No sé si vais a entender mucho (reviews por favor!!! Quiero saber como va la cosa!!). Os puedo adelantar que en el próximo capítulo (el 15) las situaciones se esclarecen un poco. Es que no quería hacer un capítulo 14 demasiado largo.
En fin!!
Saludos de vainilla!!*
: Me alegra que te guste la historia!! Y m'encanta tu nombre por cierto. Los primeros capítulos sitúan más que nada…luego se complica la cosa. Ya me dirás que te parece! Gracias por el review! Un beso
Psy Cyan: Gracias! Si te gustó Touché (capítulo1) prueba con La noche del esgrima!! (no recuerdo que número es) Y coincido contigo en lo de "constante reto"! Era lo que quería reflejar, lo que me gustaría leer!! Gracias otra vez!!! Un beso!
Hachiko24: Tengo una petición especial para vos (espero que no te importe ^^) ¿Por qué te llamas Hachiko? Simple curiosidad, en serio! M'encanta! Y gracias por el review… a ver qué te parece el capi 14 (yo no soy muy fan de este último xDxD) Gracias y un beso!
Pabaji: Te voy a incluir en la historia!! Adoro tus reviews! En serio! Eres ya como parte de los capítulos! ^^ Y, sorpresa, solo hay secretos a voces! Pero es pronto para saberlos leer! Un beso!
Capítulo 14. Fotografías
Las paredes del Gran Comedor parecían los brazos de un descomunal gigante que luchaba por mantener en su abrazo a decenas de estudiantes inquietos. Los alumnos de primero corrían nerviosos y expectantes ante la que iba a ser su primera incursión al Bosque Prohibido. Se sabían de memoria las leyendas, los rumores que circulaban en torno a aquel paraje y como buenos adolescentes las hacían circular. Alguien contaba a una chica de pelo rizado que una vez, en el Bosque Prohibido, Harry Potter (el mismísimo Harry Potter) había luchado contra una araña gigante, Aracon o algo así afirmaba el relator. O que entre los árboles del Bosque, si cerrabas los ojos y decías su nombre 3 veces, aparecía el fantasma del Señor Oscuro. O que Penélope Clearwater y un hermano de Ron Weasley, el mejor amigo de Harry Potter (si, Harry Potter) habían pasado su primera noche juntos en el Bosque Prohibido. Algunas historias eran ciertas, otras harían reír a sus protagonistas de lo absurdas que podían llegar a ser. El caso era que el temido Bosque, el ansiado Bosque para muchos, iba a ser profanado (eso si, con permiso de la directora) por decenas de cabezas pensantes, inocentes, no tan inocentes, rebeldes, pasivas, curiosas, dolidas, llenas de conocimiento o vacías de sentimientos…Pero todas con un adjetivo común: nerviosas.
Ligera, con un pergamino en la mano y el paso grácil, Luna se acercó a Harry por detrás. No le miró, al contrario, sus ojos se deslizaron a ambos lados para cerciorarse de que nadie la seguía. Y a pesar del bullicio, susurró:
Ha muerto otro mortífago
Harry se volvió lentamente, jamás desconfiaría de Luna, jamás otra vez quería decir. Un par de alumnos le miraron con admiración y respeto pero el chico los ignoró. Luna se volvió hacia los alumnos y éstos apartaron la mirada nerviosos.
¿Cómo está Neville? – dictó como respuesta.
Sigue sin hablar – Luna abrió los ojos aún más si cabe y respondió rápidamente, en su voz había una gota de tristeza pero se esforzaba por ocultarla. – No viene a la excursión
McGonagall apareció por la puerta del Gran Comedor, y detrás de ella se materializó Hermione. La Gryffindor se había convertido en la sombra de la directora y eso era algo que no le gustaba y disgustaba a partes iguales. Harry le dirigió una mirada apresurada y la chica asintió pero permaneció en su sitio. El enfado entre ambos se había ido con las mismas prisas que el calor al llegar el otoño y aunque las circunstancias no eran las mejores ambos se alegraban de poder hablar nuevamente.
