Capítulo 14

London Eye

– Scorpius. – Susurra suplicante. Aun que aquellas palabras la han embriagado por unos segundos no puede darse el lujo de seguir avanzando con eso. Suspira por la nariz, lo que va a decir es duro, pero es cierto. –No tienes idea de lo que hice. – habla con más temple aun que esta temblando por dentro. La idea de pensar en eso, en lo que ha hecho, le aterra. – Ni si quiera yo lo sé. – prosigue con más temor. Tal vez es eso lo que asusta más, no tener conocimiento de lo que ella es capaz de hacer.

El niega con la cabeza y sin más se quita la parte superior del pijama y se la entrega a Rose. La muchacha se queda muda por unos segundos y luego sus mejillas se vuelven completamente rojas. Acaba de darse cuenta que el muchacho se la está entregando porque está completamente desnuda. El cierra los ojos, para darle privacidad y ella se viste sin decir nada. Lo observa por unos segundos. Es perfecto. Piensa ella.

– Eso no importa. – replica aun con los ojos cerrados. La muchacha se sobresalta.

– No lo sabes. – susurra nuevamente. – No sabes si el siguiente recuerdo será peor que el anterior. No sabemos que fui capaz de hacer. – Gruñe, aquella idea la atormenta tanto.

– Rose Weasley Grenger. – habla él, cortando los pensamientos de Rose de una sola vez. La pelirroja se siente extraña al escuchar su nombre completo pero la idea de que lo diga el, no la incómoda.

El habré los ojos y da dos pasos hacia ella, recortando tanto el espacio que la muchacha siente su respiración pausada a través de la delgada camiseta que los separa. Sabe que la cercanía es peligrosa pero aun así no se aleja de él, no quiere hacerlo.

– Créeme cuando te digo… – Le dice mientras toma su rostro con ambas manos y la obliga a mirarlo. La muchacha se deja mover como si fuera una muñeca de trapo con la cual puede hacer lo que el quiera. – Que no me importa. – continua y le roza ligeramente los labios, haciendo que una descarga eléctrica recorra todo el cuerpo de la muchacha. – No importa lo que hayas hecho. – Rose cierra los ojos, inmóvil por lo que el muchacho está diciendo, tan solo quiere quedarse allí y olvidarse de todo. Deleitarse con su cercanía, con el contacto de su piel y sus labios. – Sino lo que harás de ahora en adelante. – concluye y con esas palabras, tan poderosas, pero a la vez tan simples, Rose regresa a la realidad.

Abre los ojos y lo observa. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que Scorpius es mucho más importante para ella de lo que quería admitir y que aquellas palabras le han reconfortado hasta el alma, aunque también le han entregado una gran responsabilidad.

Sin ni si quiera pensarlo dos veces, lo abraza con fuerza, como si quisiera fusionarse con él. Scorpius hace exactamente lo mismo y ella no sabe cuánto tiempo ha pasado, pero tampoco le importa, quiere quedarse de esa manera durante horas.

Ahora el sentimiento de alejar a Scorpius de su vida ha quedado a miles de kilómetros de distancia. Lo único que quiere es pasar tiempo con él porque aún no sabe cuánto tiempo le quede con vida. La idea le escarapela el cuerpo y aunque quisiera desear todo lo contrario, tiene el recuerdo permanente de que la pelea con Ruby se acerca y que es inevitable.

Cuando despierta, los rayos de sol le dan directamente en la cama y la siegan un poco. Se tapa los ojos con las manos y trata de recordar donde está. Poco a poco observa confundida la cama en la que está echada. Es su cama, está en su habitación. Todo ha sido un sueño. Se dice con algo de tristeza, pero luego ve la camiseta que lleva puesta y una sonrisa estúpida se forma en su rostro.

Nada ha sido un sueño. Sabe que debería de estar preocupada, a fin de cuentas, su transformación salió tan mal que le salieron 6 patas, pero aun así la felicidad está presente en cada uno de sus poros y no se siente preocupada en lo absoluto. No estás sola Rose, tienes a Scorpius.

Las chicas de su habitación ya se han ido a desayunar o se han levantado muy temprano para no cruzarse con ella. Cualquier de las dos opciones, en ese momento la mantienen sin cuidado. De todas maneras, su primera parada es el comedor, muere de hambre. Tiene hambre. La sorpresa de ese hecho le genera una sonrisa nuevamente. Ese día no podría ser mejor.

