgracia, solo me
llegaba de oídas, ya que Renee y Phil me habían impuesto arresto
domiciliario y no podía salir a la calle ni recibir visitas, si no
eran las de Mike Newton y sus padres.
Por
supuesto, Elizabeth estaba vetada en esta casa. Después de varios
intentos por verme, se dio por vencida y no volví a saber nada de
ella. Si hubiese llamado, yo no me hubiese enterado, ya que Phil era
el encargado de recibir las llamadas y abrir el correo. Por lo tanto,
si Elizabeth había recibido la contestación de Paris, ya podría
dar por perdida la oportunidad de irme a Paris.
Mi
madre intentaba chantajearme emocionalmente por lo que saco todos los
libros de mi cuarto y los metió en la biblioteca, para despues
cerrarla con llave y esconderla. Estuve llorando toda la noche cuando
me entere que Phil había vendido mi violín y mi violoncello junto a
mis partituras, a un anticuario. Me dijo, con sorna, que si firmaba
el contrato me lo devolvería. Pero eso me dio más motivos para
rebelarme y negarme en rotundo a firmar el contrato.
Odiaba
cuando la señora Newton me miraba de reojo y fruncía el ceño ante
mis escuálidas caderas.
-Señora
Dwyer, ¿Su hija será capaz de dar a luz un hijo sano?-Cuando hacía
esos comentarios me sentía como un ganado a punto de sacrificarse.
Odiaba
cuando Phil me sacaba de paseo y me llevaba a las fabricas donde
mujeres, de aproximadamente mi edad, y niñas menores trabajaban
catorce horas por seis centavos el día.
-Ese
podría ser tu destino si no accedes a casarte, mocosa-Me siseaba
mientras me zarandeaba y me obligaba a ver el horrible espectáculo
de aquellas mujeres trabajando, hasta estando enfermas, solo por
llevar un sustento a la familia.
El
espectáculo se siguió repitiendo hasta que un día, harta de tanta
pantomima, a costa del sufrimiento de aquellas pobres mujeres, me
puse a gritar que exigiesen contratos de ocho horas y que las menores
de catorce años se vieran exentas de trabajar. Luego empecé a
cantar el himno socialista, hasta que el dueño de la fabrica,
temeroso de una revolución, nos echo de allí y nos pidio que no
volviésemos.
Phil
tuvo que recurrir a dejarme encerrada en mi cuarto hasta que tocase
preparar la comida y la cena.
Me
consideraban la culpable de haber echado a la señora Pott, por lo
que estaba obligada a prepararles los desayunos, las comidas y las
cenas. La señora Pott me había dejado una lista de cómo hacer los
platos más sencillos, adivinando que se cebarían conmigo. Se lo
agradecía en el alma, pero prefería hacer las cosas a mi manera y
me invente el estilo "Comidas Isabelle", con mucha sal, pimienta,
pimentón picante y sobre todo, increíblemente carbonizado.
Más
de una vez me gane un bofetón por mis experimentos culinarios.
-¡Pues
si tan poco os gustan mis comidas, contrata a una cocinera con el
dinero que habéis obtenido de robar mis joyas!-Les eche en
cara-¡Estoy seguro que todas mis joyas no valen solo cinco mil
dolares!
Lo
único bueno que sacaba de esta situación, era que por las noches
estaba tan cansada, que no tenía ni fuerzas para llorar y tenía
sueños sin pesadillas. Por lo tanto lograba dormir más de ocho
horas hasta que me levantaba para prepararles el desayuno, que
constaba en unos crepes calcinados, huevos revueltos con cáscara
incluida y sobre todo un café con leche con sal y un escupitajo por
mi parte. Sabía que aquello no era propio de una dama, pero tampoco
entendía el concepto de Renee sobre ser una dama. Estaba en contra
de que me fuera a trabajar de maestra, pero no veía indigno, que
trabajase de sirvienta en mi propia casa. Debía empezar a pensar
cual era el orden de su prioridades.
Me
maldecía mientras pelaba la cebolla para el guiso, pensando si
alguien escucharía mi grito silencioso. Y como si alguien hubiese
escuchado a mi plegaria, llamaron a la puerta. Phil, como siempre,
abrió y, aunque no pude escuchar toda la conversación, distinguí
una voz masculina terriblemente familiar.
