Otra tarde en el jardín trasero de los Díaz, otra batalla. Por muchas humillantes derrotas que Luda y sus monstruos sufrieran, siempre volvían para intentarlo una vez más. Pero el resultado siempre acababa siendo el mismo.

-¡¿Cómo podéis ir perdiendo?! ¡Si debéis sacarles 50 kilos cada una como mínimo!

No parecía que fuese a ser diferente. Cada vez que una intentaba atacar, era rechazada con magia o con golpes. Luda agarró el cuerno de la osa, que había caído a su lado, para asegurarse de que la estaba mirando mientras le gritaba:

-¡Pero tírales una piedra o algo!

Para su desquicio, su subordinada tiró una piedra diminuta que no causó el menor daño. Luego Comet se subió a uno de los cactus.

-Contra ese otro cactus y sobre el árbol. Un tiro limpio.

Disparó un rayo de magia que rebotó sobre un cactus, pasó por encima el árbol e impactó contra el cuello de la jirafa. Sonriendo de satisfacción y extendiendo su mano le dijo a Marcia:

-¿Ves como era capaz?

Marcia se sacó un billete del bolsillo para dárselo a Comet como premio por ganar su apuesta. Pero antes de hacerlo, echó un vistazo a los monstruos y cambió de idea.

-Doble o nada: una patada, siete monstruos.

Comet hizo un gesto con la mano mostrando que aceptaba la segunda apuesta. Marcia se dio la vuelta y le dio una patada en la barbilla a Muscurrana. Cuando esta cayó, también lo hicieron todas las que estaban detrás de ella en fila. Y finalmente, se desplomaron encima de Luda.

-Tras una victoria así sólo podemos hacer una cosa: ¡comer comida china!

-¡Uuh, comida china! No tengo ni idea de cómo es.


Mewni

Castillo de Luda


Ya finalizada la batalla, Luda reunió a toda su banda en una sala de descanso. Allí era donde ellas comían y charlaban en sus ratos libres. Pero esta vez, el ambiente era muy diferente a lo usual. La derrota de ese día había colmado la paciencia de Luda.

-¡Sois todas unas inútiles!

Miró a su alrededor. Sus monstruos no tenían pinta de que fueran a mejorar pronto. Detrás de ella, la osa intentaba coger algo de una máquina expendedora, pero no conseguía que le cogiera el billete, la chica de dos cabezas jugaba con unos cubiertos y la gallina había vuelto a derramar un vaso porque no tenía dedos para cogerlo.

-¡Siempre me fastidiáis mis brillantes planes! Necesito a alguien que os ponga en cintura, memas. ¡Y tú vete a por cambio! Quiero que corráis la voz por todas las regiones de Mewni controladas por monstruos: Busco a un ayudante.


Tierra

Restaurante El León de Shangai


Comet estaba realmente satisfecho de su primera experiencia con comida china.

-¡Qué rico está todo y qué divertido comer con estas mini-varitas sin magia!

Un camarero se acercó a la mesa y les dejó un plato con galletas de la fortuna.

-¡Oh, galletas! -exclamó antes de comer una y arrepentirse- Puaj, qué asco de relleno. -comentó tras escupir el papel.

-Comet, estas son las galletas de la fortuna. Predicen tu futuro de forma mágica.

-¡¿Qué?! ¡Imposible!

-Te lo demostraré. -dijo Marcia mientras abría la suya- "Un amigo te dedicará una sonrisa".

-Aaaww, qué bonito.

-Y ahí está mi sonrisa, la tuya. ¿Lo ves? Las galletas lo saben todo.

Con gran emoción, Comet miró el papel que casi se había comido. En él decía: "Sé positivo y la fortuna te acompañará". Cuando levantó la vista, vio al mismo camarero de antes con una caja de galletas. Comet saltó hacia él gritando:

-¡Galletas!

-Son para la basura, están rancias. -dijo el camarero.

-¡Démelas!

-Eres muy raro. -respondió mientras se las entregaba.

-Vaya, Comet, con tantas galletas te va acompañar la fortuna.

-¡Ya lo creo que sí!


Mewni

Castillo de Luda


-¿Qué si tengo experiencia? No, nadie ha sido tan idiota como para contratarme.

