Capitulo 14 ya esta disponible! XD Bueno primero que nada y como siempre debo agradecer a mi fiel lectora, Juli por la onda y la buena energia que me transmite con sus reviews! Son muy importantes para mi! Es bueno saber que no solo coincidimos en esta serie ya que Criminal Minds me gusta mucho tambien! No sabes el alivio que senti al leer que te gustaba la serie, que Reid era tu personaje favorito, que el crossover era con quien te imaginabas y que quedaste contenta con el resultado! :D No te das una idea lo feliz que me senti! Me pone muy contenta que te guste! By the way... este es un tanto largo asi que espero que lo disfrutes! :)
Mil perdones por la espera, pero como soy media loquita, voy escribiendo sobre la marcha (algo que se que esta muy mal y no debo hacer), y para colmo, como si no los tuviera mal acostumbrados con las publicaciones tan seguidas, ahora empiezo la facu y se me van a complicar los tiempos de escritura y publicacion asi que les pido paciencia! PERO NO LOS VOY A ABANDONAR! :)
Como ya saben, el conjunto esta disponible en Polyvore para que puedan apreciarlo!
Se agardecen las reviews! Hasta la proxima! :)
Chapter Fourteen: ¡I missed you! ¿Where have you been?
Deseaba permanecer oculta debajo de las sabanas un poco más de tiempo, pero la alarma y la llamada urgente de Catherine por una escena con múltiples victimas la obligo a levantarse de la cama haciéndole envidiar a Bolton por su relajada y consentida vida.
Partió con Greg del laboratorio hacia la escena; en el transcurso del viaje su amigo le comento de qué se trataba, y cuando le toco bajarse del auto ya se sentía horrible. Cuando ejerces ese tipo de trabajo siempre hay algunos casos con los que te identificas o logran influenciarte. Si bien Abby era arbitraria en eso, los casos que involucraban las muertes de niños y maltrato hacia mujeres, eran el punto débil en la solida estructura de su personalidad. Por lo tanto, recibir una noticia por la madrugada cuando aún estaba grogui a causa del sueño, en la que seis jóvenes bailarinas, todas viviendo bajo un mismo techo, habían sido brutalmente asesinadas, no fue de su agrado y temió tener que enfrentarse con su debilidad dentro de esa casa. Se separo de su amigo y cuando ingreso, un oficial de policía le indico que las habitaciones estaban arriba y que casi todos sus compañeros se encontraban allí, así que se dirigió en silencio observando todo a su paso. Sentía el corazón palpitándole en los oídos, el sudor frio en su frente y espalda, y se imagino que su aspecto parecería el de un fantasma, porque cuando se topo con Nick que estaba trabajando aun en las escaleras con las huellas de sangre, se detuvo a observarla fijamente unos instantes. Abby sonrió más relajada y contenta por verlo, pero él se limito a sonreír débilmente, un tanto incomodo. Intercambiaron dos o tres palabras para luego sumirse en un silencio incomodo y la joven decidió retirarse deseando que la tragara viva la tierra.
-No quiero que te encargues de esto ya somos demasiados aquí, además estas tan pálida que pareces al borde del colapso, Abby- dijo Grissom gentilmente en el pasillo luego de sacarla de la habitación en donde la encontró examinando a la víctima de cabellos rubios con la que el asesino parecía haberse ensañado más.
-¿Es una broma? ¡Cath me llamo porque necesitaba personal!- dijo irritada por sentirse descompuesta y haber ido en vano. -El asesino parece sufrir algún tipo de trastorno- dijo sin que le haya preguntado nada, observando aun el cuarto. –Hay signos que demuestran que esta demente- dijo volviendo la vista hacia él que la observo decidido.
-Haremos lo siguiente- negocio tomándola de los hombros con ternura. –Volverás al laboratorio con las muestras ya recolectadas que nosotros te daremos, allí las repartirás a los técnicos y tu, señorita volverás al perfil del asesino de miniaturas. No queremos que suceda algo inesperado, así que te encargaras de ello para prevenirnos- dijo y al ver que la joven abría la boca para quejarse, continuó: -Sara ya está en una posición delicada, no quiero que a ti te suceda lo mismo. A ambas esto le afecta, ya debo hacerme cargo de una, no quiero que estés bajo esta presión- dijo y Abby lo traspaso con su parda mirada mientras alzaba una ceja. –Abstente de hacer algún tipo de comentario- dijo y se dispuso a salir de allí.
-¡Al menos ten en cuenta lo que te dije!- exclamo la joven para que la oyera y noto como el supervisor desapareció en una de las habitaciones dejándola en medio del pasillo ofuscada sin saber qué rayos haría en las próximas horas hasta tener la evidencia para poder salir de allí. Finalmente obtuvo todas las muestras para irse de regreso al laboratorio con David y los cuerpos.
Estuvo reflexionando en el sillón de su oficina con la vista fija en la pizarra atiborrada de fotos y datos. No podía quitarse de la mente las imágenes de las víctimas del caso y se le hacía imposible no relacionar la actitud del asesino con su experiencia en el vivero y las imágenes comenzaron a sucederse rápidamente mientras recordaba la sonrisa del mercenario que la había secuestrado provocada por sus gritos de dolor. Se le encogió el estomago al imaginarse el dolor que habían sufrido esas jóvenes brutalmente asesinadas, se tomo los brazos, molesta por la sensación en sus cicatrices aun sensibles y noto que había comenzado a temblar levemente hecha un ovillo. Debía concentrarse pero estaba preocupada por Sara, deseaba hablar con ella y averiguar algo más acerca del asesino, pero Grissom no se lo permitía; agobiada se puso de pie decidida a hablar con el supervisor. Lo encontró sentado en su oficina, al oírla entrar alzo la vista y le sonrió amable.
