CAPÍTULO 14.

El coche nuevo de Lexa era muy lujoso, y el olor de su interior era una mezcla a cuero y a su perfume. Observó el paisaje a través de la ventana del copiloto, y Clarke se preguntó que a dónde la estaría llevando. Había intentado hacerse un poco la dura esos últimos días, y aceptó aquella cita el día anterior, apurando hasta el último minuto; pero, en el fondo, sentía mariposas revolotear en su estómago y el corazón desbocado en el pecho: quizás por el miedo y la ilusión que le provocaba estar en una cita con Lexa Woods. La miró y no pudo evitar pensar en lo jodidamente guapa y sexy que era.

-Espero que no me estés llevando a ningún sitio elegante, que me has dicho que no era necesario vestirme mejor... -la morena la miró de reojo y soltó una risita.

-No vamos a ningún sitio elegante, Clarke –contestó divertida, pero cambió el gesto de su rostro, observándola algo alarmada-. ¿Lo habrías preferido? –se quedó unos segundos en silencio, y pensó que su nerviosismo era de lo más adorable.

-Pues la verdad es que sí, habrías ganado muchos puntos… Ya sabes: coche elegante, cena elegante… -enumeró- Vivo para la elegancia –volvió a mirarla de reojo para ver su cara confundida.

-Tengo la impresión de que me estás tomando el pelo… -no pudo aguantar más la risa.

-Lo estoy haciendo, y creo que tu cara de confusión es la cosa más bonita que he visto hoy –casi se derritió por la forma en la que sonrió.

-Así que mi cara te parece bonita…

-Creo que sabes perfectamente que lo es –miró de nuevo la carretera-. A menos que no tengas espejos en tu habitación.

-Tengo espejos, ¿pero sabes que tengo también? -la rubia la enfocó.

-¿Una gemela? –ambas rieron, y entonces preguntó algo que le rondaba la cabeza en los últimos días- ¿No es extraño a veces verte a ti misma?

-No me veo a mí misma, y has arruinado el momento -apuntó.

-¿Ibas a decir algo romántico? -sonrió.

-Iba a intentarlo.

-A ver… -dio pie a que lo volviese a intentar, y notó de forma instantánea la caricia que le realizó en su mano, pasando lentamente los dedos por su piel antes de llevárselos a la boca y besarlos suavemente, consiguiendo que una ola de calor la recorriese al recordar cómo los había chupado la última vez.

-Iba a decir que también tengo a mi lado a la chica más hermosa de este planeta y que eso hace que mi belleza quede eclipsada -sonrió-. La mía y la de toda la población del mundo.

-Eres una exagerada -se mordió el labio.

-No lo soy.

-Solo lo dices para meterte en mis bragas –sonrió levemente al escuchar aquel sonido de sorpresa que realizó la morena, llevándose la mano al pecho, haciéndose la ofendida.

-¿Crees que quiero meterme en tus bragas?

-Sí…

-Qué creída –comentó, pero acabó sonriendo cuando Clarke puso una mueca.

-¿No quieres?

-No -dijo de forma contundente-. En realidad quiero meterme en otro sitio, pero creo que esta no es una conversación para una primera cita, señorita Griffin -le dio una pequeña mordida a uno de sus dedos, logrando que sintiese descargas eléctricas por todo su cuerpo.

-Deja de hacer eso.

-¿El qué?

-Jugar con mis dedos.

-Bueno, son la única parte a la que me has dado acceso hasta ahora, pero no voy a quejarme si me dejas jugar con otras cosas… -la rubia apartó la mano riendo.

-Conduce, anda -dijo divertida, y su acompañante le sonrió apoyando la otra mano en el volante.

Llegaron antes de que Lexa pudiese intentar nada más, y Clarke rio cuando la morena le abrió la puerta y la cogió de la mano con media sonrisa dibujada en el rostro.

-No estaba segura de si te agradaría este sitio, pero creo que tenemos gustos parecidos…

-Al menos no había ningún letrero de que sea un club de striptease.

-¿Crees que te llevaría a uno en nuestra primera cita?

-Últimamente me sorprendes.

-¿Y eso es algo bueno o malo?

-Supongo que al final de la noche lo descubrirás…

-Mmm... ¿Sueles besar en tu primera cita, Clarke Griffin? –la rubia rio pasando por su lado.

-No voy a besarte aún.

-Tenía que intentarlo -se encogió de hombros, entrelazando sus dedos antes de entrar.

Miró confundida la fachada del lugar, no estaba segura de lo que era, pero, cuando entraron y el ambiente la invadió, no pudo evitar sonreír encantada.

-¿En serio? -preguntó Clarke mientras miraba la sala de juego que tenía frente a ella.

-Este lugar es genial –empezó a hablar Lexa sonriente-. Incluso te sirven cervezas y pizza. Desde que volví de Londres vengo con Alex de vez en cuando y hacemos apuestas –la miró fijamente-. ¿Te gusta? ¿Te apetece una cerveza mientras te preparas para que te dé una paliza?

-¿Perdona? Aún no me has visto jugar a mí, bonita.

-Oh, me encantaría verte jugar -la recorrió de arriba abajo de forma lasciva, y Clarke la empujó pegándole en el brazo.

-Ve a por esas cervezas, anda –cambió de forma automática la expresión de su rostro, y ahora mostraba una sonrisa encantadora.

Se había esperado cualquier otro lugar, pero Lexa Woods no dejaba de sorprenderla, y eso le encantaba. La miró con detenimiento mientras caminaba hacía el mostrador, fijándose en lo bien que le quedaban esos pantalones apretados y en cómo se podía apreciar la silueta de su culo, a pesar de que estaba medio cubierto por la chaqueta que llevaba puesta.

Fueron enseguida hacía el primer juego que consistía en matar zombies con unas ametralladoras de color naranja y con las que Clarke estaba teniendo problemas. Lexa se colocó detrás de su cuerpo para explicarle cómo debía cogerla y la rubia sintió que su espalda se tensaba con la cercanía. Las manos de la morena acariciaron casi imperceptiblemente la piel de sus brazos, pero ella sintió ese roce como si fuese fuego. Respiró profundamente, intentando concentrarse en las indicaciones de la morena, pero cuando sintió su aliento caliente cerca de su cuello se estremeció, y consiguió que se acercase aún más, hasta que sus pechos rozaron su espalda, y su pelvis se pegó a su trasero. Clarke se movió de forma intencional y la sintió aguantando la respiración.

-No te creas que no sé lo que estás haciendo…

-¿Explicarte el juego? –preguntó como si fuese obvio.

-Y tocarme.

-¿Cómo te explico la forma de sujetar esta gran metralleta sin tocarte? -colocó ambas manos en su cintura, sonriendo sobre su oreja- Puedo sentir cómo te estremeces… Me quieres cerca, Clarke.

-Lexa, por favor… -soltó una risita antes de girarse y quedar frente a frente con ella- Si vamos a jugar, entonces que sea mutuo -la cogió por la cintura acariciando un poco su piel por debajo de la camiseta, haciendo que la morena comenzara a respirar con dificultad-. Y te recuerdo que tú no puedes tocar, pero yo sí puedo -acercó su rostro al suyo, y se apartó cuando la morena hizo un movimiento de cuello para atrapar sus labios.

Lexa se quedó en esa misma postura mientras la rubia se daba la vuelta, se ponía en la posición que le recomendó antes su cita y asesinaba un par de zombies. Acabó sonriendo al darse cuenta de que el depredador había pasado a ser, por unos segundos, la víctima. Se puso junto a ella y comenzaron a jugar entre risas. Se suponía que el jugador que matara a más zombies ganaba, así que intentaban distraer la una a la otra con empujones y tocando alguna parte de sus cuerpo. Siempre respetando límites, por supuesto.

Justo después de la segunda cerveza, y la última para Lexa por tener que conducir; corrieron hacía las motocicletas, donde Clarke casi sufre un ataque de risa cuando Lexa perdió el equilibrio y acabó en el suelo. La morena soltó carcajadas y cogió la mano que le extendían para que se pusiera de pie. Cuando los dedos de ambas se pusieron en contacto, Lexa aprovechó para acariciarlos lentamente con su dedo pulgar, acercando a la chica a su cuerpo con un suave tirón.

-Aún no puedes besarme -dijo la rubia sin dejar de mirar sus labios.

-Me parece que en el fondo quieres que pase ya, Clarke -susurró acercándose a su rostro-. Será un beso corto… Déjame sentir tus labios… -cerró los ojos ante el aliento cálido y con olor a menta de la morena, pero acabó negando, empujándola.

-No -rio al ver la cara de decepción de la otra chica-. Ahora sube tu culo a esa moto para que pueda ganarte.

-Eres mala -refunfuñó Lexa, sin poder aguantar el sonreír mientras subía a la moto, teniendo esta vez más cuidado para no volver a caer.

Tras la carrera, acabaron dentro de una cabina de fotos y empezaron a posar haciendo el tonto, poniendo muecas, sonrientes o mirándose entre ellas divertidas, plasmando en imágenes aquella primera cita. Lexa aprovechó para que Clarke se sentara en sus piernas, y la rubia no se quedó quieta, tocando un poco a la morena para ponerla nerviosa, acariciando zonas de su piel; como cuando acarició su cuello mientras se miraban. Lexa no estaba segura de poder llegar al final de la noche sin atacar los labios de Clarke y de verdad que quería respetar sus reglas y darle su tiempo, pero, Dios, con solo mirar ese suculento lunar que reposaba sobre su boca deseaba pasar su lengua sobre él para luego lamer su labio superior hasta hacer que Clarke abriera la boca y sus lenguas se pudieran fundir en un beso que, probablemente, las haría gemir a ambas.

-¿En qué estás pensando, salidorra? -preguntó Clarke en un susurro, aún sobre sus piernas y mirando los labios de la morena fijamente.

-Ya lo sabes… -suspiró- Estoy pensando en lo increíble que eres y en lo mucho que espero que te estés divirtiendo, por supuesto –la rubia soltó una risa preciosa.

-No es verdad.

-No, pero igualmente espero que te lo estés pasando bien –sonrió, y ambas salieron de la cabina para esperar sus fotos. No pudieron evitar reír divertidas y se las repartieron para que cada una se quedara con mitad de las fotografías.

Jugaron a un par de juegos más, incluyendo al hockey de mesa, en el cual Lexa demostró que tanta practica junto a Alex no había sido en vano; pero a Clarke no le importó para nada perder, porque cada vez que veía a esa chica sonreír, ella también lo hacía. Era increíble cómo le podía hacer sentir de esa manera. Era increíble y le daba mucho miedo, pero estaba cansada de seguir escondiéndose de ese tipo de sentimientos. Su abuela tenía razón, no podía dejar que su pasado condicionara su presente.

-Oye -le dijo a Lexa mientras comían pizza en una de las pequeñas mesas, ya agotadas de tanto reír y divertirse en los juegos. La morena fijó su vista en ella mientras mordía un trozo de queso que se alargó demasiado-, nunca me has contado lo de Londres… ¿por qué decidiste ir? –la vio dar un sorbo a su bebida y limpiarse un poco con la servilleta.

-Fue por una chica -dijo sinceramente, algo avergonzada.

-¿Te fuiste a Londres por una chica? -Lexa asintió con media sonrisa.

-Así soy yo –rio encogiéndose de hombros-, pero las cosas no funcionaron.

-¿Quieres hablar de eso?