¿Granger sabe? – Luna se acomodó en un segundo plano pero seguía atenta a Harry y en consecuencia a la recién llegada Hermione.
Harry asintió, no tuvo tiempo de dar explicaciones pues los alumnos, los novatos alumnos, aún conservaban cierto respeto hacia la directora de Hogwarts y en cuanto McGonagall dio un par de palmadas guardaron silencio.
Bien, como saben, hoy en lugar de dar clase y con motivo de las próximas fiestas haremos, quiero decir, harán una pequeña – remarcó esta palabra - visita al Bosque Prohibido – la profesora esperó un instante.
Algunos alumnos se miraron sonrientes, otros se dieron codazos y los hubo que saltaron ahogando pequeños grititos
¿Qué fiestas? – sopló un alumno grandote a su compañero
Navidad, Rufus, Navidad – respondió éste bajito con voz cansina.
McGonagall continuó con su sermón de directora preocupada y Rufus se quedó sin saber qué día empezaban las vacaciones de Navidad.
…
En la torre más alta de Hogwarts, apoyada en la ventana más oculta según se mira desde fuera y detrás del cristal más pequeño, Trelowney, con un frasco entre los dedos, observaba el Bosque Prohibido. Todo iba casi bien.
Alzó la mirada un poco más y jugueteó con el frasco.
Y ése era, en efecto, el problema. El estúpido casi había hecho dudar a Arthur.
El verde del líquido que vivía en el frasco cambió para encenderse en un amarillo violáceo.
Qué narices, ella misma había dudado. Y sin embargo, no habían tenido el valor de dar marcha atrás, de decir hasta aquí basta y entregarse. Los demás no lo entenderían. Jamás. No podían dejarlo, no después de todo.
Le temblaron las manos.
¿Qué iba a pasar ahora? La mujer se apartó de la ventana. Qué estúpida pregunta para una profesora de adivinación pensó. Sonrió bufándose de su propio interrogante. Solo fue un segundo. Su rostro se desfiguró en dolor y la rabia se apoderó de ella.
No podía gritar, no podía estallar, ni siquiera saltar y dar un puñetazo a la pared.
Nadie los entendería.
Y en el suelo, los cristales rotos se tiñeron de amarillo violáceo, y el sabor de unas lágrimas se confundió con el dolor de unas gotitas carmín … con el dolor de la sangre.
Nadie.
…
No quiero tonterías. Saldrán ahora y regresarán para almorzar. No toquen, ni cojan, ni hablen, ni siquiera respiren si su tutor no se lo permite.
Draco Malfoy, que estaba apoyado en la pared, en el rincón más oculto de todo el Gran Comedor, con los brazos cruzados, la cabeza gacha y una mirada intensa clavada en McGonagall, sonrió.
La profesora hizo ademán de marcharse pero recordó algo y volvió a su sitio.
Bien, una última cosa – McGonagall carraspeó como cada vez que se ponía nerviosa, como solo Hermione había notado. – Debido a los últimos acontecimientos – la leona supo que se refería a la muerte de la abuela de Neville y el silencio pareció reírse a carcajadas en el Gran Comedor – haremos unos cambios respecto a las casas y los tutores.
Harry y Luna se miraron con un mismo pensamiento. Lo que sea menos estar con Malfoy. Cómplices, dirigieron su mirada a Hermione quién no reaccionó. Seguramente ya sabría la distribución de la casas, al fin y al cabo era la sombra de McGonagall. Y Malfoy, … se miró las uñas.
…
Ron Weasley alzó el brazo derecho al aire y lo observó en silencio. Se calló cada curva y cada color. Se calló los porqués y los por qué no. Y ahora sí, sonrió. La figura recién nacida que se dibujaba en su antebrazo pareció corresponderle.
