Broken Pieces

En Pedazos

Por Linay

Traducido por Inuhanya


-Disclaimer-

Yo no creé a Kenshin & Kaoru! O a Megumi, Aoshi, Katsura o Takasugi. Pero los distorsioné para los propósitos de mi historia.


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Capítulo 14 – Un paso adelante

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Peones viviendo y muriendo,

Jugamos el juego

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Sueños de flores lavanda nevando entre cedros. Un pacífico lugar. Un silencioso lugar. Kenshin sintió como si estuviera flotando, suspendido perezosamente en un mundo de olores dulces y gentiles caricias. Los dedos de sus pies tocaban el suelo cubierto de pétalos. Enroscado a sus pies yacía el elástico cuerpo de una mujer durmiente, pétalos esparcidos sobre su desnudo cuerpo. Se arrodilló a su lado y trazó su dedo por su lechoso brazo.

Algo faltaba. Algo que debería haber estado presente en su sueño estaba ausente. Permanecía mirando entre el viento de pétalos. Realización descendió sobre él como el sol.

No había pesadilla. Ni sangre.

Kenshin levantó su rostro hacia la dulce brisa e inhaló, un sentimiento cercano a la alegría llenó sus sentidos.

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Cuando Kaoru despertó, fue casi por un inusual olor. Sus fugaces sueños dejaron rastros de bosques profundamente arbolados y montañas de jabonosas burbujas. Ella inhaló profundamente y encontró que algo aún olía suavemente a cedro junto con jabón. La rara área gris entre el sueño y el despertar era plácidamente incitante. En vez de abrir sus pesados párpados, olió sus alrededores cuidadosamente, girándose para que su suelto cabello fuera sostenido bajo su mejilla.

El dulce aroma de lavanda de repente fue muy fuerte. Un ligero frunce apareció en la frente de Kaoru. Extrañamente, el aroma parecía provenir de su cabello. Imposible, por supuesto.

Ella se giró hacia el otro lado, sumergiéndose en el calor de las cobijas. Inmediatamente, el olor leñoso se incrementó dramáticamente. Otro nudo en su ceño. Entonces, algo se movió a su lado.

Los ojos de Kaoru inmediatamente se abrieron, terminando el delicioso adormecimiento. Ante sus ojos, yacían un par de jeans negros. Excepto que los jeans no estaba vacíos. Sus ojos subieron desde las piernas hacia un desnudo pecho y fuertes brazos cubiertos en largos mechones de rico cabello rojo.

Instantáneamente, Kaoru se quedó muy quieta, el origen del aroma a cedro ahora era dolorosamente obvio. A simples pulgadas de ella, Kenshin estaba sentado en la cama con su espalda contra la pared. Sus ojos azules subieron para ver su rostro y sus cejas inmediatamente se elevaron. Su rostro finamente destacado estaba ladeado y descansando contra la pared, su fiero cabello suelto cayendo sobre sus hombros y espalda. Sus ojos estaban levemente cerrados y estaba respirando continuamente.

Podría ser que estuviera dormido?

Kaoru parpadeó y luego se miró a sí misma, moviendo levemente las cobijas a un lado. Sólo pudo quedar boquiabierta sorprendida ante el rosado brillo de su piel. Levantando su cabeza para oler sobre su hombro, se dio cuenta que ella misma era el origen del delicioso aroma jabonoso. Examinándose un poco más, se encontró envuelta en lo que parecía ser la bata azul de Kenshin.

Su rostro se enrojeció mientras recordaba gradualmente las íntimas condiciones de la noche anterior. Moviéndose bajo las cobijas, Kaoru cerró sus ojos y esperó por que el hombre dejara la cama.

Desde arriba, los ojos de Kenshin se abrieron lentamente. Con su pecho aún se levantándose y cayendo con los satisfactorios rollos de descansado sueño, Kenshin observó el bulto humano bajo las cobijas con vaga diversión. Era extrañamente entretenido ver los suaves rastros de cabello negro escapando de su cobija y las apretadas manos cerradas alrededor de las sábanas escudando su rostro.

"No es saludable estar tan tensa en la mañana," comentó él suavemente mientras se levantaba fluidamente.

"Desde cuando tienes sentido del humor?" espetó Kaoru a su espalda en retirada, asomándose sobre las cobijas.

Girando por la esquina hacia la cocina, Kenshin pensó en su pregunta. Desde cuando HABIA tenido sentido del humor? Pensándolo, cuándo había tenido tan pacífico sueño? Rotando sus hombros, Kenshin sacó una olla de un gabinete y comenzó a llenarlo con agua. Desayuno.

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"Katsura!"

"No, Shinsaku. Sabes que es imposible."

"Sólo estoy pidiendo permiso para recuperarla."

"Y como dije," Katsura suspiró, "Sabes que es imposible."