-Quizás es una conversación para una segunda cita.

-Tienes razón -asintió y se detuvo cuando Lexa acerco su mano a sus labios, limpiando restos de pizza con una mirada que hizo que Clarke sintiera su corazón latir muy rápido. El gesto fue muy íntimo y Clarke rio meneando la cabeza-. Eres muy peligrosa, Lexa -la morena, que aún la miraba de esa forma intensa, pasó sus dedos una vez más por sus labios antes de apartarse.

-¿Por qué dices eso?

-Porque parece que no, pero sabes exactamente lo que estás haciendo.

-¿Y que estoy haciendo? -preguntó inocente.

-Oh, por favor... -rio dándole un sorbo a su cerveza- Lo sabes perfectamente.

-No sé de qué estás hablando.

-Sí lo sabes -Lexa rio entre dientes.

-Vale, sí lo sé -le dio otro sorbo a su refresco sin dejar de mirarla-. Te dije que iba a hacer que me perdonaras por completo. ¿Qué tal voy? -se sobresaltó cuando sintió el pie de Clarke acariciar su pierna.

-Creo que llevas muy buen porcentaje -apoyó el mentón en la mano mirándola mientras se mordía el labio inferior y observaba cómo el rostro de Lexa cambiaba completamente a medida que su pie subía y subía.

-¿Por qué tú puedes tocar y yo no?

-Porque yo soy la que está molesta.

-No, no lo estás -acercó su rostro mirando sus labios.

-Un poco sí…

-Déjame quitar ese pequeño trozo de enfado que aún queda -le susurro y Clarke sonrió apartándose.

-Creo que deberíamos irnos -Lexa suspiró y se apartó también.

-¿Te apetece caminar un rato antes de regresar al campus?

Por supuesto que le apetecía, le apetecía pasar todo el tiempo posible con Lexa Woods, le apetecía sentir esos labios junto a su boca y esas manos en su cuerpo, pero quizás esas dos últimas debían esperar. Caminaron un poco, intercambiando historias. Clarke le contó cómo había sido su vida y cómo su madre nunca estuvo demasiado presente en ella, aprovechando para preguntarle luego por sus padres.

-La verdad es que no sé si quiero que les conozcas -rio la morena deteniéndose en un sitio donde un viejo hombre con un gracioso sombrero estaba tocando un violín. Ambas lo miraron durante unos segundos y Lexa se acercó dejando algo de dinero en el maletín del instrumento, quedándose junto a otras personas que también se habían quedado prendados de la melodía.

-¿Por qué no? ¿No saben que te gustan las chicas? -preguntó Clarke de repente, mirándola de reojo.

-¿Mis padres? Oh, sí que lo saben. Lo saben desde que Alex y yo tenemos unos trece años, aunque con ella dicen que lo sabían desde que tenía los tres años -sonrió y miró a la rubia-. No es eso. Es que son bastante especiales -puso una mueca-. Digamos que son muy abiertos en muchos aspectos, demasiado, y no sé cómo se comportaran si te llevo a casa…

-Eh, ¿no crees que vamos muy rápido para una primera cita? -preguntó pegándole con el codo y Lexa la miró sonriente.

-Estoy de acuerdo -siguió mirándola-, pero creo que un baile es perfecto para una primera cita, así que… -estiro la mano y Clarke la acepto, acercándose a su cuerpo mientras las dos se movían al ritmo de Fly Me To The Moon con sus ojos conectados en los otros.

-Así que también eres buena bailando…

-Tú no te quedas atrás...

-Se hacer unos lap dance que causan infartos –la morena sonrió, mordiéndose el labio, intentando controlar las imágenes que aparecieron en su mente de forma instantánea con la frase.

-Estoy pensando... Aún me debes un regalo de cumpleaños…

-Te lo estoy dando hoy.

-¿La cita? -asintió- Qué considerada -rieron y Clarke siguió con la mirada perdida en su rostro. Bajo la luz de las farolas Lexa Woods era la criatura más hermosa que había visto en su vida. Y su olor… ¿Cómo podía oler tan bien?

-¿Usas perfume? -preguntó acercándose al cuello de Lexa- Es que siempre hueles tan bien... -Lexa dejó que su nariz se acercase más dándole más acceso a su cuello.

-Si uso -sonrió-, pero creo que prefiero tu acondicionador, porque me tiene... Dios… -cerró los ojos acercando la nariz a su pelo, haciendo reír a Clarke y haciendo que sintiera el corazón latir muy rápido por la intimidad de aquel abrazo- ¿No tengo derecho a besar algo más hoy? -le susurró al oído sin dejar de moverse al ritmo de la canción.

-Puede ser… -respondió Clarke con un poco de misterio, y Lexa sonrió aún sobre su oído, cogiéndola de la mano, enlazando sus dedos con los de la rubia antes de ponerse rumbo al vehículo de la morena mientras charlaban y Clarke le comentaba que quizás se había pasado con las cervezas.

Llegaron nuevamente a donde estaba el nuevo coche de Lexa aparcado, y Clarke se apoyó en él mientras acercaba a Lexa a su cuerpo.

-¿Qué? -preguntó la morena al ver que Clarke sonreía.

-Estoy pensando qué puedes besar esta vez… -Lexa apoyó la mano sobre el coche, acercando aún más su cuerpo, mientras llevaba la otra mano al cuello de la rubia y lo acariciaba suavemente.

-¿Qué tal aquí? -susurró mirándola fijamente y Clarke aguantó la respiración- Me muero por acariciar esta parte de tu piel y que me sientas… -la rubia no dijo nada, simplemente inclino un poco la cabeza dejando que Lexa acercara sus labios ahí, dejando un beso de fuego que la hizo soltar aire despacio. La lengua de la morena pronto hizo acto de presencia y Clarke cerró los ojos sintiendo cómo sus pezones se endurecían y su espalda se arqueaba hacia la chica.

Lexa se apartó un poco, observándola con los ojos verdes oscurecidos y con una mirada que hizo que sus piernas fallaran; como si le dijera sin palabras todo lo que le podría llegar a hacer sin tan solo la dejara. Acercó de nuevo sus labios, esta vez a la base de su cuello, y lamió hasta llegar a su mentón para seguir con besos húmedos y comenzar a chupar y a apretar sus dientes de forma lenta y sutil. Las manos de Clarke se aferraron a su espalda y se sorprendió cuando un gemido salió de su garganta. ¿Cómo podía Lexa excitarla tanto? Volvió a gemir cuando Lexa mordió un poco más fuerte y sintió el muslo de la morena entre sus piernas. Los besos se volvieron mucho más bruscos y calientes y, sin darse cuenta, sus manos estaban enredadas en el pelo de la otra chica mientras su cuerpo se movía casi de forma imperceptible contra su muslo.

-Mmm... –gimió, notando su cuerpo completamente encendido y la fuerte necesidad de tocar la piel de Lexa; así que sus manos acabaron colándose debajo de su camisa. Su abdomen se tensó bajo sus manos y sintió como sus labios subían hasta su mentón e intentaban recorrer un camino hasta sus labios-. ¿Qué haces? –preguntó sin aliento, juntando su frente con la de la otra chica- Eso es terreno prohibido -Lexa suspiró, apartándose un poco, y ambas se miraron con intensidad.

-Necesito probar tus labios otra vez, preciosa.

-Aún no.

-Tú también lo deseas.

-Sí, pero eso no tiene nada que ver aquí –la morena se mordió el labio antes de volver a besar su cuello, esta vez de forma más calmada, y Clarke cerró los ojos abrazándose a su cuello.

-Creo que es mejor que te lleve a tu dormitorio antes de que pierda el control; y cuando estoy contigo me cuesta bastante… -Clarke rio- Eres mala -la rubia la miró y le dio un beso muy cerca de los labios, viendo cómo sonreía levemente por el gesto.

-Estás en proceso de ser perdonada -le explicó apartándola-, así que esta es tu condena –se subió al coche nada más Lexa abrió el seguro con el mando.

-Y, créeme, estoy dispuesta a cumplirla, porque creo que el premio final vale la pena -le contesto sentándose en el asiento del conductor-. Tú vales la pena, Clarke -dijo luego con media sonrisa y Clarke no pudo evitar sonreír mientras la veía encender el motor pensando cuánto le gustaba que Lexa no se diera por vencida, porque eso significaba que, quizás, estaba igual de perdida e ilusionada que ella. Y ese pensamiento la hacía feliz.

Se despidió de Lexa con la mano al llegar al campus y la vio alejarse en su Lexus para aparcarlo en donde solía dejarlo, dando por finalizada la cita. Se moría por contarle todos los detalles a Bellamy, quien, en su momento, no había estado de acuerdo con que tuviese una cita con "la infame Lexa Woods", como la bautizó; pero era alguien que vivía por y para el cotilleo, así que iba a estar encantado con todo lo que tenía que contarle, porque estaba en una nube y, sobre todo, muy excitada, aún. Se pasó la mano por el cuello, sintiendo aún el cosquilleo de los labios y la lengua de Lexa sobre su piel. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar, porque la morena tenía razón: también se moría por besarla.

Sacudió la cabeza y entró a su habitación, esperando encontrar a su compañero estudiando para sus exámenes, pero, en lugar de eso, encontró una galleta sobre la cama con una nota que decía:

"Guárdame los cotilleos para después. He salido a por un poco de mambo de mi macho. La galleta es por si la cita no ha ido bien y necesitas endulzarte.

Con cariño, Tinker Bell."

Puso una mueca, lanzándose sobre la cama con un suspiro alegre. La cita no había ido bien, había sido magnífica, y se iba a comer la galleta solo porque le encantaban las de pepitas de chocolate. Mientras daba la segunda mordida, su teléfono vibró con un mensaje de Lexa diciendo que ya estaba en su habitación y, que si le interesaba, estaba en ese momento a solas. No pudo evitar reír entre dientes y llamarla; quería escuchar su voz. Sí, era tonto porque acababa de estar con ella, pero... ¿qué le iba a hacer? Cuando estaba así por alguien se ponía en ese modo, y no iba a ponerle remedio a esas alturas, porque estaba suspirando totalmente por Alexandra Woods.

-¿Esto es un sí? -preguntó la morena nada más descolgó el teléfono, sacándola de sus pensamientos.

-Buen intento, Woods -rio dándole otra mordida a su galleta.

-Oye, al menos por intentarlo no será…

-¿Has llegado bien?

-Bueno, depende de lo que definas como "bien"…

-¿Eso qué quiere decir?

-Quiere decir que... quizás voy a pasarme dos pueblos –aclaró-, pero me has dejado muy caliente, Clarke -la rubia carcajeó.

-¿Ah, sí? –preguntó poniéndose más cómoda en la cama, interesada en lo que le decían por el altavoz del móvil.

-Dime que no he sido la única…

-No, no lo has sido -respondió Clarke con sinceridad, aún sonriendo.

-No puedo dejar de pensar en lo bien que hueles y en lo suave que es tu piel, preciosa…

-¿Estás segura de que estás sola? -siguió riendo, ahora algo más nerviosa.

-Tan segura como que ahora mismo estoy sobre mi cama pensando en tus gemidos y mi mano está un poco traviesa.

-Lexa… -dijo Clarke sorprendida- ¿me estas proponiendo hacer sexo telefónico?

-Solo si es consensuado –sabía que sonreía por cómo lo dijo, y pudo percibir cómo su tono de voz se volvió más ronco.