Camina rápidamente hacia el Gran Comedor, recordando cómo la noche anterior caminó por esos pasillos sintiéndose despreciable. Es como si aquella escena hubiese sucedido meses atrás, porque en ese momento se siente completamente diferente.

Llega al Gran Comedor, con tan solo la bolsa de cuentas en una mano y la barita en el bolsillo. Los alumnos están comiendo amenamente y ni si quiera se percatan de ella, solo hay alguien que si lo hace. Scorpius la mira intensamente, con una media sonrisa en el rostro. La muchacha no puede evitar ruborizarse ligeramente.

– Pensamos que te perderías el desayuno. – habla Hugo, sacándola de sus pensamientos. Rose niega con la cabeza y se mete una tostada grande a la boca antes de ni si quiera sentarse. Muere de hambre.

– Ya quisieras. – habla con la boca llena.

– No olvides que hoy tenemos entrenamiento. – dice Albus y ella asiente con la cabeza.

– No lo hare. Estoy ansiosa por ir – dice mientras le da un sorbo al chocolate caliente que tiene frente a ella.

– ¿Pasa algo? – pregunta Hugo y la muchacha niega con la cabeza, a pesar de que todo su cuerpo indica lo contrario. – Es como si te hubieran dado un sorbo de algún elixir, estas...

– Radiante. – dice Lily rápidamente mientras la da una patada a Hugo por debajo de la mesa. El muchacho gruñe, pero comprende que tiene que callarse. Rose levanta la cabeza y observa por unos segundos a su familia. No aún no están listos. Se dice mentalmente pero aun así les sonríe.

– Dormir en mi cama me pone de buen humor. Siento que todo está volviendo a la normalidad.

Albus está a punto de decir algo, pero la llegada del correo lo hace cambiar de opinión. Varias lechuzas aparecen volando por los aires, dejando paquetes y cartas por todos lados. Rose observa que hay más lechuzas de lo normal y por alguna extraña razón eso le produce un escalofrió. Sin embargo, lo que la terminada de paralizar por completo y darle un miedo incontrolable es el ave que vuela hacia ella: Negra e imponente, ¿Ruby?

Tiene tanto miedo que está paralizada así que cuando el ave se posa frente a ella, la muchacha no puede creer que no es Ruby la que está frente a ella. Es un búho, sí, pero no es negro, es de un marrón muy oscuro. Rose no puede decir nada solo ve esos ojos, uno verde y otro marrón. No es Ruby se dice a sí misma para tranquilizarse, una y otra vez mientras el animal deja el periódico en la mesa y tan rápido como llega, se va.

En ese momento sus oídos le zumban, siente como si estuviera dentro del agua, sumergida metros abajo y aunque sabe que su familia le está hablando, los siente muy lejanos. Tan solo ve el periódico, como si fuera una marioneta y lo que encuentra en la portada la deja sin aliento.

CAE EL LONDON EYE

Hay una foto debajo del titular, donde el icónico London Eye esta desplomado en el río Támesis.

17 magos muertos, incluyendo el hijo de la primera ministra de Australia.

Ve la foto de un niño regordete y risueño sosteniendo con alegría la carta de aceptación para Hogwarts.

5 muggles muertos, entre ellos 3 niños…

No llega a ver la foto de los muggles o los nombres de los otros fallecidos…

La visión llega de golpe, tanto que ella ni si quiera la siente venir hasta que es demasiado tarde.

Está en el bosque prohibido, lo sabe porque la tierra bajo sus pies es oscura y todo lo que le rodea son árboles frondosos y arbustos sin forma y tenebrosos. Está apoyada en un árbol con incomodidad, observando al frente. Ruby está dando un discurso a unos 100 metros, frente a una multitud de por lo menos 30 individuos. A su costado hay un hombre corpulento, de cabellera azabache como la de ella y características similares. Ambos hablan con entusiasmo al público, Rose los observa con detenimiento mientras la preocupación crece con cada una de sus palabras. Somos únicos y con las reliquias de la muerte, ahora inmortales e invencibles….

Aquellas palabras dejan helada a Rose por unos segundos, pero rápidamente comienza a atar cabos sueltos. Recuerda el día que estaba con Ruby, recuerda la conversación:

¿Qué pasaría si encontramos la piedra? ¿Qué harías con ella además de darme mi cuerpo?...

