Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Destino

Capitulo 13: Verdades que cambian rumbos

Con el pasar de los días, la relación entre el medio demonio y la sacerdotisa fue enfriándose a algo incomodo y forzado, a tal punto de no hablar mas de lo necesario. Todas las noches, Kagome no podía evitar escuchar el murmullo entre Kikyou e Inuyasha, hablando de planes futuros y de sueños por cumplir.

Sus nauseas aumentaban y debía salir al frio nocturno para secar sus lagrimas y poder explotar un poco en su soledad.

En una de esas noches, Shiro la fue a visitar, con seriedad.

—Midoriko me ha avisado que algo mal va contigo.

—¿Midoriko?

El ahora demonio completo, cambio su apariencia en segundos a la del común medio demonio que solía poner en presencia de ella.

—Sabe lo de tu medio demonio. Te pasaste de la raya.

Kagome bajo la cabeza, viendo desesperadamente al único ser que sabia el deseo que la había llevado ahí.

—Lo se, siempre pensé que una nueva oportunidad para ellos era suficiente para no desatar la desgracia, el origen y génesis de toda fatalidad destruida para que mis amigos no pudieran morir y sufrir. Pero no, fue aun mas doloroso de que lo pensé. Y me gano….el amor, el profundo e irremediable amor que le tengo a Inuyasha…

—Ese Inuyasha no es el mismo del que te enamoraste.

—No, tienen sus diferencias. Este no tiene el peso del odio, la culpa y la traición. Pero, en esencia, son lo mismo.

—Estas haciendo las cosas las cosas muy rápidamente.

Kagome miro a la luna, estaba en lo alto del cielo y eso quería decir que era bastante tarde, debía apurarse antes de que vinieran a buscarla preocupados.

—Eso pasa cuando eres humana y tienes miedo por el ser amado, por que sin el las cosas no serian lo mismo, sin el, el mundo perdería una persona importante y si no la vieras feliz, no siempre ya que es imposible, pero sin poder perder la sonrisa después de una tormenta, harías todo lo posible para no perderlo.

Ella empezó su travesía devuelta.

—No, realmente las cosas van a toda marcha—Shiro observo de reojo un rincón oscuro en un gran árbol.

Inuyasha había estado hace segundos ahí.

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Kagome estaba meditabunda, después de hablar con Shiro y haber pensado con frialdad la situación, analizaba la situación de Onigumo. Bien, el bandido no estaba postrado y quemado en la totalidad de su cuerpo, mas bien, ligeramente herido y prontamente sano. Ya no podía pensar mas en que había cambiado, sino que hacer con ese cambio para cambiar el flujo de las cosas.

Estaba seguro que no sentía nada por Kikyou, así que eso era un plus.

Lo importante por ahora seria conseguir que el supuesto deseo de Inuyasha y Kikyou cambiara en su totalidad.

—Kagome.

Con un grito se volvió al origen de la voz, entre las sombras unos ojos dorados brillaron, lentamente, Inuyasha salió de entre su escondite, algo pálido y serio.

—¿¡Que es que quieres matarme?!

—Hm—respondió simplemente, Kagome frunció el ceño enojada y retomo su caminata.

El silencio se instalo entre ellos, a penas era roto por el pisar de las hojas en sus pies.

—¿Qué estabas haciendo ahora?

—Pensando.

—¿Sola?

Kagome enarco la ceja y lo volteo a ver.

—¿Por qué?

—Te vi…estabas hablando con Shiro…de alguien a quien amas mucho.

Parpadeando frenéticamente, se impulso rápidamente hasta zarandear al medio demonio.

—¡Desde que pedazo has escuchado!

—¿Que-e?

—¡Desde que…!

—Solo escuche que tenias sentimientos por alguien, sentías miedo…¿Quién es?

Kagome lo soltó de improviso.

—Nadie que te importe.

—Me besaste.

—Fue un error.

—No…en realidad lo sentí, eso no fue un error, es algo mas…profundo.

—Nadie.

Inuyasha dio un salto rápidamente.

—Acaso…¿soy yo?

—¿Qué?...NO—Kagome se recupero de su sorpresiva pregunta y con la cara sonrojada grito eso.

—Estas mintiendo, mi olfato me lo dice.

—¡No!

