A Londres

-Estás molesto.

-No lo estoy.

-Sé que estás molesto, no intentes negarlo Syaoran Lee – le gritó la chica esmeralda.

-Relájate Sakura – pidió el chico volteando a los lados comprobando que no los viera mucha gente – no estoy molesto.

-Yo lo estoy – soltó la chica cruzándose de brazos.

-Vamos, no es tan malo – Lee se acercó y puso una mano en su hombro – nos la pasaremos bien.

-Oye tu mocoso, quita tu mano de mi hermana – gritó Touya detrás de ellos.

-Lo dudo mucho – la cerezo bajó la vista – ¿porqué tenía que escucharnos cuando hablábamos?

-Hace tiempo que no voy al cine – dijo el mayor abriéndose espacio en medio de los dos, una sonrisa maquiavélica apareció en su rostro – creo que nos divertiremos.

-Hermano – se quejó la castaña.

Syaoran por su parte, tenía una sonrisa dibujada en el rostro, la razón tenía nombre y apellido, y los iba a salvar de ese sobreprotector que seguramente pretendía joderles la tarde.

-Llegaron – gritó una potente voz que hizo sobresaltar a dos, sonreír a uno y poner piel de gallina a otro – Touya – Nakuru se abalanzó sobre el susodicho que de la impresión no pudo ni moverse – ya casi empieza la película.

-¿Fue idea tuya? – le preguntó Sakura, Lee asintió – eres un genio Syaoran.

-Lo sé – sonrió con suficiencia y la tomó de la mano, Touya Kinomoto estaría demasiado ocupado para ponerles un poco de atención.

-Si sabías esto, entonces ¿por qué te notabas tan preocupado? – le preguntó la esmeralda.

-Estaba pensando en Eriol y Tommy – dijo el chico – sé que están bien, pero me pregunto ¿en dónde están?

-Los extraño – repuso la castaña soltando un suspiro – ojalá vuelvan pronto.

Syaoran soltó su mano para pasar el brazo alrededor de su cuello, cómo le gustaba hacer eso, tomarla de la mano, abrazarla como en ese momento… besarla. Todo aquello que le provocaba un ligero sonrojo a ambos y les hacía recordar sus discusiones de hacía apenas un mes. Lindos días aquellos.

-Oye, ¿y si entramos a otra función? – le susurró el chico al oído haciendo que se sobresaltara un poco.

-¿A cuál?

-¿Importa? No pienso ver mucho la película – levantó las cejas pícaramente.

-¡Syaoran! – se exaltó.

-¿Qué?, no podemos besarnos con tu hermano presente – repuso él.

-Tienes razón – aceptó la chica – dejemos que vayan primero.

-Descuida, Nakuru sabe que hacer – Syaoran sonrió, que bien le caía su prima postiza.

/

Las diez con cuarenta y ocho minutos y treinta y tres segundos rondaban por Pamplona España. El manto celeste bañado en estrellas, la luna en cuarto menguante.

La joven amatista estaba recargada sobre la pared apenas consiente de lo que pasaba gracias principalmente al chico que descansaba la cabeza sobre su regazo con los ojos entre abiertos. Tímidamente acariciaba su cabello cada tanto y cuando lo hacia una extraña sensación recorría su cuerpo naciente de las yemas de sus dedos.

El oji-azul tarareaba una canción que había llegado a su cabeza, estaba bastante cómodo así, creía sin temor a equivocarse haber encontrado una nueva almohada favorita y pensaba presumirla, si es que lo recordaba, además, los dedos de aquella linda chica recorriendo su cabello era el analgésico más poderoso que pudiera existir, al menos para él…

¿El tiempo total de su beso? Segundos, minutos tal vez… realmente que importaba, para ellos había sido la eternidad de un suspiro. Al final, demasiado apenados para decir algo se limitaron a sonreírse y para cuando menos ella se dio cuenta el chico ya estaba acomodándose en su regazo.

-¿Qué canción es esa? – preguntó Tomoyo intentando controlar su voz.

-Tu sabes – tarareó un poco más alto – esa.

-¿Recuerdas su nombre? – se inclinó un poco para verlo mejor.

- I Don't Want to Miss a Thing, creo – respondió abriendo los ojos completamente al verla.

