Ranma ½ es propiedad de Viz comunications y Rumiko Takahashi.
No es tan malo cuando te acostumbras
Por
Dr Facer
- Capítulo 14 -
Días de entrenamiento
0-0
Akane no apreciaba mucho el tener que pasar la última semana de sus vacaciones de verano en las montañas, en especial porque tendría que encargarse de hacer varias cosas a las que no estaba acostumbrada y que no le agradaba mucho hacer. La menor de las hermanas Tendo no podía entender por qué su padre había estado tan obstinado en que ella acompañara a Ranma y al tío Genma, y tampoco le agradaba que Kasumi hubiera intentado animarla llamando a este viaje una buena manera de practicar para cuando estuviera casada. Honestamente la pasaría mejor si pudiera entrenar junto a los dos Saotome pero por alguna razón casi no le habían permitido hacerlo. La única cosa que en ese momento le alegraba era que no le habían pedido que cocinara algo para cenar.
Sentada frente a una fogata y junto a una olla, Akane suspiró un poco triste, sus lecciones de cocina en el Neko Hanten no le habían servido de mucho, en realidad lo único que había conseguido era aprender a no quemar las cacerolas en las que hacía hervir agua. Eso era todo, si intentaba cocinar algo, el resultado siempre era horrible. Afortunadamente esta noche cenarían ramen instantáneo, por lo que al menos podía ayudar calentando el agua y destapando la pasta deshidratada.
En otra parte de la montaña, Ranma y su padre competían mientras saltaban entre los muchos árboles del espeso bosque. Sería su tercera noche en las montañas y el joven Saotome aún tenía dudas sobre si no habría problemas teniendo a Akane aquí. La verdad era que le molestaba mucho que su padre había estado espiándolo a él y a su prometida cada vez que pensaban que se habían quedado solos.
—¡Estás distraído muchacho!— Exclamó Genma, que luego de rebotar de su rama estuvo a punto de tirar a su hijo de su árbol.
—¡No es mi culpa!— Se quejó Ranma, esquivando a su padre de un salto y aterrizando en la siguiente rama—. ¡Todavía no entiendo de qué nos sirve que Akane esté aquí!
—¡Ya te dije que alguien tiene que encargarse de la comida!— Contestó Genma.
—¡Pero compramos mucha latería y sopas instantáneas, no hacía falta traerla!— Respondió Ranma.
—¡Hablas como si no quisieras estar con ella!— Acusó Genma—. ¿Qué demonios sucede contigo?
—¡No sucede nada conmigo!— Respondió el joven Saotome—. Lo que pasa es que…Gaaaahhh!— El muchacho no pudo terminar su frase, pues algo duro se deslizó por entre sus hombros, causándole un buen susto.
Ranma respondió automáticamente girándose y lanzando una poderosa patada hacia lo que fuera que lo había atacado, sólo para descubrir a la anciana Cologne, quien esquivó fácilmente el ataque de Ranma.
—¡Qué sorpresa muchacho!— Comentó la anciana al tiempo que aterrizaba en una rama cercana—. ¿Así que también estás entrenando?
—¿Qué es lo que hace aquí?— Preguntó Ranma, bastante molesto al pensar que la anciana lo había seguido sólo para causarle problemas—. ¿No puede dejarme en paz?
—Tranquilo muchacho—, respondió la anciana, sentada tranquilamente en una rama no muy lejos de los dos Saotome—. No vine aquí a pelear contigo—, Cologne rió en voz baja—. Pero te sugiero que entrenes lo mejor que puedas.
—¿De qué está hablando?— Preguntó el muchacho.
—Lo sabrás pronto niño—, contestó la vieja amazona y saltando ágilmente entre las ramas, se alejó riendo del lugar, dejando a Ranma y a Genma bastante confundidos.
—¿Tienes idea de lo que pueda estar planeando?— Preguntó Ranma.
—No—, contestó Genma—. Pero te aseguro que no será algo agradable—, entonces, sin avisar, Genma saltó hacia su hijo y logró sorprenderlo con una patada que lo estrelló en la corteza del árbol.
—¡¿Qué demonios haces?— Se quejó el muchacho.
—La anciana dijo que deberías entrenar—, Dijo el señor Saotome—. ¡Así que continuemos, muchacho!
Ranma se estiró un par de veces y se preparó para reiniciar la sesión de entrenamiento con su padre.
En otra parte del bosque, junto a un arroyo cercano a una cascada. Ryoga Hibiki caminaba lentamente mientras cargaba una pesada roca. Detrás de él iba Azusa Shiratori, que miraba ligeramente preocupada a su novio mientras ambos avanzaban hacia su campamento.
—¿No estás cansado?— Preguntó ella—. Has estado cargando peñascos todo el día.
—Esto no es nada—, respondió Ryoga, al tiempo que dejaba caer la piedra junto al río. Más allá, había por lo menos veinte rocas de gran tamaño que había traído al campamento durante el día—. Cuando trabajaba en la construcción cargaba el equivalente a este peso en sacos de cemento. No es difícil.
Azusa suspiró y sacó un pañuelo de la bolsa de su chamarra, con el que comenzó a limpiar el sudor del rostro de Ryoga—. De cualquier modo… ¿porqué no descansas un poco? No sabemos qué tipo de entrenamiento te dará la anciana, podría ser muy riguroso.
El joven Hibiki, ligeramente sonrojado, simplemente sonrió y esperó a que su novia terminara de secarle el sudor—. En…en realidad… no será nada…—. Dijo nerviosamente—, lo que sea será fácil.
—¡Vaya, veo que ya terminaste de traer todas las piedras que te pedí!— Exclamó Cologne, que llegó de improviso al campamento—. ¡Eres muy fuerte, muchacho! ¿Listo para empezar?
—Claro que sí—, respondió el joven Hibiki al tiempo que seguía a la anciana. Azusa, aún un poco preocupada, siguió en silencio a la anciana y a su novio.
Cologne se detuvo frente a una de las enormes piedras que Ryoga había llevado al campamento y la señaló con su bastón—. Antes de comenzar, quiero que me muestres como destruyes esta roca.
—Eso es muy fácil. ¿Porqué mejor no me dice qué es lo que vamos a hacer?— Preguntó el muchacho.
—Cierto… ¿de que sirve que estemos aquí si no nos dice nada?— Opinó Azusa.
—No lo haré hasta que hayas hecho lo que te pedí—, atajó la anciana.
Ryoga se cruzó de brazos—. Pues si no hay remedio…— comentó, aparentemente decepcionado—. Sabe señora, yo que pensaba que me haría sufrir con un entrenamiento muy pesado.
—Tienes mucha confianza… ¿no es cierto jovencito?— Preguntó Cologne.
