Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
14. Palabras nunca dichas.
Miércoles 11 de Marzo de 2015.
Nueva York.
Llega un punto en la vida en que uno se genera interrogantes ante los cuales no hay respuesta. Te sentís caer al vacío, no encontrás esa paz necesaria. No hay pregunta que duela más que "¿Por qué?".
Sin ser consciente de ello, el ser humano depende del mismo. Depende de entender que es lo que nos inquieta, que nos perturba, que nos genera ansiedad.
No encontrar la capacidad de entender nos enmudece.
Tendríamos que aceptar algo que no tiene explicación, eso que nos ocurre sin saber por qué. Es un absurdo que no logra más que amargura en nuestra existencia. Nos llena de soledad.
Es un sin sentido que vuelve, una y otra vez, nuestra vida irreal. Ese porque necesita de una respuesta urgente. Esos porque inentendibles nos desesperan. En definitiva, cuando lo absurdo es tan absurdo, ya nada importa.
A lo mejor, se trata de aceptar que en la vida hay cosas que no tienen explicación.
Sin duda, aquello era lo que le quitaba el sueño a Lucy. Podía observar como Elena gesticulaba y modulaba montones de frases, que al parecer, para sus oídos eran mudas.
La escuchaba sin oír.
Existía sin existir.
Presenciaba sin opinar.
Era un ente, un maldito y perturbado ente.
A veces me encantaría abrirte el cráneo en dos y meterme en ese rebuscado cerebro para entender en qué demonios estas pensando cuando yo hablo y hablo como una jodida demente. – Refunfuñó la morena dándole la espalda. – Me siento una maldita inútil… - Golpeó las palmas, captando su atención. - ¡Sin contar que también me siento idiota!
Ya entendí. – Irrumpió observando aquella espalda. – Lo siento. – Suspiró. – Te dije por teléfono que no estaba bien.
¿En algún momento lo estás? - La observó por encima del hombro.
¿Qué día es hoy? - Frunció el ceño. - ¿El día de "Golpeemos a Lucy"? - Ambas cejas se elevaron mostrándose indignada.
Solo quiero que veas la realidad y de una vez por todas entiendas que no estás bien. - Resopló. - ¿Acaso eso no es lo que hacen las amigas?
¿Querer internarme en un loquero? - Mantuvo la postura.
¡No digas idioteces! - Situó con violencia la taza que se encontraba sosteniendo lo que provocó que ambos cuerpos se sobresaltara.
No quiero quedarme sin vajilla... - Musitó por lo bajo.
¡Estoy nerviosa! - Gritó Elena sin previo aviso, volteando sobre el eje. - Estoy nerviosa y preocupada por vos.
¿Preocupada por mí? - Ambas manos golpearon contra la mesada frente a ella, situándose de pie de forma inmediata. - ¡No me estoy por morir Elena!
¿Cómo es que estás tan segura? - Titubeó. - ¿Te fuiste a hacer análisis? - No esperó respuesta. - A lo mejor esos dolores en la cabeza, esas puntadas, esos sueños, esas voces... Son producto de... - Guardó silencio inmediatamente.
Los ojos de Lucy se elevaron automáticamente, encontrándose absorta ante lo dicho.
¿Producto de que, a ver? – Consultó sujetándose el tabique. - ¿Pensás que tengo un tumor? – Rió para sí misma ante el mutismo adoptado. - ¡Es increíble!
¿Por qué? – Chilló. - ¿Y si lo tenés? – Arqueó las cejas. - ¿Y si estas enferma y no tenés la capacidad para notarlo? – Inhaló profundo. - ¡Soy tu amiga! – Volvió a estallar.
Como mi amiga, lo que más espero es un poco de tacto de tu parte. – Abrió ambos ojos. - ¿Esta es la respuesta a mis problemas? – Frunció inmediatamente el ceño. - ¡Mis problemas no son enfermedades!
¿Cuáles son tus problemas? – Revoleó un tenedor a la pasada a causa de un movimiento nervios. Se sobresaltó generando una pausa.. - ¿Es esa mujer extraña que por alguna maldita razón te dice Quinn?
Cerró ambos parpados pesadamente dejando que la frente se situase sobre las palmas.
