HORIZONTES DE LUZ
Por Evi
O o O
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CON EL CORAZÓN POR DELANTE
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Aquella noche había sido perfecta… tan perfecta como el vuelo de pruebas que el capitán Hunter había llevado a cabo el día previo. Tan perfecta como los registros de vuelo, las evaluaciones de protocolos, los reportes físicos y médicos e incluso los comentarios de los delegados del GTU.
Rick no podía dejar de pensar en todo aquello. El reloj sobre la mesita de noche marcaba las 0512 horas, pero él estaba despierto y alerta, tendido sobre su costado mientras abrazaba el cuerpo desnudo de Lisa, que de espaldas a él, dormía profundamente. Él recorría su brazo suavemente con las yemas de los dedos, acariciando la piel delicada y perfecta de ella, mientras su esencia inundaba los sentidos. Ese aroma fresco, suave y dulce que era tan íntimamente característico de ella. Rick sonrió y escondió su rostro en el cabello color miel de Lisa, respirando profundamente, queriendo intoxicarse con ella, con su aroma, con su presencia, con su calor… con todo lo que ella era y lo que significaba para él.
El capitán Hunter aún sentía que los niveles de adrenalina eran bastante altos en su cuerpo. Después de un vuelo de 14 horas y después de la noche que había pasado con Lisa, él esperaba sentirse cansado, agotado y totalmente somnoliento. Pero no era así, se sentía vivo, lleno de fuerza y de una vitalidad que hacía mucho no sentía. Pero sobre todo se sentía satisfecho y feliz… sentía una plenitud que iba mucho más allá que el mero aspecto físico. Se sentía realizado, como piloto y como hombre. Sin duda estaba pasando por el mejor momento de su vida… ¿O sería acaso que las sorpresas apenas comenzaban y aquello era el comienzo?
- Jamás pensé que viviría algo así. – Pensó. – Nunca me imaginé que la vida llegaría a ser tan buena para mí… que viviría sin sentir esa angustia, ese temor… ese miedo y ese dolor que siempre me acompañaron antes.
Lisa se movió y Rick la observó embelesado mientras ella cambiaba de posición y quedaba de frente a él, inconscientemente buscando su calor y su presencia. Rick la atrajo hacia su cuerpo y la besó en medio de los ojos. Ella murmuró algunas palabras incomprensibles y luego volvió a quedarse perfectamente inmóvil. Rick sonrió y se acurrucó contra ella, cerrando los ojos para dormir un poco. Tendría el día libre, aunque aquello no lo emocionaba particularmente sabiendo que Lisa sí tenía que ir a la base y atender varias reuniones.
Imágenes del vuelo del día anterior comenzaron a amontonarse en su cabeza mientras empezaba a sentir una pesada somnolencia. Aún podía sentir correr por sus venas la emoción de volar una nave que nadie más había volado antes en combate… la adrenalina que su cuerpo liberaba en cada uno de los combates que había peleado. Aún sentía su cuerpo reaccionando a las fuerzas G a las que se había sometido… y de pronto aquellas imágenes fueron reemplazadas por otras igualmente excitantes, pero mucho más placenteras… la noche que había compartido con Lisa, con su mujer, después de ese vuelo tan extraordinario.
La necesidad que había tenido de ella había sido demasiado profunda y poderosa como para poder controlarla. Aún estaba acelerado y con los niveles de adrenalina al máximo cuando habían entrado a su casa la noche anterior. No le había dado a Lisa mucha oportunidad de defenderse, pues apenas habían cerrado la puerta cuando él ya la había tomado en brazos y había comenzado a besarla con una urgencia y una desesperación que rayaban en la locura. Ni siquiera habían logrado llegar a su habitación; habían terminado haciendo el amor en un sofá de la sala… pero eso había sido solo el comienzo.
Al parecer Rick no era el único cuya adrenalina estaba al límite esa noche. Lisa había respondido de una manera bastante apasionada a sus reclamos amorosos. El resultado había sido tal, que ahora el capitán se preguntaba como es que no habían terminado incendiado su casa. En ese estado de duermevela en el que se encontraba, el capitán no podía evitar el sonreír al recordar lo increíblemente maravilloso que todo había sido. La manera en cómo Lisa se había entregado a él y cómo lo había también sometido a su voluntad. Ahora la sentía tan tranquila, durmiendo en sus brazos pero en su mente la imagen que tenía era la de Lisa, jadeante y sudorosa, sonriéndole y diciéndole que lo amaba, para después besarlo profundamente en los labios.
El cansancio finalmente comenzó a hacer mella en el cuerpo de Rick. Comenzó a relajarse y cuando sus músculos comenzaron a hacerlo, el agotamiento pareció surgir de lo más profundo de su cuerpo. Sus ojos se cerraron definitivamente y su respiración se hizo suave y rítmica. Estaba exhausto y ahora su cuerpo reclamaba el tan merecido y necesario descanso.
Y durmió tan profundamente, que ni siquiera escuchó el reloj despertador ni se percató de que Lisa, tomando unos minutos de su apretada agenda del día, lo contempló dormir mientras ella misma recordaba los sucesos del día anterior. No sintió cuando ella lo besó repetidamente en el rostro y en los labios. Tampoco la sintió dejar la cama… ni el beso de despedida que suavemente le plantó en los labios antes de irse a trabajar.
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Apenas había puesto un pie dentro de su oficina cuando Lisa se dio cuenta de que el día estaría más ajetreado de lo que ella había imaginado. Kelly apareció, agenda en mano, para recitarle los compromisos que tenía esa mañana. Los delegados del GTU habían tenido de adelantar su regreso a Ciudad Monumento, por un imprevisto que había surgido en el consejo, por lo que había sido necesario mover la reunión que Lisa tendría con ellos esa tarde a la mañana. Aquello había alterado toda la agenda del día y la sargento Hickson había tenido que hacer gala de sus "habilidades de malabarista", como Lisa solía llamarlas, para arreglar los compromisos del día de la almirante.
Al haber estado ausente el día anterior, el trabajo se había amontonado y Lisa pensó que tendría suerte si lograba llegar al medio día en una sola pieza. Kelly le informó que se había tomado la libertad de reagendar algunos compromisos para la próxima semana, tratando con ello de aligerar un poco la carga de trabajo que Lisa tenía para ese día. Ella le agradeció a la sargento por ello y se apresuró a meter algunos documentos en su carpeta con el logotipo de la RDF y a colocarse su gorra de almirante.
- Los delegados la esperan en la sala de juntas. – Kelly le informó.
- Bien… toma todas mis llamadas, Kelly… no me pases ninguna a menos—
- A menos que se trate del capitán Hunter. – La sargento le respondió con una sonrisa de complicidad.
Lisa le devolvió la sonrisa y salió de la oficina, prácticamente corriendo hasta la sala de juntas en donde los delegados ya la esperaban. El coronel Maistroff parecía no haber perdido el tiempo, pues mientras la almirante llegaba, él se había encargado de comenzar con algunas consideraciones preliminares. Aquello no pareció ser del agrado de Lisa, quien sin embargo prefirió no hacer comentarios al respecto. Ya le llamaría la atención al coronel en privado después.
La reunión básicamente fue una exhaustiva evaluación del vuelo de pruebas del día anterior. Se revisaron todos los registros, los resultados, algunos videos. Se habló largamente sobre el aspecto financiero del proyecto VF-4 y los convenios que se tenían con las Industrias Stonewell Bellcom. La reunión fue larga y agotadora, pero Lisa se sentía satisfecha. Los delegados se mostraban bastante entusiastas respecto a lo que habían visto el día anterior. No sólo estaban impresionados con el VF-4, sino que estaban bastante satisfechos con el capitán Hunter y el vuelo tan espectacular y perfecto que había llevado a cabo. Era obvio que Rick se había ganado la simpatía de la delegación del GTU y eso enorgullecía a Lisa, quien no desaprovechaba la oportunidad de mirar de soslayo al coronel Maistroff y sentir una íntima satisfacción al ver su gesto de desaprobación y de desdén cada vez que algún delegado elogiaba el desempeño del capitán Hunter.
Aquel desprecio que el coronel sentía por el capitán fue bastante patente cuando algunos delegados comenzaron incluso a dejar entrever las posibilidades de un ascenso para el capitán. Lisa no pudo evitar el sonreír levemente ante aquellos comentarios pero decidió no opinar al respecto, ya que su opinión personal podría ser considerada demasiado parcial en ese caso en particular.
- ¡Es sólo un piloto amateur que por cosas del destino… y por una brillante carrera como trepador social, ha logrado posicionarse en donde se encuentra el día de hoy! – Maistroff finalmente replicó.
Lisa le lanzó una mirada asesina, pero ya uno de los delegados había salido en defensa del piloto.
- Con todo respeto coronel, pero si fue su entrenamiento en el circo del aire lo que hizo que el capitán Hunter tuviera la destreza y las habilidades de vuelo que todos presenciamos ayer, entonces yo sería de la opinión de que todos nuestros pilotos de la RDF deberían ser enviados al circo aéreo como parte de su entrenamiento básico.
Un murmullo de aprobación se dejó escuchar y Lisa no pudo evitar una risita. Maistroff se hundió en su asiento y se cruzó de brazos.
- Ha sido un piloto con demasiada suerte. – Replicó destilando veneno en su voz. – Jamás logré entender porqué su opinión parecía ser tan importante para el almirante Gloval… o porqué la almirante Hayes le tiene tantas consideraciones…
- Pienso que no estamos aquí para discutir los aspectos personales de la vida de nadie, señor. – Otro de los delegados respondió antes de que Lisa pudiera hacerlo. - Pero es un hecho que el capitán Hunter es un verdadero as y eso ni siquiera usted lo puede negar.
- Es un piloto de circo… jamás puso un pie en la academia.
- Toda su preparación fue directamente en el campo de batalla. – Lisa respondió con un tono de voz igualmente frío y contundente. – Coronel Maistroff, hay muchos militares que a pesar de haber pasado años en la Academia jamás han puesto un pie en el campo de batalla… hay demasiados militares de escritorio.
Maistroff entendió perfectamente bien aquella indirecta tan directa que la almirante le había lanzado. Los miembros de la delegación del GTU ya se habían movido al siguiente punto de la orden del día, sin notar el duelo de miradas entre el coronel Maistroff y la almirante Hayes.
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Lisa no pudo sentirse más feliz cuando Maistroff anunció que volaría a Ciudad Monumento con los delegados después de la junta, por lo que no podría asistir a la reunión de evaluación que estaba programada con la Comisión Científica y los Stonewell.
Aquella segunda reunión fue bastante técnica y minuciosa, pero Lisa se sintió mucho más tranquila y relajada durante el transcurso de la misma. Se analizaron cuidadosamente todos los aspectos técnicos del vuelo del día anterior. Se revisó cada componente de la nave, los resultados de los exámenes que se le habían aplicado al aparato tras el vuelo, incluso las maniobras que se habían llevado a cabo y las recreaciones de combate. El doctor Hassan presentó su reporte médico y físico y las observaciones que tenía sobre las respuestas del cuerpo humano en un vuelo de esa naturaleza en un VF-4. Fue una reunión demasiado larga y exhaustiva. Cuando por fin se dio por terminada, Lisa se sentía agotada y hambrienta.