Me
preguntaba de quien se podría tratar, cuando en la cocina entro un
hombre alto y musculoso que me miraba amistosamente, mientras yo
fruncía el ceño de extrañeza.
-Señorita
Swan, ¡Que poco se acuerda usted de sus amigos!-Exclamo con reproche
pero se le veía que estaba bromeando.
Me
senti como una tonta al no darme cuenta de inmediato de quien podía
ser. Solo Emmett McCarty se atrevería a ser tan jovial y darme un
abrazo, rompiendo todas las barreras del protocolo. Solo cuando me
sentí tan protegida entre sus brazos, me di cuenta cuanto le había
extrañado. Era como si mi hermano mayor hubiese regresado a casa.
A
pesar de notarle algo más delgado, a consecuencia de la guerra, y
sus ojos habían perdido brillo a causa de la muerte de su más
intimo amigo, algo me decía que Emmett no había cambiado demasiado.
-¡Está
cansadísima!-Exclamo asustado al ver mis ojeras y la palidez de mi
cara.
-He
estado enferma-Me excuse. No hacía falta decir el resto de detalles.
El los sabía de sobra y con solo mirarme a los ojos, se pudo hacer
una ligera idea de todo el dolor que me invadía como un cáncer-Pero
no se preocupe por mi, señor McCarty y cuénteme cosas de usted.
-Se
lo contare todo, si acepta ir a tomar un helado conmigo-Me invito
animadamente.
Antes
de que yo pudiese contestar, la voz de Phil se me adelanto.
-Me
temo, joven, que la señorita Swan no está disponible para salir.
Está comprometida y tiene que arreglar ciertos asuntos.
-Cierto-Asintió
Emmett-He leído algo en los periódicos. Pero no creo que salir a
dar una vuelta con un amigo la haga daño. Se la devolveré de una
pieza y con su virtud intacta-Aquello me hizo ruborizar. Desde luego
no había cambiado nada en absoluto.
-Su
cara me es familiar-Frunció el ceño Phil
Trague
saliva, mientras rogaba que no relacionase a Emmett con Edward, o
sino le echaría de casa con cajas destempladas y yo me ganaría
tarea extra.
Pero
Emmett contesto felizmente.
-Yo
creo que sí nos conocemos. Me parece que nos hemos debido de ver en
la misma casa de putas donde voy cuando paso por Chicago a visitar a
unos amigos. Creo que el puticlub se debe llamar "Casa de Mummy
Louise"…pues sí, señor Dwyer, su cara me es terriblemente
familiar.
Por
una vez no me abochorne de los modales de Emmett, incluso simule una
sonrisa cuando vi a Phil ponerse pálido y no decir ni una palabra
cuando Emmett me indico que me esperaba abajo mientras me aseaba y me
arreglaba para irnos a tomar ese helado.
Le
di un beso en la mejilla y pensé que, los de arriba, me habían
enviado un enorme ángel guardián con un corazón tan grande como el
tamaño de su cuerpo
La
excusa del helado fue perfecta, ya que Emmett consiguió llevarme a
territorio amigo. Despues de ir al cementerio, para que Emmett
pudiese rendir un último homenaje al que fue su hermano en todos los
sentidos, menos en el biológico-Me impresiono y entristeció verle
llorar, ya que no era propio de Emmett-, éste me llevo a casa de
Elizabeth, quien me recibió con los brazos abiertos y dispuesta a
aportar soluciones a mis problemas.
La
señora Pott estaba tan encantada de verme y tan asustada por las
ojeras y la delgadez que había vuelto a adquirir, que no dudo en
meterse en la cocina y no salir hasta haberla completado, en un
carrito, toda una colección de pasteles de todas las variedades. Con
más hambre de lo que pensaba, empecé a comer con ansias.
-¡Esos
personajes!-Elizabeth pasó mi contrato matrimonial al señor
Mahoney, un abogado, rival y amigo del señor Masen, que había
conocido a Elizabeth en el hospital mientras cuidaba de su mujer
moribunda. Unidos por la desgracia, el señor Mahoney, venía casi
todas las tardes a visitar a Elizabeth.
-Señor
McCarty, no es legal sustraer un documento de una casa ajena-El señor
Mahoney hizo un amago de regañarle.
-No
creo que me lo diesen voluntariamente-Se encogió de hombros sin una
pizca de arrepentimiento en su actitud-De todas formas no es un robo.
Solo lo he cogido prestado.
