¡HOLA A TODOS! ESPERO QUE ME PERDONEN POR HACERLOS ESPERAR TANTO, SE QUE HAN PASADO YA VARIOS MESES, PERO EN VERDAD, ¡SUPIERAN LO DURO QUE ES SALIR DE UN BLOQUEO! SI LOS HACE SENTIR MEJOR EL NO TERMINAR ESTÁ HISTORIA NO ME DEJA TENER LA CONSCIENCIA TRANQUILA :( ASI QUE TRANQUILOS, AQUÍ TODOS SUFRIMOS EN COMUNIDAD JAJAJA. EN TODO CASO LES PROMETO QUE LA TERMINARE, SOLO ESPERO HACERLO DE LA MANERA CORRECTA. BUENO COMO SIEMPRE, CUALQUIER COMENTARIO, CRITICA, SUGERENCIA ES BIEN RECIBIDA. ES MÁS, EN ESTE MOMENTO SE ACEPTA HASTA AYUDA ESCRIBIENDO LOS CAPÍTULOS RESTANTES JAJA.


–Estoy un poco cansada–. Dijo Anna casi que en un susurro. –Lo mejor será descansar lo que queda de la mañana, estoy segura que… en cualquier momento podremos salir de aquí… y seguir con nuestras vidas–.

Afuera de la cabaña el clima finalmente empezaba a mejorar, por lo cual Len decidió no esperar mucho más y ponerse en marcha. El joven shaman chino sentía un tanto de inquietud y preocupación tanto por su esposa como por su amigo, la situación en que se encontraban, no era la mejor, mucho menos que sería cómoda para ninguno de los dos.

Mientras Sakura se quedó en la cabaña con Brigita cuidando de Tamao. Kabuto, Takato Horo y los demás no tardaron en seguir a Len con la esperanza de poder auxiliar a Yoh y Anna. Cuando llegaron al sitio donde se suponía estaba enterrada la pequeña enfermería y sus amigos pudieron observar como el terreno parecía aún un tanto inestable, así como el clima que aunque mejor no se encontraba aun en condiciones óptimas para el rescate.

Len sabía que por mucho que quisiera hacer algo lo mejor era pensar a fondo las cosas, de otra forma podrían complicarse innecesariamente. -Lo mejor será esperar un par de horas más mientras el clima se estabiliza definitivamente-. Expuso con aparente calma el joven chino después de analizar la situación.

Por desgracia, no todos manejaban una fría mente como Len.

Kabuto se encontraba al límite de solo pensar lo que pudiera estar pasando adentro, entre Anna e Yoh. Era más que obvio para el que la simple existencia del Asakura ponía en peligro la relación de su patrono y su esposa, y por ende la estabilidad de la dinastía. El que hubieran pasado la noche, solos y juntos solo podía presagiar una cosa…. Desastre.

Horo Horo no entendía como Len podía estar tan tranquilo con la situación. Es decir dentro de esa cabaña no estaba solo su mejor amigo, sino que su esposa… según lo que había escuchado hace unos días con Yoh, una muy embarazada esposa. Cosa que después de una larga noche, y la bochornosa escena que presencio poco antes entre Len y Tenten no pudo guardarse más.

-¿¡Qué demonios te sucede Len!? ¿Esperar más?¿¡Cuantas horas llevan encerrados allí, sin comida, electricidad ni calefacción!?-

Len apenas y miró a Horo con aburrimiento, mientras mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho. El aniu siempre había sido un tanto molesto e impulsivo, pero su actitud de ahora parecía ser algo más que simplemente eso. -Si empezamos a excavar y mover la tierra y la nieve ahora podríamos causar otro deslizamiento… pensé que si alguien lo entendía eras tú que viene de Hokaido-. Los puños de Horo se cerraron con fuerza en sus costados, no entendía la actitud desentendida de Len. Aun así, fue el siguiente comentario el que termino de descolocarlo por completo. -Ellos estarán bien. Yoh será un inútil, pero al menos sabrá como encargarse de la situación y de Anna-.