Estaba apesadumbrada.
Esa mujer extraña se llama Rachel. – Suspiró. – Y levanta el tenedor que acabas de tirar, por favor.
Deberías dejar de ser tan estructurada – Realizó lo pedido. - ¿Es eso lo que te tiene así? – Reiteró, acercándose. - ¿Es por ella que estás tan alterada?
¡Por ella y por lo que digo! – Gritó recobrando la postura. – Actúo como una maldita demente ante su persona, ante las demás.
Dicho movimiento generó una reacción adversa por parte de la morena, quien a modo de defensa se apartó de su amiga. Ambas miradas conectaron de forma inmediata. Esos ojos verdes se mostraban desesperados.
¿Es posible soñar con alguien que no conoces? – Expresó agitadamente. – Por favor, decime que alguna vez te pasó.
Si alguna respuesta provino en base a la pregunta, ya no era de su incumbencia.
Hacía más de varios minutos que su mente divagaba por algún sector indefinido. Indefinido conscientemente porque tanto ella, como su cabeza sabían que era lo que la tenía a mal traer.
Lucy sabia que la realidad había vuelto pero esa sensación de desazón y soledad no se habían ido con el sueño.
Como si fuese adrede, todo incrementaba.
Flashback: domingo 8 de marzo de 2015.
Vos… - Susurró la rubia con dificultad. – Sos vos…
La saliva de Rachel se volvía más espesa que nunca a la vez que el movimiento de las pupilas transmitía el desconcierto interno que estaba padeciendo.
Conectó rápidamente con Santana quien se mostró igual de desconcertada que la morocha. Ambas buscaban una explicación ante ese comentario.
La morocha balbuceaba sin saber correctamente que decir al respecto. Necesitaba una respuesta a todos sus interrogantes.
Notaba la mirada perdida de Lucy. Padecía esos ojos verdes analizándola por completo por lo que debía realizar las preguntas justas y precisas.
¿Quién soy yo? – Inquirió finalmente con algo de temor.
Esperó una respuesta favorable, a la vez que seguía con atención antes cada movimiento efectuado. La rubia reincorporó el cuerpo con lentitud y recibió con gratitud el vaso entregado por Brittany.
Bebiéndolo de un sorbo aclaraba para sus adentros lo acontecido.
Sos vos… - Dudó un instante. – Sos vos la responsable de escribir los temas de la banda. – Carraspeó. – Me lo dijo Paul recién.
Sin poder evitar que la mirada transmitiese ese dejo de desilusión que padecía, mascullaba lo sucedido.
No la había recordado.
No entendía porque aún seguía esperando absurdamente algo que nunca iba a ocurrir.
No existía para Lucy y había quedado demostrado.
Era Rachel, su compañera de banda.
¡Un momento! – Irrumpió la latina rompiendo toda tensión posible. – Se suponía que yo también compondría temas para la banda.
Lo único favorable que la morocha podía notar, era que contaba con el apoyo de Santana.
Eran amigas y estaba demostrado.
Aquel vistazo cómplice, que le había entregado al finalizar la frase determinaba lo dicho. La estaba cubriendo, estaba ayudándola a salir del mal transe al que acababa de ser sometida sin previo aviso.
Una mueca en sus labios denotaba que Santana estaba siendo humana por primera vez en mucho tiempo.
Eso no es algo que debas discutir conmigo. – Afirmó la rubia sujetándose la frente. – Creo que va a ser conveniente suspender el ensayo…
¿Suspenderlo? – Gritó imponiéndose. - ¿Cómo se supone que suspenderemos algo que nunca empezamos? – Abrió ambas manos en señal de asombro.
Creo que Lucy tiene razón. – Irrumpió Rachel captando la visual de las tres mujeres ante ella. – Se siente mal, es lógico que quiera estar sola… - Hizo una pausa. – Después de todo, estamos en su casa.
La latina caminó hacia donde se encontraban sus pertenencias. No hacía falta conocerla demasiado para entender el disgusto que estaba digiriendo.
Por si acaso alguien no lo hubiese hecho, su cuerpo se encargó de transmitirlo.
¡Esta banda se hunde! – Afirmó, dirigiéndose hacia Brittany. - ¿Vos pensás decir algo en algún momento de tu vida?
