Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


A todos los chicos de los que me enamoré

Capítulo 9

Casi me doy la vuelta cuando vi quién me estaba esperando en mi casillero luego de terminar el último periodo, pero supuse que era mejor enfrentar al último de una vez. Si que había pasado por el guantelete de chicos en los últimos dos días. Estaba bastante segura de que no había hablado con tantos chicos en los últimos dos años como en el último par de días, más incluyendo a todos los amigos de Edward en la comida.

Me acurruqué en la chaqueta de Edward, respirando profundamente su rico aroma para reforzar mi confianza.

—Tyler —dije, moviendo los brazos para indicarle que debía quitarse ya que estaba bloqueando mi casillero.

—Bella, Bella, fofella —dijo arrastrando las palabras, mirándome de arriba debajo de una forma extremadamente rara. En serio. Cuando Edward me miraba así, no sentía que estuviera imaginándome desnuda, pero Tyler me hacía desear estar usando un anorak en lugar de la chaqueta de piel de Edward.

—Tyler, ¿puedes moverte?

Sonrió.

—Oh sí, bebé, puedo moverme. ¿Quieres ver?

¿En serio?

—Eres tan asqueroso. Apártate de mi camino. —Avancé y le di un codazo en el costado, haciéndolo gruñir, pero al menos se movió al fin.

—Entonces, Cullen y tú, ¿eh?

No me molesté en mirarlo mientras dejaba rápidamente los libros que no iba a necesitar y metía en mi mochila los que sí.

—Sí.

—Genial, genial. Tal vez tú y yo podamos juntarnos algún día cuando termines con él.

Clásico. Me giré y estaba detrás de mí, casi empujándome contra mi casillero. Nop. No podía seguir con esto.

—Tyler, sé que recibiste una carta que te escribí hace cinco años.

—Sí, la recibí. —Se lamió los labios—. Debiste haberme dicho que te gustaba entonces. Pudimos haber hecho muchas más durante esas caminatas.

Asco.

—Estoy bastante segura de que ninguno de nosotros habría sabido qué hacer a esa edad, pero como sea…

—Oh, ¡yo sí sabía! Y déjame decirte, cuando tenías ese chorro de malvavisco colgando de tus dulces labios…

Y me harté. Mi rodilla subió y lo golpeó justo en las bolas, haciéndolo soltar el grito más chillón y femenino que había escuchado salir de un chico mientras se doblaba, aferrándose a su entrepierna.

—¡Eres un asqueroso imbécil! —le grité, sin importarme que de repente tuviéramos audiencia—. No me gustas. Ni siquiera creo que me gustaras entonces. Sólo me gustaba el niño que me ayudó y fue amable conmigo. Claramente ya dejaste a ese niño atrás. ¡Así que aléjate de mí!

¿Debería? Sí, debería. Supuse que a Edward no le importaría. Bajé la voz y me puse frente a su cara.

—Si te me acercas de nuevo, dejaré que Edward se encargue de ti. Estoy segura de que le alegraría patearte el trasero por acosar a su novia. —Incluso a su novia falsa.

Empujé a Tyler, lo dejé jadeando detrás de mí. Me metí rápidamente en el baño de chicas, necesitaba mojarme la cara para limpiarme luego de esa conversación. Me había hecho sentir sucia.

Me lavé la cara y agarré unas toallas de papel, estaba secándome cuando la puerta se abrió detrás de mí. Cuando miré en el espejo, mi corazón cayó. ¿En serio? ¿No había tenido ya suficientes enfrentamientos en el día? Supongo que también debí haber anticipado este.

—Tanya. —Logré decir, hice puño las toallas de papel y las aventé en la basura.

—¿Qué demonios hay contigo?

No tenía idea de cómo contestar eso, así que me encogí de hombros al girarme para encararla.

—Primero Edward, ¿y ahora Tyler? Y todos los chicos de este lugar de repente están hablando de ti. No lo entiendo.

Entendía los primeros dos, pero ¿el resto? Ni idea.

—No podría explicarlo, Tanya.