-¿Recuerdas mi nombre? – preguntó haciendo que el chico se girara hasta verla de frente, su mirada comenzó a entristecerse – dime ¿te gustaría ir a Inglaterra?

-¿Inglaterra? – repitió sin percibir el cambio de tema – ¿quieres conocer a mis padres?

-No – repuso después de unos segundos de impacto y rubor – es mmm, está más cerca que Japón, tal vez puedan ayudarnos a regresar si es que regresarías conmigo.

-¿Y? – apremió el chico sabiendo que no era solo esa la razón.

-Ian y mi padre fueron allá, sé que es imposible encontrarlos, pero…

-La esperanza muere al último – dijo Eriol incorporándose – ok, vamos a Inglaterra.

-No creo llegar a conocer a otra persona que iría conmigo a donde yo diga sin oponerse al menos una vez – dijo rozando su mejilla.

-Es tu viaje no el mío – repuso el níveo apretando la mano de la chica contra su mejilla – te acompaño a donde sea, siempre y cuando no vaya otro pretendiente.

-¿Otro?, ¿acaso tu eres un pretendiente?

-No sé – lo pensó un poco – ¿lo soy?

La chica le dio un coscorrón.

-Vamos a dormir – dijo ella sonrojándose un poco, ¿cómo es que iban a acomodarse ahora?, ¿juntos?

La imaginación de Tomoyo comenzó a hacer revolución de inmediato, sus mejillas se tornaron rojas y unas extrañas cosquillas se hicieron presentes.

-No tengo sueño – dijo Eriol interrumpiendo los pensamientos de la nívea.

-¿Porqué te acuestas entonces? – renegó al chico que volvía a acomodarse en su regazo.

-Para que me hagas piojito – dijo Eriol sonriendo, la amatista se limitó a levantar una ceja – aquí – siguió colocando la delicada mano de la chica sobre su cabello.

-Lee tiene razón, eres un consentido – repuso después de soltar una ligera sonrisa.

-Soy consentible, no tiene nada de malo – afirmó – consiénteme.

-Yo también soy consentible – soltó la morena – es mi turno.

El chico lo pensó detenidamente unos segundos, asintió con la cabeza y se levantó.

-Ok – aceptó y palpó sus piernas, pero la chica no se movió – anda – repitió el gesto.

Tomoyo esperó un par de segundos más para acomodarse en las piernas del chico. Debía admitir que era cómodo a pesar de la fuerte presión que apareció en su estómago. Eriol le acomodó un mechón de cabello tras la oreja y comenzó a tararear nuevamente a la vez que pasaba los dedos entre su pelo. La amatista podía sentir la mirada zafiro sobre ella y esto la apenaba… pero le gustaba (tal vez).

-¿Cuál es tu primer recuerdo? – le preguntó el níveo de pronto.

-¿Porqué preguntas eso?

-Quiero saber – fue la respuesta y Tomoyo no necesitó más para contestarle. Comenzaron a hablar como nunca lo habían hecho, hablaron mucho, hablaron de todo y nada.

Fue entonces cuando la joven Daidoji se dio cuenta de lo poco que conocía al paciente de efecto Dory, era casi un desconocido para ella gracias principalmente a su negativa por conocerlo desde aquel segundo encuentro.

Si bien Eriol no recordaba mucho de su vida, podía contarle aquellos momentos que por el simple echo de ser recordados eran importantes para él de una u otra manera. La credulidad e ingenuidad que en algún momento le molestaban de él parecían ser ahora uno de sus atractivos. Tomoyo estaba casi segura de que sus padres lo habían mimado y consentido tal vez un poco más que a ella (también hija única) pero a la vez había aprendido a ser un tanto independiente para lograr sobrevivir al ED.

Sin duda era un sujeto simple pero a la vez complejo.

Y travieso, muy travieso.

-Ya es un poco tarde – dijo la chica al darse cuenta de que su charla llevaba cerca de tres horas – ¿sigues sin sueño? – preguntó y lo sorprendió en medio bostezo.

-No – dijo interrumpiendo el bostezo como pudo.

-Te convertirás en zombie si no duermes bien – le dijo seria y evitó sonreír con la mirada de terror del chico.

