"Killian, ¿Qué estás haciendo?", esas palabras atacaron a Emma por la espalda como si de puñales se tratasen. No pudo ver, debido a su posición, al agresor y dueño de esa voz hiriente pero tampoco lo intentó. Estaba muerta de vergüenza y lo único que quería era que la tierra la tragarse, literalmente hablando, que una enorme grieta apareciera en el suelo de la habitacion y huir por ella. Pero sabía que eso no pasaría, así que sólo pudo hundir su rostro en el cuello de Killian y desear que aquello sólo fuera un sueño del que despertar.
Lamentablemente nada la salvaría del bochorno de la situación y de la culpabilidad que vendría después. No era sólo haber perdido la cabeza por un momento al tirarse sobre el hombre que ahora la mecia entre sus brazos sino que él no era libre, había una mujer con la que compartía una vida y no era ella. Se estaba metiendo en un laberinto siendo conciente de que no habría una salida.
"Swan", sabía que ese leve susurro de su nombre más el roce de una mano, que encajaba a la perfección en la curva de su espalda, eran la señal para abandonar su burbuja de protección, que se basaba principalmente en la proximidad de aquel cuerpo. Sin embargo, ser consciente del significado del gesto no quería decir que estuviera dispuesta a hacerlo sin resistirse. Permaneció unos segundos más sin hacer ningún movimiento, salvo un pequeño beso que dejó en ese hombro que le servía de apoyo, mientras escuchaba el murmullo de la conversación que Killian mantenía con su interlocutor.
Y tras respirar hondo, un par de veces, se atrevió a separarse de él. Primero desplazó sus manos, perdidas en la anatomía de aquel ser que la volvía loca, hacia otras manos que serviciales aparecieron para ayudarla y después le tocó el turno a sus piernas que se aferraban a la cintura del moreno como lo hace el enamorado del recuerdo. Se dejó caer hasta que el suelo contactó con las suelas de sus viejas botas. Y en ese justo momento en el cual la calidez del abrazó la abandonó el desconsolador frío se hizo un hueco en su interior.
—Emma, creo que lo mejor es...—.No fue necesario acabar esa frase porque ella sabía exactamente las palabras que continuaban y tras una mirada de complejidad vino una triste despedida —.Adios, amor.
Escuchar ese apelativo cariñoso que él tanto solía usar, pero que desde hace poco sólo era para ella, le daría las fuerzas necesarias para girar su cuerpo y enfrentarse a una mirada que Emma esperaba llena de juicios y la peor parte es que se los merecía. Se sentía merecedora de cada segundo de desprecio pero lo que encontró fue algo distinto. Claro que aquellos ojos las juzgaron pero no con toda la fuerza que ella predijo. En el fondo de esos azules iris pudo encontrar algo de comprensión porque la persona que ahora tenía enfrente también había estado al otro la de la situación. Había sufrido el peso sobre su espalda de ser el amante, el eterno ladrón.
A pesar de esto no pudo sostener la mirada. Se creía una persona fuerte, capaz de aguantarlo todo, pero no. Se sentía demasiado mal con ella misma y por ello sus ojos se quedaron fijos en el suelo, que quedaba marcado por el nerviosismo de sus pasos, pero no por demasiado tiempo. Cuando la distancia entre su cuerpo y la salida era de apenas centímetros una mano se posó fuerte sobre su brazo, impidiéndole así continuar su camino hacia la libertad.
—Emma... —Comenzó a hablar aquella voz, que minutos antes consiguió sacarla bruscamente del, sin duda, mejor momento de su vida.
—Déjala en paz, Whale —Killian era consciente del alto precio y de las consecuencias que tendrían sus actos pero cuando la tenía entre sus brazos, o incluso en la distancia, no podía controlarlos —.Suéltala —Se incorporó, aún con el dolor envolviendo cada músculo de su cuerpo, para evitar que Emma tuviera que escuchar las estúpidas palabras que seguro su amigo, infiel por naturaleza, le diría —.Tú no eres el más indicado para juzgarnos.