Takasugi se paseaba en la oficina, una mano pasando perpetuamente por su desordenado cabello. "No puedes esperar que me siente aquí y no haga nada!" murmuró él entre pasos bruscos, "Por amor de dios, sólo déjame ir a liberarla de ellos."

Katsura suspiró otra vez y se levantó. "Shinsaku," dijo él planamente, "Piensa racionalmente."

"Racionalmente?" lanzó él, "Cómo puedo pensar racionalmente cuando la que más amo probablemente esté siendo golpeada mientras hablamos?"

Rodeando su escritorio, Katsura se acercó al agitado hombre y colocó sus manos en sus hombros. "Sabes que entiendo," dijo él suavemente, "Y sabes que debes soportarlo por causa del todo."

"Mi inocente Uno debe sufrir-"

"Sí," interrumpió Katsura, su voz brusca, "Qué crees que pasará si entras allá y la rescatas?"

Takasugi apretó sus dientes frustrado. Sabía que si fuese a hacer algo para ayudar a Uno, ellos lo sabrían. Sería seguido hacia Katsura y la organización Choshu. Serían expuestos, arrestados, disueltos. Todo lo que cuidadosamente habían construido sería destruido.

"Malditos," dijo Takasugi amargamente entre dientes.

"Lo serán," reconoció Katsura de mala gana, "Pero sólo si nos ceñimos al plan. Si te revelas ante ellos, seremos destruidos. Si la organización Bakufu descubre que la organización Choshu está contra ellos, seremos eliminados. Aún no estamos listos para eliminarlos."

"Si sólo," Takasugi respiró, sus ojos ardiendo con inminentes lágrimas, "Si sólo-"

"No pueden haber arrepentimientos, Takasugi Shinsaku. Elegimos este camino. Tú y Uno eligieron este camino cuando se enamoraron. Ellos la atraparon por sus conexiones contigo."

"Cómo podemos construir paz si no podemos proteger a los que amamos?"

Katsura se giró, sus ojos calmados, compuestos y fríos. "La paz no es para nosotros sino para los que estás detrás de nosotros. Su paz será construida sobre nuestros cuerpos y los cuerpos de los que amamos."

Takasugi resopló y miró por la ventana para observar los tonos rojizos del amanecer.

Un mundo de rojo.

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Todo lo que Uno podía ver era rojo. Y todo lo que podía escuchar era esa fría voz, instigando continuamente.

"Dime, mujerzuela," susurró entre sus gritos, "Qué se trae Choshu?"

Al principio, ella había protestado con ingeniosos remarques. "No son tus aliados?" "Por qué no sabes lo que están haciendo?" Pero entonces el mar rojo había llenado sus ojos y sólo podía escupir sílabas.

"Te preguntaré otra vez," vino el susurro, "Qué están haciendo a nuestras espaldas?"

"Nada." Un jadeo.

"Otra vez?"

"Nada!" Esta vez fue un grito de dolor.

Oh dios déjenme descansar.

"Cuál es tu nombre?"

"Linda."

"Tu verdadero nombre."

"Linda."

Otra vez hubo ese horrible hedor de carne quemada. Y luego esos agudos gritos.

"Nombre?"

"Linda!"

Los gritos se elevaron otra vez mientras el olor de ennegrecida carne quemada la hizo vomitar. Su propia carne y voz.

Pero sus susurros se habían detenido. Sólo sus gritos permanecían. Y de repente sintió a su voz morir dentro mientras caía de rodillas. Uno levantó la mirada y vio, a través de una niebla rojo, los más hermosos ojos azul grisáceos. Algo estaba apresurándose de ella. Era un río; su vida se derramaba por su amado. Uno cayó desde el hermoso cielo gris.

Esto es amor.

Ella cayó en un mar rojo.

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Desde el baño, Kaoru podía escuchar a Kenshin vertiendo el agua sobre los platos del desayuno. Estaba levantando la ropa de la noche anterior, alisándola y doblándola en el proceso. Mientras alisaba la minifalda que había estado usando la noche anterior, sus ágiles dedos pasaron sobre un bulto en un pequeño bolsillo. Kaoru sacó el duro objeto con el pulgar y el índice, girándolo hacia la luz.

Un delgado aro plateado. Linda, o mejor Uno, había presionado un pequeño anillo en sus dedos la noche anterior. Kaoru frunció, recordando el requerimiento de Uno de entregarle el objeto a alguien. Pero a quién? Desechando la idea de su mente, Kaoru deslizó el delgado anillo en su propio dedo índice.

Mientras tanto, Kenshin estaba metiendo los platos limpios en el escurridor. Los dos habían comido un modesto desayuno de sopa miso y pescado, luego separado amigablemente hacia otra labores. De alguna forma, se habían instalado en un semi cómodo silencio.