-¿Cómo soy bajo presión? Estupendo. ¿Por qué lo pregunta? ¿Es que le han dicho lo contrario? ¡No lo soporto más!

-¿Dentro de diez años? Usted es mi mejor amiga, nos lo contamos todo y vamos a todas partes de la mano.

-Suave... supersuave.

Todo esto eran respuestas de los candidatos a ser ayudante de Luda. Los entrevistaba en un despacho sentada en una pila de cojines sobre un trono con Muscurrana y la osa a su lado como guardaespaldas. Cada vez que echaba a uno, su paciencia se agotaba más.

-Bah bah blaha beh.

-¡Tú ya trabajas para mi, Bebé patata! ¡Largo! Ahg, cada uno es peor que el anterior. Son aún más inútiles que mis monstruos de siempre.

Mientras se masajeaba las sienes para reducir el estrés con la cabeza baja, una mano le acercó un vaso lleno de agua marrón con un ojo flotando en ella. Tenía tres dedos, pero sin duda, en el pasado, había tenido cuatro. Luda levantó la cabeza para ver quién le ofrecía ese vaso. Sentada al otro lado de la mesa se encontraba una mujer lagarto. Por su traje, cualquiera diría que era una abogada. Era bastante alta y sus escamas eran de un color grisáceo. También tenía pelo, arreglado de tal forma que le daba un aire muy profesional.

-Agua de los pantanos del oeste de Mewni. -dijo ella- ¿O prefiere usted beber de la botella?

-En días así, cualquier cosa.

-Desahógese.

-Gracias. -respondió Luda antes de hundir su pico en el vaso- Llevo un tiempo intentando quitarle una varita a un adolescente. Está resultando mucho más difícil de lo que suena. ¡Un momento! ¿Cómo has entrado tú?

-Sin llamar.

-¿Cuándo?

-Después de que me contratara.

-¿Te he contratado?

-Acepto.

-¡Excelente!

Tanto Luda como la osa parecían muy felices con ese resultado. La única que parecía darse cuenta de lo inverosímil de la situación era Muscurrana.

-Empezaremos mañana. -dijo estrechándole la mano a su nueva jefa- Hoy aproveche para descansar.

Luda desvió la mirada un segundo a su mano, pues ella le había dejado una tarjeta negra mientras se daban la mano. Cuando volvió a mirar al frente, no había nadie.

-¿Alguien sabe cómo se llama?

Tras preguntar eso, Luda miró la tarjeta negra. No había nada en ella, tan solo una palabra escrita en letras blancas.

-¿"Toffee"? Debe de llamarse Toffee.


Tierra

Casa de los Díaz


Al día siguiente

-Oh, poderosas galletas de la fortuna, concededme la sabiduría de vuestras azucaradas profecías.

Marcia dejó el plato de nachos preocupada porque su pequeña broma se había salido de control.

-Comet, sólo era una broma. Las galletas no son mágicas. Les meten las frases en una fábrica.

-Y ahora me dirás que también le meten la nieve a las bolas de nieve en una fábrica, ¿no? Está claro que ambas cosas las hacen unos brujos.

-Lo digo en serio, no son de verdad. -explicó mientras cogía una- Son frases abiertas para que las interpretes como quieras.

Comet le quitó la galleta de las manos y la abrió para leer el mensaje en voz alta:

-"Pronto recibirás una visita inesperada".

Tras leerlo, giró su silla para mirar a la puerta de entrada con emoción. Marcia fue a la misma puerta y la abrió y cerró varias veces.

-¿Lo ves?, aquí no hay nadie. ¿Quién quiere unos nachos de desayuno?

-¡Hola! ¿Alguien ha dicho nachos?

En un instante, Fiona había llegado a la puerta sin que nadie supiera de dónde venía.

-Bienvenida, mi visita inesperada. -saludó Comet con una gran sonrisa.

-Fiona, Comet cree que las galletas de la fortuna son mágicas. ¿Puedes ayudarme a convencerle de que no?

-¡Eh, alto ahí! Las galletas de la fortuna sí que son mágicas. -replicó ella- Una vez me comí una que encontré en el suelo de un taxi, y aquella noche conocí a mi espíritu animal. Era un lobo. -finalizada su anécdota, fue derecha a la mesa para buscar los nachos por los que había venido.