-¿Y si llega alguien?

-Disimulamos.

-Sí, claro… -volvió a carcajear.

-Cierra la puerta.

-Está cerrada, pero Bell tiene llave.

-Si no está allí es porque está con su novio, ¿no?

-Sí…

-¿Aún sientes mis labios en tu piel?

-Sí...

-¿Sabes lo que haría tras besarte el cuello? -Clarke esperó la respuesta a esa pregunta, notando cómo su respiración se volvía pesada-. Besaría tus labios suavemente, primero succionando tu labio inferior y luego buscaría tu lengua, para acariciarla con la mía en un beso lento y muy, muy húmedo.

-Y probablemente yo me mojaría mucho –participó en su juego-, porque si algo sabes hacer es besar.

-¿Y gemirías sobre mi boca?

-Sí.

-¿Ahora estás mojada?

-¿Tú qué crees?

-Que estas tan mojada como yo… -gimió y Clarke sintió como ese gemido hacía que sintiera cosquillas en su vientre- Mi mano está recorriendo mi abdomen imaginando que eres tú la que lo haces, tal y como lo hiciste antes. ¿Qué hace la tuya? -aún no podía creer que estuvieran haciendo eso, y mucho menos que estuviera excitada; igualmente metió la mano dentro de sus pantalones.

-Cerciorándome de lo mojada que estoy…

-¿Estas tocándote?

-Joder, sí… -se mordió el labio.

-¿Estas pensando que soy yo mientras beso tu cuello como lo hice esta noche?

-Sí.

-Espera… -la detuvo- Antes de ir hasta allí, tocaría tus pechos, concentrándome en tus pezones. Hazlo, Clarke. Tócalos. Sé que te están doliendo ahora mismo y reclaman tu atención… -maldijo internamente al darse cuenta de que Lexa tenía razón. Dolían y se apretaban contra el sujetador, así que metió la mano debajo de su camiseta y levantó el sujetador, abarcando uno de sus pechos con la mano.

-¿Y ahora qué hago? -jadeó cerrando los ojos, imaginándose que era la enorme mano de Lexa la que la tocaba y la que abarcaba su pecho.

-Ahora apriétalo y pasa el dedo sobre el pezón suavemente, tocándolo en círculos… -hizo una pequeña pausa- ¿Te gusta?

-Mmm... sí -se mordió nuevamente el labio y cambió de pecho, dándole atención al otro.

-Ahora apriétalo un par de veces e imagina que es mi boca la que lo cubre, y que mi lengua lo lame una y otra vez...

-Dios…

-Dios no, Lexa –dijo, y la hizo reír.

-No me cortes el momento –protestó agitada con una sonrisa en el rostro.

-Lo siento –respondió divertida-. ¿Sigues tocándolos?

-Sí.

-Ahora baja lentamente… Siente la piel de tu abdomen –sonó excitada de nuevo-, siente la anticipación, mis dedos dentro de tus bragas, sintiendo tu humedad, mmm… Clarke… -su voz le puso los pelos de punta, qué bien sabía usar las palabras...- ¿estás muy mojada?

-Mucho.

-Bien, necesito que recojas un poco de esa humedad y te centres en ese lugar que tanto necesita ser tocado… ¿sabes cuál es?

-Sí… -gimió levantando las caderas cuando sus dedos tocaron su clítoris de forma suave.

-Quiero que lo toques de forma lenta y paciente, sintiendo cómo el placer empieza a formarse, como un volcán que amenaza con erupcionar… ¿sientes el placer, Clarke?

-Sí, sí…

-Ahora mueve tus dedos más rápido, justo como te gusta... Imagina que soy yo y que mientras te toco mi boca amortigua tus gemidos –empezó a soltar gemidos sin poderlo evitar cuando el placer fue insoportable y estalló justo como lo había descrito Lexa minutos atrás: como un volcán muy caliente, sintiendo como esa lava se derramaba por sus propios dedos.

Cogió aire un par de veces, había sido de los mejores orgasmos que había experimentado y entonces recordó que lo había hecho mientras tenia sexo telefónico con Lexa. Oh, Dios... La vergüenza la invadió de repente.

-¿Estás bien? -preguntó Lexa con esa voz ronca que la había excitado durante todo ese rato.

-Si… ¿y tú?

-No -rio-. Creo que necesito una ducha urgente... Dios, tus gemidos han sido... –la escuchó suspirar sin terminar la frase, y sintió sus mejillas arder con sus palabras.

-¿Y por qué no te tocas también?

-¿Me dirás cómo, Clarke?

-Sí…

-Mierda, espera... acaba de llegar Octavia –susurró, y Clarke suspiró entre satisfecha y desilusionada, pero le encantó la risita que soltó Lexa, como si estuviesen haciendo la mayor de las travesuras-. Creo que lo haré en la ducha. Pensaré en ti -añadió.

-Más te vale.

-Nos vemos mañana, preciosa -se despidió y Clarke se miró a sí misma cuando colgó, viendo sus pantalones medio puestos y la camiseta levantada.

¿Qué demonios hacía Lexa con su sentido común? No lo sabía, pero le encantaba. Sonrió y pensó que, cuando Bellamy se enterara de eso, se iba a morir.

X X X

Se quedó mirando el móvil, que descansaba en sus manos, releyendo el mensaje una tercera vez. El texto era algo escueto, simplemente que se cancelaban las clases de ese día porque se encontraba indispuesta, que las próximas serían el viernes y que ese día se recuperaría la clase teórica. Se quedó preocupada, pero tenía una sensación desagradable el pecho que le gritaba que había sido culpa de ella.

Se levantó de la silla, desilusionada y algo entristecida, y se guardó las cosas en la mochila.

-Chicos, voy a ver si mi hermana está libre, que tenemos que comprar unas cosas -mintió. Si algo sabía era que no podía dar motivos para que pensaran que, en esos momentos, Raven y ella sí que habían dado pasos hacia la otra. Vale que pensase casi siempre con la entrepierna, pero tenía dos dedos de frente y no podía poner en juego su trabajo, eso lo tenía claro.

-¿Triste porque no ha venido Reyes?

-No sabéis cuánto... -puso morros antes de sonreír divertida cuando ellos rieron.

-Date por vencida, Woods -dijo Tom.

-Os dije que lo conseguiría –en esos momentos ya no le importaba el vacilar de estar entre las piernas de su profesora, lo cual no quería decir que se moría por estar ahí-. Dadme tiempo. ¡Me voy, gilipollas!

Empezó a caminar, cogiendo el móvil otra vez y buscando la conversación con Raven, lo último que se podía ver la estremeció: el video que le mandó. Una sensación de calor la envolvió, porque ese día se calentaron demasiado, pero, tras ese sentimiento agradable, le vino uno de culpa. Desde ese día no habían vuelto a mandarse ni un mensaje, y temía haber cagado las cosas con ella.

Alex: Ey, ¿estás bien?

No contestó de forma instantánea, así que se guardó el móvil para ver por dónde iba, dirigiéndose hacia la salida de la facultad. Necesitaba verla y pedirle perdón y decirle que no quiso incomodarla. ¿Desde cuándo se sentía tan mal por hacer esas cosas? En una situación normal habría pensado que si no quería verlo, que no lo abriese, o que la mandase a la mierda y ya está. ¿Desde cuándo le importaba tanto cómo se sentía la otra parte? ¿Desde cuándo le importaba que la pudiesen mandar a la mierda?

Sugar mamma: Me encuentro algo mal, por eso no he ido a clases. A mí también me afectan los virus, como a cualquier ser humano.

Alex: Oh, pensaba que eras un bot. No estaba muy segura de si guardar tanta información era tan fácil para una persona...

Sugar mamma: Eres muy tontita, Woods.

Alex: ¿Qué te pasa?

Sugar mamma: Ya sabes, lo típico que pasa cuando empiezan los días fríos, sobre todo dolor de cabeza y la garganta mal.

Alex: ¿Necesitas algo?

Sugar mamma: No, ¿por qué? Ni se te ocurra venir aquí.

Alex: Demasiado tarde.

Guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y se colocó bien la mochila para empezar a correr hacia el piso de su profesora. Habían avanzado en su extraña y prohibida relación, y parecía que Raven se iba dejando llevar, o al menos el día en el gimnasio le dejó claro que quería más; y probablemente, si no hubiesen entrado esas señoras mayores, nada las habría interrumpido y podría haber saboreado un orgasmo de esa mujer latina tan jodidamente sexy. Aún recordaba cuando bajó su top deportivo y pudo tener sus pechos en la boca... joder, fue increíble. ¿Y cuando pudo ver ese abdomen que tenía? Jugó sucio, como siempre hacía, y el problema era que la dejaba encendida las veinticuatro horas, y nunca le había pasado estar tanto tiempo suspirando por alguien y sin poder llegar a nada. ¿Ese era su truco? Hacía meses que no se acostaba con nadie y estaba a punto de explotar, porque solo quería estar en esos momentos sobre el cuerpo de Raven Reyes.

Además de las ganas que, obviamente, tenía de ella desde la primera vez que la vio y que no habían disminuido, sino aumentado considerablemente; estaba esa sensación tan rara que sufría cuando simplemente la besaba. Estaría besándola horas y horas, y nunca se cansaría, eso lo tenía al cien por cien de seguro. Tenía una boca increíble, unos labios suaves que tenían un sabor adictivo y no sabía si era por el cacao que usaba o si es que ella era así de sabrosa; suponía que eso que decían del sabor de las latinas era cierto, y lo estaba comprobando. Su profesora besaba increíblemente bien, y sus manos acariciaban de esa forma precisa, pero temerosa, que adoraba, y se moría por enseñarle lo bien que podría sentirse si dejara que siguiera.

Pasó la valla que había frente al edificio y se acercó al portal, llamando a su piso.

-Alex, no puedo dejarte pasar -fue lo primero que dijo, y ella se quedó mirando el aparato, comprobando que había una cámara.

-Te he traído unos caramelos de la farmacia... Dicen que son buenos para la garganta -levantó la bolsa para que la viese, y la escuchó suspirar.

-En serio, Alex, si alguien de la universidad sabe que vivo aquí y te ve entrando, ¿qué pasaría?

-¿Es una adivinanza? -sonrió a la cámara- ¿Si acierto me dejas entrar?

-Por favor, ten cuidado con estas cosas.

-Vale, solo ábreme y deja que te meta esto en tu buzón, prometo no subir.

-¿Puedo fiarme de ti? -la chica sonrió de nuevo, se moría por verla, pero debía controlar esa impulsividad que no siempre le hacía ganar, y sabía que con Raven el truco era ir despacio, porque cuanto más lento fuese, más rápido sería todo.

-Compruébalo y verás.

Escuchó el sonido de la puerta abrirse, y lanzó un beso a la cámara antes de colarse dentro y buscar el buzón de su profesora. No tenía el nombre puesto, pero al saber el número y la puerta, solo tuvo que colar la bolsa con esos caramelos dentro. ¿Y si le escribía una nota? Empezó a notar los latidos de su corazón contra sus orejas mientras se quitaba la mochila y arrancaba una hoja de su libreta.

"Ponte buena, piernas sexys…"

No, eso no iba a poner.

"Espero verte pronto en clases, así alegrarías las vistas a mí y a…"

¡No! Suspiró mientras arrugaba la hoja.

"Mejórate, profesora Reyes. Echo de menos tus labios. Alex".