En un abrir y cerrar de ojos Horo se encontró frente a Len para levantarlo del cuello de su chaqueta. No es que Len no lo hubiera visto venir o no hubiera podido evitarlo, simplemente trataba de estudiar lo mejor que podía las reacciones del shaman de nieve, ya que estaba actuando de una forma bastante extraña, aun para la situación en que estaban.

-Encargarse de la situación y de Anna-. Dijo entre diente el aniu sosteniendo con más fuerza el cuello del chino. -¡COMO PUEDE SER QUE ESTÉS TAN TRANQUILO… MÁS QUE ESO, TAN DESENTENDIDO DE LA SITUACIÓN!-

Len apenas y miraba la cara de Horo.

-Hey… necesitas calmarte-. Dijo Takato acercándose para tratar de detonar la situación. -Entiendo que estés preocupado, pero Len tiene razón ellos estarán bien, si algo hubiera ocurrido el espíritu acompañante de Asakura ya nos lo hubiera dicho-.

La mirada y el enojo de Horo no parecía disminuir, y solo alimentaba la densidad del ambiente. Len había tenido más que suficiente, por lo cual agarró el brazo de su amigo para obligarlo a soltarlo. -No se cual sea tu problema…-

-¿MI PROBLEMA?- Respondió Horo con sarcasmo mientras intentaba sostener su agarre en contra de la fuerza de Len. -No, ¿Cuál es tu problema?, como puede ser que tu embarazada esposa haya quedado atrapada a causa de una avalancha, en una cabaña mientras se recuperaba de una batalla en la que nunca debió haber participado, mientras tu actúas como si nada pasara y no fuera la gran cosa-.

El peliazul estaba tan acelerado en su reclamo que ni siquiera notó como el ambiente pareció quedar congelado ante sus palabras, y no solo el ambiente sino que Len.

-¿Embarazada esposa?...pero ¿Qué diablos?-.Pensaba Len mirando a Horo como si le hubiera crecido otra cabeza.

Aun así no salió de su ensimismamiento sino hasta que la voz de Takato lo hizo volver en sí. -Len… ¿es eso cierto? ¿Acaso Anna se encuentra en estado de embarazo? -.

Kabuto apenas y se mantuvo en silencio, sabía por que Horo pensaba eso, pero no sabía como reaccionaria Len ante tal declaración. Con suerte su amo pensaría que es era cierto y aceleraría el rescate como tanto deseaba él, sin embargo, lo que pasó fue todo lo contrario.

-De donde demonios sacas que Anna está embarazada? -. Si bien las palabras de Horo lo habían cogido totalmente desprevenido, su lógica y sentido común habían vuelto de repente dictaminándole la imposibilidad de que fuera asi. No solo Anna y él no habían compartido intimidad desde hace más de 6 meses, en una primera y única vez, sino que de haber resultado en un embarazo para entonces no solo sería algo notorio, sino que Anna se lo hubiera dicho, estaba seguro, ella no podría estar embarazada.

La cara de Len le dieron a entender a Horo que en verdad no tenía la más mínima idea de lo que el estaba hablando. Por lo cual tratando de retomar la compostura soltó a su amigo y miranda al suelo y luego a Kabuto de reojo contestó. -Se que no es de mi incumbencia y que no debería meterme en temas ajenos, pero… Yoh y yo escuchamos cuando tus empleados lo comentaban el otro día-.

Y como un baldado de agua helada, la voz de un irritado Len tomó por sorpresa a dicho empleado. -Kabuto-.

-Si… señor Len?-. Preguntó con una falsa sonrisa y voz temblorosa el peligris ante el llamado de su amo.

-¿Puedes explicarme por que demonios la servidumbre anda no solo comentando la vida personal de sus señores, sino que esparciendo mentiras sobre estas?-.

El pobre hombre pasó con dificultad, conocía de primera mano la furia de su señor y por como se veían las cosas, estaba a punto de experimentarla nuevamente. Takato y Horo observaban con seriedad el intercambio, intentando entender lo que pasaba.

-Yo… este…-. Nada venía a la mente del peligris. ¿Qué debía decir?¿que debía hacer? El enojo de Len empezaba a hacerse palpable, ya que hasta su furyoku empezaba a ondear con violencia.

