Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer (la mayoría de ellos). La historia es mía y está prohibido su uso sin mi permiso.
Capítulo 13:
Edward baja la mirada hacia mí, penetrándome con esos ojos verdes suyos llenos de estupefacción y seriedad. Su mano derecha, donde estaba antes su taza de café, aún está alzada a la altura de su rostro y tiembla levemente.
Oigo unos pasitos acercándose a toda velocidad por el pasillo y bajo la mirada hacia la mesa, intentando serenar mi expresión y mis constantes emociones, para que Melanie no se percate de lo que está sucediendo en la cocina. No quiero que la niña se preocupe por una posible discusión muy fuerte entre su hermano y yo. Quiero dejarla lo más alejada posible de mis problemas, para evitar que salga lastimada. Lo que menos deseo en este mundo es que Melanie sufra…
–¿Edward? –La niña se queda en el marco de la puerta, con sus ojitos fijos en su hermano. Este sacude la cabeza violentamente y serena su expresión de inmediato, para luego mirarla con una suave e imperceptible sonrisa.
–¿Sí, Mel? –responde Edward hacia la niña. Por alguna razón, su voz suena áspera y ronca.
–¿Pasa algo? –inquiere la niña, fijando por unos segundos sus ojitos iluminados por la preocupación en mí para luego volver la mirada hacia Edward.
Cuando sus ojitos se fijan en mí, hago un enorme esfuerzo por sonreírle levemente, en un vano intento de calmar su preocupación y asegurarle que todo está bien. Pero Mel no es tonta, no se cree para nada mi falsa sonrisa. Al contrario, al verme, frunce el ceño profundamente y su mirada se intensifica sobre mí, haciéndome sentir levemente incómoda.
–No pasa nada, angelito. Todo está bien –le asegura Edward, acercándose a ella y arrodillándose al frente suyo para acariciarle los bracitos con suavidad–. ¿Por qué no vas a buscar mi móvil y llamas a tu tía Alice para que te acompañe a la casa grande? Estoy seguro que todos allí desean verte.
De inmediato, los ojitos de la niña se iluminan de entusiasmo y asiente vertiginosamente con la cabeza, esbozando una gran sonrisa. No puedo evitar sonreír al ver eso, a pesar de que mi estado de humor en estos momentos no es muy bueno.
–¡Sí, iré a la casa grande! –exclama con júbilo Mel, y se inclina para dejar un suave beso en la mejilla de su hermano para luego desaparecer por la puerta de la cocina velozmente.
El cuerpo de Edward, que en estos momentos me da la espalda, se queda allí, arrodillado en el suelo por unos minutos, sin voltearse hacia mí. Mis ojos se posan en él ansiosamente, esperando que se dé la vuelta al fin para que responda mis preguntas, para qué me explique cómo es que él se encontraba en mis recuerdos…
–¿Y bien? –pregunto, con la voz ronca y rebosante en ansiedad.
–Bella… yo… –Edward se coloca de pie y se voltea lentamente hacia mí.
Ahogo un grito de sorpresa cuando veo su expresión. Es tan… desolada, desesperada y llena de agonía. Su rostro ya no tiene ese matiz de felicidad que antes poseía, ya no tiene esa marca de vida y emociones. Su rostro, en estos momentos, solo expresa dolor. Mucho dolor.
–¿Qué es lo que sucede aquí, Edward? –Las lágrimas lentamente comienzan a acumularse en mis ojos. Me pongo de pie y camino lentamente hacía él, quedando los dos frente a frente–. ¿Por qué nunca me dijiste que nos conocíamos desde antes? ¿Por qué nunca me dijiste que tú si sabes de mi pasado, que tú si puedes ayudarme a saber sobre él? ¡¿Por qué me mentiste?!
A pesar de que mi voz al principio fue un simple susurro, poco a poco se va convirtiendo en un grito desesperado y lleno de angustia. El dolor en mis palabras es palpable, y hace que de pronto la garganta se me cierre por un nudo y el corazón se me encoja en el pecho, adolorido, traicionado. Las lágrimas corren libremente por mis mejillas, sin césar, y mi cuerpo se estremece levemente, al compás de los sollozos ahogados que brotan de mi pecho.
A Edward se le contrae el rostro de dolor al verme así. Intenta acercarse a mí, con los brazos abiertos en mi dirección, pero, por primera vez en mi vida, rechazo su oferta. Doy un paso hacia atrás, colocando mis manos por un breve lapso de tiempo en su pecho para así evitar que se acerque a mí, porque sé que si me toca, si sus brazos me rodean, me voy a derrumbar de inmediato. Y, a pesar de que deseo con todas mis fuerzas estar entre sus brazos, ser consolada por ellos, su traición causa demasiado daño y dolor en mí, que no puedo olvidarlo tan fácilmente.