-¿Cómo te encuentras?- pregunto bajando los papeles que tenía en su mano al escritorio.
-¿Cómo esta Sara?- pregunto a su vez, preocupada por su compañera.
-No lo sé, aun no la he visto y está obsesionada con el caso, así que no se mostrara tanto por aquí- dijo pensativo y Abby dejo mostrar la arruguita tan característica en su frente, señal de preocupación.
-Deja de pensar en esto, Abby- pidió Grissom y la joven lo traspaso con la mirada.
-Con una condición- retruco la joven y el bufo haciéndole señas con la mano para que continuara. -Quiero interrogarlo yo- pidió y él se negó rotundamente.
-No podrás hacerlo, te afecta demasiado- dijo negando con la cabeza.
-Puedo controlarme muy bien, lo sabes- dijo irritada.
-No lo harás sola, iras con Jim- dijo a su vez y ella acepto a regañadientes. –Ahora puedes volver a las miniaturas- ordeno con cierta diversión en la mirada y un asomo de sonrisa jugueteo en sus labios, pero ella no se movió de su lugar.
-Con respecto a eso debo pedirte algo- dijo y él sonrió.
-Últimamente, estas muy extraña Robertson- dijo riendo entre dientes y ella bufo. -¿Qué sucede?- dijo finalmente.
-Desearía poder trasladar las urnas de cristal a mi oficina para analizarlas con mayor detalle y de una manera tranquila- pidió entrelazando sus manos para no moverlas tanto como hacia cuando estaba nerviosa.
-Sabes que puedes hacer lo que quieras con ellas- dijo asintiendo observándola por encima de los anteojos algo que ponía realmente nerviosa a la pelirroja recordándole los tiempo de evaluación.
-Y… quería saber si podrías autorizar a un colega, agente del FBI para que me ayude en la realización del perfil ya que he quedado estancada y me gustaría que le eche un vistazo y me diera su opinión- dijo observándolo fijamente y el supervisor no pudo ocultar el claro asombro que cruzo su rostro y se instalo en sus acuosos ojos.
-¿Es de Virginia?- pregunto y Abby asintió sin despegar los labios firmemente sellados. –¿Ya has trabajado con él?-
-Así es, ha venido por un caso, y se quedara unos días porque le pedí ayuda. Me dijo que volvería. Es psicólogo y sociólogo. Ambos nos encargábamos de los perfiles y es experto en lenguaje corporal igual que yo- informo ella y el asintió entusiasta.
-Tiene mi autorización entonces- dijo y la joven tras agradecerle, se dirigió a la puerta, pero se volteo al ser llamada por el supervisor. –Cuando llegue quiero conocerlo- pidió y ella asintió sonriente.
Como no había desayunado aun se dirigió a recepción para salir del edificio y comprar algo en el café cuando la recepcionista se acerco a ella dando saltitos.
-Señorita Robertson, señorita Robertson- llamo apresurada como era habitual en ella y la pelirroja sonrió volteándose.
-No es necesario que me llames así Tracy, con que me digas Abby está bien- dijo amable, agradeciéndole al cielo que no la llamara doctora y la joven se ruborizó mientras le sonreía avergonzada.
-Abby entonces, tiene visita- dijo tratándola con el mismo formalismo y la pelirroja sonrió resignada. -Ha llegado el mismo joven de hace unos días atrás y me he tomado el atrevimiento de hacerlo pasar a su oficina- dijo avergonzada y a Abby se le transformo el rostro a causa de la felicidad, pero no debió de ser muy claro ya que la joven recepcionista lo tomo de la manera incorrecta. –Oh, cuanto lo siento señor… ejem, Abby. He hecho mal ¿no es así?- dijo avergonzada y la pelirroja sonrió amable.
-No, Tracy has hecho bien. Él es de mi confianza y no hay otro lugar aquí en donde se sentiría más cómodo. ¡Gracias!- dijo mientras se encaminaba hacia su oficina.
Al verlo a la distancia mientras se acercaba, a través de los cristales de la oficina, se le ilumino el rostro y cuando finalmente llego, se recostó en el umbral de la puerta cruzándose de brazos limitándose a observarlo en detalle. No había cambiado en absoluto; la misma indumentaria de nerd, pero extremadamente sexy en él que le hacía parecer mayor de lo que realmente era, sus cabellos un poco más largos de lo que ella recordaba, su rostro aniñado que jamás envejecería a sus ojos, sus hermosos ojos acaramelados que la miraban siempre de esa manera especial y que en ese momento recorrían rápidamente las hojas del libro que tenia entre manos, el reloj sobre la camisa como era costumbre en él, las zapatillas de eterno adolescente, el perfecto perfil, el serio pero siempre afectado semblante, dándole tanta ternura a la joven, que deseaba vivir abrazada a él como para que pueda recibir cierto cariño de alguien y la postura relajada sentado de su lado del escritorio indicándole que se sentía realmente cómodo allí, le recordaron cosas, momentos, provocándole reacciones físicas y químicas en el cuerpo, asustándola seriamente por lo repentino. Aun lo estaba observando detenidamente, sin salir del asombro de las emociones de su cuerpo, pero tranquila de encontrarlo cómodo a pesar los inconvenientes que él tenía con el mundo exterior y lo desconocido.