Mirando a un lado, él vio a la chica acurrucarse en su sofá de cuero, recogiendo los holgados pantalones que estaba usando. De hecho, estaba usando sus pantalones sudadera, la correa atada para que el material se ciñera a sus esbeltas caderas. Presentemente, estaba hojeando una vieja revista que había estado tirada al lado del sofá.

Él había sido el que sugirió la sudadera, aunque no en una forma verbalmente coherente. Ella había estado llevando sus platos al lavaplatos cuando había desaparecido en la habitación por un momento. Cuando emergió de la cocina, Kenshin había tirado los pantalones en los sorprendidos brazos de Kaoru. Ante su perpleja mirada, sólo se había encogido de hombros y murmurado de mala gana que no necesitaba ocupar su bata azul todo el día. Ante su murmuración, se había encogido y obedecido. Nada de explosiones ni objeciones. Cuando había reaparecido después de cambiarse, su cabello estaba recogido en una cola de caballo. Como una imagen sacada de contexto, parecían como dos compañeros de habitación en sus asuntos diarios y no como un asesino y su temperamental cautiva.

Mientras cerraba la tapa y retorcía el agua de sus manos, Kenshin se preguntó brevemente si estaba perdiendo un límite que tenía sobre ella. La joven parecía tan relajada y cómoda. Era antinatural. Por otro lado, no podía negar que se sentía mejor con la presente y sencilla atmósfera. Casi se sentía como si sus músculos lentamente estuvieran soltándose.

El teléfono sonó. La chica saltó y se lanzó sobre el espaldar del sofá. Retiró el teléfono de la base antes de que Kenshin terminara de secar sus manos en una toalla de cocina.

"Hola?" dijo ella dulcemente en la bocina, subiendo una tira de su top blanco, "Por supuesto, aquí está."

Ella alcanzó el teléfono hacia la extendida mano de Kenshin, ignorando su desaprobadora mirada. "Sí?" preguntó Kenshin, "Qué pasa, Katsura-san?"

Kaoru enroscó un mechón de cabello negro alrededor de su dedo índice, observando el impasivo rostro mientras conversaba.

"Escuela?" estaba diciendo él incrédulamente, "Pero Katsura-san, eso es prudente?"

Kaoru pudo escuchar a Katsura hablando desde donde estaba. Sus instrucciones duraron unos minutos, Kenshin frunció pero asintió todo el tiempo. Luego, sin palabras, le pasó el teléfono. Kaoru lo aceptó con una ceja levantada pero lo presionó en su oído.

"Hola?"

"Kamiya-san," dijo Katsura, su profunda voz parcialmente amortiguada por el teléfono, "Cómo te sentirías para asistir a la escuela por un día?"

"Me encantaría!" dijo Kaoru, de repente ansiosa, "No he ido por casi una semana y la gente ya podría haber pensado si algo me pasó."

"Eso es precisamente lo que no queremos," continuó Katsura, "Pero debes aceptar ciertas restricciones."

"Está bien por mi," respondió Kaoru, desechando sus continuas sospechas a favor de la idea de regresar a la escuela que se había perdido con frecuencia.

"Primero que todo," enumeró Katsura, "Debes aceptar tener a Himura-san a tu lado todo el tiempo."

Kaoru frunció pero no se interpuso.

"Segundo, debes dejar que Himura-san actúe como tu tutor – ya que hay algunos arreglos que deseo que haga en tu nombre. Ya he confirmado esto con tu escuela."

El frunce de Kaoru se profundizó pero el prospecto de ir a la escuela era muy bueno para rechazar, sin importar las restricciones.

"Finalmente, debes darme tu palabra de honor de que no intentarás escapar de Himura-san."

Kaoru permaneció en silencio por un momento, reflexionando el requerimiento. Escapar? Escapar a dónde y a quién? Aunque había presenciado tantas escenas grotescas en compañía de Kenshin, sus circunstancias no eran peor que cuando estaba al cuidado de Aoshi. De cualquier forma, siempre había sido una prisionera.

"Bien," aceptó ella.

"Por tu honor?"

"Por mi honor," repitió Kaoru gravemente, "No intentaré escapar de Kenshin."

"Gracias, Kamiya-san," respondió Katsura, "Aprecio tu cooperación."

A eso, Kaoru no pudo responder. Ella asintió enmudecida mientras Katsura vociferaba su despedida y colgaba. Ella reubicó el teléfono suavemente, sin intentar contener la radiante sonrisa que comenzó a emitir de su rostro. Iba a ir a la escuela.

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"Oye chico ninja!"

Aoshi pausó sus movimientos y miró sobre su hombro hacia el umbral de la puerta del salón de entrenamiento.

"Prepárate," dijo su fornido jefe, "Y vete."

Aoshi se enderezó. No necesitaba preguntar la razón para su despliegue. "A dónde?" preguntó él crespamente.

"Secundaria Fujiya," vino la corta orden, "Ella estará hoy en la escuela. Battousai estará cuidándola."