Ryoga hizo crujir sus dedos y sonrió—. ¡Claro que estoy confiado!— Exclamó al tiempo que descargaba un potente golpe sobre la roca, partiéndola en dos sin ningún esfuerzo.
Azusa observaba en silencio, nunca dejaba de asombrarle la fuerza que Ryoga poseía. Era una de esas cosas que ella nunca creería de no haberlas visto en persona.
—¿Qué le parece anciana?— Preguntó Ryoga, sonriendo confiadamente.
—No esta mal—, aceptó Cologne, que no parecía impresionada en lo absoluto.
—Yo creo que Ryoga lo ha hecho bastante bien—, dijo Azusa finalmente—. Hizo justo lo que usted le pidió.
—No lo hizo—, discutió la anciana—. Le dije que la destruyera, no que la partiera en dos.
Sin decir más, Cologne caminó tranquilamente hasta la piedra y la tocó con la punta de su dedo índice. Inmediatamente, la roca estalló en miles de pedazos.
Ryoga y Azusa se quedaron sin palabras.
—¿Te interesa aprender el truco?— Pregutó la amazona.
—Es impresionante—, comentó una muy impresionada Azusa.
—Tienes razón—, dijo Ryoga—. ¡Fue increíble anciana, no creí que habría algo que me impresionaría más que ver su cara!
Cologne saltó y le pegó a Ryoga un coscorrón.
—¡Oiga!— Se quejó el muchacho—. ¡No tiene que golpearme!
—Lo mereces por tu falta de respeto—, la anciana sacó su pipa y la encendió—. Comenzaremos mañana, así que ve y busca algo para preparar la cena. Un conejo servirá.
—¡Pero si trajimos comida!— Se quejó Azusa.
—Es parte del entrenamiento—, respondió la anciana.
Mientras, en otro lugar…
Ranma y Genma regresaron finalmente al campamento. El sol comenzaba a ocultarse y sería de noche pronto, luego de entrenar todo el día, el par de Saotomes estaba verdaderamente hambriento. Afortunadamente Akane ya tenía todo listo para preparar las sopas intantánteas.
—¿Cómo estuvo el entrenamiento?— Preguntó Akane cuando Ranma y su padre se sentaron frente a ella.
—No tan mal—, respondió Ranma mientras se preparaba su sopa—. Excepto porque la bisabuela de Shampoo también está por aquí.
—¿La señora Cologne?— La joven Tendo parecía feliz de escuchar eso, si Cologne estaba en la montaña al menos podría pedirle que le ayudara a cocinar algo decente.
—No sé porqué te alegras—, comentó Ranma—. ¡Esa anciana sólo quiere hacerme la vida imposible!
—Ya sabes bien que eso es algo que tú mismo causaste—, le dijo Akane, mientras preparaba su cena.
—¡Pero ya tendría que haberme perdonado!— Dijo el muchacho, subiendo un poco la voz.
—¡No te ha hecho nada tan malo!— Respondió Akane, que también comenzó a exaltarse.
—¿Qué hay de la vez que me dejó convertido en mujer por días?
—¡La señora Cologne te habría dado la cura si hubieras esperado!
—¿Y darle gusto?— Ranma estaba irritándose, no soportaba cuando Akane se ponía de parte de las amazonas, sentía que ella debería apoyarlo a él del modo que él siempre intentaba hacerlo con ella—. ¡No gracias, prefiero que me atropelle un tren!
—¡Ranma…!
—¡Suficiente niños!— Interrumpió Genma, alzando la voz aún más que la de los dos muchachos; hasta el momento Genma se había contentado con mirar mientras comía pero ya era bastante, no podía permitir un pleito que seguramente retrasaría sus planes—. ¡No los traje aquí a pelear, compórtense!
—¡Pero papá…!— Comenzó Ranma.
—¡Tío Genma, nosotros…!— empezó Akane.
—¡Dije que era suficiente!— Insistió Genma—. ¿No pueden comportarse?
Ranma y Akane, sorprendidos por el regaño, sólo pudieron asentir.
—Bien—, dijo Genma—. Ahora terminen de cenar.
Gracias a la intervención de Genma el resto de la cena transcurrió en silencio, pero eso no ayudó mucho a que Akane y Ranma se sintieran mejor, ya que aún estaban un poco molestos por la discusión.
—Ranma, acompáñame—, ordenó Genma cuando terminaron de cenar.
—¿Vamos a seguir entrenando?
—Sólo obedece.
—Está bien.
Confundida, Akane se limitó a observar cómo Ranma y su padre se adentraban en el bosque—. ¿Qué es lo que piensan hacer esos dos?
—Muy bien… ¿para qué me trajiste aquí?— Preguntó Ranma cuando él y su padre estuvieron bastante lejos del campamento.
—Me has decepcionado hijo—, comentó Genma—. ¿Porqué demonios armas una pelea con Akane por algo sin importancia?
—No es mi culpa. ¡Ella no debería ponerse de parte de la anciana o de las amazonas!— Se defendió Ranma al tiempo que se cruzaba de brazos indignado—. ¡Siempre me hacen la vida imposible, no sé qué les ve Akane que sea tan especial!
—En eso tienes razón—, comentó Genma—. Pero recuerda que Cologne y Shampoo siempre la han tratado bien a pesar de que tuvieron ciertas diferencias al principio.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Que si trataras mejor a Akane, quizás comenzaría a ponerse de tu parte—, explicó Genma.
Ranma no respondió, pero pareció pensar en lo que su padre acababa de decirle.
—Bien, te veré mañana—, anunció Genma.
—¿A dónde vas?
—Tengo que bajar a comprar algunas cosas al pueblo—, dijo Genma—. Asegúrate de hacer las paces con Akane, no quiero tener que soportar sus pleitos por el resto de la semana.
Antes de que Ranma pudiera discutir, su padre ya había desaparecido entre los árboles. Indeciso, el joven Saotome se sentó bajo un árbol para pensar. ¿Por qué debía disculparse con Akane? Ella había comenzado todo pero por otro lado, su padre tenía razón; si la trataba mejor ella tendría que ponerse de su parte. Además, ya se había disculpado con ella antes y no había sido tan difícil y a fin de cuentas, era mejor mantener a Akane de buen humor. No sólo porque así no estarían peleando todo el tiempo, sino porque… Ranma se sonrojo un poco al pensarlo… Akane se veía linda cuando sonreía.
—Supongo que tendré que ir y hablar con ella—, murmuró el muchacho al tiempo que se ponía de pie y comenzaba su camino de vuelta al campamento.