El chico se ajustó la capa y salió de la habitación, de aquella habitación, sin mirar atrás., porque Ron Weasley si lo entendía.
…
Así. Gryffindor estarán a cargo de Hermione Granger; Ravenclaw obecerá a Luna Lovegood y a Harry Potter – una alumna de Ravenclaw suspiró, Harry se volvió hacia ella con cara de incompresión y el rostro de la chica se tornó de un rojo intenso. – Hufflepuff irá con Stephen Cornfoot; y Slytherin, con Draco Malfoy y con Ernie McMillian.
¿Por qué han cambiado a Ernie? – preguntó alguien en voz alta.
McGonagall se volvió hacia la puerta y desapareció dejando un revuelo desconcertante y un bullicio creciente. Luna miró a Harry y se encogió de hombros.
Ernie es alérgico al polen
…
La pelirroja se miró en el espejo, deslizó los ojos y después los dedos hacia el vientre e intentó percibir una motita diferente, un destello de su embarazo. Pero el espejo le devolvió la misma imagen de siempre: con más o menos curvas, con tantas pecas como nunca, con los ojitos inquietos. Suspiró. Se volvió hacia la cama, corrió las cortinas y apoyándose en una carpeta forrada por cuarta vez, tomó una pluma, la impregnó en tinta roja y comenzó a rasgar. Mamá debía saber cómo ser mamá.
…
Hermione fue la primera en tomar las riendas de la situación, imitando a McGonagall en la forma pero no en el fondo, alzó la voz con un potente ¡Gryffindor! Y se apartó a un lado del Gran Comedor. Los alumnos de su casa se movieron ágiles hasta donde se encontraba su tutora. Ésta pasó lista, los contó y los ordenó por parejas. Les hizo formar una fila de dos personas y estableció un par de normas.
Harry y Luna se miraron una vez más. La chica silbó un par de veces y todo Ravenclaw rodeó a Harry. Luna puso los ojos en blanco y pidió a los alumnos que guardaran silencio, pero su dulce y débil voz quedó ahogada entre las preguntas y acosos que los alumnos hacían al famoso Harry Potter sobre el Bosque Prohibido. Harry se cohibió un instante y de repente se imaginó que todos aquellos alumnos eran bebés llorones que reclamaban su atención. Se volvió hacia Luna, pero en lugar de ver a la loca Ravenclaw, Harry creó el pelirrojo destello de su novia.
Haz algo, Harry – dijo ella.
El Gryffindor sacudió la cabeza desechando aquel pensamiento. Y los bebés y Ginny desaparecieron para dejar paso a la realidad, alumnos nerviosos y Luna Lovegood. Harry gritó para que los alumnos se mantuvieran en silencio y fue tan eficaz que también Hufflepuff entero enmudeció.
Stephen Conrfoot, pálido como la cera, se estaba preguntando por qué demonios McGonagall le habría dejado solo y al frente del pavi-soso grupo de Hufflepuff cuando un alumno alzó la mano. Stephen asintió y el alumno se puso a su lado. Le susurró un par de cosas y el atemorizado Cornfoot sonrió y se hizo dueño del espectáculo. Colocó a sus alumnos en círculo y se situó él en medio.
Y mientras todo esto ocurría Malfoy se incorporó y, sin siquiera miró a los alumnos de la Casa Slytherin, salió por las puertas del Gran Comedor. Por suerte o por desgracia, un estudiante de aspecto bonachón y la piel plagada de pecas lo vio, le dio un codazo a la chica que tenía al lado y entre ambos reunieron al grupo de Slytherin que se apresuró en seguir a su tutor.
…
Hay cosas que no se pueden evitar – afirmó con la cabeza gacha a una temblorosa Trelowney.
Era McGonagall la que limpiaba las lágrimas, la sangre, los cristales y las gotitas amarillo violáceas.