Levantando una fría ceja pero dejando sorda su pregunta, Aoshi esperó en silencio por más información.

"Tráela aquí," ordenó Hiko Seijuro, "Y no hagas patear tu estúpido trasero ninja mientras estés en eso."

Los ojos azules de Aoshi se fruncieron mientras se tensaba ante la referencia de su previo fracaso para protegerla. Su jefe esbozó una siniestra sonrisa.

"No estés tan tenso, ninja bobalicón. Sólo haz tu trabajo."

Con sus pasos cortos y precisos, Aoshi Shinomori se dirigió hacia su colgadero de armas. Inexpresivo y frío, guardó varias armas pequeñas en sus tobilleras, brazaletes y cinturón. Finalmente, levantó reverentemente dos cortas espadas idénticas. Una en cada mano, las levantó brevemente por sus largos mangos luego las giró elegantemente y las guardó detrás en su espalda, cruzadas. Agarró su largo abrigo beige de su perchero y lo colgó sobre él, arrojando el cuello para que el mohoso forro naranja fuera visible.

Mientras salía del salón y entraba a la encrespada mañana, sus pensamientos se volvieron enfocados, determinados y mortales. Hoy, pensó él, rescataría a Kamiya-san de las garras del demonio Battousai y luego lo mataría por su pecado. Sería simple, rápido y letal.

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Kaoru estaba recostada en el asiento de cuero del deportivo negro de Kenshin, alisando los pliegues en su negra falda escolar. Kenshin conducía en silencio; el único sonido era el ocasional cambio de cambios. Su silencio casi se había vuelto compañero. Kaoru comenzó a mirar por la ventana, observando pasar el vecindario. Habían entrado en el elegante lado de la ciudad, donde las casas tenían puertas aseadas y costosos autos parqueados en sus entradas.

"Sabes cómo llegar a mi secundaria?" preguntó ella tranquilamente.

"Sí," afirmó Kenshin cortamente.

"Secundaria Fujiya?"

Un breve asentimiento.

"Cómo?"

"Katsura-san."

Kaoru inhaló, intentando estar tan tranquila como fuera posible. Kenshin miró hacia la chica a su lado. Sus manos blancas estaban cerradas apretadamente en su regazo, sus ojos fijos en un escenario que pasaba. Había insistido en planchar su chaqueta escolar y su falda y comprar unas medias nuevas en el camino. Sus músculos faciales, notó él, estaban tensos.

"Estás nerviosa?" preguntó él de repente.

Ella se giró para mirarlo sorprendida. "Por qué preguntas?"

Él se encogió, regresando al camino. "Casi estamos ahí."

Kaoru asintió, acomodando su falda una vez más. "Vas a entrar?"

"Por supuesto," respondió él, "Ese fue nuestro acuerdo."

La alta estructura de ladrillo apareció delante de ellos entre arreglado árboles. La Secundaria Fujiya era pequeña como las escuelas, sólo unos cientos de estudiantes asistían – todos ricos y de élite. Los edificios de ladrillo eran hermosos y se elevaban magnificentes en el pequeño oasis de naturaleza. Kenshin entró en el parqueadero principal. Apagando el motor, abrió las puertas y miró a la joven.

"Lista?" preguntó él.

Kaoru asintió lentamente y abrió la puerta del pasajero. Cuando sus mocasines tocaron el pavimento, Kenshin ya estaba a su lado, extendiendo una mano. Levantando la mirada, tomó su mano cautelosa y se levantó del bajo asiento. Mientras permanecía de pie, alisando su planchado uniforme y enderezando su cuello blanco, Kenshin cerró la puerta de auto y luego estuvo ante ella, observando sus pensativos movimientos. Kaoru subió sus medias azul marino hasta las rodillas y luego se enderezó, pasando sus dedos una última vez por sus ordenados mechones y cola de caballo.

Entonces notó la mirada que su chaperón estaba dándole. "Qué?" preguntó ella, casi defensivamente.

Las oscuras cejas de Kenshin se juntaron levemente bajo sus rojos mechones. "Estás nerviosa," afirmó él.

Kaoru soltó una aguja carcajada. "Bueno, por supuesto! Estoy retrasada para mi primer día de escuela en toda una semana!"

Ella se movió de un pie a otro bajo su escrutinante mirada. Kenshin, mientras tanto, continuó adivinando sobre su última fachada. Había pensado, de sus expresiones anteriores, que estaba jubilosa por estar regresando a su escuela. Ahora, sin embargo, parecía estar completamente lo contrario. Él mismo había pensado que ir un día a su escuela sería desastroso; incontestables preguntas vendrían ciertamente. La historia que Katsura le había dicho sustentar a las autoridades escolares parecía lo creíble suficiente pero, aún así, Kenshin había tomado cuidado extra para parecer indescriptible y no amenazador. Había escogido su regular conjunto negro pero había optado un abrigo negro más que el tradicional abrigo japonés que usualmente usaba en las misiones. En vez de llevar su larga espada, sólo había colgado la espada corta en su cinturón. Su llameante cabello rojo estaba recogido en una alta cola de caballo, no diferente a la de Kaoru.

