¡He vuelto! *le tiran tomatazos* Lo se, una semana he tardado, y eso que dije que actualizaria en breve. Pero mi vida ha sido un completo caos esta semana y he tenido que lidiar con mucho, por lo que no me sentía suficientemente bien como para ponerme a editar el capítulo, así que me ausenté de FanFiction y Wattpad durante toda la semana. Pero... como soy una dulzura, he escrito dos caps más a parte de este, y como recompensa, subiré los próximos dos en las próximas horas ;) *os estoy chantajeando, lo admito, pero solo me alegra saber que os gusta lo que escribo y estoy haciendo un buen trabajo. No olvideis dejar un review, que os he echado de menos!

Difrutad, y no me tireis tomates en lata.

~Topi

OH, SWEET SUNDAY

Domingo. Todo el mundo ama los domingos, pues, aunque sabe que al día siguiente debe volver a la rutina, es un día para relajarse, descansar en el hogar, leer un buen libro, escuchar música o simplemente dormir hasta el mediodía. Normalmente, todos disfrutamos de la llegada del domingo, y aprovechamos también para hacer todo aquello que nos ha quedado pendiente durante la semana, ya sea la tarea, enviar alguna carta o… enfrentarte a las preguntas inquisitivas de tu mejor amigos que sabe que le estás mintiendo. O esto último era lo que le sucedía a Ron.

-Que no me pasa nada Harry, de verdad.- su voz, amortiguada por la pesada puerta de madera de su habitación, seguía siendo demasiado aguda, y si algo caracterizaba a Ron cuando mentía, era eso.- solo estoy cansado.

-Vamos Ron, sé que mientes, dime que te sucede.

-Enserio, que no es nada.- Harry notó el sonido de los pasos de su amigo, y supo que se había alejado de la puerta para no escuchar su réplica. Resignado, se fue a su habitación, con la duda de si realmente su amigo estaba bien. Pero si Harry se hubiera quedado unos segundos más, tan solo unos segundos, podría haber escuchado un grito demasiado femenino para ser de Ron.

-ERES UN IDIOTA, RONALD WEASLEY.- Pansy no dejaba de dar vueltas por la habitación como un león enjaulado, si es que eso no podía ser más irónico, y Ron temía por su propia integridad.

-¿Y ahora qué te pasa? Yo no he hecho nada.

-Claro, tú no has hecho nada, todo ha sido culpa mía ¿no?- murmuró con sarcasmo.

-Sí, fuiste tú quién me sedujo en el pasillo… te aprovechaste de mi estado de ebriedad.- dijo altivamente, esa características de los que creen que su versión es irrefutable.

-Si no recuerdo mal, me caí encima de ti, nada más, tú fuiste el que me empujó contra una pared, Comadreja.- gritó frustrada.

-¿Y por eso tuviste que besarme? Porque tú lo hiciste, no yo.

-Me seguiste la corriente… me besaste por igual, dichoso inepto.- Ron comenzaba a enfurecerse, lo acusaba de todo aquello y encima le insultaba, después de haberse colado a hurtadillas en su propia habitación y casi provocar que Harry le descubriera. Se fue acercando a ella despacio, amenazadoramente, algo impropio de él.- Aléjate de mí…

-Hasta que admitas que todo fue cosa tuya no.

-No, porque no fue así, tú no te negaste. Ha sido el peor error de mi vida.- sus palabras sonaban ácidas, pero su corazón latía fuertemente y su respiración se estaba tornando cada vez más forzada, como la de él, pues ahora la nariz del chico estaba a la altura de su cabeza.

- No decías lo mismo anoche- le dijo mirándola a los ojos, trataba de ser intimidante, pero sus ojos se desviaron tan solo un segundo hacia sus labios, carnosos y húmedos, pues ella no dejaba de mordisquearlo, y todo su autocontrol, más bien el de ambos, se fue al traste. Y la besó, la empujó contra la pared y ella ahogó un gemido, más que nada por la sorpresa, pero no se apartó.

-Te odio- susurró en su boca, y él lo aprovechó para que su lengua se deslizara cual serpiente en su interior.

-Yo a ti.