David Stonewell alcanzó a la almirante en el pasillo, después de que ella se había rezagado un poco hablando con el doctor Hassan y agradeciéndole todas sus atenciones. Le pidió que fuera él quien siguiera siendo el médico de Rick durante el siguiente vuelo de pruebas que se efectuaría en tan solo dos semanas. Cuando David se emparejó con la almirante, notó lo cansada que se veía.
- Se ve exhausta, almirante. Iba a sugerirle que esta noche usted y el capitán Hunter deberían salir a cenar con nosotros, pero supongo que es una mala idea.
- Se lo agradezco mucho, pero en realidad si estoy algo cansada… pero quizás podríamos dejar esa salida para mañana.
- Hmmm… - David lo pensó un poco. – Mi padre tiene que volver a Nuevo Montreal a la brevedad posible pero yo podría quedarme un día más. Quisiera conocer un poco más de Ciudad Macross y pienso que es una buena oportunidad.
Entraron a la oficina de la almirante y ella no se percató en qué momento él se quedó atrás, hablando con Kelly y pidiéndole que fuera su guía de turistas por esa noche. Tampoco notó el hecho de que su siempre atenta asistente ni siquiera había parecido notar su presencia e incluso había pasado por alto el notificarle que alguien la esperaba en su oficina.
Sin embargo aquella fue una sorpresa bien recibida, cuando abrió la puerta y se encontró con el capitán Hunter que, en ropa de civil, la esperaba sentado en el sofá mientras se entretenía jugando un videojuego en su teléfono celular.
- ¡Lisa! – Rick se puso de pie de un salto cuando la vio entrar. - ¡Te he extrañado mucho todo el día¡Ni siquiera te despediste de mí esta mañana!
Lisa se acercó a él sonriendo y ambos se besaron en los labios como saludo.
- Estabas profundamente dormido, mi vida. No quise despertarte, te veías agotado.
- ¡Tú te ves agotada! – Rick la tomó por los hombros y la miró a los ojos. – Kelly me dijo que has tenido un día muy pesado… y se nota.
- Sí, supongo que me veo horrible.
- Un poco, sí. – Rick asintió, ganándose de inmediato una mirada asesina por parte del objeto de su amor. – ¡Pero eres hermosa hasta cuando te ves horrible!
- ¡Eres un bobo! – Lisa soltó una risita y se dirigió a su escritorio a dejar su carpeta y su gorra. – Los Stonewell querían que fuéramos a cenar con ellos hoy.
- ¿Y qué les dijiste?
- Que mañana sería mejor para mí… ¡Estoy muerta! – Lisa se dejó caer en su sillón.
- Sí, mañana me parece bien…
- Parece ser que David es el único que irá con nosotros porque su padre debe volver a su casa. Estaba pensando, amor…
- ¿Sí? – Rick se acercó a ella y se recargó en el escritorio. – Conozco esa mirada, estás tramando algo…
- No… - Lisa sonrió levemente. – Pero estaba pensando que mañana podríamos hacer algo para inaugurar oficialmente nuestra casa… no sé, invitar a Max y Miriya… aprovechar que David está aquí, para agradecerle por habernos prestado la cabaña…
Los ojos de Rick y Lisa se encontraron cuando ella mencionó la cabaña e involuntariamente sonrieron. Lisa puso su mano en la cadera de Rick y él colocó la suya en el hombro de ella.
- Me parece buena idea… - Rick asintió entusiasmado. - ¿Qué tal una parrillada en el jardín?
- Hmmm… yo estaba pensando en algo más formal… quizás una cena.
Ambos hicieron una mueca de desencanto y enseguida comenzaron a reír. Era obvio que había cosas que jamás cambiarían y el que ellos a veces no pudieran ponerse de acuerdo era sin duda una de ellas.
- Bien… - Rick se arrodilló frente a Lisa para estar a su nivel y mirarla a los ojos. – Me parece que tendremos que discutir este asunto.
- Yo tengo una mejor idea. – Lisa le sonrió traviesamente y colocó su mano en la mejilla de Rick para atraerlo hacia ella. - ¿Qué te parece si nos besamos mientras lo pensamos?
- ¡Excelente sugerencia, almirante!
Rick había murmurado las últimas palabras contra los labios de Lisa. La mano de ella se deslizó para descansar en la nuca del piloto y mantenerlo cerca de ella. Su otra mano comenzó a acariciarlo con cariño en el pecho y el abdomen. Rick colocó una de sus manos en el cuello de Lisa y siguiendo su ejemplo, aprovechó su mano libre para acariciarla mientras el beso se intensificaba y se hacía más apasionado y profundo.
- Me gustaría que fuera una cena elegante. – Lisa comentó cuando se separaron, mientras le sonreía de una manera tal, que las estrellas parecían brillar en sus ojos esmeralda. – Algo formal… hace mucho que no cocino y me gustaría intentar algunas recetas que mi mamá cocinaba cuando mi papá tenía cenas formales en casa.
- Pero Lisa, eso sería mucho trabajo para ti. – Rick le acariciaba el rostro, totalmente fascinado por aquella mujer que lo volvía loco. – Una parrillada es más divertida… podríamos nadar y asar salchichas… hacer hamburguesas…
- Eso lo podemos hacer el próximo fin de semana con los Sterling… sería más familiar¿No te parece? Es que me gustaría tener a algunos invitados…
- ¿Aparte de los Sterling y David? – Rick preguntó.
- Sí… estaba pensando invitar al doctor Hassan y su esposa. Se ha portado muy bien con nosotros. Me gustaría agradecerle todo lo que ha hecho por ti, amor.
- Es cierto. – Rick asintió, pues él también se sentía agradecido con el doctor. – Sí, me parece una buena idea… ¿Piensas invitar a Maistroff?
- ¡Rick! – Lisa replicó, arrugando la nariz y golpeándolo en el hombro.
- ¿Qué¡No me digas que no estás muriéndote por verlo en traje de baño!
- Primero, no… no me estoy muriendo por verlo en traje de baño. No sé porqué piensas que deseo tener pesadillas autoinflingidas por el resto de mi vida. – Rick se rió. - Y segundo¿Todavía estamos discutiendo entre la parrillada y la cena?
- ¿Lo estamos?
- A veces eres imposible. – Lisa quiso parecer ofendida, pero terminó riendo y besándolo suavemente en los labios. – Parece que aún no llegamos a un acuerdo.
- Amor, creo que jamás lograremos estar totalmente de acuerdo pero eso no importa… lo único que es importante es el hecho de que a pesar de nuestras diferencias, los dos marchamos juntos por el mismo camino y en una misma dirección.
- ¡Te quiero, Hunter!
- Yo lo sé. – Él le respondió con una sonrisa arrogante. – Yo también te amo, Elizabeth Hayes.
- ¡Que formalidad!
- Bueno, si vamos a tener esa cena formal es mejor ir ensayando¿No te parece?
- Entonces supongo que esto significa que mi propuesta de cena ha sido aceptada.
- Con dos condiciones. Primera, que me dejes ayudarte a cocinar esa cena tan espectacular que tienes planeada… y segunda, que el próximo fin de semana tengamos esa parrillada con los Sterling.
- ¡Hecho! – Lisa sonrió una de esas sonrisas que comenzaban en sus ojos y se desbordaban en sus labios. – En ese caso voy a llamar a nuestros invitados ahora mismo… oh, Rick… una cosa más.
- ¿Qué cosa, bonita?
- Pues en vista de que seremos parejas… y considerando que David estará solo estaba pensando… en invitar a Kelly también.
Una sonrisa de complicidad apareció en los labios de Rick y ambos se rieron.
- ¿Entonces tú también te has dado cuenta de que esos dos traen algo entre manos? – Rick preguntó divertido.
- Creo que es obvio¿No lo crees?
- Lo es para nosotros. Cuando llegué aquí, Kelly pasó media hora hablándome sobre David Stonewell… creo que han salido a comer juntos en un par de ocasiones.
- En este momento están allá afuera juntos. – Lisa sonrió traviesamente.
- No se diga más… Kelly está invitada… aunque tendré que tener una conversación bastante directa con David… más le vale que sus intenciones con Kelly sean buenas, de otra manera tendrá que vérselas con nosotros. ¿No es así, almirante Hayes?
- Absolutamente, capitán Hunter.
Ambos se sostuvieron la mirada y se volvieron a besar en los labios, un beso corto y juguetón. Rick ayudó a Lisa a ponerse de pie mientras ella le informaba de todos los pendientes que todavía tenía esa tarde. Él le dijo que primero irían a comer y que no aceptaría un no como respuesta. Rick sacó a Lisa de la oficina y ambos sonrieron cuando notaron que ni Kelly ni David estaban por ahí. Rick condujo a Lisa al estacionamiento de la base y poco más tarde la Freelander negra que era ya tan bien conocida en ese lugar salió de los terrenos militares camino al centro de la ciudad. Ese día Rick no iba a permitir que Lisa comiera en la base, sino que la llevaría a su restaurante favorito.
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El viernes por la noche Lisa estaba tan agotada que se había ido a dormir temprano. Rick había pasado un par de horas en el estudio, revisando en la computadora los protocolos del tercer vuelo de pruebas que habría de realizar en dos semanas. Lisa se los había entregado esa noche de manera informal y él había decidido comenzar a trabajar en ellos tan pronto como le fuera posible. Ese tercer ejercicio se realizaría aprovechando que el capitán Hunter estaba en las condiciones físicas perfectas en ese momento y considerando que el VF-X4 sólo necesitaría mantenimiento básico para estar listo.
Rick se dio cuenta, al leer aquellos protocolos, que en realidad ese tercer vuelo no era tan complicado. Iba a ser peligroso y arriesgado, pero no complicado. Se probaría la capacidad del VF-4 de llevar a cabo una salida autónoma de la atmósfera terrestre. Los VF-1 no tenían esa capacidad. Rick recordó aquel primer día en la Isla Macross, cuando Roy Fokker los había rescatado a él y a Minmei. Había colocado la cabina del VF-1 de entrenamiento que Rick y Minmei volaban, en el Skull Uno, antes de salir a toda prisa a alcanzar al SDF-1 antes de que éste abandonara la atmósfera terrestre. También recordó la visita que habían hecho al satélite fábrica; en dicha ocasión los VF-1 habían tenido que ser impulsados desde una plataforma de lanzamiento especial.
El capitán Hunter estudió cuidadosamente las especificaciones técnicas del VF-4 y le dio un rápido vistazo a los protocolos del vuelo de pruebas que básicamente consistiría en despegar, alcanzar una velocidad de Mach 5.15 sobre los 30000 m de altura y salir de la atmósfera terrestre. Una vez estabilizada la nave se efectuaría el reingreso y se llevarían a cabo las maniobras de aterrizaje.
- Suena bastante simple. – Rick comentó en voz baja. – Aunque supongo que una salida autónoma no es tan sencilla como puede parecer a simple vista.
Después de dos horas de trabajo, Rick se recargó en el respaldo de la silla y se talló los ojos. El cansancio se estaba apoderando de él otra vez. Había pasado parte de la mañana y toda la tarde trabajando en un proyecto especial en el jardín. Sacó un boceto que tenía en una carpeta sobre el escritorio y sonrió complacido.
- Lisa quería tener una terraza al aire libre, junto a la alberca… para desayunar en los días tibios de primavera o cenar bajo la luz de las estrellas en el verano. Pues con este pequeño proyecto creo que la almirante estará muy complacida.