Mientras Ranma y su padre conversaban Akane, ya aburrida de esperar sola y aún un poco molesta por la discusión decidió practicar un poco para calmarse. Lo primero que hizo fue partir algunos pedazos de madera pero eso no le sirvió de mucho, así que pensó que quizás podría desahogarse de otro modo. De repente, sus ojos se posaron en una piedra del tamaño de un balón. Akane tomó la roca y pensando en lo mucho que le hacía enfadar que Ranma no pudiera entender que sus problemas con las amazonas sólo empeorarían si no cambiaba de actitud, la lanzó con fuerza hasta el otro lado del arrollo.
*CLONK!*
Akane parpadeó. ¿Clonk? Eso sonaba como a cráneo. Para su sorpresa, Ryoga Hibiki cayó atontado de detrás de los arbustos.
Ryoga no tardó mucho en recuperarse del golpe y cuando lo hizo se dio cuenta de que Akane estaba caminando hacia él. Eso era raro, no tenía idea de que Akane estuviera en las montañas.
—¿Te encuentras bien?— Le preguntó ella.
—S-sí, no me ha pasado nada—, respondió Ryoga levantándose.
—¿Te gustaría sentarte junto al fuego un rato?
Ryoga miró la fogata y pensó que sí era buena idea calentarse por unos minutos. A fin de cuentas, el aire de la noche estaba bastante frío y se había enfriado bastante buscando conejos.
—¿Qué haces por aquí?— Preguntó Akane cuando ambos estuvieron sentados cerca del fuego.
—Entrenando—, respondió él, su mirada fija en las llamas. Era extraño, un mes antes esto habría sido algo excelente, casi el cielo para él, pero ahora que ya se había calentado al calor de la fogata, sólo sentía deseos de volver con Azusa. Ryoga pensaba ya en despedirse de Akane, cuando su estómago comenzó a gruñir.
—Parece que tienes hambre—, sonrió ella divertida—. ¿Quieres una sopa instantánea? Tenemos de sobra.
El muchacho pensó en rehusar la invitación pero fue inútil, Akane ya estaba preparándole un ramen.
—Vaya, así que también estás entrenando—, comentó la niña Tendo mientras le pasaba la sopa.
—Sí, como pudiste ver, no fui lo bastante bueno antes.
—Sobre eso—, dijo Akane—. Ryoga, la bolsa que intentaste golpear durante tu última pelea con Ranma tenia medicinas que había preparado mi hermana Kasumi.
Ryoga se sonrojó un poco y bajó la cabeza, apenado—. No tenía idea…
—Sé que no puedo evitar que tú y Ranma peleen, pero al menos deberías de tener más cuidado—, insistió Akane—. Si las medicinas de mi hermana se hubieran roto, se habría arruinado su reputación.
—En verdad lo lamento—, ofreció Ryoga—. De haberlo sabido no lo habría hecho.
—Lo sé, te agradezco la disculpa—, contestó Akane, ofreciéndole a Ryoga una pequeña sonrisa—. ¿No vas a comer? La sopa se está enfriando.
—Oh… sí, gracias.
Al otro lado del arrollo, desde la rama de un árbol, Ranma observaba lo que sucedía en su campamento. Ryoga había aparecido de la nada y Akane le había ofrecido de cenar. Eso no le molestaba mucho, lo que le molestaba era que Akane le había preparado a Ryoga la sopa instantánea… ¡cuando a él no le había hecho el mismo favor; el joven Saotome no podía entender por qué Akane hacía eso! Cuando Ryoga tomó el primer sorbo de su plato Ranma ya no soportó más y decidió ir a ver qué demonios estaba sucediendo. Y si Akane pensaba que estaba celoso… pues eso no le importaba.
—Hola Ryoga—, saludó Ranma, acercándose casualmente al campamento—. Veo que me has seguido.
—Es sólo una mala coincidencia—, respondió el joven Hibiki.
—Espero que estés disfrutando de nuestra comida—, siguió Ranma con un tono irritado pero aún bajo control—. En especial porque Akane te la preparó.
—Está bien—, contestó Ryoga—. Es sólo ramen instantáneo, Ranma.
—¿Sólo bien?— El muchacho Saotome se acercó, sintiéndose un poco confundido por la respuesta de Ryoga—. Pensé que dirías que era lo más sabroso del mundo.
—Ranma, ya no estés diciendo tonterías y siéntate conmigo; si quieres otra sopa te la prepararé ahora mismo—, ofreció Akane, que no tenía intención de permitir que los dos muchachos pelearan en el campamento y lo destrozaran todo.
—No es necesario, lo que comí hace poco fue suficiente—, Ranma volvió a mirar a Ryoga—. Espero que no intentes retarme otra vez, no me gusta lastimar a tipos más débiles que yo.
Ryoga terminó su sopa, puso sus palillos a un lado y se levantó, su rostro había adquirido una expresión de pocos amigos—. ¿Débil? ¡Te mostraré quién es débil!— Exclamó el joven Hibiki—. ¡Ya te soporté bastan…!
Antes de que Ryoga pudiera atacar algo muy veloz lo golpeó en la nuca, derribándolo de inmediato. La responsable del golpe había sido la anciana Cologne. Detrás de la vieja amazona se encontraba una ligeramente confundida Azusa Shiratori.
—¿Qué hacía Ryoga aquí?— Preguntó Azusa, mirando a Akane con una expresión acusadora.
—Lo invité a cenar—, respondió la joven Tendo, sorprendida de ver a la patinadora allí—. Parecía tener mucha hambre.
—¿Y prefirió estar contigo?— La niña Shiratori frunció los labios—. Supongo que no debería sorprenderme.
—¿Qué demonios pasa?— Preguntó Ranma.
—¿Y qué hace ella aquí?— quiso saber Akane, señalando a la niña Shiratori—. ¿Porqué está con usted señora Cologne?
—Ella vino con Ryoga—, explicó la anciana—. Lo lamento Akane, pero debemos irnos. Azusa, ayúdame a llevar a Ryoga de vuelta a nuestro campamento.
La joven Shiratori obedeció sin responder pero cuando se pasó el brazo de Ryoga por sobre los hombros y lo levantó, le dedicó a Akane una mirada llena de celos.
—¿No va a responderme?— Insistió Ranma—. ¿Qué está pasando aquí?
—Escucha muchacho—, dijo Cologne apuntando a Ranma con su bastón—. Tú y Ryoga tendrán un duelo en una semana. Te aseguro que para entonces tendrás un oponente formidable.
Ranma rió en voz baja—. Eso no me asusta anciana, Ryoga nunca ha podido ganarme.
—¿Entonces aceptas a tener esta pelea?— Preguntó la vieja amazona.
—¡Claro que sí!— Exclamó Ranma—. ¡Ryoga no podría ganarme aunque usted lo entrenara por un año!