-Aun sigues usando el mismo e irresistible perfume- dijo con suavidad y respeto como era habitual en él por su personalidad sin despegar la vista de su lectura y el corazón de Abby comenzó a palpitar fuertemente. Él alzo la vista traspasándola con la mirada y ella se la sostuvo. –Y el azul sigue quedándote igual de atractivo. ¿Aun sigues detestando que haga esto?- pregunto con una sonrisa tímida, pero llena de brillo alzando el libro y Abby sonrió ampliamente sabiendo que se refería a la habilidad y rapidez de su lectura. Decidió acercarse hacia él mientras contestaba a su pregunta.
-No tanto como antes, cuando lo hacías para fastidiarme ganando todas las competencias que hacíamos- dijo riendo entre dientes y él se puso de pie, observándola fijamente, algo que la incomodo ya que sabía que él era una de las pocas personas que podía verle el alma a través de la mirada. –Además es mas lo que te extraño de lo que puedo llegar a enojarme contigo- dijo amable notando que aun usaba algo purpura, en esa ocasión una corbata, y él trago en seco.
-¿Ahora te dedicas a los crucigramas?- dijo con picardía sonriendo de manera torcida y la pelirroja pidió al cielo que el repiqueteo de su frenético corazón no se oyera desde el exterior. "¿Qué demonios esta pasándome?", pensó mientras sonreía avergonzada bajando la vista hacia la pequeña revista.
-Un vicio que me transmitió mi nuevo supervisor- dijo alzando las cejas notando lo natural que sonó esa frase en sus labios, sintiendo la mirada de Spencer clavada en ella mientras sonreía.
-Has cambiado tanto…- dijo en un susurro, un tanto nervioso provocando que Abby alzara la vista mientras él se debatía, claramente tentado, si acariciar o no el rostro de la joven pensando que tal vez era incorrecto, sin poder comprender las irrefrenables ganas que tenia de hacerlo. Finalmente se decidió a correr con delicadeza los rizos que caían como era costumbre, sobre el rostro sonrosado de la joven que lo traspaso con la mirada asombrada.
-¿Por qué lo dices?- pregunto confundida rogando que el rubor no se instalara en sus mejillas, pero a cambio de eso, obtuvo el profundo repiqueteo de su corazón en sus oídos.
-Luces diferente…- dijo él sin poder explicarlo, frunciendo levemente el ceño extrañado por sus propios sentimientos. –Te he extrañado, ¿dónde has estado?- dijo de repente mas para él que para ambos, y ella no dio crédito a sus oídos por lo que oía, así que se acercó mas a él y lo rodeo con sus menudo brazos; el la correspondió tomándola con delicadeza.
-Yo también te he extrañado- se limito a contestar sonriente. -¿Qué te parece si comenzamos con el trabajo?- pregunto amable cuando el silencio se torno incomodo y él asintió en silencio. –Pero antes quiero que conozca a alguien-.
Spencer Reid siguió a la pelirroja por los laberinticos pasillos del laboratorio rodeado de oficinas, observando todo con extrema atención. Era imposible que él se perdiera allí, pero por rutina decidió igualmente prestar atención al recorrido. Observo detenidamente a la pelirroja que iba a su lado, distraída, pensando en otra cosa y con una sonrisa tranquila, totalmente relajada cada tanto le indicaba los sitios y los nombres de algunos técnicos. Había cambiado eso era cierto, pero aun conservaba ese brillo y vitalidad en sus grandes ojos pardos que a él tanto le gustaban, sin embargo su semblante era mas frio, su rostro ya maduro tenia vestigios de seriedad que no había visto en ella cuando trabajaban juntos, pero seguía conservando aun la franqueza que tanto cautivaba a las personas de ella. Algo había sucedido para que Abigail Robertson cambiara de esa manera tan notable; tal vez haya sido el trabajo, tal vez le haya sucedido algo en el trabajo… sea lo que fuera él se encargaría de averiguarlo. Aunque a pesar de esos detalles seguía siendo igual de hermosa y sensual como Reid lo recordaba. El largo, rojo y crespo cabello le daba un aire juvenil y rebelde; sus ojos pardos mezcla de verde y miel, siempre brillantes y curiosos, sus mejillas rosadas naturalmente en contraste con su blanca piel, los labios carnosos en forma de corazón, el cuerpo contorneado, su andar grácil pero firme y seguro; aun seguían provocándole reacciones que no podía explicarse; su alto coeficiente, su mente brillante, los títulos que poseía, los estudios que había hecho… nada de eso servía para explicarse qué demonios le sucedía cuando estaba cerca de ella, porqué su cuerpo reaccionaba cómo reaccionaba, porque se veía tentado de acariciarla y hasta de besarla sabiendo que no era lo correcto. Pero lo físico era lo que menos lo conmocionaba, Abby era de las pocas personas que lo llamaban Spence de manera cariñosa y lo comprendía naturalmente sin tener experiencia ni la necesidad de haberlo conocido durante años como sus compañeros de la BAU. Eran como dos piezas de rompecabezas que encastraban a la perfección. Lo oía atentamente cada vez que hablaba, lo tenía en cuenta, lo observaba con cariño tal y como hacia JJ, le sonreía dulcemente lo trataba como cualquier otra persona. Eso era. El hecho de que Abby lo tratara y lo observara como cualquier otro ser humano, que disfrutara de sus bromas nerd, que lo entienda, que pudieran ver películas juntos… que simplemente lo entienda y lo quisiera. Estando con ella se sentía normal. Era cuestión de intelecto, era como si sus mentes estuvieran conectadas.