¿Piensas que reviviría a otra de mis amantes?...

Me refiero a tu abuelo. ¿Lo revivirías también?

¿Por qué lo haría? Para decirle, he abuelo encontré las tres cosas que tanto anhelabas, resulta que si las juntas tu puedes….

Ser inmortal. Completa la frase con asombro. Es imposible. Se dice a si misma. Ni si quiera Voldemort consiguió ser inmortal.

No… Se corrige rápidamente y la respuesta viene de golpe: Voldemort jamás tuvo las tres reliquias de la muerte.

Muchas preguntas comienzan a aglomerarse dentro de su cabeza, pero ni si quiera tiene tiempo para seguir pensando al respecto.

– Esto se está yendo de nuestras manos. – habla alguien a su costado, sacándola de sus pensamientos.

Es una voz masculina y aun que Rose quiere girar la cabeza y verlo, en el recuerdo mantiene la mirada fija en Ruby. Pero la pelinegra ni si quiera la mira, esta simplemente pendiente del hombre que tiene al costado.

– Loras le está metiendo cosas en la cabeza. – continua el muchacho.

Rose siente como la preocupación se apodera de cada parte de su ser. No solo ella está preocupada, también lo está Ligeia. Vuelve a echarle un vistazo a Ruby, pero esta vez clava sus ojos en el muchacho de cabellera negra. Sus facciones son tan parecidas a las de Ruby que es muy probable que sean parientes.

– Lo se… - susurra.

Siente tristeza y rápidamente se da cuenta que no es ella la que la siente, es Ligeia. Algo entre Ligeia y Ruby se ha roto. Puede que los acontecimientos le estén resulta confusos en ese momento, pero está segura de eso, la relación con Ruby parece haber cambiado.

– Tenemos que hacer algo Rose, tal vez si lo matamos… – sugiere el muchacho en un susurro casi inaudible. Aquella frase saca a Rose del trance en el que estaba metida. La muchacha gira bruscamente para verlo a los ojos.

Es un chico de cabellera castaña clara y alborotada, facciones bien marcadas y ojos profundos de diferente color: uno verde y el otro marrón.

Rose se sorprende, no hay duda. Es el ave que le ha llevado el periódico esa misma mañana.

– No lo digas, ni si quiera lo pienses Ramsey – habla con suma frialdad. – si lo hacemos, sabrá que fuimos nosotros y terminará matándonos.

– Si no hacemos nada, comenzará con los ataques Rose y terminará matando a otros. – El cuerpo de la muchacha se estremece de tan solo escucharlo. Luego lo mira con suspicacia, no termina de creerle.

– ¿Por qué ahora? – pregunta ella mientras clava la mirada en Ramsey. El muchacho parece algo contrariado por la pregunta de Rose, pero la muchacha se mantiene firme.

– ¿Ahora? – pregunta él y Rose siente como su cuerpo se tensa y un calor estremecedor le recorre el cuerpo. Ahora es Ligeia la que ha tomado el control.

– Me escuchaste, tu eres un fiel seguidor de Ruby…

– De Ruby si, pero no del cuerpo que la contiene. – habla con repugnancia mientras ve a Ruby. – Yara y su estúpido hermano han cambiado la forma de pensar de Ruby.

Yara. Aquel nombre retumba en su cabeza. Jamás se había puesto a pensar que Ruby también estaba dentro del cuerpo de alguien, así como Ligeia estaba dentro de Rose.

– Además ella le prometió algo a Brain. – dice mostrando el anillo de oro que lleva en el dedo. – pero al parecer…. – dice con más rabia que nunca, pero no termina la frase. Y por primera vez Rose ve la transformación. Como los ojos tan característicos de Ramsey cambian de color a un negro profundo.

– Estoy harto de saltar de cuerpo en cuerpo como un parasito. – Habla con una voz más grave y ella tiene la certeza de que el que habla ya no es Ramsey sino Brain. – me prometió que esto se acabaría pronto. Prometió que pararía… pero ahora cree que somos más valiosos si seguimos en estos cuerpos. Me va mantener así eternamente.

Rose se tapa la boca, en un ademan de preocupación y de evitar que las lágrimas caigan por sus mejillas. Esta muy sensible y no es para menos, en ese momento siente angustia, pena y un cansancio agobiante. Nunca la había sentido de esa manera, tan real, tan viva dentro de su cuerpo.