-No quiero olvidar – dijo despacio y bajito – ya no me acuerdo de cómo empezamos a hablar (tengo algo en mente pero es casi imposible) y si me duermo lo olvidaré por completo.

Tomoyo se incorporó y le dio un beso rápido.

-¿Eso era lo que tenías en mente? – le preguntó al chico que la veía sin poder creer lo que había echo, asintió – así fue.

-¿En serio?

-Puedes escribirlo en tu libreta y te obligo a leerlo cuando despiertes – le propuso.

-No me la creeré – dijo después de analizarlo.

-¿Y si yo lo escribo?

-Tampoco me la voy a creer – repuso entristeciendo.

-Mmm, y si yo lo escribo y al final firmas de consentimiento.

-Eso puede funcionar – dijo emocionado.

-Dame la libreta – el chico obedeció y ella comenzó a escribir en una hoja nueva, el rubor iba aumentando en sus mejillas y el alíen que se inclinaba para leer no ayudaba en lo absoluto (-Nos besamos, genial – había dicho – ¿me enseñas cómo?). Intentó poner todo lo que había pasado con el mayor detalle posible y cuando terminó, más roja que nívea, se lo pasó al chico para que firmara – ¿qué esperas? Fírmalo.

-Lo reviso, debo ver que sea cierto lo que pusiste.

-Ni siquiera lo recuerdas.

El sujeto hizo diferentes asentamientos, caras y sonidos al ir leyendo. Tomoyo se obligó a contar hasta diez para no golpearlo. Finalmente el chico pareció complacido, tomó la pluma y firmó.

-¿Estas de broma? – le preguntó la chica cuando recuperó la libreta – "Yo Eriol Hiraguizawa, estando consiente y en pleno uso de mis facultades mentales (-que mentira), y siendo las… no sé exactamente que hora es y el día tampoco, afirmo que lo que dice aquí es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… y si no que me parta un rayo" – leyó y soltó un suspiro, ese chico era definitivamente especial – con tu nombre bastaba idiota.

-¿Ya me enseñas como nos besamos? – le preguntó sin inmutarse.

-No y ya duérmete – le dijo un tanto molesta.

-Aguafiestas – soltó el chico, se giró y acomodó en la almohada dándole la espalda a la chica.

La amatista rodó los ojos divertida e hizo lo propio de su lado.

/

A la mañana siguiente y con solo obligar al alíen oji-azul a leer su diario (mientras ella se perdía de su vista), recogieron sus pocas pertenencias y dejaron el hotel.

Antes de iniciar su viaje pasaron a la plaza principalmente para despedirse de Franco. Sin embargo, el joven no estaba dispuesto a despedirse aún y partió con ellos alegando necesitar nuevos aires.

Lo más fácil y rápido sería cruzar a Inglaterra desde territorio francés. No sería un viaje corto ni fácil y seguramente el alíen recibiría un par de golpes, pero sería su último empujón.

Pronto Tomoyo se dio cuenta que llevar una guitarra entre su equipaje les ayudaba a conseguir aventón, con solo salir de Pamplona un camión los recogió y llevó hasta pasada la frontera española. La amatista sintió el corazón en la boca del estómago cuando cruzaron e incluso dejó de respirar por casi un minuto, Franco se burló de su nerviosismo.

-Yo también vengo de ilegal – les dijo – soy francés, pero perdí mis documentos hace mucho y no puedo sacar nuevos por que no tengo dirección fija.

-¿Y si te atrapan? – le preguntó la nívea.

-Me han atrapado un par de veces – confesó el castaño – me escapé – sonrió – solo compórtense normal, no levanten sospechas… aun que parece que él siempre llama la atención – agregó señalando al otro chico, Tomoyo le dio la razón.

El camión los llevó hasta Bayonne. Decidieron seguir en autobús para continuar con el "negocio". Con un piedra papel o tijeras y Franco comenzó. Eriol se sentó cómodamente en un asiento, tomó su libreta-diario y se dispuso a escribir.

-No – gritó la amatista llamando la atención de muchas personas – lo siento – se disculpó y tomó asiento al lado de un muy asustado inglés – no creo que sea buena idea, tu pulso no será bueno cuando tomemos velocidad y al final no sabrás lo que escribiste.