–Sabías que estaba buscando desesperadamente algo de mí pasado, sabías que intentaba recordar y recuperar mi vida. ¡Sabías que quería saber del tiempo de antes de mi accidente, en el cual tú me conocías, y no me dijiste nada! –Mis emociones comienzan a apoderarse poco a poco de mí, y sin ser consciente de mis actos, me dejo llevar por el dolor y la furia que se cierne dentro de mí. Mi cuerpo se mueve hacia adelante, encarando a Edward, y mis manos se ciernen en su camisa, con desesperación, aferrándose a ella como si mi vida dependiese de ello–. Sabías que podías ayudarme a recordar, ¡y sin embargo no hiciste nada! ¿Por qué, Edward? ¿Por qué me haces esto?
Los sollozos que salen de mi pecho ahora se escuchan con mucha claridad. Las lágrimas me empapan el rostro y me nublan la vista, pero aún así no quito mi mirada sobre la de Edward. Mis rodillas comienzan a temblar, y poco a poco mi cuerpo cede ante el dolor que se apodera de él. Antes de que pueda caer de rodillas al suelo, Edward me sujeta fieramente de la cintura y hace que los dos nos coloquemos de rodillas en el suelo, uno frente al otro.
–¿Por qué, Edward? –repito, con mi voz convertida en un sollozo.
Sus brazos se sueltan a mi alrededor y se coloca de pie de un salto. Aprovecho la oportunidad de tener mis brazos libre, para enterrar mi rostro entre mis manos y me dejo llevar por el llanto. La idea de que Edward me ha traicionado me lastima tanto, que se me hace insoportable. Es como una grieta gruesa e insoportable que se comienza a formar en mi pecho, una grieta que me deja sin aliento, sin alivio.
–¡Porque no puedo! –La voz de Edward repentinamente estalla, llena de desesperación. Alzo la cabeza de golpe, sorprendida al escuchar su grito–. No puedo, no puedo, no puedo –repite con la voz quebrada y ronca, sacudiendo su cabeza violentamente de un lado a otro. Se pasa las manos incesantemente por el cabello, desesperado y, al alzar la vista hacia su rostro, me doy cuenta de que sus ojos están vidriosos, como si estuviera conteniendo las lágrimas.
Mi corazón se encoge, adolorido al verlo así.
–N-No entiendo –tartamudeo, sollozante.
Él vuelve a sacudir su cabeza violentamente. Sus manos se convierten en puños a los costados de su cuerpo y se muerde el labio inferior con fuerza. Entonces, rápida y ágilmente se arrodilla frente a mí nuevamente y me toma, delicadamente, el rostro entre sus manos. Sus ojos verdes, vidriosos, buscan los míos y soy incapaz de apartar la mirada, hipnotizada por el sin fin de emociones que leo en sus ojos.
–No puedo ayudarte, Bella –susurra, con la voz suave y convertida en un fiero susurro lleno de sentimientos. Sus manos me sujetan el rostro con fuerza y me acarician las mejillas suavemente. Se inclina y apoya su frente en la mía, cerrando sus ojos. Por unos minutos, su expresión es de dolor, de angustia…–. No puedo, porqué si lo hago, te dañaría aún más, y eso no lo puedo permitir. Te aseguro que si podría ayudarte, lo haría sin pensarlo, te diría la verdad inmediatamente e incluso estaría más que contento por decírtela y así tenerte… pero no puedo.
Abro la boca para contestar, aunque no sé muy bien qué es lo que voy a decir, pero sus labios me interrumpen de inmediato, estampándose desesperadamente contra los míos. Y, en ese preciso momento, me rindo y dejo de luchar, porque ya no tiene sentido luchar cuando mi mente está en blanco y concentrada en la sensación de sus labios contra los míos, en la desesperación de sus movimientos…
Durante el beso, no solo saboreo mis lágrimas, sino también las suyas. Sus lágrimas comienzan a caer lentamente por su rostro, cayendo sobre mis mejillas y resbalando hacia mis labios. Mi corazón sufre un salto de dolor ante esto. El saber que él está sufriendo tanto como yo en esto, me hace sentir repentinamente adolorida y desesperada por acabar con su dolor, por alejar todo aquello que lo esté lastimando en estos momentos. Me desespera saber que él sufre, que está siendo lastimado por culpa de mis palabras, de mis acciones.
Aferro su nuca firmemente con mis manos, profundizando el beso e intentando demostrarle con él mi desesperación, mi culpa por hacerlo pasar esto a mi lado. Todas mis emociones y sentimientos se centran en ese beso, en un intento de desahogar al fin todo lo que llevo dentro, con la única persona en el mundo que puede comprenderme, con la única persona en el mundo con quien yo quiero compartir todo y abrirme completamente, sin miedos, sin preocupaciones, sin secretos.
Cuando nos separamos por falta de aire, él abre la boca para decir algo, pero coloco suavemente mis dedos sobre sus labios para callarlo. Suspiro levemente y cierro los ojos por unos segundos, disfrutando de su cercanía y de la sensación de estar entre sus brazos…
–Si tú no puedes ayudarme, buscaré a la persona que si pueda –murmuro, y siento de inmediato como su cuerpo se tensa a mí alrededor. Abro los ojos y muevo mi mano desde sus labios hasta su mejilla para acariciarla lentamente–. No te voy a dejar, soy incapaz de hacer eso. Solo… buscaré mis respuestas.