Rick había diseñado un espacio pequeño pero acogedor cerca de la alberca, con algunas pérgolas que les permitieran ver el cielo. Era por ello que la última vez que habían ido a Ciudad Monumento había comprado herramienta y madera. Ese día finalmente había comenzado a trabajar en su proyecto y se sentía emocionado. Tomó un portarretratos que había sobre el escritorio con una foto de él y Lisa en el bosque. Sonrió al notar lo felices que se veían y la bonita pareja que hacían. Cerró los ojos y casi pudo escuchar la respiración rítmica de Lisa, proveniente de la recamara.
- Bien, hora de dormir.
Rick se puso de pie, apagó la computadora y la lámpara y salió del estudio, estirándose y bostezando perezosamente. Minutos después, vistiendo solamente sus boxers, se sentó en la orilla de la cama y observó a Lisa, quien dormía profundamente.
- ¡Pobrecita, estaba exhausta!
Se inclinó sobre ella y la besó suavemente en la frente. Se tomó su tiempo para observarla con adoración y acariciarle el cabello. Se metió debajo de las sábanas e inmediatamente Lisa se acercó a él, buscando su calor. Rick se movió un poco hasta que encontró una posición cómoda y suspiró profundamente mientras besaba el cabello de Lisa y murmuraba que la amaba. Sus ojos se cerraron y poco después ya dormía profundamente, compartiendo su espacio y su calor con la mujer a la que tanto amaba.
Lisa fue la primera en despertar por la mañana. Eran casi las nueve y el día prometía ser hermoso. El sol entraba a raudales a la habitación y el canto de los pájaros era el único sonido que interrumpía el silencio de esa mañana de sábado. Lisa se tendió de espaldas, se estiró y una sonrisita adormilada apareció en su rostro.
- ¡Es mejor despertar con pajaritos que con la alarma del despertador! – murmuró.
Entreabrió sus ojos y miró junto a ella, donde Rick dormía profundamente, con su brazo sobre el torso de ella. Lisa se movió un poco, acomodando su almohada como soporte contra la cabecera de la cama y quedando en una posición en la que se encontraba medio sentada, recargada contra el respaldo. Rick hizo unos ruiditos guturales con su garganta, como protestando por el movimiento de ella. Se movió un poco y recargó su cabeza en el estómago de Lisa, acurrucándose contra ella. Lisa sonrió con ternura y comenzó a acariciar el cabello rebelde del piloto, sus brazos fuertes y torneados y su espalda musculosa. Aquello pareció agradarle al capitán, quien hizo algunos sonidos de apreciación y se quedó perfectamente inmóvil.
- ¿Cómo hubiera podido vivir sin ti, Rick? – Lisa se preguntó, sin dejar de acariciarlo. – Jamás hubiera podido irme¿sabes? No hubiera podido irme de Ciudad Macross, mucho menos salir al espacio… no sin ti, Rick Hunter… yo sé que la determinación me hubiera fallado en el último momento. ¡No puedo vivir sin ti¡No quiero vivir sin ti!
Lisa se dio el lujo de pasar algunos minutos simplemente observándolo dormir, sin tener encima la presión del trabajo o de una agenda que cumplir. A veces todavía le era difícil asimilar el hecho de que estaban juntos… de que tenían una vida juntos. ¡Cuantas horas había pasado en su oficina, mirando al ventanal y tratando de convencerse de que él iría por ella a su oficina, la besaría y luego los dos se irían en su camioneta a su casa! Aquello parecía un sueño… sin embargo su realidad había superado cualquier sueño o fantasía que ella hubiera podido tener alguna vez.
El cuerpo tibio de Rick contra su piel hacía que su corazón se le acelerara en el pecho. ¡Amaba tanto a ese hombre! Lo amaba como jamás había amado a nadie en su vida; como ella jamás pensó que sería capaz de amar. ¿Qué tenía Rick Hunter que lo hacía diferente y especial? Era mucho más que el simple hecho de que fuera tan atractivo y bien parecido. Él había sido el primer hombre que sinceramente se había interesado en ella, en Lisa Hayes la mujer. Él se había preocupado por ella, él la había rescatado de sí misma…
Había sido un comienzo bastante difícil. ¡La sacaba de sus casillas, la hacía enojar, la provocaba abiertamente! Sin embargo con todo esto él la había hecho volver a sentir… quizás al principio sentía rabia, impotencia, coraje… pero por lo menos sentía. Antes de Rick ella había dejado de tener cualquier tipo de emoción. Él la había despertado, la había hecho volver a respirar… él le había echado a andar el corazón. Él la había hecho enamorarse y amar… amarlo a él con un fuego, una pasión y una intensidad que muchas veces llegaban a asustarla. A veces pensaba que lo que sentía por Rick era algo mucho más poderoso que simplemente amor. La palabra "amor" no era lo suficientemente fuerte o profunda para definir sus sentimientos por ese hombre que descansaba totalmente vulnerable sobre su estómago.
Lisa se inclinó sobre él y lo besó suavemente en la frente. Comenzó a deslizarse en su almohada hasta quedar a nivel del piloto, quien se había movido al sentir que ella lo hacía y ahora descansaba de espaldas al lado de Lisa. Ella se inclinó sobre él y lo besó en la mejilla, dejando que sus labios acariciaran su piel hasta llegar a su cuello. Rick gimió suavemente y ella sonrió. Con su lengua probó toda la longitud del cuello del piloto hasta que sus labios se posaron en ese punto mágico detrás de su oreja. El cuerpo de Rick se arqueó involuntariamente y un suspiro escapó de sus pulmones.
- ¡Lisa…! – murmuró aún dormido.
- Buena respuesta, capitán. – Ella susurró contra su piel, sonriendo complacida. – Creo que el día de hoy está de suerte… le voy a dar un despertar bastante placentero…
Lisa comenzó a besarlo y a acariciarlo traviesamente, preguntándose cuanto tiempo podría resistir él antes de despertar. Rick comenzó a emitir pequeños sonidos guturales con su garganta y a moverse un poco, obviamente sintiendo las caricias de la almirante que cada vez se volvían más intensas e íntimas. Abrió los ojos de golpe cuando sintió el peso de Lisa sobre su cuerpo. Lo primero que vio fueron un par de ojos verdes que lo observaban con amor y que eran enmarcados por un velo de cabello color miel que resplandecía con la luz de aquella mañana primaveral.
- ¡Buenos días, capitán Hunter! – ella lo saludó con una voz musical y llena de cariño.
Rick sonrió, tratando de enfocar su mirada y aclarar sus pensamientos. No estaba seguro de si aquello en realidad estaba sucediendo o era solo un sueño, pero el beso tibio y húmedo que sintió en su cuello terminó por convencerlo de que aquello era realidad.
- ¿Me va a despertar de esta manera cada sábado, almirante? – Preguntó él con esa voz ronca y adormilada que a ella le encantaba.
- ¿Le gustaría que lo hiciera, capitán?
Rick sonrió y atrajo a Lisa hacia él. Sus labios se encontraron y comenzaron a besarse, suavemente al principio pero intensificando el beso a medida que transcurrían los segundos. Las manos del capitán ya se estaban deshaciendo de la molesta ropa de dormir de Lisa y ella había hecho lo mismo con el boxer de él.
- Me encanta que hagas esto, Lisa. – Rick susurró contra sus labios. - ¡Me encanta que me provoques de esta manera!
Lisa sonrió y comenzó a besarlo en el rostro, en la comisura de sus labios, en su barbilla, que se sentía rasposa a esas horas de la mañana, comenzó a bajar por su cuello provocando que el capitán suspirara y gimiera sin poder evitarlo.
- ¿Qué te gustaría desayunar, amor? – Lisa preguntó seductoramente mientras le besaba el pecho y lo acariciaba de una manera que lo hacía perder el control.
Rick gruñó casi desesperadamente y con un movimiento rápido y preciso invirtió la posición, quedando ahora él sobre ella y aprisionándole las manos por las muñecas por encima de sus hombros.
- Te quiero a ti…
El capitán murmuró contra la piel de su cuello mientras comenzaba a besarla profunda e íntimamente. Lisa cerró los ojos y no opuso resistencia, se dedicó a disfrutar el momento. Los suaves gemidos y la respiración entrecortada de ella terminaron por hacer que Rick perdiera todo control sobre sí mismo. Liberó sus manos de su prisión y comenzó a acariciarla desesperadamente en todo el cuerpo.
- Lisa… siénteme, Lisa… - murmuró en su oído.
Las manos de ella comenzaron a recorrerle todo el cuerpo de la manera que ella bien sabía que a él le gustaba. Rick comenzó a gemir involuntariamente al sentir esas olas de placer intenso que sólo ella podía provocar en él. Aquello hizo que ella sintiera una satisfacción íntima y muy especial. Él sintió que no podía resistir más. Con una precisión nacida de la práctica, el capitán Hunter acopló su cuerpo al de ella de una manera perfecta y capturó sus ojos verdes en los profundamente azules de él.
Ambos respiraban entrecortadamente; Lisa apartó el cabello de la frente sudorosa de Rick y un suspiro escapó de su pecho cuando sintió cómo él entraba en ella, lentamente, dándose su tiempo, sin perder el contacto visual. Los ojos de él se cerraron involuntariamente al sentirse totalmente dentro de ella, en ese lugar tan tibio y suave que él sabía que solo le pertenecía a él. Los labios de Lisa ya habían encontrado los suyos y así, mientras se entregaban a un beso profundo y muy íntimo, hicieron el amor sin prisas, sintiéndose mutuamente, dejándose llevar por las emociones, los sentimientos y las sensaciones que el uno provocaba en el otro.
Minutos más tarde ambos yacían en la cama, aún siendo uno sólo y sin haber regresado del todo de aquel estado de absoluta paz y placer profundo al que llegaban en cada una de sus uniones intimas. Rick descansaba sobre ella, su cuerpo aún temblaba ligeramente y su respiración era irregular y entrecortada. Lisa descansaba debajo de él, abrazándolo estrechamente y sintiendo el aliento caliente e intenso del piloto contra su cuello.
- ¿Crees que podamos… utilizar este reloj despertador… cada fin de semana? – Rick murmuró contra el cuello de ella.
Lisa soltó una risita y besó a Rick en la mejilla.
- Es mucho mejor que la alarma del reloj de siempre…
- O que el canto de un gallo…
Lisa se rió otra vez, imaginando a un gallo cantando a los pies de su cama. Rick también se rió, aún sin recuperar del todo su respiración y ritmo cardiaco. Levantó el peso de su cuerpo con sus brazos y miró a Lisa. Ella le sonreía de una manera que hacía resplandecer el esmeralda profundo de sus ojos. Él la besó suavemente en cada uno de sus ojos y luego en la frente. Lisa le acarició suavemente su rostro sudoroso.
- Me gusta estar contigo. – Ella le dijo. – No puedo imaginar mi vida sin ti, Rick Hunter.
- No tienes porqué hacerlo, hermosa. Yo no voy a ir a ninguna parte… no sin ti.
Rick la volvió a besar en la frente y enseguida se apartó de ella, no queriendo incomodarla con el peso de su cuerpo. Se acostó de espaldas y Lisa inmediatamente se acurrucó contra él, recargando su cabeza en su pecho y acariciándolo cariñosamente. Rick colocó uno de sus brazos debajo de su cabeza a manera de almohada y con el otro comenzó a acariciar la espalda de Lisa. Ambos tenían sonrisas de profunda satisfacción y felicidad en sus labios. Por un momento los dos estuvieron en silencio, sintiendo la plenitud de su amor. Después comenzaron a hablar y lo hicieron por horas. Hablaron de todo y de nada: temas profundos, temas triviales, temas importantes, temas sin importancia. Contaron chistes, hicieron bromas, compartieron rumores y chismes, se rieron, se pusieron sentimentales, discutieron por las cosas más triviales del mundo y se hicieron rabiar mutuamente para luego reconciliarse con un beso. Así pasaron la mañana juntos y felices en la cama.