Pero aunque los dos proclamaran odiarse, sus cuerpos no opinaban lo mismo y todo resto de cordura se fue por la ventana en el momento en que ella le tiró del pelo enroscando sus piernas en su cintura, y mientras le besaba y mordisqueaba el cuello, tomó la varita y dijo apuntando a la puerta, con voz forzada "muffliato".

De pronto, el domingo ya no parecía tan malo.


-Eres gilipollas, Blaise.

-Cállate Goyle, yo controlo la situación.- no lo hacía, en verdad, estaba jodido, pero no iba a admitírselo a sus amigos.

-Ya claro, ¿te crees que no me he fijado en vuestras miraditas últimamente?- esta vez era Draco, que encontraba de lo más satisfactorio molestar a su amigo.

-Que no es nada, joder. Dejad de decir gilipolleces.

-Mira, a mí no me molesta, la verdad es que todos me caen bien, son buena gente.- Gregory había sido el primero de los tres en sucumbir a la presencia de los Gryffindor y la Hufflepuff, y ahora era algo así como un osito cariñosito que adoraba a todo el mundo, casi no quedaba nada de su antiguo carácter agresivo.

- Es cierto, Blaise, ¿qué más da?- Draco quizá no se lo demostrara al resto, pero todos en Slytherin sabían que ya no le importaban demasiado los prejuicios de la sangre, es cierto que seguía siendo un completo capullo, pero daba igual si eras hijo de muggles o no, si quería molestarte lo haría por igual. No iba a aceptarlo, pero ese cambio era a causa de convivir con Granger, y la culpa que suponía verla día tras día, mientras un lo siento que no iba a ser dicho en voz alta, quemaba su garganta.

-Pero es que es muy arriesgado, de esto no saldrá nada bueno.

-Te equivocas, salga bien o no, te divertirás un poco.- opinó el rubio levantando pícaramente las cejas, y Blaise rió.

-Corrijo, los dos sois unos gilipollas.- y tras decir eso, Goyle salió de la habitación, donde el resto del grupo disfrutaba de una discusión sobre el mundo muggle.

Goyle pensaba que los días en Slytherin, sobretodo los domingos, eran aburridos pues todos se quedaban en la sala común, siempre habían sido odiosos, hasta que encontró a este grupo de chiflados Gryffindors y Hufflepuff con los que aprendía a ser simpático y que además, no le insultaban cuando no entendía algo o lo hacía mal.

Para Goyle, los domingos de ese año estaban plagados de promesas de aprendizaje y nuevas amistades, claro, eso siempre y cuando Dean o Cormac le ganaran a los naipes explosivos, ahí sí que se volvía agresivo. La competitividad es un rasgo común en las serpientes.


La culpa carcomía a Ginny de una manera inimaginable, y eso la estaba volviendo loca. Era cierto que en realidad ella no había hecho nada, pero aun así, estar ocultándoselo a sus amigas le molestaba, pues sabía que a ninguna le caería en gracia lo sucedido. Se sentía irremediablemente culpable, pero a su vez, cuando recordaba como éste le había tomado la cintura, como su boca estuvo a tan solo milímetros de colisionar con la suya… se sentía frustrada, frustrada porque no hubiera sucedido. Le jodía desearlo. Mucho. Odiaba a Blaise Zabini por descolocarla de esa forma, aunque siempre podía alegar que la ingesta de alcohol había sido la culpable, en su interior, sabía que estaba más lúcida de lo que parecía. Zabini parecía estar jugando a un juego que no le gustaba ni un pelo, sobre todo cuando no sabía a qué atenerse cuando se trataba de él. Pero algo tenía claro… si jugaba, no iba a perder, y cuando hubiera acabado con él, lo tendría de rodillas.

Ginny acababa de pasar de la culpa a la diversión, solo con imaginarse las formas en las que se podría divertir a costa de Blaise. De pronto el domingo se veía interesante.