Unos ojos de un color azul hielo tan clarito que casi parecía blanco me evaluaron y por la mirada de asco en su rostro, supe que me encontró deficiente. Bueno, eso no era nada nuevo.

—Lo entendería si te parecieras a tu hermana, pero no te pareces. Ni siquiera eres linda.

Las palabras me cortaron como de golpe. Nunca llegaría a la altura de Rose. Lo sabía. Igual que Tanya. Cuando éramos amigas, siempre hablábamos de lo preciosa que era mi hermana y cómo todos los chicos la deseaban. Queríamos ser como ella cuando creciéramos. Tanya lo era en algunas cosas, como en ser hermosa igual que Rose, pero no era ni de cerca tan inteligente o maravillosa.

No iba a dejarla ver que me había afectado. Nada que ella dijera importaba, fuera verdad o no.

—Edward piensa que lo soy.

Incluso me lo dijo cuando estábamos solos. Cierto, quería que aceptara ser su novia falsa, pero no importaba. Parecía que lo decía en serio. Y debía pensar que yo era decente, o no me hubiera elegido para ser su novia falsa.

La mirada fulminante de Tanya se hizo más pronunciada ante mis palabras.

—Claramente se está conformando contigo ya que no me puede tener por ahora. Tenías que atraparlo mientras estaba superándome, ¿no?

Solté una carcajada ante eso. Yo, Bella Swan, esperando al asecho hasta que un chico estuviera vulnerable para meterme con él. Oh sí, esa era yo, por supuesto.

—Yo no fui tras Edward, Tanya. Fue todo cosa de él. —A menos de que contáramos el beso que le di en la pista que desencadenó todo esto. Y mi carta, por supuesto. Mierda, todo esto fue por mí, ¿no?

—De cualquier forma, pronto se cansará de ti.

—¿Por qué te importa? —pregunté, cruzando los brazos en una imitación de ella—. Fuiste tú quién terminó con él.

Eso la hizo sonreír.

—Así fue. Y no lo olvides. Puedo recuperarlo con tan sólo tronar los dedos.

Lo más triste era que era cierto. Edward la amaba por alguna inexplicable razón y eso me entristecía por él. Se merecía alguien mejor que Tanya.

—No es un perro, Tanya. Y tal vez finalmente te verá como la víbora que eres. —Sólo podía esperar que así fuera. Y ahora era mi turno de verla de arriba abajo—. Voy a mostrarle a Edward cómo una chica debería tratar a un chico como él.

Tanya soltó una risa burlona.

—Cómo si superas qué hacer con un chico, Bella. Eres tan pura como la nieve.

Muy cierto, Tanya. Muy cierto.

—Edward puede enseñarme. Ya me ha enseñado mucho. —Le dedique una sonrisa llena de confianza, a pesar de que no tenía ni idea de qué estaba diciendo—. Él no tiene quejas, te lo aseguro.

Soltó un bufido de frustración y se echó hacia atrás su cabello perfecto.

—Como sea. Tengo un chico nuevo y mayor que me está enseñando bastante también, mucho más de lo que sabe Edward.

Rodé los ojos, tan harta de esta conversación como lo estaba con las demás del día.

—Un chico mayor que se acuesta con una de dieciséis. Para mí suena raro. ¿Por qué no puede conseguir a una chica, quiero decir mujer, de su edad?

—No quiere una mujer de su edad. Me quiere a mí.

Sonreí al pasar junto a ella.

—Sigue diciéndote eso, Tanya. Yo digo que el hombre tiene problemas, y te deseo suerte con eso. —Llegué a la puerta y le lancé un último tiro—. Y no te preocupes por Edward. Yo lo estoy cuidando muy bien.

Permitiéndome tener la última palabra, abrí la puerta y salí al pasillo que ahora ya estaba casi vacío. Gracias a Dios. Estaba harta de la gente hoy. Especialmente gente horrible como Tanya y Tyler.

Salí de la escuela y me dirigí al campo de fútbol. El equipo estaba ahí afuera y finalmente vi a Edward vistiendo shorts y una camiseta de manga larga, escuchando con atención lo que fuera que el entrenador les estaba diciendo. Me subí hasta la mitad de las bancas del estadio, luego abrí mi mochila y saqué mi tarea de matemáticas.