Era casi medio día cuando finalmente ambos dejaron de hablar. Lisa estaba sentada, con la espalda recargada contra la cabecera de la cama y cubierta con una sábana que le pasaba por debajo de los brazos, dejando al descubierto sus hombros desnudos. Rick estaba sentado frente a ella en boxers, a los pies de la cama, con sus rodillas pegadas contra su pecho. Los dos se sostuvieron la mirada mientras sonreían. Jamás dejaría de sorprenderles el hecho de que, sin importar cuanto tiempo pasaran juntos, los temas de conversación nunca parecían agotarse entre ellos.
Finalmente decidieron dejar la cama, tomar un baño juntos como era su costumbre cada vez que tenían tiempo, almorzar algo ligero para después, vestidos con ropas cómodas e informales, ir al mercado de Ciudad Macross a comprar lo que necesitaban para preparar la cena de la noche.
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Había muchas cosas acerca de Lisa que parecían fascinar y encantar a Rick. El verla cocinar era sin duda una de ellas. Ella había encontrado unas antiguas recetas de familia entre las cosas que habían rescatado de la residencia de los Hayes y había decidido que aquel era el día perfecto para preparar esos platillos que a su madre le salían tan bien. Lisa había comentado que no había vuelto a probar aquella comida desde que su madre había muerto. Rick pensaba que probar esos platillos después de tanto tiempo le traería fuertes recuerdos a Lisa, de su familia y su infancia.
Él había resultado ser el ayudante perfecto. Después de todo él también sabía cocinar, aunque a decir verdad jamás había preparado platillos tan complicados como los que Lisa estaba cocinando para esa noche. Pero valía la pena todo el trabajo, tan sólo por verla moverse por la cocina con tanta seguridad, manteniendo un ojo vigilante en todo, mientras seguía contándole a Rick muchas historias sobre su infancia y sus padres. Él estaba absolutamente fascinado con aquella mujer.
Se dieron un pequeño receso para comer algo ligero para luego preparar los postres que resultaron ser la mejor parte de aquel banquete. Lisa horneó un delicioso pastel de frutas secas, preparó un postre de frutas con miel y algunas galletas. La casa se había impregnado de un delicioso olor que hizo que Rick recordara las navidades de su infancia. Era cierto que apenas estaban en marzo, pero el olor de los pasteles recién horneados y la "comida elegante", como él había llamado a las recetas de Lisa, lo hizo recordar cuando él, siendo apenas un niño, ayudaba a su mamá a preparar la cena de navidad. Su familia jamás tuvo demasiado dinero y ese era el día en el que sus padres se daban el lujo de gastar un poco más para preparar una cena especial.
Mientras esperaban que los postres estuvieran listos, Lisa y Rick salieron al patio y se sentaron a un lado de la alberca mientras tomaban un vaso de jugo de naranja y conversaban sobre esas navidades en la granja de los Hunter. Él apreciaba el hecho de que Lisa siempre se mostrara tan interesada en sus historias y en su familia, siendo que no había realmente nada de especial o particular en ella. Eran esos momentos cuando él realmente se convencía de que ella lo amaba por lo que él era y por quién él era.
Eran poco más de las seis de la tarde cuando Lisa acabó de poner la mesa y Rick de limpiar la cocina. Ambos se encontraron en la puerta del comedor y se sonrieron satisfechos. Tenían alrededor de 90 minutos para bañarse y vestirse, pues sus invitados llegarían a las 2000 horas.
Rick se sorprendió cuando vio lo elegante que lucía el comedor con la vajilla puesta. Por un momento tuvo que sacudir la cabeza y convencerse a sí mismo de que aquella era su casa… era realmente la casa en la que vivía con Lisa. ¡Era un lugar hermoso! Mientras Lisa iba a arreglar algún detalle sobre la mesa, él la observaba embelesado. "Es un hogar, un verdadero hogar… es mi hogar." Pensaba mientras seguía los movimientos de Lisa con la mirada.
Lisa tenía pensamientos muy similares en su mente en esos momentos. Siendo apenas una niña había visto muchas veces a su madre preparar diligentemente la cena y arreglar perfectamente el comedor de su casa para recibir visitas importantes, amigos de alto rango del almirante Hayes. Ahora ella estaba haciendo lo mismo que su madre había hecho tanto tiempo atrás y eso la hacía sentirse a la vez nostálgica y orgullosa. Cuando todo estuvo perfecto, Lisa se acercó a Rick y ambos se besaron suavemente en los labios.
- Es la primera vez que tendremos amigos cenando con nosotros. – Lisa comentó. – Es nuestra primera cena oficial, como pareja… en nuestra casa.
- Sí… - Rick sonrió emocionado. – Lisa, gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo.
Lisa sonrió y sacudió negativamente la cabeza.
- No amor… tú eres quien me ha hecho a mí la mujer más feliz del universo.
- Hmmm… - Rick la tomó por la cintura y la atrajo a él. - ¿Crees que tengamos tiempo, antes de que vengan los invitados, de hacernos felices mutuamente?
Lisa se rió suavemente y no pudo evitar el sonrojarse. El capitán se rió también y la besó suavemente en los labios.
- El que calla otorga, almirante.
Lisa no opuso resistencia cuando él la levantó en brazos y la condujo a su recamara, mientras le prometía que estarían listos a tiempo para recibir a sus amigos… ¡Y estarían muy felices además!
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Rick estaba en la sala, seleccionando algunos CDs de música para acompañar la cena de esa noche. Debía de ser música suave y elegante, algo que complementara el ambiente de esa cena formal y que fuera agradable para sus invitados. Lisa entró a aquella habitación y sonrió al mirar a su piloto que estaba tan absorto en su selección musical, que ni siquiera se percató de su presencia. Ella se tomó un momento para admirar a Rick Hunter y lo apuesto que se veía aquella noche con el traje que llevaba puesto y la manera en como había tratado de controlar un poco su cabello rebelde. Lisa suspiró, su caballero de dorada armadura se veía simplemente deslumbrante.
La música suave comenzó a invadir el ambiente y Rick sonrió de oreja a oreja cuando finalmente notó a Lisa parada en la puerta. Sus cejas se levantaron y sus ojos mostraron su sorpresa al verla tan hermosa aquella noche, con un vestido color verde turquesa que hacía que sus ojos brillaran como un par de estrellas en lo más profundo de la noche.
- ¡Lisa! – Rick se acercó a ella lentamente. - ¡Te ves preciosa!
- Tú no estás nada mal, piloto.
Rick sonrió y se inclinó para besarle la mano que ella le había ofrecido. Luego la miró a los ojos y le acarició el cabello que se sintió suave y sedoso entre sus dedos. Lentamente comenzó a guiarla al centro de la sala.
- ¿Me concedería esta pieza, mi bella dama?
- ¡Será un placer, mi apuesto caballero!
Rick atrajo a Lisa contra él y sonrió cuando ella recargó su mejilla contra la suya. Ambos comenzaron a moverse lentamente al ritmo de la melodía. Él aspiró profundamente y sonrió al reconocer el perfume que Lisa se había puesto, el mismo que él le había regalado para su cumpleaños.
- ¿No es extraño, amor? – ella preguntó.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno… el pensar que ahora somos nosotros los que hacemos cosas que nuestros padres solían hacer…
- Te refieres a—
- ¡Rick! – Lisa se rió. – No, me refiero a esto… es decir, a esta cena… a tener huéspedes, a prepara cenas elegantes para ellos… no lo sé… hasta hace unos meses el prospecto de una vida normal parecía algo tan lejano e imposible… a veces siento que esto es un sueño… y me rehúso a despertar.
- No amor, no es un sueño… - Rick frotó su mejilla suavemente contra la de ella. – Es real, Lisa… tú eres real. Eres la mujer más verdadera y auténtica que he conocido en mi vida… ¿Y sabes que es lo mejor de todo?
- ¿Qué?
- Pues… yo conocí a una chica, alguien a quien aprendí a respetar y a admirar… era una joven teniente comandante de la RDF… pero luego me di cuenta de que con ella tenía una afinidad que no había tenido jamás con nadie en el mundo… disfrutaba pasar tiempo con ella, siempre podía hablar con ella de cualquier cosa. Ella siempre me escuchaba, me apoyaba, me orientaba, me aconsejaba… ella se convirtió en mi mejor amiga, alguien en quien siempre podía confiar, alguien que siempre me cuidaba la espalda… mi ángel guardián en las batallas… quien esperaba por mí después de cada combate…
- Rick… - Lisa se acercó aún más a él.
- Y esta mujer a la que tanto admiro y respeto… quien es mi mejor amiga, mi confidente, mi cómplice, mi guía, mi ángel… esa mujer es la mujer de quien me enamoré… ¡Soy un hombre con suerte!
Rick se separó un poco de ella para mirarla a los ojos. Ella le sonreía con tanto amor y tanta ternura, que hizo que en él se despertara una vez más ese instinto de protección hacia ella. Sintió esa urgencia de sentir que ella le pertenecía a él y sólo a él. En los últimos días había sentido muy frecuentemente un instinto de territorialidad alrededor de ella… un sentimiento que lo hacía sentir la necesidad de pertenecerle a ella, de saber que entre ellos existía un lazo, un compromiso, una unión fuerte y perdurable.
- Quiero casarme contigo, Lisa Hayes. – Rick pensó, mientras se perdía en sus ojos esmeraldas. - ¡Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado!
Lisa notó la intensidad y el fuego en la mirada del piloto y sus labios se entreabrieron para preguntarle qué era lo que estaba pensando, pero el sonido del timbre de la puerta los sobresaltó, haciendo que se detuvieran de golpe. Ambos sonrieron y Lisa le acomodó la corbata a Rick.
- Parece que nuestros invitados han llegado, capitán. ¡Listo¡Se ve muy apuesto!
- Y usted se ve hermosa, almirante. – Rick la besó en la mejilla y le ofreció su brazo galantemente.
Los primeros en llegar fueron los Sterling, quienes se mostraron bastante sorprendidos por la elegancia con la que Rick y Lisa los recibieron. Cuando los hicieron pasar a la sala, Miriya hizo algunos comentarios sobre lo elegante que era aquel lugar, "como salido de un programa de televisión", comentó. Rick les sirvió algo de beber y luego fue a sentarse a lado de Lisa, aunque dos minutos más tarde tuvo que ir a abrir la puerta otra vez para recibir al doctor Hassan y a su esposa Tanya, quien resultó ser una persona bastante agradable y amistosa. Casi inmediatamente se enfrascó en una animada conversación con Lisa y Miriya, mientras Rick hacía que Saleh se sintiera cómodo compartiendo aquellos momentos con él y con Max.