Antes de que Edward pueda rebatir ante eso, le doy un casto pero suave beso en los labios y luego me coloco de pie de un salto. Tomo mi chaqueta que está colgada en el respaldo de la silla, mis llaves de la motocicleta que están en la encimera y me apresuro a salir de la cocina con rápidos pasos. Detrás de mí, solo escucho un profundo suspiro.
Bajo las escaleras del edificio velozmente, sorprendida de que mi torpeza en estos momentos no haga acto de presencia. En menos de lo que yo imaginaba, ya me encuentro en el apartamento del edificio, frente a mi motocicleta.
Ciertamente, no tengo idea de lo que estoy haciendo en estos momentos. Es casi una misión suicida, dado el hecho de que no sé cómo conducir una motocicleta, pero aun así lo hago; me subo a la moto con un suspiro tembloroso y me sujeto muy bien del manubrio. Intento recordar todas las manobras que tanto Edward como Carlisle hacen al encender las motocicletas y cuando estoy potencialmente segura de lo que tengo que hacer, prendo lentamente el motor de mi moto.
El motor ruge fieramente debajo de mí, provocando que diera un salto del susto. Mi corazón, emocionado y asustado a la vez, comienza a latir furiosamente contra mis costillas mientras subo la mirada y la centro en el camino que se encuentra sobre mí. Intento no pensar demasiado, solo concentro mis pensamientos en lo que estoy a punto de hacer y nada más. No puedo permitir el que mi mente se distraiga en estos momentos en lo que acaba de suceder en mi departamento con Edward. Eso sería un fatídico error de mi parte.
Entonces, suelto el embriague lenta y cuidadosamente.
Al principio, la motocicleta da unos saltos al intentar andar, cosa que provoca que mi corazón se agite de miedo. Pero luego de unos segundos, comienza a andar con normalidad y, antes de que pueda darme cuenta, la motocicleta sale del aparcamiento y comienza a avanzar por las desoladas calles de Forks.
En los primeros minutos, me cuesta mantener un poco el equilibrio correcto en la moto, pero, cuando al fin lo encuentro, se me hace extremadamente fácil avanzar por las calles a una velocidad considerada, y empezar a recorrer el camino a La Push, mi original destino en este atrevido viaje que estoy haciendo por mi cuenta.
El viento sobre mi rostro y el pasivo silencio que me rodea, me ayuda bastante a despejar mi mente de todo y olvidar las cosas por unos minutos. Mi mente se despeja, se aclara, y solo se concentra en el camino que se extiende frente a mí. Solo puedo pensar en eso, solo quiero pensar en eso.
Pero mi tranquilidad no dura mucho. En menos de lo que esperaba, ya me encuentro entrando en la reserva de La Push, ya que gracias a mi buena memoria, he podido recordar el camino que Carlisle tomó ayer y he llegado perfectamente a la casa de Jacob. Con extremo cuidado, intento aparcar la motocicleta frente al porche de la hogareña casa, pero sin embargo no puedo evitar que la moto dé unos traspiés al intentar aparcarla con suavidad. Mi cuerpo se echa hacia adelante por los brucos saltos que da la motocicleta, aunque luego de unos minutos, se detiene con suavidad y, de inmediato, apago el motor, temerosa de cometer un error que haga un desastre total.
Me bajo de la motocicleta con un suspiro tembloroso. Guardo las llaves en mi bolsillo con lentitud, queriendo atrasar el momento lo máximo posible. Pero, el tiempo no se detiene, ni tampoco se aplaza, así que doy un último suspiro y me dirijo a la puerta de la casa de Jacob, rogando internamente de que mi amigo estuviera en su casa.
Toco la puerta suavemente con mis nudillos dos veces seguidas. Y, luego de unos minutos, la puerta se abre.
–¿Bella? –Un asombrado Jacob me mira perplejo, pestañeando varias veces con abierta sorpresa–. ¿Cómo…?
Mira por sobre mi hombro y se percata de la motocicleta que se encuentra aparcada en su patio delantero. Frunce el ceño por unos segundos y luego sacude la cabeza, estupefacto. Parece que le cuesta encontrar las palabras correctas. Pero yo hablo ante que él.
–Necesito tu ayuda, Jake –susurro, sintiendo esas traicioneras lágrimas acumularse en mis ojos nuevamente. Inspiro hondo, en un vano intento de alejarlas.
El que haya ocupado su sobrenombre que usaba antes de mi accidente, en estos momentos, altera a Jacob. Da un salto hacia atrás, sujetándose de la puerta con ambas manos, temblorosas, y con los ojos abiertos como platos.