—En una semana cambiarás de opinión—, sentenció Cologne, que le hizo una señal a Azusa indicando que era hora de marcharse.
—Señora Cologne—, llamó Akane.
—¿Qué sucede, mi niña?— Inquirió la anciana.
—¿Ryoga estará bien?— Quiso saber la menor de las Tendo—. ¿No está lastimado, verdad?
—Yo me encargaré de cuidarlo durante su entrenamiento—, interrumpió Azusa con una voz fría—. Akane, creo que tú deberías de preocuparte de cuidar a tu prometido y dejar al mío en paz.
—Niñas, dejen está discusión para otro día—, pidió Cologne—. Bien, nos vamos. Hasta dentro de una semana, Ranma.
Al escuchar eso, Akane y Ranma no pudieron sino observar en silencio cómo las tres figuras se alejaban hasta desaparecer.
—Ryoga y Azusa… ¿están comprometidos?— Murmuró Akane luego de un momento de silencio.
—…Estoy tan sorprendido como tú—, dijo Ranma—. ¿Después de todo lo que pasamos durante la copa Charlotte decidió quedarse con ella?— El joven Saotome se cruzó de brazos. Había ocasiones en las que no podía entender a Ryoga; Ranma incluso llegó a pensar que el joven Hibiki se había quedado con un cerebro de cerdo. ¿Quién habría pensado que su rival aceptaría ser el pequeño cerdito Charlotte?
—¿Qué estás pensando?
Ranma miró a Akane y consideró que tal vez podría decirle que no volvería a ver a P-Chan ya que ahora era el novio de Azusa pero cambió de opinión, no valía la pena hacerlo.
—Te pregunté que…
—Si escuché—, respondió Ranma—. No pensaba en mucho, sólo estaba asombrado por lo que acaba de pasar. Nunca imaginé que Ryoga haría algo como eso.
—Pobre Ryoga—, comentó Akane—. Estaba segura de que necesitaba novia… ¿pero Azusa?
—Tienes razón—, aceptó Ranma—. Parece que Ryoga no tiene buen gusto.
Al día siguiente Ryoga se levantó de buen humor y, luego de cambiarse y salir de su tienda listo a comenzar su entrenamiento, se encontró con que la anciana no estaba en ningún lado. Azusa tampoco estaba en su tienda, junto a la de él. Desconcertado, el muchacho Hibiki salió a buscar a las dos mujeres. A Azusa la encontró pronto, sentada detrás de una enorme piedra junto al río. La joven Shiratori, que llevaba unos shorts de lana muy cortos y una playera blanca que le caía hasta las rodillas, se mantenía inmóvil y en silencio, mirando pensativa el correr del agua.
—Hola—, saludó Ryoga, recargándose en la piedra, justo detrás de Azusa—. ¿Te sientes bien?
Azusa no respondió, pero abrazó sus piernas y suspiró.
—¿Qué sucede?— Preguntó el muchacho al tiempo que se sentaba junto a su novia, preocupado por la reacción que había tenido ella cuando intentó saludarla.
—No quiero hablar contigo Ryoga—, dijo Azusa en voz baja—. No por ahora, primero necesito pensar.
—¿Pero por qué?— Quiso saber el joven Hibiki—. ¿Acaso hice algo que te molestara?
Azusa se levantó y se alejó unos pasos, pero se detuvo y regresó junto a Ryoga, recargandose en la piedra junto a él—. ¿Cómo está Akane?
—Ella está bien. Pero no pude… ¡un momento!— Exclamó Ryoga levantándose—. ¿Estás celosa porque hablé con Akane ayer?
—No necesariamente—, contestó ella mirando en otra dirección—. Es sólo que… tengo mis dudas, Ryoga.
—¿Dudas?
—¿Recuerdas ese día en la escuela, cuando te quité el collar de proximidad?
—Lo recuerdo bastante bien—, respondió Ryoga, frotándose el cuello al recordar las potentes descargas eléctricas que sufrió ese día.
—¿Recuerdas lo que te dije sobre Akane y Ranma?
El joven Hibiki se cruzó de brazos y trató de recordar—. No exactamente… algo sobre que ellos dos ya son indestructibles o algo parecido.
A pesar de querer mantener una cara seria, Azusa no pudo evitar reír un poco al escuchar eso—. Tonto. Eso no fue lo que te dije. ¿En verdad no te acuerdas?
Haciendo un esfuerzo, Ryoga finalmente logró recordar—. Ya me acordé, dijiste que era inútil que buscara a Akane porque ella y Ranma sobrevivieron al torbellino del adiós y su relación ya era indestructible.
—Exacto—, Azusa miró a Ryoga de un modo ligeramente acusador—. Y aún así fuiste a buscarla.
—No la buscaba, la encontré por accidente. ¿Eso es lo que te molesta, que haya hablado con Akane?— El muchacho suspiró—. ¿Por qué?
—No estoy molesta—, dijo Azusa, aunque por su tono de voz era obvio que sí lo estaba—. Lo único que quiero saber es si ya obtuviste tu respuesta.
—¿Mi respuesta, de qué hablas?
—¿Akane te rompió el corazón?
Ryoga recordó entonces toda la conversación que tuvo con Azusa en la enfermería, antes de que sus padres arreglaran su compromiso. Ella le había advertido que si volvía a ver a Akane, seguramente se le rompería el corazón. Al recordar eso, Ryoga recordó la noche anterior y lo que sintió al ver a Akane.
—¿Y bien?— Insistió la joven Shiratori.
El joven Hibiki se acercó a Azusa y la miró directo a los ojos—. No, ella no me rompió el corazón.
—¿Por qué?
Ryoga se sonrojó—. Pues, eso no pasó porque yo… ya no estoy… enamorado de… Akane… es sólo una amiga…
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Azusa—. ¿No, entonces estás enamorado de otra persona?
El muchacho Hibiki se sonrojó aún más y retrocedió un paso. ¿Por qué tenía que ser Azusa tan directa cuando decía las cosas? Eso siempre le causaba problemas, pero por otro lado le agradaba porque así no tenía dudas de lo que ella pensaba… o sentía—. Yo…pues… sí, pero…
—¿Sí, quién es esa persona?— Azusa se acercó más a Ryoga, haciéndolo retroceder otro paso más hacia el río.
—Bien… es que yo… lo que pasa es… que esa persona es…
La joven Shiratori avanzó otro poco y su prometido volvió a retroceder—. ¿Quién, Ryoga?
—Esa persona es… tú… ¿tú entiendes que…?— El muchacho Hibiki retrocedió otro paso más y su pie se hundió en la fría agua del río—. ¡Aaagh!— Siguiendo un instinto obtenido luego de pasar meses bajo la maldición de las aguas de Jusenkyo, Ryoga olvidó por un trágico segundo que ya estaba curado y en un desesperado intento por salir del agua, dio un traspié que lo hizo perder el equilibrio.