¿Muy ñoño lo de los labios? Bufó, a la mierda. Echó el papel doblado y lo tiró al buzón, ya no había vuelta atrás; y es que, realmente, echaba de menos sus labios, se moría por estar besándola en esos momentos. Miró el ascensor... No, no podía. Mordió su labio nerviosa y cogió aire recogiendo sus cosas, levantándose después con su mochila al hombro.

-¿Sigues ahí? -preguntó al aparato y, cuando escuchó su voz, cerró los ojos, apoyando una mano contra la pared.

-¿Qué has hecho? ¿Por qué has tardado tanto? No quiero bajar y ver un grafiti ni nada de eso…

-Habría sido romántico, ¿eh? -medio sonrió y escuchó silencio al otro lado- Dime que estás sonriendo -casi no reconoció su propia voz, sonó casi necesitada por saber esa información-. Casi puedo ver cómo te lames los labios nerviosa… -se sentía idiota hablándole a la pared, pero quería que lo supiera- Raven, ¿estás enfadada o molesta conmigo?

-No -contestó.

-No sé si te has sentido alguna vez presionada por lo que ha pasado entre nosotras, pero yo...

-Alex… -escuchó que decía en un susurro- esto es cosa de dos, han pasado ya varias veces, creo que está claro que no me siento presionada -la chica sonrió, pero volvió a quedarse seria, recordando lo que pasó.

-¿Me pasé mandándote el vídeo? Lo siento, de verdad… No pensé con claridad las consecuencias... bueno, mucha claridad no tenía en ese estado...

-No, tranquila. Está bien, te di permiso para que lo hicieras.

-No quiero que te sientas mal o incómoda por culpa de mi impulsividad.

-¿No crees que es tarde para eso, Woods? -sonrió al escuchar su voz burlona.

-Tengo ganas de verte -se sentía idiota, pero es que echaba de menos hasta la forma de sus cejas. Maldita sea.

-Tendrás que esperar, hoy no va a ser el día.

-¿El viernes nos vemos? –preguntó esperanzada.

-El viernes nos vemos -confirmó-. Gracias por preocuparte por mí.

-Un placer -sonrió de nuevo a la cámara, y se despidió con la mano, caminando para alejarse de allí, sin darse cuenta de que su profesora la miraba con media sonrisa a través de su ventana.

Raven soltó un suspiro antes de girarse de cara a su salón, pasándose la mano por el pelo. Cogió la manta del respaldo del sofá antes de volver a taparse cuando se tumbó de nuevo, cerrando los ojos para intentar calmar su mente y sus pensamientos. No quería pensar en nada, porque sabía que iba a ser peor, y la sensación de malestar no le ayudaba nada. Mordió su labio recordando el maldito vídeo que le mandó su alumna hacía pocos días. No supo cuánto bebió; se quejaba del comportamiento de los adolescentes, y regañó a Alexa el día que fue borracha a su casa, pero ella tampoco fue muy madura al tomar tres copas de vino para olvidar sus problemas. Después del momento de ambas en el gimnasio, donde se calentaron las cosas más de la cuenta, estuvo algo nerviosa, porque sabía que iba a pasar en cualquier momento, y odiaba desearlo tanto, pero no podía hacer nada para controlar esa necesidad que su cuerpo tenía de ser atendido, de ser acariciado y besado...

Pasó las manos por su cara cuando recordó los mensajes que se enviaron y cómo se atrevió a pasarle la foto a la chica, sonriendo de forma automática con la reacción que consiguió de su alumna. Sabía que era descarada y muy impulsiva, y cuando le mandó esa vez ella la imagen de cómo se masturbaba se excitó demasiado, sin saber que podía llegar a humedecerse de esa forma con tan solo una fotografía; pero lo que no esperó fue recibir un vídeo, un vídeo con sus gemidos y jadeos, y... joder, no se calló ni un segundo en él. Y le encantaba que hablase y, así, poder escuchar esa voz ronca deseándola a ella.

-No dejo de pensar en ti -pudo escuchar su respiración agitada-. Tengo unas ganas de verte botando encima de mi cara… joder... -ahora le regaló un grave gemido que le erizó hasta los vellos de los brazos- Ojalá estuvieses aquí ahora, las dos solas en esta puta cama... –soltó un gruñido y vio que temblaba la imagen, enfocando casi todo al mismo tiempo-. Voy a correrme… Voy a... ¡Joder, Raven!

Mierda, mierda… Le costaba respirar, y mucho, pero no apartó la mirada del vídeo, porque continuaba. Se sentó en aquel sofá, y volvió a coger la copa de vino, dando otro trago mientras veía cómo Alexa también tenía problemas con eso de oxigenar su cuerpo. Salieron sus dedos de debajo de su ropa interior, y sintió un cosquilleo al ver cómo brillaban levemente al estar mojados. Ahora enfocó cómo recorría con sus dedos su abdomen, pasando entre sus pechos cubiertos por el sujetador antes de llegar a esa boca que tenía. Sus gruesos labios rodearon aquellos largos dedos humedecidos, y no dejó de grabarlo mientras los limpiaba. Cogió aire con fuerza, mordiéndose el labio y observando que ella lo hacía también en el vídeo antes de cortar. Joder. Joder. Dejó caer el brazo al sofá, sujetando el teléfono con fuerza, notándose muy excitada, y casi podía jurar que había empezado a sudar. Volvió a respirar profundo cuando el móvil vibró. Joder, si le ha mandado otra cosa tendría que salir de allí e ir a por esa chica a su habitación, y no estaba muy segura de si eso sería bueno. Quizás muy bueno sería lo más apropiado decir.

¿Y qué le respondía? ¿"Joder, Alex, necesito que me folles ya porque no aguanto"? ¿"Necesito estar botando sobre tu cara yo también"? ¿"Si quieres te mando yo otro vídeo, porque voy a tener que masturbarme tras lo que has formado entre mis piernas"? Y sí, necesitaba hacerlo; por primera vez en su vida sabía que lo tenía que hacer. Con urgencia.

Raven: Buenas noches, Alex.

Babygirl: Buenas noches, Raven.

No supo si fue demasiado seca, pero necesitaba un momento para ella sola. Fue directamente al baño y se empezó a desnudar tras abrir el grifo de la bañera. Cogió su móvil y volvió a ver el vídeo, ahora guardado en su galería, y soltó un suspiro antes de quitarlo, hacerse un moño para recoger su melena y sumergirse en el agua. Dejó que el agua caliente rodease por su piel, intentando controlar su respiración agitada por la excitación, con las imágenes de la gran mano de Alex moviéndose debajo de esa ropa interior tan jodidamente sexy que llevaba puesta.

-Joder… -susurró. Jamás imaginó que iba a acabar haciendo nada de eso, y menos pensando en su alumna.

Aún podía recordar la forma en la que los labios de Alexa la besaban, o la forma en la que rodearon sus pezones, cómo los estimuló el día del gimnasio; mucho mejor de lo que podía hacer sus dedos en esos momentos. Cerró los ojos y soltó un suspiro mientras apretaba su pecho completamente. Pasó al otro, acariciándose en el proceso, recordando las manos de la chica sobre su piel y de lo que podría llegar a hacerle si se dejara. Acarició su vientre, sabía que ella lo haría, antes de bajar a su sexo, sintiendo un escalofrío, porque era muy fácil imaginar que era la mano de Alexa Woods, muy fácil. Mordió su labio inferior al notarse tan mojada, pero no había dejado de pensar en ella en todo ese día, y miró hacia abajo, subiendo una de sus piernas al borde de la bañera.

No sabía qué es lo que más le apetecía, si sentir su boca o su mano, quizás las dos; y seguro que ella no ponía resistencia ante ninguna de las dos situaciones. Llevó su mano libre a su boca, y ahogó un gemido cuando entró en ella tras acariciar su clítoris durante un intervalo corto de tiempo. Joder, necesitaba los dedos de la morena en ella, no iba a poder aguantar más y lo sabía... Movió el brazo contra ella, al mismo tiempo que sacudía las caderas contra su mano. O poder agarrar su pelo mientras estaba arrodillada frente a ella meneando su lengua contra su intimidad de la misma forma que hacía cuando estaba en su boca. Si tenía esa reputación sería por algo, y si tantas chicas se querían acostar con ella solo confirmaba que en la cama era buena. Y se moría por comprobarlo.

No había podido evitar bajar al buzón, tras ponerse un abrigo para tapar un poco sus pintas por si se cruzaba con algún vecino, y se encontró sonriendo cuando vio la nota que le había dejado con aquellos caramelos para la garganta. Y es que ella también echaba de menos sus labios.

Maldita seas, Woods.

X X X

Sabía que el bloqueo creativo existía, y ella misma lo había experimentado en alguna ocasión, pero no tan fuerte y tan desolador como en esa ocasión. ¡Es que no se le ocurría nada! Y lo peor era que tenía que entregar esa pintura el día siguiente para la clase de la profesora Indra; sí, esa profesora a la que tanto admiraba y a la que tanto ansiaba impresionar. Sintió ganas de llorar y tiró el pincel al suelo con frustración. Ni siquiera tenía a Bellamy allí para que la relajase, porque él y Octavia se habían ido el fin de semana con sus padres, por ser el cumpleaños de uno de ellos.

Su móvil vibró justo en el momento en el que planeaba meterse en la cama y hacerse un ovillo con las sábanas, era la mejor opción que se le ocurría en esos instantes. Lo cogió sin muchas ganas, animándose un poco al ver que era un mensaje de Lexa.

Lexi: ¿Cómo va esa pintura?

Clarke: Mal, muy mal. No he podido pintar nada.

Lexi: ¿Falta de inspiración artística?

Clarke: Falta de inspiración a secas, más bien. Nunca me había pasado algo así.

Lexi: ¿Y qué haces normalmente para inspirarte?

Clarke: Follar.

Lexi: Me ofrezco como voluntaria como tributo para ayudar a recuperar tu inspiración. Todo sea por la causa.

Clarke rio entre dientes.

Clarke: Estaba bromeando.

Lexi: Oh... =P

Clarke: Esto no suele pasarme... Quizás vaya a dar un paseo, o lea un buen libro, o me ponga música… Aunque la mejor opción que he visto ahora mismo es la de meterme en la cama a llorar, un poco dramático.

Lexi: Prepárate que vamos a dar un paseo juntas…

Clarke: No he aceptado tener una segunda cita aún.

Lexi: No será una cita. Trae todos tus materiales de pintura. Estaré allí en diez minutos.

Clarke: ¿Qué estás tramando?

Lexi: Confía en mí.

La rubia frunció el ceño, pero suspiró recogiendo las cosas. No tenía idea de lo que estaba planeando Lexa, pero seguro que era mejor a quedarse allí encerrada esperando que ocurriese un milagro y la inspiración llegase de repente. Se cambió de ropa y escuchó a los minutos cómo llamaban a la puerta. Cuando la abrió, la vio apoyada en el marco con una sonrisa.

-¿Lista? –joder, estaba preciosa.

-¿Me vas a decir a dónde vamos?

-Lo verás cuando lleguemos -respondió sin más, ayudando a llevar todo su material al coche-. He traído algunas cosas para comer por si nos entra el hambre voraz. Ya sabes… dicen que tras la realización de mucho ejercicio, se abre el apetito... –comentó coqueta, levantando una ceja.

-Lexa, no vamos a follar -la morena carcajeó.

