Hasta los huesos

14: Cae la nieve

Marco vio a Tom primero, luego a Nieve padre, y casi al mismo tiempo vio el hacha de hielo que estaba por hacer caer sobre el cuello del príncipe. Actuó por instinto más que otra cosa, aunque tuvo el buen tino de aferrar el mango del hacha para que no hiriese a Tom.

Su entrenamiento en karate le hizo saber en dónde golpear para lograr llevar a Nieve al suelo y, una vez allí, llamó a los huesos, con más ganas de las que había usado para apresar a Lamia. Quería golpear a Nieve, pero en estos momentos tenía otras cosas más importantes que hacer. Cuando un grupo de soldados llegó a su lado, dejó al otro atrapado en el suelo y voló hacia donde había visto a Tom. Star estaba terminando de cortar las cuerdas y las correas, pero aún le faltaban las cadenas.

Sus manos fueron hacia los grilletes y tiró, tiró en direcciones opuestas hasta que el grillete se rompió, y luego fue a por otro y otro más, mientras Star rompía otros y los soldados del reino de Mewni entraban a raudales en el escondite de Nieve, o lo que sea que fuese. Cuando el demonio estuvo libre, Marco lo cargó en brazos.

-¿Marco?

La voz de Tom lo detuvo en seco y le hizo mirarle, por primera vez en la última hora, a los ojos, y Marco no lo pensó siquiera. Le tomó un lado del rostro e inclino la cabeza. La adrenalina y el alivio le corrían por la sangre, y el sentir a Tom allí, vivo, besándolo, casi lo hizo llorar. No era seguro, pero él sólo quería cerciorarse, y hacer entender, que los dos estaban allí, vivos.

Tom tardó unos segundos en comprender que sí, que Marco estaba allí, y que no estaba soñando. Levantó una mano y la llevó a la nuca del otro muchacho, casi temblando, mientras una oleada de calor lo bañaba como si estuviera en una terma en el medio de la nieve. Sintió que el vacío se hacía pedazos, y que el fuego volvía a arder dentro de él.

Y fuera.

-Vamos a por el bastardo- dijo, rompiendo al beso en medio de sus llamas, y mirando a Marco a los ojos, unos ojos escarlata, del color de la sangre.

.-.

Una avalancha cayó en la sala, y los soldados de Mewni retrocedieron, rompiendo la formación y el círculo que había alrededor de Nieve. Gigantescos bloques de hielo atravesaron la superficie blanca, como rocas en el medio de un mar embravecido, y Star tuvo que lanzar un chorro de agua termal de las náyades para contrarrestar el ataque.

-¡Lamia!- la voz de Nieve chirriaba con furia -¿Dónde estás, maldita serpiente? ¡No me dijiste nada de esto!

La sala en donde estaban era tan grande como un estadio de fútbol, y una tormenta de nieve se desató allí, cubriéndolo todo de un manto blanco aullante que cortaba. Los trozos de hielo empezaron a unirse, y en las oleadas de nieve había algunas que formaban algo demasiado parecido a un yeti. La sala se llenó de gruñidos y aullidos, cuando lobos y osos de hielo y nieve se lanzaron contra el grupo. Star retrocedió hasta llegar a ellos, y lo mismo hizo el resto de los soldados de Mewni.

-¡Necesitamos refuerzos!- dijo Star.

-¡Si nos vamos ahora, Nieve escapará!- le dijo Tom a Marco, quien estaba demasiado quieto, observando la tormenta.

El muchacho asintió, y levantó una mano, desgarrando parte de la realidad y abriendo un portal hacia un sitio tórrido que Tom reconoció enseguida. Sonrió y, con la voz que usaba cuando quería hacer respetar su autoridad, ordenó a todos los soldados del infierno que estaban entrenando en las barracas que viniesen a unirse a una batalla real.

.-.

La batalla duró bastante poco, una vez el ejército del infierno, o parte de él, se hubo unido a la batalla.

Luego que la primer oleada de seres de hielo y nieve cayese ante las llamas de Tom, vino una segunda y una tercera, abatidas por los ejércitos de los dos reinos. Con cada oleada venían menos seres, hasta que al final el viento blanco cesó. Cuando los copos de nieve empezaron a asentarse, se pudo ver, a la distancia, una figura que respiraba con dificultad.