Para Azusa todo fue como si hubiera pasado en camara lenta.
Ryoga resbalando, cayendo de espaldas hacia el río.
Ella apresurándose y tomándolo por el cuello de la camisa. El peso de su prometido jalándola junto a él hacia la corriente. Lo siguiente fue un sonoro…
SPLOOOSHHH!
El río no era profundo en esa parte, era apenas un arroyo de pocos centímetros de profundidad y Ryoga se encontró sentado en el agua, mientras que Azusa había caído sobre sus piernas. Su novia estaba empapada y estaba ocupada separando de su lindo rostro algunos largos y húmedos mechones de su brillante cabello castaño. Bajando la mirada, Ryoga descubrió que el agua había transparentado la camisa de su novia y Sentía como si sus ojos fueran atraídos hacia los senos de Azusa por una poderosa fuerza magnética. Sabía que no debía mirar, pero el modo en que los pezones de Azusa se habían erguido a causa del frío y el modo en que podía verlos a través de la húmeda tela volvían eso en una tarea casi imposible…
—¡Ahora sí que la hiciste!— Dijo Azusa sin notar que Ryoga estaba mirándola como si estuviera hipnotizado—. ¡Estoy hecha una sopa!
—… Ah… Este…— Ryoga cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas que ella no descubriera lo que él había estado mirando—. Lo siento… me asuste… y…
—Al menos no soy la única que terminó mojada—, comentó ella al tiempo que comenzaba a reír en voz baja—. ¡Ryogita, pensé que te bañarías hasta después de tu entrenamiento, estás todo mojado!
—Mira quién habla—, respondió él, aliviado al escuchar a su prometida reír. Más tranquilo y concentrandose en ver su linda sonrisa, Ryoga no tardó en unirse a las risas de Azusa.
La risa terminó pronto y Ryoga, sin dejar de mirar el rostro de Azusa, quedo convencido de que su hermosa sonrisa la hacía brillar intensamente.
—Azusa…— dijo él—. Quiero decirte que…
—Te escucho cariño—, murmuró ella apoyando sus manos en su pecho, notando la bien marcada musculatura de Ryoga bajo la tela de su camisa.
Ryoga se sonrojó un poco al sentir las manos de Azusa, pero pasó saliva y logró continuar—. Ya no quiero a Akane… creo que lo que sentía por ella era sólo un… no sé… sólo se que… lo que siento por ti… es mucho más fuerte y…
—Me alegra escuchar eso—, respondió ella en voz baja—. Yo me siento igual.
—¿Tú…?— Ryoga no completó lo que pensaba decir, pues Azusa había cerrado sus ojos y le ofrecía sus labios. La respiración del muchacho se aceleró un poco y sus manos temblaron ligeramente hasta que logró tomar a su novia por los hombros. Esta vez no podía fallar. Ryoga se concentró para controlarse; no podía ponerse nervioso, si lo hacía su nariz estallaría en un geiser de sangre y eso echaría a perder todo. No esta vez. Esta vez lograría hacerlo. Cerrando sus ojos, Ryoga comenzó a acercarse y de pronto…
—Creo, niños, que ya es suficiente. No los traje aquí para que adelantaran su noche de bodas.
Ryoga dio un respingo al sentir como las filosas uñas Azusa se enterraban en su pecho aún a través de su camisa. Al parecer, la joven Shiratori no estaba muy contenta con la interrupción.
—No se preocupe, señora—, dijo Azusa fríamente mientras se levantaba y miraba molesta a la anciana amazona—. Gracias a usted no hemos podido hacer nada.
—Lo cual le prometí a tus padres, jovencita—, le recordó la anciana—. Fue la condición que pusieron para permitirte acompañar a Ryoga. ¿Recuerdas?
Azusa bajó la mirada y recordó lo que sus padres le habían pedido a Cologne—. Sí señora, lo recuerdo. Perdone que le haya hablado en ese tono—, la joven SHiratori no entendía muy bien porqué, si sus padres estaban de acuerdo con su compromiso, le tenían tan poca confianza. No pensaba llegar demasiado lejos con Ryoga, sólo quería besarlo una vez. Una sola vez. Respirando profundamente, la joven logró calmarse y salió del agua.
—Ryoga, sal del río y prepara la roca para comenzar el entrenamiento, te alcanzaré en un minuto—, pidió la anciana. Cuando Ryoga se alejó, Cologne miró a Azusa fijamente—. Entiendo lo que sientes, pequeña. Tal vez pienses que soy sólo una anciana que no sabe nada sobre los jóvenes de ahora, pero en la villa de las amazonas he visto relaciones mucho más complicadas que la tuya y la de nuestro amigo Ryoga.
La joven Shiratori se cruzó de brazos, más que nada para calentarse un poco ya que había comenzado a sentir algo de frío, antes de responder—. Supongo que puede tener razón, pero no pensaba hacer nada.
Cologne miró a la joven y asintió—. Es fácil ver que los dos se quieren—, le dijo—. Pero si en verdad deseas que Ryoga tenga éxito en su entrenamiento, tendrás que dejar de mimarlo tanto.
—No entiendo, ¿Qué tiene de malo que…?
La mirada de Cologne se endureció—. ¿Quieres que tenga éxito en su pelea o no?
Azusa se mordió el labio inferior—. ¡Claro que quiero que gane!
—Entonces no intentes algo como lo que estaban haciendo aquí hasta después de la pelea—, pidió Cologne—. ¿Podrás hacerlo?
—Sí, creo que sí—, respondió Azusa en voz baja.
—Bien, te lo agradezco—, dijo la anciana que comenzó a alejarse—. Por cierto pequeña, es mejor que cambies tu ropa, te hará daño estar mojada.
Un par de horas más tarde…
Akane Tendo caminaba tranquila por el bosque. Ranma y su padre entrenaban y no la necesitaban en ese momento así que ella había decidido explorar un poco y ahora seguía la corriente del río. Podía escuchar una cascada no muy lejos y tenía deseos de verla. No mucho después, la joven Tendo llegó al lugar y miró complacida la caída del agua; era un lugar agradable y sonrió al pensar que podría mostrárselo a Ranma más tarde. Fue entonces que escuchó que alguien se acercaba por la otra orilla del río. Quizás era un oso. Por precaución, Akane se ocultó detrás de un árbol, si era un oso podría saltar a las ramas y alejarse. Pero no fue un oso, sólo fue Azusa Shiratori, quien cargaba una olla que llenó con agua del río y luego se retiró.