No estoy en el mejor de mis días Santana. – Fue tajante. – Así que si pensás pelear desde ya te digo que te busques otra víctima.
¡Genial! – Chilló. - ¿Saben qué? – No esperó respuesta. – ¡Me voy a hacer solista!
La virtud de saber la verdad, es que uno puede elegir qué hacer con ella. La mirada de Lucy decretaba que una mentira se ocultaba en lo más recóndito de su ser.
Podía negarla o podía aceptarla.
Ella, prefería hacer acopio de sus pensamientos.
Tenía en claro que por doloroso y extraño que fuese, todo sujeto tiene derecho a conocer su verdad. En demasía se busca con desesperación y muchas veces da miedo escucharla.
Miedo que Rachel estaba dispuesta a afrontar.
Toda su vida había sido una mentira. De principio a fin.
Era consciente que si esta vez negaba lo que era real iba a ser solamente su culpa cuando la misma estallase en sus manos.
Desde diferentes puntos de vista, junto a una verdad y una mentira, ambas preferían guardar silencio.
Fin del flashback
Los retóricos interrogantes producidos a causa de no saber que puede ser en base a lo que querés hacer y no haces. O acerca de dónde puede ir lo que querés decir y no decís.
Lo que no te permitís sentir.
Incógnitas que se repiten constantemente cuando la situación amerita dichas dudas. Esas veces en las que te gustaría que lo que decimos caiga en el olvido, al igual que ciertas palabras que oímos sin estar preparados.
Pero la absurda realidad es que lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo y nos llena el alma de gritos mudos.
Generalmente lo que no se dice se transforma en insomnio, en dolor de garganta, en nostalgia y destiempo. Esa angustia se convierte en una deuda, un debe, una asignatura pendiente que repercute en lo más recóndito de nuestro ser para hacernos saber que aun sigue ahí.
Todas esas palabras que callamos, aquellas que no tenemos valor para decir, se transforman en insatisfacción. Esa tristeza que padecemos nos agobia, nos frustra.
La realidad es que lo que no decimos no muere, nos mata.
Finalmente se transforma en un trauma, en un veneno que mata el alma y te encierra en el pasado. Pasado que muchas veces es más incierto que el futuro mismo.
Es una herida abierta que, al parecer, no tiene cicatrizante alguno posibilitado para sanarla.
Sentía esos pasos que se acercaban. No quería levantar la vista porque, para su desgracia, los conocía.
Conocía ese ímpetu a la hora de pisar, esa rapidez ejercida.
La conocía.
Santana finalmente elevó las pupilas aunque se negase a hacerlo. Dejaba de lado todo lo que pudiese estar realizando en su lugar de trabajo, para focalizarse en ella.
Ahí estaba, frente a su persona, la persona que esperaba ver según sus instintos.
Esperaba verla, no porque quisiese sino porque se trataba de algo inevitable.
Más después de lo ocurrido.
Que camines tan acelerada significa que algo malo pasa. – Arrojó antes de que Rachel siquiera pudiese abrir la boca.
Dame un whisky. – Espetó tomando asiento.
El ceño fruncido de la latina hablaba por sí solo. – Nada de alcohol a estas horas.
¡Santana! – Gritó, imponiéndose. – ¡Te dije que me dieses un whisky!
¡Rachel! – Golpeó la barra. – Si estás nerviosa anda al psicólogo, no vengas a MI bar, a MI lugar de trabajo. – Remarcó la palabra indicada autoseñalándose. - ¡No quiero escándalos! – Suspiró. – Estaba tranquila… ¿Sabes?
Situó ambas palmas contra la frente y presionó con fuerza los mechones que yacían entre los dedos. Necesitaba canalizar toda la ira contenida ahogando aquel grito que pretendía hacerse oír.
Buscó respirar pausadamente para calmar los fantasmas que la infundían pero nada servía.
Nada tenía sentido en sus adentros.
¡Estoy harta de todo! – Finalmente expresó en un chillido.
Por un momento creí que el manual "¿Cómo contener a Rachel?" estaba funcionando, pero veo que no. – Sonrió al notar la mirada expectante de la morocha.