-¿Por qué has dejado de creer de repente? -preguntó Comet mientras cogía otra galleta- "Apunta alto y cumplirás tus sueños".

Comet disparó un rayo de su varita hacia el techo. El impacto hizo que un trozo de este se desprendiera. Marcia empujó a su amigo para salvarlo de los escombros pero algunos le cayeron a ella encima.

-¡Escamas de hidra! ¡Siempre había querido un salón con tragaluz! Seguir al pié de la letra las instrucciones de estas galletas es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

-¿Me ayudas a levantarme?

Antes de responder, Comet abrió y leyó otra profecía:

-Sí.


Mewni

Castillo de Luda


-Ven por aquí, Toffee. Te voy a enseñar con quiénes tenemos que trabajar.

A diferencia de sus monstruos, Luda hablaba a Toffee en un tono mucho más suave y agradable. Las dos entraron en la sala de descanso, donde la banda parecía estar teniendo un duelo de baile de estilo libre con música hip hop de fondo. Pero acabaron peleando entre ellas como de costumbre. Ante esa patética visión Luda preguntó:

-Estoy acabada, ¿verdad? Dime la verdad, podré soportarlo.

Antes de que Toffee pudiera responder, un portal se abrió junto a ellas y Muscurrana entró a través de él.

-Ama Luda, el chico ha descubierto unas galletas con mensajes dentro y está convencido de que le dan suerte. Hace todo lo que le dicen.

-¡No me interrumpas! Venga Toffee, no te cortes. ¿Son los peores monstruos del mundo o qué?

Toffee miró con un ligero grado de perplejidad la pelea. Luego, en lugar de responder a Luda, se volvió hacia Muscurrana y dijo:

-Quizás podamos hacer algo con esas "galletas de la suerte".

En lugar de alegrarse porque alguien considerase útil su información, Muscurrana apartó a Luda de ella y le susurró:

-¿Cree que podemos fiarnos de ella?

-¡Por supuesto que sí!


Tierra

Calles de Echo Creek


Esa tarde

-Oh, sólo me queda una. ¡Qué ganas de conseguir más!

-Comet, en el restaurante me darán la razón. ¡La comida no puede predecir el futuro!

-¡Claro que puede! En Mewni hay un sitio donde venden calzones que predicen cómo vas a morir. Aunque siempre empiezan con un mal chiste de que vas a morir atragantándote con un calzone.

Cuando llegaron al restaurante, no entraron. Les llamó la atención una música que sonaba de un reproductor de cassettes. En el callejón de al lado había dos figuras con ropas de rap que estaban teniendo un duelo de baile. Sus constantes movimientos impedían que se les viesen las caras. Aunque sus siluetas resultaban algo sospechosas, Comet preguntó por otra cosa:

-¿Qué están haciendo?

-Shh, creo que uno está a punto de ganar.

Intentando ver lo que Marcia decía, Comet centró toda su atención en los que bailaban. Ninguno de los dos se dio cuenta de que una mujer mosca de un tamaño menor que el de un bebé humano se acercó a él para coger la galleta que sobresalía de su bolsillo y cambiarla por otra. Una vez cumplida su misión, se fue para no ser vista. Ocultas tras una esquina, Luda y Toffee la esperaban para felicitarla.

El siguiente paso de su plan era esperar a que Comet abriese la galleta-trampa y leyese la profecía falsa. No tuvieron que esperar mucho. Después de eso, "los raperos" se quitaron la ropa mostrando que eran monstruos y los demás que estaban en las azoteas de los edificios saltaron detrás de sus emboscados. Marcia se preparó para empezar a repartir golpes de kárate pero Comet le puso una mano delante:

-¡Espera! "El amor es siempre la respuesta".

-¡¿Qué?! ¡En este caso no! ¡Tenemos que luchar!

-Lo siento, Marci. La galleta ha hablado.

-¡¿En serio, ahora?!

Marcia tuvo que retroceder, pues todos los monstruos excepto Astas fueron hacia ella. Comet dejó caer el mensaje y le dio un abrazo a la única que lo iba a atacar. Sorprendentemente, ese abrazo parecía haberle quitado las ganas de luchar hacia su enemiga y ésta se lo devolvió.