-Estaba bromeando, Clarke -dijo divertida, y le abrió la puerta del coche-. Después de usted, señorita.

-Qué caballerosa.

-Que no se pierda el romanticismo –sacó una flor de detrás de su espalda cuando la rubia estuvo sentada en el asiento del copiloto.

No pudo evitar sonreír, y le agradeció el gesto. Lexa se subió rápidamente, arrancando el motor y poniéndose rumbo a su destino secreto, no sin antes coger la mano de Clarke y darle un beso.

-Espero que te guste el lugar.

-Dame una pista -le pidió como una niña pequeña.

-Mmm... vale -fingió estar pensativa-. Es un lugar que, normalmente, suele gustar a mucha gente.

-Pff... -se quejo- Eso no es una pista -la morena le sonrió.

-Suele haber sol, es un sitio tranquilo, a veces corre una agradable brisa…

-Oh, mmm... –pensó en las posibilidades, y la miró emocionada al caer en algo- ¿Iremos a la playa? -preguntó esperanzada- Nunca he ido a la playa...

-¿No?

-Ya sabes, hay que cambiar de Estado, y mis abuelos no tenían dinero para llevarme… Y yo ahora, entre el trabajo, los estudios... –suspiró apesadumbrada- Supongo que ahora ni dinero ni tiempo...

-Pues hoy debe ser tu día de suerte –la rubia la miró como si fuese un niño al que le acaban de decir que irá a Disneyland.

-¿De verdad? –la morena admiró su sonrisa y no pudo evitar el besar de nuevo su mano, la cual mantenía entrelazada con sus dedos.

-Ya lo verás -le dijo mirándola con cariño y Clarke soltó un gritito de emoción. Quizás la playa era justo lo que necesitaba para pintar.

-No puedo creer que me vayas a llevar a la playa -rio de repente.

-Pues créelo –la rubia la miró medio embobada mientras el viento hacía que el pelo de Lexa danzara de aquí para allá. Si tan solo pudiese capturar esa belleza en un cuadro…

-¿Dejarás que te pinte alguna vez? –preguntó tras unos segundos en silencio, y Lexa la miró de reojo.

-¿Pintar en un cuadro o pintar de maquillar? –ambas rieron.

-Un cuadro. Lo del maquillaje creo que a ninguna de las dos nos gusta en exceso.

-Solo en ocasiones especiales -asintió Lexa-. Y, respondiendo a tu pregunta, por supuesto que sí. Te dejo hacerme de todo, Clarke –hizo que pusiese los ojos en blanco, pero terminó por soltar una carcajada, apartando la mano que Lexa había puesto sobre su muslo.

-Eres muy idiota a veces -siguió riendo, pero se acercó a ella para darle un beso en la mejilla antes de susurrar su siguiente frase-. Gracias por llevarme a la playa.

-Dámelas cuando estemos allí -entrelazó de nuevo sus dedos con los de la rubia y dejó que fuese Clarke la que escogiera la música para el viaje que tenían por delante.

Estuvieron charlando y comiendo alguna que otra chuchería hasta que pararon en una estación de servicio para ir al baño. Lexa aprovechó para sacar su móvil y llamar a su hermana.

-Hola, bebé. ¿Dónde estás? El partido es en una hora y no te veo en la cafetería... ¿Ha pasado algo? –escuchó su voz preocupada.

-Me vas a matar… -sonrió algo culpable.

-¿Ha pasado algo? –repitió de la misma forma.

-Estoy de camino a la playa, voy a llevar allí a Clarke.

-¿Cómo? ¿La segunda cita? –se sorprendió.

-Ha sido algo improvisado, sabes que no me gusta perderme partidos tuyos, pero…

-Tienes un chochito rubio para comer, lo sé... –escuchó que ponía su voz de pervertida y no pudo evitar reírse- Lo entiendo perfectamente.

-No creo que coma nada de eso aún.

-Yo confío en ti y en tus poderes romanticones.

-¿No estás enfadada?

-¡Claro que no! –exclamó- Diviértete, bebé, a mí me has visto jugar muchas veces, ya vendrás a otro que sea más importante.

-Eres la mejor.

-Lo sé.

-Te tengo que dejar, luego hablamos. Suerte, y mete muchos goles.

-Espero que tú también metas goles hoy, pero con tus dedos.

-Cochina.

-Cachonda -ambas rieron y se despidieron con sonidos de besos tontos.

-¿Estás hablando con tu amante? -preguntó Clarke acercándose, y Lexa sonrió guardando el móvil.

-Estaba hablando con Alex. Se supone que iba a ir a ver un partido suyo.

-¿No has ido a un partido de tu hermana por mí? –alzó las cejas- Lexa…

-No te preocupes -ambas se subieron al coche-. Ya he hablado con ella y me ha dicho que no pasa nada.

-Ya me imagino lo que te ha dicho -dijo Clarke con sorna, haciéndola reír.

-Vas conociendo ya a Alex, ¿eh?

-Sí, y creo que voy descubriendo porque eres tú la que me gustas –la morena la miró divertida.

-¿Te gusto?

-No te hagas la tonta –ambas se miraron de forma intensa, y retomaron el camino entre risas. Lexa volvió a entrelazar sus dedos con los de la rubia, y ésta pensó que estaba comenzando a adorar ese gesto; sobre todo cuando llevaba la mano hasta sus labios y dejaba pequeños besos sobre su piel, haciendo que le latiera muy rápido el corazón.

Cuando estuvieron muy cerca del lugar, Lexa rio suavemente al ver a Clarke asomada por la ventana del copiloto como una niña pequeña, encantada con la vista del mar. La rubia cogió su móvil y comenzó a sacar fotos, muy ilusionada. Lexa intentó aparcar lo más cerca posible de la playa y siguió riendo al ver cómo Clarke corría hacia la orilla, llenándose los pies de arena. No podía explicar la emoción que sentía en el pecho al ver a Clarke tan feliz. Era la primera vez que la veía así de sonriente y alegre; como si no hubiese nada en el mundo que pudiese perturbarla en esos momentos. Cogió su cámara y sacó fotos desde la lejanía, aprovechando la naturalidad del momento y la enorme sonrisa de Clarke. Se acercó, corriendo un poco para llegar junto a ella.

-¿A qué esperas? -le preguntó dándose cuenta de que quería acercarse más y sentir el mar en los pies.

-Quiero hacerlo contigo -estiró la mano para agarrar su chaqueta por la manga, y Lexa sonrió, descalzándose y subiendo un poco sus pantalones para acompañarla.

-Te advierto de que en esta época del año debe estar bastante fría…

-Eso ya lo imagina-ba… ¡joder! -comenzó a reír al sentir el agua en los pies y Lexa la miro con los ojos brillantes por el momento.

-Déjame guardar esa sonrisa para siempre, por favor –la rubia lamió sus labios por la forma intensa que tuvo de pronunciar esas palabras, y la miró sonriente, sin decir nada, esperando que Lexa capturase el momento-. Esta foto tengo que sacarla sí o sí. Sales preciosa –comentó mirando la pantalla de su cámara, pero ella se sintió avergonzada y miró hacia el horizonte.

-Esto es fantástico -cogió aire, aspirando aquella pureza, sin percatarse de que Lexa seguía sacándole fotos, ahora de su perfil.

-Tú eres fantástica –murmuró, pero la rubia la escuchó y volvió a mirarla sonriente, descubriendo sus ojos verdes cuando apartó la cámara de su rostro.

Se sorprendió cuando Clarke la abrazó con fuerza, rodeando su cuello y hundiendo el rostro en su camiseta.

-Gracias, Lex. Esto… es increíble... No tengo palabras –susurró contra su cuello ahora, aspirando su aroma y disfrutando de cómo la morena le devolvía el abrazo y besaba suavemente sobre su pelo.

-¿Crees que podrás encontrar la inspiración aquí?

-Oh, sí -se apartó mirándola aún muy emocionada-. Tengo que buscar mis cosas -intentó girarse, pero Lexa la cogió del brazo acercándola a su cuerpo otra vez. Ambas se miraron fijamente y la morena acarició suavemente su mejilla.

-Por favor, no dejes de sonreír nunca, preciosa –la rubia se sonrojó un poco con sus palabras, y dejó que Lexa le diese un suave beso en la frente antes de ir juntas al coche a por los materiales. Ella también había traído su equipo de fotografía para hacer algunas fotos panorámicas; le comentó que no era mucho de paisajes, pero que había vistas que no podía desperdiciarse.

Se pusieron rápidamente manos a la obra mientras Clarke sentía que la inspiración la golpeaba muy fuerte. De pronto, tenía ideas, tenía ganas, tenia... miró hacia donde estaba Lexa echando fotos y no pudo evitar pensar que, si todavía no estaba enamorada de esa chica, lo iba a estar muy pronto por detalles como el que acababa de tener con ella. Y eso la asustaba y la emocionaba al mismo tiempo.

Se introdujo tanto en su pintura que, tras un rato, se dio cuenta de que quizás había ignorado demasiado a la morena, quien se había acercado hacía media hora para ofrecerle algo de beber, manteniéndose en silencio y sin molestarla con nada más para que pintase tranquila. Miró hacía la manta que había colocado en la arena y la vio profundamente dormida. No pudo evitar sonreír y mirar el cuadro que tenía casi acabado tras pasar gran parte de la tarde en ese lugar tan mágico, con ese suave viento y el olor del mar y la arena. Decidió que los últimos retoques de la pintura podría dárselos en la residencia, así que se acercó a la manta y se sentó junto a Lexa con su libreta de dibujo para hacer un boceto de lo pacíficamente guapa que se veía mientras dormía.

Cuando Lexa se despertó la rubia estaba allí, simplemente mirando cómo el atardecer comenzaba a caer y cómo el sol estaba empezando a esconderse tras el horizonte. Se revolvió un poco, haciendo que Clarke la mirara con media sonrisa.

-Mmm... lo siento -se desperezó-. Me he quedado dormida…

-Me di cuenta -rio-. No te preocupes... De todas formas, supongo que ver pintar a alguien no es muy entretenido.

-Te equivocas -Lexa se quitó las gafas, limpiándolas un poco-. He descubierto que verte pintar es una de las cosas que más me gustan, sobre todo cuando frunces el ceño concentrada -colocó su dedo en medio de las cejas de Clarke-. Es solo que estaba algo cansada por el viaje...

-Puedo conducir yo en el de vuelta, si quieres.

-Eso estaría bien... –agradeció.

-De verdad, muchas gracias por hacer esto, Lex. Creo que es de las cosas más bonitas que han hecho por mí jamás.

-No tienes que agradecerme nada, preciosa -se apoyó sobre un codo-. Si tú eres feliz, yo también lo soy –la rubia imitó su postura, quedando frente a Lexa.

-Supongo que, después de todo, esto sí es una cita -le susurró, haciendo que la morena sonriera.

-Mmm… ¿eso quiere decir que me he ganado poder besarte?

-No -rio Clarke-, pero puedes besar otra parte.

-Sorpréndeme -la morena contuvo la respiración cuando la vio quitándose los botones de la camisa poco a poco. Sus ojos se fueron rápidamente a su escote; los pechos de Clarke se veían sumamente sexy dentro de un sujetador de encaje blanco.

-Creo que estoy a punto de sufrir un infarto –intentó bromear, pero la realidad era que su corazón latía sin parar al ver esos dos deliciosos manjares frente a ella.