Doy un paso hacia adelante, preocupada y dispuesta a ayudarlo al verlo tambalearse peligrosamente hacia atrás, claramente sorprendido y conmocionado. Entonces, alza los ojos hacia mí y me sorprendo al ver sus ojos negros llenos de lágrimas. Mi corazón se agita.
–¿Bells? –jadea, dando un paso hacia mí.
No puedo contestar, pues cuando abro la boca, sus brazos se extienden hacia mí y me jalan con suavidad para atraerme a su cuerpo. Sus brazos, grandes y cálidos, me rodean con una suavidad increíble, y su cabeza se apoya sobre la mía. Esconde su rostro en mis cabellos, y yo no puedo evitar rodearle la cintura con mis brazos, apoyando mi cabeza en su pecho, con esa sensación de familiaridad y protección cerniéndose sobre mí.
Este es mi Jacob. Mi mejor amigo. Mi hermano…
–Sí, Jake –susurro contra su pecho, con la voz quebrada en llanto–. He recordado algunas cosas. No muchas, pero he recordado.
–No sabes cuánto me alegra el oír eso –contesta, apretando suavemente su agarre a mi alrededor. Su voz suena aliviada, agradecida.
Luego, da un paso hacia atrás, llevándome con él en todo momento, y cierra la puerta tras de mí con un suave chasquido. Se coloca a mi lado, enrollando mi brazo al suyo, y me guía suavemente y en silencio alrededor de la casa hasta salir por la puerta de atrás, por la cocina. Sus pasos son lentos y calmados mientras caminamos hacia la playa que hay cerca de allí, guardando silencio por unos minutos y conmigo preparándome mentalmente para lo que viene.
Al llegar a la playa, nos sentamos en unas de las tantas rocas de gran tamaño que hay allí, aunque sin separarnos en ningún momento. La presencia de Jacob a mi lado, apoyándome en estos momentos, me hace sentir cómoda y tranquila, como no me sentía desde que tuve esa discusión con Edward esta mañana…
Sacudo la cabeza bruscamente para sacar de mi mente esos dolorosos recuerdos de mi discusión con Edward, y opto por desviar la mirada hacia la playa, intentando concentrarme en el movimiento de las olas, en las aves que vuelan sobre el mar, en el sonido de las olas rompiéndose en la orilla, contra la arena…
–¿Qué pasa, Bells? –pregunta Jacob a mi lado, pasando un brazo por mis hombros y sacándome de mis pensamientos.
–Es una larga historia –suspiro y apoyo la cabeza en su hombro, cerrando los ojos por unos momentos–. ¿Tienes tiempo para escucharla?
–Por supuesto que sí. Vamos, suelta todo.
Y eso es lo que justamente hago; le cuento todo a Jacob. Le relato sobre cuando desperté en el hospital por primera vez, el año en que viví intentando recordar cosas sin éxito alguno, le cuento sobre como "conocí" a Edward y sus amigos…. Y cuando hago eso, veo que la expresión de Jacob cambia de inmediato. Su cuerpo se tensa un poco a mi lado y desvía la mirada hacia el mar, así que soy incapaz de continuar, porque su actitud me llama demasiado la atención.
–Los conoces, ¿no? –Adivino, alzando una ceja en su dirección–. A Edward y sus amigos. Los conoces a todos ellos.
Jacob suspira rendido a mi lado y asiente con la cabeza, aunque sin mirarme aún. Gesto qué, por supuesto, me frustra de inmediato.
–Sí, los conozco. Pero luego sabrás cómo o porqué. Sigue contándome.
Suspiro con resignación y asiento con la cabeza, volviendo a mi relato anterior.
Y entonces, cuando al fin acabo de contarle todo, incluyendo mis recuerdos sobre Jared y sobre como conocí por primera vez a Edward, me doy cuenta de que todo tiene relación entre sí, que todos, incluyendo a Jacob, tienen que ver con mi pasado y mi antiguar vida, que todo está relacionado entre sí… como una maldita cadena.
–Edward era el mejor amigo de Jared, ¿no? –pregunto, con mi voz convertida en un suave susurro.
–Sí, lo era.
–¿Ya no lo es?
Por alguna extraña razón, el rostro de Jacob se contrae de dolor al escuchar mi pregunta y, al verlo, mi estómago se retuerce dolorosamente dentro de mí. Me aterra pensar el que Jared ya no es amigo de Edward, aunque no comprendo muy bien porqué.
–Bella, estoy es algo complicado, no puedo decírtelo así como así –musita Jacob, sacudiendo su cabeza de un lado a otro, mientras una expresión de angustia pasa brevemente por su rostro por unos cuantos segundos, aunque se recompone de inmediato.
–¿Porqué, Jacob? ¿Por qué nadie me puede decir nada? ¿Por qué? –Alzo una mano y seco bruscamente la solitaria lágrima que cae por mi mejilla. No quiero seguir llorando–. ¿Por qué Edward eligió traicionarme antes que contarme la verdad? ¡No lo entiendo!