David Stonewell y Kelly llegaron 15 minutos después. Rick, Lisa, Max y Miriya se sorprendieron al ver el cambio tan radical de la sargento Hickson esa noche. Estaban acostumbrados a verla como una chica de 19 años, vestida con su uniforme militar durante sus horas de trabajo. Fuera del trabajo generalmente la veían vestida con pantalones de tipo militar, sudaderas de colores vivos, gorras y sus lentes que ocultaban sus enormes ojos azules. Generalmente llevaba el cabello recogido en una colita de caballo. Todos la habían adoptado como su hermana menor quizás por esa aura de inocencia e ingenuidad casi infantil que la rodeaba. Pero esa noche se veía bastante bonita con su cabello rubio suelto y sus ojos azules que esta vez no eran ocultados por sus anteojos.
David sonreía, obviamente encantado al estar acompañado por aquella mujer que, en palabras de Miriya, era como el "pato horrible de los cuentos que luego se había convertido en un pato bonito". Lisa la corrigió diciéndole que era patito feo, no pato horrible y que en realidad se había convertido en un cisne y no en un pato bonito. Aquella corrección no pareció interesarle particularmente a la zentraedi, quien sin embargo trató de comprender la lógica detrás de las diferencias que Lisa le señalaba… sin duda la cultura humana era difícil de comprender.
Lisa y Rick atendieron a sus invitados de una manera solicita y esmerada. Muy pronto todos se habían enfrascado en una interesante conversación y era más que obvio que las cuatro parejas parecían entenderse bastante bien. Mientras hablaban, Max no podía dejar de notar la manera en cómo Rick sostenía la mano de Lisa, como se la masajeaba inadvertidamente, cómo ella le acariciaba la rodilla y como involuntariamente se llevaba la mano de él a los labios para besarle suavemente los nudillos. El comandante Sterling se lo había hecho notar a su esposa y ambos sonreían complacidos al ver la intimidad y el cariño que Lisa y Rick parecían emanar aquella noche.
- No me sorprendería que terminaran comprometiéndose y casándose muy pronto. – Miriya comentó en voz baja a Max cuando Rick y Lisa se disculparon para ir a la cocina. - ¿Tú crees que hayan estado uniendo sus labios… y sus cuerpos… antes de que llegáramos?
- Miriya, amor… lo que se ve no se pregunta. – Max le guiñó el ojo a su esposa.
- Hacen una linda pareja. – La doctora Tanya comentó en voz alta. - ¡Se ven muy enamorados!
- ¡Están muy enamorados! – Max recalcó, con una sonrisa en los labios. – Su historia de amor ha sido bastante complicada pero afortunadamente para todos los que la presenciamos desde el inicio, ha tenido un final feliz… o más bien, un nuevo principio.
Mientras sus huéspedes comentaban los pormenores de su historia de amor en la sala, Lisa y Rick estaban en la cocina ocupados en servir la cena. Había algo que era profundamente familiar en todo aquello, algo que tanto a Lisa como a Rick les hacía sentir contentos y emocionados. Aquella noche ambos se sentían realmente como si fueran una familia.
- Ayúdame a vaciar la sopa en esta sopera, amor. – Lisa decía, mientras ella colocaba el guisado en una elegante charola.
- Sí, claro… ¡Hmmm, huele delicioso!
- ¡Espero que les guste! – Lisa sonó un poco nerviosa, parada en medio de la cocina y mirando a su alrededor.
- ¡Claro que les va a gustar! Te esforzaste mucho para preparar estas antiguas recetas de familia y sé que les van a encantar, no tengo duda al respecto. – Rick la besó en la mejilla de pasada. - ¿A dónde quieres que lleve la sopa?
- Oh… a la mesa del trinchador… quiero tener todo a la mano allá para cuando tenga que servir.
- ¡Hecho!
Mientras terminaban de prepararlo todo, los dos comentaban sobre el cambio tan radical de Kelly, lo emocionado que David se veía y lo agradable que era la esposa del doctor Hassan. Unas risas se escucharon provenientes de la sala y Rick y Lisa se sonrieron, sintiéndose satisfechos de saber que sus huéspedes estaban pasando un buen rato.
Cuando Rick les pidió que pasaran a la mesa, todos se sorprendieron por la elegancia, la clase y el buen gusto del comedor de la casa del almirantazgo. Pero aquel impacto visual fue pronto sustituido por un delicioso aroma que les indicó que estaban a punto de probar una de las mejores cenas de sus vidas.
- Espero que les guste. – Lisa les sonrió, al tiempo que con la mano les indicaba que tomaran sus asientos. – Preparé algunas antiguas recetas de familia que mi madre solía cocinar para cenas especiales con los compañeros del ejército de mi padre.
Todos pudieron constatar esa noche que la almirante Hayes no sólo tenía habilidades excepcionales como líder militar, sino que su talento culinario era más que remarcable. La cena fue deliciosa; los platillos, que fueron abundantes y presentados con gran clase, parecían haber sido traídos de algún restaurante gourmet. La conversación también fue agradable y bastante amena. Todos disfrutaron el momento y pasaron un buen rato. Rick y Lisa no podían evitar en sonreírse de vez en cuando, sintiéndose satisfechos con la manera en la que aquella cena se estaba desarrollando. Ellos mismos estaban pasando momentos muy agradables en compañía de aquellas personas, sus amigos.
Después de cenar, Lisa les indicó que podían pasar a la sala, en donde les serviría los postres acompañados de té y café. En esa habitación había muchos objetos que fueron el centro de la conversación: algunas pertenencias del almirante Hayes que ahora decoraban la sala de su hija, algunas antigüedades de la familia y sobre todo, en el lugar de honor, una serie de portarretratos con fotografías de Lisa y Rick en varios instantes de sus vidas, desde la Academia militar de Lisa, hasta fotos que David enseguida reconoció que habían sido tomadas en el bosque cerca de la cabaña de los Stonewell.
Lisa deleitó a sus invitados tocando un par de piezas musicales al piano y poco después los chicos se enfrascaron en una entretenida conversación sobre uno de sus temas favoritos: las naves VF, mientras que las chicas comenzaron a hablar de muchos temas diferentes, desde la vida de una mujer dentro de las fuerzas armadas, hasta la mejor manera de preparar un buen pan de zanahoria.
Eran las 2300 horas cuando Lisa y Rick despidieron a sus invitados. Max y Miriya fueron los primeros en disculparse, pues la niñera que estaba cuidando a Dana debía volver a su casa. Rick les hizo la invitación para la parrillada del siguiente sábado, lo cuál los emocionó bastante. El doctor Hassan y Tanya también pasaron a retirarse casi enseguida, pues la guardia de ella comenzaba en seis horas y quería dormir un poco antes de entrar de servicio. Mientras los anfitriones estaban ocupados despidiendo a los Sterling y a los Hassan, David y Kelly se habían retirado sutilmente al jardín trasero de la casa del almirantazgo. Cuando Rick y Lisa volvieron a la sala, ellos entraron otra vez y les dijeron que ellos también se retiraban.
- Sí, las niñas deben de estar en casa antes de la media noche. – Rick bromeó, lanzándole una sonrisa a Kelly.
- ¡Oh, no capitán Hunter! – Kelly le sonrió a David. – De hecho queremos ir a bailar… la noche es joven y hay que divertirse.
- ¿No vienen con nosotros? – David les preguntó con una sonrisa en los labios.
- En realidad ya es algo tarde… - Lisa se justificó.
- Y estamos algo cansados. – Rick puso su brazo en torno a la cintura de Lisa y la atrajo contra sí. – Pero ustedes diviértanse y disfrútenlo.
Mientras se dirigían a la puerta, Rick tomó a David por el codo y lo hizo detenerse.
- David… hay algo que Lisa y yo queremos decirte.
- Sí es sobre la cabaña, - David sonrió. – Ya me lo dijeron antes y te aseguro Rick, no hay nada que agradecer.
- Sí bueno, - Rick se encogió de hombros. – Además de eso… es sobre Kelly… ella es mucho más que sólo la asistente de Lisa, ambos la vemos como a una hermana… es huérfana y su vida no ha sido fácil… solo te pedimos que la cuides mucho¿de acuerdo?
- No se preocupen. – David asintió. – Rick, tú sabes que yo soy un caballero.
El capitán Hunter asintió con la cabeza y los dos se acercaron a Lisa y Kelly, quienes hablaban y reían en la puerta. David le ofreció su brazo a la sargento y después de las despedidas reglamentarias, los últimos invitados se marcharon, dejando a Lisa y Rick solos en la casa.
El capitán cerró la puerta y apagó las luces. Lisa ya se había dejado caer en el sofá de la sala. Él se acercó a ella por detrás y comenzó a masajearle suavemente los hombros.
- Me parece que fue un éxito, almirante. ¡Somos unos anfitriones fenomenales! Y tu cena… ¡Lisa, estuvo deliciosa!
- Todavía queda algo de pastel. – Lisa le sonrió a Rick. - ¿Quieres un poco?
Rick se rió cuando la vio ir a donde estaba el pastel y servirse otro pedazo. Lisa era adicta a lo dulce y era algo que a él le parecía fascinante… el conocer esos pequeños detalles que podrían parecer tan banales o sin importancia lo hacía sentir cerca de ella. Lisa le entregó un plato con una rebanada de pastel y ambos se sentaron en el sofá a comérselo. Todas las luces estaban apagadas y una lámpara era la única iluminación de esa habitación. Mientras se comían el pastel los dos comentaron sobre los pormenores de la cena de esa noche y lo mucho que ambos la habían disfrutado.
Después de dar cuenta de aquel bocadillo de media noche, Lisa subió las piernas al sofá y se recargó en el pecho de Rick. Él la recibió con una sonrisa en los labios y le besó el cabello.
- ¡Me siento tan feliz! – Ella comentó en un suspiro. – Todo es tan perfecto… Rick, yo—
- ¡Shhhh! – él la acalló suavemente. – Yo lo sé, amor. No necesitas decirlo. Lo único que lamento es todo el tiempo que desperdiciamos.
- No creo que debamos lamentar lo que sucedió. Después de todo fueron todas esas experiencias las que nos hicieron llegar hasta este momento. ¿No te parece?
- Supongo que sí… es cierto que lo que no te mata te hace más fuerte.
Lisa miró a Rick y él le sonrió con ternura antes de inclinarse a besarla en los labios. Lisa se enderezó un poco para recibir aquel beso cargado de ternura. Los dos estuvieron besándose por varios minutos. Eran besos suaves, lentos, íntimos, dulces y muy románticos. En algún rincón de su mente Lisa no pudo evitar el recordar que hasta hacía unos meses una escena como la que estaba viviendo en ese momento era su sueño más anhelado. Era por ello que ella apreciaba cada momento, cada segundo, cada instante que pasaba al lado de su piloto. Nunca, jamás daría nada por hecho con él. Cada latido de su corazón y cada respiración eran un milagro para ella desde que estaba con él.
- ¿Qué te parece si mañana limpiamos todo este desastre de platos sucios? – Rick sugirió, separándose de ella el espacio necesario para hablar.
- De acuerdo. – Lisa volvió a besarlo suavemente en los labios.
Rick se puso de pie y le ofreció la mano galantemente a Lisa. Ella le sonrió y tomó la mano que él le ofrecía. La música suave y cadenciosa aún se escuchaba como sonido de fondo y el capitán Hunter no olvidaba que antes de que sus invitados llegaran habían dejado un baile a medias. Ambos bailaron juntos por espacio de una hora, moviéndose lentamente al ritmo de la música, a veces hablando suavemente al oído del otro, o simplemente disfrutando en silencio su mutua compañía y el contacto cálido de sus cuerpos.