No quería sonar desagradable pero no permitiría que nadie la tratase mal por su culpa. Ella no se lo merecía pues el único culpable era él. Él era quien engañaba a una buena mujer, a sus amigos e incluso a sí mismo. ¿En qué momento pensó que podría ser solo su amigo? ¿Estaba loco? ¿Cómo no iba a enamorarse de Emma si era la pieza perfecta para el rompecabezas que era su existencia?
Y las ordenes de Killian parecieron llegar fugaces a los oídos del rubio que al instante soltó a Emma, dejando que esta desapareciese por la puerta, no sin antes ladear su cabeza para echar un último vistazo a lo que dejaba atrás, en aquella habitación, a él. Y sin palabras dejó claro todo lo que en su interior sentía a gritos.
—CS —
Podía sentir, como una vez más, las lágrimas amenazaban con formar un botín en el verde cristalino de sus ojos para después fugarse libres por la tersa superficie de su rostro. Y en otras condiciones o quizá en otro tiempo hubiera impedido esa sublevación de sus emociones pero ahora ya no le quedaban fuerzas para nada.
Sóloquería, deseaba, salir de allí. Alejarse lo máximo posible de aquel lugar, en el cual estuvo a punto de comentar una tontería. ¿Pero qué es la vida sin pequeñas dosis de locura, sin actos guiados únicamente por el deseo? Sólo una atajo a la muerte.
Y sus ojos tristes se iluminaron cuando la puerta del ascensor, que tenía a apenas unos metros, se abrió. Esquivó a un par de persona que pasaban frente a ella, ajenas a su dolor, y que no entendieron su desesperación. Pero nadie que no estuviera en su situación podría comprenderla. Solo necesitaba estar sola, llorar, y en aquellas cuatro paredes de metal encontró su ansiada paz.
Se quedó tan absorta en su propio mundo, lleno de preguntas sin aparentes respuestas, que ni siquiera se dio cuenta de que ya había llegado a su destino, el aparcamiento. Solo un estridente pitido consiguió apartarla de sus pensamientos pero, lamentablemente, demasiado tarde.
— ¿A qué planta le ha dado? —preguntó mientras giraba su cuerpo para ver a la persona que ahora la acompañaba.
—A la cinco — respondió una voz femenina antes de que Emma pudiera observar bien a su dueña, ya que sus ojos continuaban húmedos y no le permitían ver con nitidez — ¿Estás bien? —No pudo evitar preocuparse la desconocida mujer de cabello oscuro y mirada clara, contraste que llamó la atención de la rubia. Le recordaba demasiado a alguien y dolía.
—Sí, estoy bien...gracias —"Mentira, mentira...", esas palabras acudieron a su mente veloces pero no le iba a contar la verdad a una completa extraña, ¿O sí? — Solo es que...
—No hace falta que me lo digas... —Se atrevió a interrumpir la morena —...veo lágrimas en tus ojos pero también una leve sonrisa en tus labios y esa difícil combinación solo puede significar una cosa. Un amor prohibido.
"¡ Cómo...?!", esa duda se escapó de su boca en forma de sorpresa y alivio. No entendía cómo aquella mujer sabía con exactitud cómo se sentía o cuál era el motivo. ¿Tan obvio era? Pero lo más importante fue sentir como un gran peso abandonaba su pecho al tener que dejar de fingir que estaba bien. No lo estaba, no.
—Porque soy una experta en ese tema —Aclaró con desdén en su voz —, y no me ha sido difícil descifrar el motivo de la angustia de tus ojos, ya que la he visto demasiadas veces en el reflejo de los míos.
— ¿Y cómo puedes vivir con ello? —Su interior era un cúmulo de preguntas y la desconocida parecía tener todas las respuestas.
Su boca se entreabrió, prepara para solucionar todos los enigmas que la joven rubia parecía llevar tras de sí, pero su cometido se vio truncado cuando una horda de personas entraron en el ascensor, poniendo distancia entre ambas mujeres.
Pero Emma necesitaba saber cuáles eran las palabras que contestarían a sus dudas. Así que, con el mayor cuidado, se hizo paso entre el personal sanitario y familiares, que continuaron ajenos a ella.
—Dime, ¿Cómo lo haces? ¿Cuál es tu secreto? —Se colocó justo enfrente, creando con su cuerpo una falta sensación de privacidad, y descendió el volumen de su voz pero habló lo suficientemente claro para que su nueva confidente la escuchara con nitidez.