Un pequeño sollozo sale de mis labios al terminar la oración. Me muerdo el labio inferior, para evitar que salga otro sollozo de mis labios, aunque no puedo retener del todo las traicioneras lágrimas que caen por mis mejillas silenciosamente.
Jacob suspira y hace una mueca con sus labios al ver mis lágrimas. Se acerca despacio hacia mí y me rodea con sus labios, dejando que recargue mi cabeza en su pecho una vez más.
–Mira, Bella –comienza Jacob, suspirando y acariciando mi cabello con suavidad y ternura–, te puedo asegurar que conozco a Edward y sé que todo lo que hizo, lo hizo para protegerte y por tu bien. Solo te puedo decir que hay una razón, muy válida, por la que todos no podemos decirte la verdad. Es más grande que todos nosotros juntos, y te aseguro de que si no lo tomas bien, te acabará lastimando como nunca nada te ha lastimado. Tienes que entender que ninguno de nosotros quiere eso, nadie quiere que salgas lastimada. ¡Lo hacemos por tu bien!
Mi corazón se sobresalta dentro de mi pecho al escuchar aquello. Y, durante unos momentos, esa furia y pena que siento por dentro dado a todo lo que está sucediendo, es reemplazada por la cálida gratitud que siento hacia mis amigos. No importa cuánto me estén escondiendo, o el daño que me hagan con sus secretos, porque de pronto Jacob me ha hecho comprender de que lo hacen para protegerme de un daño que es mucho más grande de los daños que he sufrido en mi vida.
–Gracias –susurro, acurrucada en los cálidos brazos de mi mejor amigo–. Gracias por cuidarme, por protegerme…. Aunque eso me frustre cada día.
Jacob suelta una risa por lo bajo ante mi comentario y frota mis brazos con suavidad, como una suave caricia. Suspiro y le rodeo la cintura con mis brazos. Es fácil sentirse cómoda y a gusto con Jacob. Él es cómodo.
–Bella, a ti siempre te han frustrado los secretos. No es ninguna sorpresa.
La broma de Jacob alivia el ambiente tenso de inmediato. Sonrío, esta vez con una sonrisa sincera, y sacudo mi cabeza con suavidad sobre el hombro de mi moreno amigo.
–Nunca me han gustado los secretos –admito, arrugando mi nariz suavemente.
Él suelta una carcajada.
–Lo sé, Bells, lo sé.
Sonreímos los dos a la par y nos miramos por un breve lapso de tiempo, fascinados al estar de nuevo juntos, bromeando como antes, siendo esos amigos inseparables que parecían más hermanos que amigos… Estando juntos de nuevo.
Entonces recuerdo algo, que provoca que mi felicidad se opaque de inmediato. Suspiro y desvío mi mirada hacia el mar nuevamente, buscando dentro de mi mente las palabras apropiadas para hacer la siguiente pregunta.
–¿Y Jared? ¿Dónde está él?
Jacob alza la cabeza bruscamente al escucharme, con los ojos abiertos como platos. No responde, solo se me queda mirando a los ojos, sin mover los labios ni siquiera un milímetro.
–¿Él y yo…? –Dejo la frase al aire, sin ser capaz de proseguir, aunque no sé muy bien porqué. El incómodo nudo en mi estómago vuelve a formarse dentro de mí cuando hago esa pregunta.
–Sí, tuvieron una relación. Duró unos cuantos meses –contesta Jacob, encogiéndose de hombros con fingida despreocupación. Sin embargo, sus ojos, brillantes, dicen otra cosa.
–¿Por qué terminó?
Una mueca se forma en los labios de Jacob, por una razón que desconozco, y sacude la cabeza levemente. Sus brazos me frotan los brazos nuevamente, aunque sospecho que el consuelo es más para él que para mí.
–Por muchas razones, Bella.
–Y no me dirás más del tema, ¿verdad?
–No, no puedo. –Jacob suspira y niega con la cabeza.
Bufo sin poder evitarlo, alzando mi mirada hacia él.
–Esto es frustrante, ¿lo sabías? –Alzo las cejas en su dirección, lo que provoca una risa baja por su parte–. No te rías, es verdad.
–Entonces, sí es tan frustrante, recuerda y ya –bromea, encogiéndose de hombros.
Yo sonrío, porque con Jacob es la única vez que bromeo sobre mi accidente y mi amnesia. Él lo hace ver tan fácil, tan natural…
–Lo dices como si fuera fácil –resoplo, colocando los ojos en blanco.
–Bueno, Bells, si estás recordando es por algo. Tal vez es cosa de que te concentres y quieras hacerlo. Recuerda que es tu mente. Tú la controlas.
A pesar de que Jacob dice esas palabras en broma, no puedo evitar meditar sobre ello. De cierta forma, son las mismas palabras que Carlisle me ha dicho siempre; que es mi mente la que contiene los recuerdos, que yo puedo controlarla con el paso del tiempo y poder recuperar mi memoria. ¿Será así de fácil? ¿Si me concentro e indago en mi mente, podré encontrar esos recuerdos que tanto busco? Después de todo, esos recuerdos que he tenido siempre han sido mientras duermo, cuando no estoy consciente, lo que significa que mi mente posee los recuerdos, solo que yo tengo soltarlos para poder verlos.