-George-Le
tuteo Elizabeth-¿Pueden obligarla a casarla?
El
señor Mahoney estudió detenidamente el contrato antes de dar una
contestación.
-Mientras
ella no firme no podrán hacerla casar.
Emmett
y ella parecieron aliviarse.
-¡Es
ridículo!-Elizabeth empezó a trocear su tarta sin probarla-¡Ya han
anunciado su boda en marzo y sin consentimiento de ella no se pueden
casar! Me pregunto que es lo que habrán pensado.
-Hacerme
la vida imposible hasta que acceda.
-Parece
la cenicienta sin que el príncipe azul venga a buscarla. Más bien
tiene como pretendiente e un sapo y si le da un beso, se
infectara-Bromeo Emmett para luego suspirar, pesaroso-Aunque los
cuentos de hadas solo son sueños. Mi princesa no me quiere y para
más inri se ha ido a un lugar remoto del planeta y no quiere que la
encuentre. Me escribió una carta pidiéndome que la olvidase-Suspiro
con tristeza.
-Lo
siento, Emmett. Pero lo más seguro que te dijese eso para que su
marcha fuese lo más llevadera posible-Le consolé, recordando las
palabras que la bellísima enfermera me dijo la última vez que la
vi.
-No
puedo creer que el señor McCarty se haya enamorado-Elizabeth parecía
sorprendida-¿Quién era la afortunada? Siento que la cosa no haya
llegado a buen puerto. Te hubiera servido para asentar la cabeza.
-Era
la hija del doctor Cullen-Le explique a Elizabeth. Esta frunció los
labios de manera enigmática.
-Mi
pequeña Artemisa particular-Sollozo Emmett.
-Emmett,
lo mejor que la relación no llegase a nada. Ella no estaba hecha
para ti. No pertenecéis al mismo mundo-Su voz era lo más parecido a
un témpano de hielo. Sin embargo el brillo de sus ojos delataba que
sabía algo que nosotros ignorábamos.
Después
de unos instantes de silencio, Elizabeth volvio al tema primigenio.
-¿Tienes
algun plan para librarte de este compromiso, Isabella?-Inquirió
Elizabeth mirandome expectante. Parecía como si se le hubiesen
acabado las ideas y tuviese puesto en mí las últimas esperanzas.
Como
si me hubiesen enviado una señal, lo tuve todo claro. No era la
primera persona que, dejando todo atrás, se había marchado a otra
ciudad o, incluso, a otro país para buscar su propia identidad. Todo
a mí alrededor eran indicios de que no tenía que quedarme en
Chicago.
Les
mire firmemente y ellos me miraron con un interrogante en la mirada.
-Hace
unas semanas conteste a un anuncio en el que se requería una
institutriz que tuviese un alto nivel de francés-Les conteste
titubeante. Parecia que toda la firmeza se me hubiese ido a los
pies-A mi me gusta enseñar y creo que tengo aptitudes para enseñar…
-¿Significaría
eso que tendrías que irte de Chicago?-Emmett desmenuzo un cigarro en
el cenicero ante el gesto de reprobación de Elizabeth.
-A
Paris-Asentí a la par que Emmett y el señor Mahoney me miraban
asombrados. Elizabeth se limito a sacar una carta de los bolsillos de
su bata.
-Supongo
que esta carta está relacionada con el asunto-Me la entrego y la
abrí con más ansias de las debidas.
En
ella me decía que le diera una respuesta para concertar una
entrevista una vez instalada en Paris.
-Quiere
hacerme una entrevista-Se la di para que la leyese.
-¿Tan
horrible le resulta el matrimonio que está dispuesta a irse a otro
continente lejos de sus amigos y su hogar?-Me pregunto el señor
Mahoney asombrado ante mi osadía de decir que me iría de casa sin
cumplir, aun, los dieciocho años.
-Sí-Musite-No
quiero que mi madre y mi padrastro vivan a mi costa y sobre todo odio
a Newton como amaba a Edward…-Esto último lo dije en voz baja. No
me atreví a decir que necesitaba estar un tiempo fuera para
encontrarme a mi misma.
-Pero
a Paris…-Emmett no pudo reprimir un gesto de asco-…Ya sé que es
la ciudad más romántica del mundo y todo aquello que dicen de su
luminosidad…pero el problema de Paris es que está llena de
franceses. No he visto personajes más groseros que ellos. Así que
eso de la fama que tienen los europeos de educados y seductores es un
mito. Si no habría que haberles visto en los burdeles…y las
mujeres… ¡Puaj!