Marco llamó a sus huesos, más huesos esta vez, para inmovilizarlo. Luego, Star utilizó su magia para crear una burbuja alrededor, y Tom ordenó que trajesen de las barracas algo que Marco no terminó de entender qué era, pero sospechaba tenía que ver con mantener sujeto a alguien.

Star tenía varios arañazos Tom aún no se había recuperado de las cadenas y el agua benditas, y Marco comenzó a abrir portales de vuelta a las respectivas dimensiones. Llevaron a Nieve al sitio donde menos poder tendría, debido al calor y la falta de humedad.

-Marco, ve con Tom- le dijo Star cuando estaba por entrar al portal que la llevaría a su reino –Y luego ven a verme. El resto de la gente del submarino está en mi castillo, y creo que luego les gustaría volver a su casa.

Marco asintió, y cuando la princesa entró por el portal, lo cerró con un movimiento de la mano.

-Vaya, eso es nuevo- le dijo Tom, magullado pero sonriendo. Aún había soldados del infierno entrando en el portal hacia su reino, siguiendo a la prisión de Nieve, y miraban la escena con algo que el muchacho no supo identificar –Has mejorado, veo.

El muchacho dio un par de pasos, acercándose al demonio, y lo abrazó sin decir una palabra. Respiró hondo, y sintió que debajo del olor de la nieve y de la chamusquina helada seguía oliendo a Tom. Sintió que las manos del demonio se posaban en su espalda, y sólo entonces pareció notar que no llevaba nada en el torso. No le importó demasiado. Sus alas tintinearon.

-Ven, Marco. Te has ganado un buen descanso- se dejó guiar hacia el portal, y pasó de un clima frío a uno tórrido en un par de segundos.

.-.

Lo que Marco no esperó fue encontrarse con el rey y la reina del infierno apenas puso los pies en su reino.

El padre de Tom parecía un jugador maorí de rugby, sólo que con tres ojos y dos pares de cuernos pequeños, dos a cada lado de la cabeza pelirroja. Su madre, esta vez con un traje más adecuado para ir a una batalla, estaba a su lado.

-Madre, padre, espero haber honrado al reino con mis acciones- dijo Tom, inclinándose ante sus padres.

-Lo has hecho bien, hijo- dijo su madre, con el orgullo en la voz –Hemos recibido las felicitaciones de otros reinos, que temían por los planes de Nieve. Algunos de ellos no nos habían hablado en generaciones. Fue una jugada arriesgada y valiente de tu parte, hijo.

-Veo que has conseguido… un aliado- dijo el rey, observando a Marco. Que seguía sin tener el torso cubierto, pero era tarde para lágrimas. Se puso la mano derecha sobre el corazón e hizo una inclinación, sin saber bien qué más hacer –No pensaba que quedasen seres de esa clase.

Lo miró de arriba abajo, y Marco, sin moverse, no supo decir qué era lo que veía en los ojos del rey. Luego, vio que el monarca giró la vista hacia su hijo, quien esperaba, aún con algo de sonrisa en el rostro.

-Bien hecho, hijo- fue todo lo que dijo. Luego levantó una mano y la posó sobre el hombro de Tom, mirándolo de una forma extraña, y luego se retiró.

.-.

Marco fue al reino de Mewni luego de asegurarse que Tom recibiría tratamiento por sus heridas, y de decirle al príncipe que regresaría en cuanto pudiese. Llevó a sus compañeras y compañeros de clase a la entrada de lo que quedaba del parque de los Nieve, en donde había un enjambre de ambulancias y coches de policía. El personal del desaparecido señor Nieve accedió sin reparos a prestar declaración, y sólo cuando estuvo seguro que todo había terminado allí, se retiró.

Luego, fue a su casa, a tranquilizar a sus padres. Les explicó lo que pudo, y luego de varios abrazos que le sacaron todo el aire, y que su madre le diese una camisa de cuello alto y un abrigo con cortes para sus alas, volvió al infierno.

Tom insistió hasta que accedieron a colocar ambas camillas en una misma habitación. Se había ganado el honor, dijo, y había ciertos asuntos que debían de definir en vista de los acontecimientos recientes. Sólo accedió a hacerles caso a los médicos cuando se salió con la suya.

Las heridas de Tom eran las más graves, ya que Marco no había recibido casi heridas, y cuando la muchedumbre de médicas de retiró, tenía medio rostro vendado. El agua bendita le había quemado parte de la cara y, con la adrenalina en números negativos, no tenía muchas ganas de moverse.