-Descuida, siempre escribo en movimiento – la tranquilizó – incluso cuando camino – intentó abrir la libreta pero la chica se lo impidió

-Insisto, ¿porqué mejor no tomas una siesta?

-No tengo sueño – repuso el joven – quiero escribir – de nuevo intentó abrir la libreta.

-Que no – insistió la nívea arrebatándole la libreta.

El chico comenzó a hacer pucheros.

-Dame mi libreta – pidió con una lágrima a punto de caer. Repitió el puchero y el estómago de la chica dio un vuelto, ¿cómo podía ser tan condenadamente lindo? Devolvió la libreta – Aja, mía.

-Me engañaste – rugió la chica.

-No sé de lo que hablas – dijo encogiéndose de hombros, abrió la libreta – esta no es mi letra – frunció el ceño, después abrió los ojos y giró a verla despacio. La chica estaba más roja que un tomate. Siguió leyendo – esto es… interesante.

-Eso creo – dijo bajito sin atreverse a verlo.

La amatista volteó a ver su mano cuando sintió una ligera y cálida presión. Era la mano del pelinegrodestellosazules que lentamente tomaba la suya y hacía lo posible por entrelazar sus dedos. La chica sonrió un poco y lo ayudó.

-Así es más fácil – repuso el chico – creo que ahora si tengo sueño – dijo cerrando los ojos y acomodándose en el hombro de ella, sin soltar su mano.

/

Les tomó todo un día (veinticuatro horas y seis minutos) para llegar hasta Tours en distintos camiones en los que pudieran tocar la guitarra. Tomoyo harta de no hacer nada más que esperar el turno de uno u otro chico, decidió aportar con su voz y comenzó a cantar de vez en cuando.

Nuevamente a Franco y su súper guitarra no les fue difícil conseguir quien los recogiera en la carretera, no pasó mucho para que la amatista comenzara a desear seguir caminando.

Una de las pasajeras comenzó a coquetear (descaradamente cabe mencionar) con Eriol, una rubia oxigenada con falta corta.

-Me encantan los músicos – repitió la rubia como por cuarta o quinta vez – hay mucho que tocar.

La nívea no pudo más que apretar los puños con la frente pegada a la ventana, demasiado furiosa como para siquiera ver a esa tonta flirteando con su… sí exacto, con su Eriol.

-Si, mucho que tocar – dijo el oji-azul, Daidoji estaba a punto de golpearlo, Franco por su parte contenía la carcajada

-¿Porqué no vamos a un bar y me enseñas tu repertorio?

-¿Cómo en una cita? – preguntó el chico, eso era más que suficiente para los oídos de la japonesa.

-Sí, eso estaría bien – dijo ilusionada la chica.

-No puedo, tengo novia – se excusó Eriol, la amatista volteó a verlo – bueno, eso creo, no lo dice exactamente así, pero es lo que da a entender – repuso repasando algunas líneas en su diario con el dedo – ¿cierto?

-Bueno – tartamudeó la joven Daidoji, el chico le sonreía, como podía pensar claramente así – es… ahm.

La carcajada de Franco terminó de interrumpir el balbuceo de la chica.

-¿De que hablan? – les preguntó – si cuando nos conocimos en la plaza Eriol te señaló como su novia.

-… – la nívea rememoró ese momento: el alíen acercándose al chico de la guitarra, ambos intercambiando unas palabras, Franco volteando hacia ella, sonriendo y asintiendo… tenía sentido – ¿porqué hiciste eso? – reprendió al joven.

-¿No somos novios? – preguntó el pelinegrodestellosazules.

-… – la chica se tragó una completa negativa principalmente por que no estaba segura de eso – en ese momento estábamos lejos de serlo.

Bajaron en Le Mans; llegados a ese punto y frente a la entrada de estación de trenes, Franco se despidió de ellos deseándoles un buen viaje, afortunadamente Eriol contuvo las lágrimas y se alejó teatralmente.

-Cuídalo – le dijo el castaño a la amatista – se lo hubiera dicho a él, pero creo que tiene más sentido y lógica que te lo diga a ti.

-También lo creo – aceptó la chica, hizo una reverencia estilo japonesa y siguió al alíen.

-Tren, me encantan los trenes – le dijo el joven Inglés – yo siempre tomo trenes, son mejores que los autobuses… y es menos probable que atropellen a un transeúnte y un edificio les caiga encima.