-Aquí es- dijo alegre y ambos se detuvieron y observaron como Greg salía de la oficina del supervisor con rostro descompuesto. Se topo con los jóvenes y los observo curioso. -¿Esta todo en orden?- pregunto la pelirroja preocupada por la expresión de su amigo que intento no darle importancia, curioso por el joven que la acompañaba.
-No es nada- dijo sonriente, despreocupado. -¿Él es?- pregunto amable, observando a Reid que le correspondió la mirada con la misma curiosidad.
-Oh, él es Spencer Reid, un amigo del FBI- dijo sonriente tomándole el brazo con suavidad. –Spence, él es Greg Sanders, amigo del laboratorio- dijo y los observo estrecharse la mano y saludarse amablemente.
Debieron despedirse cuando Grissom llamo a Abby, quien tomo la mano de su amigo provocando que voltee a observarla.
-Hablaremos de esto luego- le dijo preocupada, leyendo en los ojos del joven que algo no iba bien y él asintió, aceptando la ayuda ya que deseaba hablarlo con alguien y tras besarle la frente con cariño y dulzura se marcho. Reid los observo un tanto confuso, pero decidió que tomaría nota de todo para luego preguntarle a la joven.
-Finalmente ha llegado- dijo Grissom poniéndose de pie y acercándose al joven con rostro amable. –Gil Grissom supervisor del turno nocturno- dijo extendiéndole la mano que Reid tomo enseguida, claramente interesado por el hombre y por el despacho que al igual que a Abby el primer dia, le llamo demasiado la atención. La pelirroja los dejo un momento a solas para que Grissom lo interrogara, con la excusa de que prepararía las miniaturas en su oficina. Se cruzo con Hodges en su camino quien le ofreció ayuda y no le tomo tiempo a la joven presentir que algo le sucedía. Ya habían dejado las últimas dos cajas de cristal cuando el técnico en rastros se volteo a ella y la traspaso con la mirada. Había tenido que comunicarle la noticia de la muerte de una de las jóvenes a su propia madre y se sentía terriblemente mal. Abby intento tranquilizarlo, recordando como ella se había sentido y le comento que no era para nada agradable pero era uno de los defectos de su trabajo y no había nada que ellos pudieran hacer para evitarlo. Sintiéndose un poco mejor, el técnico le agradeció a Abby y desapareció para seguir con su trabajo.
Fue a buscar a su compañero y lo encontró hablando animadamente con Grissom. Atónita se acerco a ellos quienes voltearon al mismo tiempo y la observaron alegres; no supo que decir más que tendrían que estar trabajando y mientras el supervisor la llamaba ella le decía a Spencer que vaya a la oficina.
-No me dijiste que el Dr. Spencer Reid era especial- dijo dándole énfasis con la voz al título del joven que ya se había ido y la pelirroja lo observo de una manera extraña frunciendo levemente el ceño.
-Intento no hacerlo nunca- se explico algo confusa ya que desconocía el motivo por el cual el supervisor se lo había dicho. –No me gusta ponerlo por sobre las personas que le presento, intento tratarlo con la mayor normalidad que puedo- dijo y fue el turno del supervisor de mostrar una mueca confusa. –De hecho, él me lo ha pedido así- dijo seriamente.
-¿Por qué haría algo así?- inquirió Grissom con el ceño fruncido, Abby alzo las cejas, asombrada comprendiendo que no habían hablado de lo más importante.
-Spencer se graduó de la secundaria a los doce años, tiene un coeficiente intelectual de 187, posee una memoria eidética, puede leer 20,000 palabras por minuto, tiene tres doctorados, es sumamente inteligente y no ha cumplido los treinta siquiera; pero tiene un nivel muy bajo de autismo lo que le dificulta relacionarse con otras personas, no puede socializar con facilidad y mantiene la distancia de quien no conoce. Si, es realmente especial ya que tiene sus manías y costumbres, conserva aun la pureza y la ingenuidad de un niño, y no entiende los doble sentidos- explico con dulzura y su mirada brillo. –Pero a pesar de eso intento tratarlo con la mayor normalidad como me sea posible para un joven de mi edad, ya que fuera de su trabajo le incomoda que lo presente con tanto formalismo- comento bajo la mirada atenta del supervisor, que logro comprender al joven.
-¿Por qué el titulo entonces?- pregunto atónito y Abby sonrió.
-Jason Gideon, mi antiguo supervisor le otorgo el titulo para que las personas que trabajáramos con él, lo tomáramos enserio a pesar de su corta edad- finalizo observándolo a los ojos.