Pero a pesar de su anterior emoción, su cargo ahora estaba recogiendo nerviosamente los invisibles pelusas blancas en su blazer escolar, la valiente joven que había estado cuidando tan celosamente se perdió a una nerviosa estudiante. Eso lo confundía. "Por qué estás tan nerviosa?" inquirió él, su voz baja.

Otra aguda carcajada. "No lo estoy!" protestó ella, aún mirando su uniforme, "Amo la escuela!"

Lentamente, Kenshin avanzó hacia Kaoru y dobló un brazo alrededor de su cintura, presionando la palma de su mano en su espalda. Con sorpresa escrita sobre todo su rostro, Kaoru miró los inexpresivos rasgos de Kenshin, sus intensos ojos ámbar a pulgadas de los suyos.

"Me confunde," dijo él, su voz suave, "Que tengas tanto miedo."

"Miedo?" Kaoru comenzó a tartamudear, echándose atrás.

"Sí," repitió Kenshin, acercando más su rostro al suyo, "Miedo de cosas tan triviales como la escuela cuando nunca tuviste miedo de mi."

"Bueno, quién tendría miedo de ti?" espetó la niña.

Una sonrisa tiró de la comisura de los apretados labios de Kenshin. Empujó sus dedos por el cabello a un costado de la cabeza de Kaoru y dejó su palma suspendida cerca de su mejilla. Kaoru se paralizó.

"Palabras tontas," reprimió él en una suave voz. "Especialmente de alguien que ha visto la muerte en acción. No te avergüenzas de estar asustada de cosas tan pequeñas?"

Kaoru desvió sus ojos de su intensa mirada. "No es miedo," respiró ella.

Kenshin deslizó sus dedos por su mejilla y tomó su mentón en su índice y pulgar, forzándola a someterla otra vez a su perforadora mirada amarilla. "Entonces qué es, Kaoru?" Su nombre fue una orden y no una caricia. "Dime ahora. Tu vida sólo está en mis manos."

"Mi vida no le pertenece a nadie sino a mi," respondió Kaoru, su voz delicada y determinada, "Pero qué sabes, es temor. No miedo. Conoces la diferencia?"

"No." Kenshin continuó escrutándola. "Nunca he sentido ninguna emoción."

"Algún día lo harás."

"Tal vez." Ella pudo sentir el indiferente tono en su voz. "Pero por ahora…"

Su respiración se aceleró cuando él la acercó más, para que sus pechos estuvieran casi rozando contra el otro.

"Ten valor," dijo Kenshin, su voz tan baja como un susurro, "Y avanza valientemente."

Él la soltó de repente y se giró, dándole espacio para calmar su acelerado corazón. Kaoru miró la espalda del hombre, desacelerando lentamente su respiración. Kenshin miró sobre su hombro a la niña que había vivido más vidas que cualquier adulto. Una confusa combinación.

"Vienes?" preguntó él, su voz calmada.

Kaoru asintió rápidamente, saltando para alcanzar sus rápidos pasos.

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Desde la ventana de una alto edificio de ladrillos, Katsura Kogoro se giró hacia su asociado, Hiko Seijuro.

"Va bien, no crees?"

"Lo veremos," vino la brusca respuesta, "El día apenas ha comenzado."

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La oficina de escuela era estéril y blanca. Kaoru estaba sentada tan tranquila como pudo, observando las manecillas del reloj de la escuela avanzar. Kenshin estaba dentro de la oficina del director, discutiendo los arreglos para la escolaridad de Kaoru. De repente, la puerta de la oficina se abrió. La secretaria y Kaoru levantaron la mirada para ver al hombre pelirrojo salir al lado del director. Kaoru se levantó.

"Ha sido un placer hablar con usted, señor," estaba diciendo el director al serio Kenshin, "Todo los arreglos serán hechos como lo discutimos." El director se giró hacia Kaoru. "Sentimos escuchar de su recurrente enfermedad, Kamiya-san."

Kaoru sólo asintió enmudecida.

"Pero estamos seguros que tus profesores estarán felices de proveerte con material para estudiar en casa."

Mirando furtivamente a Kenshin, quien permanecía serio, asintió otra vez.

"Bueno, entonces," anunció el director, "Disfruta tu día en la escuela y te veremos la próxima semana!" Él se giró y tomó la mano de Kenshin.

Kenshin le dio al director un simple y corto asentimiento y luego avanzó para tomar a Kaoru por el codo. Ninguno de ellos miró atrás mientras la sacaba de la oficina. Tan pronto como la puerta se cerró tras ellos, ambos captaron el comentario del director a su secretaria.