-No te emociones, Lex –volvió a reír Clarke-. No vas a besarme aquí... -le explicó, haciendo que Lexa mirara sus ojos.

-Pero si no he dicho nada –protestó frunciendo el ceño de una forma adorable.

-He visto dónde mirabas -la morena se mordió el labio de forma pícara.

-Mis ojos tienen vida propia, te piden disculpas...

-No pasa nada. Me gusta que me mires.

-Sí, me he dado cuenta de que te encanta hacerme sufrir –cogió aire cuando le agarró la mano y la colocó sobre la piel desnuda de su vientre.

-Puedes besarme aquí -le susurró acercándose a su rostro, dejando besos en su mentón y su cuello, haciendo que Lexa cerrara los ojos intentando calmarse.

-Clarke… -la aludida metió la mano debajo de la camiseta de Lexa y tocó su piel, sintiéndola muy caliente. Las manos de la rubia subieron hasta atrapar uno de sus pechos, y no se quejó, sino que suspiró y comenzó a mover la mano que aún tenía sobre el vientre de Clarke. Dejó que la tocara y que el calor de su cuerpo aumentase, al igual que las cosquillas que se acumulaban en su vientre, hasta que no pudo soportarlo más y se puso sobre ella, observándola fijamente con los ojos oscurecidos, llevando la boca hasta su abdomen sin dejar de mirarla.

Dejó un beso suave y Clarke arqueó la espalda por todas las sensaciones que ese simple roce de sus labios, unido a su cálido aliento sobre su piel, le proporcionó. Lexa empezó a dejar besos más húmedos, cerrando los ojos con la sensación de esa suave piel debajo de sus labios. Su lengua hizo acto de presencia y comenzó a dejar un rastro de saliva alrededor de su ombligo, consiguiendo que los dedos de Clarke acabasen en su pelo mientras la escuchaba suspirar una y otra vez con cada uno de sus besos y con cada caricia de fuego que dejaba con la lengua sobre su piel. Deseaba con todas sus fuerzas bajar aún más y poder arrancarle los pantalones, pero se controló y siguió besando la piel de su abdomen con sensualidad, soltando jadeos de vez en cuando. La escuchó susurrarle sin aliento que podía subir un poco más y casi se volvió loca al pensar que, quizás, podía tener sus pechos otra vez en la boca, pero no fue el caso, porque Clarke la detuvo.

-No tanto -rio divertida y Lexa acabó imitándola, aún sobre su piel.

-Me vas a matar.

-Te voy a matar cuando tengamos sexo de verdad –la morena alzó la cabeza para poder mirarla de nuevo.

-¿Y eso cuando será?

-No lo sé. ¿Estás impaciente? –tonteó, alzando una ceja.

-Estoy mojada -susurró juntando su frente con la de Clarke-, y me muero por tocarte y comerte entera… -su pierna rozó la intimidad de la rubia, logrando que jadease.

-No hagas eso… -la chica volvió a hacerlo, esta vez con más firmeza, y la rubia gimió suavemente.

-¿Eso? -sonrió.

-Yo también quiero hacerlo, pero…

-Lo sé, lo sé -asintió-, aún no me has perdonado –la rubia acarició su mejilla.

-Dame un poco más de tiempo. No puedo ponértelo tan fácil.

-Lo sé –volvió a asentir, apartándose y sentándose a su lado mientras Clarke se colocaba la ropa-. Quiero que sepas que voy a esperar todo lo que sea necesario, Clarke. Quiero demostrarte que de verdad me importas y que no volveré a cagarla de esa forma nunca más –ambas se miraron.

-Lo sé. Y ver que no te rindes te está dando muchos puntos.

-Mmm... -Lexa lo sopesó- Cuando me dejes besarte, voy a terminar de completar esos puntos.

-¿Ves? No te rindes nunca -ambas rieron y Clarke apoyó la cabeza en el hombro de Lexa mientras ambas terminaban de ver el atardecer.

-Esta es la mejor cita que he tenido nunca, Lex.

-Me alegro de que haya sido conmigo.

-Creo que, justamente por eso, ha sido la mejor… -la morena sonrió a medias y besó su cabello rubio de forma fugaz.

-Si me dejas, puedo llenar tu mundo de citas fantásticas, Clarke.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.

X X X

Mordió su labio disimulada mientras la veía explicar la duda que le dijo que tenía. Que sí, que se la medio inventó al haber estado rebuscando en otros artículos que había escrito su profesora para intentar que sonase inteligente y difícil. Miró su mano mientras apuntaba cosas en un folio para explicárselo mejor en forma de esquema, y no pudo evitar estirar su brazo para acariciar el suyo distraída, logrando que se mirasen a los ojos unos segundos, dedicándose unas sonrisas, antes de que siguiese con la explicación, sin que le importase que estuviese rozando su piel. Suspiró internamente, porque había echado de menos sus ojos marrones y esa sonrisa tan increíble que tenía.

Acababa de salir de clases con ella, pero la había acompañado hasta su despacho para ayudarla a llevar una caja que habían dejado en mitad de su lección en la tarima. Se acordó de la forma en la que se quitó la americana horas antes, al llegar a clase, dejando que se deslizara por sus brazos con esa mirada fugaz hacia a ella, comprobando si estaba observando lo que hacía o no; aunque era obvio que la estaba devorando con la mirada desde que entraba por la puerta. Ese look de mujer ejecutiva en ella la estaba destrozando, y su mente fantaseaba sola, logrando que tuviese serios problemas para atender en clase. Estuvo las tres horas que duraba su clase mirando sus piernas una vez las cruzó sobre la mesa y la forma en la que movía sus dedos al explicar, y casi podía imaginarse subiendo por esos muslos con su lengua, separándolos y elevando su falda lentamente mientras se perdía en su mirada, esa mirada que se posaba de vez en cuando sobre ella en la clase y que le decía: "sé lo que estás pensando, y eres una pervertida". Y ella intentaba responderle que no era una pervertida si alguien la estaba provocando de esa forma.

Bajó la mirada de esos labios por su cuello hasta perderse en lo que dejaba ver su blusa, que no era demasiado porque la llevaba abrochada. Notó que su propia respiración cambiaba, saliendo del trance cuando la escuchó carraspear, subiendo de forma automática la mirada a sus ojos.

-¿Te gusta lo que ves? -preguntó.

-Ya sabes que sí... –suspiró- Es difícil concentrarse con tremenda mujer explicando –se miraron fijamente-. ¿Piensas en mí cuando eliges la ropa que te vas a poner para dar clases?

-Solo estoy poniéndote a prueba para que seas capaz de soportar las peores de las situaciones en horario lectivo. Y creo que el autocontrol sobre el deseo sexual es algo que debes trabajar.

-No hables tan técnica, porque eso también tiene efecto en mí.

-Todo tiene efecto en ti –sonrió burlona.

-Viniendo de ti, sí –la desafió mirándola fijamente.

-¿Serías capaz de repetirme lo que te acabo de explicar?

-No -sonrió, esa última parte había desconectado demasiado.

-¿Quieres que te lo explique otra vez? -se volvió a inclinar en el escritorio, dando la vuelta al folio para empezar de nuevo, y ella asintió.

De verdad que intentó concentrarse, pero otra vez estiró su brazo para acariciar la piel que dejaba asomar en su antebrazo hasta acabar en sus manos, que dejaron de escribir. Era muy suave toda ella y siempre olía de esa forma tan seductora, que hacía que sus neuronas desconectasen completamente.

-Raven -la llamó, mordiéndose el labio otra vez, y vio que miraba su boca-, ¿te gustó el vídeo? -lo tenía que preguntar, era necesario, porque le dijo que no le molestó que lo enviase, pero no le dijo nada más de él.

-Sí –contestó simplemente, y volvió a mirar el folio que tenía delante de ella, pero Alex consiguió llegar a su barbilla y elevar su rostro para que se mirasen, aprovechando para pasar la yema de sus dedos por su mandíbula.

-¿Hiciste algo con él?

-¿Algo como qué?

-No sé, ¿cuántas veces lo has visto? –la vio morderse el labio, y casi le fallaron las piernas.

-¿No te interesa más si he hecho lo mismo que haces tú en él?

Se miraron fijamente, ¿eso quería decir que se había tocado? Miró su boca, joder, se moría por besarla otra vez. No supo cómo pasó, pero ambas se levantaron al mismo tiempo, sujetando el rostro de la otra y estrellaron sus labios sobre el escritorio. La lengua de ambas salieron con urgencia a la vez, y protestaron porque había mucha distancia entre sus cuerpos. Alex fue la que se movió hasta tenerla frente a ella y volver a besarla en profundidad, rodeando con un brazo su cintura para acercarla más a su cuerpo, gimiendo en su boca por la intensidad del beso y por estar sintiendo contra ella cada una de sus curvas.

-Joder, Raven… -jadeó cuando mordió su labio y tiró de él- Dime qué hiciste.

-Me toqué en la bañera imaginando que eras tú la que lo hacías -contestó, y se miraron fijamente a los ojos. No pudo evitar estrellar sus labios otra vez con los de la profesora, quien rodeó su cuello de forma automática cuando ella agarró esas piernas que le volvían loca para ponerla sobre el escritorio, lanzando lejos las cosas que había encima de la superficie con una de sus manos. Enredó los dedos en su pelo castaño y sedoso, y abrieron la boca a la vez para seguir explorando con sus lenguas a la otra.

-¿Cuando te masturbas entras dentro de ti? -pidió saber, y ella murmuró afirmando contra sus labios. Joder, la imagen de esa mujer tocándose y pensando en ella era demasiado erótica...

El beso se empezó a caldear más si se podía, comenzando las dos a perder el control de sus actos: sus manos acariciaban cada parte de la anatomía de la que tenían en frente, y Alex volvió a apretar uno de sus pechos sobre su blusa tras haber acariciado sus costados y abdomen, deleitándose con su tacto y recordando lo mucho que le había gustado tenerlos en los labios. ¿Podría Raven ceder un poco a esa petición aunque estuviesen en su despacho? Sería toda una jodida e increíble fantasía...

-La puerta –su voz la sacó de sus pensamientos y cortó el beso y la caricia que le hacía sobre la tela de la blusa.

-¿Qué? -se separó de ella y la observó.

Mierda, esos ojos oscurecidos, más de lo normal, y esos labios hinchados y húmedos no estaban siendo de ayuda para ese autocontrol que había mencionado minutos antes la mujer.

-Está abierta.

-¿Vamos a seguir ahora? –quiso comprender a lo que se refería.

-Creo que ambas lo necesitamos, así que sí -sintió la excitación por todos lados cuando la volvió a besar-, pero tenemos que cerrar la puerta –murmuró contra su boca, elevando su falda para poder rodearle las cintura con las piernas. Y así de apretada contra ella estaba mucho mejor, aunque sabía que se iba a morir ese día. Quizás debería realizar unas llamadas de despedida antes de seguir con Reyes... Uff...

No quería separarse de ella, así que siguió besándola, andando a ciegas por el despacho, notando con cada paso que daba que su clítoris respondía al roce de sus pantalones. La golpeó sin querer con un mueble, jadeando al mismo tiempo antes de fundir sus labios de nuevo, y miró de reojo para ver dónde estaba la puerta, protestando cuando sintió los dientes de la mujer apretando con fuerza en su labio inferior. Si seguía haciendo esas cosas no tenía muy seguro si iba a poder durar haciendo nada. "Alexa Woods, o más conocida como la eyaculadora precoz", menudo cambio en su historial.