¿Podrá mi mente soltarlos al fin?
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Cuando vuelvo de nuevo a mi apartamento, este está vacío.
El corazón se me encoge dentro del pecho al pensar en que tal vez la discusión de hoy con Edward fue más fuerte de lo que pienso para él y tal vez haya tomado la decisión de alejarse de mí… para siempre, para no lastimarme más.
Intento mantener la calma mientras camino por el pasillo de las habitaciones, aunque el suelo parece tambalearse a mis pies y tengo que afirmarme de la pared para así evitar el que me caiga de bruces al suelo. Pero la sensación empeora cuando abro la habitación de los invitados y veo que se encuentra vacía, como el resto del apartamento.
Con una última vana esperanza, me tambaleo en dirección a mi habitación, pero esta también se encuentra vacía. Suspiro sonoramente y me dejo caer en la suave superficie de mi cama, enterrando mi rostro en mi almohada y extendiendo mis brazos a mis lados. Es entonces cuando mi mano se topa con un papel colocado sobre la cama.
Me enderezo violentamente en mi cama y, por unos segundos, la cabeza me da vueltas a causa del mareo que provoca el violento movimiento de mi cuerpo. Tomo la nota entre mis manos y me siento derecha en mi lugar para poder leerla con más comodidad.
Bella:
He tenido que salir por unos asuntos familiares. Estaré de regreso en mi casa en la noche, por cualquier cosa. Si quieres ver a Mel, ella estará en casa de Alice, quien junto con Jasper se han ofrecido a cuidarla por la tarde, dado que he salido y tú no estás.
He anotado mi teléfono y el de Melanie, que le doy para en casos de emergencias, detrás de la hoja en caso de que quieras hablar con alguno de los dos. Espero que te encuentres bien después de lo de hoy, y que comprendas mis razones, aunque no las conozcas. Si quieres hablar conmigo después de lo que hice, estaré más que dispuesto a esperarte.
Por favor, no hagas nada imprudente en mi ausencia.
Edward.
Inspiro profundamente luego de leer la carta y asiento con la cabeza para mí misma, sintiendo como el alivio y la tranquilidad comienzan a correr por mis venas, provocando que mi cuerpo se relaje visiblemente luego de aquel ataque de preocupación momentánea.
Tomo mi móvil, que se encuentra en mi chaqueta, y anoto los números de Edward y Mel en la memoria del aparato, sonriendo ante el detalle tan tierno que Edward ha tenido con la niña al pasarle un móvil en caso de emergencia. El saber que él se preocupa y protege a la niña me hace sentir una cálida sensación abarcando mi pecho.
Luego, comienzo a sentir como el cansancio, tanto físico como mental, empieza a apoderarse de mí lentamente. Doblo la carta por la mitad y la guardo en mi velador, para luego colocarme de pie y encaminarme hacia el baño a darme una necesitada ducha que relaje mis músculos y me haga sentir más liviana y descansada.
Después de la ducha que relaja mi músculo y de inmediato me hace sentir mejor, me coloco en pijama y me acuesto en mi cómoda y suave cama, sin importarme el que sea muy temprano para dormir aún. La verdad es que necesito solo acostarme y descansar de todo, de todas las fuertes emociones por las cuales he pasado hoy, y de todas las cosas que he hecho en este relevante día.
Sin embargo, a pesar de mi cansancio, no logro dormir. No sé por qué, pero doy vueltas y vueltas en la cama sin lograr poder quedarme dormía. Tal vez sea que la adrenalina del día sigue corriendo por mis venas, o que tal vez mi mente está tan llenas de cosas y pensamientos que no puedo dormir por tantas emociones, la verdad no lo sé, solo sé que por más que intento dormir, no lo logro. Entonces, recuerdo las palabras que Jacob me dijo sobre mis recuerdos, sobre concentrarme para poder conseguirlos. Y, a los segundos, tomo la decisión de que tal vez no está equivocado y que no pierdo nada con intentarlo.
Cierro mis ojos lentamente e inspiro profundo por la nariz, intentando concentrar mi mente en nada más que en mis recuerdos, intentando hallar un modo de penetrar ese irrompible muro invisible que está dentro de mi mente y que me impide el recordar, el saber de mi pasado… Entonces, las imágenes comienzan a deslizarse tras mis párpados con lentitud…
–¡Bella!
La castaña sonrió al escuchar el grito de felicidad que provenía desde detrás de ella y se volteó lentamente para encararse con el portador de aquella maravillosa voz, tan aterciopelada y hermosa para sus oídos.
–Vaya, veo que estás contento de verme –bromeó ella, soltando una risita.
–Por supuesto que sí –respondió él, colocando una fingida expresión de indignación–. Aunque ya sabes, estoy más feliz por ver a la preciosa chica que está dentro de esa casa, que a ti.