-Pareces conocerlo muy bien- dijo traspasándola con la mirada acuosa y Abby lo observo inexpresiva entrecerrando los ojos, intentando que sus emociones no salieran al exterior.
-Tuve tiempo de conocerlo y entenderlo ya que trabajamos mucho juntos. De hecho lo hacemos muy bien- finalizo y se fue sin darle tiempo al supervisor de decir palabra alguna.
-¿Qué es lo que piensas de esto?- pregunto con su suave voz, observándola fijamente cuando tuvieron las miniaturas frente a ellos y la pizarra a un costado. Habían decidido limpiarla y empezar de cero, por lo que había solo una foto pegada sobre el vidrio.
-Lo primero que debes saber es que en el transcurso de los días que pasaron desde que apareciste aquí hasta hoy, apareció esta ultima- dijo señalando la caja de cristal a la cual se acercaron al mismo tiempo. Él asintió ya que había leído todo y escuchado a Abby con atención cuando le comentaba los casos. Cada carpeta con su informe estaba frente a su correspondiente miniatura y ellos tenían un anotador cerca para tomar nota de los detalles. –Fue la más complicada ya que tomamos la precaución de salvar a la dueña de casa pensando que no adelantábamos a los hechos, pero perdimos una oficial del policía que hacía de señuelo; así que estaba todo calculado para tener a una víctima, sea quien fuera- comento observando con fijeza las maquetas sobre la mesa y él noto mientras la observaba, las cicatrices que se dejaban ver por su camisa en ambos brazos que rezaban el nombre y apellido del compañero que la había presentado días atrás. Carcomido por la curiosidad, sin poder averiguar nada por el lenguaje corporal de su compañera, decidió jugar un juego que hacía tiempo que no practicaba y que solo podía lograrlo con ella.
-¿Entonces?- pregunto refiriéndose a la pregunta inicial y ella alzo la vista para clavar sus ojos en los de él.
-Pienso que es una mujer- dijo rápidamente, pensativa sin desviar su mirada de la suya, color caramelo. –Es decir, esto cuenta con un detalle y una precisión con las que las mujeres nacemos; tenemos más creatividad que los hombres, se nos dan bien las actividades manuales; podemos coser, bordar, anudar con facilidad, cambiar pañales hasta con los ojos cerrado y en un tiempo record, pegar cosas en lugares pequeños ya que la contextura de una mujer es más pequeña que la de un hombre y su carácter mucho mas paciente comparado con el temperamento de una persona del sexo opuesto. Claramente estamos tratando con una firma poco común, pero puede ser derivado de algo o haber sido heredado por otra persona. Estuve pensando que si además es joven, de contextura pequeña o mediana y actitud amable o afectada, no le sería difícil relacionarse con las victimas para estudiarlas mejor, incluso poder acceder a sus casas para luego poder hacer esta obra de arte- dijo alzando las cejas, volviendo la vista a las cajas de cristal asombrándose de lo que decía y él estuvo de acuerdo con eso.
-¿Pudo haber heredado esto de Ernie Dell?- pregunto y Abby volvió a observarlo.
-Sin ninguna duda. Aun nos falta relacionar el cómo, pero tal vez él sabía algo, tal vez eran conocidos…- perdiéndose en su propia mente.
-Debe significar algo para ella- dijo pensativo, entrecerrando los ojos, bajo la mirada atenta de la pelirroja. -Tal vez la firma se deba a una especie de trauma; tal vez sea algo que acarrea de pequeña y se ha manifestado al conocer a este hombre que le dio algo que ella necesitaba-
-Pero si es un trauma y no estamos hablando de alguien mayor, esto se remonta a la infancia- dijo Abby con su mente trabajándole a mil revoluciones. Se sentía completa, feliz de poder seguirle el ritmo a alguien y de que ese alguien la entienda. Definitivamente Spencer Reid la complementaba intelectualmente. Estuvieron alrededor de diez minutos reordenando la evidencia en la pizarra de vidrio, pegaron las fotos más importantes, sacaron flechas de todos lados uniendo información, observaron nuevamente las miniaturas, pero no lograron encontrar nada nuevo además de sus hipótesis.
-¿Quién podría ser?- se pregunto la pelirroja en un ultimo intento desesperado para exprimirse el cerebro en busca de detalles que tal vez haya pasado por alto.
-Nos faltan pruebas- resolvió Reid un tanto decepcionado sabiendo que no tenían escapatoria; ya no podían avanzar mas hasta tener nuevas noticias. De repente como si de una lamparita que se prendía en su mente se tratase, la mirada parda de la pelirroja brillo intensamente.
-Podemos investigar la casa de Ernie Dell sin necesidad de movernos de aquí- dijo con una amplia sonrisa mirándolo intensamente. -¿Quieres intentarlo?- ofreció y el joven no pudo negarse a su encanto aunque estuviese un poco saturado de tanto trabajo. –Tal vez encontremos algo allí- comento volviendo la vista a la pizarra.