-¡La varita, por fin puedo cogerla! -exclamó Luda antes de ser detenida por Toffee.

-Paciencia, debemos esperar al momento idóneo.

Mientras tanto, Marcia se defendía como podía del resto de los monstruos.

-¡Comet, olvídate de las galletas y ayúdame!

-Marci, si no luchas, dejarán de luchar contigo. Confía en la galleta.

Pero sin dejar de pelear, los monstruos la cogieron y la encerraron dentro de un contenedor de basura. Con ella neutralizada, todas se dirigieron hacia Comet.

-¿Os hace falta un abrazo? "El amor es siempre la respuesta".

Cuando Comet empezó a abrazar a la mujer de dos cabezas, Luda no pudo contenerse más y fue corriendo hacia él.

-¡Al fin! ¡Fuera, salid de en medio! ¡Es mía, mía! ¡Por fin es mía!

-¡Atrás tú! -dijo la mujer de dos cabezas- Llevo esperando esto desde niña.

-¡Pero serás idiota! ¡Me vas a fastidiar el plan!

-¿Plan? -preguntó Comet- ¿Qué plan?

Las dos cabezas del monstruo mostraban preocupación por eso. Al momento, la cabeza derecha respiró hondo y comenzó a confesar:

-Escucha, Comet, me resulta muy difícil decir esto. Pero si vamos a seguir adelante, no quiero que esté basado en una mentira.

-Ni yo. -añadió la otra cabeza.

-No entiendo.

-El mensaje de la galleta era de mentira. Todo era una trampa de Luda para quitarte la varita. Espero q...

-¡Esperamos!

Tras voltear los ojos por esa interrupción, la cabeza derecha continuó:

-"Esperamos"que no sea un problema.

Antes de que Comet pudiera decir nada, el contenedor en el que estaba Marcia empujó a los dos monstruos. Ella había logrado empujarlo desde dentro y forzar la tapa para abrirla, pero aún seguía dentro.

-Sabes lo que eso significa, ¿verdad?

-Pues claro. -luego puso una cara mucho más seria- El amor nunca es la respuesta.

-Jo, quería decirlo yo. -se quejó Marcia mientras volvía al contenedor para protejerse del inminente hechizo de Comet.

-¡Mega-explosión de setas destructivas!

Una ola de una sustancia que no era líquida inundó el callejón para después provocar una pequeña explosión que dejó a los monstruos fuera de combate y cubiertas de setas. Luda consiguió llegar al escondite de Toffee a tiempo para ponerse a salvo y abrió un portal. Cuando las demás pudieron levantarse, fueron dando tumbos hacia él.

-Bienvenida a mi vida. -le dijo ella a Toffee antes de que las dos lo atravesaran.

El contenedor en el que estaba Marcia también fue alcanzado por el hechizo y ella salió de él quejándose de haberse golpeado.

-¡Ay! Te has pasado.

-Perdona por el golpe y por no haberte hecho caso. Debería haberme dado cuenta de que tú sabes más que un postre.

-Bueno, eso también ha sido culpa mía. No debería haberte tomado el pelo con lo de que las galletas eran mágicas.

En ese momento, el camarero del día anterior salió del restaurante con una caja de galletas para el contenedor.

-Oh, el chico rarito. ¿Quieres más galletas rancias?

-¿Cómo me voy a negar?

Comet cogió la caja con ilusión. Cuando se dio la vuelta, Marcia lo miraba incrédula.

-¿Qué? No serán mágicas, pero están muy ricas.

Con una sonrisa al ver que sí que había aprendido la lección, Marcia decidió coger una galleta. Después de comerla, los dos leyeron el mensaje: "Se ha desatado un gran mal".

-¡Uuuuhh! -exclamaron antes de reírse y tirar el papel.


Mewni

Castillo de Luda


-¡Salud!

En su sala del trono, Luda brindaba con el agua de pantano junto a Toffee.

-Nunca habíamos estado tan cerca de conseguir la varita. ¡Pero ese maldito chico siempre acaba derrotandome!

-Lo supongo, incontables monstruos han tenido que sufrir bajo la magia de los Dragonfly.

-¡Todo cambiará cuando tenga la varita! ¡Jajajajajaja!

-Sí, todo va a cambiar. -susurró mientras Luda se carcajeaba.