Después de bailar todavía tuvieron ánimos para salir al jardín y observar las estrellas por unos momentos, mientras hablaban sobre los planes que tenían y sus sueños para el futuro. Sin duda para ellos en ese momento la vida era perfecta. Cuando finalmente decidieron ir a su habitación, los dos se sentían felices, satisfechos, plenos y muy emocionados. Había bastado que ambos aceptaran sus mutuos sentimientos, que ambos tomaran el reto de vivir su amor y consagrarse mutuamente a lo que sentían el uno por el otro, sólo había bastado ese simple acto de aceptación para que súbitamente el mundo se convirtiera en un lugar perfecto… y para que sus vidas finalmente parecieran tener un rumbo, un sentido y una dirección. Ese era el milagro de su amor.
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El lunes en la mañana la almirante Hayes llegó a la base tarareando una tonadita y con una sonrisa en los labios. Saludó a Kelly, quien se encontraba atendiendo el teléfono en esos momentos y entró a su oficina. Colgó su bolsa de mensajero y su gorra de almirante en un perchero y tomó los papeles que estaban sobre el escritorio. Comenzó a leerlos sin prisa, enterándose de los pendientes que tenía durante el día.
- ¿Almirante Hayes? – Kelly entró, tocando la puerta con los nudillos.
- ¡Adelante Kelly¿Cómo está la agenda del día?
- Tiene la mañana libre de juntas, almirante. Pero tienen que revisar todos esos documentos, firmarlos y autorizarlos. Por la tarde sí tiene un par de compromisos, pero le dejé libre un par de horas al medio día para que pueda comer con el capitán Hunter.
- ¡Gracias Kelly! – Lisa sonrió, agradecida.
- Almirante… solo quiero que esté sobre aviso…
- ¿De qué¿Qué sucedió?
Kelly puso un periódico sobre el escritorio de Lisa y ella hizo un gesto de fastidio cuando vio una fotografía de la casa del almirantazgo. Comenzó a leer y arrugó el entrecejo mientras avanzaba en la lectura.
- ¡Vaya! – Comentó. – Parece ser que uno no tiene privacidad… una simple cena de amigos se convirtió en toda una noticia en Ciudad Macross… "La almirante Hayes organiza cena formal con un grupo de miembros de la RDF y la Stonewell Bellcom… se comienza a entrever la constitución de una nueva cúpula de poder dentro de la organización militar". – Lisa leyó con fastidio. - ¿De qué se trata esto¡Fue sólo una cena!
- Lo sé, almirante… pero pensé que sería bueno que usted leyera la nota y estuviera preparada. Tengo la impresión de que alguien vendrá a restregarle esta noticia en el rostro en el transcurso de la mañana.
- Sí, yo también presiento lo mismo. – Lisa se dejó caer en su asiento, suspirando con cierta frustración. – Bueno, supongo que cuando eres almirante de la RDF es inevitable estar en el centro de la atención… ¡Gracias por el aviso, Kelly! Estaré alerta… ah, y una cosa más, quiero que hables con los de Relaciones Públicas… necesitamos controlar este tipo de notas periodísticas antes de que salgan de control y puedan causar conflictos dentro de la RDF.
- A sus órdenes, almirante. ¿Quiere que les pida que vengan a verla?
- Sí, de inmediato.
Kelly saludó militarmente y salió de la oficina. Lisa hizo un gesto de resignación y arrojó el periódico a un lado. Lo último que ella quería y necesitaba era que su vida privada se convirtiera en una telenovela.
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Tal y como lo habían anticipado, un par de horas más tarde el coronel Maistroff entró a la oficina de Lisa y exigió hablar con ella. Kelly trató de calmarlo un poco, pero fue inútil; los gritos del coronel hicieron que Lisa saliera de su oficina y lo encarara en el recibidor.
- ¡Coronel Maistroff, le pido atentamente que no venga a mi oficina a protagonizar este tipo de escenas! No creo que la sargento Hickson se merezca sus gritos y pienso que debe mostrar respeto por el lugar en el que se encuentra.
- Es gracioso que usted hable de respeto, almirante Hayes, cuando respeto es lo último que usted parece estar dando a mi persona y a mi estatus dentro de la RDF. – El coronel arrojó el periódico sobre el escritorio de Kelly. - ¿Así que está formando ya una nueva cúpula de poder, no es así, almirante? Debí suponerlo desde el principio… de nada valió que yo le diera mi voto de confianza, en la primera oportunidad que tiene me hace a un lado… no entiendo como es que una militar de carrera como usted prefiere rodearse de simples pilotos de ocasión como lo son el capitán Hunter y el comandante Sterling en lugar de buscar el apoyo de militares de profesión.
- Coronel, esta cena a la que la nota periodística se refiere fue estrictamente personal. El capitán Hunter y yo simplemente invitamos a unos amigos a una cena íntima. Que los periodistas interpreten las cosas a su modo y conveniencia no es culpa mía. Entiendo que se sienta ofendido, pero las cosas no son así y ya hablé con Relaciones Públicas para que se tomen cartas en el asunto.
- No importa como sean las cosas, almirante… lo que importa es como parecen ser. Y ante la gente de Macross, incluso ante el consejo yo voy a quedar excluido de la cadena de mandos de la RDF solo porque la almirante tuvo una cena intima con sus amigos.
- ¿Está diciendo que debo renunciar a mi vida privada solo para que usted conserve su estatus dentro de la RDF?
- No estoy diciendo nada… pero por lo menos debería tener la atención de invitarme cuando se lleven a cabo actos de esta naturaleza. Lo quiera o no, almirante Hayes, usted es el centro de atención en estos momentos… por alguna razón la gente está fascinada con su historia de cuento de hadas y claro, muchos esperan el desenlace fatal… o el "vivieron felices para siempre"… sin embargo eso ya no es de mi incumbencia. Lo único que le pido es que sea cuidadosa con lo que hace… una persona en su posición no puede darse el lujo de tener una vida privada.
Maistroff hizo un saludo militar bastante forzado y enseguida se retiró de la oficina. Kelly miró a Lisa, quien se había recargado en el escritorio y suspiraba profundamente.
- No le haga caso, almirante… el coronel sólo está haciendo uno de sus berrinches.
- Sólo quisiera que hubiera alguna manera de arreglar estas situaciones. No nos hace ningún bien que cosas como esta pasen dentro de la RDF… los chismes pueden causar más daño que un ataque zentraedi. Creo que tendré que hablar seriamente con varias personas para evitar situaciones de este estilo… los medios de comunicación no pueden hacer esto… una cosa es la libertad de expresión, otra muy diferente es la libertad de especulación.
- Es cierto, almirante… yo—hay algo que quiero decirle.
- ¿De qué se trata, Kelly?
- Solo quiero agradecerle lo que usted hace por mí… por haberme invitado a esa cena y todo… usted y el capitán Hunter fueron las primeras personas que mostraron un interés legítimo en mí desde que mi madre murió… gracias.
Lisa sonrió comprensivamente y asintió con la cabeza, mientras le palmeaba suavemente el hombro a su asistente.
- No hay nada que agradecer… en realidad tú eres la mejor asistente que yo podría tener. Sin ti ya hace mucho que me hubiera vuelto loca.
- Almirante… usted es la mejor almirante que la RDF podría tener. Jamás olvide eso.
Lisa sonrió agradecida, entró a su oficina y cerró la puerta. Al parecer los dolores de cabeza jamás terminarían para ella. Decidió concentrarse en el trabajo que tenía pendiente y no pensar en nada más. A veces el trabajo la abrumaba y era entonces cuando tenia que recordarse que simplemente había que tomar un paso a la vez y las cosas terminarían por caer en su lugar.
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Poco más tarde Lisa caminaba por entre las jardineras entre los edificios administrativos de la RDF, camino al comedor de oficiales. Sonrió cuando vio a Rick caminando de un lado a otro de la fachada del comedor mientras hablaba por su celular. Ella se acercó a él y Rick sonrió, abriendo el brazo que tenía libre para recibirla. Ella inmediatamente se acurrucó contra él, lo abrazó por la cintura y escondió su rostro en el pecho del capitán, sintiéndose por primera vez en el día segura y en paz.
- Bien Max. – Rick terminó la llamada. – De todas maneras en una hora pasó para revisar el control de vuelos… saludos a Miriya.
- Salúdamelo también. – Lisa murmuró.
- Sí… Lisa les manda sus saludos también… sí, está aquí conmigo… lo haré. ¡Suerte!
Rick terminó la llamada y guardó su celular en el bolsillo de su uniforme. Besó a Lisa en la frente y ella lo miró y le sonrió.
- Max te manda sus saludos… hmmm… estaba a punto de preguntar cómo ha estado tu día, pero por la carita que traes… ¿Qué sucedió, preciosa? Déjame adivinar, Maistroff otra vez.
Lisa asintió levemente con la cabeza y se encogió de hombros.
- Salió una nota en el periódico sobre la cena que tuvimos el sábado. La manejaron como si yo estuviera prácticamente conspirando contra los mandos de la RDF… ya los de Relaciones Públicas se están haciendo cargo del asunto, pero Maistroff está bastante molesto.
- ¿Qué culpa tienes tú de lo que se publique en el periódico? – Rick le masajeaba suavemente la base del cuello, sin dejar de abrazarla. – No puedes controlar esas publicaciones y Maistroff tampoco puede creer todo lo que lee.
- Lo sé… pero últimamente parece que busca cualquier pretexto para ir a quejarse.
- Ese es el problema con personas como él. – Rick suspiró frustradamente. – No parecen entender razones… piensa que gritando, quejándose y siendo sarcástico puede solucionar los problemas… claro, si lo único que tiene para solucionar un problema es un martillo, a todos los problemas les verá cara de clavo.
El comentario de Rick hizo que Lisa se riera y su risa fue como música en los oídos del piloto, quien también se rió y besó a la almirante suavemente en los labios.
- ¡Ya olvídate de todo, amor! Es tarde y tengo hambre… ¡vamos a comer!
- ¿Vas a estar en los simuladores toda la tarde?
- Sí… - Rick le contestó mientras ambos se dirigían al comedor. – Hoy en la mañana tuve algunas pruebas físicas, pero pienso pasar por lo menos unas 4 horas en el simulador esta tarde… pero tenemos una cita para ir al gimnasio esta noche¿cierto?
- A las 1900 horas como siempre, capitán.
- ¡Ahí estaré, puntual como siempre!
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Las dos semanas que pasaron entre los dos vuelos de pruebas se fueron bastante rápido en Ciudad Macross. Las obligaciones que Rick y Lisa tenían que cumplir eran muchas y muy variadas.
El capitán Hunter estaba siendo sometido a pruebas físicas y médicas, así como simulacros de gravedad cero y aceleración, con el objeto de asegurarse de que resistiera la prueba que iba a llevar a cabo con el VF-4. Salir de la atmósfera terrestre en un avión caza no era algo que debía tomarse a la ligera. Se necesitaba un estado físico excepcional, una salud por encima del promedio y la seguridad absoluta de que el cuerpo resistiría el ser sometido a semejante prueba.
Además de ello debía pasar varias horas en el simulador, estudiar los procedimientos y protocolos y además había tenido que acudir a varias reuniones de evaluación de la Prueba #2 que se había llevado a cabo la semana anterior. Había sido relevado de su cargo al frente del Escuadrón Skull temporalmente, hasta que la tercera prueba hubiera concluido, lo cuál era un verdadero alivio para él.