-Muchas
gracias señor McCarty por la información cultural que nos está
dando-Le interrumpió Elizabeth para luego volverse a mí-Pues a mi
eso que te vayas a Paris me parece una buena idea. Un tiempo en el
extranjero y permaneciendo ociosa, te vendrá muy bien. Es una
experiencia única y te ayudara a madurar. Y Paris es una ciudad
maravillosa. Nunca la he visitado y lo lamento tanto.
-Elizabeth,
es solo una chiquilla-Repuso el señor Mahoney-¿Cómo se las apañara
para sobrevivir ella sola en una ciudad?
-Trabajare
de institutriz-Confirme solemne.
-¡Mi
pobre niña!-Sollozo la señora Pott-¡Mira a lo que le han obligado
esos energúmenos de su madre y su padrastro!
-Voy
a estar bien-La consolé, acariciándola el rostro-Los primeros meses
serán duros, pero iré sobreviviendo poco a poco.
-Yo,
a su edad, vendí todas las joyas para poder escaparme de mi casa y
casarme con Edward-Me defendió Elizabeth-Pasamos unos años bastante
precarios hasta que la suerte nos sonrió un poco. Además a nadie le
viene mal madurar de esta forma-Me guiño un ojo, mientras acudía a
su regazo y la abrazaba con fuerza.
-Gracias-Musite,
dándole un beso en la mejilla.
-Ahora
tenemos que pensar como vamos a conseguir que salgas de Chicago, sin
que tus padres monten la de Troya.
Mi
gozo en un pozo. Por mi sola, no podía mantenerme. Solo tenía ese
millón en el banco y no lo podía sacar hasta que fuera mayor de
edad, lo que significaba que me tendría que casar. Y precisamente
estábamos huyendo de eso.
-No
tengo dinero y han vendido mis joyas para pagar la fianza de
matrimonio a Newton-Me lamente.
-Yo
te haré el préstamo-Me ofreció Elizabeth-Puedes ir devolviéndome
el dinero poco a poco.
-Elizabeth-Susurro
el señor Mahoney, algo alterado-No es por ser pájaro de malagüelo,
pero si ella se va de su casa sin el consentimiento paterno y además
con tu dinero prestado, sus padres te podrían acusar de secuestro y
tener muchos problemas legales.
Me
mordí el labio con rabia, admitiendo que el señor Mahoney tenía
toda la razon del mundo. Renee y Phil serian capaces de acusar a
Elizabeth de secuestro, aunque aquello le acarrease la ruina. Ganar
un juicio a Elizabeth les sería tan gratificante como casarme con
Newton y despojarme de quinientos mil dolares. Le debía algo más a
Elizabeth que un montón de follones legales.
-Yo
opto por contratar a unos matones para que les rompan las piernas al
desgraciado de su padrastro y al cabrito de Newton-Se mostró Emmett,
eufórico-Conozco un par de ellos, que me deben unos cuantos favores,
que estarían más que encantados…
-Emmett-Le
advirtió Elizabeth, levantando un dedo-Resolvamos esto sin recurrir
a la violencia.
-¡Que
más da!-Se encogio de hombros-¡Si de todas formas, hay unos quince
acreedores que quieren darle una paliza! Lo sé porque coincido con
uno de ellos en casa de Mummy Louise y compartimos a Lilly… ¡Joer,
menudos melones que tiene la mujer esa! Aunque desde luego prefiero a
mi pequeña cazadora de los bosques-Suspiro, evocando la hermosa
imagen de Rosalie Hale.
-Gracias
por informarnos de sus relaciones públicas, señor McCarty-Elizabeth
puso los ojos en blanco.
-También
lo que podría hacer es casarse con Newton-Sugirió el señor
Mahoney, y continuó hablando a ver mi expresión de espanto-y
cuando, legalmente sea mayor de edad, coge parte del dinero e irse a
Paris.
-Escaparse
de casa estando casada con el señor Newton, sería algo asi como un
adulterio y se considera delito-Le informó Elizabeth-A parte que en
este contrato no hay separación de bienes y en un juicio y, con esos
antecedentes, Newton podría quitarla todo el dinero de forma legal y
echarla a la calle.