—No hay ningún secreto... —dijo ante aquellos verdes ojos, ansiosos de esperanza —.La solución es tan simple como hacer que la alegría que te proporciona ese amor sea mayor que el sufrimiento de no poder vivirlo en libertad... o el divorció, siempre puedes hacer que se separe —Continuó en modo de humor, en un intento de sacarle peso al asunto, demasiado serio para tema de ascensor.
Emma esbozó una tímida sonrisa pero aunque su rostro se mostrase menos serio continuaba preocupada. Se había tomado demasiadas molestias en su pasado para no sufrir, para no cometer los mismos errores. Y ahora sentía que lo estaba haciendo, que tarde o temprano saldría lastimada. Era consciente de que Killian jamás le haría daño a propósito y que lo único que hacía era preocuparse por ella pero su destino no era ser amada, no era ser feliz. ¿Por qué iba a ser diferente con él?
Un suave toque en su hombro la hizo salir del mundo de preocupaciones, que siempre anidaba en su cabeza, de un modo demasiado brusco. Se quedó inmóvil, sin saber que decir o que hacer. Y por ello dio gracias a dios cuando la morena comenzó a hablar.
— Tranquila — Casi fue un susurro pero consigio tranquilizar a Emma, aunque sólo por un breve instante —.No se cuál es tu situación exactamente pero mi consejo es que hables con esa persona, que seas sincera con lo que sientes...
—Ya lo he hecho, ya he hablado con él... —Apartó, por unos segundos, sus ojos de la morena para observar como el ascensor se paraba y la gente salía, dejándole más libertad para seguir hablando —.Le he dicho que no quiero ser más su amiga, que quiero algo más...pero es demasiado complicado.
—Todo lo que vale la pena en la vida es complicado... —dijo con toda la sinceridad y experiencia que los años le habían otorgado—...si fuera fácil no lucharias por ello.
Las palabras no estaban por la labor de participar y se quedaron en la garganta de Emma, creando un nudo demasiado molesto. ¿Pero qué podía decir? Tenía infinitas dudas, incapaces de ser expresadas a través de su voz.
Y a pesar de no estar en sus planes aquella conversación le ayudó y por ello en su rostro se formó una mueca de disgusto cuando la puerta se deslizó hacía la izquierda, dejando ver un claro cartel que informaba en qué planta se encontraban. La número cinco, la misma de la que huía minutos antes. Parecía que algo, quizá el universo, le mandaba señales de que no debía marcharse de allí.
—¿Bajas? —preguntó la otra mujer mientras colocaba uno de sus pies fuera del ascensor.
—No —Emma no estaba dispuesta a escuchar esas señales —.Debo irme... —Aclaró, al mismo tiempo que pulsada el último botón.
—Espera... —gritó la morena al salir y observar que la puerta comenzaba a cerrarse —.Tu nombre... ¿Cómo te llamas?
"Emma Swan", alcanzó a oír y tras aquellas palabras dejó escapar un suave susurró con su nombre "Rose".
—CS —
Un pequeño escalofrío recorrió la totalidad de su cuerpo al recibir aquella información , dejando en ella un extraña sensación.
¿Cómo cuatro letras podían tener tanto poder? Pero no eran las vocales o las consonantes las responsables, sino el nombre que formaban al combinarse. "Emma", sabía que no era la primera vez que lo escuchaba, ya antes había resonado por su cabeza, pero no consiguió resolver el enigma de dónde o por qué le resultaba tan significante.
Pero todo esto dejó de importar al sentir como unas manos, no ajenas a la figura de su cuerpo, comenzaron a rozar sus hombros. No necesitaba darse la vuelta para saber de quién se trataba pero lo hizo igualmente porque si necesitaba un abrazo.
—Whale —dijo mientras se dejaba rodear y apoyaba su rostro sobre el pecho de él.
—Milah —Conocía a Killian hace un año pero ella había entrado hace relativamente poco en su vida y sin embargo ya estaba acostumbrado a la cercanía que había nacido entre ellos —.Tranquila —Intentó calmarla al sentir como tembraba entre sus brazos.
—Necesito verlo, saber que está bien —Terminó con el abrazo con una lentitud que mostraba su desgana por hacerlo.