-¿¡COMO UN IDIOTA Y UNA SIMPLE EMPLEADA DE SERVICIO SE ATREVEN SI QUIERA A ESPECULAR SOBRE UN TEMA COMO ESE? ¿CON QUE DERECHO SE CREEN DE HABLARLO?¿AA?-. La furia de Len se había desatado, y no había forma de saber en que desembocaría, en una represalia o algo más. Len empezó a avanzar a paso Lento hacía Kabuto que permanecía congelado en el sitio intentando pensar en algo que decir. -ME TIENEN ARTO, TU, LOS DEMÁS EMPLEADOS, MI FAMILIA, LA DINASTIA. ¡PORQUE NO CREAS QUE NO SE QUE HAS ESTADO INTERFIRIENDO EN NUESTRA RELACIÓN Y REPORTANDOLE A MIS PADRES DESDE EL PRIMER DÍA!-

-Pe.. pero… señor Len yo no..-

-CALLATE DE UNA BUENA VEZ-. Soltó Len tomando a Kabuto por el cuello y levantándolo con brusquedad tal como Horo lo había hecho con el hace unos momentos. El pelinegro tomo algo de aire tratando de calmarse, aun así el tono de amenaza no dejó su voz en ningún momento. -Esto no se va a quedar así… en cuanto volvamos a China vamos a solucionar esto de una vez por todas. Tu, yo, mi padre y por su puesto que Anna. Estoy seguro que le encantara saber a que tanto a llegado tu atrevimiento, porque no dudes que si yo estoy al tanto de algo, ella mucho más que lo está-.

Dicho esto, Len tiró al suelo con despreció al empleado. -Largate de aquí, no quiero verte en lo que quede de la competencia-.

-Pero señor Len…-

La mirada asesina de Len fue más que suficiente para terminar de acallar a Kabuto y hacerlo retirarse. El silencio volvió a envolver el ambiente, mientras los últimos copos de nieve eran arrastrados por el viento.

-Emm… entonces eso significa que-. Empezó Horo rascándose la cabeza como solía hacerlo Yoh.

-Tch. Vamos a sacarlos de una buena vez de ahí y terminar con esto-. Declaró Len dejando atrás a Horo y Takato.

-¿entonces Anna?-. Se cuestionó Horo para si mismo sin entender realmente lo que pasaba.

-No creo que este embarazada. No solo por que la actitud de Len hubiera sido muy diferente desde el principio; es decir, el en verdad atesora Anna, si ella estuviera cargando a su hijo… no quiero ni imaginarme cuan sobreprotector sería-. Horo pareció considerarlo por un momento, mientras Takato prosiguió con su explicación. -Además los Tao nunca hubieran arriesgado al futuro heredero de tal forma en una batalla, ni siquiera por los pergaminos de Asin. No cuando brindar un heredero que continúe el legado de la dinastía es una de las tareas más importante que tienen Len y Anna como cabeza de dinastía-.

Horo miró a Takato casi que con respeto por un segundo. -Parece que conoces muy bien a Len-.

El chico sonrió ante tal afirmación. – Conozco a Len y a su familia desde que tengo memoria, aun así no creo que lo conozca tanto como ustedes-.

-No pareciera con todo lo que acabas de decir… a decir verdad, tienes razón al decir que si Anna estuviera embarazada Len no la arriesgaría de tal manera… yo, no se lo que estaba pensando-. Dijo con algo de pena Horo bajando la cabeza, le pesaba haber pensado tan mal de su amigo.

Takato se acercó al aniu y con una pequeña palmada en el hombro trato de animarlo. -Todo lo que dije fue porque entiendo a Len como sucesor y futura cabeza de mi dinastía. Lo entenderás mejor cuando seas cabeza de los Mune, las expectativas, la presión, las reglas… no son fáciles de sobrellevar, menos cuando todo el mundo quiere meterse y opinar-.

Horo pasó saliva con pesadez, el y su prometida ya habían hablado de eso, pero nunca pensó que la presión fuera tal. Es decir, que un extraño, fuera o no tu empleado se metiera en tu relación y creara historias alrededor de ella, no debía ser fácil. Tal vez hubiera sido mejor preguntarle a Len, o hasta Anna directamente, en vez de pensar mal de su amigo y creer en habladurías, le debía una disculpa a Len.