El poco tiempo libre que tenía lo había empleado en comenzar a construir la terraza de pérgolas en el jardín de su casa. Aquello no sólo lo relajaba, sino que le daba tiempo de pensar y meditar muchas cosas. A pesar de su carga de trabajo, de las obligaciones que tenía y de todas sus ocupaciones, jamás en la vida se había sentido más feliz y satisfecho. Profesionalmente sentía que estaba alcanzando un nivel que jamás había siquiera soñado.
Estaba poniendo todo de sí y cada vez que tenía que llevar a cabo una misión, una prueba, un examen, lo que fuera, siempre ponía el corazón por delate. De Lisa había aprendido que el éxito no se construye sólo de buenas intenciones, hace falta mucha pasión pero sobre todo mucha preparación para sacar adelante una misión de manera exitosa. Max bromeaba con él, diciéndole que muchas de las cualidades de Lisa parecían estársele pegando. Él sonreía, sabiendo que su amigo tenía razón.
Aquello invariablemente lo llevaba a pensar en Lisa, en lo mucho que la admiraba, en cuanto la respetaba y lo mucho que la quería. Sí, amaba a esa mujer con cada gota de su sangre, con cada milímetro de su piel. Desde hacía años durante el día a veces se sorprendía a sí mismo pensando en ella… ahora ya sabía, sin lugar a dudas que era ella la que ocupaba su mente y su corazón durante cada segundo del día. Y cada día que pasaba él se convencía de que su vida estaba junto a ella, que ese era su lugar en el universo. A donde ella fuera, él la seguiría.
La idea de pasar una vida entera al lado de ella cada vez se arraigaba más y más en su mente, en su alma y en su corazón. En sus largas horas de simulador, durante esas horas que pasaba bajo el sol construyendo las pérgolas o en esos interminables momentos que pasaba en cámaras de Gravedad Cero o de Fuerza G, cada vez se encontraba pensando más y más en la posibilidad de casarse con Lisa… ¿Por qué esperar más? Él estaba seguro de lo que quería y lo que quería era a ella para siempre a su lado. No tenía ninguna duda al respecto.
Para Lisa esas dos semanas no habían sido menos estresantes y cargadas de trabajo. Además de sus reuniones usuales y de las obligaciones rutinarias del almirantazgo, tenía que encargarse de varios proyectos que necesitaban atención especial. Primeramente estaban los vuelos de pruebas del VF-4, que ella misma estaba supervisando. Aunque trataba de no inmiscuir sus sentimientos personales en ese proyecto, era obvio que mientras el capitán Hunter fuera el piloto de pruebas, ella se sentiría involucrada. Aún así Lisa Hayes siempre había sido reconocida por su profesionalismo bajo cualquier circunstancia y estos vuelos de pruebas no eran la excepción. Incluso se podía decir que ella exigía de Rick quizás el doble de lo que exigiría de cualquier otro piloto. Y él jamás le había quedado mal.
En esos días Lisa también estaba arrancando un proyecto que era bastante personal y entrañable para ella: la apertura del Museo Almirante Donald Hayes en el centro de Ciudad Macross. Se habían completado con éxito las negociaciones con el ayuntamiento de la ciudad para la cesión de la casa estilo victoriano que estaba abandonada en el centro de la ciudad, una casa que a Lisa le recordaba su propia residencia familiar. Un grupo de curadores, restauradores, museógrafos, antropólogos e historiadores de la Universidad de Macross estaban trabajando incansablemente en la restauración, catalogación, registro y museografía de las piezas del Acervo Hayes para el museo. Se tenía pensado que abriría en seis meses, según el proyecto ejecutivo.
Aquello emocionaba particularmente a Lisa y no era raro que después de un pesado día de trabajo, se diera un tiempo para pasar a revisar los avances del día en el museo. El Museo Almirante Donald Hayes sería el primer museo que se abriría en el nuevo mundo después de la guerra contra los zentraedis.
Otro pendiente que tenía bastante ocupada a la almirante en esos días era la elaboración del proyecto ejecutivo de la misión espacial del SDF-3. Ante el Consejo del GTU ella había externado su idea de cambiar el objetivo de dicha misión espacial, de ser una misión preventiva de búsqueda y ataque al planeta de los Maestros de la Robotecnia, ella pensaba cambiar el espíritu de la misma a ser una misión pacífica de exploración y colonización espacial.
Su idea había tenido respuestas contradictorias y sentimientos encontrados entre los miembros del Consejo y entre los mandos de la RDF, por lo que ella sabía que si quería convencer a los indecisos o hacer cambiar de opinión a quienes se oponían a su idea, ella debía presentar un proyecto convincente, contundente, con bases fuertes e ideas precisas que no dejara lugar a duda sobre los alcances y objetivos de dicha misión. Ese era quizás el proyecto al que más tiempo le estaba dedicando, pues tendría que presentarlo junto con su reporte bimestral en el mes de mayo, lo que significaba que tenía apenas 3 semanas más para tenerlo listo.
No era algo extraño que por las noches pasara horas frente al monitor de su computadora en su estudio, escribiendo borradores, revisando sus palabras, estudiando, leyendo, expresando sus motivos, sus planes, sus ideas… incluyendo reportes militares, científicos, incluso sociológicos, médicos… no, ella no dejaba nada al azar. Cuando se pusiera de pie ante los miembros del Consejo y expusiera su proyecto, tendría en la mano todos los hechos, todas las respuestas, incluso todas las preguntas. Eso era algo que le debía al Almirante Gloval y a todos aquellos que habían ofrendado su vida en esa primera Guerra Robotech.
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El lunes siguiente se llevaría a cabo el siguiente vuelo de pruebas y Rick y Lisa habían decidido descansar el fin de semana. Ambos estaban totalmente agotados, exhaustos y con el sueño bastante retrasado. Los Sterling habían reprogramado la parrillada que tenían pendiente para ese sábado pues la pequeña Dana había atrapado un resfriado, lo que les daría la oportunidad de dedicarse a descansar al día siguiente después de que las dos semanas previas habían sido realmente pesadas para ambos.
El viernes por la noche, después de las últimas evaluaciones y pruebas de Rick y de una sesión bastante ligera en el gimnasio, los dos habían ido directamente a su casa, habían cenado algo rápido, se habían bañado y a las 2210 horas habían apagado las luces de su habitación. Se habían acurrucado el uno contra el otro y se habían quedado profundamente dormidos.
A la mañana siguiente despertaron poco después de las nueve de la mañana. Ambos se sentían bastante descansados y relajados aquella mañana y habían amanecido de muy buen humor. Habían pasado un buen rato en la cama, simplemente hablando de trivialidades. Hacía un poco de calor y Lisa sólo se cubría con una sábana mientras que Rick, desnudo a su lado, apoyaba su cabeza en su mano izquierda mientras que con la derecha se dedicaba a acariciar suavemente a Lisa mientras hablaban. Ella tenía su mano sobre la de Rick, guiándolo levemente, sin siquiera percatarse de ello. De vez en cuando él se inclinaba sobre ella y la besaba suavemente en los labios. Ambos se sentían felices y con ganas de pasar un día juntos, tranquilos y en paz.
Sus besos comenzaron a intensificarse y sus caricias a hacerse más íntimas y audaces. En aquella hermosa mañana de mediados de abril, ambos decidieron darse un tiempo para entregarse mutuamente, para hacer el amor por primera vez en días. Sin prisas, sin inhibiciones, sin restricciones de ningún tipo ambos se exploraban mutuamente, se acariciaban, se besaban, se complacían de la manera que sabían que les gustaba. En los meses que llevaban juntos habían aprendido los gustos y preferencias del otro, pero jamás habían dejado que su relación cayera en la rutina. Les gustaba probar, experimentar, intentar cosas nuevas, caricias más profundas, exploraciones más audaces… sus encuentros jamás dejaban de ser excitantes, llenos de emoción y de nuevos sentimientos y sensaciones cada vez más intensas.
Había momentos en los que la pasión los consumía, haciendo que ellos perdieran el control y se entregaran sin limites y sin reservas a sus necesidades y a aquella urgencia que sentían de estar juntos, de estar cerca, de poseerse mutuamente. Había otras veces en los que un beso suave, una caricia delicada, una mirada tierna eran lo que realmente necesitaban, lo que en esos momentos los satisfacía. Sus encuentros amorosos jamás eran rutinarios; siempre había algo nuevo que experimentar, una nueva aventura que vivir, una nueva sensación que les recorría el cuerpo y los hacía perderse en un paraíso de placer que a veces podía incluso hacerlos derramar lágrimas de felicidad absoluta y de satisfacción total. La plenitud del amor que se tenían mutuamente se desbordaba y les inundaba el corazón en cada uno de sus encuentros, en cada beso, en cada abrazo, en cada clímax que alcanzaban juntos… siempre juntos.
Aquella mañana no fue la excepción. Se amaron como si no hubiera un mañana. Se entregaron mutuamente como si sus vidas dependieran de ello. Alcanzaron los límites del placer, se condujeron mutuamente a esos mundos soñados que sólo existían entre ellos. Se gozaron mutuamente, se entregaron uno al otro todo el placer del que eran humanamente capaces y sobre todo se amaron de esa manera en la que solo ellos sabían hacerlo: con intensidad, con pasión, con fuego pero con ternura y amor, con mucho amor.
Después de un par de horas, Lisa estaba en la cama, tendida boca abajo con los ojos cerrados, tratando de normalizar su respiración y de controlar su corazón que parecía latir en cada milímetro de su cuerpo. A su lado, Rick reposaba levemente recargado sobre ella. Le besaba la espalda y le recorría el costado con las yemas de sus dedos, hasta llegar a la curva de su cadera y a sus piernas. Aquel suave contacto provocaba que el cuerpo de Lisa respondiera con un estremecimiento involuntario que la hacía sonreír. Rick aún sentía su cuerpo temblar ligeramente y su corazón latiéndole sin control en el pecho mientras respiraba entrecortadamente y un hilito de sudor recorría su sien hasta caer en los hombros desnudos de ella.
Lisa miró sobre su hombro y sonrió adormilada. Él, con los ojos entreabiertos, buscó sus labios y los besó profundamente. Sus manos se encontraron y sus dedos se entrelazaron. Ninguno de los dos parecía poder controlar su respiración ni su ritmo cardiaco.
- ¿Podemos quedarnos en la cama y hacer esto todo el fin de semana? – Rick murmuró contra los labios de Lisa antes de besarla otra vez.
- ¿Crees que podrías volar el lunes bajo esas circunstancias?
- No… - respondió honestamente él. – Pero valdría la pena.
Lisa se rió y se tendió de espaldas debajo de él. Rick volvió a buscar sus labios de una manera hambrienta y urgente y ella correspondió a aquellos besos que parecían quemarle las entrañas. Rick la besó profundamente y se separó de ella lentamente, succionando un tanto agresivamente el labio inferior de ella antes de terminar por completo con aquel beso.
Lisa le sonrió y un par de estrellas parecieron brillar en lo más profundo de sus ojos cuando lo hizo. Apartó el cabello de la frente sudorosa de Rick y lo besó justo en medio de los ojos, en la punta de la nariz y en la comisura de los labios. Él se dejó mimar, cerró los ojos y sintió cómo aquellas caricias tan tiernas y suaves provocaban en su cuerpo casi las mismas reacciones que su apasionada sesión previa. Lisa sabía exactamente cuales eran sus puntos débiles y no importaba si estuvieran a la mitad de un intenso encuentro íntimo o besándose suavemente después de haber hecho el amor, los besos de ella siempre lo hacían sentir pleno, vivo, feliz y sobre todo amado.