¿Disfrutas mi sufrimiento? – Ambas manos se movían frenéticamente. - Lo disfrutas, ¿No?
Vos estás más demente que nunca. – Santana alzó ambas cejas evitando interceptar las miradas.
¿Por qué no me miras a los ojos? – Inquirió descargándose con el labio inferior.
Varias mordidas sobre el mismo buscaban canalizar dicho pesar.
Inquirió esos ojos color avellana. - ¡Bien! – Juntó ambas palmas, situando los codos sobre esa barra que las separaba. – Te escucho Rachel. – Se mostró seria.
Tragó saliva con algo de dificultad y procesó si dicha actitud era favorable. Se acomodó en la banqueta, respiró y cerró los ojos.
Creo que mi vida es un caos sin sentido y que por mucho que quiera ordenarla al final siempre termino en el mismo punto. – Suspiró.
No entiendo. – Expresó con rapidez la latina.
Le dolía la sensación de soledad y se sentía incomprendida. Había hecho ese largo trecho solo para encontrarla y se veía en medio de una bruma que la envolvía en el recuerdo de un abrazo, de un beso y en la innegable sensación del olor de Quinn en su piel.
Carraspeó incómodamente y situó dos mechones inoportunos detrás de cada oreja. Analizaba todo lo que se encontraba ante ella, para finalmente hacerse dueña de unas cuantas servilletas.
El temblor en las manos, producto del nerviosismo, le generaba algo de dificultad en el movimiento efectuado.
Los ojos de Santana seguían cada gesto con cautela. Su forma de expresar algún sentimiento ante dicha acción se veía efectuado por la presión del ceño. Inhabilitada a la hora de emitir comentario, intentaba entender que estaba realizando.
Rachel contorneaba uno de los labios con la punta de la lengua. Sin previo aviso se disponía a trazar finas líneas con el bolígrafo proveniente del bolso que traía junto a ella.
Rápidamente movía la mano derecha ultimando detalles.
Rachel… - Masculló. - ¿Qué demonios… - No logró continuar.
¡Sh! – Exigió agresivamente. – Ya casi termino.
Ubicó el puño sobre la última servilleta a utilizar y realizó un nuevo garabato. Con más desesperación que las veces anteriores, daba por finalizada esa especie de clase didáctica que buscaba implementar.
Sonrió para sí misma, visiblemente satisfecha, y giró su creación hacia la espectadora.
Ambas miradas se encontraron.
Vos estas enferma. – Afirmó Santana algo ofuscada. - ¿Se supone que soy yo? – No esperó respuesta. - ¡Yo no tengo esa cara de culo todo el tiempo!
Es la que tenés ahora. – Sacudió el rostro. – ¡No es el punto! – Suspiró. – Focalicémonos en lo importante… - Hizo una pausa. – Estás somos nosotras.
No. – Negó con seguridad. - Habla por vos. – Determinó.– Claramente ese dibujo no soy yo.
¡Por favor! – Gritó. – Es un maldito dibujo.
¡A Lucy la hiciste linda! – Se quejó, inspirando con fuerza. – Esta bien… - Buscó la calma. – Supongamos que ese ceño en mi frente no está fruncido y que mi cara es más amigable de la que acabas de graficar… - Hizo una pausa deteniéndose en el movimiento de ese bolígrafo. - ¿Qué haces ahora?
Te dibujo una sonrisa así dejas de actuar como una nena. – Criticó sin elevar la vista. - ¿Te gusta ahora? – La fulminó con la mirada. - ¿Es acorde a tus expectativas?
¿A que querés llegar con estas caricaturas horrendas? – Tragó saliva conscientemente procesando la ira interna.
Las esparció correctamente sobre la barra y situó cada personaje, uno al lado del otro. Aclaró la garganta y se aseguró de que su par la siguiese a la perfección ante la clase didáctica que comenzaba a brindar.
Como veras estas somos nosotras. – Señaló por encima. – Empecemos de a una. – Observó de reojo y notó la afirmación con el rostro por parte de la latina. – Lucy. – Hizo una pausa.
Lucy en tu sueño se llama Quinn. – Irrumpió sin que nadie se lo permitiese.
Balbuceó para sus adentros. – Primer punto… Ese. – Carraspeó. – Segundo, era hermana de Brittany… - Señaló el otro dibujo.