—Probablemente su campamento está cerca—, murmuró Akane, que entonces decidió ir a visitar a la anciana Cologne y tal vez charlar un poco. Tambien esperaba que esta vez Azusa no se molestara como la última vez que se vieron. Un poco insegura de que era buena idea, Akane saltó sobre el río y caminó en la dirección que Azusa había tomado. Luego de andar un poco, Akane se encontró con una fogata y dos tiendas de campaña más allá. Pero no había nadie.
El sonido de un fuerte impacto llamó su atención y Akane miró hacia su derecha sólo para ver cómo Ryoga, que colgaba atado de las ramas un árbol, era golpeado brutalmente por una enorme roca sobre la cual se encontraba Cologne. Azusa estaba allí, observando sin intervenir. Sin saber en realidad porqué, Akane se ocultó detrás de una de las tiendas.
—¡No es suficiente muchacho!— Exclamó Cologne—. ¡Tienes que concentrarte y esforzarte más!— Y diciendo esto, la anciana tocó la roca con su dedo índice, haciéndola estallar. Ryoga cayó al suelo como un fardo al recibir el impacto, totalmente inconsciente.
¿Una técnica que permite hacer estallar las cosas? Akane retrocedió un poco. Si Ryoga dominaba esa técnica… Ranma sería… la joven Tendo no pudo seguir allí, tenía que contarle a Ranma y a Genma lo que había descubierto, tal vez el tío Saotome conocía una manera de contrarrestar ese ataque.
—Encargarte de atender a Ryoga—, indicó Cologne, mirando cuidadosamente hacia el campamento, la anciana había sentido brevemente la presencia de alguien allí, pero al final decidió que no era importante, ya que bien pudo haber sido simplemente un animal.
—Como diga—, respondió Azusa—. ¿Pero esto era necesario?
—Sí, pero no te preocupes. Tu novio está progresando rápido—, la anciana se sacudió las manos—. Iré a preparar algo de comer, tú asegúrate de que Ryoga pueda seguir entrenando.
Akane casi no podía creer lo que veía. Frente a ella, Ranma y Genma se sentaban tranquilamente frente a la fogata, asando salchichas. La joven Tendo, aún respirando agitadamente debido a la carrera, estuvo a punto de gritar por la frustración.
—¿Quieres una?— Ofreció Ranma al notar la presencia de su prometida.
—También tenemos sopa de verduras—, agregó Genma.
—¡Este no es momento de comer!— Exclamó Akane, luchando por mantener la calma.
—Cálmate Akane—, pidió Ranma—. Hemos entrenado desde el amanecer, merecemos desayunar y descansar un poco.
—Por esta ocasión estoy de acuerdo con el muchacho—, comentó el señor Saotome.
—¡Les digo que no es momento de hacer eso!— Repitió Akane—. ¡Ryoga…!
—¿Qué hay con él?— Preguntó Ranma, dejando a un lado su comida—. ¿Aprendió algún truco nuevo?
—¡Ese es el problema, lo que pasa es que esto es peligroso y…!
—Akane—, Dijo Genma—. Siéntate, tranquilízate y cuéntanos exactamente lo que has visto.
La joven Tendo respiró profundamente y obedeció. Cuando terminó de contar lo que vio en el campamento de Cologne, Genma se levantó y caminó alrededor de la fogata, pensativo.
—¿Sabe qué es lo que le está enseñando Cologne a Ryoga?— Preguntó Akane.
—Si no me equivoco, debe ser la legendaria técnica del truco de la explosión—, respondió Genma—. ¡El temible Bakusai Tenketsu!— El señor Saotome se mostró algo preocupado—. Todo en este mundo tiene un punto vulnerable, ya sean las rocas, los árboles, los animales e incluso… el cuerpo humano.
Ranma no se inmutó—. Gran cosa, si no puede tocarme, su ataque será inútil.
—No deberías confiarte—, aconsejó Akane—. Ryoga no es alguien que deberías tomar a la ligera.
—Si en verdad estás tan seguro… ¿qué tal un poco de entrenamiento especial?— Preguntó Genma.
—¡Por supuesto!— Aceptó Ranma—. ¡Haré lo que sea!
Genma le indicó a Akane que se alejara y rápidamente, se colocó una malla sobre el rostro y unos gruesos guantes—, en ese caso, hijo—. Dijo colocándose debajo de un gran avispero—, ¡derriba todas las avispas sin que te piquen!—. Sin más aviso, Genma lanzó el avispero a los pies de Ranma.
—¡Esto no es nada!— Gritó Ranma, usando la velocidad del Amaguriken para golpear a las avispas, pero…
—¿No se supone que deberías tirar a todas las avispas?— Preguntó Akane, mirando con curiosidad a Ranma que a gatas en el piso, se arrastraba hacia el río para lavar su hinchado rostro, que había sido el blanco favorito de los insectos—. Cállate—, logró decir a través de sus enrojecidos e inflamados labios.
—¿Tío Genma, de verdad cree que esto servirá?— Preguntó la joven Tendo mientras Ranma se lavaba.
—No, no hay suficientes avisperos—, el patriarca de la familia Saotome se cruzó de brazos, pensativo.
—¿Qué sucede?
—Tendrás que ayudarme a entrenar a Ranma a esquivar. Deberemos atacarlo juntos por diferentes ángulos sin descanso hasta que sea capaz de esquivar todos nuestros ataques. ¿Estás dispuesta?
—Si es para ayudarlo a ganar, claro que lo estoy.
Genma sonrió—. Perfecto, empezaremos en cuanto se le baje la hinchazón.
—¡Ya basta y no se preocupen tanto!— Exclamó Ranma, aunque por la hinchazón las palabras sonaban un poco extrañas—. ¡No hay forma de que yo pierda!
En otra parte, ya entrada la noche…
—¿Estás listo?
—¡Por supuesto anciana!— Respondió Ryoga—. ¡Hágalo!
Cologne saltó sobre la enorme roca que colgaba frente a Ryoga y con un leve toque de su bastón, la hizo balancearse varios metros hacia atrás y luego, lentamente aumentando su velocidad, la roca se dirigió hacia el joven Hibiki.
Ryoga frunció el ceño, levantó su mano derecha y se preparó, cuando la roca estuvo a su alcance, el muchacho descargó una serie de golpes con su dedo índice, desesperadamente intentando encontrar el punto de impacto.
—¿Qué le pareció eso?— Preguntó Ryoga al tiempo que el peñasco se alejaba de él.
—¡No está bien!— Le regañó Cologne, aún montada en la roca—. ¡No podrás encontrar el punto de impacto si tienes otras cosas en la mente!
—¡No tengo otra cosa en mi mente!— Se quejó el muchacho Hibiki.