Dentro de la enfermería, la temperatura empezaba a bajar, y ciertamente era más notorio desde que la pareja había tomado distancia. El dolor que embargaba a cada uno era indescriptible, estar tan cerca, pero a la vez tan lejos.

Anna intentaba calmar sus pensamientos y más aun los sentimientos que empezaban a agobiarla, se había sentido abandonada por Yoh cuando este desapareció, más cuando se enteró el porque de su ausencia todo ese tiempo, pero nada como en ese momento. Nunca se sintió más sola, Yoh la persona que amó como a nada durante toda su vida, la estaba abandonando definitivamente. No había nada que hacer, nada que decir.

Para Yoh tampoco había sido más fácil, ¿pero desde cuando hacer lo correcto lo era? Decir que amaba a Anna con su vida, era poco; pero por eso mismo sabía que no podía seguir irrumpiendo en la vida y la posible felicidad de la chica. Hubiera sido más fácil entregarse simplemente al momento, entregarse a Anna como hace tanto soñaba, entregarle todo su ser, pero eso no solucionaría nada, le complicaría las cosas innecesariamente a el, a ella y hasta a Len. Ninguno merecía eso.

-Yoh-dono- Dijo Amidamaru haciendo acto de presencia.

-¿Qué sucede Amidamaru?-. Dijo con desganó el chico apenas levantando su mirada.

No había que ser un experto para leer el ambiente, el espíritu vio como Anna e Yoh aunque estaba en la misma camilla parecían ignorar la presencia el uno del otro y de alejarse lo que más les permitía el espacio. Era una escena tan diferente a la que había presenciado hace tan solo unas horas.

-El señor Len y Horo…-

Un pequeño temblor y algo de ruido hicieron que Yoh entendiera lo que el espadachín diría. El castaño asintió y levantándose con cuidado de la camilla murmuró. -El equipo de rescate está aquí, será cuestión de minutos para qu…-

El discurso y avancé del chico fueron detenidos al sentir como una fría y delicada mano atrapaba su antebrazo. Yoh volteó a mirar a Anna con algo de sorpresa, ciertamente nunca espero que la chica saliera de su ensimismamiento y menos de una manera tan física, ella nunca había sido una persona muy dada al contacto.

Amidamaru prefirió desaparecer nuevamente, sentía que lo que se avecinaba era una escena un tanto personal tratándose de Anna y su amo, no quería interrumpir.

-¿En verdad… eso es lo que piensas?- Preguntó en un susurró la chica sin siquiera voltear a verlo. Su voz parecía un tanto quebrada y eso Yoh lo percibía perfectamente, por lo cual tuvo que llenarse de más fortaleza para luego de un largo momento responder.

-Si-.

Yoh sabía que la rubia se refería a que si en verdad consideraba que su felicidad y su vida ahora estaban con Len. Y si que lo hacía. Len había estado con ella esos años, le había dado el puesto que merecía, la vida que merecía. El Asakura nunca podría si quiera reponerle el daño que le causó con su desaparición. Sería lo mejor para Anna, y por ende para el, ya que si ella estaba feliz, él también lo estaría.

El agarre de Anna fue perdiendo fuerza hasta que eventualmente dejo libre el brazo de Yoh. Casi que al mismo tiempo un fuerte golpe resonó en la pequeña enfermería mientras el aire y la luz finalmente hicieron acto de presencia. Alguien había logrado finalmente abrir la puerta.

-¡Yoh amigo!-. Gritó Horo entrando y abalanzándose sobre el castaño. Yoh sonrió levemente y recibió el abrazo, realmente lo necesitaba. -¡Estas casi que congelado!... ¿Qué tal están tu y…-.

La mirada de Horo enseguida recayó sobre el pequeño bulto que parecía Anna al estar recostada de espaldas en la camilla envuelta por unas cuantas sabanas.

Enseguida de Horo entraron Len y Takato. A diferencia del atropellado shaman de la nieve ellos fueron capaces de sentir el pesado ambiente que había en la cabaña. Len no perdió ni un segundo de haber entrado cuando avanzó a donde su esposa.

-Anna ¿Cómo te encuentras? -.