"Extraña niña, esta."

"Siempre lo ha sido y siempre lo será," respondió la secretaria.

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Kenshin deslizó la puerta del salón de clases para Kaoru y entró con cuidado a la iluminada habitación, apretando los cuadernos a su lado. El salón estaba lleno con adolescentes riendo, todos vestidos igual. Ante el sonido de la puerta, la mayoría de los estudiantes les dio una mirada en su dirección, esperando al profesor. La inesperada llegada de Kaoru causó varias expresiones, todas de las cuales Kenshin anotó mentalmente. Una estudiante corrió de repente, su corto cabello negro botando.

"Kao-chan!" exclamó ella con una risita, "Otra vez te has ido por mucho tiempo!"

Kaoru asintió. "Ah, Tomomi-chan," reconoció ella simplemente.

"Bueno," Tomomi rió, "Guardé las notas de matemática para ti." Ella sacó un manojo de papeles y se las alcanzó. "Pero sabes lo mala que soy en inglés y en literatura así que no me molesté con esas notas." La presumida adolescente rodeó a kaoru para mirar a Kenshin.

"Quién es ese?" preguntó ella, moviendo sus ojos.

"Mi acompañante," respondió Kaoru.

"Kao-chan!" reprendió Tomomi levemente, "No te he visto por una semana y eres tan fría como siempre!"

Kaoru sonrió distantemente. "Siempre eres tan atenta, Tomomi-chan!"

"Ah," Tomomi continuó hablando, "Hirazawa-kun y Horimoto-kun siempre están preguntando por ti! Pero no es como si supiera dónde estás ni nada." Ella encogió sus hombros, solicitando una explicación.

"No," respondió Kaoru, pasando a la pequeña compañera y evadiendo la pregunta, "Pero no necesitas preocuparte por mi."

Silenciosamente, Kenshin la siguió mientras caminaba hacia un escritorio cercano a la parte trasera del salón. Se sentó y arregló sus utensilios de escritura. Él se detuvo sobre ella, colocando un dedo en su escritorio. Kaoru levantó la mirada, sus ojos azules pensativos.

Para que sólo ella pudiera escuchar, Kenshin habló suavemente. "Qué es ella para ti?"

"Lo verás," dijo Kaoru, un fantasma de una sonrisa pasó sobre sus labios.

La puerta del salón se abrió otra vez.

"Buenos días, estudiantes," anunció un alto profesor mientras entraba en el salón.

"Buenos días," respondieron los estudiantes, regresando rápidamente a sus escritorios.

"Tengo un anuncio," continuó el profesor, "He recibido un mensaje del director. Kamiya-san," él la señaló con la palma abierta, "Nos acompañará durante el día. Estará presente una vez a la semana con su acompañante, quien se quedará atrás."

Todos los ojos estaban en Kenshin mientras tomaba una silla en la parte de atrás del salón. Unas pocas risitas y susurros se levantaron como niebla en el salón. Pero los ojos de Kenshin estaban en kaoru y los ojos de Kaoru estaban en el profesor.

"Bienvenida, Kamiya-san," concluyó él, "Ahora, por favor abran sus cuadernos."

Durante la siguiente hora Kenshin examinó el salón como un halcón, memorizando cada rostro y rasgo mientras continuaba mirando a Kaoru, tan pronto como el profesor comenzó a enseñar sobre historia japonesa, ella comenzó a escribir dementemente. Observó su cola de caballo subir y bajar mientras alternaba entre estudiar el tablero y escribir sus notas. La concentrada mirada que portaba le dijo a Kenshin que estaba absorta de atención, absorbiendo cada palabra con sabor.

Sentado perfectamente erecto y callado, sólo los felinos ojos de Kenshin recorrían el salón. Mientras Kaoru se sumergía en la lección, los otros estudiantes estaban suspirando y susurrando mutuamente mientras la espalda del profesor estaba girada.

"Por qué está aquí?" Un vil comentario de una chica bellamente adornada.

"A quién le importa?"

"Pero dale un vistazo a su nuevo acompañante. Dios, no es sexy?"

"No sé," una risita, "Me gustaba más el otro. Alto, oscuro y guapo – ese es más mi estilo."

El otro? Kenshin dedujo que el antiguo guardaespaldas de Kaoru también la había acompañado a la escuela en ciertas ocasiones.

"Estás loca! Mira ese cabello rojo! Es hermoso."

"Qué injusto," un gimotea, "Por qué esa polla de baja clase tiene a todos los buenos?"

La punta del lápiz de Kaoru se rompió de repente. Con labios apretados, Kenshin observó mientras ella sacaba otro lápiz de su lapicero y comenzaba a escribir otra vez. Obviamente no era sorda.