—¡Si!

Kagome gruño.

—Igual a ti que te debe importar si eso pasa, finalmente estas con Kikyou.

—Por eso me importa…Kikyou…

—Mira Inuyasha, yo tengo claro todo eso. Amas a Kikyou, y así sea verdad que te ame o no, tengo que estar clara que jamás me vas a ver —dos lagrimas se escaparon y rápidamente, se dirigió sin importar mas hacia la cabaña.

Inuyasha estaba confundido.

Esas palabras fueron muy intensas, fueron…profundas, no cualquier amor seria capaz de producir eso. Era algo parecido a lo que su madre le había dicho sobre esos amores que quitan el alma y absorben todo.

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Kagome se levanto ese día cansada y extenuada, no había podido dormir la noche anterior gracias a Inuyasha. No había debido escuchar eso. Aun así, debía primero hablar con Kikyou.

Después de desayunar y hacer las cosas comunes en la aldea, fue con Kikyou a hablar en las afueras de la cascada.

—Bien, para que me necesitabas Kagome.

—Necesitamos hablar de Inuyasha y tu, y la idea de convertirlo en humano.

Kikyou se sonrojo de golpe, nerviosamente, se sentó en el suelo, al lado de su maestra.

—Es…para estar juntos.

—No entiendo, no tienen nada que los ate, ni una labor, ni nada mas. Ya están juntos, no entiendo, Kikyou.

—Es que el es un medio demonio y yo…

—Entiendo—el silencio se instalo entre ambas. Había algo que jamás Kikyou logro superar, y en cierto modo lo entendía, su aversión por los demonios era algo natural. Desde que sus padres habían muerto, Kikyou guardaba cierto rencor por lo que ella llamaba "mostruos". A pesar de estar profundamente enamorada de Inuyasha, sus barreras y la brecha entre sus razas persistía— Pero aun así, debes entender algo Kikyou, si te enamoraste de Inuyasha fue siendo medio demonio, lo amas siendo un hibrido. Disculpa si te suena egoísta, pero pedir que el cambie…

—Eso no solo me beneficiaria a mi…sino a el…

—Pero eso es dar la razón en que ser un medio demonio esta mal y eso es erróneo. Ser un medio demonio es algo mas que la raza, es algo mas que ser un hibrido. Inuyasha te ama, con el demonio y con el humano. El no tiene culpa de cómo nació, no. El simplemente tendrá la culpa de lo que hace, sus acciones y sus decisiones. El es mas que la raza, el es un hombre maravilloso…por ello deberás entender, de que si lo amas, amas cada cosa que el, la perfección y la imperfección.

—No tiene nada que ver el ser medio demonio, van a tener una vida juntos así el lo sea, van a estar juntos así el no lo sea. El es producto de sus padres, el amor invencible que los unió, el no amarlo por lo que es, es un acto egoísta: el querer cambiar aquello que a Inuyasha lo hace ser.

Kikyou estaba llorando.

—Yo…yo…yo…

—Esta bien, Kikyou-chan. Todo estará bien, solo…piensa con cuidado las cosas. Piensa con tu corazón y tu cabeza.

—Si, Kagome.

De repente, la sacerdotisa vio algo moverse y supo que el medio demonio había escuchado todo.

Dejo sola a Kikyou, confiando en el buen sentido que sabría tener su alumna. Kikyou había sufrido en su vida y el peso de la perla, en erróneo mirar, había dificultado que ella viera objetivamente las cosas, no obstante, conociéndola ahora en su presente, no era su culpa. No, ella era otra victima mas de todo el influjo del destino, era muy buena y cálida persona, bondadosa, y humana.

—¿Por qué le has dicho eso a Kikyou?

Inuyasha estaba apoyado sobre un árbol, para su sorpresa, no estaba enojado, mas bien…curioso.

—Porque es la verdad.

—No entiendo, dejar que sea medio demonio, las sacerdotisas…

—Creo que ya te he demostrado que conmigo es otra realidad. Y si, es la verdad, porque tu seas un medio demonio no cambia las cosas, no agrega ni quita nada, no hacer peor ni mejor. A mi me importa la persona, en su interior, en su verdad. Eso es lo que hace a Inuyasha, no las orejas ni que seas hibrido, va mas…mas grande, mas poderoso. Es por eso, que cada ser, con cada particularidad es igualmente único, pero igualmente simple.