Almorzaron juntos en la sala más grande, que extrañamente estaba vacía así que aprovecharon para ponerse al dia con las novedades que traía Reid de Virginia. Así Abby se entero de que Jason Gideon los había abandonado hacia alrededor de un año; Elle también se había ido, pero dos nuevos integrantes habían llegado; que él había sido secuestrado por un joven con múltiples personalidades y que se había hecho adicto a una droga pero había podido rehabilitarse, y que JJ había sido madre nombrándolos a Penélope y a él padrinos. Tras reponer energía, se trasladaron a una de las oficinas más alejadas y tranquilas para poder desplegar todas las fotos y armar el rompecabezas. Así que, luego de encender la luz de la mesa y de los paneles en ambas paredes se dispusieron a hacer su trabajo en silencio y manos agiles. A pesar de estar muy cerca el uno del otro, se encontraban cómodos con la proximidad observando las fotos y Reid decidió comenzar la indagatoria.
-Me inquietan estas fotos- dijo pensativo tras un largo periodo en silencio y ella asintió.
-Es como si dentro de la firma, que es la miniatura, tuviera otra poniendo la foto de la muñeca desde distintos ángulos- dijo Abby pensativa alzando el brazo izquierdo para señalarlas.
-Tal vez sea el núcleo de todo el trauma- dijo observando las fotos. –Esas cicatrices fueron hechas con una navaja- menciono sin desviar la vista del iluminado panel, pero le basto a la joven para saber de qué se trataba y acercar su brazo rápidamente a su cuerpo, atónita por la observación dispuesta a seguirle la corriente.
-Podríamos bajarlas y verlas con más detalle sobre la mesa- dijo acercándose al panel para tomarlas una por una. –Podrías haberme pedido ayuda; no era necesario enfrentarte a tus padres solo, no debió ser nada fácil Spence. Podría haberte acompañado- dijo esparciendo las fotos sobre la mesa y él la observo perturbado, sin poder explicarse como rayos lo sabía. La pelirroja sonrió ampliamente al notar el rostro descompuesto del joven. –Sabes que los dos podemos jugar este juego- le dijo alzando una ceja, de una manera que al joven le pareció demasiado seductora y trago en seco aun sin comprender. El juego consistía en hablar de sus problemas personales al mismo tiempo que desarrollaban la investigación. Era interesante y entretenido para ellos ya que parecían hablar en clave mientras resolvían el caso, y a los demás se les hacía difícil seguirlos. Luego de disponer las fotos en la mesa, al notar que su compañero aun no reaccionaba, decidió hablar.
-No te asustes, que no he desarrollado las facultades adivinas- bromeo, pero su amigo no reacciono. –He llamado a Morgan y él me lo ha contado. A pesar de el tiempo que ha pasado, aun puedo percibir cuando estas molesto, incomodo o preocupado por algo, Spence- comento sonriendo con ternura y él pareció relajarse. –Oh, y dile que por favor deje de llamarme Rob, fue hace tiempo- rio armoniosamente y él correspondió al gesto.
-Todos allí te recordamos igual, Rob- bromeo y ella rio negando con la cabeza. -¿Y qué hay de eso?- pregunto señalando las cicatrices luego de un silencio.
-Hace alrededor de un año fui secuestrada por un mercenario- comenzó alzando la vista y Reid la traspaso con su mirada color caramelo. –Deseaba finalizar un trabajo que había dejado pendiente con Nick, al que deseaba matar y buscando a Sara para utilizarla como señuelo, me tomo a mi por equivocación- relato nerviosa de tener que recordarlo. Él se acerco más a ella y le tomo con suavidad los brazos que tenía extendidos a mambos lados del cuerpo, obligándola a moverse frente a él para observar las cicatrices en detalle. –Me torturo para poder extraer algo de información que yo no sabía, ya que no era Sara y pensando que no se realizaría el intercambio con él… Me dejo algo para que pueda recordarlo en caso de sobrevivir al abandono- conto con voz ahogada mientras Reid pasaba suavemente los pulgares por las cicatrices. –Ehmm, no se irán- dijo como si pudiera leerle los pensamientos y él alzo la mirada y la clavo en sus ojos. –Han sido curadas pero por no haber tratado la profundidad de manera inmediata y la infección a las que estuvieron expuestas, quedaran así…- dijo perdiéndose en los recuerdos y las imágenes de aquel episodio tan desagradable. Él abrió la boca para hablar, pero una amplia y brillante sonrisa en su rostro lo enmudeció de repente. Frunció el ceño sin comprender porque la alegría de su compañera que alzo la vista y lo observo intensamente. –He aprendido en el último año a vivir con ellas, y a observar todo de un modo más optimista. Si dejas que este trabajo te afecte demasiado, terminara consumiéndote; así que intento hacer todo lo contrario- sonrió alegre con naturalidad y el joven se sintió extraño. Recorrió lentamente su brazo derecho para tomar su mano, mientras alzaba mano izquierda para correr con delicadeza algunos rizos que caían sobre el rostro de la pelirroja que lo observo asombrad y un tanto nerviosa. "¡Que no se oiga mi corazón, que no se oiga mi corazón!", pensó mientras se concentraba un leve rubor en sus mejillas a causa de las descargas eléctricas que le provocaba el roce del tacto de Reid. No supo en qué momento se acerco tanto a ella, lo que si supo era que sus rostros estaban demasiado cerca como para respirar el mismo oxigeno y que sus narices rozaran entre sí. Él tomo con suavidad su rostro y acaricio la rosada mejilla de Abby que intentaba no hiperventilar mientras lo observaba con ojos desmesuradamente abiertos, sin poder reaccionar del asombro que sentía por estar atrapada en el mar de caramelo de sus ojos que la traspasaban con su mirada. Jamás lo había visto tan decidido, tan serio y hacia tiempo de que no lo veía a tan escasos centímetros. Abby podía sentir el desenfrenado repiqueteo del corazón de Spencer y Spencer podía sentir los frenéticos latidos del corazón de Abby. A pesar de que su mente, fría, calculadora, le dijera que no; que no era lo apropiado luego de tanto tiempo, su instinto, su cuerpo le pedía besar a la joven que no lograba salir de su asombro y no movía ningún musculo de su tenso cuerpo observando como él se acercaba cada vez mas.