"Estudiantes," la voz del profesor sonó, "Por favor esperen tranquilamente por el próximo profesor. Kamiya-san," añadió él, "Regresaré con tus materiales de estudio en un momento." La puerta se cerró cuando el profesor de historia dejaba el salón.

"Oye! Horimoto-kun!" Un estudiante masculino gritó desde el otro lado del salón a un pequeño compañero de gafas, "Tu extraña novia regresó. Ve a darle un beso!"

"Sí! Horimoto," otra chica se burló, "Debes estar contento de que esté de regreso desde que es la única que habla contigo!"

"Hah," una cruel risa, "Y protege tu tonto trasero!"

La clase estalló en risas y carcajadas. Horimoto estaba sentado temblando en su asiento, mirando sus papeles.

"Déjenlo en paz!" Una conocida y autoritaria voz femenina.

Los ojos ámbar de Kenshin regresaron a Kaoru, cuyos dedos estaban apretados en su lápiz furiosamente.

La atención de la clase inmediatamente dejó a Horimoto y se movió hacia Kaoru. La chica sentada junto a ella se inclinó y habló fuertemente.

"Oye, Kamiya-san," dijo ella en un tono falsamente privado, "También estás acostándote con ese tipo?"

El rostro de Kaoru se blanqueó. "Cállate, Miyazaki-san."

"Oh!" gritó un compañero, "Debes estar celoso, Horimoto! Ella está revolcándose con alguien más!"

"Pero por qué un tipo sexy como él querría acostarse con nuestra extraña residente?" la chica sentada más cerca de Kenshin preguntó ácidamente. Ella se giró y le guiñó a Kenshin. "Por qué no la echas y vienes a mi casa esta noche?"

Sin embargo, Kenshin no la miró. Sus ojos estaban fijos en Kaoru. Lentamente, su oscurecida mirada se movió por el salón. Extrañamente, notó él, la presumida chica Tomomi estaba usando una mirada de cruel fascinación. Sólo podía imaginar cómo sus sugestivos comentarios punzarían los dolorosos recuerdos de Kaoru. Le enfurecía que otros pudieran alimentarse tan fácilmente de su pasado. Otra joven recostándose casualmente en una ventana captó su atención.

"Kamiya-san," siseó su sarcástica voz, "Por qué siempre tienes tratamiento especial? Nosotros no vemos nada especial en ti. Perteneces con los perdedores y los aprovechados. Haznos a todos un favor y aléjate."

Kaoru giró sus incesantes ojos azules hacia ella justo cuando un estudiante estrelló sus pegajosas manos en el escritorio de Kaoru.

"Oye, Kaoru nena," se burló él sugestivamente, "Tal vez si entramos al armario, aprendas a relajarte un poco. Qué dices?"

Kaoru se levantó de su asiento, rabia brotaba de ella en ondas. "Qué te hace pensar que estaría atrapada contigo? Espetó ella, "O quieres que patee un afeminado trasero como la última vez que intentaste tocarme?"

"Tú eres la que siempre se exhibe con hombres mayores!" acusó él con mofa, meneando su dedo en su rostro mientras sus compañeros se burlaban de él, "Apuesto que no eres más sino una mujerzuela barata que se acuesta con todos los disponibles en orden de entrar a esta escuela con tratamiento tan especial."

Los ojos de Kaoru se abrieron con rabia. Ella se abalanzó violentamente, dándole a su compañero con el revés de su mano con fluida fuerza. El salón quedó en silencio.

"Idiota…" siseó el joven, limpiando la comisura de su boca. "Perra!" su voz se elevó mientras levantaba un puño.

"Regresa a tu asiento."

"Qué demon-" el joven miró detrás de Kaoru de donde la fría orden había venido. Su furiosa eyaculación fue interrumpida, sin embargo, cuando vio a la intimidante figura levantarse de su asiento y acercarse.

"Siéntate," ordenó Kenshin otra vez, su voz baja y peligrosa. Con sus dorados ojos no dejando el petrificado rostro del joven, Kenshin rodeó un brazo alrededor de los hombros de Kaoru y la haló en su pecho. "Ahora."

Descaradamente, el joven se escurrió en su escritorio y se sentó, sus ojos fijos en el atemorizante hombre. La puerta del salón se abrió y dos profesores entraron.

"Ah, Kamiya-san," dijo uno, "Bienvenida!"

"Creo que ha tenido suficiente por un día," respondió Kenshin por ella.

El profesor se encogió, levemente confundido. "Sí tú lo dices."

"Los materiales, por favor," Kenshin se dirigió al profesor de historia, aún sin abandonar su agarre en Kaoru.

"Por supuesto," respondió el profesor, avanzando y colocando un delgado libro en la extendida mano de Kenshin.