Aunque el pelinegro se situó frente a la camilla donde estaba la chica, esta apenas y se inmuto dedicándole una fría y muy perdida mirada. Era como si estuviera presente y ausente al tiempo. El shaman chino soltó un cansado suspiro, sabía la tensión e incomodidad que podía causarle a Anna la simple cercanía con Yoh, pero nunca pensó que fuera algo así. Conocía a su esposa lo suficiente, la había visto en sus peores momentos después de la partida del castaño para saber que algo andaba mal, muy mal con ella.

-¿Sucede algo con Anna?-. Preguntó Takato acercándose lentamente al ver que la chica parecía ni reaccionar. La pregunta del chico captó también la atención de Horo e Yoh.

Len miró por encima de su hombro al castaño, lo que hubiera pasado en esas horas no solo tenían así a la rubia, sino que claramente también a Yoh, quien portaba casi que la misma cara de incertidumbre, aunque en menor escala. No sabiendo que más hacer y no queriendo perturbar más a Anna Len la tomó con delicadeza en sus brazos y respondió. -Solo necesita un poco de descanso-. Antes de salir de allí con ella.

Los ojos de Yoh no se despegaron de Len y de la chica durante todo el trayecto que usaron para salir. Era como si sus palabras se materializaran y ahora Len se llevará a Anna de su vida. Y si haberlo dicho dolía, ver como pasaba lo mataba.

-¿Asakura… te encuentras bien?-. Preguntó Takato acercándose ahora a el y a Horo.

-…-

-¿Yoh? – Inquirió Horo también tratando de llamar su atención y pasando sus manos frente a la cara del shaman.

-Emm… si, lo mejor será salir de aquí cuanto antes-. Respondió finalmente el castaño saliendo por la puerta bajo la escéptica mirada de los otros dos.

Len llevó enseguida a Anna a su habitación en la posada. Le preocupaba que la chica pudiera enfermarse o que sufriera de hipotermia por la forma en que temblaba tan violentamente en sus brazos durante el camino. Es decir, estaba haciendo frio claramente, pero llevaba a la chica dentro de dos cobijas, eso tendría que bastar ¿o no?

El joven shaman puso con delicadeza a su esposa en la cama y la cubrió con las demás cobijas que había. -Te preparare algo caliente-. Ofreció pensando que eso la ayudaría. Sin embargo, la mano de Anna lo retuvo antes de que pudiera siquiera dar un pasó lejos de ella.

Pocas cosas en el mundo sorprendían a Len, pero lo que sucedió definitivamente lo hizo.

-Quédate-. Pidió Anna con una voz seca y casi que quebrada. La gran Anna Kyoyama, bueno ahora la gran señora Tao, actuando como una niña de 5 años que le teme a estar sola. No que Len la juzgara por eso, pero simplemente era una versión de Anna que no se veía todos los días.

-Necesitas comer algo-. Insistió Len preocupado por la salud de su esposa.

Anna negó suavemente con su cabeza y con un poco más de fuerza atrajo a Len hacia ella. -Quédate… yo… no quiero estar sola, no en este momento-.

El pelinegro miró con extrañeza a la chica. No sabía que era lo que pasaba, pero sabía mejor que abandonarla y más cuando ella misma le pedía que no lo hiciera. El chico asintió y lentamente se sentó junto a ella quien en respuesta hizo algo que ninguno de los dos hubiera jamás imaginado…. Lo abrazó con fuerza del torso haciendo que Len terminara recostándose para ubicarse mejor junto a ella.

-¿Que fue lo que sucedió?-. Preguntó finalmente Len, si quería ayudar a Anna necesitaba saber como. La chica pareció ignorar la pregunta ya que se limitó a sujetarse aun con más fuerza de Len mientras cerraba los ojos y respiraba profundamente.

Len pudo notar no como solo los brazos de Anna parecían un tanto temblorosos sino que todo su ser, cosa que solo parecía agitarse al tiempo que su respiración, y fue en ese momento en que se dio cuenta que la rubia no temblaba por que tuviera frio, la rubia temblaba porque estaba tratando de calmarse. Lo que fuera que estuviera molestándola era lo suficiente para hacer que su cuerpo se comportara de tal manera. El shaman chino nunca fue bueno consolando gente, menos cuando ni siquiera sabía cual era el problema. Anna era una persona que ciertamente no era una persona que no le gustaba ser consolada y menos cuestionada, por lo cual Len simplemente se limitó a hacer lo mejor que pudo devolviendo el abrazo mientras le aseguraba con delicadeza. -Aquí estoy, y voy a estar siempre que lo necesites-.