Comencé a trabajar, levantando la vista ocasionalmente para ver qué estaba pasando allí abajo en el campo. Una vez vi a Edward mirándome y me lanzó un saludo con la mano. Sonreí y le regresé el saludo. De verdad era demasiado bueno para Tanya. Y aunque técnicamente sabía que se suponía que debía ayudarlo a recuperarla, de verdad esperaba que pasar tiempo conmigo lo hiciera ver que ella no era la indicada para él. No sabía quién era lo suficientemente buena para él, pero estaba segura de que Tanya no.

Cuando terminé mi tarea, leí un poco para Inglés hasta que terminó la práctica. Guardé mi libro y bajé hacia donde Edward me esperaba en el campo.

—Hola —me dijo al acercarme.

—Hola. Te veías bien ahí. —¿No era eso lo que se les decía a los deportistas?

Se rio.

—¿Siquiera me viste aparte de la vez en que te saludé?

Ja.

—Bueno, no, pero…

Se rio y me palmeó el hombro.

—Bueno, igual gracias por el cumplido. ¿Te importa si tomo una ducha rápida antes de irnos?

En realidad, estaba caliente y sudoroso, a pesar de que hacía frío afuera. Sí que le echaban ganas en la práctica.

—No, adelante. Iré a esperar junto a tu carro. Alice ya no debe tardar en salir.

—Suena bien. —Me lanzó una sonrisa y se fue corriendo con más energía de la que yo tendría luego de pasar una hora corriendo por el campo de fútbol.

Cuando llegué al Audi de Edward, saqué mi libro y comencé a leer de nuevo. Lo bueno de esperar a otros luego de que terminaba la escuela, es que era capaz de terminar mis cosas antes de ir a casa y comenzar con la cena.

—Tierra llamando a Bella.

Alcé la vista, mi mente estaba con Hester Prynne, con quién podía identificarme aparte de ese asunto de acostarse con un ministro. Se escuchó un clic cuando Edward tomó una foto con su celular.

—¿Por qué fue eso? —pregunté porque Dios sabía que odiaba las fotos de mí. Probablemente era la única adolescente en existencia que nunca se había tomado una selfie.

—Necesitaba una foto de mi chica. —La estudió y sonrió—. Bella con un libro. Es perfecto.

Bueno, eso era algo cierto.

—Odio las fotos —le dije cuando intentó mostrármela.

—Vamos. Te ves muy bonita.

Ahí estaba de nuevo. Algo así. Bonita era mejor que linda, y me había dicho bonita antes, pero no importaba. Era un halago. Tanya no sabía de lo que estaba hablando.

Miré la foto en su celular y, tratándose de una foto mía, no era muy horrible. Tenía una mirada soñadora en los ojos, lo que tenía sentido ya que había estado perdida en otro tiempo.

—¿No quieres una de mí, para tu teléfono?

Suspiré, pero supuse que tenía razón. Saqué mi teléfono y Edward sonrió, así que tomé una foto. Y, por supuesto, se veía perfecto. Estaba bastante segura de que siempre se veía así.

—Ahora necesitamos una de nosotros juntos. —Y antes de poder reaccionar, Edward estaba a mí lado, recargándose en su carro con la cabeza presionada contra la mía mientras su largo brazo sostenía el teléfono. Tomó una foto y luego me dio un beso en la mejilla, tomando otra.

—Vamos. ¡Podemos mejorarla! ¿Tengo que usar una corbata de moño para hacerte sonreír?

Eso me hizo reír y Edward tomó unas cuantas fotos más con su otro brazo a mí alrededor, ambos muy juntos y viéndonos como si nos estuviéramos divirtiendo.

—Perfecto. —Puso la foto donde me besaba la mejilla como su fondo de pantalla.

—Ahora te voy a mandar éstas. —Me las mandó, elegí la primera foto donde nos reíamos y la puse como fondo.

—Excelente.

Llegó un mensaje de Alice, encendiendo mi celular y mostrando nuestra foto. Tenía que admitir que era una muy buena foto. Nos veíamos como si nos divirtiéramos mucho.