-¡Usted
es una caja de sorpresas, señora Masen!-Vocifeo Emmett-¡Ya veo que
el señor Masen, que Dios le tenga en su gloria, no solo se dedicaba
a hacerle ñaca ñaca para tener pequeños Eddies, sino que también
tenían tiempo para hablar de trabajo!
-El
señor Masen odiaba hablar de trabajo conmigo, por lo que para evitar
eso, consideró que era mejor que yo estudiase la carrera de derecho.
Despues nació Edward y decidi que yo era más indicada para
malcriarlo que cualquier niñera.
-¿Fue
a la universidad?-Estaba anonadada. Todo el tiempo que conocía a
Elizabeth y me daba cuenta que aun me podía sorprender.
-Solo
había tres mujeres y yo conseguí ser la tercera de mi
promoción-Sonrio con orgullo, para luego suspirar nostálgica-Pensé
que cuando Edward se independizase y se casase contigo, yo podría
economizar mi tiempo y estudiar para ser juez. Creo que ahora es un
buen momento para retomarlo donde lo deje.
-¡Desde
luego la profesión le va que ni pintado, señora Masen!-Le elogio
Emmett-Aunque para ser juez se tendrá que preparar unos exámenes
muy duros.
-En
realidad estoy a un examen de ser juez-Nos informó Elizabeth,
petulante.
Emmett
abrió los ojos como platos.
-Tendré
que dejar de imaginármela desnuda, si no quiero que me imponga una
orden de alejamiento-Me susurró Emmett al oído, fingiendo estar
escandalizado.
-¡Lástima
que los exámenes sean en junio y no se pueda hacer nada legal para
que la señorita Swan se pueda ir libremente de casa de sus
padres!-Se lamentó el señor Mahoney.
-Emmett,
¿Dónde dijiste que habías conocido a un matón y por cuanto nos
podría salir el favor?-Pregunto Elizabeth, desesperada.
Despues
negó con la cabeza y me miro con arrepentimiento.
-Si
estás metida en este lío es por mi culpa, Isabella-Se excusó. No
podía mirarla a los ojos, sin que mi agujero en el pecho se me
abriese-Pero Edward, tu padre y yo lo hicimos por tu bien. Si no
hubiera sido por ese estupido contrato que preservaba tu millón de
dolares de las manos de tu madre, ella se hubiese limitado a
ignorarte. Pero pensamos que te casarías con Edward-Se atraganto al
pronunciar y evocar a su hijo-…Habíais estado juntos desde el día
que naciste. Prácticamente, fue su rostro lo primero que viste
cuando abriste los ojos-Elizabeth me estaba revelando una gran
verdad. Si yo no me podía casar con otra persona, era porque mi otro
trozo de alma había sido Edward y nadie podría devolverme aquella
parte de mí que él se había llevado.
-¡Mi
pobre Eddie!-Sollozo Emmett-¡Que voy a hacer ahora sin él! ¿Con
quien me voy a ir de caza ahora? ¿A quien le voy a contar ahora
todas esas cosas que solo contarías a tu mejor amigo? Yo, que estaba
tan ilusionado con vestirme de gala y ver a mi hermano pasar por la
vicaria con una mujer bonita que le hiciera el hombre más feliz del
mundo. ¡Encima el pobre Eddie se ha muerto virgen!-Emmett no me vio
ocultar mi cara bajo una servilleta-¡Pero que sepáis que yo intente
que no fuera asi! Yo quería que Eddie se desfogase con alguna
señorita que trabaja la esquina para que cogiese práctica y no
defraudara a la señorita Swan en su noche de bodas, si alguna vez se
decidía a dar el paso. Pero Eddie, no cedía, incluso yo llegue a
pensar que era de la otra acera. Por lo tanto, decidi hacer un
experimento. Una noche que salíamos de copas, decidimos hacer una
apuesta, para ver quien aguantaba más con el alcohol. Si ganaba él,
yo tenía que permanecer abstemio y no pisar un burdel durante un
mes, ademas de tragarme toda una temporada de teatro con usted,
señora Masen. Pero si yo ganaba la apuesta, el tendría que ir esa
noche a casa de Mummy Louise y desvirgarse con una prostituta. Por
supuesto, Eddie tenía muy poco aguante con el alcohol y perdió la
apuesta. Pero en lugar de llevarle al prostíbulo, le lleve a un bar
de ambiente, que son muy raros de encontrar en Chicago, y se lo
ofrecí a un viejecito por cincuenta dolares. ¡Teníais que haber
visto el pajarito del viejo verde y la cara de terror de Eddie! El
tío salio como alma que se llevaba el diablo. Eso sí, los cincuenta
dolares se los llevó. Despues le perdí la pista hasta el día
siguiente, apareciendo de quien sabía donde y dedicándose a pegarme
collejas e insultarme, acordándose de todos mis parientes. Pero
gracias a eso, sabemos que Eddie no era gay. Y aunque si lo hubiese
sido, nosotros le hubiésemos querido igual, ¿Verdad?