En el primer piso Horo e Yoh eran recibidos por una ahora recuperada Tamao y Sakura.

-Joven Yoh! me alegra ver que se encuentra bien!-. dijo la pelirosa cuando lo vio entrar.

Yoh apenas y le dedico una pequeña sonrisa, la mejor que pudo formar en ese momento. -Gracias Tammy, ¿tu como te sientes?-.

Tamao conocía a Yoh desde siempre. por eso no le tomó mucho percibir el bajo animo del chico, por mucho que intentara disimularlo. -Yo me encuentro bien, definitivamente tengo que agradecerle al joven Len cuando lo vea...-

-¿Que Len no regresó con Anna?-. Preguntó Horo

Sakura asintió en respuesta a su prometido. -Si, pero apenas y lo vimos entrar ya que subió a su habitación a toda velocidad-.

-¿Entonces no han visto a Anna o no saben como está?-. Inquirió el aniu, empezando a preocuparse por la rubia. Si bien Yoh le dijo que ambos estaban bien, Anna no parecía estarlo del todo.

-No, no quisimos molestar. Ya que de seguro ambos necesitan descansar después de la terrible noche que debieron pasar cada uno por separado-. Dijo Sakura un tanto pensativa.

-Ya veo-. Afirmó Horo. -Esperemos a que se sientan mejor con unas horas de descanso. En todo caso... alguna otra novedad? han sabido algo de los monjes?-

-Aa. De hecho uno vino hace poco menos de una hora-. Dijo Sakura. -Quería saber como seguía Tamao y al encontrarla despierta y relativamente en un buen estado dejo dicho que la competencia final entre los Asakura y los Tao, se llevará acabó el día de mañana-.

-¿Mañana? Eso es muy rápido!-. Exclamó Horo pensando en que Yoh y Anna necesitarían un poco más de descanso.

-Lo sé-. Infirió Tamao-. También me pareció un tanto apresurado, viendo las circunstancias en que se encontraban el joven y la señora Anna. Pero el monje dijo que estaba seguro que saldrían bien hoy y que por lo tanto no había razón para suspender la competencia-.

-Ummm vaya... entonces pelearan mañana contra Len y Anna-. Decía Horo con un dejo de interes. -Eso será... interesante-.

Un nudo se formó en la garganta del Asakura en ese momento. Si bien ya sabía que Anna no estaba embarazada, gracias a los G.E, no significaba que le resultara menos complicado enfrentarla, simplemente era algo que iba en contra de su naturaleza e instintos.

-Anna y Len son oponentes bastante poderosos-. Declaró Sakura.-Aún así estoy segura que ustedes lo harán muy bien-.

Yoh asintió sin realmente estar de acuerdo, su incomodidad fue tan notoria que hasta Horo la pudo notar. -Yooo... Yoh, tu... recuerdas hace unos días... lo que escuchamos sin querer en ese restaurante?-. Recordarlo? ja! nunca podría olvidarlo. Pensar que Anna estaba embarazada, había sido un golpe muy bajo para el. El castaño no respondió, pero esto no detuvo a su compañero en lo más mínimo.-Pues... este... al parecer no es tan cierto-.

-Lo sé-. Dijo sin titubeos, sorprendiendo al aniu y confundiendo más a Sakura y Tamao que ni por enterado se daban de lo que esos dos hablaban.

-¿Enserio?!¿Como? ... yo apenas me enteré hoy... luego de una... umm... pequeña discusión con Len jeje-

Yoh apenas y movió sus hombros quitando le importancia al asunto, listo para subir y descansar un poco, o bueno al menos encontrar algo de paz y soledad que lo ayudaran a sobrellevar todo lo que sucedía.

-En todo caso, son grandes noticias-. Exclamó con alegría el aniu. -Ahora no tendrás que contenerte cuando peleas con A...-

Yoh se detuvo en secó. En verdad pelear con ella era lo que menos quería.