Vengo de ver Iron Man 3 y me traigo todos mis feels. Qué peliculón, en serio, no ha bajado para nada la calidad de la saga.
Hoy, tengo una medio mala noticia que daros. Mañana estoy todo el día fuera de casa y el lunes tengo un examen importante que digamos, así que dudo mucho que no pueda actualizar hasta el lunes por la noche, hora española. Aún así lo intentaré, pero no prometo nada. Estoy un poco triste porque de ser así rompería el reto, pero por otra parte no es por desgana ni falta de inspiración, sino por necesidad, así que me alegro en parte por ello.
Este capítulo contiene un poquillo de spoilers, no respecto a la serie sino a una película. Lo siento si planeabais verla y toco algún tema que... Jorl. También quería agradeceros no solo vuestros comentarios que me animan muchísimo y son súper dulces -y que encima no me digno a contestar por falta de tiempo. Me odio, en serio D8-, sino a la paciencia que me tenéis. Lo digo porque, vaaamos, yo ya se que soy lentísima en lo que viene a ser la trama amorosa y eso y que sigáis leyendo a pesar de todo... Snif. Os recompensaré, os lo prometo. (Cual Sherlock a John.) (Yo me entiendo.)
Esta canción seguramente la conozcáis todas, y si no, vivís en una piña en el fondo del mar: /watch?v=ydfH7iuLR0I.
Disclaimers: Evidentemente, Sherlock y todos sus personajes pertenecen a Sir Arthur Conan Doyle. La imagen del avatar es un dibujo de la artista Reapersun. Los títulos de los capítulos, así como la frase introductoria de cada uno, hacen alusión a canciones del grupo The Beatles.
14
All you need is love
No hay nadie a quien puedas salvar que no pueda ser salvado.
Sherlock mantuvo una expresión decepcionada y altiva, arrugando la nariz en señal de disgusto y negando con la cabeza.
—Y a pesar de tus incesantes intentos por hacerte ver como un hombre honorable y maduro, he aquí la prueba de que sigues siendo una colegiala de quince años.
Las mejillas de John hirvieron de rabia, bajando la mano que mostraba el DVD. Sabía que no era buena idea desde el momento en el que Harry le dejó la película.
—No es para tanto, ni siquiera sabes de qué va. Ha sido muy aclamada por el público y ha ganado muchos premios. Harry me lleva años dando la lata conque es su película favorita y quiere que la vea, pensé que ahora sería una buena... Un momento, ¿«sigues siendo»? ¿En qué momento de mi vida he sido yo una colegiala de quince años?
Sherlock ignoró el último comentario de John y le arrebató el DVD de las manos. Tan lento como siempre. Arqueó una ceja, escéptico.
—Eternal Sunshine of the Spotless Mind.—leyó con retintín.—Tenías razón, no suena para nada de cole... Oh, ¿ya te vas tan pronto, sentido del buen gusto? Hasta otra, dos horas de mi vida, no os necesitaba de todas formas.
—Me fascinas cuando intentas hacerte el gracioso.—contestó John con un tono de voz aburrido y monótono y le arrebató la película, fastidiado. Se quitó el abrigo y la dejó encima del televisor.—Como quieras, la veré yo solo, no voy a obligarte a exponerte a tal tortura. A quién se le ocurriría...
—Bien, te lo agradezco.—contestó Sherlock de forma seca y se colocó la bata antes de sentarse en la mesa de la cocina y seguir mirando por su microscopio. John estuvo casi seguro de que no había captado el sarcasmo.
El doctor dejó la bolsa con la compra rápida que había hecho para esa noche en la cocina y se puso el pijama. Cuando bajó, Sherlock seguía inmerso en su trabajo. Rodó los ojos e hizo unas palomitas en el microondas. Acto seguido, puso la película en el DVD -que habían comprado recientemente solo porque John había insistido en ello- y se acomodó en el sofá para verla.
Sherlock no tardo ni diez minutos en quejarse.
—John, baja el volumen, el burdo monólogo de tu película me impide pensar.
John bufó, escupiendo sin querer algunas migas.
—Pero qué dices, casi ni la escucho yo. ¡Deja de molestarme solo porque te aburres!
—¡Es que ese hombre es estúpido! Es obvio que ya se conocen de antes.
—Por favor, Sherlock, no me destripes el final con una de tus conjeturas. ¡Limítate a tu experimento!
Sherlock se encogió de hombros y volvió a mirar por el microscopio, tomando apuntes en una libreta. John bufó y siguió comiendo, metiéndose de lleno en la historia. Parecía un comienzo bastante pueril, pero le intrigaba el ambiente extraño y familiar que se respiraba en las escenas. Y tenía que admitir que Kate Winslet le parecía muy guapa e interesante en esa película, cosa que mantuvo su interés por el momento.
Pasaron otros diez minutos cuando Sherlock volvió a hablar.
—¿Por qué la mujer no se acuerda de ese hombre? Ah, ya sé, porque ha sufrido algún tipo de lavado de cerebro. Os felicito, guionistas, habéis conseguido un gran trabajo...
—¡Sherlock!
—Está bien, ya me callo.
Pero no fue la última vez que habló.
—Esa rubia va a ser relevante en la trama, ya lo verás...
—Sherlock...
—Lo siento, pero sus diálogos simples son distrayentes.
A la media hora de la película, John se levantó para hacer dos sándwiches.