La skater descerebrada. – Afirmó con un movimiento. – Te sigo.
Ella tenía una novia… Llamada Alison. – Elevó una ceja. – Que al parecer la saque de alguna revista o algún lugar inexistente porque no veo que frecuente el ambiente de Lucy. – Rápidamente el entrecejo se presionó. – Tampoco considero que sea lesbiana.
¿En tu sueño lo era? – Juntó ambas manos. – Con ese corte de pelo parece un nene… - Notó esa mirada fulminante. - ¿Qué? ¿Encima no puedo opinar?
¡Opina cosas que aporten en este conflicto Santana! – Recriminó, focalizándose nuevamente en lo que intentaba transmitir. – No solo tenía el pelo corto sino que su aspecto era más rebelde y con un color rosa bastante llamativo…
¿Yo como era? – Consultó. – No es que sea egocéntrica, realmente estoy intentando ayudar. – Se justificó.
Vos… - Pensó un instante. – No afrontabas tu sexualidad, amabas a Brittany de una forma incondicional… - Fue interrumpida.
¡Qué horror! – El gesto generado con la boca lo plasmaba. – Agradezco que lo hayas soñado.
Eras feliz. – Arremetió con firmeza. – Tus papas eran millonarios y tu felicidad era nula hasta… - Sonrió para sí misma. – Hasta que llegó a tu vida. – Suspiró. - Con ella lograbas ser vos misma.
Ajá. – El rostro de la latina se mostraba indiferente. - No me interesa. – Recobró la postura correcta. – No me interesa que tan millonaria pude ser o que tan feliz o lo que mierda sea… - Codició. - ¡Esta es mi maldita realidad!
Cuando te exasperas me dan ganas de insultarte. – Arrojó Rachel sin escrúpulos.
¿Desde cuándo la violencia? – Espetó sorprendida.
Desde que intento mostrarte que las cosas están invertidas. – Detuvo el comentario de forma inmediata.
Elevó el rostro y conectó con la mirada confusa de Santana, quien expresaba en cada mueca el desconcierto repentino que la apoderaba.
¿Qué pasó ahora? – Indicó la latina cruzándose de brazos. - ¿Te vino una especie de visión del mas allá? – Agregó revoleando los ojos.
Pudo sentir como un bollo de papel se estrellaba contra ella. - ¿Qué haces? – Gritó.
No me gusta que te burles. – Atacó Rachel con autoridad. – Vos tenés la vida de Brittany… - Finiquitó permaneciendo con la boca abierta por completo.
Analizó la situación sin querer y del mismo modo llegó a esa conclusión que tanto ansiaba.
¡Qué genial! – Ironizó la latina. - ¡Tengo la vida de una maldita friki!
Ella era pobre y su madre la había dejado… - Continuó explicando para sí misma a la vez que ignoraba por completo el comentario emitido por Santana. – Vos tenías dinero pero no encontrabas ese apoyo familiar…
Poco a poco hilaba varios cabos sueltos a la vez que sentía como la respiración comenzaba a menguar. Entendía ese rompecabezas que intentaba reconstruir y comprendía por primera vez en cinco años como era este juego planteado por la vida misma.
Comenzaba a entender las situaciones que la rodeaban.
¡Necesito hablar con Lucy! – Expresó la morocha con desesperación.
Cuando te pones en ese estado me das un poco de miedo… - Acotó pausadamente.
¡No! – Meció el rostro mientras alzaba la vista y se focalizaba en Santana.
Y cuando me miras así, me das terror. – Agregó con ambos ojos abiertos a la par.
¡Necesito que vos hables con ella! – Arremetió aceleradamente.
¿QUE? – Chilló. - ¡Vos estas delirando completamente! – Caminó hacia otro sector. – Eso es totalmente irracional.
¿Por qué? – Golpeó la madera. – Te estoy pidiendo un simple favor… Necesito que hables con ella y averigües como es su vida… - Suspiró. – Necesito saber si es Quinn…
Y yo necesito que dejes de meter gente en el medio cuando el asunto es solo tuyo. – Frunció el ceño. – No lo hago de mala… No te confundas. – Se defendió pero no logró continuar.