—Ali va a tardar otro par de minutos. Tiene que pedirle ayuda a su maestro con algo.

—No hay problema. —Edward seguía jugueteando con su teléfono—. Listo. Abre tu Facebook.

Oh, Dios. Sabía que acordamos llevar nuestra relación a redes sociales, pero no quería.

—¿Tengo que hacerlo?

—Está en las reglas, Swan.

Maldición. Pero fui yo quien aceptó y comenzó con las reglas en primer lugar, así que abrí mi aplicación de Facebook y acepté la solicitud de amistad de Edward. Ni siquiera un minuto después llegó una notificación donde Edward nos había puesto en una relación. Lo fulminé con la mirada y me lanzó una sonrisa. Bien. Acepté y ahí estaba, listo para que todo el mundo lo viera.

Edward hizo una publicación que decía "Divirtiéndome con mi chica", me etiqueto y subió la foto donde ambos nos reíamos.

—Ya es oficial —me dijo alegremente, guardándose el teléfono en el bolsillo.

Rodé los ojos.

—Hoy ya estoy oficialmente cansada de ser oficial.

Su sonrisa cayó.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?

Lo sabría muy pronto.

—Tyler estaba en mi casillero luego de las clases. Me dijo unas cuantas cosas pervertidas y le di un rodillazo en las bolas.

Edward soltó una carcajada de incredulidad.

—¿En serio? ¿Qué te dijo?

Negué con la cabeza.

—Nada importante. Pero sí le dije que le harías algo peor si no me dejaba en paz. —Lo miré entre mis pestañas—. Espero que eso estuviera bien.

Edward se rio entre dientes y volvió a ponerse a mi lado, rodeándome con su brazo.

—Ese es mi trabajo como tu novio. Pero dudo que intente algo más luego de que lo golpearas en la entrepierna. ¡Yo no lo haría!

—Eso espero. —Me relajé, recargando la cabeza en su hombro.

—Bueno, oficialmente ya hablaste con todos los chicos que recibieron tus cartas, ¿cierto? Así que ya terminaste con ese asunto.

Era cierto. Y algunos habían sido peores que otros, sin duda. Me alegraba que ya hubiera terminado.

—Sí. —Jugueteé con la manga de la chaqueta de Edward. Él tenía que saberlo—. Tanya me arrinconó en el baño después de eso.

Lo sentí tensarse debajo de mí, así que levanté mi cabeza de su hombro.

—¿Qué te dijo?

¿Qué tanto decirle? No quería lastimarlo, pero también quería ser honesta.

—Se preguntó qué podrías ver en mí, claro.

Edward se apartó del carro y se paró frente a mí.

—Oye Bella, no pienses…

Negué con la cabeza.

—No fue nada nuevo ni inesperado. Diablos, no es nada que no haya pensado yo la primera vez que hablamos sobre hacer esto. —Sólo apestaba tener que oírlo, pero eso no era todo—. También dijo que podía recuperarte con sólo tronar los dedos.

Tengo que admitir que me alegró ver que se enojó un poco por eso, aunque ambos sabíamos que no podía refutarlo.

—Luego nos lanzamos unos cuantos insultos más entre nosotras, y planté la semilla de lo raro que era que un tipo mayor estuviera interesado en una chica de dieciséis, y eso fue todo. —No iba a contarle de los comentarios sobre sexo. Nop. De ninguna manera.

Edward estiró la mano y me tocó la mejilla.

—Gracias por hacerlo. Y lamento haberte puesto en una posición donde ella te va a atacar incluso más de lo que ya lo hacía antes.

Me encogí de hombros.

—Sabía que iba a pasar.

—De todas formas, le diré que se calmé. Me estás haciendo un favor y no la dejaré lastimarte.

Sentí un pequeño pinchazo ante la idea de que él hablaría con ella. Pero sabía que lo haría.

—Nos estamos haciendo un favor mutuo. Y ella no puede lastimarme.

Vi a Alice dirigiéndose a nosotros y la saludé con la mano.

—Nadie puede. —Al menos eso esperaba.


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