-Spence- logro susurrar muy cerca de su boca y él la observo fijamente a los ojos.
-No debí dejarte ir- dijo en un susurro intentando enmascarar el dolor que igualmente ella logro divisar en su semblante, en sus ojos afectados que le decían a gritos lo mucho que la había extrañado, y lo que sentía aun por ella.
Unos pasos apresurados se detuvieron en seco en el umbral de la puerta tras ver la escena y la voz de Nick nombro a la pelirroja. Ambos jóvenes se separaron abruptamente, a pesar de que Reid no había soltado la mano de ella y Abby poso una mano en el pecho de él para recomponerse y bajar a la tierra de donde sea que estaba muy, muy lejos. Sus respiraciones aceleradas no tardaron en acompasarse y sus miradas conectaron al mismo tiempo; la de él parecía irritada mientras que la de ella desesperada, intentaba recomponerse para observar a su compañero de laboratorio que aun aguardaba en el umbral de la puerta con el rostro transformado. Finalmente se volteo a observar a Nick y noto como sus oscuros ojos la traspasaban como dagas, bien filosas hiriéndole la piel muy lentamente. Su rostro feroz e inexpresivo estaba tenso al igual que su cuerpo, parecía una fiera enjaulada y tras observar fijamente a Reid por un tiempo prolongado, desvió la vista a ella nuevamente y Abby sintió un peso en su estomago, como si hubiese comido plomo. Trago en seco e inspiro profundamente, intentando recomponerse antes de hablar.
-Tenemos al sospechoso- se limito a decir, traspasándola con la mirada. –Jim aguarda en el hospital- informo con cierto dolor e irritación en la voz, imperceptible a los oídos de la joven, pero claros para el joven que volteo para observarlo fijamente y noto los celos y el odio que transmitía Stokes en aquel momento, y como si se tratara de un acto reflejo, ciño mas el agarre en la mano de la pelirroja que aun tenia la vista fija en su compañero de laboratorio.
-¿Quién es?- pregunto con curiosidad.
-Un tal David Marlon, la supuesta víctima que Sara se encargo de acompañar al hospital- informo reluciendo su increíble autocontrol, ya que estaba muy tentado en ir corriendo hacia ellos y deshacer el agarre como lo haría un niño celoso.
-¿Qué?- exclamo preocupada acercándose a él, deshaciendo el agarre y deseo sonreír triunfal por ser ella sola quien lo hizo. Spencer desde su sitio observaba todo con especial atención; aunque no lo supiera y por más imperceptibles que sean, Nick mostraba gestos y actitudes que a él no le pasaban desapercibidos, ayudándole a realizar un perfil del hombre. -¿Dónde está ella ahora?- dijo apresurada, observándola con la clara preocupación en sus pardos ojos.
-Te espera en el hospital, Jim quiere que hables con ella- dijo con seriedad y ella asintió. El moreno estaba a punto de anotarse el tanto cuando la pelirroja antes de salir de la sala, volteo y llamo a su compañero de manera dulce y este la siguió.
Abby tomo con rapidez su bolso de su oficina que quedaba de paso a la salida y se dispusieron a salir de allí a la velocidad de la luz.
-Sara- llamo preocupada ni bien el ascensor los dejó en el piso indicado y la morena se puso de pie y la observo conteniendo el llanto de impotencia que toda la situación le provocaba. Abby se apresuro a acercarse a ella y tomarla en un fuerte abrazo para que su compañera pudiera descargar toda la tensión que tenia encima. Y así lo hizo. Rodeo a la pelirroja con los brazos de una manera desesperada y estuvieron un rato así, en silencio. Reid las observo sin comprender como la morena podía sentirse mejor con tan solo un abrazo y unas palabras tranquilizadoras al oído, pero luego reflexiono que su joven compañera tenía ese efecto en las personas; y no porque se forzara a ser amable con todo el mundo; era algo innato, genuino en ella. Como verdadera psicóloga y futura psiquiatra, se interesaba por la mente humana y cuanta más experiencia tuviera, mejor para ella y para su trabajo. Sonrió tranquilo al disiparse todas sus dudas, al saber que no había cambiado en absoluto.
-¿Mejor?- pregunto Abby pasando su mano por el lado izquierdo de la cabeza de su compañera, acariciándole los cabellos. El joven no pudo creer que aun lo siguiera haciendo. La aludida asintió respirando profundamente y sonrió más tranquila observando al joven por sobre el hombro de Abby que volteo y le pidió que se acercara.