Él apuntó con un dedo a la casa que estaba frente a ellos, con el aparcamiento lleno de vehículos y motocicletas, lo que era producto del nuevo acontecimiento que estaba sucediendo en la gran familia diversa que ellos tenían. La verdad era que todos ellos estaban más que ansiosos por estar allí esa tarde.
–Sí hubiera sido cualquier otra chica, me hubiera enfadado –contestó Bella, sacudiendo su cabeza con aire divertido–. Pero, como es nuestra chica, es completamente perdonable. Es mucho más hermosa que yo.
–Las dos son las chicas más hermosas del mundo –contestó el chico de vuelta, inclinándose hacia ella para darle un suave beso en la mejilla.
Ella sonrió, sintiendo ese ya conocido rubor acumulándose en sus mejillas, lo que provocó que su acompañante sonriera abiertamente. Ella, haciendo caso omiso a su expresión, enrolló su brazo al de él y juntos emprendieron la caminata hacia la casa nuevamente, ansiosos por verla de nuevo… por tenerla entre sus brazos…
Pero entonces la castaña recordó algo, algo que la hizo parar de golpe y voltearse hacía el cobrizo con rapidez. Este se sorprendió cuando ella paró abruptamente su caminar y se volteó hacia ella, preocupado de que tal vez su salud no estaba en muy buenas condiciones. Después de todo, deberían seguir teniendo cuidado, pues hace poco ella había hecho su máximo esfuerzo físico.
–¿Has sabido algo de Jared?
El rostro de él se descompuso notablemente cuando escuchó ese nombre salir de los labios de Bella. Bajó la mirada hacia sus manos y negó lentamente con la cabeza, asegurándose de que ella no viera la mueca de dolor que surcaba sus labios en esos momentos. No quería preocuparla aún más de lo que ya estaba preocupada por Jared. Eso no le hacía bien.
Bella frunció los labios en una mueca y sintió como poco a poco las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Quiso retenerlas, porque no podía permitirse estar triste en uno de los días más importantes de toda su vida. Sin embargo, las lágrimas cayeron silenciosamente por sus mejillas sin que ella pudiera hacer algo para evitarlas.
–Tranquila –susurró él, atrayéndola hacia su cuerpo con sus brazos–. Él está bien, solo… hay que darle tiempo.
–¿Y si decide no regresar?
Él no contestó ante eso, solo sacudió su cabeza y la apoyó sobre la de ella suavemente.
Los dos, en silencio, comenzaron a caminar de nuevo en dirección a la casa, cada uno sumidos en sus pensamientos, pero también ansiosos por entrar de una vez a la casa y desconectarse de todo lo malo, para abrirle los brazos a lo bueno que le había regalado la vida hace unos días. A lo más bello y hermoso que la vida les había regalado a los dos.
Me siento en la cama bruscamente, de un solo salto. Una pequeña parte de mi mente registra el hecho de que me mareo un poco ante el movimiento, pero la otra gran parte de mi mente está concentrada en otra cosa…
Escucho un sonido muy cerca sobre mí, un sonido ahogado y ronco. Es como si algo se estuviera ahogando… y luego comprendo, con los minutos, que ese sonido proviene de mí, de mi pecho, y que son los sollozos desgarradores que brotan en mi interior y salen por mis labios con un sonido doloroso, lleno de angustia.
Mi rostro se encuentra empapado por las incesantes lágrimas que caen de mis ojos y se deslizan por mis mejillas. Por unos momentos, tengo que sujetarme con fuerza de las sábanas de la cama, temerosa de que si me suelto, mi cuerpo se desmoronará de inmediato y todo me consumirá, me destruirá… Intento calmar los sollozos, dejar de llorar y despejar mi mente para pensar muy bien las cosas, para saber qué es lo que tengo que hacer en estos momentos… pero, por más que lo intente, no puedo. Mi llanto y mis sollozos desesperados se aferran a mí con una intensidad que me es imposible alejarme de ellos. El dolor es demasiado…
Me siento rota por dentro. Estoy rota.
Aún entre lágrimas, volteo el rostro para ver el despertador que se encuentra en mi velador y esté me dice que ya es tarde. Sin embargo, esto no me interesa para nada. Lo único que necesito en estos momentos es salir de aquí, ir al lugar donde pertenezco, donde sé que me sentiré mucho mejor…
Me levanto de la cama rápidamente, secando en vano mis mejillas, aunque otras lágrimas vuelven a caer sobre ellas, mojándolas nuevamente. Me dirijo hacia el armario de mi habitación y lo abro de un tirón, sacando algunas prendas de él sin fijarme siquiera en lo que son. Me las coloco rápidamente, junto con los zapatos y luego me deslizo por la puerta para salir de mi habitación. En menos de cinco segundos, ya me encuentro fuera de mi apartamento, caminando hacia la calle.