—¿Por qué pausas la película? Si desde la cocina se escucha todo. Además, hay un buen ángulo de visión de la pantalla, no te perderías nada.
—Sherlock, si quieres ver la película simplemente dilo...
—¿Pero qué dices? Solo te estaba dando un consejo, John. De verdad, a veces me exaperas...
—Está bien, como quieras.
Casi había pasado una hora de la cinta cuando Sherlock estaba de cuclillas encima del sofá, mirando la pantalla con el ceño fruncido y los labios torcidos, colocándose la bata.
—¡Esta película es un reto! Tiene una cronología estúpida y desorganizada, pero lógica. O no. Bueno, quizá la tenga. No lo sé...
A John le hizo gracia ver cómo Sherlock se mordía la uña del dedo pulgar, quebrándose la cabeza para desentrañar el puzzle antes de que la película terminase y no sentirse derrotado por unos guionistas de la empresa cinematográfica. Contuvo una risa. El pobre infeliz de verdad pensaba que estaba siendo víctima de un reto mental cuando lo que de verdad le intrigaba era la trama de la película. Aprovechó para juntarse a Sherlock y observó por el rabillo del ojo cómo Sherlock se dejaba caer hacia un lado, aún mordiéndose las uñas, y apoyaba su mejilla en el hombro del doctor. John sonrió para sí mismo, contento de haber decidido ver la película a pesar de todo.
Gradualmente, Sherlock comenzó a callarse a medida que la historia terminaba hasta que concluyó en un paisaje nevado y la escena se difuminó en blanco hasta convertirse en los créditos. John se frotó los ojos, cansado, y suspiró. Había sido una película buenísima, le había sorprendido. Pensó que, la próxima vez, haría más caso al criterio de Harry antes de hacerse de rogar.
Enredó sus dedos en el pelo rizado del moreno, pensando por su quietud que se había dormido y debía despertarlo. Bajó la mirada y la visión del rostro levemente iluminado de Sherlock le impresionó. Su dedo pulgar seguía en la boca, sus ojos abiertos y sin expresión contemplando la pantalla. Una lágrima silenciosa colgaba del lagrimal, indecisa. John frunció el ceño.
—¿Sherlock?—no sabía si reírse o preocuparse.—¿Estás llorando?
Sherlock separó la mano de su boca y la dejó en el aire, balanceándose despacio. Se relamió los labios. No parpadeaba.
—Es injusto, John.—contestó como si estuviera dando el resultado de alguna deducción, sin ninguna emoción ni alteración en la voz.—Él no estaba preparado y ella simplemente le olvidó. Ella he rehecho su vida en la ignorancia, pero él tiene que cargar con el peso de los recuerdos y su error toda la vida. Eso es cruel.
John no sabía qué responder, tenía los labios entreabiertos y la garganta seca. Carraspeó, incómodo.
—No es para tanto, Sherlock, tranquilo. ¿Es que nunca habías visto una película así?
Sherlock pestañeó y la lágrima se deslizó por su mejilla. El moreno se aclaró la garganta y se irguió rápidamente, desprendiéndose de ella con desprecio con una mano, sacudiéndola en el aire como si se librase de un insecto. John posó una mano en su hombro y lo apretó, alentador.
—Eh, vamos, no llores.
—No lloro, John. Emulo una sensación de impotencia enfatizándola con alguna respuesta física, pero no lloro.
John no pudo más que reír con esa contestación, arrancándole al moreno un mohín de disgusto. Suspiró con una sonrisa y alzó las manos, colocándolas en ambas mejillas de Sherlock y haciendo que le mirase, curioso. John se inclinó y Sherlock cerró los ojos. El rubio besó suavemente sus párpados, notando el roce de las pestañas húmedas, y rozó su nariz con la suya, besándole en los labios y bajando las manos para acariciar sus brazos desde la muñeca hasta el codo por debajo de la bata. Suspiró en sus labios, separándose y contemplando un rostro melancólico por parte del moreno, con la mirada gacha y los hombros bajos.
—Está bien que experimentes cosas como estas, Sherlock, te hacen más... humano. Y eso no es malo.—se apresuró a añadir al escuchar cómo su amigo gruñía. Llevó sus manos hasta la nuca del contrario y entrelazó sus dedos, acariciándole la piel y el nacimiento del pelo con los pulgares, notando su estremecimiento. Sonrió.—Simplemente no te impliques tanto con los personajes. Es estupendo que empatices, eso es genial, significa que estás madurando, pero estás pensando cosas extrañas y eso no está bien. Yo no te voy a dejar, Sherlock. Y si nos pasase algo yo no querría olvidar esto por nada del mundo.
Sherlock cerró los ojos y apoyó su frente en la de John, respirando profundamente por la nariz. Lo abrazó por la cintura, dejándose caer gradualmente en el sofá hasta sentarse con las piernas cruzadas.
—Eres demasiado paciente conmigo. Alguna vez te lo recompensaré, lo prometo.
—Créeme, más te vale.—bromeó John dedicándole una sonrisa que mostraba toda su hilera de dientes y volvió a besarlo, dulce, gentil.
Estaba bien si Sherlock solo quería besos, se repetía una y otra vez. Estaba bien.
John se separó del moreno y cogió aire, levantándose del sofá y agachándose para extraer el disco del DVD.
—Venga, vayámonos a la cama. Olvídate de la película.
Sherlock asintió con la cabeza y se puso de pie, cogiéndole de la mano y subiendo las escaleras con él, como todas las noches.