-En serio tienes problemas – soltó Tomoyo – vamos alíen.

Tomaron un vagón por la mitad del tren, Eriol casi salta de la emoción, la chica optó por sentarse y comenzar a planear su discurso para con su madre. ¿Qué rayos le diría? Aun que por otro lado ¿importaba? de cualquier manera estaría castigada hasta el día de su funeral.

-Oye – la llamó el oji-azul, pero antes de que pudiera si quiera reaccionar ya la estaba besando.

Cerró los ojos y se dejó llevar.

-¿Porqué fue eso? – le preguntó sin atreverse a separarse más de un palmo de él. De su madre ya ni se acordaba.

-Nada más, ¿no te gustó?

-Sí – balbuceó – solo es un poco extraño, aún – Eriol sonrió y el simple gesto hizo que eliminara nuevamente la distancia entre los dos.

Dos horas después y sin saber cómo distraer al hiperactivo pelinegrodestellosazules, se pudieron a jugar…

-Veo veo algo verde y extenso – soltó el chico emocionado.

-Por cuarta vez, es césped – dijo ella rodando los ojos – esto ya no es divertido.

-Veo veo a alguien enojado – murmuró el albino.

La ceja de Daidoji se levantó amenazadoramente y pensaba responderle (tal vez darle una ligera palmadita en la cabeza) cuando un grito proveniente del pasillo le puso los pelos de punta.

-Boletos – gritó un hombre de voz gruesa y aburrida – boletos.

-Oh no – dijo la chica aterrada – estamos perdidos.

-¿No sabes a dónde vamos? – preguntó él alarmado.

-Están pidiendo los boletos y seguramente nos pedirán el pasaporte – comenzó a caminar por el vagón – estamos perdidos. Nos detendrán y meterán a la cárcel.

-Tranquilízate – le dijo el oji-azul obligándola a volver al asiento.

-¿Cómo quieres que me tranquilice? Van a atraparnos.

-Y más rápido si sigues gritándolo – repuso él – por que no duermes.

-¿Van a atraparnos y solo piensas en dormir?

-No, si estamos dormidos no nos pedirán nada – observó él – y si nos piden algo yo despierto, le doy los boletos y ya.

-Boletos – gritó el hombre a una puerta de la suya.

-De acuerdo, hagamos eso – aceptó Daidoji no viendo otra opción.

-Sí, a dormir.

Apenas tuvieron tiempo de acomodarse y cerrar los ojos cuando el hombre entró. Tomoyo, recargada en el hombro del chico, evitó respirar, pestañear, pasar saliva… hasta que escuchó como la puerta se cerró y el hombre pidió los boletos en el siguiente vagón. La chica dejó pasar un par de minutos más antes de abrir los ojos.

-Lo logramos – le dijo a Eriol, pero él no respondió, se había quedado profundamente dormido.

/

Despertar a Eriol para transbordar fue toda una proeza, la amatista no sabía de dónde provenía todo ese sueño si el chico había dormido bien durante todo el viaje. Holgazanería pura, sin embargo, el que al despertarse saltara de la emoción al verla hizo que se le pasara el enfado de minutos antes.

Finalmente y tras tres horas más de viaje, llegaron a Londres.

-Londres – gritó el alíen – vamos al London Eye, tiene una vista – hizo un gesto mostrando el gusto.

-No tenemos tiempo para eso – repuso la chica que por dentro se moría por turistear – sabes donde vives ¿cierto?

-En Notting Hill – respondió Eriol – como a media hora de aquí, vamos en autobús.

-Dijiste que prefieres viajar en tren – recordó la chica – por tener menos índice de mortalidad en transeúntes y derrumbe de edificios.

-Pero pasaríamos por St. Jame´s Park y Kensington Gardens – repuso el chico – mucho verde.

-Bien, vamos.

-Primero al London Eye – exclamó el oji-azul y salió corriendo.

-No, Eriol vuelve aquí – le gritó la amatista sin poder creer que el alíen se le haya escapado – ¡Eriol!


Hola a todos!

Se que el capítulo no fue completamente del agrado para muchos... pero tenía que mandarlos a Inglaterra :P el próximo será más interesante.

Espero sus reviews

XD