- ¿Sabes que es lo que quiero hacer? – Lisa le sonrió, mirándolo profundamente. – Quiero pasar el día recostada al lado de la alberca, bajo el sol… ordenar pizza, nadar… escuchar música, dormitar en una toalla sobre el pasto… y quiero hacerlo contigo.
- ¿Alguna vez te había dicho que te adoro con locura y que me encanta cuando haces planes tan espontáneos como este?
Rick sonrió y los dos se besaron otra vez.
- ¿Entonces?
- ¡Entonces no perdamos tiempo! Podemos seguir con esto allá afuera¿no es así? Me reservo los derechos de ponerte tu aceite bronceador… con la condición de que tú hagas lo mismo conmigo.
- Eso no será problema, capitán… yo me encargaré de ponerle su aceite en todo el cuerpo.
Una sonrisa automática apareció en los labios del piloto cuando la escuchó decir aquello. Sí, sin duda aquel iba a ser un sábado perfecto. Se pusieron de pie de inmediato y se vistieron con sus trajes de baño. Mientras Lisa tendía la cama, Rick fue a la cocina a preparar jugo de naranja y fruta picada. Llevó el desayuno al jardín, donde la terraza de las pérgolas estaba a medio terminar pero ya era funcional. Lisa apareció unos minutos más tarde con un diminuto bikini que sabía que a Rick le encantaba y que ella sólo usaba en su presencia. Se sentaron a comer ávidamente su desayuno y después se dieron su tiempo para frotarse mutuamente el aceite bronceador.
El resto del día lo pasaron descansando al sol, nadando, jugando como un par de adolescentes, besándose en el agua, acariciándose y amándose desenfrenadamente. Al medio día pidieron una pizza que acompañaron con unas latas de Petite Cola bien fría. Luego descansaron en las sillas reclinables al lado de la alberca y hablaron por horas.
Esa noche se presentaría la Compañía de Teatro de Ciudad Macross en el recientemente construido Teatro de la Ciudad con una versión musical de la obra de Don Quijote de la Mancha, que era uno de los libros favoritos de Lisa. Ella había recibido unos boletos de cortesía y pensó que sería bueno hacer uso de ellos. Una noche en el teatro no era precisamente la idea de una noche divertida para Rick, pero decidió complacer a Lisa… además él se había hecho el propósito de estudiar un poco, leer más, ser más culto y tratar de ser un poco más elegante y refinado para ella.
Acudieron al teatro, en donde tenían reservado un palco especial. Los dos se veían muy bien juntos y eso era algo que no pasaba desapercibido para nadie. Eran una pareja que atraía miradas y sonrisas por donde quiera que pasara. Ambos eran jóvenes y muy atractivos pero mucho más que simplemente eso, había alrededor de ellos un aura que los hacía brillar. Quizás era el hecho de que ninguno de los dos podía ocultar lo enamorados que estaban y lo felices que eran al estar el uno al lado del otro.
La obra de teatro resultó mejor de lo que Rick había esperado e incluso se motivó para leer el libro que Lisa tan entusiastamente le estaba relatando.
- Siempre nos dicen que los soldados debemos ser prácticos, que en nuestra profesión no hay lugar para los idealismos… sin embargo yo siempre admiré a Don Quijote porque él siempre luchó contra lo imposible, siempre con el corazón por delante… sin importar lo que el mundo pensara de él. – Lisa iba diciendo a la salida del teatro, aferrada al brazo de Rick, mientras caminaban por la calle oscura. – Me costó mucho trabajo el saber aplicar esos ideales a mi propio trabajo, pero creo que con los años aprendí que sin pasión y sin ideales nada en realidad importa ni vale la pena.
- ¿Y cómo fue que aprendiste eso, amor?
- ¿Cómo aprendí a luchar contra lo imposible, a jamás darme por vencida y a sentir pasión por lo que hago y no sólo hacerlo por obligación? Bueno… - Lisa sonrió. – Digamos que eso me lo enseñó un piloto rebelde que alguna vez tuve bajo mi mando… aunque técnicamente él jamás obedeció mis órdenes.
Rick sonrió cálidamente y besó la mano de Lisa. Él se sentía muy agradecido con ella, porque ella jamás había dejado de creer en él, por las oportunidades que le había dado a través de los años, por haberlo obligado a superarse, a ser un ser humano mejor, un piloto capaz y un soldado comprometido. Todo lo que él era, lo que tenía, lo que pensaba, todo se lo debía a ella… ¿Y aún así ella le decía que él le había enseñado cosas a ella? Eran momentos como ese cuando Rick se convencía más y más de que quería pasar el resto de su eternidad al lado de esa mujer, al lado de Lisa Hayes.
- ¡Hey! – Rick anunció alegremente cuando sus ojos se toparon con un anuncio al otro lado de la calle. – ¡Mira Lisa, comida libanesa¿Recuerdas ese restaurante?
Los ojos de Lisa se dilataron y una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro cuando reconoció el restaurante que Rick le estaba señalando. Cuando estaban a bordo del SDF-1 tras la Lluvia de la Muerte de Dolza, Rick solía comprar comida de ese restaurante. De pronto Lisa recordó todas esas noches que pasaron en el camarote de ella antes de la Misión Sahara 1; Rick frecuentemente aparecía llevando comida de ese lugar, pues él sabía que la comida libanesa era una de las favoritas de Lisa. Muchos recuerdos se amontonaron de golpe en la memoria de los dos jóvenes que terminaron simplemente por sonreírse mutuamente y sin siquiera preguntárselo, ambos se dirigieron al restaurante que tenían enfrente.
La comida libanesa no pudo ser más deliciosa, preparada con ingredientes frescos y refinadas especias. De entrada les sirvieron unas empanadillas de espinacas con salsa y queso y hojas de parra rellenas de picadillo y arroz. Le siguió un plato principal de carne de cordero picada con trigo, arroz y frutos secos, acompañado de ensaladas estilo tabule y fatush. Les sirvieron una deliciosa agua hecha a base de granada, agua de azahar y agua mineral con un toque de limón y de postre una generosa porción de baklava acompañado de café turco.
La cena estuvo amenizada con bailes folclóricos libaneses como la clásica danza del vientre que representa el paso de la novia virginal a la mujer sensual, mientras que las melodías discordantes y ritmos complejos acompañados por una intrincada superposición de cantos, cuerdas, instrumentos de viento y percusiones hacían las delicias de los comensales. Rick hizo una nota mental de que la próxima vez que fueran al centro comercial, se aseguraría de comprar un CD de música libanesa.
Salieron del restaurante sintiendo aún el corazón acelerado después de escuchar esa música que parecía que les había movido las fibras más primitivas y profundas de su ser. Los dos se sentían optimistas y felices, y en sus labios aún podían sentir el sabor dulce de la miel de los postres mezclado con el gusto amargo del café. La noche era hermosa, llena de estrellas y con una suave brisa que soplaba del norte, aligerando un poco el calor de abril.
Antes de volver a la Freelander que estaba estacionada cerca del teatro, Lisa y Rick se dieron un tiempo para caminar por un parque cercano a la luz de las estrellas, sus dedos entrelazados y sus ojos clavados en los ojos del otro. Se detuvieron al lado de una fuente y se tomaron unos momentos para besarse suavemente, para sonreírse, para decirse cuanto se amaban y lo felices que se sentían de estar juntos.
- El saber que hay alguien en casa esperando por mí, - Rick susurraba al oído de Lisa mientras la besaba con cariño. – El saber que si yo muriera hoy mi nombre no sería olvidado mañana… el saber que por las noches, cuando mis fantasmas y mis demonios vengan a atormentarme hay alguien a mi lado, justo al alcance de mi mano, para acallar esos demonios y hacerme sentir seguro… Lisa, simplemente el saber que alguien en este mundo se interesa por mí… el saber que le importo a alguien… que alguien se preocupa por mi… que alguien me ama… eso es algo que jamás sabré como agradecerte amor… ¡Te amo, Lisa Hayes! No tienes idea de que tan profundo es este amor o de cuanto de amo…
Lisa quería contestarle, quería decirle tantas cosas… quería corresponder a esas palabras y decirle que el sentimiento era mutuo, pero no pudo hacerlo. Las palabras se atoraron en su garganta y su voz murió en ella; lo único que salió de sus labios fue un sollozo que sacudió su cuerpo al tiempo que se aferraba a Rick, echándole los brazos al cuello y ocultando su rostro en su pecho. Él la apretó con fuerza, sintiendo su cuerpo temblando en sus brazos. No pudo evitar unas lágrimas rebeldes que escaparon de sus ojos. A veces los silencios entre ellos eran más significativos que las palabras.
- Rick… - finalmente ella logró articular palabra. – Sólo prométeme que vas a ser muy cuidadoso en el vuelo del lunes. No quiero preocuparte ni presionarte pero admito que me he sentido muy nerviosa respecto a ese vuelo… esa salida atmosférica autónoma es algo que jamás se ha hecho antes en una nave de este tipo y—admito que estoy un poco asustada.
- Todo va a salir bien amor, no temas. Confía en mí… ¿Crees que me arriesgaría a perder todo esto¿A perderte a ti? – Rick le limpió las lágrimas y la besó. – El vuelo del lunes va a ser tan perfecto como lo fue el de hace dos semanas, confía en mí.
- Siempre, amor. – Lisa lo miró a los ojos.
Él le sonrió y se besaron otra vez. Cuando se separaron, Rick le ofreció su brazo y ella se aferró a él. Ya era tarde y ambos se sentían cansados pero felices después de aquel día tan especial que habían pasado juntos. Volvieron a casa sin ninguna prisa, tomando el camino más largo mientras escuchaban canciones románticas en su Freelander.
El día siguiente pensaban utilizarlo en repasar un poco los protocolos del vuelo de pruebas y después se dedicarían a descansar. Lisa le había prometido a Rick un buen masaje y un baño de burbujas con la condición de que se fueran a dormir temprano al otro día, pues quería que su piloto estuviera relajado y descansado el lunes por la mañana. Rick no rehusó aquella propuesta. Era un fin de semana más en la vida de esos dos jóvenes que sin proponérselo se habían convertido en la pareja del momento en Ciudad Macross: los Hunter-Hayes, como todo el mundo ya los llamaba. - - -
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Notas:
- Como siempre, agradezco a todas las personas que se han tomado el tiempo no sólo de leer esta historia, sino además de hacerme llegar sus comentarios. Siempre es muy motivante y sus mensajes jamás dejan de provocar que el resto del día yo traiga una enorme sonrisa en los labios. ¡Gracias a todos!
- Aprovecho este espacio para recordarles una vez más que esta historia no sigue ni la cronología de Robotech ni la de Macross. Estoy tratando de situarla en un punto medio. He tomado elementos de ambas series porque las dos me gustan y encuentro cosas increíbles en ambas. Así que seguiremos viendo algunos eventos del universo de Macross y algunos otros del de Robotech, pero ante todo, esta historia estoy tratando de que sea tan original como sea posible. Espero que les siga pareciendo interesante.
¡Muchas gracias a todos! Espero que tengan una muy buena semana y nos vemos el próximo jueves.
.: GTO - MX :.