Suspira con fuerza, pero tarda en hablar. Las palabras de Brain han calado muy hondo.

– Voy a hacerlo. – habla al fin. El muchacho frunce el ceño.

– ¿Hacer qué? – pregunta con hosquedad.

– Voy a robarle la piedra de la resurrección Brain y voy a cumplir lo que Ruby te prometió – susurra ella.

Y lo último que llega a ver son los ojos oscuros del muchacho con una ligera flama de esperanza.

Regresa a la realidad como si saliera del agua. Cuando se da cuenta de donde está, tiene a su familia observándola.

– ¿Estas bien? – pregunta Hugo.

Rose se siente confundida. No sabe cuánto tiempo ha pasado o que es lo que ha hecho mientras estaba en ese recuerdo. Su hermano la mira con preocupación y ella trata de recomponerse lo más rápido.

– Lee el periódico. – Le dice con la voz temblorosa, su hermano le saca el periódico de las manos. Albus se lo quita despues de que el muchacho se queda en silencio y Rose al fin sale de su entumecimiento para comenzar a entrar en pánico.

Ve la estancia, la gente está frenética. Hay algunos llorando, otros mandando cartas apresurados, los profesores ya están comenzando a poner orden…

Scorpius. Es el primer pensamiento que se le viene a la cabeza. Lo busca rápidamente con la mirada. Él ya está dando largas zancadas hacia ella, con el rostro desencajado.

Y no le importa, no le importa si su familia está allí, no le importa nada. Rose se para rápidamente y se acerca él. Solo quiere abrazarlo y es lo primero que hace cuando lo tiene frente a ella. Lo abraza con fuerza y hunde su rostro en su pecho. Siente su respiración algo agitada, huele por primera vez ese aroma a hierbas que lo caracteriza.

– El papá de Chester Leaf estaba allí. Es uno de los fallecidos. – Le susurra al oído.

Rose se aleja del muchacho y ve la mesa de los Slytherin, ve al pobre chico de rizos negros llorar en la mesa. Se ha enterado por el periódico.

Luego escucha otro llanto aterrador. Voltea a ver la mesa de Hufflepuff y ve a una muchacha rubia llorar desconsolada.

– La hermana de Demetria Orcs – habla Albus.

Rose comienza a agitarse. No ha visto la lista, no ha visto si sus padres están allí…. La respiración se le entrecorta y Scorpius se da cuenta. Toma su rostro con ambas manos, sin importarle que Hugo ya los está mirando, no le importa nada en ese momento, solo Rose.

– Rose respira, tus padres no están, ninguno de tus familiares esta. – le hable sin soltarle.

Rose solo puede ver sus ojos plomizos y obligarse a respirar correctamente. Está a punto de abrazarlo nuevamente, de esconderse en sus brazos, donde ya ha comenzado a sentirse segura, pero un carraspeo de garganta hace que la muchacha regrese a la realidad de golpe.

Sus mejillas se encienden de un rojo carmesí mientras se aleja de Scorpius. Sin embargo, el muchacho se mantiene completamente sereno. Gira ligeramente para encontrarse con Hugo, erguido ya, mirándolo con una rabia abrumadora.

– No toques a mi hermana. – gruñe.

– Hugo. – dice Rose con voz suplicante.

Lo menos que quiere despues de todo eso es pelear, pero al mirar el rostro de Hugo sabe que su deseo no va ser posible. Plasmado en sus facciones esta la misma mirada de su padre. La mirada que ponía en cada discusion con Hermione, la mirada que comenzó siendo el final de su matrimonio. Sin pensarlo dos veces se pone entre ambos.

Hugo la observa, la ira y el desconcierto se mesclan en sus ojos marrones.

– Es un Malfoy. – escupe las palabras con mezquindad, como si fuera obvio que ella debería de odiarlo simplemente por tener ese apellido. Rose siente como Scorpius se tensa, él rubio está a punto de responder, pero ella es más rápida. No va dejar que rubio se exponga a eso, conoce sus temores y no se lo merece.