Hermione se había ido a dormir muy feliz y sonriente la noche anterior, la buena vibra que se notaba entre el grupo en el picnic le hacía ver que las líneas de las casas eran un poco más difusas de lo que solían ser, y que, contra todo pronóstico, podían llevarse bien, quizá no todos fueran amigos, pero al menos la cordialidad y el respeto hacia los unos y los otros era obvia.
Se desperezó, sonriente, después de haber dormido una larga siesta, por haberse levantado pronto para ir a la biblioteca, mientras rozaba lentamente con sus dedos el dije en forma de H que decoraba su elegante cuello. Se incorporó y apoyó su espalda en el cabezal de la cama, como cada mañana. Observó su mesita de luz, donde reposaban los restos de una taza de té y uno de los libros que le habían regalado, junto al marco de fotos de plata que Malfoy le había regalado hacía apenas unas semanas, aquella discusión parecía tan lejana, y aun así, había sido capaz de notar unos ínfimos y casi imperceptibles cambios en cuanto a su actitud con ella y viceversa. Observó nuevamente el marco, y se fijó en la foto de sus padres. Había decidido que se dedicaría a buscar la forma de deshacer el obliviate, y luego les buscaría sin cesar hasta encontrarlos. Les necesitaba, a ellos y todo lo que conllevaba tenerlos de vuelta, como los divagues de su padre cuando hablaba de algún coche clásico que adoraría tener, las riñas de su madre por desvelarse toda la noche debido a algún libro o como su padre la despertaba cada mañana que le era posible, con un disco diferente de alguna de sus bandas preferidas como en el caso de The Rolling Stones o The Beatles, entre muchas otras. Su mente evocó ese último recuerdo, una navidad su padre le regaló un álbum de The Beatles y cada mañana ponían Yesterday, luego se lo llevó a Hogwarts como recuerdo, pero un día, en cuarto año, desapareció de la nada. Tarareó la canción, que en su mente sonaba como si estuviera escuchándola, cosa que era imposible, pues sabía que no había nadie en la salita, sin mencionar el hecho de que la única forma de reproducir un disco era con un reproductor de música, y los aparatos muggle no funcionaban dentro del castillo. Además, no había ninguna posibilidad de que precisamente alguien pusiera la canción en la que ella estaba pensando. Pero cuanto más prestaba atención, con más claridad la oía, e impelida por algo que no conocía, se puso en pie y salió de su habitación, moviéndose hacia donde la música la guiaba.

Allí, frente a la puerta de esa habitación, Hermione oyó con total claridad la letra de la canción, mientras su mente se dividía en el deleite por la dulce melodía y el estupor al saber quién la estaba escuchando. Así que solo hizo lo único que se le ocurrió: llamó a la puerta. Y tras apenas unos segundos, la puerta se abrió, y un joven de ojos color mercurio la miró sorprendido, pero Hermione solo miraba hacia el escritorio, el único lugar al que accedía su vista, donde un reproductor de música muggle daba vueltas a un disco.

-¿Qué sucede, Granger? Veo que también has sucumbido al poder de The Beatles.

-Malfoy… ¿cómo? La tecnología muggle no funciona en Hogwarts.

-No te lo diré,- se rió burlonamente, cuando ella frunció el ceño dispuesta a insultarle.- Pero si te comportas, accedo a dejar la puerta abierta para que puedas escuchar, lejos de mí, está claro.- se apresuró a decir.

Hermione no supo que contestar a lo dicho, estaba siendo extrañamente amable aunque sus comentarios ofensivos seguían allí, no sonaban como si quisiera lastimarla, igual que la tarde anterior, pero echaba de menos escuchar música que no tuviera como base de su letra calderos con Amortentia, hipogrifos y escenas tórridas con veelas, y no le haría mal relajarse en el sofá con un libro y deleitarse con las voces melodiosas de aquel grupo tan fantástico, como solía hacer con su padre.

Y así, en un pacto silencioso, los dos únicos estudiantes que se encontraban en ese momento en el lugar, leyeron y cantaron en su fuero interno, ajenos al mundo que los rodeaba. Bueno, ella estaba completamente ajena a todo, porque él era demasiado consciente de su presencia en el sofá frente a su puerta.

El domingo estaba resultando bastante placentero para Hermione, que estaba aprendiendo que a veces, los recuerdos son solo dolorosos si tú los haces parecer así.