Nunca dije eso. - Musitó.
¡Pero lo pensaste! – Inhaló profundo. – Rachel… Tenés que afrontar la situación… - Humedeció los labios. - Tenés que enfrentarla y sacarte todas las dudas de una vez.
Ese silencio repentino lo decía todo.
Por parte de la morocha, se encontraba en un debate interno en base a lo que podía ser correcto o no.
Por parte de la latina, simplemente buscaba hacerla entrar en razón.
Anda a la casa… - Recomendó - Es mejor que lo hables cara a cara. – Concluyó mostrándose más compresiva que nunca.
Yo sinceramente no entiendo como podes soñar con alguien que no conoces. – Expresó Elena meciendo el rostro a la vez que terminaba de preparar la merienda. – Si nunca antes la viste… ¿Cómo es posible que sueñes con ella? – Elevó el tono asegurándose ser escuchada.
¡No dije que fuese ella! – Gritó Lucy desde el salón. – Solo digo que por momentos, cuando la veo en ciertas posturas, la confundo… - Balbuceó. - ¿Es necesario que hablemos a esta distancia?
Se recostó sobre el sillón donde se encontraba sentada sin dejar de observar hacia la cocina, lugar donde provenía la voz de su amiga. Notó como Elena dejaba aquel sitio con esa bandeja repleta de comida e infusiones mientras esperaba una cantidad incontable de interrogantes a los cuales no podía brindar ningún tipo de respuesta.
Desde que tenés estos sueños tu humor es más intolerante que antes. – Criticó sentándose a su lado. – Yo entiendo que la situación es la peor, pero tampoco te sirve encerrarte como lo haces.
Dejó que ambos parpados se cerraran pesadamente, reincorporándose sobre el asiento. – Te dije que se me partía la cabeza… - Susurró.
¿Esa es tu manera de huir a los problemas? – Mantuvo la postura. - ¡Tenés que ir a hacerte ver Lucy! – Recriminó sin demasiado éxito.
¡CORTALA! – Gritó saliéndose de sus cabales. – Si necesitara una persona que me taladre el cerebro cada vez que tiene la oportunidad seguiría viviendo con mis padres. – Criticó mostrándose agitada.
Parece que tenés los días femeninos todas las semanas del bendito año… - Musitó revolviendo el café que se había preparado.
¿Qué? – Alzó la vista. - ¿Qué dijiste? – No esperó respuesta. - ¿Estás insinuando que soy una histérica?
No insinúo nada Lucy. – Conservó la calma. – Solo considero que estás algo alterada últimamente.
¿VOS COMO ESTARIAS ELENA? – Volvió a elevar el tono. - Escucho voces todo el tiempo, cada vez que lo hago me baja la presión o lo que sea que me ocurre que lleva a que pierda la noción de todo. – Tomó aire con desesperación. - ¡Sueño con cosas que no registro! – Movió las manos desesperadamente. – Como si fuese poco, una y otra vez…
No me levantes la voz… - Esperó que se calmara. - Creo que fui clara cuando te dije que vayas a hacerte ver. – Sujetó el té que aún se encontraba sobre la bandeja. – Es de tilo. – Agregó extendiéndoselo.
¿Qué me dijiste? – Frunció el ceño ignorándola. – Me recomendaste que leyera un libro, que poco me está ayudando… - Elevó una ceja. - ¿Qué pretendes que le diga al médico? – Tragó saliva. – "Hola Doctor, tengo visiones extrañas y escucho voces de algún sitio del mas allá" – Abrió las palmas. – Claro ¡Total! La que termina en el loquero soy yo.
Sos tan infantil por momentos. – Expresó la morena pacíficamente.
Espero algo de apoyo de tu parte… - Reprochó apaciguando el tono.
La pelea que estaba a punto de desencadenarse debió esperar a causa de un intrépido sonido que osó interrumpir en esa sala. El timbre ocupaba el papel principal entre ellas y situaba un paño húmedo.
Los ojos de ambas se cruzaron como si a través de las pupilas pudiesen decidir quién debía abrir.
¿Podes atender? – Indicó la rubia volviendo a recostarse.
Es tu casa Lu. – Expresó sin demasiada oposición.