Suspirando, Cologne hizo girar la roca, revelando que Ryoga había escrito 'Azusa' sobre la piedra.
La joven Shiratori, por su parte, dormía plácidamente envuelta en su bolsa de dormir.
Mientras, en el campamento de Ranma…
—¡Vamos Ranma, puedes hacerlo mejor!— Gritó Genma, que acababa de derribar a su hijo de un puñetazo directo en el estómago.
—¡No es mi culpa!— Se quejó Ranma—. ¡Akane siempre se pone frente a ti cuando intento golpearte!
—¡Eso es lo que debo hacer!— Exclamó la joven Tendo—. ¿Cómo vas a mejorar tu habilidad para esquivar ataques si no hacemos esto?
—Ella tiene razón—, dijo Genma—. El entrenamiento funciona, eres tú quien debe prestar más atención.
Ranma se levantó, se sacudió el polvo y tomó una pose defensiva—. Muy bien, muy bien… sigamos.
Al escuchar eso, Genma se lanzó hacia Ranma de un salto, pero el joven Saotome fue capaz de esquivar la patada de su padre. Hacer esto, sin embargo, lo hizo descuidarse y Akane aprovechó para atacarlo por abajo con un puñetazo dirigido a sus costillas el cual Ranma logró evitar sólo en el último momento.
—¡Oye!— Se quejó Ranma—. ¿Porqué me atacas? ¡Creí que sólo tenías que ponerte frente a mi padre!
—También debo distraerte—, contestó Akane con una sonrisa jugetona—. Por cierto, cuidado atrás.
—¿Qué?... AAAGH!— Ranma, que había olvidado a su padre, pagó el precio al recibir una potente patada por la espalda—. ¡Demonios papá! ¿Qué te pasa? ¡Estaba hablando con Akane!
—Akane está haciendo su trabajo de distraerte bastante bien muchacho—, comentó Genma—. ¡Está dispuesta a todo, como una digna alumna de la escuela de lucha indiscriminada!
—¡Eso es trampa!
—No lo es, recuerda que en la escuela de lucha indiscriminada se debe hacer todo lo que sea necesario para ganar—, le explicó Genma—. La pregunta es muchacho. ¿Estás dispuesto a hacer todo para ganar?
—Ya sabes la respuesta—, contestó Ranma, al tiempo que saltaba hacia su padre.
Genma por su parte hizo lo mismo y cuando el par de Saotomes regresaron al piso, Akane se unió a la pelea. En esta ocasión Ranma logró esquivar mejor los ataques combinados de Akane y de su padre, recurriendo a saltos cortos, giros y un rápido movimiento de piernas, el muchacho fue capaz de evitar ser golpeado durante casi veinte minutos.
Y así, el entrenamiento continuó hasta que llegó la noche antes del duelo…
Akane se sentó junto a Ranma, que estaba cerca de la fogata. Ya era tarde y la muchacha pensaba que su prometido no debería desvelarse para así estar fresco durante el combate del día siguiente, pero también sabía que Ranma probablemente no aceptaría esa sugerencia. Ni ella ni él dijeron algo por un rato hasta que finalmente Ranma, incómodo por el silencio, intentó hacer conversación—. Parece que el entrenamiento te sirvió bastante—, dijo él—. Mejoraste la precisión de tus golpes.
—¿En verdad lo crees?— Preguntó ella, intentando ocultar lo mucho que le agradaba el cumplido.
—Sí, también eres un poco más rápida—, apreció Ranma—. Este último par de días me pareció un poco más difícil esquivar tus ataques.
Akane sonrió—. Gracias, pero no habría mejorado sin tu ayuda y la del tío Genma, creo que este entrenamiento nos sirvió a ambos.
—Ese era el objetivo del ejercicio—, comentó Genma, que regresaba del río—. Tengo que ir al pueblo muchacho, cuiden el campamento mientras regreso.
Ranma y Akane asintieron y observaron mientras Genma desaparecía entre los árboles.
—¿Crees que Ryoga logró aprender el Bakusai Tenketsu?— Preguntó Akane.
—Me decepcionaría mucho si no fue así—, respondió Ranma—. La pelea sería muy aburrida.
—Tienes mucha confianza en ganar… ¿no es cierto?
—La última vez que peleamos no tuve problemas para ganarle.
—Pero…
—Vamos Akane… ¿no me tienes confianza?— Preguntó Ranma—. Voy a ganar esto, te lo aseguro.
—Sé que lo harás—, dijo ella mientras miraba la fogata—. Oye Ranma… ¿en verdad crees que Ryoga y Azusa son… novios?
—No tengo idea.
—No pensé que la volveríamos a ver—, comentó Akane—. No después de la competencia de patinaje.
—Tampoco yo.
Akane pareció recordar algo—. ¡Ranma, tal vez Azusa todavía tiene a P-Chan!
Ranma suspiró, en cierta forma Azusa sí tenía a P-Chan, pero no podía explicarle eso a Akane.
—¿No crees que ella lo tiene?— Insistió Akane.
—No lo sé, tal vez—, contestó Ranma—. Tendrías que preguntarle.
—¡Por supuesto, y lo haré mañana!
—Como quieras—, Ranma sabía que en el momento en que Akane hiciera esa pregunta habría problemas, en especial cuando Azusa revelara la verdadera identidad de 'P-Chan'. Preocupado por esto, Ranma volvió a hundirse en el silencio.
—Sabes algo, ver a Azusa no sólo me hizo recordar la copa Charlotte—, confesó Akane en voz baja.
—¿A qué te refieres?
—A que recordé otra cosa, pero…— Akane se sonrojó—. No, mejor olvídalo.
—¿Porqué no me lo dices?— Preguntó Ranma, la curiosidad ahogando su preocupación.
—Porque creo que no es algo que a ti te interese.
—¿Cómo lo sabes?— Insistió el muchacho—. No me lo has dicho.
—Te reirás de mi.
—Prometo que no.
—Pero…
—Akane, ¿Qué te pasa?— El muchacho rió en voz baja—. No es como si hubieras recordado lo que casi hicimos en el dojo la noche en que…— de repente, Ranma se dio cuenta que su prometida había recordado precisamente eso.
—… Lo que casi pasó… ¿te causa risa?— Preguntó ella, su voz ligeramente quebrada.
—¡Claro que no!— Exclamó Ranma, tomando a Akane por los hombros para intentar calmarla—. ¡No fue tonto para nada! De hecho yo quería…— el muchacho casi se muerde la lengua al notar que había dejado escapar un poco de lo que en verdad pensaba, lo único bueno era que su padre no estaba cerca.
—¿Qué?