Siguió avanzando, mordiendo esta vez ella su labio antes de estamparla contra la madera de la puerta, pegándose completamente a su cuerpo, para que sintiese su abdomen contra su parte más íntima mientras Raven cerraba con llaves como podía desde esa postura.

-Desabróchate la blusa, por favor, necesito verte -pidió desesperada, sin querer soltarla todavía. Se sentía muy bien la piel caliente de sus muslos contra sus manos.

Observó, con los labios separados por la agitación, cómo se la iba desabrochando botón a botón, dejando ver un sujetador blanco que le quitó el aliento completamente. Era hora de atacar, soltó sus piernas, y la puso contra la pared, pegando completamente su cuerpo al suyo e inclinando la cabeza para besar su cuello, sintiendo sus dedos en la nuca, acercándola más. Bajó, retirando un poco la tela de la blusa para besar sus hombros y su clavícula antes de dirigirse hacia esos pechos tan increíbles, lamiendo toda la parte del seno que dejaba ver el sujetador antes de bajarlo para que quedasen a la vista aquellas maravillas. No pudo evitar arrodillarse frente a ella y agarrarlos con las manos, apretándolos y sintiendo los firmes que eran.

-Son increíbles… -gimoteó, llevando sus labios a su duro abdomen sin apartar la vista de sus pezones oscuros.

-Nadie les ha dicho jamás eso –rio sin aliento, suspirando cuando Alex pasó su lengua por encima de su ombligo, siguiendo la línea que hacía en su vientre.

-Pues, sinceramente, la gente con la que te has acostado es gilipollas -empezó a estimularlas, apretando sus dedos y notando cómo se arqueaba para ella-. ¿Tienes pechos sensibles, profesora? –sonrió traviesa, y ella contestó tapándole los ojos divertida unos segundos antes de que se levantase del suelo para atrapar un pezón de forma hábil entre sus labios, succionándolo y escuchando un suave gemido escapar de sus labios.

Sintió las manos de la mujer por su espalda, acariciándola antes de agarrar su camiseta para quitársela. Ambas se miraron a los ojos, quedando justo a la misma altura, y observó cómo Raven bajaba la mirada a su torso y su abdomen.

-Es mejor en directo que en el vídeo… -murmuró.

-¿Te gustó esa parte? –sonrió pícara, y ella asintió. Volvió a unir sus labios con los suyos, besándola con urgencia al mismo tiempo que acariciaba sus caderas, tentándola para que diese un salto y así poder atrapar sus muslos de nuevo para que rodease su cintura-. Qué bien besas, Reyes… -suspiró contra su boca, atrapando sus labios y arqueando sus caderas para que pudiese notarla, todo lo que esa falda dejaba.

-Vamos al escritorio -pidió, y Alex sonrió en el beso, yendo hacia allí directamente y dejándola caer bruscamente sobre él.

No supo cuánto tiempo estuvieron besándose y pasando las manos por la piel de la otra, y cada vez que su profesora acariciaba su abdomen o intentaba acercarse peligrosamente a sus pechos, temblaba. Sus labios ardían por la pasión e intensidad de los besos, pero si fuese por ella no se habría separado de ella. Agarró ambos pechos con las manos, consiguiendo que jadease contra su boca cuando pellizcó sus pezones. Deslizó los labios por su cuello, lamiendo y mordiendo, hasta llegar a sus pechos y hacerles caso a esos pezones oscuros, notando cómo agarraba su nuca y la obligaba a pegarse completamente a ella, notando cómo su seno se amoldaba a su boca. Cuando escuchó su gemido siendo ahogado por estar apretando los labios, sintió un escalofrío recorrerla y decidió bajar por su abdomen, lamiéndolo también y sintiendo cómo se tensaban sus músculos bajo su lengua. La obligó a tumbarse hacia atrás, para tener mejor acceso a su piel, deleitándose con las vistas: su blusa abierta, sus pechos alzados por tener el sujetador debajo de ellos y su rostro totalmente extasiado por lo que le hacía. Subió de nuevo hasta su boca, tumbándose sobre ella con sus rodillas al final del escritorio y a ambos lados de sus piernas, disfrutando de la forma en la que movía su lengua contra la suya.

-Ya te dije que puedes hacer conmigo lo que quieras -dijo agitada, observándola fijamente y viendo cómo le apartaba el pelo que caía en cascada sobre su hombro.

-Es nuevo para mí... todo esto -aclaró antes de mover la palma de su mano por todo su vientre, haciendo que se estremeciese de nuevo.

-Si te encuentras incómoda con lo que sea, dímelo -ella sonrió.

-Te ha quedado muy bien, pero sé que no vas a parar ahora.

-No voy a parar en cuanto a dedicarme a ti, porque te voy a dar el mejor de los orgasmos que has tenido nunca -la vio tragar saliva-. Me refiero a que tú me hagas a mí, no tienes que hacer nada si no quieres.

-Sí -acarició su espalda e hizo que cayese completamente sobre su cuerpo-, sí que quiero -contestó y atrapó sus labios de nuevo antes de desabrochar su sujetador con ambas manos.

Raven posó las manos sobre su pecho tras acariciar sus costados, mientras Alex deslizaba las suyas por esos muslos firmes, manteniéndolos contra su cintura.

-Apriétalas fuerte -ella lo hizo, y consiguió que jadease contra su boca-, pellizca los pezones -dio órdenes y Raven lo hacía sin rechistar, suspirando con las nuevas sensaciones-. Deja que te quite la falda, por favor.

Se puso en el suelo otra vez, frente a ella, y observó que se apoyaba en sus codos para mirarla. Bajó la cremallera lateral de la prenda y la bajó por sus piernas, sintiendo que le faltaba el aliento al ver que llevaba el mismo conjunto de ropa interior.

-Es la primera vez que veo a una mujer con el sujetador y las bragas iguales -dijo embobada admirando su cuerpo completo. Joder, esas ingles...

-¿Hombres si has visto muchos? -sonrió su profesora, y soltó una carcajada, liberando tensión sexual acumulada por querer lanzarse a ella cuanto antes.

-Eres increíble… -suspiró, pasando sus manos por las piernas de la mujer, acariciándolas totalmente y observando cómo se estremecía bajo su toque- Joder -gimió, volviéndola a mirar y besándola con hambre, haciendo que quedase sentada de nuevo-, no sabes cómo me pones, Raven -mordió su labio, quizás más fuerte de lo que quería mientras la bajaba de la mesa para pegar sus torsos desnudos. Notó sus manos sobre el botón de su pantalón y la frenó, girándola y poniéndolas de espaldas a ella, mirando cómo su ropa interior no cubría del todo sus nalgas-. Mierda… -jadeó, y pegó sus caderas a ella, quedándose con esa imagen y golpeándola contra el escritorio.

Se separó de ella y se bajó los pantalones, quedándose tan solo con la ropa interior, pegando de nuevo su ingle a ese culo tan increíble que tenía la mujer, agarrando con fuerza sus caderas. Empezó a moverse contra ella de forma lenta y firme, notando que necesitaba aliviarse cuando se le escapó un gemido, escuchando que ella también lo hacía, dejándose caer sobre el escritorio apoyada en sus antebrazos. Apretó una de sus nalgas con una mano, antes de hacer que pegase la espalda a su pecho sujetando su abdomen.

-Me parece curioso que no te cortes a la hora de tocarme, y eso que soy tu profesora.

-Tan solo escucho sonidos de agrado, Reyes... -contestó mordiendo el lóbulo de su oreja, haciéndola estremecerse. Movió su mano, colándola entre sus piernas desde atrás, sonriendo cuando la mujer las separó, dándole espacio para que la tocase- Estás empapada -comentó contra su oreja, agarrando con su mano libre uno de sus pechos-. Joder… -gimió y la giró de nuevo, subiéndola al escritorio para poder mover sus dedos mejor sobre su intimidad- ¿Te gusta? -ella asintió mordiendo su labio, regalándole una visión muy tentadora- Dímelo en alto, quiero escucharte decir que "sí" -dio una suave palmada sobre su sexo, escuchándola jadear-. ¿Te gusta que te esté tocando? -murmuró contra su boca, acariciando de forma más precisa y muy lenta, pasando los dedos entre sus pliegues, aún sobre su ropa interior.

-Ya sabes que sí... –la besó pasionalmente antes de separarse de ella.

-No sabes cuánto he deseado estar haciendo esto... -siguió pasando su dedo, tentándola, disfrutando de cómo se sacudían sus caderas buscando más contacto.

-Joder, Alex, sigue... –suplicó y agarró su nuca, besándola con intensidad mientras Alex le bajaba la ropa interior con su ayuda.

Se separó de ella con los labios separados y miró su intimidad desde ahí. Joder... mierda... No aguantaba más.

Se arrodilló frente a ella y la observó detenidamente, separando más sus piernas y manteniendo esos muslos agarrados mientras la miraba casi sin pestañear. Era un hecho, esa mujer era preciosa en todos los aspectos; y verla tan mojada solo hacía que se excitase más. Se removió algo incómoda por las pulsaciones tan insistentes que sentía en su entrepierna, pero bien sabía que necesitaba tener ese sabor en la boca. Subió su mirada, recorriéndola y viendo sus ojos oscurecidos, que esperaban a que empezase a degustarla.

-Te advierto que una vez que empiece, no sé si podré parar.

-No pierdas el tiempo, Alex, por favor... –joder, su voz...

No, no había tiempo que perder.

Pegó sus labios a ella, sacando completamente su lengua para sentir el sabor de aquellos fluidos que había estado mirando segundos antes, y gimiendo contra ella porque era deliciosa. Jodidamente deliciosa. Se separó unos segundos, para mirar aquellos labios íntimos de nuevo, sintiendo su propia boca empapada, y los separó con los dedos, satisfecha con la vista que tenía antes de volver a pasar la lengua, desde su vagina hasta su clítoris, mirándola fijamente a los ojos, los cuales su profesora intentaba mantener abiertos en todo momento. Apretó los párpados y volvió a gemir cuando pegó completamente los labios a ella y notó los dedos de la mujer enredarse entre sus mechones. No sabía describir el sabor, pero podría llamarlo "Jodidamente adictivo". Pegó su nariz al pubis de su profesora, succionándola con fuerza y escuchando otro gemido ahogado por su parte; tuvo incluso que recordarse a sí misma que necesitaba respirar, y se separó de su piel para coger aire, notando sus flujos en los labios. Volvió a mirarla, sacando su lengua para golpear su clítoris una y otra vez, observando cómo mantenía su vientre contraído y echaba su cabeza hacia atrás, mordiendo su labio para no gemir alto. Cogió sus muslos y los puso sobre sus hombros, gimiendo de nuevo cuando apretó su rostro con ellos, notando aún más humedad en su boca. Se iba a morir, eso era así, estaba claro que se iba a morir entre las piernas de su profesora...

Metió la lengua en su interior, creando movimientos de entrada y salida que se escuchaban por todo el despacho, y vio como se apoyaba en su codo, mientras su otra mano mantenía su cabeza cerca de donde ella quería.

-Alex... -gimió, y se miraron.

-Dilo –pidió antes de volver a donde procedía aquel sabor único.

-Voy a... correrme –qué bien sonaron esas "r" dichas por su boca. La vio cerrar los ojos de forma automática, frunciendo el ceño y apretando los labios de nuevo.