—Ya te dije por teléfono que está bien, que sólo ha sido un susto —Hablaba con ella, la miraba a los ojos, pero en su mente sólo estaba el recuerdo de la escena en la habitación —, y que no debes preocuparte —Él era su amigo pero no podía permitir que Milah saliera lastimada.
—¿Sólo un susto? No me mientas —Estaba harta de mentiras, su vida no era más que un engaño, al menos para el resto del mundo. Solo Killian, Graham y el hombre que tenia delante sabían su verdadera historia —.Dime que ha pasado...La verdad.
—No sé mucho más de lo que me han dicho los médicos; lo encontraron en el callejón cercano a la cafetería donde va a desayunar cada mañana, malherido y sin documentación —En realidad toda esa información se la había proporcionado Emma en la llamada que le hizo nada más despertar, pero sería demasiado complicado de explicar —.Creen que ha podido ser un robo...
—Creo recordar que ese sitio está muy cerca del hospital en el que trabajáis... ¿Por qué no lo han llevado a allí? —Sus cuerpos continuaban separados por la distancia que ellos mismo habían impuesto pero a medida que las palabras salían de sus labios eso iba cambiando —.No entiendo nada Whale...me he despertado sola esta mañana, he escuchado tu mensaje de voz...y ahora Killian está aquí —Una pequeña lágrima, que había tardado demasiado en ser libre, descendió por su mejilla con el único propósito de huir pero una suave mano la retuvo entre sus dedos, que agarraron con fuerza aquel rostro de aparente fragilidad.
—Tranquila —Repitió de nuevo, en un intento más de calmar la angustia que veía reflejada en ella —.Lo hanTRAÍDO a aquí porque ha habido un accidente múltiple y nuestro hospital está colapsado...yo he estado operando hasta hace unas horas.
Descendió ambas manos, almismo tiempo, desde el río de tristeza que desbordó de aquellos ojos azules hasta el cuello del abrigo que cubría el torso de la morena. Sostuvo los dos extremos de tela y la atrajo hacia él.
— No te preocupes más — De nuevo fue Milah quien puso distancia, se apartó pero esta vez sus pasos no retrocedieron si no que avanzaron en dirección a un lugar al que ansiaba llegar — .Espera — La detuvo, apresándola entre sus brazos y sintió como el contacto causaba un instantáneo nerviosismo tanto en su persona como en ella — .Antes de que entres ahí necesito decirte algo.
Colocó su mano sobre el palpitante pecho de él a modo de barrera física, ya que la emocional hace tiempo había sido derrumbada. No estaba acostumbrada a dejar ver todo lo que sentía, todo lo que era, no al menos con alguien que no fuera Killian. Pero ahora eso estaba cambiando y le aterraba.
— ¿No puede esperar? — preguntó sabiendo ya la respuesta pues aquellos ojos hablaban por si solos.
— Me has pedido la verdad y antes de que estemos los tres solos en esa habitación quiero pedirte algo — Miradas ajenas se posaban sobre ellos pero no importaba, tenía la necesidad de liberar todas las palabras que en su interior se acumulaban, haciendo difícil el respirar —.Que tú también seas sincera.
— Sé por donde vas...y no quiero hablar otra vez del mismo tema, Whale — aclaró con desgana en su voz mientras tornaba sus ojos en blanco y ladeaba su cuello para evitar el contacto visual — .No le voy a decir nada a Killian. No quiero que lo sepa y ya está, ¿No quedó claro en nuestra última conversación?
— No estoy de acuerdo — Posó una mano en el fino borde de su mandíbula y con un tosco toque de muñeca la obligó a girar la cabeza— .Creo que él se merece la verdad, que todos nos la merecemos.
"No, él no se merece sufrir" , esas fueron las últimas palabras que Milah le dedicó antes de abrir la puerta y entrar en la habitación, donde un sorprendido pero no arrepentido Killian la recibió. Pudo ver, desde la distancia, como ella lo rodeaba en un cálido abrazo que hace apenas minutos era solo para él. Pero lo que más le sorprendió fue aquella pregunta que cruel apareció en su mente, "¿Por qué siempre me enamoro de la mujer equivocada?"