Inuyasha se quedo sin palabras.

Esa mujer, en su particularidad, lo aceptaba sin limites. Si bien se sintió mal por las palabras que había logrado escuchar de Kikyou, se quedo sorprendido de que una sacerdotisa, muy poderosa, lo hubiera…defendido de esa manera.

Kagome era hermosa y una persona extraña.

De repente se sonrojo.

Menos mal que la sacerdotisa había salido de su campo de vista, porque sus mejillas estaban ardiendo de solo pensar que ella le había defendido, su corazón estaba a una velocidad infernal.

Una explosión a lo lejos lo alerto.

El olor de sangre…Kagome.

Escucho los gritos de Kikyou, pero aun así, todo lo que pudo hacer fue correr hasta donde sus sentidos lo alertaban. Observo, con ira y miedo, el hombro dislocado de la sacerdotisa, en una posición extraña en medio del bosque. Pero no era solo eso, había dos niños debajo de ella, llorando amargamente, pero ilesos.

—Maldición—murmuro la sacerdotisa. Rápidamente, expulso el demonio que estaba encima de ella, una masa amorfa con demasiada fuerza. El grito del medio demonio la alerto, Inuyasha estaba saltando encima del demonio con sus garras, detrayéndolo en mil pedazos.

Se puso delante de los chicos y de ella.

—¿Estas bien?

—Si, tranquilo.

El grito de los aldeanos no se espero, liderados por Kenta y la madre de los pequeños que lloro de felicidad al verlos a salvo, Kagome sonrió tontamente mientras observaba tan emotiva escena.

El sacerdote se acerco con lentitud, observándola atentamente, con cuidado y lentitud, observo el hombro totalmente dislocado de la sacerdotisa, que con una mueca de dolor, se quejo.

—Dios, Kagome, esta terrible…

—Si, tranquil…

El rugido de Inuyasha se dejo escuchar, de repente, fue jalada con brusquedad, sintiendo el extenso dolor del hombro propagarse por todo su cuerpo. Jadeando, tratando de tomar aire, observo a Kenta, sorprendido y enojado.

Inuyasha estaba con el rostro contraído de la rabia.

—Tu, humano—bufo roncamente—no tienes siquiera la fuerza para llevarla. La llevo yo.

Sin esperar nada mas, el medio demonio la cargo, alejándola del sacerdote que lo miraba furibundo.

Kenta estaba realmente enojado.

En silencio, avanzaron por el bosque para llegar a la cabaña de la anciana curandera, una abuela experta en el uso de plantas medicinales que le solía recordar un poco a Kaede.

El sol brillo un poco y no pudo evitar observar el rostro serio del medio demonio, nunca lo había visto así.

—¿Qué es lo que pasa, Inuyasha?

El hombre abrió los ojos sorprendido, de repente se sonrojo.

—N-nada.

—Acabas de gritarle a Kenta-sama

—No le grite.

—Si.

—Ese idiota humano no merece…

De repente, fueron sorprendidos por la anciana, que preocupada se acerco a la sacerdotisa para curarla.

—Kkyou me dijo—comento, cuando dejo toda la cesta de hiervas—así que me apure, sabia que estabas en problema.

Automáticamente, Inuyasha se alejo de ella como si de una enfermedad tuviera, no se había acordado de nada, pero al momento de mencionar el nombre de Kikyou…no debía estar ahí.

No sabia que había pasado con el, a penas había ido a rescatar a la sacerdotisa que se encontraba bien, el alivio lo había llenado, pero eso fue rápidamente cambiado por la sensación de extrema ira al observar a Kenta tocar a la sacerdotisa.

No tenia derecho.

Ella estaba enamorada de el.

El medio demonio se había comportado posesivo hacia a Kagome, ni siquiera con Kikyou había sido tan intenso el sentimiento de …celos.

¿Qué demonios le pasaba?


Amaterasu97

Si bien es demasiado corto ,me disculpo, este capitulo ha tardado mas de la cuenta ya que el tiempo ha sido un obstáculo para continuar. No lo voy a abandonar, perdónenme por la demora, pero el trabajo de la Universidad en finales es abrumador. Así que, lo siento.