Así que el que se movió fue Marco.

Se sentó al lado de la cama del príncipe y le tomó la mano sana, apretándosela con suavidad.

-¿Te comió la lengua el gato, Marco?- preguntó Tom, sonriendo.

Se inclinó sobre la camilla y volvió a besarlo, haciendo que su lengua juguetease con la del demonio. Sólo rompió el beso cuando sintió que un sollozo le subía por la garganta, y volvió a sentarse, aferrando la mano de Tom.

-¿Marco?- preguntó el demonio, con preocupación en la voz.

-Temía por ti, Tom- dijo, las primeras palabras que le escuchaba –Cuando desperté de nuevo en… en el laboratorio de Lamia, pensé que tú estabas muerto. Lo encerré en una jaula de huesos y pensé… pensé que estabas muerto.

-Yo pensé que tú estabas muerto, Marco- se mordió el labio –Nieve padre… él me llevó a una habitación y te vi… ahogado.

-Morí ahogado- dijo Marco, mirándolo a los ojos, unos ojos llorosos –Y volví porque… porque había gente a la… - apretó la mano de Tom –Me preguntaron si quería quedarme allí, o volver al reino de los vivos, con nuevas habilidades para no morirme así de nuevo. Y no podía dejarlos, Tom. Ni a ti, ni a Star, ni a mi familia… ni a mis amigos.

Tom dejó escapar una risita.

-Oh, cierto. ¿En dónde estaban?

-En Mewni, pero ya los regresé a la Tierra.

-Y veo que pasaste por tu casa a tranquilizar a tus padres- tocó la tela del abrigo.

-Sí- Marco se quedó mirando la mano de Tom que aún mantenía entre las suyas, y se la besó.

Por unos minutos guardaron silencio, hasta que la voz del demonio habló.

-Es la primera vez que papá me felicita por algo. Parece que lo impresionaste.

Marco levantó la mirada.

-A él le gustan los seres poderosos, Marco. Y que demostrases que puedes derribar a un rey al grito de "aléjate de mi novio", bueno, eso le causó muy buena impresión. En él y en todos los reinos de Mewni y del infierno

Marco se quedó quieto, sin comprender.

-Estaba enviando las imágenes por todos los espejos de los reinos. Te mostraste como un guerrero competente y poderoso, sin miedo de decir lo que siente. Además, eres el único que puede abrir portales entre dimensiones.

-¿El único…?

-Nieve saboteó las tijeras para viajar entre dimensiones. Eres el único que puede viajar entre dimensiones, Marco.

El otro muchacho no sabía bien cómo reaccionar ante eso.

-Lo que quiere decir que tendrás que quedarte aquí por unos días mientras averiguamos cómo hacer más tijeras que funcionen. Y podríamos aprovechar- sonrió –para pasar algo más de tiempo juntos. A un ritmo menos frenético que el de los últimos meses. Hay muchas cosas… muchas cosas que quiero saber, y que tú querrás saber, y cosas que hacer. Como aprender a usar esas alas. Hay muchos de mis súbditos que quisieran tomar parte en eso, incluyendo los artesanos para el asunto de las tijeras.

-Sí- dijo el muchacho, sin mirarlo.

El silencio cayó entre los dos, y Tom tardó unos segundo en comprender que el movimiento inquieto del otro no se debía a la batalla. Por como encogía los hombros, y por cómo evitaba mirar hacia todos lados, no le fue tan difícil adivinar lo que sucedía.

-Marco,- empezó el demonio -derrotaste a un tirano, capturaste a un Lamia, me rescataste de una muerte horrible que habría significado la caída del infierno y de Mewni, y has hecho que papá vea que no soy un caso perdido, todo en un día. Y me quieres, y te quiero. Y eres único en muchos sentidos… ¿Estás sonrojándote?

-…No… - dijo, con las mejillas encendidas.

-Nadia ha hecho lo que tú. Nadie es, o ha sido, lo que tú. Si fueses parte de una familia real te estarían ofreciendo mi mano en matrimonio como regalo, casi- le tomó el rostro con las manos y le dio un beso en la frente –Nada mal, ¿no, Marco?

El otro muchacho se relajó un poco.

-Creo que no. Abue estaría orgullosa.