-Gracias,
Emmett por ayudar a mi hijo a descubrir su identidad sexual, aunque
ya la tenía definida-Replicó Elizabeth sarcástica.
-Todo
un placer-Contesto Emmett, complacido.
Por
un momento me reí ante las ocurrencias de Emmett y comprendí la
enorme perdida que había causado para el su ausencia. Pero ya no era
el tiempo para los muertos, sino para los vivos. Necesitaba pensar
con claridad.
-Elizabeth,
¿No hay ninguna manera de anular esa cláusula, sacar el millón de
dolares y hacerme mayor de edad sin tener que casarme?-Pregunte
aferrandome a una vana esperanza.
Esta
negó con la cabeza, tristemente.
-Entonces
si me he enterado bien, la señorita Swan se hace mayor de edad
pasando por la vicaria, por el tálamo y de paso con un millón de
dolares-Emmett se agarro la barbilla e hizo como si estuviese
pensando-¿Pero que pasaría si la señorita Swan se casase con
alguien que no es Newton y al año se divorciase?
-Entonces
tendría el millón de dolares y sería completamente libre para irse
a cualquier parte-Elizabeth le miro sorprendida y despues sonrió
cómplice con Emmett-¿Me lo estoy imaginando o el señor McCarty ha
pensado algo coherente por una vez en su vida?
-Yo
también se pensar de vez en cuando. Aunque no gaste mucho tiempo en
ello.
-Elizabeth,
¿Estás diciendo que para librarme de un matrimonio no deseado,
tendré que hacer otro matrimonio?-Pregunte con escepticismo y
congoja. Me preguntaba que era lo que se les estaba pasando por la
cabeza.
-Creo
que lo ha entendido-Emmett me dedicó una sonrisa radiante.
Elizabeth
se puso a mi lado y me cogio de las manos.
-Se
que esto es muy atípico y es extraño que yo te lo diga, pero es lo
único que se me ocurre para salir de esta situación. Tenemos que
encontrar a un hombre que acepte casarse solo para coger el dinero e
irte a Paris. Al cabo de un año, te divorciarías y se acabo.
-¿Divorcio?-Me
aterre al pensar en aquella palabra. Prácticamente, una persona
divorciada era una excluida social. Ni siquiera mi padre se divorció
de mi madre a pesar de tener todas las razones del mundo para
hacerlo.
-Los
tiempos están cambiando señorita Swan-Me confirmo el señor
Mahoney-Aunque parezca mentira, ahora el divorcio no es tan mal visto
como hasta hace poco y bastantes hombres y mujeres lo están
solicitando.
-Ademas,
serás rica, joven, guapa y libre-Me animo Elizabeth-En esta
sociedad, el dinero lava los escándalos y borra el pasado. ¿Quién
se acuerda que el señor Mallory fue amante de la señora Stanley y
que Jessica y Lauren pueden ser hermanas? ¿O lo que pasó con Edward
y yo? Y en Paris nadie te va a pedir explicaciones.
Poco
a poco deje de ver esa palabra como algo maldito y empezó a
vislumbrarse como la salvación a mi situación. Solo me quedaba
encontrar aquel marido tan comprensivo que me ayudase a escapar de mi
entorno familiar.
-No
es una mala solución-En realidad era la única solución que se me
ocurría.
Emmett
se dirigio a mi y se arrodillo. Aquello me asusto, pero estaba tan
absorta por lo que me pudiese decir, que no pude moverme de aquella
silla. Me cogio la mano y me dijo muy seriamente.
-Bueno
ya que todas las partes estamos de acuerdo, solo me queda añadir una
declaración: Isabella Marie Swan, ¿Me acepta por esposo hasta que
un papel nos separe?