Él lo tomó y gradualmente deslizó su brazo de alrededor de los hombros de Kaoru. Sin otra palabra, salió de la clase, empujando a Kaoru delante de él por su baja espalda.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, la clase exhaló un colectivo suspiro de alivio – sin haber notado que habían dejado de respirar. Cómo podría un pequeño hombre ser tan atemorizante?

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"Kaoru." era la voz de Kenshin, llamándola. Pero ella estaba alejándose, sus pasos cortos y fuertes. Cómo podría alguien haberle dicho cosas tan crueles, a alguien. Las palabras habían punzado, cavando profundo en su pasado y encendiendo recuerdos pasados. Sus burlones rostros sacaron un fuerte frunce mientras subía marchando por las escaleras.

"Kaoru." Otra vez, pero esta vez una reprimenda. "Alto."

Ella se giró sobre sus talones en el último escalón, mirándolo. "Qué?"

"Estabas animada de ir a la escuela esta mañana."

"Y?"

"Qué pasó?"

Los hombros de Kaoru se hundieron. "Realmente nunca he sido popular," dijo ella suavemente.

"Pude verlo."

Kaoru miró su inexpresivo rostro. "Muchas gracias."

"Entonces por qué quisiste venir?"

Kaoru suspiró y se giró. "Amo la escuela. Amo los libros y las notas y el tablero. Amo sentirme como una estudiante." Ella bajó la mirada. "Amo sentirme normal." Ella subió otro paso y colocó su mano en el pomo de la puerta en la cima de las escaleras. "Y tengo pocos amigos realmente. Mayormente personas que toleran," rió ella. "Pero los otros…"

Kenshin también subió otro escalón. "Eres valiente."

Ella lo miró, sorprendida. "Qué?"

"No huiste de ellos," reiteró él, inexpresivo como siempre, "Eso es admirable."

"Un cumplido?" rió ella, "De ti?"

"Vamos," dijo Kenshin, alcanzándola.

"Todavía no," Kaoru sonrió. Ella agarró la extendida mano de Kenshin y jaló, abriendo la puerta. Cegadora luz del sol los rodeó cuando salieron por la puerta al techo del edificio. Otro majestuoso edificio de ladrillo se asomaba a la izquierdo. Mirando alrededor desde el techo, pudieron ven los verdes árboles y el césped del campus extenderse ante ellos. Kaoru sonrió ante el sol, agarrando fuertemente la mano de Kenshin.

"Este es mi lugar favorita," explicó Kaoru, extendiendo su otro brazo en una amplio círculo. "Hermoso, no es así?"

Kenshin se giró para mirarla, el sol creaba un halo de luz en su brillante cabello negro y un resplandeciente brillo en su perfil. "Ah," respondió él tranquilamente, "Hermoso."

"Sabía que vendrían aquí." Una fría voz hizo eco desde arriba, atravesando el cálido aire.

Ellos se giraron, el dueño de la fría voz invisible.

"Verás," dijo la voz otra vez, "Te conozco. Y he venido a llevarte de regreso." Una sombra cayó desde el cielo. Y de repente Aoshi estuvo ahí, agachados ante ellos. Él se levantó lentamente, su abrigo beige ondeando levemente en el viento.

"Battousai," anunció él, su voz fría y mortal, "Cómo te atreves a tocar a Kamiya-san con tus sucias manos. Aléjate de ella."

En vez de obedecer, Kenshin se detuvo frente a Kaoru, escudándola con su cuerpo. Con su mano derecha, sacó la corta espada de su cadera y se agachó, manteniendo el arma tras él por la funda.

Los ojos azules de Aoshi se fruncieron con fría furia. Ese gesto. Esa pose protectora. "Morirás hoy," dijo él, sacando las espadas gemelas.

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Desde arriba, dos pares de serios ojos observaban desde una ventana.

"Espero que el chico ninja no lo arruine."

Katsura Kogoro estaba callado y áspero.

"El juego ha comenzado, no?" preguntó Hiko Seijuro, realmente no esperando una respuesta.

"Sin duda, sí."

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Desde el techo abajo llegó el agudo sonido de acero desenfundado y el angustiado grito de una joven mujer.

Ten valor, y avanza valientemente.

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Fin del capítulo 14, continuará!

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Nota de Inu: Antes que nada quiero enviarles un saludo muy especial a todos y agradecerles por todos esos lindos comentarios, en verdad que los aprecio mucho. También quería disculparme pero me fue imposible mandarle este capítulo a Kao-chan antes de Navidad pero en verdad me fue imposible hacerlo debido al trabajo, espero que me perdonen por eso pero aprovechando un huequito el día de hoy por fin pude mandarlo… Espero que lo disfruten y que hayan pasado una FELIZ NAVIDAD y también les deseo un FELIZ AÑO!!!!... Cuídense mucho y hasta el próximo año… MUAJAJAJA!!!... (Tranquilos que sólo es cuestión de días… jeje)…

Notas de O.o Kaoru-chan o.O: Felices fiestas!