-Sara, él es Spencer Reid, amigo del FBI y ha venido a ayudarme a realizar el perfil del asesino de miniaturas- presento la joven y la morena sonrió mientras le tendía la mano y él se encargaba de devolverle el saludo. –Spence, ella es Sara Sidle-
-Es un gusto- dijo la mayor amable. –Lamento que haya sido en estas circunstancias- se disculpo un tanto avergonzada.
-No hay problemas- dijo él sonriendo amable pero aun incomodo. –Lo necesitabas- dijo refiriéndose al abrazo de su compañera y ambas sonrieron.
-Rayito de sol- llamo la voz de Jim a sus espaldas y los tres voltearon. –Gracias al cielo, estoy a punto de entrar- comento y observo a Reid que le devolvió la mirada un tanto nervioso.
Tras presentarlo nuevamente y pedirle que se quede con Sara hasta que este mejor y pueda volver al laboratorio, ingreso detrás de Jim a la blanca sala de hospital donde descansaba un hombre de unos treinta años, de ojos grandes, alegres y desesperados, barba crecida pero recortada, mueca divertida en su rostro y demasiado relajado a pesar de ser acusado de homicidio. A Abby le basto con solo mirarlo para saber que estaba desequilibrado mentalmente, pero aguardo a oírlo para cerciorarse. Intercambio unas palabras con Jim para que su padre finalmente se volteara y la observara sabiendo que le daba el pase para hablar.
-¿Por qué lo ha hecho?- pregunto luego de un silencio prolongado y el hombre fijo sus fríos y espeluznantes ojos en ella sonriendo ampliamente, provocándole un escalofrío que logro controlar a tiempo.
-Mmmhh… Una pelirroja…- dijo como si estuviera deleitándose por un manjar en un restaurante y la joven intento no observarlo con asco, pero la aversión y la repulsión eran demasiado para ella. –Sus cabellos siempre prendidos fuego y brillando de una manera intensa. Únicas en su especie y muy distintas las unas de las otras… realmente son como diamantes si logras encontrarte con una, debes conservarla- rio fascinado sin quitarle los ojos de encima y Abby noto como la abandonaban todas sus fuerzas y como palidecía de golpe, ante esas palabras tan dulces. –Simplemente preciosa…- dijo observándola de arriba hacia abajo como si se tratara de un oasis en medio del desierto.
-No has contestado a su pregunta- exclamo Jim destilando odio con cada palabra. –¡Hazlo!- ordeno furioso.
-Sus ojos- se limito a decir y el detective busco apoyo en su hija que intento comprender las palabras. –Me encanta observar sus ojos vacios cuando la vida abandona sus cuerpos- dijo suavemente y la joven cerró los puños con fuerza para controlarse.
-Hijo de perra- espeto, furiosa y Jim se acercó a él lentamente.
-Lo que daría por observar los tuyos aunque fueran los últimos- sonrió ampliamente y la pelirroja lo observo horrorizada. –¡Si, así es! Tanta pasión, tanto brillo tienen que seria espectacular quitarte la vida y observar esos posos vacíos eternamente- dijo con desesperación sonriendo ampliamente y Abby noto que nunca había sentido tanto asco por alguien. Jim extendió las manos tomándolo de la bata y se acercó a él, amenazante. Abby estaba demasiado impresionada como para prestar atención a lo que hablaban pero lo único que logro comprender antes de salir de allí, fue que le divertía contar todo eso.
Abrió rápidamente la puerta y el aire fresco del pasillo sirvió para despejarle la mente, pero no fue demasiado ya que se choco con Reid que fue a su encuentro al notarla tan pálida. Ella alzo la vista un tanto desorientada y lo observo tragando en seco; el joven no tuvo tiempo de preguntarle nada ya que de la misma puerta salió Jim con el ceño fruncido y se acercó a ella para preguntarle como estaba.
-No escuchas todos lo días que alguien desea verte muerto- espeto con rudeza, preocupado cuando ella le aseguro que estaba bien y fue peor. Reid se limito a observarla con fijeza cuando el detective desapareció de allí.
-¿Te parece dejar el trabajo por hoy?- pidió de camino al estacionamiento. –Debes estar cansado, yo estoy cansada… Debo estudiar…- dijo con la vista fija hacia el frente y a él le pareció bien. –Te acompaño al hotel entonces- dijo sonriente cuando estuvieron en el auto. El viaje fue divertido ya que escucharon música y él intento distraerla con estadísticas y bromas, lo cual funciono hasta que abandono el auto ya que el viaje de vuelta a casa se le hizo eterno.
Una vez dentro de la cochera con las manos aun tomando el volante con fuerza, observo la pulsera con el dije en forma de corazón que descansaba en su muñeca derecha y se sintió extraña. No sabía que pensar, que sentir, como reaccionar… Amaba a Nick, o al menos eso creía hasta que Spencer apareció unos días atrás, reavivando todo lo que estaba escondido en ella. Algo debía hacer, aunque no tenia la menor idea de que. Se sintió extraña nuevamente al recordar que estuvo a punto de besarlo en el laboratorio y pero peor aun fue descubrir que se había quedado con las ganas. ¿Estaría dispuesta de dejar todo por Spencer y por lo que alguna vez tuvieron, o se jugaría definitivamente por Nick? Confundida, suspiro profundamente apoyando la cabeza en el volante deseando que todo se tratara de un maldito sueño, y que al despertar la vida fuese más fácil…