Como sé que en estas condiciones no puedo conducir la motocicleta, me dirijo hacia la calle principal de la cuadra, que no queda muy lejos de mi apartamento. Gracias a Dios, un taxi pasa por la calle justo cuando voy llegando, así que lo llamo inmediatamente y me subo en él.
El chofer del vehículo se sorprende notablemente al ver mi fatídico estado de humor, con la cara empapada en lágrimas y los sollozos brotando de mi pecho, pero, sin embargo, no pregunta nada al respecto, y yo se lo agradezco inmensamente en mi interior. No creo ser capaz de explicarle el porqué de mi estado de humor tan malo.
La dirección a la cual me dirijo sale de mis labios con una facilidad y costumbre impresionante. Es como si el nombre fuera parte de mí, como si lo hubiera dicho tantas veces que ahora es automático, ni siquiera tengo que pensarlo para recordarlo… El chofer asiente con la cabeza al escucharme y se apresura en encender el motor para emprender el camino hacia la dirección que le dije.
Al llegar al fin a mi destino, me bajo apresuradamente del auto, no sin antes pagarle al conductor del taxi, y corro hacia los portones que rodean la gran propiedad. Me agacho frente a la caja de seguridad y coloco la clave que me permite entrar en el sector, sorprendida al recordarla con tanta facilidad. De inmediato, los portones se abren y no lo pienso dos veces para correr hacia adentro, en dirección a la gran casa.
Una vez frente a la gran puerta, toco el timbre de la casa una sola vez, recordando que es una hora bastante imprudente para estar allí. Tal vez están durmiendo…
Pero entonces, la puerta principal se abre lentamente.
–¿Bella? –inquiere Edward, pestañeando con sorpresa al verme allí, en su puerta… hecha pedazos.
No le contesto, solo me limito a lanzarme hacia adelante y rodearle el cuello con mis brazos, escondiendo mi mojado rostro en su pecho y asegurándome de que mi agarre en él sea lo bastante fuerte para que nada ni nadie pueda separarme de su lado jamás. No de nuevo…
–Perdóname, mi amor –murmuro contra su camiseta, que ya se encuentra mojada por mis lágrimas que caen sin cesar de mis ojos–. Perdóname, perdóname, perdóname… ¿Cómo pude olvidarte? ¡¿Cómo?!
Sus brazos se envuelven a mí alrededor, justo a tiempo para evitar que caiga al suelo. Mi cuerpo ya no soporta tantas emociones en un día, mi mente ya no soporta todo esto. Es mucho para cualquier persona, es mucho para un ser humano débil y estúpido como yo… Es demasiado…
–Bella –jadea Edward, con su rostro en mis cabellos, inhalando y exhalando profundamente, como si intentara no derrumbarse en estos momentos, como yo–. Mi Bella…
–Perdóname, perdóname, perdóname –repito, sacudiendo mi cabeza de un lado a otro.
Entonces, el mundo entero da una vuelta alrededor de mí con una velocidad inaudita. Mi cuerpo se hecha hacia atrás, cansado, débil y sin fuerza alguna para estar de pie. Siento como la negrura y la inconsciencia comienzan a apoderarse de mí y lucho por mantener mis ojos abiertos. No quiero cerrar los ojos, no quiero perderlos otra vez…
–¡Bella!
Los suaves brazos de Edward me alzan en vilo con suavidad y mi cabeza se hecha hacia atrás por el movimiento. Intento abrir los ojos y lo único que veo es que las paredes y lo que me rodea se mueve a mí alrededor, en círculos, girando sobre mí y acercándose a mi rostro…
Entonces siento como me dejan en una suave superficie mullida y asumo, con mucho esfuerzo, que me encuentro en una cama. Las manos grandes y suaves de Edward me apartan el cabello del rostro y escucho como susurra mi nombre, aunque no puedo contestarle. Hago un enorme esfuerzo por abrir los ojos, pero por más que lo intento, no puedo. Mi cuerpo ya no reacciona, ya no cumple con mis mandatos.
–¿Mamá? –Escucho a lo lejos, con su dulce vocecita teñida de preocupación y miedo.
–Melanie… –susurro muy bajo, hasta a mí que cuesta escucharlo.
¡He regresado! Quiero pedirle disculpas por la inmensa demora, de verdad que lo siento, pero como saben, mis estudios están complicados y cada vez se me hace más difícil el poder actualizar o escribir, pero aún así prometo solemnemente no dejar esta historia de lado, no podría. Espero que les haya gustado el capítulo y que hayan llegado a las conclusiones correctas respecto a toda la verdad. ¿Merezco un Review? No olviden que me ayudan a saber que opinan de mi historia.
RECORDATORIO:
Está es una historia completamente de ficción e imaginación de mi parte. Todo lo que aquí salga sobre medicina no es completamente cierto, son inventos míos. Ojalá hubiera una medicina tan avanzada y buena en estos tiempos...
Un beso a todos(as) y muchas gracias por leer mi historia.
Isa Pattinson Masen.
Entonces, la negrura comienza a llevarme con ella poco a poco… y todo desaparece.