Al mirar a Akane, la esperanza en sus ojos y lo bonita que se veía con sus mejillas sonrosadas, Ranma no pudo evitar sino sentir que su cuerpo se bañaba en sudor frío y que las palabras se le congelaban en la boca—. Ah… que yo… gah…
La joven Tendo se acercó un poco a su prometido—. ¿Sí Ranma?
—Gah… que yo… guh…— Ranma detestaba cuando esto sucedía. Siempre que Akane se portaba linda con él terminaba convertido en talco.
—¿No puedes decir lo que esperabas, verdad?
—¿Cómo… lo haces?— Logró preguntar el joven Saotome—. ¿Cómo puedes decir lo que quieres?
—No es fácil—, dijo Akane, separándose de Ranma, levantándose y caminando hacia su tienda de campaña—. Pero es cuestión de olvidarte de todo lo demás.
Ranma sintió el vació en sus manos cuando Akane se alejó de él y no le gustó. Habría preferido poder tenerla cerca y abrazarla, pero no podía decirle eso sin sentir que su cuerpo se paralizaba. Pero si para ella era sólo cuestión de olvidar todo lo demás, quizás a él también le funcionaría—. ¡Espera!— Le llamó al tiempo que cerraba los ojos y se concentraba en alejar todo de su mente excepto lo que quería decir. Finalmente, el joven Saotome lo intentó—. Akane, esa noche en el dojo antes de la copa Charlotte… yo en verdad quería hacer lo que… estuvimos a punto de hacer…
—¿El… beso?— Preguntó ella, mirándolo de nuevo con esperanza en sus ojos. Akane en verdad esperaba algo como esto, su corazón latió con más fuerza; quizás ahora, mientras estaban solos, podría saber si ella y Ranma algún día podrían…
—Sí Akane—, admitió él—. Ese… beso… yo quería… que fuera contigo pero… luego de lo que Mikado me hizo… yo sentí que tú ya no me querrías…
—¿Pero porqué?
Ranma caminó hasta ella sin atreverse a mirarla—. Porque estoy… ¡dablos estoy manchado por ese asqueroso de Mikado!— Exclamó Ranma—. ¡Eso es lo que me molesta!
—¿Manchado?— Akane miró a Ranma con curiosidad y un poco de preocupación—. ¡Eso no es cierto y a mi no me importa, ese idiota se aprovechó de la situación y lo hiciste pagar!
Ranma suspiró—. Sí, creo que sí, pero…
—¿Te… gustaría…?— La joven Tendo pasó saliva y bajó la mirada al tiempo que hacía nudo sus dedos nerviosamente—. ¿Intentarlo otra vez? A mi no me molestaría pero si tú…
Ranma volvió a sentir el sudor frío que le recorría la espalda—. ¿Me dejarías…?
Akane asintió y se quedó muy quieta, esperando en silencio a que él hiciera el primer movimiento.
Lentamente, Ranma dio el paso que lo dejó frente a frente con Akane. El muchacho sabía que si hacía esto, ya no habría marcha atrás entre Akane y él. Podrían mantenerlo oculto a sus padres, pero entre ellos ya no habría dudas. Ranma miró a Akane y sintió un calor en su pecho que lo ayudó a darse cuenta de que por ella, sí estaba dispuesto a no dar marcha atrás. Recordando el vacío que sintió en sus manos, Ranma tomó de nuevo a Akane por los hombros y se sintió aliviado al notar como la sensación de vacío desaparecía. Animado por esta sensación, el joven Saotome acercó sus labios a los de ella, pero cuando sintió su respiración sobre su piel, se detuvo de nuevo, temeroso ahora de no hacerlo bien.
Akane por su parte, sentía que su corazón podría latir hasta salir de su pecho. Había imaginado por años cómo sería su primer beso y esto en verdad superaba mucho lo que había esperado y por mucho al momento que tuvieron en el dojo. Esto era casi perfecto. Sentir las manos de Ranma gentil pero firmemente sobre sus hombros y su respiración sobre su piel era mejor que cualquier cosa que pudiera haber soñado antes, ahora lo único que deseaba era sentir… su primer beso.
Ranma se separó un poco… ¿podría hacerlo bien? Decidiendo que eso no importaba, el muchacho cerró los ojos y recuperó el camino perdido hasta que sus labios tocaron algo suave y cálido.
Entonces…
Akane comenzó a reír en voz baja.
Ranma se separó y abrió los ojos—. ¿Qué sucede, acaso lo hice mal?
Luego de una pausa, Akane logró controlarse—. No tontito, es que… ¡me has besado la nariz!
—¿Yo…qué?— Ranma suspiró un poco decepcionado—. Lo eché a perder… ¿cierto?
Akane le sonrió—. Claro que no… la verdad, me gustó.
—¿…En… en serio?
La muchacha asintió—. ¿Quieres… intentarlo otra vez?
Ranma estaba por responder, pero el sonido de una rama rompiéndose lo hizo detenerse y mirar nerviosamente hacia el bosque.
—¿Crees que alguien nos espía?— Preguntó Akane, tan nerviosa como Ranma.
—No lo sé—, el joven Saotome continuó mirando hacia los árboles—. ¿Pero sabes qué pasaría si mi padre nos hubiera visto, no?
Akane asintió—. Mañana mismo estaríamos casados… ¿pero eso te molestaría?
—¿Y a ti?— Le preguntó Ranma—. ¿No crees que hay cosas que deberíamos hacer antes de eso?
—Sí… No me molesta casarme en el futuro. ¡Pero no ahora, tengo apenas dieciséis años, soy muy joven para casarme, quiero terminar la escuela y hacer otras cosas antes!
—Sí, yo también—, admitió Ranma—. Aún no termino mi entrenamiento y eso es algo que quisiera hacer antes de tener que llevar un dojo.
La pareja observó el bosque en silencio durante un rato, hasta que Ranma habló de nuevo—. ¿Qué tal si nos dormimos ya? Mañana tengo un duelo y quiero estar descansado.
La joven Tendo asintió y siguió a Ranma de vuelta al campamento—. Oye Ranma…— Llamó ella luego de unos pasos—. Cuando volvamos a estar solos… ¿podríamos volver a intentarlo?
Ranma se giró y con una pequeña sonrisa, asintió.
Mientras, en otro campamento…
Cologne encendió su pipa y posteriormente se sirvió un poco de sake. Había enviado a dormir a los dos muchachos temprano y le alegraba que ya se hubieran dormido, necesitaba relajarse un poco. Después de la semana que había pasado entrenando a Ryoga, un pequeño respiro le hacía mucha falta. Afortunadamente, Ryoga había logrado aprender el Bakusai Tenketsu a la perfección. La anciana sonrió complacida, Ranma tendría un combate muy difícil al día siguiente; y Cologne estaba segura de que sería muy divertido de observar.
0-0
Continuará...