– ¿Y eso que? – pregunta con frialdad. Hugo la mira con confusión. Ella jamás le ha hablado con ese tono, a él no.– No me importa si es un Malfoy. – continua sin suavizar la voz. – te guste o no... –

– Rose. – le interrumpe Scorpius. Rose gira para verlo mientras el muchacho niega con la cabeza.

– Se que me odias por lo que mi padre le hizo a tu familia, Weasley. No te culpo, pero yo no soy él. Yo no quiero lastimar a Rose. – Hugo ríe amargamente y Albus trata de intervenir.

– Hugo… – le advierte poniendo una mano en su hombro, pero el pelirrojo esta encolerizado y se zafa de las manos de su primo.

– Tu padre es un puto mortifago y tu…

Rose actúa sin pensarlo dos veces. Tan rápido que ni si quiera ella comprende lo que ha hecho hasta que es demasiado tarde. Le da una cachetada, tan fuerte que las personas que están a su alrededor se callan y comienzan a prestar atención a la escena.

– Jamás vuelvas a decir eso, Hugo. ¿Crees que porque papá lo dice con tanta normalidad tú también puedes hacerlo? – le dice mientras lo ve a los ojos.

Puede verlo allí, el completo desconcierto, el sentimiento de traición y la rabia, ve todo en los ojos de su hermano y aun así retiene la mirada desafiante. El muchacho comienza a temblar, lleno de ira, pero Rose ha dejado de temerle hace mucho tiempo ya. Albus vuelve a tocarle el hombro a Hugo.

– Hugo piensa en lo que vas a decir, por favor. – Le dice rápidamente. Conoce a Hugo, sabe que cuando se vuelve iracundo el muchacho arremete contra todos, sin pensar en las consecuencias.

– Déjalo, que diga lo que quiere decir, como lo hace papá… – le reta Rose – Ya sabemos en lo que va terminar. – continua y sabe que con sus últimas palabras lo ha herido nuevamente. Los ojos del muchacho se abren como platos. Entiende muy bien la indirecta final.

– Púdrete Rose. – Gruñe Hugo.

Rose se queda observándolo en silencio. Lo ha hecho, ha herido a su hermano.

– Y tu… – amenaza a Scorpius

– ¿Y yo qué? – pregunta Scorpius con voz amenazadora. Hasta ese momento se ha mantenido tranquilo, pero Rose se da cuenta que ya está a punto de perder el control – Dilo Weasley… esta vez sí puedo defenderme. – continua.

– Es suficiente. – le interrumpe Lily, salta del otro lado de la mesa y se interpone entre ambos hermanos. Toma de los hombros a Hugo con firmeza. –Para ya. – le dice mientras lo mira a los ojos y luego voltea a ver a Rose. – llévatelo Rose, salgan de aquí. – le suplica a la pelirroja.

No es necesario que lo diga dos veces. Rose toma la mano de Scorpius y sale de allí.

– ¿Realmente crees que es diferente? – le grita Hugo con rabia. Rose ve como las manos de Scorpius se tensan formando puños y como quiere dar media vuelta para golpear a Hugo.

– No vale la pena. – le dice ella y lo saca de allí.

Caminan por los pasillos sin parar. Quiere mantener a Scorpius lo más lejos posible de Hugo, pero el muchacho para de improviso en uno de los pasillos que llevan a las mazmorras.

– ¿Por qué has hecho eso? – pregunta con molestia. Rose lo mira con confusión.

– Por qué te expulsarían si lo golpeas en frente de todos. – Dice y rápidamente Scorpius niega con la cabeza.

– Me refiero a por qué golpeaste a tu hermano. Rose…

– Se lo merecía. – le corta antes de que él pueda decir más. – No mereces cargar la cruz de las acciones de tu padre Scorpius. Eres una buena persona, tal vez el chico más amable que he conocido. No mereces que te traten de esa manera.

– Pero es tu hermano. No quiero que la situación con tu familia se vea afectada porque estás conmigo. – Rose niega con la cabeza y entrelaza sus manos mientras se da valor a sí misma.

– La relación con mi familia está rota desde hace tiempo Scorpius. Mis papás se separaron recién, pero las peleas siempre existieron. Has visto cómo se comporta Hugo, no es por nada, tuvo que aprender de alguien.

Scorpius recorta el poco espacio que les queda y la abraza con cariño. El abrazo la reconforta, pero no le hace olvidar lo que llevaba encerrado por tanto tiempo. La relación con su familia ya estaba rota.