Se dedicó a mirarla mientras lo hacía, golpeándole de vez en cuando la boca con los movimientos de sus caderas y tensando su cuello y su abdomen de forma increíble. Y, joder, cuando se corrió casi tuvo que tocarse ella misma, porque fue increíble, y delicioso, y maravilloso, y sexy, y... ¡joder!

Se levantó tras haberla limpiado del todo, o lo máximo que pudo porque necesitaba tener su boca contra la suya. La besó algo furiosa, escuchándola gemir en su boca cuando su mano se coló entre sus piernas, empezando a tocar todo de ella, extendiendo los flujos que encontraba para que sus dedos quedasen lubricados.

-Prepárate para la segunda ronda -dijo con la voz muy ronca antes de penetrarla con dos dedos, casi sin consideración, y notando cómo se aferraba a su cuerpo.

Jadeaba contra su oreja, y era de los sonidos más eróticos que había escuchado jamás, mientras ella golpeaba su centro una y otra vez con los dedos, sintiendo sus paredes vaginales rodearlos y escuchando esos sonidos que se producían por los movimientos seguidos que realizaba. Una sensación alucinante estar dentro de esa zona tan húmeda de Raven Reyes.

-Más –gimió, apretando el lóbulo de su oreja con los dientes; y como no sabía si se refería a fuerte, rápido o que quería otro dedo: hizo las tres cosas, notando sus caderas arquearse contra ella.

-Raven Reyes, eres la mujer más deliciosa que he probado… -murmuró contra su oreja.

Se puso contra una de sus piernas, continuando con sus movimientos de brazo, y empezó a restregarse contra su muslo, porque iba a explotar en cualquier momento. Oh, joder, se estaba masturbando con la pierna de su profesora...

-Estoy a punto, Alex… Sigue.

-Joder –gruñó mordiendo ahora su cuello y embistiéndola más brusca, al mismo tiempo que movía sus propias caderas, sintiéndose ella misma también a punto.

Unos golpes en la puerta las frenaron a las dos, y notó cómo se apretaba contra sus dedos.

-Mierda... –susurró y se miraron a los ojos, antes de que Alex la tumbara en el escritorio y le tapara la boca con su mano libre, mientras la otra la golpeaba una y otra vez, muy rápido. Sintió un escalofrío al ver cómo cerraba los ojos con fuerza y elevaba las caderas, tensando las piernas.

-No estás aquí... Ahora mismo eres mía –quiso dejar claro, y notó su aliento de forma repetida en la palma de su mano por su agitada respiración.

Deseó tener en esos momentos una cámara para grabar lo que sucedía allí: tenía a la profesora Reyes toda para ella, tumbada en el escritorio de su despacho casi salpicando sobre él por lo empapada que estaba con cada una de las embestidas que creaba con su brazo.

Volvieron a llamar a la puerta. Raven agarró su muñeca, sacando los dedos de su interior, y protestó al levantarse. ¿Tanto le habría costado al de ahí fuera que esa mujer tuviese otro orgasmo en paz? Probablemente hasta le dolía en esos momentos sus partes más íntimas. La vio colocarse la falda, y ella se entretuvo en limpiar sus dedos con su boca.

-Ponte debajo del escritorio, y quédate en silencio.

-¿Es alguna fantasía? –sonrió pícara.

-No, pero entiende que será un poco raro que esté echada la llave de la puerta cuando estoy en mi despacho con la alumna que me acosa en clases.

-Tan raro que es cierto lo que estaba pasando… -lamió sus labios, recorriéndola con la mirada mientras se terminaba de vestir y abría la ventana del despacho para ventilar por si se podía percibir lo que acababa de ocurrir en ese mismo lugar. Alex se acercó a ella, y sujetó su mejilla para besarla lentamente, sonriendo cuando la mujer empezó a corresponderle antes de apoyar las manos en sus hombros y empujarla levemente.

-Por favor... -suplicó, e hizo lo que le pedía.

Recogió su ropa y se metió bajo el escritorio, observando desde ahí que las bragas de su profesora estaban en el suelo y cogiéndolas justo a tiempo mientras dejaba entrar al gilipollas que las había interrumpido. No reconoció la voz, así que supuso que sería algún alumno de otro año. Miró las piernas de su profesora cuando se sentó frente a ella, y sintió una punzada en su muy necesitado sexo. Intentó controlar su respiración, que se iba volviendo pesada a medida que su mente empezaba a fantasear con situaciones así, y entonces notó la ropa interior de la mujer en su mano, totalmente mojada entre sus dedos, y miró automáticamente sus piernas de nuevo. Estaba sin ropa interior...

Joder.

Notó que temblaba ligeramente cuando apoyó la mano en su gemelo, subiendo por él hasta llegar a su rodilla, separándolas para ella y teniéndose que morder el labio con las vistas que pudo apreciar tan bien, agradeciendo la gran iluminación del despacho. A pesar de estar bajo aquel escritorio podía percibir lo hinchada que estaba y el brillo que su humedad creaba. Una mano la dejó en su rodilla, intentando que no las volviese a juntar, y se quedó observando aquel sexo palpitante que se moría por tener en la boca otra vez, sintiendo cómo el suyo propio reclamaba también atención.

Oh, joder, necesitaba que la tocase, o tocarse ella misma...

Esperó paciente a que la mujer explicase a ese idiota lo que fuese que quería y, cuando escuchó que la profesora decía a su alumno que cerrase tras salir y, seguidamente, se echó hacia atrás aún sentada en la silla, salió de su escondite con su ayuda.

-Aquí es peligroso, Alex -comentó mientras la alumna se vestía, al estar aún medio desnuda.

-Peligroso y excitante -la vio morderse el labio, antes de que hablase-. ¿Te ha gustado?

-Creo que has podido comprobar que sí me ha gustado, ¿o no? -ambas se sonrieron, y quiso acercarla a su cuerpo y volver a besar esos labios que se lamía despacio-. ¿Y a ti?

-¿Tú sabes cómo me tienes? -preguntó de vuelta.

-No, no lo sé -contestó, como si fuera obvio.

Alex se puso frente a ella, sin abrocharse aún los pantalones, y cogió su mano, colándola con la suya bajo la ropa interior, suspirando a la vez cuando sus dedos estuvieron en su humedad.

-Así, las veinticuatro horas por ti.

-Exagerada -dijo con la voz algo más ronca, mirándose las dos fijamente.

-Bueno, veinte horas al día. Cuatro de descanso -gimió cuando la profesora movió levemente los dedos entre sus pliegues, y fue automáticamente a besarla, pero la mujer se echó hacia atrás con una sonrisa.

-¿Cuánto tardarías en correrte si te toco ahora? -se levantó de la silla y la pegó contra el escritorio.

-Probablemente nad… -movió sus dedos más rápido sobre su clítoris y soltó un gemido que quedó ahogado por la palma de la mano libre de su profesora, que se colocó sobre su boca. Joder, joder...

La escuchó jadear al mismo y pegar su boca al otro lado de su propia mano. Dejó los ojos entreabiertos y observó los suyos marrones de tan cerca, y gimió de nuevo, arqueando las cejas.

-¿Te gusta así? -preguntó en un murmullo, y contestó asintiendo y disfrutando de cómo se movía con firmeza donde la necesitaba tanto. ¿Cómo no le iba a gustar?

Agarró su cintura y la pegó a su cuerpo, apretando sus dedos en ella cuando notó que el orgasmo la golpeaba. Intentó librarse de su mano, necesitaba besarla, y tuvo que moverla con su brazo, atrapando sus labios al instante para gemir en esa boca tan apetecible mientras temblaba contra sus dedos y agarraba con fuerza los mechones castaños de su melena. Vio a la mujer sonreír y llevarse sus propios dedos a los labios, dejándola sin aliento. Y menos mal que estaba el escritorio para sujetarla.

-Sabes bien, Woods -la mirada que le echó le puso los pelos de punta-. Cierra la puerta cuando salgas.

Alex sonrió, abrochándose de nuevo los pantalones y dirigiéndose a la salida, no sin antes dedicarle una mirada cómplice a su profesora. La cual recibió de vuelta.


Hola, holita.

Antes de nada, pedimos perdón por haber tardado tanto en volver a actualizar, pero hemos estado ocupadas. Cosas de la vida. De todas formas, os regalamos el capítulo más largo hasta la fecha. Creo que no os podéis quejar...

¿Qué os ha parecido la primera cita de Clexa tras empezar de cero? Ay, me salen corazones de los ojos, pero al mismo tiempo, siguen siendo las mismas cachondillas de siempre... A ver cuánto aguantan... Lexa ha mencionado a Amber, pero no ha querido profundizar, parece que ha entendido eso de ir por la verdad por delante, y perfectamente respetable que no haya querido hablar en ese momento de ella. PRÓXIMAMENTE. ¿Qué pensáis de la regla de en cada cita, si va bien, te dejo que beses una parte nueva de mi cuerpo? ¿Cuándo serán los labios? Clarke, Clarke, te mueres por besar a Lexa... No disimules.

Alex, Alex... ¿qué te está pasando con la señorita Reyes? A ver, cuéntanos... ¿Qué es ese detallito de llevarle caramelos para la garganta si solo te la quieres tirar? ¿Solo se la quiere tirar o nuestra gemela salvaje está dejando atrás la obsesión y ahora está más pendiente de la profesora? Contadnos. Bueno, tras muchas peticiones, aquí lo habéis tenido: ¿qué hizo Raven cuando le llegó el vídeo? En realidad no estaba en una escena como tal, pero os regalamos el flashback, ¿qué os ha parecido? ¿Y la profesora? ¿Qué siente por Alex? Además de deseo... ¿o solo es eso?

Ay, personalmente, la siguiente escena Clexa ha sido de mis ultrasfavoritas de todo el fic en general. FDO: Ginsey, la que escribe los reviews.

Pues eso, me ha parecido un super detalle de Lexa, improvisado y con final feliz, porque, claro, las vidas que han tenido las dos han sido muy diferentes, y Clarke no ha podido estar más ilusionada con esa salida express que ha acabado siendo una cita. En fin, que monas de la vida son... *corazones everywhere* ¿Y esa escena final? ¿Quién pensaba que iba a dejar que besase sus pechos? *levanta la mano* Bueno, Lexa no se ha quejado de besar su vientre, aunque quería bajar, pero... ¿quién no? ¡ES CLARKE!

Bueno *se abanica fuerte a lo TinkerBell*... La última escena. Lo estábamos esperando con ansia, y ha llegado, porque ellas dos lo esperaban más. EN EL DESPACHO DE LA PROFESORA REYES, EN UN ESCRITORIO. Alex se ha salido con la suya, su fantasía más completa con la señorita Reyes... ¿Qué os ha parecido? Yo no puedo decir nada, porque tengo la garganta seca tras la escenita. AINYOMAMA. Voy a dar paso a Juno a ver si quiere decir algo sobre ella por mí:

"Espero que se hayan desmayado tantas veces como nosotras escribiendo este capitulo sensual e.e"

Y ahora os toca a vosotras decidnos qué creéis que va a pasar a partir de ahora con las gemelas, con Clarke, con Raven, y con todos los que no han salido en este capítulo...

En fin, esperamos mucho que os haya gustado, y que nos lo comentéis.

Intentaremos no tardar mucho esta vez.

Y, si tardamos, paciencia, por favor.

Un saludo sensual de Juno y Ginsey.