¿Desde cuándo te da pudor abrir la puerta? – Ambas manos cubrían la frente generando la presión necesaria. – Por favor Ele, no me siento bien…
Resopló a causa de las sucesivas peleas que se venían gestando y finalmente se dispuso a atender aquel portero eléctrico que volvía a sonar con insistencia.
Colocó el tubo sobre la oreja, determinando de quien se trataba.
Ella no se encuentra disponible para atenderte en este momento, pero puedo decirle que pasaste... ¿Cómo es tu nombre? – Consultó como si se tratase de una criada. – Aja… Rachel…
La reincorporación por parte de Lucy fue inmediata.
Trató de asimilar lo expresado por su amiga mientras recapacitaba dentro suyo si aquello no era más que una nueva alucinación.
¿RACHEL? – Gritó desconcertada.
Esperame un momento. – Indicó hacia el aparato. – Si, es ella… - Se dirigió hacia la rubia. – Creía que te sentías mal.
¡Hacela pasar! – Finalmente exigió.
Subí. – Repitió la morena instantáneamente dando paso a que el dedo pulgar activara la apertura de la puerta.
Eligió subir por las escaleras, necesitaba recapacitar y pensar un buen discurso para darle a esa persona que estaba por enfrentar. Rachel pisaba con cautela cada escalón que determinaba su trayecto, con la mente completamente ida. No podía seguir negando la verdad incluso sabiendo que al ser dueña de ella disponía de tiempos privilegiados a la hora de utilizarla.
La vida no dura para siempre, por lo que no podía dejar que más tiempo siguiera pasando para afrontar la situación.
Era el momento. Debía hablar con ella.
Podía vivir negando la realidad, pero lo único que ganaría seria desperdiciar aún más su vida. Aquella que intentaba reconstruir.
La verdad era esta, no podía seguir ocultándola. Muchas veces afrontar los peligros y miedos, está en uno mismo.
Era hora de elegir.
Sus ojos estaban cansados de llorar por algo que nunca iba a ser. Estaba frente a ello, debía actuar.
Muchas veces esa realidad no interpela, nos pregunta, nos arrincona y no siempre encontramos respuesta.
No hay certezas.
La duda gobernaba cada músculo en Rachel sabiendo que todo se podía desmoronar y no salir como había planeado. La verdad asusta, despierta, acude y paraliza. Te mostrás al desnudo y a veces esa desnudez se torna incomoda.
Sentía como un escalofrío la recorría. Podía percibir ese dejo de libertad que la situación por si misma le generaba.
Libertad mezclada con confusión.
Estar frente a esa puerta de madera le indicaba que había llegado. Eso mismo no ayudaba a que su nerviosismo cesase.
Inhalando y exhalando en repetidas ocasiones, se sentía más valiente que nunca y con la fuerza necesaria. Sabía que la verdad a veces dolía, pero esta vez no temía hacerle frente a los miedos. Esta vez no tenía dudas de lo que estaba por realizar más allá de que su mano temblase sin control luego de los tres golpes ejercidos.
La espera parecía eterna.
Los segundos se ralentizaban.
Todo a su alrededor parecía pausarse cuando ese rechine proveniente de aquella madera abriéndose la sacó de todo pensamiento interno.
Como un flash, como los fotogramas de una película, todo lo que sucedió después de aquel acto invadió sus pupilas de forma repentina.
Rachel se mostraba estupefacta frente a lo que se encontraba ante sus ojos. La única reacción existente fue la de atinar a decir el primer recuerdo que apareció en su mente.
Alison… - Musitó con un hilo de voz.
Quiero hacer una aclaración que a mi parecer no se entendió:
Lucy no es Quinn. Al igual que Santana y Brittany tampoco lo son.
Todas eran una proyección de la mente de Rachel mientras que las mencionadas en esta historia son personas de carne y hueso.
Si, tienen la misma imagen, inclusive los mismos nombres, pero son personas distintas.
Si ya lo entendieron, perdón por ser repetitiva solo quería dejarlo en claro porque es la base de la historia y sus RW mencionándola como Quinn me hace dudar que se haya entendido.
Dicho esto, las invito a dejar sus firmas jajajajaja
¡Oh! Por cierto... ¿Elena es igual que Alison?
